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Grândola, sempre…


Casi se me pasa el día… Hubiera sido imperdonable olvidarme de esta canción, tal día como hoy… Y después de una semana de merecido y necesario ocio frívolo, es una buena manera de volver a las cosas que me importan realmente, con la canción que muchos consideramos como La Marsellesa de Portugal, el himno de la fraternidad universal (¿se imaginan la emocionante escena de Casablanca en la que cantan la Marsellesa con esta canción?).

Hoy traemos un texto que le regalé al gran Adrian Vogel para su magnífica sección "Un siglo de canciones":

 

Un siglo de canciones 3: “Grândola, vila morena”

(por Gustavo Sierra)

25ABRIL Desde hace un año o así [ya hace algo más], tengo una pasión: mi pequeño gran MP3, que puede almacenar hasta 20 GB; me lo compré porque supe que se podían escuchar las canciones de manera aleatoria: ¡lo que siempre había querido! Oír toda la música sin un plan predeterminado, sin límites (a corto plazo: en las horas que escucho música es imposible terminar de oír todo lo que está ahí metido). Empiezo eligiendo una canción, y a partir de ahí lo dejo todo al “supuesto” azar (hay que considerar que las “listas aleatorias” no son tales, sino que funcionan mediante complejas fórmulas matemáticas). Y aquí es a donde quiero llegar: cuando dejo de oír la música de una canción anterior y comienza (ras-ras-ras…) ese paso rítmico que recuerda inevitable el paso marcial y vigoroso de los soldados portugueses el 25 de Abril de 1974, y esa clara y harmoniosa voz que Benedicto describió como indefinida: “Era, por un lado, una voz al mismo tiempo desgarradora y arrolladora, masculina y femenina, aguda y grave, suma de una gama extensa de vibraciones y harmónicos; y, por otra parte, aquello le ponía los pelos de gallina a cualquiera” (la traducción es mía): “Grândola Vila Morena, terra de fraternidade”… Y llega ese coro (que quizás Antonio pudiera decir quiénes lo conformaban) [Antonio Gómez, en los comentarios, escribió, entre otras maravillosas cosas, los que formaron el coro: “Pues según los títulos de crédito, los que se encargan de “coros y pasos” son José Mario Branco (cantautor el mismo y arreglista), Francisco Fanhais (sacerdote e igualmente cantautor), ambos exiliados en Francia en aquel momento, y el que entonces era guitarrista habitual de Zeca en las actuaciones en directo, Carlos Correia (Boris)”] apoyando al grande Zeca, y que parece todo Lisboa -¡qué digo!- ¡Portugal entero! cantando a una: “O povo é quem mais ordena”… La canción es muy breve, pero es como un instante eterno, quizás porque sea histórico, quizás porque en ella esté representada la voz de su pueblo. Pero comencemos desde el principio, por ejemplo, poniendo la letra:

Jose Zeca Afonso

Grândola, vila morena
Terra da fraternidade
O povo é quem mais ordena
Dentro de ti, ó cidade
Dentro de ti, ó cidade
O povo é quem mais ordena
Terra da fraternidade
Grândola, vila morena.


Em cada esquina um amigo
Em cada rosto igualdade
Grândola, vila morena
Terra da fraternidade

Terra da fraternidade
Grândola, vila morena
Em cada rosto igualdade
O povo é quem mais ordena.


À sombra duma azinheira
Que já não sabia a idade
Jurei ter por companheira
Grândola a tua vontade
Grândola a tua vontade
Jurei ter por companheira
À sombra duma azinheira
Que já não sabia a idade

(Grândola, Villa Morena/ tierra de la fraternidad,/ el pueblo es quien más ordena/ dentro de ti, oh ciudad.// Dentro de ti, oh ciudad,/ el pueblo es quien más ordena,/ tierra de la fraternidad,/ Grândola, Villa Morena.// En cada esquina un amigo,/ en cada rostro igualdad,/ Grândola, Villa Morena/ tierra de la fraternidad.// Tierra de la fraternidad/Grândola Villa Morena/ en cada rostro igualdad/ el pueblo es quien más ordena.// A la sombra de una encina/ de la que no sabía su edad/ juré tener por compañera/ Grândola, tu voluntad./ Grândola, tu voluntad/ juré tener por compañera,/ a la sombra de una encina/ de la que no sabía su edad.)

A muchos de nosotros nos comienza gustando un artista por un hecho, digamos, romántico. No creo que esté demasiado bien, pero confieso que a veces, en el pasado, me acerqué a Lorca porque fue asesinado, a Miguel Hernández porque estuvo preso por defender la libertad, a Jimi Hendrix o a Janis Joplin porque murieron de forma escabrosa, a Lluís Llach y a Raimon porque estuvieron prohibidos, a Pablo Guerrero por la canción “Extremadura”, y a José Afonso porque hizo la banda sonora de la Revolução dos Cravos… Pero de este infantil y superficial gusto por el halo romántico se desprende algo positivo: que encuentras más de lo que creías que había; eso me pasó con todos éstos y con muchos más. Pero ciñámonos a José Afonso “Zeca”.

Es cierto que antes de conocer al hombre y su nombre supe que una canción había sido el santo y seña para comenzar el golpe de Estado pacífico que derrocaría a la dictadura más vieja de Europa, la de Oliveira-Salazar-Cabronação: para mí, ese dato ya decía mucho de tres cosas a la vez: 1) el carácter de los militares revolucionarios portugueses, 2) que debía ser una canción maravillosa, y, 3) que su autor debía ser genial; todo eso sencillamente del hecho de que una canción (que, por cierto, los propios militares portugueses intentaron ya llevarla a Eurovisión) pudiera ser tan importante que debiera convertirse en el toque de diana para la hora de la libertad lusitana.

La historia de la canción la explica muy bien este artículo de la wikipedia:

José "Zeca" Afonso compusó esta canción como homenaje a la "Sociedad Musical Fraternidad Operaria Grandolense" de la villa portuguesa de Grândola. El 17 de mayo de 1964 Zeca actuó en esta ciudad. Esta actuación fue importante para el artista por varios motivos. En ella conoció al guitarrista Carlos Paredes, de cuya maestría con la guitarra quedó impresionado. Por otro lado, le impresionaron también la conciencia y madurez políticas de los miembros de la Sociedad Musical y sus escasos pero bien aprovechados recursos, con una biblioteca, según palabras del propio Afonso, "con claros objetivos revolucionarios".

La canción fue incluida en el álbum Cantigas de Maio, grabado en Herouville (Francia) entre el 11 de octubre y el 4 de noviembre de 1971, que se editó en diciembre de ese año. Fue la quinta canción de ese disco, que contó con los arreglos y dirección musical de José Mário Branco.

(…)

El 29 de marzo de 1974, Grândola, Vila Morena fue la canción de cierre de un espectáculo en el Coliseo de Lisboa. Asistieron al mismo varios militares del (MFA) Movimiento de las Fuerzas Armadas que la escogieron como señal de arranque para la incipiente Revolución de los Claveles. En ese espectáculo, la censura del régimen dictatorial de Salazar había prohibido varias canciones de José Zeca. Entre ellas estaban Venham mais Cinco ("Choca esos cinco"), Menina dos Olhos Tristes ("Niña de los ojos tristes"), A Morte Saiu à Rua ("La muerte salió a la calle") y Gastão Era Perfeito ("Gastón era perfecto").

A las 0.20 del día 25 de abril de 1974 en el programa Limite de Radio Renascença se emitió Grândola, Vila Morena, que era la segunda y última señal para dar comienzo al movimiento revolucionario que derrotaría a la dictadura de Salazar y daría libertad a Portugal y a su inmenso imperio colonial. Las fuerzas del ejército portugués organizadas por el MFA serían las encargadas de conseguir la libertad con el apoyo del pueblo que las cobijó con la colocación de claveles rojos en las bocas de los cañones de los tanques y los fusiles de los soldados. La primera señal fue emitida a las 22.55 del día 24 de abril y fue la música E depois do adeus (Y después del adiós), cantada por Paulo de Carvalho.

El propio José Afonso no fue en principio consciente de la trascendencia que había alcanzado su composición. Él lo relata así:

“Vivi el 25 de Abril una especie de deslumbramiento. Fui hacia el Carmen, anduve por ahí… Estaba entusiasmado de tal modo con el fenómeno político que no me fijé bien, o no le di importancia, a lo de Gràndola. Sólo más tarde, cuando se produjeron los ataques fascistas del 28 de septiembre o los del 11 de marzo y Grândola era cantada en los momentos de más grave peligro o de mayor entusiasmo, me di cuenta de todo lo que significaba y, naturalmente, tuve una cierta satisfacción.”

El hecho de que el propio Zeca le quitara mérito al asunto dice mucho de él. Como me dijo Benedicto cuando preparé un ciclo acerca del impacto ideológico y sentimental de la Revolución de los Claveles en España, “El primero que siempre ponía en duda el mito era Zeca Afonso. No se sentía tal, era la antítesis del vanidoso. La canción fué escogida como señal sin que él lo supiera. Otelo Saraiva de Carvalho nos contó cómo el día que lo decidieron fué en un café de Lisboa en el que estaba Zeca y no le dijeron nada; no podían poner en peligro la operación…”

Saraiva de Carvalho, él mismo que, emocionado, durante el entierro de Zeca quiso poner una bandera portuguesa sobre el ataúd, si no lo hubiera impedido la esposa de Zeca, ya que fue su deseo que el ataúd no llevara más adorno que una bandera roja, símbolo de los trabajadores de todo el mundo. Tal vez han habido unos pocos grandes himnos universales de la humanidad en la más reciente historia: “We shall overcome” de Pete Seeger, “L’estaca” de Lluís Llach, “Al vent” de Raimon, “El pueblo unido jamás será vencido” de Quilapayún, “Imagine” de John Lennon, y, por supuesto, “Grândola, vila morena”; y precisamente su autor, autor de lo que muchos con justicia consideran el himno de la fraternidad, siempre decía “Nem hinos, nem bandeiras”: ni himnos ni banderas. Era el suyo un pensamiento universalista y humanista. Pero, al fin y al cabo, un himno ¿nace o se hace? Yo pienso que se hace: de poco sirve que uno se levante un día diciendo “voy a escribir el himno de las juventudes nudisto-porreras” si ese himno no es acogido por el público como tal, que es lo que sí les pasó a estos himnos que aquí enumeramos. Zeca era consciente de que, incluso antes del 25 de Abril de 1974, “Grândola vila morena” ya no le pertenecía: le pertenecía al pueblo portugués, más aún: le pertenecía a la humanidad entera. No hay más que oír cómo cierra con esta canción su actuación en el Coliseu, en donde un entregado y emocionado público llega a tapar la voz del propio Zeca: igual, o incluso más, que aquel público estadounidense que acababa cantando “We shall overcome” mientras Seeger se dedicaba sólo a tocar la guitarra y a indicar las estrofas a cantar.

Quizás sea sólo una anécdota la elección de esta canción por parte de los capitanes de Abril, quizás podría haber sido otra, quizás tardemos mucho tiempo en ver algo así de nuevo… Pero el innegable significado artístico e histórico de la “Grândola” queda ahí: una canción que parece profética, ya que, habiendo sido hecha hacia 1971, con su peculiar “instrumentación”, ya parece vaticinar la marcha jubilosa de un pueblo hacia su libertad.

Hay muchos vídeos realizados con esta gran canción, incluso alguna que otra versión. Pero quiero cerrar con esta interpretación que se hizo al final del programa homenaje a Zeca en la Televisión Galega, terminando con todos los participantes del evento cantando a coro “Grândola, vila morena”, entre los que se cuentan Luis Pastor y Benedicto. Lo pongo porque, seguramente, desde 1980, ésta sea la primera ocasión en la que Benedicto se sube a un escenario a cantar:

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Quilapayún’s “Companion President”


quila2 Quilapayún is the great songwriter and folk group from Chile. The group was founded in 1965 by Julio Numhauser, Eduardo and Julio Carrasco: for that the name of the group: Quilapayún, that means "three beards" ("quila"= three; "payún"= beard) on mapuche’s language. The group was one of the standards of the Nueva Canción Chilena, under the direction of great Víctor Jara. On the group there were many members, as Patricio Castillo (another great songwriter from Chile). Some of their records are Quilapayún (1965), Por Vietnam -For Vietnam- (1968), Cantata de Santa María de Iquique -Ballad of Saint Mary of Iquique- (1970, one of their best), Basta -Enough! (1969) or El pueblo unido jamás será vencido (The people united will never be defeated) (1975) and many others, because the group is still in active. In 1973, standing in Paris, Pinochet’s bloody coup d’etat happens, so they, members and suporters of Salvador Allende’s Unidad Popular (People Union), were forced to a large exile. Precisely, on the first years of the exile, they recorded, with Segio Ortega’s music, this song.

This song is an homage to the President of Chile Salvador Allende, killed savagely by the Pinochet’s soldiers during his coup d’etat, because he wanted a Chile in which all people could have the same oportunities:

Compañero presidente

Por tu vida cantaremos
por tu muerte una canción
cantaremos por tu sangrey1pJYHUqB9znAB0bB6E91h8Z-EL_qORi8IOUaEa2Nj3SxlLw1SZbwnY1yF2zsahaR0R
Compañero, Salvador.
Por tu vida Presidente
por tu muerte Compañero
nos dejaste tus banderas
Salvador de los obreros
Por las amplias alamedas
Compañero Presidente
volverá a marchar el pueblo
con su grito combatiente.
Por tu vida lucharemos
por tu muerte con valor
lucharemos por tu ejemplo
compañero, Salvador.
Que terminen los martirios
de tu tierra traicionada
que renazcan las espigas
de la patria liberada
La unidad del pueblo entero
es la fuerza libertaria
cumpliremos tu palabra
Salvador de la victoria
Vinieron los soldados
muerte en la población
se llevan al obrero
lo meten en prisión
Todos los campesinos
bajo el yugo del patrón
y los trabajadores
todos al paredón
El pan arrebatado
miseria y destrucción,
hambre, tortura, y grillos,
armas de la opresión
Contra el pueblo chileno
se ha alzado la traición
pero la venceremos
no habrá resignación.
En el alma minera
nace la insurrección
se alza su puño altivo
contra la represión
Por Chile venceremos
por su liberación
por una nueva patria
por la revolución.

Companion President

For your life we shall sing/ for your death a song/ we shall sing for your blood/ companion, Savador.// For your life president/ for your death companion/ you left us your flags/ Saviour (1) of the workers.// By the wide alamedas (2)/ partner president/ people shall march again/ with his fighter shout.// For your life we shall fight/ for your death with courage/ we shall fight for your example/ Salvador, partner.// May the martyrdoms get over/ in your betrayed land/ may be born again the ears/ of the released land.// The unity of the whole people/ is the libertarian strenght/ we will deliver your word/ Salvador (1) of the victory.// The soldiers came/ death on the population/ they took the worker/ they put him in prison.// All the peasants/ under the landlord’s yoke/ and all the workers/ to the wall.// The snatched bread/ misery and destruction/ hunger, torture and fetters,/ guns of the opression.// Against the Chilean People/ the treason has risen/ but we shall defeat it/ there won’t be resignation.// In the miner soul/ borns the insurrection/ its haughty fist rises/ against represion.// For Chile we shall overcome/ for its liberation/ for a new homeland/ for the revolution.

Eduardo Carrasco-Quilapayún

(1) Untraslatable game of words: “salvador” –saviour- is also a proper name in Spanish.

(2) A reference to the last Allende’s discourse: a retoric figure that means “freedom”.

Quilapayún and Sergio Ortega’s “The people united will never be defeated”


quila2 Quilapayún is the great songwriter and folk group from Chile. The group was founded in 1965 by Julio Numhauser, Eduardo and Julio Carrasco: for that the name of the group: Quilapayún, that means "three beards" ("quila"= three; "payún"= beard) on mapuche’s language. The group was one of the standards of the Nueva Canción Chilena, under the direction of great Víctor Jara. On the group there were many members, as Patricio Castillo (another great songwriter from Chile). Some of their records are Quilapayún (1965), Por Vietnam -For Vietnam- (1968), Cantata de Santa María de Iquique -Ballad of Saint Mary of Iquique- (1970, one of their best), Basta -Enough! (1969) or El pueblo unido jamás será vencido (The people united will never be defeated) (1975) and many others, because the group is still in active. In 1973, standing in Paris, Pinochet’s bloody coup d’etat happens, so they, members and suporters of Salvador Allende’s Unidad Popular (People Union), were forced to a large exile. Precisely, on the first years of the exile, they recorded, with Segio Ortega’s music, this song.

 

ortega70 Sergio Ortega (Antofagasta, 1938-París, 2003) was an important Chilean musician and composer. Ortega was member of the Chilean Communist Party, and compossed the anthem of Allende’s party. He was an important figure in Chilean New Song, making songs to singer and groups as Quilapayún or Inti-Illimani. Since 1973, after Pinochet’s coup d’etat, he lived in France till his dead.

"El pueblo unido jamás será vencido" is a song compossed by Ortega and with Quilapayún’s word, based on the famous shout of struggle from all the Spanish-speaking world. Was compossed during the most intense years of Allende’s chairmanship, 1973, when Chilean rich men and church was making a boycot to gobernment, and groups of extreme-right wing were bombing. After Pinochet’s coup d’etat and during the cruel dictatorship, the song became in an anthem of the resistance. The song was recorded by many Chilean songwriters and groups, as Inti-Illimani (1974), Isabel Parra and Patricio Castillo, and, of course, by Quilapayún, that also took the title as the name of their record of 1975. Since then, the song became in an anthem there where are opression: so, in Spain was versioned by the folk group Nuestro Pequeño Mundo -Our Little World-, under the name of Coro Popular Jabalón (Jabalón People Chorus), and in Portugal, was Luis Cilia who translated the song to Portuguese.

 

El pueblo unido jamás será vencido

El pueblo unido, jamás será vencido,Quilapayun.ElPueblo...
El pueblo unido jamás será vencido…
De pie, cantar
Que vamos a triunfar.
Avanzan ya
Banderas de unidad.
Y tú vendrás
Marchando junto a mí
Y así verás
Tu canto y tu bandera florecer,
La luz
De un rojo amanecer
Anuncia ya
La vida que vendrá.
De pie, luchar
El pueblo va a triunfar.
Será mejor
La vida que vendrá
A conquistar
Nuestra felicidad
Y en un clamor
Mil voces de combate se alzarán
Dirán
Canción de libertad
Con decisión
La patria vencerá.
Y ahora el pueblo
Que se alza en la lucha
Con voz de gigante
Gritando: ¡adelante!
El pueblo unido, jamás será vencido,
El pueblo unido jamás será vencido…
La patria está
Forjando la unidad
De norte a sur
Se movilizará
Desde el salar
Ardiente y mineral
Al bosque austral
Unidos en la lucha y el trabajo
Irán
La patria cubrirán,
Su paso ya
Anuncia el porvenir.
De pie, cantar
El pueblo va a triunfar
Millones ya,
Imponen la verdad,
De acero son
Ardiente batallón
Sus manos van
Llevando la justicia y la razón
Mujer
Con fuego y con valor
Ya estás aquí
Junto al trabajador.

 The people united will never be defeated

The people united will never be defeated,/ The people united will never be defeated…// Arise, sing/ We are going to win./ Flags of unity/ are now advancing./ And you will come/ marching together with me,/ and so you’ll see/ your song and your flag blossom./ The light/ of a red dawn/ already announces/ the life to come.// Arise, fight/ the people are going to win./ The life to come/ will be better./ To conquer/ our happiness./ and a clamor/ of a thousand fighting voices will rise,/ speaking/ a song of freedom./ With determination/ the fatherland will win.// And now the people,/ who are rising in struggle/ with a giant voice/ crying out: Forward!// The people united will never be defeated,/ The people united will never be defeated…// The fatherland is/ forging unity,/ from north to south/ they’re mobilizing./ From the salt mines/ burning and mineral/ to the southern forests./ united in struggle and labor/ They go/ covering the fatherland./ Their steps already/ Announce the future.// Arise, sing/ the people are going to win/ millions now/ are imposing the truth/ Their steel battalions/ are on fire,/ taking in their hands/ justice and reason./ Woman/ with fire and courage/ is already here/ Along side the worker.

Music by Sergio Ortega

Words by Quilapayún

Translation from marxists.org

Quilapayún’s web page: http://www.quilapayun.com/

About Sergio Ortega

Historia de la canción de autor: el folk, la tradición musical y los cantautores



Aunque ya dijimos que, en principio, la canción de autor no tenía un estilo musical propio, como sí lo tienen el rock, el country, etc., sino que se manifestó, de manera más o menos general, en muchos estilos de música, sí podemos denominar a cierto estilo de música como música propia de los cantautores españoles. Aunque también hay un importante número de cantautores que se expresaron musicalmente a través de la psicodelia y del rock progresivo, si hay un estilo que la canción de autor puede reclamar como propio, ese es el folk, más concretamente, el folk hispano. 

Cuando hablamos de folk tenemos que aclarar, en primer lugar, que no nos referimos al folk-rock o folk-pop que usaron Aguaviva o Almas Humildes; en segundo lugar, tampoco son, propiamente dicho, las versiones e interpretaciones del folk norteamericano, aunque ayudaron a configurar el folk español; y, en último lugar, distinguir entre folk y música de raíz (incluido el flamenco), aunque hablaremos de ellas dos: la música de raíz es la mera interpretación de una melodía tradicional o popular, aunque se le pueda cambiar la letra e incluso añadir instrumentación más moderna o, al menos, no registrada en los modos de interpretación hasta entonces usados (por ejemplo, un contrabajo o un cello en una jota); el folk, aunque bebe de la música de raíz, no se agota en ella, podríamos decir, y agrega nuevos elementos a la canción y a la música. La diferencia básica esencial es que la música de raíz se dedica simplemente a la interpretación del tema y el folk lo re-interpreta, permitiendo además la creación de nuevos temas en ese estilo de música (aunque nunca se reconocerá como popular, estrictamente, al estar ya firmado). Pero, ¿por qué decimos que el folk es el estilo más propio?

Durante la mitad de los 60, los cantautores se servían de diversas músicas, siendo las más populares las del estilo “balada italiana”, chanson francesa, canción latinoamericana, folk rock, folk norteamericano y canción portuguesa, algunas con más tirón comercial que otras. Con los precedentes de la Euskal Kanta Berria, Joaquín Díaz, Nuestro Pequeño Mundo (foto), el Nuevo Flamenco, los grupos folk castellanos y canarios, los cantautores andaluces aglutinados en torno a Manifiesto Canción del Sur, El Grup de Folk y algunos de los temas costumbristas de Víctor Manuel, ante las puertas de los 70 y a mediados de estos surgen nuevos cantautores como Labordeta, Pablo Guerrero o Imanol (aunque éste sea más inaccesible para el público normal y corriente al estar prohibido) y grupos de folk de toda región, lengua y, por ende, estilos: desde los andaluces Jarcha, pasando por los aragoneses La Bullonera, hasta los vascos Oskorri o los gallegos Fuxan os Ventos; estos nuevos enseñan a aquellos cantautores anteriores que habían despreciado, total o parcial, directa o indirectamente, el folklore de su tierra, y, en algunos casos, como en el de Voces Ceibes, se produjo una reconciliación que resultó a todas luces beneficiosa. Es en ese momento, sin que esto sirva de ninguna manera de desprecio hacia las otras formas musicales, cuando la canción de autor encuentra su expresión musical más autóctona y propia. Pero remontémonos al principio.

Por simplificar las cosas al máximo, podemos dividir a los primeros cantautores en folklóricos (en el sentido de investigadores e interpretadores del folklore) y no folklóricos: Setze Jutges, Voces Ceibes, parte del colectivo Canción del Pueblo, etc. Estos últimos, por lo general, y en diversos grados de intensidad, llegando a veces incluso al desprecio, rehusaban utilizar el folklore como instrumento musical para sus letras por una razón política y social: el uso que el franquismo hizo de las manifestaciones folklóricas de todas las regiones, a través del grupo de Coros y danzas de la Sección Femenina de Falange, para, según ellos, a través de la diversidad de sus regiones, afianzar la absoluta y sagrada unidad de España. Esto no suponía un rechazo de plano, por así decirlo, en muchos casos, pero entonces hacer música folklórica no era lo más progresista en España. En otros casos, el amor a la tierra y a su música, y a la investigación etnológica, vencieron a la ideología para poder reclamar lo que por derecho les pertenecía.
No obstante, los cantautores folklóricos descubrieron un pequeño tesoro dentro de lo que era el gran tesoro del legado musical: la gran libertad a la hora de cantar que proporcionaba un tema. Curiosamente muchos descubrieron quejas más radicales (de raíz) y sinceras en los cantos antiguos que en las escuelas y universidades gracias a la Magna Antología de la Música Tradicional Española del profesor García Matos, colaborador de la Sección Femenina y etnólogo admirable, que recogía un gran número de canciones de todas las regiones de España (según estaban conformadas entonces); descubrieron que no necesitaban recurrir a textos propios o a poetas prohibidos, todo lo que necesitaban saber y decir estaba ahí: en el “Atzo tun tun”, en unas “Jotas de estilo” aragonesas que resultan tener una sátira feminista, en los versos “Tengo la mano pesada,/ que parece de madera./ Si yo fuera señorita/ más ligera la tuviera” de una jota a lo ligero cántabra… Y un largo etcétera. De manera que, al alegar que eran canciones tradicionales, la censura se veía impotente para prohibir algo que por otro lado estaban, no solo autorizando, sino promocionando. De ahí a la imitación literaria sólo había un paso.
Subyacía a este hacer también una ideología político-estética enraizada en el inmortal Antonio Machado y sus ideas, plasmadas tanto en verso como en prosa, acerca del saber inmemorial del pueblo y su ensalzamiento a lo largo de toda su obra frente al clasismo de algunos “señoritos” guardianes de la intelectualidad y despreciadores de lo popular y proletario por considerarlo de baja calidad artística.

En primer lugar, por orden de antigüedad, podemos citar a los cantaores del Nuevo Flamenco: Enrique Morente, José Menese, Manuel Gerena, “el Lebrijano“, “el Cabrero”, etc. Estos cantaores decidieron recuperar el cante hondo de las garras de los señoritos, que lo usaban para su solaz y recreo, para, explotando la vena más rebelde e insumisa del flamenco y sus distintos palos, devolvérselo al pueblo. Utilizando los cantes tradicionales con nuevas letras propias o de poetas estigmatizados como non-gratos (Hernández, Lorca), resucitaron el viejo arte de la queja gitana y andaluza, el grito desgarrado y desgarrador del sur. De esta manera, también al ser apartados a la fuerza de los certámenes oficiales, estos cantaores consiguieron arrancar el cante hondo del llamado nacional-flamenquismo, que tanto daño estaba haciendo al folklore, muy especialmente al andaluz. Casi al mismo tiempo, el movimiento surgido alrededor del poeta Juan de Loxa, Manifiesto Canción del Sur, formado entre otros por Carlos Cano, Benito Moreno y Antonio Mata, reclamaban como propia la copla, un estilo bastante dañado por el nacional-flamenquismo.
En Castilla, mientras tanto, al amparo del maestro Agapito Marazuela, etnólogo y dulzainero segoviano, surgía un nuevo e interesante movimiento de recuperación y restauración del patrimonio folklórico castellano. Joaquín Díaz fue la cabeza clara y visible de este movimiento. Díaz no hacía ningún tipo de discurso político o subversivo en sus canciones, limitándose a la interpretación de temas tradicionales castellanos. Suya es, por ejemplo, esta interpretación de un villancico del Día de Reyes de Castilla, en la que primero podemos oír la versión “original” en boca de un cantor anónimo:


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Esta aparente carencia inicial de contenido político o social, por una parte, y por otra la tradicionalidad de sus temas, hicieron que injustamente cayera sobre él el san-benito de reaccionario. No obstante, con el tiempo, Joaquín Díaz, con intereses medio etnólogicos-antroplógicos, medio políticos, grabaría temas como canciones republicanas de la guerra civil y canciones liberales de la guerra de independencia y constitucional. A pesar de todo, la mayoría no duda en señalar a Joaquín Díaz como el padre de algo que se podía comenzar a llamar folk español, o, al menos, en su caso, castellano.
Unida a la figura de Díaz apareció la del grupo de folk Nuestro Pequeño Mundo. Este conjunto no fue, en realidad, un conjunto de temas originales. En sus comienzos mezclaban en sus discos temas tradicionales españoles de diversas regiones con los temas del folk y de los cantautores norteamericanos; más tarde pasaron a hacer versiones de los temas de algunos de sus contemporáneos, como Llach, Celdrán, Pablo Guerrero, etc. Bajo estos ejemplos, tutelados por Marazuela, aparecerían en Castilla grupos de folk como Nuevo Mester de Juglaría, Jubal, Carcoma o Vino Tinto.
En Cataluña lo que diferenciaba a los dos grandes colectivos, Setze Jutges y Grup de Folk, en esencia, era la música. No obstante, aunque reconocida la animadversión que los Jutges sentían por el folklore catalán en particular, dos de sus miembros, Josep Maria Espinàs -uno de los fundadores- y Joan Manuel Serrat, sacaron ambos sendos discos en el que recopilaban algunas canciones tradicionales catalanas, ambos bajo el nombre de Cançons tradicionals. Pero la gran labor, evidentemente, la realizaron el Grup de Folk, alternando temas del folk norteamericano, de Dylan  Seeger, con temas tradicionales catalanes, pero también de otros sitios de España (canciones cántabras) o de fuera (canciones latinoamericanas, algunas de Atahualpa Yupanqui, irlandesas, suizas…), especialmente con la gran incorporación de María del Mar Bonet y Marina Rossell, que supieron poner los llamados Países Catalanes en el mapa de la música mediterránea.
En Euskal-Herria, más propiamente en el País Vasco, la tradición musical euskaldun había sufrido la misma manipulación que el resto del folklore del país, pero con una diferencia, que yo achaco al espíritu vasco: por mucho que el régimen insistiese en usar los cancioneros vascos para la cohesión y unidad de España, el vasco siempre tendrá esta tradición como suya y de nadie más. Por ese motivo, además de la belleza del folklore euskaldun, desde los comienzos el colectivo Ez dok Amairu utiliza su cancionero renovándolo y reciclándolo.
En las Islas Canarias, el primer gran grupo de folklore canario son Los Sabandeños, comandados por Elfidio Alonso y concebidos en principio como una ronda estudiantil (o estudiantina); mezclaban el folklore canario con el folklore latino-americano importado vía Atahualpa Yupanqui. Tras ellos surgirían nuevas formaciones similares como Chincanarios o Verode, además de cantautores como Caco Senante. Mientras que el folk del resto de regiones tenía un carácter nacionalista o regionalista soterrado, el folklore canario casi desde el princio es marcadamente regionalista.

Es de notar que, exceptuando a El Grup de Folk y a los cantautores vascos, el folklore surgió como medio de protesta y reivindicación muy tempranamente en aquellas regiones que sólo tenían una lengua como forma de expresión, el castellano, por lo que era necesario para cada región buscar una nota diferenciadora que le permitiera utilizarla como medio de expresión autóctono de una pretensión de reivindicación histórica de lo que más tarde dio en llamarse nacionalidades históricas, aunque al principio ese espíritu estuviera soterrado por necesidad.
A finales de los 60, con el ejemplo de los folksingers americanos como Seeger, Guthrie o Dylan, de los cantores portugueses liderados espiritualmente por José Afonso, y de los cantautores latinoamericanos más consagrados como Atahualpa y Violeta, pero también de nuevos como Víctor Jara o Quilapayún (que influyeron bastante en el hacer de Sabandeños), muchos comienzan a usar las bases de la música tradicional como vehículo para diversas protestas y reivindicaciones.
Además de los nombrados aquí arriba, hubo un importante precedente de aproximar temas rurales costumbristas, con olor a raíz de música tradicional en el cantautor asturiano Víctor Manuel, el cual comenzó como una especie de cantante de temas costumbristas asturianos alcanzando un éxito importante, aunque derivara más hacia un estilo pop baladístico muy en boga entonces. No obstante, la raíz asturiana en su música siempre estuvo presente, acercando al gran público el gusto por los temas rurales realistas, alejados del ideal falangista, y preparando el camino a otros cantautores que bebían directamente de la música popular de su tierra, de la cual tenían que hablar. Entre ellos encontramos al extremeño Pablo Guerrero y al aragonés José Antonio Labordeta, entre otros (otros cantantes aragoneses importantes son Tomás Bosque y Joaquín Carbonell), ambos con un estilo muy parecido, con la única diferencia en lo regional, tanto en las letras como en el tipo de fuentes musicales, aunque Pablo Guerrero, poco después de sus primeros temas como “Amapolas y espigas” o “Son hombres que se mueren sin haber visto nunca el mar” derivara hacia un estilo más norteamericano en su hacer. Por su lado, Elisa Serna, miembro de Canción del Pueblo, descubría sus raíces musicales castellanas al tiempo que era la primera músico en hacer algo en España que se pueda considerar música fusión. Mención especial merecen también cantantes como Ismael y Eliseo Parra, una especie de aventurero musical que ha interpretado todo estilo conocido, abarcando su repertorio desde las folías canarias hasta los arin-arin vascos.

Los últimos 60 cierran el interés antroplógico en la música folk para pasar al interés político, muy especialemente regionalista. Los comuneros, el mítico álbum que Nuevo Mester de Juglaría realizaron en base al poema de Luis López Álvarez, abre la temática regionalista en la música folk y la canción de autor. Otros dos grandes álbumes de la nueva década encabezarán los ejemplos de música de raíz con intenciones reivindicativas: La cantata del Mencey loco de Sabandeños, y Quan el mal ve d’Almansa del conjunto valenciano Al Tall, sin despreciar, por supuesto, trabajos menos conocidos como Andalucía 40 años de José Menese o El anarquismo andaluz de Luis Marín. Bajo estos nuevos auspicios, surgen en todas las regiones cantautores y grupos con las mismas preocupaciones y motivaciones que usaban como arma una música nueva basada en las viejas tradiciones musicales: de Asturias Nuberu; de La Rioja, Carmen, Jesús e Iñaki; de Aragón, La Bullonera y Boira; de Valencia Al Tall; de Castilla, La Fanega; Jarcha desde Andalucía… En Galicia surgen nuevos cantautores como Luis Emilio Batallán o Emilio Cao, y grupos de folk como Fuxan os Ventos o O Carro; estos arrastrarán a los miembros de Voces Ceibes al reencuentro con sus raíces musicales, aunque la inclusión de Bibiano Morón en el colectivo y el descubrimiento del gran José Afonso, ya les había encauzado hacia ese camino. Y, por su parte, desde el País Vasco, el grupo que renovó totalmente el folk: Oskorri. Es de notar que, a parte de la situación especial que sufrían todas las regiones de España, estos grupos surgen casi a la vez que los grupos de folk de distintos lugares de Europa, más o menos nacionalistas, como los bretones Gwendal, y otros más o menos progresivos en la música, como los británicos Jethro Tull, por lo que no es totalmente un caso aislado, mas que por las características históricas y sociales del país.

Pero el folk no servía sólo para reivindicar la identidad nacional histórica de una región determinada y concreta. El folk se descubrió, dentro del mundo de la canción de autor, como un arma eficacísima en la lucha ecologista frente a la creciente nuclearización del país, en la protesta del mundo rural (especialmente debido a eso que llamaron abandono rural, que era más el abandono del mundo rural por parte de las autoridades que por parte de los aldeanos), en la cual se podrían encuadrar problemas y reivindicaciones clásicas (caciquismo, excesiva clericalización del medio rural…) y en la defensa del patrimonio histórico, aunque esté atado de alguna manera muy fuerte al ecologismo.

Como he dicho, la razón de todo esto, en la mayoría de los casos, es que el resto de estilos era importado de algún lugar, mientras que el estilo folk utilizando la música autóctona de cada región era lo propio de la cultura de estos cantantes.
Por otro lado, es cuanto menos curioso que muchos comenzaran a cantar y a tocar melodías basadas en la música popular de su tierra y que tuvieran un éxito considerable, mientras que ocurrían dos cosas: por un lado, el desprecio hacia ciertas formas tradicionales por parte de una juventud que, fuera por ideologías, fuera por frivolidades, buscaba la modernidad musical en los elucubrantes ritmos anglo-sajones y norteamericanos; y, por otro lado, se estuviese produciendo todo aquel éxodo de gente hacia las ciudades o hacia el extranjero, porque el campo no daba para comer, muy especialmente gente joven que no encontraba futuro en el pueblo. Pero ahí es donde reside su razón de ser y su lógica: en la reivindicación de las raíces, en el no olvidar quién se era y de dónde se venía, y en la protección de zonas muy abandonadas por culpa del desarrollismo industrial y tecnológico de los tecnócratas del Opus Dei.

Todos estos grupos y cantantes cosecharon un éxito importante, tanto a nivel ideológico como musical. No obstante, a medida que se aproximaban los 80 y hasta los 90, una nueva remesa de grupos viene a sustituir a estos: menos preocupados en ideologías y políticas y más concentrados en la música, aparecen grupos como Milladoiro, Ronda de Boltaña, Alboka, Babia, así como diversos grupos encabezados por Eduardo Paniagua para la interpretación del gigantesco legado musical medieval. Tampoco podríamos dejar de recordar a un grupo folk muy importante de finales de los 70 como eran y son Suburbano: nacidos en el barrio popular madrileño de Vallecas, encabezados por Bernardo Fuster (recién regresado de sus andanzas por Alemania, en donde había grabado dos LPs bajo el pseudónimo de Pedro Faura) y por el músico Luis Mendo, Suburbano fue el creador de algo que se puede llamar folk urbano (si existe el rock rural, ¿por qué no el folk urbano?); su música abarcaba desde el folk de inspiración galaico hasta el flamenco y la rumba catalana.

No hay que dudar en absoluto que toda esta remesa de cantantes, músicos y conjuntos, contribuyeron a restituir la dignidad secuestrada por el régimen a la tradición musical de todas parte y rescatarla. De hecho, muchos, como el gran iniciador del folk, Joaquín Díaz, se dedicaron más tarde o más temprano, al estudio de la música tradicional.

Para una información más amplia, lee aquí mismo nuestra Historia del folk español

A modo de Epílogo


Con el alma llena de banderas


El asesinato de Víctor Jara levantó las iras de todo el mundo. Los compañeros de profesión, de toda nación y lengua, le dedicaron sus más encendidos versos: algunos de denuncia, otros de amistad, otros de venganza, o todo a la vez.
Quilapayún, en el primer disco que sacaron tras el golpe de estado, decidieron homenajear a su amigo versionando su canción "El alma llena de banderas", un canto que Víctor había dedicado al "Che". Sergio Ortega dejó el texto íntegro, pero para remarcar el sentido de homenaje a Víctor y la denuncia al golpe de estado, hizo una pequeña variación, cambiando el sentido de la canción: allí donde Víctor decía "el que quemó tus alas al volar/ no apagará el fuego de los pobres", Ortega, simplemente eliminó ese "no":

(Con) El alma llena de banderas

Ahí, debajo de la tierra,
no estas dormido, hermano, compañero.
Tu corazón oye brotar la primavera
que, como tú, soplando irán los vientos.

Ahí enterrado cara al sol,
la nueva tierra cubre tu semilla,
la raíz profunda se hundirá
y nacerá la flor del nuevo día.

A tus pies heridos llegarán,
las manos del humilde, llegarán
sembrando.
Tu muerte muchas vidas traerá,
y hacia donde tu ibas, marcharán,
cantando.

Allí donde se oculta el criminal
tu nombre brinda al rico muchos nombres.
El que quemó tus alas al volar
no apagará el fuego de los pobres.

Aquí hermano, aquí sobre la tierra,
el alma se nos llena de banderas
que avanzan,
contra el miedo,
avanzan,
venceremos.

Víctor Jara

Compañero Víctor Jara


Víctor Jara fue uno de los más prometedores y mejores valores de la llamada Nueva Canción Chile; era el preferido de mucha gente alrededor de todo el mundo: en Estados Unidos, en Japón, en Francia, en Alemania, y, entre otros sitios más, además de los distintos países sudamericanos, en España. Aunque es cierto que su injusto asesinato le rodeó de un halo romántico, es más cierto que Víctor ya era conocido, y reconocido como estandarte de la canción solidaria, en todo el mundo. Sucede con él lo mismo que ocurrió con Federico García Lorca, o incluso Sacco y Vanzetti: no es ni más ni menos que cualquier otro represaliado, pero, al ser una persona conocida, admirada y respetada, en su muerte queda reflejada la muerte de todos aquellos que murieron por la esquizofrenia de los reaccionarios y por la ambición de los poderosos.
La carrera de Víctor Jara es bastante profusa: además de música, también dirigió teatro, Bertold Brecht especialmente, y escribió algún que otro libro de poesía. En música, además de en solitario, fue parte como director musical e ideólogo de grupos como Quilapayún. Las letras de sus canciones podían ser de lo más variopinto, ir desde la letra más romántica hasta el compromiso más político, inspirado por la matriarca de la canción chilena, Violeta Parra, con cuyos hijos, Ángel e Isabel, compartió escenarios.
Al igual que toda esta generación de cantantes, Víctor hizo actuaciones en apoyo del partido Unidad Popular, de Salvador Allende, para quienes además escribió, junto a Sergio Ortega, una versión del himno "Venceremos" para las elecciones de 1970. Tras la victoria de la coalición, Víctor, como todos sus compañeros, celebraron el triunfo de las elecciones de 1970, y alabaron las profundas transformaciones sociales que el presidente Allende llevó a cabo. Así mismo, denunció como mejor sabía, con su guitarra y su voz, las presiones de la burguesía, el ejército y la iglesia para desestabilizar el país mediante boicots económicos e incluso atentados terroristas. Víctor, Isabel y Ángel Parra, Inti-Illimani, Quilapayún, Patricio Manns, Patricio Castillo y otros, junto a escritores como Pablo Neruda, eran el apoyo intelectual del gobierno de Allende, lo cual les ponía en una situación de compromiso y responsabilidad, de cara a Chile y al exterior: realmente, por lo menos ante ciertos países democráticos, no pudo encontrar Salvador mejores embajadores que los integrantes de la Nueva Canción Chilena.
El golpe de estado de Pinochet sorprende a Víctor cuando iba a dar un recital en la Universidad Técnica, pero no cantó desde el escenario, sino entre los estudiantes, tratando de tranquilizarlos. En la madrugada del 12 de Septiembre, los soldados irrumpen con tremenda violencia en la universidad, después de un intenso tiroteo, y detienen a Víctor junto a otros estudiantes. Es conducido al estadio de Chile, precisamente donde años antes le habían aplaudido al ganar el concurso de la Canción Chilena. Allí es reconocido por el comandante Manrique, fascista empedernido, que "se lo pide" para él. Durante esos días tenebrosos, Víctor tendrá que soportar toda clase de torturas y humillaciones: el objetivo del comandante y sus esbirros es obvio: Víctor no les es útil para nada, sólo quieren dar escarmiento en él. Finalmente, debió morir el 17 de Septiembre: se descubrió su cuerpo cerca del cementerio, junto a una metralleta: los soldados ofrecieron la versión de que Víctor Jara les atacó.
(En este enlace podéis ver los acontecimientos con más detalle: http://www.patriagrande.net/chile/victor.jara/vjmuerte.html)
Víctor Jara no era un criminal, no era un político, sólo era un cantante, un poeta y un músico; pero su activismo le había convertido en un símbolo: los soldados le mataron porque no les gustaban sus canciones, no les gustaba lo que ahí se decía. Quisieron escarmentar a toda la población a través de su asesinato, y además difamarlo al intentar difundir la idea de que él los había atacado con fuego real.
La muerte de Víctor Jara, al igual que pasó con la de Lorca en el año 36, movió muchas conciencias, porque, además de la brutalidad del crimen, puso de sobreaviso a todos los cantautores del mundo de que habían contraído ciertas responsabilidades políticas, que eran tan vulnerables a la muerte por motivos políticos como cualquier otro, sólo por cantar. Pero no por eso se dejó de cantar, al contrario: se cantó, y más alto y más fuerte. En el año 77, en el Piamonte, se organizó un festival internacional de la canción en su memoria bajo el nombre I Festivale della Canzone Poplare "Víctor Jara": allí acudieron cantautores de todo el mundo; desde aquí llegaron Benedicto (que guarda un dulce recuerdo del acontecimiento: "A Víctor Jara") y Labordeta (que pudo ir tras pagar una multa por el tumulto que se armó tras un recital suyo) entre otros; y además vino desde las tierras de Norteamérica aquel hombre que siempre estaba dispuesto a ayudar, a denunciar la injusticia, a arrimar el hombro: Pete Seeger vino a cantar en homenaje de Víctor Jara, siendo su actuación la única que quedó registrada en disco.
La muerte de Víctor Jara no lo convirtió en un símbolo, porque él ya era un símbolo en su día, pero ante todo un hombre que podía morir, aunque también podía cantar, y cantar muy alto.


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