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Jefferson-Aeromodelismo: la azotea de la casa en las esquinas de Pooneil


rooftopY llegamos al final del disco, con una canción tremenda. Crown of Creation no es un disco conceptual o una ópera rock, pero junto a la portada hay tres canciones que definen el sentido apocalíptico y pesimista del disco: “Crown of Creation”, basado en el gusto de Kantner por la literatura de ciencia ficción (no es un caso único: parecía ser un gusto general entre los músicos hippies, como Jim McGuinn), en el que deja ver un espacio para la esperanza a pesar de la destrucción; “Ice Cream Phoenix”, ese poema apocalíptico de Jorma Kaukonen, en el cual la gente se ama a pesar de que no haya mañana; y la de hoy, que tiene sorpresa. Como dice Jeff Tamarkin, autor del libro oficial sobre Jefferson Airplane Got a Revolution! (¿alguien sabe si está editado en España?) en la reedición del álbum, “The House at…” es el gemelo malvado de “The Ballad Of You & Me & Pooneil”, ese himno de optimismo y vitalismo hippie. Es su gemela porque guarda la misma estructura melódica al principio: de hecho, la distorsión con la que comienza “The House…” es la misma con la que acaba “The Ballad…”; y es malvada porque, mientras “The Ballad…” era una balada medianamente optimista, que revelaba las ganas de vivir y hacer cosas, “The House…”, simple y llanamente, es una balada sobre el holocausto nuclear, y es que, como muchas veces he/ hemos dicho, el movimiento hippie y todos sus fenómenos no se entienden sin el trasfondo de la Guerra Fría y la carrera nuclear entre EE. UU y la U. R. S. S. El mismo título revela esa oposición a su balada de 1967, refiriéndose además a la casa en la que vivían y trabajaban, como “la casa que está en la esquinas de Pooneil”, siendo Pooneil un compuesto de dos influencias de Paul Kantner, autor, junto a Marty Balin, de esta canción: el libro infantil Winnie the Pooh y el cantautor Fred Neil; pienso que el concepto de la esquina se refiere a que, en cierto modo, esta visión apocalíptica se deriva de la anterior canción. Ambas canciones pueden entenderse como un continuo, pero son más bien, como dice Kantner, la cara de la misma moneda: esa distorsión no es una continuación, sino como el doblar la esquina y, mediante cierta inversión de la melodía original, recorrer el mundo pesimista que se opone a la canción original.

El ambiente del disco, con estas tres canciones, resulta pesimista, pero también, como dice Jeff Tamarkin, deja cierto espacio a la esperanza: siempre hayJefferson Airplane Jefferson_airplane_1 algo por lo que la vida de uno deba sobrevivir, la gente se amaría incluso sabiendo que el mañana no existe e, incluso en ésta, se revela que siempre hay algo que se pueda hacer; y así, esa “corona de la creación” puede ser el hongo atómico que sale en la portada, o la humanidad, como dijo en cierto modo Nietzsche (que es quien he visto que usa el término antes, aunque probablemente ya hubiera sido inventado): sea lo que fuera, los que realmente se coronaron con este trabajo fueron los propios Jefferson Airplane. Así pues, el mismo trío Paul Kantner-Marty Balin-Grace Slick que nos revelaba sus sueños en 1967, ahora nos habla de su pesadilla en 1968, con ese órgano tétrico (¿tocado por Grace?) y el duelo vocálico entre Grace y Marty, hablando de mundos de pesadilla aderezados con frases e imágenes surrealistas que le quitan cierto peso pesimista a la canción. ¡Bienvenidos a la casa en las esquinas de Pooneil!

The House At Pooneil Corners

You & me we keep walkin’ around & we see
All the bullshit around us
You try & keep your mind on what’s going down
Can’t help but see the rhinoceros around us
& you wonder what you can do
& you do what you can
To get bald & high
& you know I’m still goin’ need you around
You say it’s healing but nobody’s feeling it
Somebody’s dealing – somebody’s stealing it
You say you don’t see & you don’t
You say you won’t know & you won’t let it come
Everything someday will be gone except silence
Earth will be quiet again
Seas from clouds will wash off the ashes of violence
Left as the memory of men
There will be no survivor my friend
Suddenly everyone will look surprised
Stars spinning wheels in the skies
Sun is scrambled in their eyes
While the moon circles like a vulture
Someone stood at a window & cried
‘One tear I thought that should stop a war
But someone is killing me’
& that’s the last hour to think anymore
Jelly & juice & bubbles – bubbles on the floor
Castles on cliffs vanish
Cliffs like heaps of rubbish
Seen from the stars hour by hour
As splintered scraps & black powder
From here to heaven is a scar
Dead center – deep as death
All the idiots have left
Epitaph
The cows are almost cooing
Turtle doves are mooing
Which is why a poo is pooing
In the sun
Sun.

La casa en las esquinas de Pooneil

Tú y yo seguimos caminando y vemos/ toda la porquería que nos rodea/ Tratas de fijar tu mente en lo que está pasando/ No puedes ayudar pero ves los rinocerontes a nuestro alrededor/ y te preguntas qué puedes hacer/ y haces lo que puedes/ quedarte calvo y colocado/ y sabes que todavía voy a necesitarte a mi alrededor/ Dices que se cura pero nadie lo siente/ Alguien está comerciando – alguien lo está robando/ Dices que no ves y no lo ves/ dices que no sabrás y no lo dejarás venir/ Todo se acabará algún día excepto el silencio/ la Tierra será silenciosa otra vez/ Los mares desde las nubes harán desaparecer las cenizas de la violencia/ dejadas como recuerdo de los hombres/ No habrá supervivientes, amigo/ De repente todos parecerán sorprendidos/ las estrellas girando como ruedas en los cielos/ el sol se ha mezclado en sus ojos/ mientras la luna vuela en círculos como un buitre/ Alguien estuvo en la ventana y gritó/ “Pensé que una lágrima pararía una guerra/ pero alguien me estaba matando”/ y ésa es la última hora para pensar en algo más/ gelatina y zumo y burbujas – burbujas en el suelo/ Los castillos en los acantilados desaparecen/ los acantilados parecen montañas de basura/ vistos desde las estrellas hora a hora/ como trozos astillados y pólvora negra/ De aquí al Cielo hay una cicatriz/ punto muerto – profundo como la muerte/ Todos los idiotas han dejado/ un epitafio/ las vacas están casi arrullándose/ las tortugas, las palomas mugen/ es por eso que una caca está cagando/ en el sol./ Sol.

Paul Kantner & Marty Balin

Y ahora la sorpresa que os había prometido. Una mañana de invierno, los habitantes de Nueva York se estremecieron (quizás como dice la canción de repente todos parecerán sorprendidos) cuando un loco con una voz hiperamplificada que no parecía venir de ninguna parte comenzó a gritar “¿Hola Nueva York? ¡Nueva York despiértate! (…) ¡Música gratis! ¡Amor libre!” (Free music, free love: en inglés free tiene la ambivalencia de “gratis” y “libre”) y a continuación los edificios comenzaron a temblar bajo los ecos del feroz bajo de Jack Casady… Y así, un año antes que los Beatles, Jefferson Airplane dio el primer concierto desde una azotea (si no contamos con el recital de Raimon en el CAUM en 1965: no es que cantara en la azotea, pero la masiva afluencia obligó a poner altavoces en los balcones del local para que se pudiera seguir desde la calle). El evento, que fue grabado en principio por el cineasta francés Jean Luc Godard, quien en su concepción revolucionaria veía a los Airplane como los máximos representantes de la revolución juvenil. Godard no acabó el corto, y fue finalizado por D. A. Pennebaker, el documentalista del rock (también grabó Monterey), y así el corto se tituló One P. M., que en realidad significa “Una Película de Pennebaker”. El concierto acabó… Mejor que lo veáis vosotros mismos:

Raíces de la Canción de Autor: de la Antigüedad a los años de la copla


Aunque todos están más o menos de acuerdo en que los primeros cantautores aparecieron en los años 40, en EE.UU, Francia y Latinoamérica, conviene repasar las raíces más profundas del estilo.

El rey Alfonso X el Sabio No quisiera ser sabihondo o pesado, o incluso demagogo, pero tenemos que remontarnos atrás, muy atrás, incluso hasta la prehistoria, cuando alrededor del fuego, en cada tribu y en cada clan, un cantor narraba las historias conjeturales de la creación. Después, en la Antigüedad, bardos celtas y aedos griegos entre otros cantaban las tradiciones de su pueblo y las historias heredadas, seguramente de aquellos cantores primitivos. Pero sobre todo en la Edad Media, cuando el trovador escribía una letra y una melodía que los juglares transmitirían después en las plazas de las aldeas; estos trovadores utilizaban en muchas ocasiones la música popular: el ejemplo paradigmático (y perdón por esta palabra que empiezo a odiar a muerte) fue el rey Alfonso X y sus soberbias Cantigas de Santa María, pensadas para ser distribuidas en el pueblo, e incluso alguna salida del pueblo. Otros ejemplos fueron el rey Joan I de Cataluña, el rey trovador, y don Juan Manuel, autor del maravilloso libro El conde Lucanor que bebía de antiguas fábulas populares y del refranero castellano.

Claro que, distaba un poco de ser canción protesta: en muchas ocasiones era canción-alabanza, pues el trovador a veces cantaba las excelencias de su señor, que era el rey de Navarra, el conde de Barcelona, el señor de Vitigudino o cualquier señor feudal con poderío: la razón era que éste señor protegía y mantenía al poeta. Después de que el trovador (cuyo nombre deriva del verbo trovar, "encontrar", porque encontraba la canción) compusiera la canción, eran los juglares los encargados de distribuirla al pueblo llano, bien cantando romances o bien las alabanzas al señor feudal de la tierra, o, por el contrario, insultos a algún señor feudal enemigo de otro. Por otro lado, el Mester de Clerecía se puede considerar también un precursor debido al afán didáctico y moralista que éste tenía. Sin embargo, es precisamente este afán de registrar su propia historia y de hacer una música con contenido poético de los antiguos poetas-cantores, de los trovadores y juglares, junto al afán didáctico de los monjes medievales. Y, por supuesto, no conviene olvidar la memoria popular: en todos los pueblos existen romances cuya autoría y suceso se pierden en la noche de los tiempos; algunos de ellos, difundidos por los juglares, de los cuales, los que tuvieron una más larga duración fueron los ciegos que de aldea en aldea cantaban romances, sangrientas batallas, u horribles sucesos cercanos. Pero tampoco podemos mostrarnos utópicos con estas relaciones: hay que tener en cuenta que, por ejemplo, el libro de don Juan Manuel no lo podía leer todo el mundo, ya que la totalidad del pueblo llano era analfabeto; tampoco podían leer los cancioneros trovadorescos, por eso la gran importancia de los juglares. Y, por último, esta relación clase culta-clase popular no acaba de ser recíproca del todo, por lo que tal desequilibrio acaba en el "robo" de la cultura popular y en el elitismo cultural.

Nietzsche1882 Y diréis, ¿y por qué este repaso? Pues porque la música y la poesía nació en el seno del pueblo, digan lo que digan años de tradición artístico-filosófica estética propugnada por Nietzsche, Wagner y otros, que consideraban las altas artes vocato di cardinale inalcanzable para el pueblo llano, cuando en realidad se lo habían robado los poetas palaciegos. Si en la música y en la poesía medieval había una cierta relación recíproca entre el pueblo y el poeta o cantor, en el que a veces era el poeta el que tomaba del pueblo y otras era a la inversa, desde la Era Moderna en adelante el arte se viste con las estrafalarias y bufonescas galas del elitismo, del esnobismo intelectual. Algunos poetas de la corte presumían petulantemente de una inspiración que en muchas ocasiones no era más que la apropiación de alguna canción popular. En el Romanticismo, con el llamado malditismo, esta situación se vuelve mucho más enfermiza: el poeta llega a creerse un ser elegido por las musas o por Dios, se cree dotado de una inspiración divina, y que su arte no está al alcance de cualquiera, sino de unos pocos dotados del mismo don divino.

Por eso, no es hasta el s. XIX cuando se puede recuperar una canción para el pueblo, aunque a lo largo de la historia hay precursores como los ciegos que cantaban sus romances en las plazas a cambio de alguna/s monedilla/s, los titiriteros "de aldea en aldea" que dijo Serrat… Y un largo etcétera; claro, esto a lo que se refiere a canción de autor sin más, respecto a canción protesta la cosa toca ya lo colectivo: hablamos de cantaores, de cantantes de boleros y jotas, de bertsolaris… Hablamos de la canción como el refugio de un pueblo que sufre y trabaja, antes de que también los señoritos les quitaran la música que durante siglos venían despreciando por rural y atrasada.

Martín Castro, payador argentino anarquista (finales s. XIX) La canción protesta y de autor toma fuerza a finales del XIX, cuando se componen las marchas del Movimiento Obrero: "La Internacional", "Hijos del Pueblo", versiones libertarias y populares de "La Marsellesa" o el "Himno deJoe Hill: poeta y músico sueco-norteamericano, miembro del sindicato IWW Riego"… Pero más entroncada es la canción de la payada libertaria argentina. El payador era un músico popular que iba de feria en feria, era una figura muy popular en latinoamericana, cantando sus canciones;  de esta figura surgió el payador libertario: una especie de primitivo cantautor que difundía con sus canciones el pensamiento anarquista y que solía tocar en las reuniones de los sindicatos. Una de sus más grandes figuras fue Martín Castro, "el payador rojo", que con música popular compuso varias canciones de la que llamaríamos protesta, legando a protestar contra el asesinato de Sacco y Vanzetti. Otros instigadores los encontramos repartidos por aquí y por allá entre finales del siglo XIX: entre ellos podemos encontrar al cantor sindicalista sueco-estadJoxe Maria Iparragirre: guerrillero, poeta, bertsolari y músico vasco, autor del ounidense Joe Hill,de los Woblies, que fue  asesinado por la patronal minera estadounidense; también, por supuesto, los viejos bluesmen negros, conocidos o anónimos, que desde los tiempos de la  esclavitud venían cantando las penurias, miserias y ansias de su pueblo. En España, por su parte, el gran precursor fue el guerrillero foralista y bertsolari vasco Joxe Maria Iparragirre, autor del himno nacionalista "Gernikako Arbola" (El Árbol de Guernica), que fue estrenado en Madrid, y dicen que durante su interpretación, cuando Iparragirre cantó Adoratzen zaitugu, arbola santua… (te adoramos, árbol santo) varios caballeros se destaparon la cabeza e hincaron la rodilla en el suelo.

En la poesía española, aproximadamente en el año 1898 y su importante generación poética, se comienza a dar un paso importante en la popularización de la cultura, a veces quizás de una forma más teórica que práctica. En la cabeza de todos resuenan los grandes versos en alabanza al pueblo del inmortal Antonio Machado, quien pretendía escribir para el pueblo y Antonio Machado, poeta del sentimiento y defensor del pueblo (tomada de http://www.sbhac.net/) despreciaba a los señoritos supuestamente culto. Muchas veces Antonio Machado y otros de sus correligionarios criticaron duramente a la primera Generación del 27, cuyos primeros presupuestos venían del elitismo y su lema "poesía para el que la entienda". Pero más tarde, muchos de los grandes miembros de la Generación del 27 volvieron sus ojos hacia el pueblo y, encumbrando a Machado como su nuevo líder espiritual, comenzaron con la popularización del cultura, en el llamado neopopulismo: Federico García Lorca, Rafael Alberti y el joven Miguel Hernández, entre otros, comenzaron a componer su poesía basándose en las estructuras de la canción popular, pretendiendo hacer llegar su poesía al pueblo. Esta tendencia se agudiazará en el año 34, el tenso año, el de la Revolución de Asturias: no sólo queda un país dividido, sino también un gremio, como es el de los escritores, dividido entre aquellos que querían acercar la poesía al pueblo y aquellos que querían manteneral "pura" para una minoría "culta": no siempre, pero por lo general, estas tendencias venían de sus ideologías políticas. Mientras, los sindicatos de aquí y de allá tomarían canciones tradicionales adaptando su letra. Nuestros ejemplo abundan en la reivindicación campesina: "En el café de Chinitas", una especie de copla taurilorcana, se transformó en "En la plaza de mi pueblo" ("Nuestros hijos nacerán/ con le puño levantado"): muchas de estas canciones habían sido recopilados por Lorca y cantadas por la cantante "La Argentinita". Especialmente después, en la guerra civil, las viejas canciones de la guerra de Marruecos sufrieron también su transformación libertaria. Pero es un hecho especial el que marca lo que decimos canción y poesía para el pueblo: la colaboración entre poetas como Miguel hernández, Herrera Petere, Pedro  Garfias o Pla y Beltrán con compositores como Rodolfo Haffter, Silvestre Revueltas u Oscar Esplá (quien junto a Antonio Machado, compuso el nuevo himno de la República Española -hoy desaparecido, salvo la letra-) para difundirlas entre el pueblo y el ejército republicano. Puede que desde un punto de vista estético no sean la mayoría más que marchas militares-revolucionarias al uso, a pesar de venir de poetas tan insignes. Desde mi punto de vista, quizás porque no caiga en el tópico de himno político, las mejores son las escritas por Miguel Hernández y compuestas por el brigadista  y músico Lan Adomian: "La guerra madre, la guerra", "Déjame que me vaya" o "Las puertas de Madrid" se ajustan bastante a lo que se considerará después la canción protesta. Muchas de esas canciones fueron cantadas por el gran tenor Ernst Busch.

Franco gana la guerra. Entre todos los perdedores de la guerra se encuentran muchos escritores, artistas y poetas, asesinados como Blas de Otero: poeta de la paz y la palabraLorca, exiliados como Antonio Machado o León Felipe, y encarcelados como Miguel Hernández o Marcos Ana. La gloriosa "era azul" para algunos era en realidad la miserable "era gris" del hambre y del miedo, aunque tras la derrota del Eje en la 2ª  Guerra Mundial Franco se viera obligado a suavizar las aristas de su régimen. En los años 50 toma el relevo de las generaciones poéticas anteriores, de la del 98, de la del 27, de la del 36, de los distintos poetas nacionalistas y de los no alineados a ningún movimiento poético, la Generación de los 50 y los poetas testimoniales en todas las lenguas del Estado. Estos nuevos poetas (Blas de Otero, Gabriel Celaya, López Pacheco, Gloria Fuertes, Celso Emilio Ferreiro, Gabriel Aresti, Salvador Espriu…), que recogieron los presupuestos de popularización de la cultura, de la pretensión de elaborar una poesía para el pueblo, frente a los elitistias poetas garcilasistas, defensores de una poesía "pura" y culta -generalmente alineados en el bando vencedor-, alzaron sus voces sobre las ruinas de las ciudades y pueblos, sobre el hambre y la miseria, en un intento de recuperar al hombre y de redimirlo mediante la poesía, fueron la inspiración más cercana a los cantautores españoles.

Por supuesto, esa labor pervivió en los años del franquismo hasta el 56, cuando comienzan Paco Ibáñez y otros sus andanzas.

las letras de las canciones de Miguel Hernández están en la última edición de Vientos del pueblo de Cátedra; "La guerra madre, la guerra" y "Las puertas de Madrid" están interpretadas soberbiamente en un disco reciente: Cantos de lucha; "Déjame que me vaya" está interpretada por Francisco Curto en su álbum Miguel Hernández.-

Los años de la copla

No quisiera ir a la canción de autor ya sin antes haber hecho una pequeña referencia a la copla, más que nada porque la mayoría (entre los que yo me contaba) tiene a la copla como algo rancio, reaccionario e, incluso, ridículo: pero eso pasa porque todavía nos siguen vendiendo a los monigotes de siempre. "La Argentinita", Julio Romero de Torres

Desde los años 30, los grandes autores de copla fueron Quintero, Rafael de León, y Quiroga: escribieron la mayoría de las  coplas más famosas y mejores del género, llegando a colaborar con poetas como García Lorca, quien había recopilado un buen número de canciones populares que difundió en una grabación en la que él tocaba el piano y su amiga, la cantante Encarnación López Júlvez, "La Argentinita", ponía su voz. Con la llegada de la guerra civil, algunas coplas, especialmente las que había recopilado y arreglado Lorca, se volvieron totalmente republicanas, estandartes de la resistencia: de Lorca, "Jaleo" se convirtió en "El  tren blindado", "El café de Chinitas" -aunque esto fue anterior- en "En la plaza de mi pueblo", "El Vito" en "El 5º Regimiento", y así.

No todos los cantantes de coplas, como se venía creyendo, eran franquistas: Angelillo, que cantaba aquel "Soy un pobre preso Juan Valderramaque perdió la ilusión" -casi una canción protesta-, era republicano, por lo que sufrió carcel; también Miguel de Molina, que además tenía el doble agravante de ser homosexual, por lo que se tuvo que exiliar; al igual que Tomás de Antequera, al que le gritaban durante sus actuaciones "¡Maricón!", a lo que respondía con sorna y guasa andaluza: "¡Y a mucha honra!". Pero, por supuesto, también la voz de la, seguramente, primera canción protesta antifranquista hecha en España durante la posguerra: Juan Valderrama cantó aquel "El emigrante", que más bien era "El exiliado" de tal manera que, si bien dicha canción siempre levantó sospechas, fue elaborada tan hábil y sutilmente que, en la emocionada y bien templada voz de Valderrama, llegó a cosechar un gran éxito incluso dentro del franquismo. Quizás sería la única ocasión en la que Franco en persona felicitara a un cantante por cantar una canción totalmente crítica con su régimen. Y es que, como el mismo gran Juan Valderrama decía: "La copla no es roja ni rojigualda".Carlos Cano (www.triunfodigital.com)

Ésta, claro está, era la copla auténtica, la copla poética, bien realizada, la de los amores despechados. Su inclusión en una  historia de la canción de autor no es descabellada para nada: a parte de que las canciones de copla nos cuentan historias, el primer contacto que muchos cantautores, como Serrat o Luis Pastor, tuvieron con la música fue la copla andaluza: no conviene olvidar, tal y como se relata en la película Canciones para después de una guerra, que la única vía de escape y de entretenimiento de un pueblo en los duros años de la posguerra fue la radio y lo que en ella ponían; aquellas canciones, si bien algunas podían ser algo reaccionarias, y otras sorprendemente audaces y descaradas, eran una ventana abierta al mundo y un método de olvidar la gris y triste realidad. También hay que decir que los cantautores andaluces, como el colectivo Manifiesto Canción del Sur, con el gran Carlos Cano, reivindicaron la genialidad de la copla y la convirtieron en su arma musical personal, dignificándola de tanta patraña sentimentalista nacional-catolicista con la que el régimen la había envenenado.

Quiero pedir perdón por las posibles meteduras de pata y lo corto y poco conciso que ha quedado esta parte: se debe a mi ignorancia.

NOTA BIBLIOGRÁFICA: un excelente libro para comprender esa concienciación popular de los escritores es La Marcha del Pueblo a las letras españolas (ed. de La Torre, Madrid, 2006; 2ª edición), de Víctor Fuentes.

Historia de la canción de autor: himnos para un pueblo


Ya sé que mi intención era zanjar este tema ayer, pero siento que hay cosas que no quedan claras o bien explicadas. Y, de todas maneras, al final no hablé de los aspectos teóricos al liarme de nuevo con la historia y con la anécdota.
Insisto en que para mí la dimensión política de la canción de autor viene de la mano de la dimensión poética y viceversa. Ciertamente, muchos de ellos, de los que venían de las universidades, tenían una enorme curiosidad y apasionamiento por las teorías de izquierda y por la historia del movimiento obrero. Los que tuvieron la suerte de salir al extranjero pudieron ver las obras de Marx, de Bakunin, Althusser, Freud, Nietzsche, Pablo Iglesias, etc. Es decir, todos aquellos pensadores y políticos que no se podían estudiar aquí. Pero aunque esto sea cierto, creo que valoraban más la poesía de Blas de Otero que El Capital de Marx. La poesía ofrece esa dimensión que versa sobre la preocupación del hombre de verdad más que la filosofía política o los tratados de historia, porque se habla desde el corazón del hombre al corazón del hombre. E insisto en decir que la poesía con la que se resume todo esto es “La poesía es un arma cargada de futuro” de Gabriel Celaya: es la necesidad del momento y no el capricho lo que impulsa al cantante a componer y cantar ciertos temas que aspiran a ser o bien el reflejo de una sociedad necesitada, o el alimento para la esperanza de un pueblo. Quedan atrás los florilegios de la llamada poesía pura que los poetas cercanos al régimen propugnaban.

Casi desde su aparición, por su carácter abiertamente contestatario y crítico, los cantores adquieren ciertas responsabilidades que se podrían llamar políticas, aunque yo prefiero decir que el cantor firmó su compromiso con el pueblo con todo lo que esto conllevaba. Fue la época de los grandes himnos, alejados de aquellos himnos decimonónicos tradicionales, algunos cargados de demasiado sentimiento militar. Y no fue sólo aquí, era un clamor que recorría el mundo desde los años 40 en ambas américas y que arraigaba en los inicios del movimiento obrero o incluso de las revoluciones liberales; hubo muchos pioneros: el sueco-americano Joe Hill en Estados Unidos, el payador anarquista Martín Castro en Argentina, o en el siglo XIX el poeta y bertsolari vasco Joxe Maria Iparragirre (autor del himno “Gernikako Arbola“). Hacia el año 66, Bob Dylan podía darse el lujo de decir que la canción protesta ya estaba superada: ¡bien ciego que debía estar a todo lo que pasaba en su país! De cualquier manera aquí, ninguno de nuestros cantautores se hubiera atrevido a decir tal cosa: hubiera sido una gran farsa.
Los nuevos himnos no podían hablar de batalla, sino de esperanzas, de solidaridad y de compromiso; la realidad les impedía ser triunfalistas, pero por el contrario era un grito de aliento antes que derrotista: se convirtieron en un clamor unitario en todo el país y en cualquier idioma:

 

(Concierto homenaje por el 30 aniversario de “Al vent”)
Lo cierto es que “Al vent” podría no haber sido una canción protesta si no fuera porque nació en un tiempo y en un país. Se puede decir, y estoy casi seguro de que el mismo Raimon me daría la razón, que no fue él el que hizo de ella un himno, sino el público el que la convirtió en un himno de lucha quisiera o no el autor. Lo mismo sucedía con “L’estaca”, que pasó desapercibida para la censura (?) hasta que Llach comenzó a cantarla en público: fue entonces, al ver como una marea de gente, de los cuales algunos no sabían catalán, coreaban “L’estaca” a voz en cuello, cuando comenzaron a prohibírsela. Lo cual nos lleva a otro punto.
Un cantautor sabía que su himno se había convertido en importante para la gente cuando al tocarla en directo él acababa siendo mero acompañante de su propia canción en labios de otros: la canción ya no era suya, sino del pueblo. Y a esto debía a aspirar todo cantor: yo, cariñoasmente, lo llamó el “Efecto Pete Seeger“, porque fue a él, que yo sepa, al primero que le sucedió con su himno (o nunca he tenido muy claro que fuera suyo) We shall overcome . (pincha en el enlace).
Esto, aunque anecdótico, no deja de ser significativo e interesante: es la confirmación de que el cantautor se ha convertido en el portavoz de su pueblo, porque el pueblo habla a través de su boca y no al revés, y, al mismo tiempo, el cantor no está ahí para guiar a nadie: está para ofrecer su hombro, para sumar su esfuerzo (“Venimos simplemente a trabajar,/ como uno más/ a arrimar el hombro al palo”, como dicen La Bullonera acertadamente).

A pesar de todo esto hay que tener cuidado de no confundir los términos: no se cantaba a Miguel Hernández porque fuera republicano, comunista, hubiera muerto en prisión y estuviera prohibido hasta cierto extremo: se cantaba su poesía porque merecía ser cantada, no era tanto el fin político -que es innegable que lo hubiera- como el poético, y, como decimos, era la conjunción de ambas dimensiones. Y además hay que recordar que no sólo se cantaba política, sino también sobre el amor, sobre reflexiones filosóficas; pero también había cantautores que, aunque opuestos al régimen, no cantaban o no solían cantar temas políticos: es el caso de Mari Trini, por ejemplo, y otros que ahora no me acuerdo.
Aquellas canciones, que una cierta gente de hoy califican de panfletarias (y no quiero señalar ni nombrar a nadie: que se jodan) fueron fruto de la necesidad, de la imposibilidad de cerrar los ojos ante una realidad aplastante y desoladora. El crimen era no hacerlo teniendo tal conciencia. Lejos de mi intención criticar a los músicos contemporáneos que no se dedicaban a esto, pero sí que merecen mi más profundo desprecio aquellos que quisieron sacar provecho o que hoy hacen alarde de habérseles prohibido una sola palabra por verduzca o lo que fuera. Los yeyés y los rockeros, por ejemplo, podrían haber sido mucho más de lo que fueron, como les pasó a sus admiradísimos Beatles y Rolling Stones, pero en lugar de eso quedaron cegados, y de pasar de ser rebeldes inconformistas se volvieron en rebeldes conformistas: hay quien incluso se atrevió a decir que eran la cara dulce, joven y amable del franquismo (yo a eso no me atrevo, pero no le falta razón).
También habría que marcar que eso de la canción protesta no era simplemente el himno al uso: había muchas maneras poéticas de hacerlo: narrar una historia, como hacían Serrat o Patxi Andión generalmente, era un buen recurso que además permitía casi siempre escapar a la tachadura del censor: el oyente inteligente deducía las cosas por la simple descripción de los hechos (realmente no sé cuantos se darían cuenta o no de que la mujer de “Camí avall” de Serrat lleva flores a la tumba de un soldado republicano; pero como no se nombra qué guerra es, o incluso en que bando luchó -sólo contamos con la afirmación “Ninguno puso una cruz, no hacía falta”-). Se hablaba de muchas cosas: emigración, racismo, violencia, las penas del trabajo, las miserias de la tierra… y presos y condenados a muerte, pero esto más soterrado.

Concluir solamente con esto: aquella canción, mal llamada política, era una canción necesaria, como dijo Jesús López Pacheco por boca de Adolfo Celdrán: “Pueblo de España/ ponte a cantar;/ pueblo que canta/ no morirá!”; una canción de su tiempo. Quien hoy hace esfuerzos para desmerecerla, quien llama a sus artífices panfletistas (o polanquistas he visto en alguna parte) no es más que eso: AQUEL CONTRA QUIEN CANTAR. Pero más que cantar en contra de, se ha de cantar a favor del pueblo siempre. Cerremos con uno de los más ardientes himnos de Lluís Llach: Cal que neixin flors a cada instant (Han de nacer flores a cada momento) y observad la expresión de Llach al cantar, una mezcla de rabia y de esperanza contagiosa:

Historia de la canción de autor: cuando el cantante deviene poeta


A pesar de lo extenso de la entrada anterior sobre la relación entre canción y poesía, pienso que algo coja quedó y que tenía que completarla con una segunda entrada. La entrada anterior podríamos considerarla acerca del cantante como intérprete de poesía; esta va sobre el cantante como poeta. 

Hablábamos ayer sobre el poeta: a mediados de los años 30 en España, como ya ocurriera en otros países, debido a las tensiones y a la lucha social, el poeta descubre que él puede contribuir de una manera u otra; muchos poetas afamados acaban militando en el PCE, y otros surgen de este partido, o de los entornos anarcosindicalistas, o simplemente son voceros de la justicia sin militar claramente en nada, como León Felipe. Es decir, el poeta adquiere un compromiso con su tiempo y admite una responsabilidad moral y política, liberándose así de años de elitismo intelectual (o al menos intentándolos). Pero, cuidado: los poetas de ultra-derecha sintieron lo mismo, y no quisiera yo apoyar aquello que dijo Primo de Rivera acerca del papel profético-conductor (de dux, -cis, palabra latina que devino en otras como duce o führer o caudillo) tomada de las teorías estético-filosóficas de Schopenhauer y Nietzsche deformados por el fascismo y el nacional-socialismo… No, yo hablo del poeta como hombre, no como profeta o líder, como dijo el gigante andino:

Tú piensas que eres distinto
porque te dicen poeta,
y tienes un mundo aparte
más allá de las estrellas.
De tanto mirar la luna
ya nada sabes mirar,
eres como un pobre ciego
que no sabe adónde va.
Vete a mirar los mineros,
los hombres en el trigal,
y cántale a los que luchan
por un pedazo de pan.
Poeta de tierras rimas,
vete a vivir a la selva,
y aprenderás muchas cosas
del hachero y sus miserias.
Vive junto con el pueblo,
no lo mires desde afuera,
que lo primero es ser hombre,
y lo segundo, poeta.
De tanto mirar la luna…

“El poeta”, Atahualpa Yupanqui
 

El poeta que nace preocupado por su tiempo, dando lugar a la llamada poesía testimonial, mira la realidad de su tiempo: denuncia, reivindica y canta al hombre común, no a los reyes ni a los sacerdotes ni a los señores. Para ello, a partir de 1934, el poeta retoma formas arcaizantes como el romance, el soneto, etc., más fáciles de entender y de recordar para un pueblo poco culto, pero ávido de palabras. Tras la derrota en la guerra civil, el poeta pasa de animar a la batalla a dar esperanzas: cuántos paisanos no se sintieron reflejados en los versos de prisionero de Miguel Hernández, en los versos de exiliado de León Felipe, Rafael Alberti o José Bergamín, cuántos no lloraron al oír palabras de esperanza.
Es esta poesía de los años 40 la que inspira a los poetas testimoniales de la Generación del 50, a Aresti y a Ferreiro: una poesía de denuncia social, surgida casi al mismo tiempo que la novela realista y social, como Tiempo de silencio de Luis Martín Santos; se trata de una nueva poesía que pasa del cultismo y el elitismo propugnado por los poetas de régimen, que habla de lo que acontece al hombre de la calle e intenta darle esperanza. El poeta, con el don de la palabra, es consciente de que no sirven las viejas fórmulas de hablar al hombre: ahora se trata de ponerse al lado del hombre, de compartir con él sus miserias, alegrías y esperanzas. La nueva poesía humanista, elaborada dentro y fuera del país en los cuatro idiomas cooficiales es la más perfecta para un tiempo en dónde sólo cupiera la espera y el miedo.
 

Los cantantes que fueron inspirados por esta forma de hacer la poesía comprendieron esa responasabilidad de situarse junto al hombre y la mujer: el poeta no es un sabio, no es un iluminado, es un hombre. La palabra está viva: si no se acepta este axioma no hay nada que hacer; hay vida en el verso que puede crear vida. El cantante que entienda esto debe poner la música adecuada a la palabra: así pervivió aquel proyecto de poesía y música popular. El cantante que hace esto adquiere unos compromisos con el pueblo a los que no se puede negar:

Si se calla el cantor,
calla la vida…
No callarán jamás
de frente al crimen.

“Si se calla el cantor”, Horacio Guarany y Mercedes Sosa 

¿Qué compromisos adquiere? Los mismos que el poeta: debe ser portador de fe y creyente; “Creo en el hombre”, dice Blas de Otero… El cantor y el poeta no deben fingir, deben hacer lo que creen, y venir a hablar sin situarse a un nivel superior a aquellos a los que habla y, sobre todo, no distraerse, no practicar la futilidad del verso ni la frivolidad:

Y es que el canto que no sirva para todos,
ese canto que ni abrigue ni despierte
es un lujo inaceptable por sí sólo,
 

es una pompa de jabón sobre un susurro,
es un paso en el vacío, es un hueco,
la cienmilésima parte de un murmullo,

porque el que canta bajo canta solo
y es el suyo un canto para adentro,
y racionan la voz y dan un poco,
y así transforman demandas en lamentos;

 

“Sonetos 37/ 73”, Patxi Andión


El poeta, además, ha de ser consciente que cantará-escribirá para los demás:

No es más hondo el poeta en su oscuro subsuelo,
su canto asciende más alto en el aire
cuando ya es de todos los hombres.

“Poetas andaluces”, Rafael Alberti


De esta manera el cantor deviene poeta. Y de qué manera: surge la canción poética, y dentro de ella un estilo curioso: alternar recitados con cante; tenemos ejemplos maravillosos de recitadores que consiguen poener los pelos como escarpias en algunos de los cantantes, como José Antonio Muñoz, de Aguaviva, Juan José Oña, de Jarcha, y, sobre todo, Patxi Andión. El cantor ahora puede hacer dos cosas, sin que deje de hacer la otra:

  1. Convertirse en portavoz de los poetas: cantar para difundir la obra de los grandes poetas como hicieron Paco Ibáñez, Joan Manuel Serrat o Amancio Prada y otros con los poetas castellanos los tres, catalanes y gallegos los dos últimos respectivamente también;
  2. Crear una poesía nueva, auténtica y original como hicieron Pablo Guerrero, Aute, Xabier Lete, Antton Valverde, Labordeta, Manuel Gerena etc.

Sería necesario volver a repetir que aunque el componente político es ciertamente importante, no es tan determinante como la poesía por la poesía; aún así, fuera verdad o no, el hecho de que Serrat -por poner un ejemplo de un cantautor entre la música “profunda” y el “superestrellato” musical- cantara algunos de los versos menos políticos de Machado, Hernández o “La paloma” de Alberti implica ya una intencionalidad política bien clara, pero no tanta como literaria. Hay que notar que esto en su caso no obedeció a una moda pasajera para sacar dinero, como en el caso de algunos cantantes arrivistas y aprovechados que no citaré aquí, sino a un auténtico, original, sincero y honesto intento de difundir y aproximar la poesía a un pueblo altamente inculto todavía a finales de los 70, a pesar de las prohibiciones y la castración censora. La muestra es lo que consiguieron algunos de aquellos que fundamentalmente crearon una nueva poesía: la publicación de sus canciones en libros de poesías, aunque muchos eran poetas antes que cantantes, y que incluso tenían poemas escritos sobre la poesía, como estos “Sonetos 37/ 73” de Patxi, o “La poesia” de Pi de la Serra (“Ha de ser honest el poeta”, dice Quico), “La poesía es palabra” de Aute, o “Manifiesto” de Víctor Jara (“… no las lisonjas fugaces ni las famas extranjeras, sino el canto de una lonja hasta el fondo de la tierra”).
En conclusión, muchos de ellos consiguieron ser respetados como poetas más tarde, o como portavoces de los poetas: el hecho de que la gente aprendiera y coreara los poemas de Alberti en la voz de Paco Ibáñez, se cite en todos los libros de Lengua y Literatura el disco de Serrat Dedicado a Antonio Machado, poeta, o -como anécdota- se venda en Australia a través de internet un libro de poemas de Manuel Gerena bajo el sello de “Literatura española” no es futil ni baladí. Más adelante incluiremos un dossier de canciones que son reflexiones sobre la poesía.

La canción de autor: repaso a su historia


Aunque todos están más o menos de acuerdo en que los 1ºs cantautores aparecieron en los años 40, en EE.UU, Francia y Latinoamérica, conviene repasar las raíces más profundas del estilo.
No quisiera ser sabihondo o pesado, o incluso demagogo, pero tenemos que remontarnos atrás, muy atrás, incluso hasta la prehistoria, cuando alrededor del fuego, en cada tribu y en cada clan, un cantor narraba las historias conjeturales de la creación. Después, en la Antigüedad, bardos celtas y aedos griegos entre otros cantaban las tradiciones de su pueblo y las historias heredadas, seguramente de aquellos cantores primitivos. Pero sobre todo en la Edad Media, cuando el trobador escribía una letra y una melodía que los juglares transmitirían después en las plazas de las aldeas; estos trobadores utilizaban en muchas ocasiones la música popular: el ejemplo paradigmático (y perdón por esta palabra que empiezo a odiar a muerte) fue el rey Alfonso X y sus soberbias Cantigas de Santa María, pensadas para ser distribuidas en el pueblo.
Claro que, distaba un poco de ser canción protesta: en muchas ocasiones era canción-alabanza, pues el trobador a veces cantaba las excelencias de su señor, que era el rey, el conde de Barcelona, el señor de Vitigudino o cualquier señor feudal con poderío: la razón era que éste señor protegía y mantenía al poeta. Por otro lado, el Mester de Clerecía se puede considerar también un precursor debido al afán didáctico y moralista que éste tenía.
Y diréis, ¿y por qué este repaso? Pues porque la música y la poesía nación en el seno del pueblo, digan lo que digan años de tradición artístico-filosófica estética propugnada por Nietzsche, Wagner y otros, que consideraban las altas artes vocato di cardinale inalcanzable para el pueblo llano, cuando en realidad se lo habían robado los poetas palaciegos.
Por eso, no es hasta el s. XIX cuando se puede recuperar una canción para el pueblo, aunque a lo largo de la historia hay precursores como los ciegos que cantaban sus romances en las plazas a cambio de alguna/s monedilla/s, los titiriteros “de aldea en aldea” que dijo Serrat… Y un largo etcétera; claro, esto a lo que se refiere a canción de autor sin más, respecto a canción protesta la cosa toca ya lo colectivo: hablamos de cantaores, de cantantes de boleros y jotas, de bertsolaris… Hablamos de la canción como el refugio de un pueblo que sufre y trabaja, antes de que también los señoritos les quitaran la música que durante siglos venían despreciando por rural y atrasada.
La canción protesta y de autor toma fuerza a finales del XIX, cuando se componen las marchas del Movimiento Obrero: “La Internacional”, “Hijos del Pueblo”, versiones libertarias y populares de “La Marsellesa” o el “Himno de Riego“… Pero más entroncada es la canción de la payada libertaria argentina. El payador era un músico popular que iba de feria en feria, era una figura muy popular en latinoamericana, cantando sus canciones;  de esta figura surgió el payador libertario: una especie de primitivo cantautor que difundía con sus canciones el pensamiento anarquista y que solía tocar en las reuniones de los sindicatos. Una de sus más grandes figuras fue Martín Castro, “el payador rojo”, que con música popular compuso varias canciones de la que llamaríamos protesta, legando a protestar contra el asesinato de Sacco y Vanzetti.
Después -más por ignorancia que por resumir- los sindicatos de aquí y de allá tomarían acnciones tradicionales adaptando su letra. Nuestros ejemplo abundan en la reivindicación campesina: “En el café de Chinitas”, una especie de copla taurina, se transformó en “En la plaza de mi pueblo” (“Nuestros hijos nacerán/ con le puño levantado”); y especialmente después en la guerra civil, las viejas canciones de la guerra de Marruecos sufrieron también su transformación libertaria. Pero es un hecho especial el que marca lo que decimos canción y poesía para el pueblo: la colaboración entre poetas como Miguel hernández, Herrera Petere, Pedro Garfias o Pla y Beltrán con compositores como Rodolfo Haffter, Silvestre Revueltas u Oscar Esplá (quien junto a Antonio Machado, compuso el nuevo himno de la República Española -hoy desaparecido, salvo la letra-) para difundirlas entre el pueblo y el ejército republicano; puede que desde un punto de vista estético no sean la mayoría más que marchas militares-revolucionarias al uso, a pesar de venir de poetas tan insignes. Desde mi punto de vista, quizás porque no caiga en el tópico de himno político, las mejores son las escritas por Miguel Hernández y compuestas por el brigadista  y músico Lan Adomian: “La guerra madre, la guerra”, “Déjame que me vaya” o “Las puertas de Madrid” se ajustan bastante a lo que se considerará después la canción protesta. Muchas de esas canciones fueron cantadas por el gran tenor Ernst Busch.
Por supuesto, esa labor pervivió en los años del franquismo hasta el 56, cuando comienza Paco Ibáñez sus andanzas.
-las letras de las canciones de Miguel Hernández están en la última edición de Vientos del pueblo de Cátedra; “La guerra madre, la guerra” y “Las puertas de Madrid” están interpretadas soberbiamente en un disco reciente: Cantos de lucha; “Déjame que me vaya” está interpretada por Francisco Curto en su álbum Miguel Hernández.-
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