Posts Tagged ‘Nacho Sáenz de Tejada’

“Planeó una huida despacio, lentamente para una noche, por ejemplo en abril.”


nachoHoy me enteré, por mi amigo Adrian, de que ha fallecido Ignacio “Nacho” Sáenz de Tejada, músico, compositor, guitarrista, periodista y crítico musical. Como músico, fue miembro fundador de la banda de folk Nuestro Pequeño Mundo, y acompañó en sus grabaciones y directos a, generalmente, cantautores como Pablo Guerrero, Antonio Resines, o Clara Ballesteros. Si bien, últimamente no estoy pródigo en palabras por aquí, no he querido dejar de pasar hacerle un pequeño homenaje, con dos canciones. La primera es una de Pablo Guerrero para la que él compuso la música: una de las canciones más existencialistas, dentro de una vida material gobernada por la rutina, el hastío y las obligaciones del contribuyente, de la que hemos tomado el título para la entrada: “Planeo” [en este enlace, junto “Para huir de la muerte” y con dos traducciones “reguleras” –mías- al inglés de ambas]:

Y la segunda es, bajo mi punto de vista, una de las mejores versiones que Nuestro Pequeño Mundo hizo de una canción folklórica extranjera, que se remonta a los días de la guerra mexicano-estadounidense: “Santy Anno” [contiene historia de la canción y otras versiones]. La he elegido porque hoy me ha sonado, y bueno, somos algo supersticiosos…

Y aunque dije dos, no puedo dejar de poner una tercera, que ha salido aquí ya muchas veces porque tiene una historia personal mía que ya habré contado muchas veces: su versión de “Los campanilleros”, la más tierna de las canciones populares andaluzas, generalmente asociada a las navidades:

40 años de A cántaros, y aún parece que fue ayer


A cantarosAyer se cumplían los 40 años desde que nuestro gran Pablo Guerrero publicó su mítico disco A cántaros. Pablo comenzó a cantar a finales de los 60: sus primeras canciones, recogidas entre 1969 y 1971 en tres sencillos, eran canciones de corte rural y entrañables, todo un homenaje a las gentes trabajadoras de Extremadura (canciones de las que yo soy muy fan); son aún canciones en clave folk al estilo de las que por entonces había hecho Víctor Manuel o comenzaba a hacer por su parte el inmortal José Antonio Labordeta. Pero para el año 72, Guerrero se vuelca más hacia el folk-rock de corte dylaniano, con un buen conjunto de músicos amigos practicantes de este género, como Nacho Sáenz de Tejada y Miguel Ángel Chastang (ambos miembros de Nuestro Pequeño Mundo, como otros que le acompañaron). En él, como es natural, se encontraba su canción más famosa, “A cántaros”, que pronto se convirtió en uno de los más deliciosos himnos de la resistencia antifranquista, incluso de la no militante e inconsciente, de la que pensaba que las cosas no estaban bien y tenían que cambiar… Y por eso sigue estando tan vigente, por un lado, por desgracia, pero por otro, ya que tiene que ser así, por suerte. Pero no es ésta la que vamos a poner, ya que aquí ya la hemos puesto muchas veces, incluso con una traducción al inglés para los amigos y curiosos no castellano-hablantes. En su lugar, vamos a poner dos canciones del mismo disco (pues no he sabido decidirme) que, de alguna manera, simbolizan el espíritu de Pablo, tanto en los días de la grabación del disco, como en estos nuestros puñeteros días.

El amor formó parte de gran parte de los temas de los cantautores de aquella época, pero entendido de otra manera: como una cosa de dos y, lo que es más importante, como el principio de algo que puede ser el motor de un cambio más que posible. Pablo Guerrero fue uno de los grandes artífices de esta temática:

Buscándonos

Qué de temblor de peces
hay en tus ojos
cuando penetro en ti
—buscándote, buscándote—
granizada de luz
en mi noche de agosto.

Qué temblor de manantiales
hay en tu boca
cuando bebo de ti
—buscándote, buscándote—
un buen sorbo de besos.

Qué de temblor de risa
hay en tus manos
cuando vienen a mí
—buscándome, buscándome—
para exigir al mundo
nuestra ración de dicha.

Qué de temblor de vida
hay en nosotros
cuando nos descubrimos
—buscándonos, buscándonos—
hasta sentirnos uno,
nuestros, resucitados.

http://www.cancioneros.com/nc/6991/0/buscandonos-pablo-guerrero

Y es que una de las palabras que podrían definir a Pablo sería la de FIDELIDAD, LEALTAD, etc. Y por eso ha sido de los que no se han rendido, y le encontraremos siempre:

Me encontrarás

Me encontrarás.
Aunque apenas me busques, me encontrarás,
aunque apenas me llames, me encontrarás.

Comiendo una manzana
o atándome un zapato
para seguir andando,
me encontrarás,
me encontrarás andando.

Mezclado con la gente
respirando
su mismo aire, su mismo
corazón de plástico.
O quizás este solo a punto de asaetar
mi sombra como un pájaro.
Pero me encontrarás,
me encontrarás andando.

Tú conoces mis pasos,
mi forma de reír,
mis libros y el relincho
de mi caballo.

Me encontrarás por eso
el día en que las manos
seguras que buscabas
te hagan daño.

Aunque apenas me busques,
aunque nunca me llames
me encontrarás andando.

Luces desnudas como la verdad
buscando.

http://www.cancioneros.com/nc/10388/0/me-encontraras-pablo-guerrero

Pablo Guerrero: To flee from death/ Planning


Pablo Guerrero is
one of the most tender and sweeter Spanish songwriters, also a genial
poet and musician. Born in Esparragosa de Lares, a village of Badajoz, Extremadura,
in 1946. In 1969 comes to Madrid for singing; his first songs are
influenced by Extremadura’s traditional songs, but soon he’ll sing also
songs with Dylan, Paco Ibáñez, Georges Brassens, Moustaki and Jose
Afonso influences. His great song is "A cántaros" ("It’s pouring"),
that became in a song of solidarity. Pablo’s poetry is one of the most
beautiful: talking about friendship, solidarity, humanity, brotherhood,
his land and, of course, love. He also recorded songs with Africans
influence, and today, without the previous power of voice, his songs
are more literary than musicals. Some of his best LPs are A cántaros (Pours) and Porque amamos el fuego (Because we love fire).

Pablo wanted that this beautiful song were a kind of tribute to Pablo Picasso and Pablo Neruda, naming Picasso’s famous white doves of peace and Pablo Neruda’s most famous work: Twenty poems of love and a desperate song (Veinte poemas de amor y una canción desesperada).

Para huir de la muerte


Para huir de la muerte

nos amaremos todo enteros.

Para huir de la muerte

nos amaremos

sin horario y sin ley, sencillamente

para huir de la muerte.

Para huir de la muerte

diré que tus ojos son palomas de Picasso

y que bajo tu piel de leche ávida y firme

viven en hermandad veinte poemas de amor.

Para huir de la muerte

tú me darás las fresas mejores de tu huerto

yo te daré mi vino más peleón, más duro, más añejo.

Para huir de la muerte

pienso resucitar el conjuro dormido de tus pechos,

pienso ahondar tus raíces, bucear hasta el centro.

Para huir de la muerte,

diré que es estupendo sentirte tan cercana

y que ni en tí, ni en mí, ni en vosotros ni en ellos

hay sumergida una ciudad donde luchan

la muerte, y el amor, el amor y la muerte,

la muerte, y el amor, el amor y la muerte.

Pablo Guerrero

To flee from death

To flee from death/ we shall love us all integers./ To flee from death/ we shall love us/ without schedule and lawless, simply/ to flee from death.// To flee from death/ I will say that your eyes are Picasso’s doves/ and under your milky and firm skin/ are living in brotherhood twenty poems of love.// To flee from death/ you shall give me your kitchen garden’s best strawberries;/ I shall give you my bullier, harder, older wine.// To flee from death/ I figure on resuscitate the asleep spell of your breasts,/ I figure on go into your roots in depth, to dive to center.// To flee from death/ I will say that is wonderful feeling you so close,/ and not in you, nor in me, nor in you neither in them/ there’s a submerged town where are fighting/ the death and the love, the love and the death,/ the death and the love, the love and the death.

Pablo Guerrero

Planeo

Vio secarse el sudor de sus sábanas

y apagarse poco a poco su candil.

Planeó una huida despacio, lentamente

para una noche, por ejemplo en abril.



Ahorcaría su corbata y dejaría colgado

su horario en la pared.

Y esa tela de araña que se metió en su frente

le dejaría, posiblemente, de doler.



Tenía ganas de luchar… yo que sé,

de hacerse una remuda en el alma cualquier sábado

y emprender una vida tan bella como cien

televisores apagados.



Ella tenía un libro abierto entre las manos

y la mirada prendida entre dos páginas.

El reloj daba la hora por costumbre

y no pasaba nada, nunca nada.



"Ya sé, mujer, nos preocupan los niños

el colegio, los plazos, la casa en el campo"

y se hundía en el sillón, sintiéndose vencido

como letras de cambio.

Planning

He saw dry up the sweat on his sheets/ and go off little by little his lamp./ He planned a flight pass by pass, slowly/ in a night, for example in April.// He should hang his tie and leave locked up/ his schedule on the wall./ And that spiderweb which get into his forehead/ shall stop, probably, of hurting him.// He felt like fighting… I don’t know,/ of making a change of clothes in his soul any Saturday/ and set up a life as beautiful as a hundred/ off televisions.// She had a book opened between her hands/ and the look captured between two pages./ The clock was marking time by habit/ and was happening nothing, nothing ever.// "I know, my wife, we’re worried about children,/ school, repayments and the cottage"/ and he was sinking in the armchair, feeling defeated/ like bill of exchange.

words by
Pablo Guerrero

music by
Ignacio Sáenz de Tejada

Planeo


Una vez de tantas me sentí desnudo, vacío, insulso… No me alivió, pero ayudó a saber que me ocurría esta canción de Pablo Guerrero: 

Vio secarse el sudor de sus sábanas

y apagarse poco a poco su candil.

Planeó una huida despacio, lentamente

para una noche, por ejemplo en abril.

Ahorcaría su corbata y dejaría colgado

su horario en la pared.

Y esa tela de araña que se metió en su frente

le dejaría, posiblemente, de doler.

Tenía ganas de luchar… yo que sé,

de hacerse una remuda en el alma cualquier sábado

y emprender una vida tan bella como cien

televisores apagados.

Ella tenía un libro abierto entre las manos

y la mirada prendida entre dos páginas.

El reloj daba la hora por costumbre

y no pasaba nada, nunca nada.

«Ya sé, mujer, nos preocupan los niños

el colegio, los plazos, la casa en el campo»

y se hundía en el sillón, sintiéndose vencido

como letras de cambio.

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