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Fragmento de ‘Redención (Nuestro último baile)’ – Cap. 3: Bohemian Rhapsody


Encabezado de título, Gustave Doré, Paraíso perdido, John Milton

—¿Cómo lo llevas, tía?

Susi suspiró, meditó sobre si quería hablar de ello y, tras decidirse, comenzó:

—Pues a ratos. Hay días que me es un poco indiferente… No quiero decir que no me importe, sino que no puedo estar siempre pendiente de cómo esté o si me va a escribir. Y luego hay ratos en los que se hace un poco insoportable. Me acuerdo de cuando fuimos a este o a tal sitio, de lo que hicimos no sé qué día… Lo que me mata de verdad es recordar cuando comenzamos…

Is this the real life…?[1]

Justo en ese momento el alma de Susi se encogió al oír los acordes de aquella canción que tanto asociaba con Ángel, sobre todo cuando rememoraba su divertida interpretación.

—Bueno —dijo él sin parecer darse cuenta de lo que estaba aconteciendo—, si te sirve de consuelo, por lo poco que sé, él está igual.

Por unos instantes dejó de escuchar a Yuri. Su alma había quedado atrapada en unos hermosos y pausados acordes de piano; pero decidió desentenderse del recuerdo de la canción.

Mama, just killed a man…[2]

—¿Sí? Pues ya lo siento. Pero claro, yo ya es que no podía más con sus rarezas y exigencias.

—Es normal —afirmó Yuri con su sempiterna sonrisa inexpresiva—. A mí casi no me cuenta nada en realidad. No sé qué le habré hecho.

—La verdad es que me gustaría saber qué pasa por su cabeza. ¿Le has llegado a preguntar?

Life had just begun[3]

—¿Sabiendo cómo es? No. —Rio cerrando los ojos hasta convertirlos en dos ranuras seminvisibles—. Cuando el tío se cierra en banda, no hay quien le saque nada.

If I’m not back again this time tomorrow

Carry on, carry on, as if nothing really matters…[4]

Susi permaneció callada un buen rato más. Estaba hipnotizada por la canción: era como si le revelara una verdad profunda, aunque sencilla, que siempre hubiera estado latente en su corazón.

Gotta leave you all behind and face the truth![5]

—¿Y si le escribo? —preguntó saliendo de su enclaustramiento mental.

—Pues no sabría decirte… La verdad es que no sé cómo se lo tomará.

«Yuri, tío —pensó Susi—, ¿alguna vez sabes algo?». Lo cierto es que la actitud de este a veces era exasperante, nunca sabía si le estaba dando esperanzas o hundiéndola en la miseria.

I see a little silhouetto of a man…[6]

—¡Bah! Paso —habló ella, en realidad, para evitar escuchar esta parte de la canción—. Mira, llámame orgullosa, pero a ver por qué me tengo que poner en contacto con él después de cómo se portó.

—Ya —aportó con bastante indolencia.

—Te confieso que gran parte de lo que me pasa es por egoísmo. Quiero saber de él, pero me jodería descubrir que le va guay. Me duele reconocerlo: lo que me gustaría es que estuviera llorando por mí, echándome de menos…

I’m just a poor boy and nobody loves me…[7]

—… y lo único por lo que quiero que me escriba es para pedirme perdón, y ya está.

—Ya, pero ya sabes que es muy orgulloso y que no lo hará.

Spare him his life from this monstrosity![8]

—Yo no es que me quede atrás —repuso ella.

—Pues tampoco te quejes.

«¿Cómo?». Esto la enojó bastante: no conseguía habituarse a las sorprendentes salidas de las que a veces hacía gala su amigo, ignorando si debía juzgarlas como bordes o como inocentes meteduras de pata.

Bismillah!

We will not let you go!

Let me go![9]

—Mira —dijo Yuri—, me duele decir esto. Puede que Ángel sea de ese tipo de gente… Gente como… Hitler.

Le miró desconcertada.

Beelzebub has a devil put aside for me…[10]

—Se acercan aparentando las mejores intenciones y van devorando a las personas —clarificó este.

So you think you can stone me and spit in my eye![11]

—Oye, Yuri —protestó Susi—, Ángel no será un santo ni el mejor de los hombres, pero de ahí a que me lo compares con un genocida fascista creo que hay un paso bastante grande, ¿no te parece?

—¡Ah, no! —se exculpó cerrando los ojos y sonriendo, parecía el icono de WhatsApp que más usaba—. No he querido decir eso. Es solo que a lo mejor Ángel se ha estado aprovechando un poco de ti. Piénsalo. Son cosas que yo he ido viendo. Ya sabes que a mí no se me escapa casi nada. Es más, podría enseñarte muchas cosas por su caligrafía y sus expresiones corporales: tiene una personalidad infantil, impulsiva y, a la vez, insegura. No me lo tomes muy en cuenta, pero no me sorprendería que en realidad no te haya querido nunca.

Oh, baby! Can’t do this to me, baby![12]

—¿Recuerdas —continuaba— aquella vez que rompisteis? Me hablaba mucho de ti y decía que te notaba algo rara, por lo que te estaba poniendo a prueba para ver si le querías. Entonces tuve que decírtelo cuando me comentaste que estaba un poco pesado. No fue aposta, te lo aseguro, se me escapó y hasta lloré cuando le diste puerta. Lo que quiero decir con esto es que puede ser un manipulador maquiavélico, y a las pruebas me remito. Me jode decir esto porque es mi amigo, pero creo que es la verdad… Y lo siento por ti.

Aquí, ¡justo aquí!, el corazón de Susi se hizo trizas, sin saber exactamente el porqué. Se resistía a creerlo, lo cual suponía un nuevo dilema. Si Yuri le estaba diciendo la verdad, odiaba a Ángel y todo lo que había significado alguna vez para ella; pero si Yuri, por la razón que fuera, la estaba engañando, nunca se lo perdonaría.

Nothing really matters… to me…[13]

—Bueno, se hace tarde —anunció Yuri—. Debería irme ya si no quiero perder el último autobús.


[Más tarde]

Cogió el móvil y reprodujo Bohemian Rhapsody. Descubrió que cada parte de esta canción parecía reflejar los instantes de un estado anímico depresivo: la culpa, la huida, el momento entre absurdo y épico de encontrarse en una encrucijada, y la epifanía final anunciada por la triunfante guitarra de Brian May, el momento de rebelarse contra la situación. Susi se desgañitaba y lloraba cantando con Mercury, dedicándole las últimas estanzas a su ausente con rabia y tristeza por la imposibilidad de estar juntos que él había provocado.

So you think you can stone me and spit in my eye?
So you think you can love me and leave me to die?
Oh, baby! Can’t do this to me, baby!
Just gotta get out, just gotta get right outta here.
[1]

Y el momento de la aceptación: que nada en esta vida importa realmente…

Anyway the wind blows…[2]


[1] «¿Es que crees que puedes apedrearme y escupirme al ojo? / ¿Es que crees que puedes quererme y dejarme para que me muera? / ¡Oh, cariño! ¡No me puedes hacer esto, cariño! / Solo necesito salir, solo necesito salir ya de aquí».

[2] «Como quiera que sople el viento…».


[1] «¿Es esta la vida real…?».

[2] «Mamá, acabo de matar a un hombre…».

[3] «La vida acababa de comenzar».

[4] «Si no vuelvo de nuevo esta vez mañana, / continúa, continúa como si nada importara de verdad».

[5] «¡Tengo que dejaros a todos atrás y afrontar la verdad!».

[6] «Veo la pequeña silueta de un hombre…».

[7] «Solo soy un pobre chico y nadie me quiere…».

[8] «Perdónale la vida por esta monstruosidad».

[9] «¡En el nombre de Alá! [advocación en árabe] / ¡No te dejaremos ir! / ¡Dejadme ir!».

[10] «Belcebú tiene un diablo preparado para mí…».

[11] «¿Es que crees que puedes apedrearme y escupirme al ojo?».

[12] «¡Oh, cariño! ¡No me puedes hacer esto, cariño!».

[13] «Nada importa realmente… para mí…».


© Gustavo Sierra Fernández (2021)


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«Redención (Nuestro último baile)»: Cómo se hizo (2): los misterios del Cónclave


Una de las mejores cosas de escribir que existen es poder poner tus pensamientos sobre un tema en boca del narrador o, lo que es mejor, de los personajes, y también los pensamientos opuestos para dejarlos al aire y que puedan ser criticados. El proceso de revisión de la novela llevó dos años, quizás tres, por lo que pudieron irse incluyendo más temas al borrador original.

Prostitución, populismo y los poderosos en contubernio

El tema que estuvo desde el principio es la crítica hacia la prostitución a través de los pensamientos de Susi; este es uno de los casos en los que mi pensamiento, concretamente el abolicionista, hace acto de presencia totalmente. No puedo disculparlo por que haya mujeres que lo hagan libremente, ya que sus razones no me parecen suficientes y, así, condenan a las que no quieren hacerlo o no quieren pero no les ha quedado más remedio (que eso de la libertad de elección siempre hay que mirarlo con lupa: solo se es libre si se dan las condiciones adecuadas, y en ese caso no se dan), y mucho menos que hagan una supuesta labor social por los hombres a los que les cuesta tener pareja, es decir, tener sexo: eso nos pone a los hombres en una posición de privilegio, y no la quiero.

También estaba desde el principio la crítica hacia el populismo de extrema derecha, encarnado, en este caso, en un político tan grandilocuente como vulgar y superficial. Y, lo siento, pero no creo que tenga que justificar mi opinión hacia los partidos de extrema derecha, ni siquiera haciendo agravios comparativos. Cualquiera que sostenga que puedan existir ciudadanos que estén por encima y ciudadanos que estén por debajo; que manifieste desprecio hacia otras etnias, nacionalidades y sexualidades; que defienda lo que ya hace tiempo hizo un grupo de gente en nombre de la religión, la «patria», el orden o lo que sea y lo justifique por una visión de la historia tergiversada maliciosamente no merece mi consideración. A estas alturas, uno piensa que quien se deja engañar es porque quiere, y de eso se sirven políticos como Pelayo Barral, mi personaje, el líder de un partido llamado Reconquista que sueña con el poder para defender los intereses económicos de quienes realmente les financian.

Y como siempre que se habla de esto se dice lo mismo, repetido una y otra vez hasta niveles de estupidez astronómica: me parece estupendo que alguien condene las atrocidades cometidas por regímenes comunistas, o que dicen serlo, pero que eso te lleve a comulgar con ideas de gente que hace las mismas atrocidades, si no peores, es ya harina de otro costal. No puedes estar a favor de la represión de unos y en contra de la de otros.

Y, finalmente, uno más, que se enlaza con el tema principal de esta entrada: de cómo un exceso de poder, económico, político, de influir en las opiniones de los demás puede llevar aparejada la posibilidad de vivir no al margen de la justicia, ni siquiera por encima, sino dirigirla completamente a través de los medios que el poderío proporciona. Claro está, hablamos de la corrupción: no hay corrupción si no hay, al menos, dos actores: el que corrompe y el que se deja corromper; este último suele tener gobierno sobre los agentes intermedios, como, por ejemplo, los agentes de la ley, de entre los cuales, unos disfrutan y hasta participan de esa corrupción, y otros no ven el momento de rebelarse contra ella.

Entonces, ¿y si personas muy poderosas se hubieran reunido en torno a un círculo donde poder conspirar para su beneficio a la vez que profesar una siniestra y sangrienta religión? Suena a teoría de la conspiración, precisamente el último tema a tratar.

Las teorías de la conspiración siempre tienen un poso de irrealidad, incluso de ridículo, en sus postulados, hasta el punto de hacerte creer que hay algo más detrás de ellas…, lo que Alejandro Villacarros llama «la metateoría de la conspiración», que consistiría en que un grupo interesado elaborase y difundiera indirectamente dichas teorías para restar importancia a lo que hay de realidad que les implica de alguna forma o, incluso, dudar de su existencia por la cuestionabilidad de aquellos que las sostienen. Pero eso tendréis que descubrirlo…

El misterio del Cónclave y las teorías de la conspiración

Emblema del Cónclave, diseñado por mí

En Redención (Nuestro último baile) tenemos un villano colectivo: una secta pagana, apocalíptica y destructiva formada por las personas más poderosas y siniestras de la sociedad, cuyo nombre es el Cónclave. En su construcción influyeron varios elementos, tanto ficticios como reales. El Cónclave no es solo una secta de paganos ni tampoco una inquietante sociedad de potentados sin más: es ambas cosas. Es Lovecraft y, a la vez, Escrivá de Balaguer.

En cuanto a sectas y cultos paganos o satánicos se refiere, es inevitable pasar por Lovecraft y su círculo (Belknap, Derleth, Bloch, Ashton Smith…) y películas como La semilla del diablo o, más recientemente, Hereditary. Estas sectas suelen ser reuniones de personas que llevan su culto de una manera discreta, pero a la vez palpable, como si invitaran a darse a conocer y, a la par, marcar su territorio. Suelen ser de dos tipos: gente normal, hasta entrañable, de clase media, que no levanta excesivas sospechas, o bien, un grupo de depravados morales aislados geográfica o socialmente (el recurso favorito de Lovecraft y Cía); cabe un tercer grupo: el de una civilización neolítica que ha conseguido mantener un culto sanguinario y horrible de espaldas a la sociedad, pero este no viene al caso.

También hay una variante que me parece de lo más interesante: la de un integrismo cristiano obsesionado tanto con la idea del mal y el diablo, muy propio, por lo general, de sociedades rurales muy supersticiosas, que, en su lucha contra las fuerzas del mal a través de exorcismos, ritos, rituales y hasta conjuros y pócimas, llegan a colindar con cultos satanistas. La verdad, dejando al margen a estos grupos, siempre me ha parecido muy curiosa la semejanza de ciertos sectores fundamentalistas del catolicismo con los sectarios satánicos y sus misas negras, incluso en el discurso. Esta era la idea que tenía a la hora de elaborar mi secta, es decir, su faceta religiosa, sus discursos, sus ritos, etc.: ese curioso punto intermedio y común que tienen integristas cristianos (en general) y satanistas. A fin de cuentas, a ambos les encanta hablar sobre el diablo, casi más que sobre Dios.

En cuanto a las sociedades secretas o asociaciones de poderosos, la idea es siempre la de un grupo de personas con influencia en su ámbito, como empresarios, banqueros, políticos, etc., que suelen reunirse en distintos eventos en donde toman decisiones que, generalmente, contribuyen a enriquecerlos aún más y, al mismo tiempo, joder a la gente a través de la manipulación de los poderes fácticos de cada nación, aunque no sea la suya. Se cree que, en sus conciliábulos, dos o más de ellos llegan a acuerdos o elaboran proyectos por los cuales pueden promover la creación de leyes o su modificación, decidir quién va a ser el mandatario de un Estado, decidir la estabilidad o inestabilidad política, etcétera, siempre que esto contribuya a su enriquecimiento.

La idea del Cónclave era unir ambas tendencias en una sola: la de la secta pagana y la del club de megapoderosos que conspiran para enriquecerse aún más, para lo cual utilizan toda la influencia que esté a su alcance.

influencias históricas y ficticias: de Cazafantasmas a la Década Ominosa

Tal y como le hago decir al profesor Villacarros, en España no abundaron en el pasado las sectas de tipo ocultista, pagano o apocalíptico, pero ha habido bastantes que pueden casar con mi inventada secta, que tomó su nombre del sínodo de los cardenales por una significación muy parecida: un grupo cerrado de personas que deciden por todas.

El Cónclave es una sociedad secreta de inspiración absolutista y fundamentalista que se funda durante el reinado de Fernando VII; su idea inicial es combatir las ideas liberales y afrancesadas haciendo servicios de contrainformación o a través de conspiraciones para desestabilizar la sociedad e instaurar en el pueblo la idea de que, para que haya paz, orden y tranquilidad, es imprescindible la presencia de una persona que, por designación divina, concentre en sí todos los poderes y actúe como defensora de la fe y las tradiciones. Más tarde, aparece el exmonje Pedro Castillo con unas ideas estrafalarias y consigue refundar la sociedad secreta de arriba abajo, convirtiéndola en un culto oscuro que propugna la existencia de unos dioses olvidados que, mediante su veneración, conseguirían traer el fin del mundo y obligar a Dios a celebrar el Juicio Final, en donde los miembros del Cónclave tendrían un lugar privilegiado, no solo quedando exentos del juicio, sino, también, ejerciendo de acusación y decidiendo el destino de los pecadores.

Pues esta, a grandes rasgos, es mi secta de intrigantes. Pero hay sociedades secretas históricas que guardan cierta similitud, sobre todo, las que datan de entonces, cuyo conocimiento a posteriori me causó escalofrío por la coincidencia. Eso de acertar con las cosas a ciegas… De manera que, en un momento u otro de la revisión del manuscrito, el Cónclave fue alimentándose de sus rasgos, si bien su inspiración inicial puede parecer bastante curiosa.

Para ser sinceros, mi idea inicial estaba inspirada por la historia subyacente en Cazafantasmas (1984), que, a su vez, se basaba en la historia y relación del famosos satanista Aleister Crowley con el edificio Dakota (que también es la subhistoria de La semilla del diablo) y en sectas esotéricas de la Alemania de entreguerras (algunas de ellas, germen del nazismo). En resumen: un médico sin escrúpulos, tras observar la perversidad humana durante la I Guerra Mundial y el momento de depresión que se produce al acabar esta, termina por pensar que la sociedad está tan degenerada que no merece sobrevivir, por lo que funda una secta apocalíptica que adora a un (inventado) sanguinario dios sumerio, y, para ello, construye un edificio que sirva de punto de conexión con la dimensión de dicho dios, al que pretenden invocar mediante ritos de sangre. Así que la idea era trasladar algo de esto a una época de la historia española: la poco estudiada y minusvalorada era de la restauración tras la guerra de independencia, un momento lleno de intrigas y violencia entre los absolutistas y los liberales, un tira y afloja perpetuo entre el progreso y la reacción, y unos personajes muy siniestros, como Francisco Tadeo Calomarde (ministro de Justicia de Fernando VII), Jerónimo Castillón y Salas (el último Inquisidor General del Reino de España) o Carlos María Isidro de Borbón, el aspirante al trono e instigador de la primera de las Guerras carlistas; un momento en el que, tras la caída del controvertido Napoleón Bonaparte, las fuerzas reaccionarias del Antiguo Régimen (nunca abolido por completo en España por entonces) amenazaban con devorar las ideas de progreso e igualdad que la Ilustración había propugnado en la práctica totalidad de Europa y sus colonias en América.

Las sociedades secretas que confluyeron en el Cónclave

Casi todo el mundo, cuando hablamos de sectas esotéricas, ocultistas y, además, intrigantes en España, tiene en mente a dos grandes grupos: la Masonería y el Opus Dei, cada uno por una razón (aunque pongo en duda muchas de las cosas que se le atribuyen a la Masonería en España: no es como en Estados Unidos, en donde se dice que existen grupos masónicos o pseudomasónicos con intenciones siniestras cuyos miembros se preparan para ser líderes políticos o económicos). Pero hay más. A lo largo de estos años descubrí algunas más antiguas, pero de dudosa existencia, y tomé elementos que añadí más tarde, aunque la mayoría ya estaba presente en el perfil inicial.

Los hermanos Osso, Mastrosso y Carcagnosso: miembros de la Garduña y míticos fundadores de las principales mafias de Italia

Está, por ejemplo, La Garduña. Esta no era en realidad una secta ni una orden esotérica, sino que se supone que era una gran hermandad de malhechores, al estilo de la mafia moderna, que, según algunos, hasta podría aparecer en El buscón de Quevedo y en Rinconete y Cortadillo de Cervantes (aunque eso es solo conjetura y parecen referirse solo a asociaciones de malhechores locales). Dicha asociación, según la literatura existente, en algún momento se jerarquizó siguiendo la estructura de las cofradías religiosas, y existe una leyenda (quizás más bien alegoría, difundida por el asombroso folklore musical mafioso italiano) que dice que tres hermanos miembros de la Garduña fundaron en Italia sus tres grandes grupos mafiosos: la Cosa Nostra siciliana, la ‘Ndranghetta calabresa y la Camorra napolitana. Sin embargo, la mayoría de los historiadores pone en duda su existencia real más allá de la asociación de maleantes locales y regionales que surgieron en torno al tráfico de mercancías desde el Nuevo Mundo en las ciudades portuarias o de paso, un mundo subterráneo muy bien retratado por los escritores del Siglo de Oro.

El Ángel Exterminador es algo más serio por su coincidencia. Resulta que sí pudo existir un grupo prototerrorista que, desde posturas de integrismo católico y de ideología absolutista, trató de combatir desde la clandestinidad a los liberales, apoyando así a Fernando VII. Nuevamente, los historiadores ponen en tela de juicio que haya existido alguna vez salvo por rumores o por magnificaciones literarias, y, sin embargo, me causó una cierta conmoción saber de su hipotética existencia. No obstante, de ellos tomé la implicación de los intrigantes históricos que componían la camarilla de Fernando VII y que pretendían influir en sus decisiones.

La que sí que es real es la que, sin poder denominarla exactamente como secta, tiene relación con la anécdota del conserje que cuento en la anterior entrada y cuyo conocimiento ayudó a perfilar más al Cónclave. Es una asociación o club digamos que cultural, surgido en el siglo xix-xx, cuyos miembros eran poderosos e influyentes y contaba con algunas celebridades del conservadurismo entre sus filas. En principio, solamente es un club de pensadores de tendencia conservadora que se reuniría para tomar café y disertar acerca de novedades políticas y las controversias nacionales; no es nada extraño: era una tradición europea desde, por lo menos, la época de Napoleón (los liberales se reunían en cafés, los conservadores lo hacían en clubes). Poco se conoce de ella, aparte de su barroca denominación, quizás porque haya poco que conocer, o eso espero. En su local, como se puede ver en internet, tienen lugar eventos como presentaciones de libros y ponencias demasiado poco interesantes en torno a la identidad de España (de acuerdo con la tesis conservadora) y el pensamiento del tal o cual político conservador o derechista olvidado del siglo xix o principios del xx. No obstante, el secretismo que imperaba en torno a ella me inspiró en el desarrollo de la historia, si bien el Cónclave ya estaba bastante definido.

Pero, aparte de estas coincidencias y elementos que le fui añadiendo, no existe, o eso espero, nada parecido al Cónclave en España… Lo demás son teorías de la conspiración, y ahí Alejandro Villacarros expresa cuál es mi opinión al respecto. En cuanto a asociaciones de caprichosos millonarios y políticos, están el Club Bilderberg, lo que algunos creen que es la Masonería en España (al estilo de Estados Unidos junto a la mala prensa y los bulos difundidos desde el catolicismo recalcitrante) y demás, cosas que nunca me he creído demasiado (porque tampoco necesitan mantenerse en secreto, francamente). Así que mi opinión al respecto la pongo en boca del profesor Villacarros en uno de los últimos añadidos, escrito durante la pandemia y el confinamiento del año pasado, cuando de repente aparecieron tantas y tantas teorías en apariencia ácratas, aunque, y con todos los respetos a quienes las sustenten, se intuía un poso de reacción y uno se pregunta de dónde salían, quiénes las estaban formulando y por qué, cuando te das cuentas de que ya en el pasado hubo grupos políticos que hicieron bandera y base ideológica de una teoría de la conspiración, como los nazis con los Protocolos de los Sabios de Sion (que ya entonces se había desenmascarado como una falacia creada por los servicios secretos del zar de la Rusia más fundamentalista y antisemita), y que la teoría del Nuevo Orden Mundial fue un invento de la reacción estadounidense, que interpretaba que la fundación de lo que luego serían las Naciones Unidas era un intento por someter a todas las naciones a algo que, para ellos, no era más que comunismo. Hoy, además, vemos cómo ciertos partidos políticos están esgrimiendo estas teorías para hacer discursos demagógicos y advertir de una supuesta amenaza del comunismo internacional con base en China, amenazando con que están en juego unas libertades que, digámoslo alto y claro, ellos tratarán de abolir a la mínima oportunidad que se les dé. Y esto no es una teoría de la conspiración.

[NOTA: lo siento, pero no serán publicados comentarios relativos a demostrar la existencia o acciones de sociedades secretas o teorías de la conspiración, menos aún los que lleven insertos las fórmulas «Investigue», «Indague» o «Despierte», o enlaces a lo que sea que crean la verdad última y definitiva]


Portada La caída de Satán Gustave Doré

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