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3er fragmento de ‘Redención (Nuestro último baile)


Abolicionismo prostitución
Fuente: Nuevo Correo de los Trabajadores (autor no citado)

(…) Se sentó en la barra con una bebida que no pensaba beber porque la suponía con un sabor a rayos, echando un vistazo a su alrededor por aquella estancia en penumbras. Veía lo típico: las strippers contoneaban su cuerpo al ritmo de una música cutre que no tapaba las palabras soeces del público; las camareras, ligeras de ropa o con los pechos al aire, servían copas a viejos verdes que palmeaban sus traseros, y ellas, siguiendo el protocolo, les reían la ocurrencia; algunas estaban sentadas en espantosos sofás de terciopelo, esperando a que un cliente les propusiera llevarlas a un reservado o a una habitación; en alguno de los sillones una muchacha era baboseada por dos hombres a la vez; alrededor de la sala, los reservados: no se veía qué pasaba allí. Susi adivinaba, tras las fingidas sonrisas, los cumplidos a hombres despreciables y los contoneos insinuantes, una inmensa tristeza en aquellas mujeres.
«No creo que ninguna esté aquí porque quiera realmente. Supimos que este cerdo está detrás de muchas tramas de trata de mujeres… Me da vergüenza pensar que haya gente que defienda esto y se crea feminista.
»¡Que hablen con ellas y se les caerá el mito romántico de las prostitutas! ¿Acaso lo justifica que Toulouse Lautrec, Picasso o Baudelaire requirieran con frecuencia de “trabajadoras del sexo”, como dicen?, incluso aunque fueran otros tiempos, aunque fueran genios, aunque algunas de sus obras se inspiraran en ellas. La leyenda romántica de la prostituta que les servía de musa no existe: es una mentira. Ellas vendían su cuerpo por unas horas y luego ellos hacían sus obras de arte. Adivina a quién se admira y se recuerda y a quién se desprecia.
»No hay bohemia ni liberación sexual en todo esto, solo miseria, privilegios por ser hombre y esclavitud si eres mujer. ¡No me vengas con el cuento de las que lo hacen porque quieren y ganan un pastizal! Yo te hablo de estas, de las que están contra su voluntad, de las que no tienen la libertad de rechazar a un cliente y a las que la necesidad las ha forzado a vender su cuerpo, que parece el último y válido recurso para una mujer. Podéis comeros vuestro cínico discurso de la libertad de elección, porque no existe en este mundo despreciable de la prostitución. ¿No veis, estúpidos cretinos, que si esas mujeres ejercen su voluntad por tener dinero fácil, condenan al resto a la esclavitud? ¿No veis que en cuanto una dice sí a las demás se nos ha puesto ya el yugo?». (…)

Gustavo Sierra Fernández

Redención (Nuestro último baile) (Libros Indie, 2021), pp. 108-109.

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«Redención (Nuestro último baile)»: Cómo se hizo (2): los misterios del Cónclave


Una de las mejores cosas de escribir que existen es poder poner tus pensamientos sobre un tema en boca del narrador o, lo que es mejor, de los personajes, y también los pensamientos opuestos para dejarlos al aire y que puedan ser criticados. El proceso de revisión de la novela llevó dos años, quizás tres, por lo que pudieron irse incluyendo más temas al borrador original.

Prostitución, populismo y los poderosos en contubernio

El tema que estuvo desde el principio es la crítica hacia la prostitución a través de los pensamientos de Susi; este es uno de los casos en los que mi pensamiento, concretamente el abolicionista, hace acto de presencia totalmente. No puedo disculparlo por que haya mujeres que lo hagan libremente, ya que sus razones no me parecen suficientes y, así, condenan a las que no quieren hacerlo o no quieren pero no les ha quedado más remedio (que eso de la libertad de elección siempre hay que mirarlo con lupa: solo se es libre si se dan las condiciones adecuadas, y en ese caso no se dan), y mucho menos que hagan una supuesta labor social por los hombres a los que les cuesta tener pareja, es decir, tener sexo: eso nos pone a los hombres en una posición de privilegio, y no la quiero.

También estaba desde el principio la crítica hacia el populismo de extrema derecha, encarnado, en este caso, en un político tan grandilocuente como vulgar y superficial. Y, lo siento, pero no creo que tenga que justificar mi opinión hacia los partidos de extrema derecha, ni siquiera haciendo agravios comparativos. Cualquiera que sostenga que puedan existir ciudadanos que estén por encima y ciudadanos que estén por debajo; que manifieste desprecio hacia otras etnias, nacionalidades y sexualidades; que defienda lo que ya hace tiempo hizo un grupo de gente en nombre de la religión, la «patria», el orden o lo que sea y lo justifique por una visión de la historia tergiversada maliciosamente no merece mi consideración. A estas alturas, uno piensa que quien se deja engañar es porque quiere, y de eso se sirven políticos como Pelayo Barral, mi personaje, el líder de un partido llamado Reconquista que sueña con el poder para defender los intereses económicos de quienes realmente les financian.

Y como siempre que se habla de esto se dice lo mismo, repetido una y otra vez hasta niveles de estupidez astronómica: me parece estupendo que alguien condene las atrocidades cometidas por regímenes comunistas, o que dicen serlo, pero que eso te lleve a comulgar con ideas de gente que hace las mismas atrocidades, si no peores, es ya harina de otro costal. No puedes estar a favor de la represión de unos y en contra de la de otros.

Y, finalmente, uno más, que se enlaza con el tema principal de esta entrada: de cómo un exceso de poder, económico, político, de influir en las opiniones de los demás puede llevar aparejada la posibilidad de vivir no al margen de la justicia, ni siquiera por encima, sino dirigirla completamente a través de los medios que el poderío proporciona. Claro está, hablamos de la corrupción: no hay corrupción si no hay, al menos, dos actores: el que corrompe y el que se deja corromper; este último suele tener gobierno sobre los agentes intermedios, como, por ejemplo, los agentes de la ley, de entre los cuales, unos disfrutan y hasta participan de esa corrupción, y otros no ven el momento de rebelarse contra ella.

Entonces, ¿y si personas muy poderosas se hubieran reunido en torno a un círculo donde poder conspirar para su beneficio a la vez que profesar una siniestra y sangrienta religión? Suena a teoría de la conspiración, precisamente el último tema a tratar.

Las teorías de la conspiración siempre tienen un poso de irrealidad, incluso de ridículo, en sus postulados, hasta el punto de hacerte creer que hay algo más detrás de ellas…, lo que Alejandro Villacarros llama «la metateoría de la conspiración», que consistiría en que un grupo interesado elaborase y difundiera indirectamente dichas teorías para restar importancia a lo que hay de realidad que les implica de alguna forma o, incluso, dudar de su existencia por la cuestionabilidad de aquellos que las sostienen. Pero eso tendréis que descubrirlo…

El misterio del Cónclave y las teorías de la conspiración

Emblema del Cónclave, diseñado por mí

En Redención (Nuestro último baile) tenemos un villano colectivo: una secta pagana, apocalíptica y destructiva formada por las personas más poderosas y siniestras de la sociedad, cuyo nombre es el Cónclave. En su construcción influyeron varios elementos, tanto ficticios como reales. El Cónclave no es solo una secta de paganos ni tampoco una inquietante sociedad de potentados sin más: es ambas cosas. Es Lovecraft y, a la vez, Escrivá de Balaguer.

En cuanto a sectas y cultos paganos o satánicos se refiere, es inevitable pasar por Lovecraft y su círculo (Belknap, Derleth, Bloch, Ashton Smith…) y películas como La semilla del diablo o, más recientemente, Hereditary. Estas sectas suelen ser reuniones de personas que llevan su culto de una manera discreta, pero a la vez palpable, como si invitaran a darse a conocer y, a la par, marcar su territorio. Suelen ser de dos tipos: gente normal, hasta entrañable, de clase media, que no levanta excesivas sospechas, o bien, un grupo de depravados morales aislados geográfica o socialmente (el recurso favorito de Lovecraft y Cía); cabe un tercer grupo: el de una civilización neolítica que ha conseguido mantener un culto sanguinario y horrible de espaldas a la sociedad, pero este no viene al caso.

También hay una variante que me parece de lo más interesante: la de un integrismo cristiano obsesionado tanto con la idea del mal y el diablo, muy propio, por lo general, de sociedades rurales muy supersticiosas, que, en su lucha contra las fuerzas del mal a través de exorcismos, ritos, rituales y hasta conjuros y pócimas, llegan a colindar con cultos satanistas. La verdad, dejando al margen a estos grupos, siempre me ha parecido muy curiosa la semejanza de ciertos sectores fundamentalistas del catolicismo con los sectarios satánicos y sus misas negras, incluso en el discurso. Esta era la idea que tenía a la hora de elaborar mi secta, es decir, su faceta religiosa, sus discursos, sus ritos, etc.: ese curioso punto intermedio y común que tienen integristas cristianos (en general) y satanistas. A fin de cuentas, a ambos les encanta hablar sobre el diablo, casi más que sobre Dios.

En cuanto a las sociedades secretas o asociaciones de poderosos, la idea es siempre la de un grupo de personas con influencia en su ámbito, como empresarios, banqueros, políticos, etc., que suelen reunirse en distintos eventos en donde toman decisiones que, generalmente, contribuyen a enriquecerlos aún más y, al mismo tiempo, joder a la gente a través de la manipulación de los poderes fácticos de cada nación, aunque no sea la suya. Se cree que, en sus conciliábulos, dos o más de ellos llegan a acuerdos o elaboran proyectos por los cuales pueden promover la creación de leyes o su modificación, decidir quién va a ser el mandatario de un Estado, decidir la estabilidad o inestabilidad política, etcétera, siempre que esto contribuya a su enriquecimiento.

La idea del Cónclave era unir ambas tendencias en una sola: la de la secta pagana y la del club de megapoderosos que conspiran para enriquecerse aún más, para lo cual utilizan toda la influencia que esté a su alcance.

influencias históricas y ficticias: de Cazafantasmas a la Década Ominosa

Tal y como le hago decir al profesor Villacarros, en España no abundaron en el pasado las sectas de tipo ocultista, pagano o apocalíptico, pero ha habido bastantes que pueden casar con mi inventada secta, que tomó su nombre del sínodo de los cardenales por una significación muy parecida: un grupo cerrado de personas que deciden por todas.

El Cónclave es una sociedad secreta de inspiración absolutista y fundamentalista que se funda durante el reinado de Fernando VII; su idea inicial es combatir las ideas liberales y afrancesadas haciendo servicios de contrainformación o a través de conspiraciones para desestabilizar la sociedad e instaurar en el pueblo la idea de que, para que haya paz, orden y tranquilidad, es imprescindible la presencia de una persona que, por designación divina, concentre en sí todos los poderes y actúe como defensora de la fe y las tradiciones. Más tarde, aparece el exmonje Pedro Castillo con unas ideas estrafalarias y consigue refundar la sociedad secreta de arriba abajo, convirtiéndola en un culto oscuro que propugna la existencia de unos dioses olvidados que, mediante su veneración, conseguirían traer el fin del mundo y obligar a Dios a celebrar el Juicio Final, en donde los miembros del Cónclave tendrían un lugar privilegiado, no solo quedando exentos del juicio, sino, también, ejerciendo de acusación y decidiendo el destino de los pecadores.

Pues esta, a grandes rasgos, es mi secta de intrigantes. Pero hay sociedades secretas históricas que guardan cierta similitud, sobre todo, las que datan de entonces, cuyo conocimiento a posteriori me causó escalofrío por la coincidencia. Eso de acertar con las cosas a ciegas… De manera que, en un momento u otro de la revisión del manuscrito, el Cónclave fue alimentándose de sus rasgos, si bien su inspiración inicial puede parecer bastante curiosa.

Para ser sinceros, mi idea inicial estaba inspirada por la historia subyacente en Cazafantasmas (1984), que, a su vez, se basaba en la historia y relación del famosos satanista Aleister Crowley con el edificio Dakota (que también es la subhistoria de La semilla del diablo) y en sectas esotéricas de la Alemania de entreguerras (algunas de ellas, germen del nazismo). En resumen: un médico sin escrúpulos, tras observar la perversidad humana durante la I Guerra Mundial y el momento de depresión que se produce al acabar esta, termina por pensar que la sociedad está tan degenerada que no merece sobrevivir, por lo que funda una secta apocalíptica que adora a un (inventado) sanguinario dios sumerio, y, para ello, construye un edificio que sirva de punto de conexión con la dimensión de dicho dios, al que pretenden invocar mediante ritos de sangre. Así que la idea era trasladar algo de esto a una época de la historia española: la poco estudiada y minusvalorada era de la restauración tras la guerra de independencia, un momento lleno de intrigas y violencia entre los absolutistas y los liberales, un tira y afloja perpetuo entre el progreso y la reacción, y unos personajes muy siniestros, como Francisco Tadeo Calomarde (ministro de Justicia de Fernando VII), Jerónimo Castillón y Salas (el último Inquisidor General del Reino de España) o Carlos María Isidro de Borbón, el aspirante al trono e instigador de la primera de las Guerras carlistas; un momento en el que, tras la caída del controvertido Napoleón Bonaparte, las fuerzas reaccionarias del Antiguo Régimen (nunca abolido por completo en España por entonces) amenazaban con devorar las ideas de progreso e igualdad que la Ilustración había propugnado en la práctica totalidad de Europa y sus colonias en América.

Las sociedades secretas que confluyeron en el Cónclave

Casi todo el mundo, cuando hablamos de sectas esotéricas, ocultistas y, además, intrigantes en España, tiene en mente a dos grandes grupos: la Masonería y el Opus Dei, cada uno por una razón (aunque pongo en duda muchas de las cosas que se le atribuyen a la Masonería en España: no es como en Estados Unidos, en donde se dice que existen grupos masónicos o pseudomasónicos con intenciones siniestras cuyos miembros se preparan para ser líderes políticos o económicos). Pero hay más. A lo largo de estos años descubrí algunas más antiguas, pero de dudosa existencia, y tomé elementos que añadí más tarde, aunque la mayoría ya estaba presente en el perfil inicial.

Los hermanos Osso, Mastrosso y Carcagnosso: miembros de la Garduña y míticos fundadores de las principales mafias de Italia

Está, por ejemplo, La Garduña. Esta no era en realidad una secta ni una orden esotérica, sino que se supone que era una gran hermandad de malhechores, al estilo de la mafia moderna, que, según algunos, hasta podría aparecer en El buscón de Quevedo y en Rinconete y Cortadillo de Cervantes (aunque eso es solo conjetura y parecen referirse solo a asociaciones de malhechores locales). Dicha asociación, según la literatura existente, en algún momento se jerarquizó siguiendo la estructura de las cofradías religiosas, y existe una leyenda (quizás más bien alegoría, difundida por el asombroso folklore musical mafioso italiano) que dice que tres hermanos miembros de la Garduña fundaron en Italia sus tres grandes grupos mafiosos: la Cosa Nostra siciliana, la ‘Ndranghetta calabresa y la Camorra napolitana. Sin embargo, la mayoría de los historiadores pone en duda su existencia real más allá de la asociación de maleantes locales y regionales que surgieron en torno al tráfico de mercancías desde el Nuevo Mundo en las ciudades portuarias o de paso, un mundo subterráneo muy bien retratado por los escritores del Siglo de Oro.

El Ángel Exterminador es algo más serio por su coincidencia. Resulta que sí pudo existir un grupo prototerrorista que, desde posturas de integrismo católico y de ideología absolutista, trató de combatir desde la clandestinidad a los liberales, apoyando así a Fernando VII. Nuevamente, los historiadores ponen en tela de juicio que haya existido alguna vez salvo por rumores o por magnificaciones literarias, y, sin embargo, me causó una cierta conmoción saber de su hipotética existencia. No obstante, de ellos tomé la implicación de los intrigantes históricos que componían la camarilla de Fernando VII y que pretendían influir en sus decisiones.

La que sí que es real es la que, sin poder denominarla exactamente como secta, tiene relación con la anécdota del conserje que cuento en la anterior entrada y cuyo conocimiento ayudó a perfilar más al Cónclave. Es una asociación o club digamos que cultural, surgido en el siglo xix-xx, cuyos miembros eran poderosos e influyentes y contaba con algunas celebridades del conservadurismo entre sus filas. En principio, solamente es un club de pensadores de tendencia conservadora que se reuniría para tomar café y disertar acerca de novedades políticas y las controversias nacionales; no es nada extraño: era una tradición europea desde, por lo menos, la época de Napoleón (los liberales se reunían en cafés, los conservadores lo hacían en clubes). Poco se conoce de ella, aparte de su barroca denominación, quizás porque haya poco que conocer, o eso espero. En su local, como se puede ver en internet, tienen lugar eventos como presentaciones de libros y ponencias demasiado poco interesantes en torno a la identidad de España (de acuerdo con la tesis conservadora) y el pensamiento del tal o cual político conservador o derechista olvidado del siglo xix o principios del xx. No obstante, el secretismo que imperaba en torno a ella me inspiró en el desarrollo de la historia, si bien el Cónclave ya estaba bastante definido.

Pero, aparte de estas coincidencias y elementos que le fui añadiendo, no existe, o eso espero, nada parecido al Cónclave en España… Lo demás son teorías de la conspiración, y ahí Alejandro Villacarros expresa cuál es mi opinión al respecto. En cuanto a asociaciones de caprichosos millonarios y políticos, están el Club Bilderberg, lo que algunos creen que es la Masonería en España (al estilo de Estados Unidos junto a la mala prensa y los bulos difundidos desde el catolicismo recalcitrante) y demás, cosas que nunca me he creído demasiado (porque tampoco necesitan mantenerse en secreto, francamente). Así que mi opinión al respecto la pongo en boca del profesor Villacarros en uno de los últimos añadidos, escrito durante la pandemia y el confinamiento del año pasado, cuando de repente aparecieron tantas y tantas teorías en apariencia ácratas, aunque, y con todos los respetos a quienes las sustenten, se intuía un poso de reacción y uno se pregunta de dónde salían, quiénes las estaban formulando y por qué, cuando te das cuentas de que ya en el pasado hubo grupos políticos que hicieron bandera y base ideológica de una teoría de la conspiración, como los nazis con los Protocolos de los Sabios de Sion (que ya entonces se había desenmascarado como una falacia creada por los servicios secretos del zar de la Rusia más fundamentalista y antisemita), y que la teoría del Nuevo Orden Mundial fue un invento de la reacción estadounidense, que interpretaba que la fundación de lo que luego serían las Naciones Unidas era un intento por someter a todas las naciones a algo que, para ellos, no era más que comunismo. Hoy, además, vemos cómo ciertos partidos políticos están esgrimiendo estas teorías para hacer discursos demagógicos y advertir de una supuesta amenaza del comunismo internacional con base en China, amenazando con que están en juego unas libertades que, digámoslo alto y claro, ellos tratarán de abolir a la mínima oportunidad que se les dé. Y esto no es una teoría de la conspiración.

[NOTA: lo siento, pero no serán publicados comentarios relativos a demostrar la existencia o acciones de sociedades secretas o teorías de la conspiración, menos aún los que lleven insertos las fórmulas «Investigue», «Indague» o «Despierte», o enlaces a lo que sea que crean la verdad última y definitiva]


Portada La caída de Satán Gustave Doré

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