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Conociendo al autor. Conversaciones (entrevista)


Creo que mucha gente, especialmente los tímidos, los callados, los tachados de antisociales, aquellos a los que se les niegan las oportunidades, se sentirá bastante bien reflejada en estos libros. Sería un honor, parafraseando a Freddie Mercury, ser el autor de los inadaptados que se sientan en la última fila.

Puedes leer la entrevista entera aquí: Gustavo Sierra Fernández. Redención (Nuestro último baile)

«Me impresiona la capacidad de los autores de generar puntos de unión entre sus obras» (entrevista para La Boca del Libro)


Pero, en definitiva, siempre quise trasladar la fuerza y la emoción de las baladas de heavy metal clásico a una novela (de ahí su lema, algo altisonante, quizás); no sé si lo conseguí, pero sí que era lo que pretendía: una historia con sus momentos de desgarro y de sensaciones dulces; bonita pero potente; un grito de desesperación y de esperanza al mismo tiempo; con ritmos frenéticos cuando toca y lentos cuando se precisa; rápida y al corazón. En un solo concepto: heavy metal.

Puedes leer la entrevista completa aquí: Gustavo Sierra: «Me impresiona la capacidad de los autores de generar puntos de unión entre sus obras»

2º fragmento de ‘Redención (Nuestro último baile)’


arte barroco Bartholomäus Stroble El Prado Juan Bautista Herodes
˜’Degollación de San Juan Bautista y banquete de Herodes’, Bartholomäus Strobel (Museo del Prado)

—¡Mírelos! —proseguía el juez—. Mire las miradas libidinosas del marqués y de todos ellos, sus rostros sádicos esperando que la chica falle para excitarse con su sufrimiento. El arzobispo, si pudiera, se metería ahora mismo la mano bajo la sotana para masturbarse. El de antes era un mendigo recogido de la calle, probablemente comprado con una botella de alcohol; y ahora, una prostituta a la que habrán secuestrado de Europa del Este, lejos de su familia y de una carrera prometedora. Para ellos no significan nada, son lo que sobran. Quizás puedan utilizarlos para proporcionarse un alivio: una paliza a él y un polvo a la fuerza con ella, y a nadie le importará porque no los reclama nadie. Los miserables no son los que viven en la miseria: los miserables son todos estos que se aprovechan de la miseria de la gente para enriquecerse o para divertirse. Luego irán a confesarse, luego dirán que la gente les preocupa, luego nuestro gobierno y nuestro rey les darán condecoraciones y premios a su labor filantrópica. Mientras, los verdaderos benefactores son apartados de la sociedad por los mecanismos del poder. No se crea lo que dicen: un juez no puede hacer justicia, tiene las manos atadas. Un juez tiene que hacer cumplir su justicia, la que ellos le dicten.


© Gustavo Sierra Fernández

Redención (Nuestro último baile), p. 171

Libros Indie, 2021

«Redención (Nuestro último baile)»: Cómo se hizo (2): los misterios del Cónclave


Una de las mejores cosas de escribir que existen es poder poner tus pensamientos sobre un tema en boca del narrador o, lo que es mejor, de los personajes, y también los pensamientos opuestos para dejarlos al aire y que puedan ser criticados. El proceso de revisión de la novela llevó dos años, quizás tres, por lo que pudieron irse incluyendo más temas al borrador original.

Prostitución, populismo y los poderosos en contubernio

El tema que estuvo desde el principio es la crítica hacia la prostitución a través de los pensamientos de Susi; este es uno de los casos en los que mi pensamiento, concretamente el abolicionista, hace acto de presencia totalmente. No puedo disculparlo por que haya mujeres que lo hagan libremente, ya que sus razones no me parecen suficientes y, así, condenan a las que no quieren hacerlo o no quieren pero no les ha quedado más remedio (que eso de la libertad de elección siempre hay que mirarlo con lupa: solo se es libre si se dan las condiciones adecuadas, y en ese caso no se dan), y mucho menos que hagan una supuesta labor social por los hombres a los que les cuesta tener pareja, es decir, tener sexo: eso nos pone a los hombres en una posición de privilegio, y no la quiero.

También estaba desde el principio la crítica hacia el populismo de extrema derecha, encarnado, en este caso, en un político tan grandilocuente como vulgar y superficial. Y, lo siento, pero no creo que tenga que justificar mi opinión hacia los partidos de extrema derecha, ni siquiera haciendo agravios comparativos. Cualquiera que sostenga que puedan existir ciudadanos que estén por encima y ciudadanos que estén por debajo; que manifieste desprecio hacia otras etnias, nacionalidades y sexualidades; que defienda lo que ya hace tiempo hizo un grupo de gente en nombre de la religión, la «patria», el orden o lo que sea y lo justifique por una visión de la historia tergiversada maliciosamente no merece mi consideración. A estas alturas, uno piensa que quien se deja engañar es porque quiere, y de eso se sirven políticos como Pelayo Barral, mi personaje, el líder de un partido llamado Reconquista que sueña con el poder para defender los intereses económicos de quienes realmente les financian.

Y como siempre que se habla de esto se dice lo mismo, repetido una y otra vez hasta niveles de estupidez astronómica: me parece estupendo que alguien condene las atrocidades cometidas por regímenes comunistas, o que dicen serlo, pero que eso te lleve a comulgar con ideas de gente que hace las mismas atrocidades, si no peores, es ya harina de otro costal. No puedes estar a favor de la represión de unos y en contra de la de otros.

Y, finalmente, uno más, que se enlaza con el tema principal de esta entrada: de cómo un exceso de poder, económico, político, de influir en las opiniones de los demás puede llevar aparejada la posibilidad de vivir no al margen de la justicia, ni siquiera por encima, sino dirigirla completamente a través de los medios que el poderío proporciona. Claro está, hablamos de la corrupción: no hay corrupción si no hay, al menos, dos actores: el que corrompe y el que se deja corromper; este último suele tener gobierno sobre los agentes intermedios, como, por ejemplo, los agentes de la ley, de entre los cuales, unos disfrutan y hasta participan de esa corrupción, y otros no ven el momento de rebelarse contra ella.

Entonces, ¿y si personas muy poderosas se hubieran reunido en torno a un círculo donde poder conspirar para su beneficio a la vez que profesar una siniestra y sangrienta religión? Suena a teoría de la conspiración, precisamente el último tema a tratar.

Las teorías de la conspiración siempre tienen un poso de irrealidad, incluso de ridículo, en sus postulados, hasta el punto de hacerte creer que hay algo más detrás de ellas…, lo que Alejandro Villacarros llama «la metateoría de la conspiración», que consistiría en que un grupo interesado elaborase y difundiera indirectamente dichas teorías para restar importancia a lo que hay de realidad que les implica de alguna forma o, incluso, dudar de su existencia por la cuestionabilidad de aquellos que las sostienen. Pero eso tendréis que descubrirlo…

El misterio del Cónclave y las teorías de la conspiración

Emblema del Cónclave, diseñado por mí

En Redención (Nuestro último baile) tenemos un villano colectivo: una secta pagana, apocalíptica y destructiva formada por las personas más poderosas y siniestras de la sociedad, cuyo nombre es el Cónclave. En su construcción influyeron varios elementos, tanto ficticios como reales. El Cónclave no es solo una secta de paganos ni tampoco una inquietante sociedad de potentados sin más: es ambas cosas. Es Lovecraft y, a la vez, Escrivá de Balaguer.

En cuanto a sectas y cultos paganos o satánicos se refiere, es inevitable pasar por Lovecraft y su círculo (Belknap, Derleth, Bloch, Ashton Smith…) y películas como La semilla del diablo o, más recientemente, Hereditary. Estas sectas suelen ser reuniones de personas que llevan su culto de una manera discreta, pero a la vez palpable, como si invitaran a darse a conocer y, a la par, marcar su territorio. Suelen ser de dos tipos: gente normal, hasta entrañable, de clase media, que no levanta excesivas sospechas, o bien, un grupo de depravados morales aislados geográfica o socialmente (el recurso favorito de Lovecraft y Cía); cabe un tercer grupo: el de una civilización neolítica que ha conseguido mantener un culto sanguinario y horrible de espaldas a la sociedad, pero este no viene al caso.

También hay una variante que me parece de lo más interesante: la de un integrismo cristiano obsesionado tanto con la idea del mal y el diablo, muy propio, por lo general, de sociedades rurales muy supersticiosas, que, en su lucha contra las fuerzas del mal a través de exorcismos, ritos, rituales y hasta conjuros y pócimas, llegan a colindar con cultos satanistas. La verdad, dejando al margen a estos grupos, siempre me ha parecido muy curiosa la semejanza de ciertos sectores fundamentalistas del catolicismo con los sectarios satánicos y sus misas negras, incluso en el discurso. Esta era la idea que tenía a la hora de elaborar mi secta, es decir, su faceta religiosa, sus discursos, sus ritos, etc.: ese curioso punto intermedio y común que tienen integristas cristianos (en general) y satanistas. A fin de cuentas, a ambos les encanta hablar sobre el diablo, casi más que sobre Dios.

En cuanto a las sociedades secretas o asociaciones de poderosos, la idea es siempre la de un grupo de personas con influencia en su ámbito, como empresarios, banqueros, políticos, etc., que suelen reunirse en distintos eventos en donde toman decisiones que, generalmente, contribuyen a enriquecerlos aún más y, al mismo tiempo, joder a la gente a través de la manipulación de los poderes fácticos de cada nación, aunque no sea la suya. Se cree que, en sus conciliábulos, dos o más de ellos llegan a acuerdos o elaboran proyectos por los cuales pueden promover la creación de leyes o su modificación, decidir quién va a ser el mandatario de un Estado, decidir la estabilidad o inestabilidad política, etcétera, siempre que esto contribuya a su enriquecimiento.

La idea del Cónclave era unir ambas tendencias en una sola: la de la secta pagana y la del club de megapoderosos que conspiran para enriquecerse aún más, para lo cual utilizan toda la influencia que esté a su alcance.

influencias históricas y ficticias: de Cazafantasmas a la Década Ominosa

Tal y como le hago decir al profesor Villacarros, en España no abundaron en el pasado las sectas de tipo ocultista, pagano o apocalíptico, pero ha habido bastantes que pueden casar con mi inventada secta, que tomó su nombre del sínodo de los cardenales por una significación muy parecida: un grupo cerrado de personas que deciden por todas.

El Cónclave es una sociedad secreta de inspiración absolutista y fundamentalista que se funda durante el reinado de Fernando VII; su idea inicial es combatir las ideas liberales y afrancesadas haciendo servicios de contrainformación o a través de conspiraciones para desestabilizar la sociedad e instaurar en el pueblo la idea de que, para que haya paz, orden y tranquilidad, es imprescindible la presencia de una persona que, por designación divina, concentre en sí todos los poderes y actúe como defensora de la fe y las tradiciones. Más tarde, aparece el exmonje Pedro Castillo con unas ideas estrafalarias y consigue refundar la sociedad secreta de arriba abajo, convirtiéndola en un culto oscuro que propugna la existencia de unos dioses olvidados que, mediante su veneración, conseguirían traer el fin del mundo y obligar a Dios a celebrar el Juicio Final, en donde los miembros del Cónclave tendrían un lugar privilegiado, no solo quedando exentos del juicio, sino, también, ejerciendo de acusación y decidiendo el destino de los pecadores.

Pues esta, a grandes rasgos, es mi secta de intrigantes. Pero hay sociedades secretas históricas que guardan cierta similitud, sobre todo, las que datan de entonces, cuyo conocimiento a posteriori me causó escalofrío por la coincidencia. Eso de acertar con las cosas a ciegas… De manera que, en un momento u otro de la revisión del manuscrito, el Cónclave fue alimentándose de sus rasgos, si bien su inspiración inicial puede parecer bastante curiosa.

Para ser sinceros, mi idea inicial estaba inspirada por la historia subyacente en Cazafantasmas (1984), que, a su vez, se basaba en la historia y relación del famosos satanista Aleister Crowley con el edificio Dakota (que también es la subhistoria de La semilla del diablo) y en sectas esotéricas de la Alemania de entreguerras (algunas de ellas, germen del nazismo). En resumen: un médico sin escrúpulos, tras observar la perversidad humana durante la I Guerra Mundial y el momento de depresión que se produce al acabar esta, termina por pensar que la sociedad está tan degenerada que no merece sobrevivir, por lo que funda una secta apocalíptica que adora a un (inventado) sanguinario dios sumerio, y, para ello, construye un edificio que sirva de punto de conexión con la dimensión de dicho dios, al que pretenden invocar mediante ritos de sangre. Así que la idea era trasladar algo de esto a una época de la historia española: la poco estudiada y minusvalorada era de la restauración tras la guerra de independencia, un momento lleno de intrigas y violencia entre los absolutistas y los liberales, un tira y afloja perpetuo entre el progreso y la reacción, y unos personajes muy siniestros, como Francisco Tadeo Calomarde (ministro de Justicia de Fernando VII), Jerónimo Castillón y Salas (el último Inquisidor General del Reino de España) o Carlos María Isidro de Borbón, el aspirante al trono e instigador de la primera de las Guerras carlistas; un momento en el que, tras la caída del controvertido Napoleón Bonaparte, las fuerzas reaccionarias del Antiguo Régimen (nunca abolido por completo en España por entonces) amenazaban con devorar las ideas de progreso e igualdad que la Ilustración había propugnado en la práctica totalidad de Europa y sus colonias en América.

Las sociedades secretas que confluyeron en el Cónclave

Casi todo el mundo, cuando hablamos de sectas esotéricas, ocultistas y, además, intrigantes en España, tiene en mente a dos grandes grupos: la Masonería y el Opus Dei, cada uno por una razón (aunque pongo en duda muchas de las cosas que se le atribuyen a la Masonería en España: no es como en Estados Unidos, en donde se dice que existen grupos masónicos o pseudomasónicos con intenciones siniestras cuyos miembros se preparan para ser líderes políticos o económicos). Pero hay más. A lo largo de estos años descubrí algunas más antiguas, pero de dudosa existencia, y tomé elementos que añadí más tarde, aunque la mayoría ya estaba presente en el perfil inicial.

Los hermanos Osso, Mastrosso y Carcagnosso: miembros de la Garduña y míticos fundadores de las principales mafias de Italia

Está, por ejemplo, La Garduña. Esta no era en realidad una secta ni una orden esotérica, sino que se supone que era una gran hermandad de malhechores, al estilo de la mafia moderna, que, según algunos, hasta podría aparecer en El buscón de Quevedo y en Rinconete y Cortadillo de Cervantes (aunque eso es solo conjetura y parecen referirse solo a asociaciones de malhechores locales). Dicha asociación, según la literatura existente, en algún momento se jerarquizó siguiendo la estructura de las cofradías religiosas, y existe una leyenda (quizás más bien alegoría, difundida por el asombroso folklore musical mafioso italiano) que dice que tres hermanos miembros de la Garduña fundaron en Italia sus tres grandes grupos mafiosos: la Cosa Nostra siciliana, la ‘Ndranghetta calabresa y la Camorra napolitana. Sin embargo, la mayoría de los historiadores pone en duda su existencia real más allá de la asociación de maleantes locales y regionales que surgieron en torno al tráfico de mercancías desde el Nuevo Mundo en las ciudades portuarias o de paso, un mundo subterráneo muy bien retratado por los escritores del Siglo de Oro.

El Ángel Exterminador es algo más serio por su coincidencia. Resulta que sí pudo existir un grupo prototerrorista que, desde posturas de integrismo católico y de ideología absolutista, trató de combatir desde la clandestinidad a los liberales, apoyando así a Fernando VII. Nuevamente, los historiadores ponen en tela de juicio que haya existido alguna vez salvo por rumores o por magnificaciones literarias, y, sin embargo, me causó una cierta conmoción saber de su hipotética existencia. No obstante, de ellos tomé la implicación de los intrigantes históricos que componían la camarilla de Fernando VII y que pretendían influir en sus decisiones.

La que sí que es real es la que, sin poder denominarla exactamente como secta, tiene relación con la anécdota del conserje que cuento en la anterior entrada y cuyo conocimiento ayudó a perfilar más al Cónclave. Es una asociación o club digamos que cultural, surgido en el siglo xix-xx, cuyos miembros eran poderosos e influyentes y contaba con algunas celebridades del conservadurismo entre sus filas. En principio, solamente es un club de pensadores de tendencia conservadora que se reuniría para tomar café y disertar acerca de novedades políticas y las controversias nacionales; no es nada extraño: era una tradición europea desde, por lo menos, la época de Napoleón (los liberales se reunían en cafés, los conservadores lo hacían en clubes). Poco se conoce de ella, aparte de su barroca denominación, quizás porque haya poco que conocer, o eso espero. En su local, como se puede ver en internet, tienen lugar eventos como presentaciones de libros y ponencias demasiado poco interesantes en torno a la identidad de España (de acuerdo con la tesis conservadora) y el pensamiento del tal o cual político conservador o derechista olvidado del siglo xix o principios del xx. No obstante, el secretismo que imperaba en torno a ella me inspiró en el desarrollo de la historia, si bien el Cónclave ya estaba bastante definido.

Pero, aparte de estas coincidencias y elementos que le fui añadiendo, no existe, o eso espero, nada parecido al Cónclave en España… Lo demás son teorías de la conspiración, y ahí Alejandro Villacarros expresa cuál es mi opinión al respecto. En cuanto a asociaciones de caprichosos millonarios y políticos, están el Club Bilderberg, lo que algunos creen que es la Masonería en España (al estilo de Estados Unidos junto a la mala prensa y los bulos difundidos desde el catolicismo recalcitrante) y demás, cosas que nunca me he creído demasiado (porque tampoco necesitan mantenerse en secreto, francamente). Así que mi opinión al respecto la pongo en boca del profesor Villacarros en uno de los últimos añadidos, escrito durante la pandemia y el confinamiento del año pasado, cuando de repente aparecieron tantas y tantas teorías en apariencia ácratas, aunque, y con todos los respetos a quienes las sustenten, se intuía un poso de reacción y uno se pregunta de dónde salían, quiénes las estaban formulando y por qué, cuando te das cuentas de que ya en el pasado hubo grupos políticos que hicieron bandera y base ideológica de una teoría de la conspiración, como los nazis con los Protocolos de los Sabios de Sion (que ya entonces se había desenmascarado como una falacia creada por los servicios secretos del zar de la Rusia más fundamentalista y antisemita), y que la teoría del Nuevo Orden Mundial fue un invento de la reacción estadounidense, que interpretaba que la fundación de lo que luego serían las Naciones Unidas era un intento por someter a todas las naciones a algo que, para ellos, no era más que comunismo. Hoy, además, vemos cómo ciertos partidos políticos están esgrimiendo estas teorías para hacer discursos demagógicos y advertir de una supuesta amenaza del comunismo internacional con base en China, amenazando con que están en juego unas libertades que, digámoslo alto y claro, ellos tratarán de abolir a la mínima oportunidad que se les dé. Y esto no es una teoría de la conspiración.

[NOTA: lo siento, pero no serán publicados comentarios relativos a demostrar la existencia o acciones de sociedades secretas o teorías de la conspiración, menos aún los que lleven insertos las fórmulas «Investigue», «Indague» o «Despierte», o enlaces a lo que sea que crean la verdad última y definitiva]


Portada La caída de Satán Gustave Doré

Si todo esto te ha despertado la intriga y saber más de los tejemanejes del Cónclave y sus asociados, no lo dudes: Redención (Nuestro último baile) te está esperando, y está disponible en:

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Libros Indie: para España y UE, México, Ecuador y EE. UU

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Puedes leer también tres breves fragmentos gratis en el dosier de prensa:

Feria del Libro de Parla, 2021


Este sábado, como parte de los eventos de la feria del libro que organiza el Ayuntamiento de Parla, seré entrevistado a las 12 desde la Casa de la Cultura de Parla. La entrevista finalizará con la lectura de un fragmento de Redención (Nuestro último baile), mi último libro.

Se podrá ver en directo en estas cuentas:

Twitter: @FeriaLibroParla

Facebook

Instagram: ferialibroparla

YouTube: Canal del Ayuntamiento de Parla

Entrevista inédita con Olga Lafuente, de Submarino de Hojalata


[NOTA: esta es una entrevista con Olga Lafuente para el medio Submarino de hojalata hace, quizás, dos años. Sin embargo, por motivos de la línea editorial (y únicamente estos), su publicación ha sido postergada a lo largo de sus números. Con permiso de su autora, publico aquí la misma porque acabará por quedar desfasada, especialmente respecto a la última pregunta…]

ENTREVISTA SUBMARINO DE HOJALATA

1.- En el prólogo de tu libro Billy «algo es algo» dices que es parte venganza y parte homenaje. ¿Piensas que los temas que se tratan no han sido considerados o reconocidos con justicia?

Creo que, a raíz de la llamada «querella argentina», se empezó a hablar más del tema y ser más conocido. La impresión que tengo es que siempre se dio por supuesto que durante el franquismo hubo tortura en las comisarías, cuarteles y cárceles, pero como que el tema se había quedado soterrado. A raíz de la querella se multiplicaron los testimonios de personas que pasaron por las manos de González Pacheco, Muñecas, Manzanas y otros, donde se explican con pelos y señales lo que les hicieron. Es algo parecido a la estancia de españoles en los campos de exterminio nazis o al hecho de que fueron los primeros en entrar en el París ocupado: temas soterrados por alguna razón.

Yendo más a la raíz de tu pregunta, pienso que ha habido dos niveles. Dentro de la sociedad sí ha habido más reconocimiento, y hasta descubrimiento; desde las altas esferas, podríamos hablar de dos o tres casos, dependiendo del color político. En años anteriores, resultaba repugnante oír a ministros del Interior, como Jorge Fernández Díaz y Juan Ignacio Zoido, replicar que no pensaban tolerar la más mínima injuria hacia los miembros de las fuerzas y seguridad del Estado. La cuestión es que no estamos hablando de los miembros del orden de un Estado DEMOCRÁTICO, es decir, del de ahora, sino de uno autocrático, dictatorial. A nadie se le pasa por la cabeza que un político alemán, de izquierdas o de derechas, dijera algo parecido sobre un oficial de las SS, no sé si me explico; y lo digo aun reconociendo que la tortura de los 60 y 70 (incluso, los 80) fue más leve que la de la posguerra, pero no por ello menos repudiable.

En ese mismo orden de cosas, se oye a ciertos políticos ultras, que no eran tan visibles cuando escribí Billy, decir que solo se torturaba a terroristas. Aquí deberíamos apreciar a qué se refieren con el término «terrorista», lo que para ellos debe de ser un terrorista. Conozco a algunos de los torturados y no lo eran en absoluto. Eso crea una especie de ilusión conformista entre quienes buscan una justificación de dicha dictadura. La cuestión es que la adscripción política no te da adscripción moral por sí sola.

Y, finalmente, entre los políticos de izquierda, entendida ampliamente, hay como una cierta buena voluntad, pero también como escollos que impiden hacer estas cosas bien o directamente hacerlas. Por ejemplo, no hace mucho se vieron obligados a votar en contra de una medida suya por un error de forma.

2.- En tu novela haces una mención especial a los cantautores y poetas de la época de la transición con nombres propios y diciendo de ellos que eran los «trovadores que cantaban la épica de la Resistencia viva». ¿Consideras que su labor fue clave para alcanzar la democracia? ¿Ser poeta o autor puede ser una «profesión» de riesgo en determinados momentos políticos?

Es algo que defendí en mi tesis, La formación de una cultura de la resistencia a través de la canción social. Poetas y cantautores supusieron un alimento para la resistencia cultural durante aquellos años. La producción poética de los años 50 es increíble: nunca se había escrito nada con tanta fuerza y con semejante calidad, encontrando un equilibrio casi perfecto entre compromiso social y estética. Luego llegaron los cantautores, que, en muchos aspectos, tomaron ese relevo, sin llegar a sustituirlo, pero añadiendo el aliciente de la música a unas letras que iban por el mismo sentido. A mediados y finales de los 70, todos ellos tenían un éxito increíble: ciertamente la gente requería y necesitaba de sus músicas, algunas ahondando en la tradición musical autóctona. Desde luego, no puedo decirte que ellos solos trajeran la democracia, pero sí contribuyeron a crear una cultura democrática y progresista con un discurso de la razón frente al odio y al oscurantismo.

Respecto a tu segunda pregunta, no hay lugar a dudas. Refiriéndonos solo a un régimen dictatorial, siempre vas a tener problemas por expresar tu opinión o expresar escenas, imágenes o ideas que el régimen pueda considerar nocivas para su sistema. Estos cantautores, y algunos poetas, tuvieron la suerte de empezar a producir cuando el régimen había bajado un poco su rigidez (de cara al exterior, claro), y todavía con ellos había «manga ancha». Puedo ejemplificarte con gente como Raimon o Benedicto, que fueron detenidos, pero nunca se les pegó: ellos consideraban que era un comportamiento clasista, que les salvaba su condición de personas públicas e incluso conocidas en el extranjero. Pero, sin duda, la cantautora que más sufrió la represión fue Elisa Serna: ¡detenida hasta ocho veces! Y todo esto sin contarte otras formas de represión: censura en distintas formas, suspensión de recitales, denegaciones exprés con el fin de provocar pérdidas monetarias, etc.

3.- ¿Crees que esta situación sigue produciéndose en la actualidad con aquellos escritores o compositores «incómodos»?

Creo que eso siempre va a pasar. Me parece que fue Unamuno quien dijo que el papel del escritor es el de resultar incómodo al poder, y tenía razón. A veces la lástima es que los intelectuales, en general, sean incómodos dependiendo del gobierno que haya, o al revés, que se premie a ciertos intelectuales solo por el hecho de haberse posicionado.

En cuanto a escritores en la actualidad, solo se me ocurren ejemplos muy negativos que hablan mucho acerca de esta labor cuando hay un gobierno progresista, pero callan cuando hay uno conservador. En cuanto a músicos, creo que se han dado los casos más mediáticos: ahí tenemos a César Strawberry o a varios raperos. Te puede gustar lo que canten y lo que opinen o no, pero de ahí a encausarlos como apologetas del terrorismo…

4.- Para escribir Billy «algo es algo», ¿has tenido en cuenta las técnicas narrativas y recursos que se recomiendan o has dejado que fluya tu historia? ¿Has seguido algún tipo de disciplina?

Fue algo muy orgánico. Tenía en mi cabeza las imágenes, como si fueran de la película que quería ver, y las plasmé de la mejor manera que pude. Casi acababa de leerme El ruido y la furia, de William Faulkner, y fue una gran influencia. Era narrar ofreciendo las piezas de un puzle, que no todo se diera dado desde el principio. Así que quise escribir una historia que no fuera del todo lineal, sino que fuera atrás y adelante.

Lo cierto es que no he participado en seminarios ni en clases de escritura, pero haber leído mucho en el pasado ha sido mi gran baza, modestia aparte. Y sigo pensando que es la mejor manera.

5.- Tu novela ha sido encuadrada en el género negro o policiaco, pero tiene muy en cuenta un momento clave de la Historia en España. ¿Piensas que en la literatura en lengua castellana no se ha dado tanta importancia al género histórico como en los países anglosajones?

Te explico lo que intuyo con una anécdota. Una de las editoriales a las que mandé el manuscrito era una dedicada precisamente a la novela histórica; su respuesta fue, básicamente, que Billy no era novela histórica. Lo acepté porque me da la impresión de que, en España, novela histórica es solo esa que transcurre, como poco, hasta el siglo xix; el siglo xx (si acaso, hasta los años 20) no cuenta como novela histórica, aunque sea ya historia. No obstante, es innegable el éxito de autores y autoras como Neus Asensi o Pérez Reverte.

Respecto a su potencial crítico, sería digno de un análisis concienzudo. Por supuesto, si consideramos como novela histórica a aquella que se refiere a la guerra civil, a la posguerra o al tardofranquismo, es evidente que hay un intento de hacer memoria, de enseñar a las personas lo que pasó, pero, y eso está muy bien, no como un relato de buenos y malos, sino con un gran espíritu crítico que no desdeña la denuncia.

5.- ¿Y en el caso de la literatura como denuncia social? En España se empezó a hacer novela negra con este fin. ¿Crees que en la actualidad ya no hay tanto compromiso social dentro de la cultura o es que no resulta rentable?

En primer lugar, te declaro que estoy un poco desconectado, y no quisiera ser injusto con impresiones superficiales. Ahora, con las redes sociales, es más fácil ver lo que piensa un intelectual acerca de un tema en concreto, aunque siempre ha habido enfants terribles que estarán en contra de todo; está claro que, en cuanto te posiciones, es posible que pierdas unos cuantos lectores, pero también podrás ganar otros; puedes decir que son pérdidas asumibles, ya que no parecen poder ver más allá de la calidad literaria (y, por cierto, siempre hay algo de las ideas de cada uno en sus obras). Esto, además, puede traducirse en favores políticos, pero debo matizarte esto: no hay nada que más me reviente que ese sambenito de «subvencionado» que algunas personas lanzan contra intelectuales críticos, dando a entender que, por defender ciertas ideas o manifestar sus ideas políticas, ya tienen asegurada una ayuda o subvención pública, desconociendo el enorme esfuerzo que un autor, dependiendo de su ámbito, tiene que llevar a cabo por sacar su proyecto, y que esas subvenciones no existen, por regla general. Sí he visto dar premios, con sospechosa oportunidad, a otros por haber expresado cierta opinión al respecto.

6.- El lenguaje que encontramos en Billy «algo es algo» es claro, contundente, con la misma vehemencia que muestras en tus opiniones. ¿Piensas que eso te puede perjudicar a la hora de que te lean? ¿Crees que, en la actualidad, ser escritor es más una marca comercial?

Es un dilema interesante, pero siempre lo he tenido claro: libertad creativa antes que contenido comercial; escribí lo que quise expresar y lo expresé de forma realista: haberlo hecho de forma edulcorada o con eufemismos no hubiera funcionado, ya que estamos hablando de personajes muy fuertes y muy amorales, hablemos de Guillermo Niño, el protagonista, o del Carcelero, el asesino en serie.

Sí confieso que tuve cierto reparo y hasta me llegué a cortar con algunas expresiones por miedo a que se confundiera al personaje con el autor; pero el lector inteligente (que lo son todos) entenderá que, cuando Guillermo o el asesino dicen, por ejemplo, «maricón», no estoy tratando de normalizar el uso de esta palabra tan denigrante, sino todo lo contrario: mostrar qué persona o en qué circunstancia suele decirlo.

Creo, sinceramente, que, si un escritor es más marca comercial que artista es que es un mal escritor. Hay excepciones, claro: la de aquellos que han sabido equilibrar cierto sentido comercial con el contenido artístico. Luego, en cuanto lectores, tendremos de dos tipos: los que prefieren el best seller y los que les gusta leer de verdad. Creo que mi público sería este último, modestia aparte, porque yo no sé escribir un best seller.

7.- En la era de las nuevas tecnologías, ¿cómo crees que debe ser la relación escritor-lector? ¿Piensas que la figura del escritor como intelectual o académico alejado del grueso de la sociedad está obsoleta?

Es difícil. Está claro que las nuevas tecnologías y las redes sociales han impuesto nuevas formas de relacionarse con el público y hasta nuevos lenguajes. Aún no he encontrado el secreto para conseguir gestionarlas de una manera eficaz, pero tampoco me preocupa. Lo que no pienso hacer es crearme un personaje, fingir alguien que no soy ni hacer la pelota por conseguir más seguidores. Soy de los que creen que, aunque importantes para una comunicación con el público, no son la forma definitiva de relacionarse autores y lectores.

En cuanto a esa figura, la verdad es que creo que es un estereotipo conservador bastante desfasado o, al menos, es lo que se ha intentado. Desde los años 30 se intentó romper esa barrera con el pueblo, pero las circunstancias que todos conocemos acabaron por imponer esa figura de intelectual por encima de todo, au-dessus de la mêlée, como le gustaba decir a Antonio Machado. Con la aparición de nuevos escritores, con gustos no tan académicos, creo que ese estereotipo se ha acabado por romper del todo.

8.- En lo referente a los nuevos sistemas de autoedición, ¿cómo ves el futuro del escritor? ¿Crees que habrá que adaptarse a los nuevos tiempos o la autoedición seguirá siendo el último recurso de un escritor novel?

Mi opinión al respecto puede no ser muy popular, y espero que no se juzgue esnobista.

La autoedición y la coedición han implicado dos cosas, una positiva y otra negativa. La positiva, gente con mucho talento, cuyas obras no veían la luz por la razón que fuera, ha podido mostrarlas: esto ha supuesto una cierta democratización, pero con un matiz que te explico abajo; la negativa, que no todo tiene la calidad necesaria, filtrada por un editor, y actualmente tenemos inflación: más libros que lectores y muy difícil criterio de elección: se crea una duda sobre si ese libro que compraremos será bueno o habremos tirado el dinero (cosa que también puede pasar con los consagrados, pero ellos ya tienen el aval). No es por generalizar, pero teniendo en cuenta mi experiencia, he de decir que la mayor parte de las editoriales no leen esos manuscritos: te hablan de tu obra con clichés, diciéndote lo que quieres oír, antes de pedirte que pagues x €. En cuanto a las plataformas, sin una mediana corrección (aprovecho para decir que soy corrector profesional), sin una revisión, tenemos casi el mismo problema, pero con libros con ediciones descuidadas. Aunque lo bueno del libro es su contenido, no hay que abandonar el exterior, y menos aún su presentación formal.

Vaya por delante que yo no podía pagarme una autoedición: y ese es el matiz que quería poner a esa supuesta democratización, que será para quien pueda pagársela. Y esa es un poco la filosofía de estos tiempos algo cínicos, que espero cambie por esta difícil experiencia que estamos atravesando: muchas oportunidades, muchas facilidades, ponte a emprender, ponte a hacer cosas… si puedes pagar por ello, y yo soy de los que no pueden permitirse lujos que deberían ser para todos.

9.- Y, para finalizar, ¿Gustavo Sierra Fernández tiene más proyectos a la vista?

Habemus proiectum, sí. Como habréis leído, hay en Billy un capítulo algo ligero que usé un poco a modo de transición, como si fuera un entremés cervantino: una pequeña obra de teatro justo en medio; es en el que salen los dos periodistas, chica y chico, expertos en asesinos en serie que son convocados por Guillermo Niño para ser asesorado. Pues bien, esos dos periodistas tienen, a modo de spin off, su propia novela, en la que aparece algún que otro personaje de Billy: llevo trabajando sobre ella cerca de un año, revisándola, hasta que finalmente la he mandado a diversas editoriales. De momento solo ha acumulado rechazos y una sospecha sin fundamento hacia una de ellas de haber sacado una idea para un certamen de relatos…

Y, a la sombra de esta, salió otro spin off: la primera es una historia de amor con mezcla de novela de misterio, pero la segunda es un poco un retorno a Billy, a la novela realista más descarnada: una denuncia contra el negocio de la prostitución, auspiciada por un espíritu abolicionista.

Olga Lafuente Perea.

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