Posts Tagged ‘Quintín Cabrera’

3 días de canción de autor


Hoy los cantantes han recogido la vihuela de los trovadores
y han venido a liberar la poesía. A fuerza de música y de voces
–jóvenes y hermosas–, sacan a los poetas a la calle, y los sacan
más vivos, como resucitados –algunos– por la guitarra».
 

(Jesús López Pacheco.
Texto que acompañaba la edición del primer disco grabado
por Hilario Camacho en 1968)

En el coloquio, además de los alumnos y alumnas que participaronA lo largo de estos últimos tres días (que casi siguieron a los fastos de mi aniversario) asistí como alumno al seminario La palabra se hizo música, dentro de la programación de los Cursos de Verano de la UNED, bajo la coordinación del gran cantautor y técnico en cultura de la UNED Carlos de Abuín, dirigido por Álvaro Jarillo –Vicerrector de Estudiantes, Empleo y Cultura de la UNED– y conducido por mi primo Fernando González Lucini, pues ¿quién mejor que él para hablar de estos temas? Generalmente, cada género o estilo musical tiene a su especialista, y en este caso el género se honra en tener a Fernando, pero no sólo, como ya veremos.

Después de la inauguración, arrancó la presentación a cargo de Fernando: una introducción a su historia, una revisión a su génesis, sus figuras más representativas, las relaciones entre las diversas escuelas y movimientos, apoyado por documentos sonoros. Traía a colación cuatro textos importantes, algunos de ellos aparecidos en las reseñas que los mismos discos (EPs y LPs) llevaban consigo, pues la colaboración entre los cantautores y los poetas de aquellos días fue importantísima, de la mano de Blas de Otero, Gabriel Celaya, Jesús López Pacheco y José Agustín Goytisolo, que venían a ahondar en la relación entre poesía escrita y poesía hablada. Son palabras en las que estos grandísimos poetas, que a veces actuaron de padrinos, expresaban la urgente necesidad de llegar a esa inmensa mayoría de personas, muchas de ellas analfabetas, y que veían en la nueva canción popular un vehículo excelente y fundamental para, a pesar de todo, llegar hasta ellas.

Un guaperas: Antonio GómezLa segunda sesión contó con tres invitados de excepción: el catedrático de Historia Moderna de la UNED, Carlos Martínez Shaw, quien habló de la historia de la Nova Cançó; y otros dos primos míos: mi camarada el poeta Juan de Loxa, hablando de la historia de Manifiesto Canción del Sur (Carlos Cano, Antonio Mata, etc.) y del programa “Poesía 70”, y el compadre Antonio Gómez, que retrató los comienzos de los miembros de Canción del Pueblo. Había genialidad en el ambiente, sin duda, y gracias a una pregunta, Juan pudo desmentir un prejuicio muy difundido: los cantautores no vivían en un universo paralelo respecto a la música contemporánea; muy al contrario, la mayoría tenían unos gustos muy progresistas, y esto se puede observar en las producciones que llevaron a cabo Alberto Gambino, Gonzalo García Pelayo o el propio Antonio; no se hacía en España entonces nada más progresista fuera de la canción de autor, del rock progresivo y del rock urbano que, por ejemplo, los arreglos de “La miseria” de Carlos Cano; y aun a día de hoy a muchos os sorprendería conocer los gustos de algunos cantautores. Bastaría señalar que el mismísimo Enrique Morente declaraba ser fan del grupo Pearl Jam… ¡Ahí queda eso!

Este primer día acabó con la actuación de María Rozalén, a quien conocí el año pasado, y va camino de hacerse toda una estrella, y yo me alegro, pues cuando el año pasado la vi interpretar “La llorona” el llorón fui yo. Pero no pude quedarme, y decidí ir a por unas cañas con mis primos Juan y Antonio, que se vieron prorrogadas por una o dos más rondas durante las cuales no dejaban de caer las anécdotas interesantes y una discusión seria y profunda sobre el pasado, el presente y el futuro de la música popular.

Gila, agosto, 1974El segundo día se abrió con una interesante a cargo de Carlos de Abuín acerca de “la poÉtica” en la canción de autor, haciendo una interesante exposición genealógica sobre lo que a lo largo de la historia hasta nuestros días ha constituido la relación entre músicos y poetas (véase Beethoven, v. g.), por un lado, y la mirada crítica que músicos, cantantes y compositores echaron a su mundo y reflejaron en sus creaciones. Una forma de verlo que, no obstante y si se me permite, no me es en absoluto ajena: no en vano compartimos formación académica. Y de ahí y de la inconmensurable clasificación de Fernando de todas las canciones del género, desde su creación hasta el año 82, surge la pregunta: ¿se reducía a la política, a la canción protesta, todo este género? Por supuesto que no: no es necesario acudir a los libros de Fernando (aunque sí altamente recomendable) para verlo: incluso escuchando los discos más esenciales, los intérpretes más representativos, cualquiera puede darse perfecta cuenta de que las canciones con un mensaje meramente político son muy reducidas, de hecho, según la clasificación de Lucini, la relación en menor número de todas. Sin embargo, creí conveniente hacer una puntualización. Los términos “canción política” y “canción protesta” fueron desechadas desde muy pronto por los cantautores y sus defensores por dos razones fundamentales: la primera es que son términos muy reduccionistas que no abarcan toda la producción, y sin contar con ciertas clasificaciones mestizas (véase el poema de Benedetti “Si te quiero es porque somos”, un poema de amor y político a la vez); y, por otro lado, fue ese mismo reduccionismo el que llevó a cierta crítica hostil, más por razones ideológicas que culturales o artísticas, a lanzar un ataque basado en esto: esos “llorones” que tienen de todo, pues reflejaban sólo a aquellos que venían de familias de la clase media e insinuaban que todos tenían esta procedencia, y se quejan de las “excelencias” del sistema político-económico y social de este régimen del sol, la siesta y la fiesta (¡¡y no estoy exagerando muchas de las críticas que se lanzaron por parte de algunas de las plumas que se consideraban el súmmum del periodismo de entonces!!), que se olvidan que afuera hay un despiporre que no se puede aguantar, por no hablar del grado de libertad del que “gozamos” y que no tienen ni en la URSS ni en Cuba; muchos de los que ahora emplean indiscriminadamente el término sectario son, o los mismos, o descienden de aquellos que no podían ver la más mínima crítica al régimen, al sistema, sin echar espumarajos por la boca, vociferando con sus repugnantes ojos inyectados en sangre “¡¡Pues vete a Rusia (o a Cuba)!!”. Y la crítica podría acabar aquí si no fuera porque esos mismos señores defendían, o incluso financiaban, ciertas canciones que, de la manera contraria, también eran canciones políticas y hasta protesta: desde el “Soy minero” del gran Antonio Molina, hasta el “Que viva España” de Manolo Escobar (persona a la que respeto, no obstante), pasando por una especie de raimoniana canción del nacionalismo español que reivindicaba la soberanía española sobre Gibraltar, interpretada por un hombre conocido como José Luis y su Guitarra y al que, por lo visto, no se le recuerda por nada más; y ya sin mencionar ese espantoso engendro titulado “Españolear”, una canción sobre las excelencias climático-culturales de España que, en el colmo de su absurdo, afirmaba que los portugueses venían buscando el sol que en su país no tienen. Pero, ¡claro!, ya se sabe que la politización del arte es patrimonio de la izquierda.

Todo eso sucedió, y por esa razón se escapó de la definición “canción protesta” (que, no obstante, en Latinoamérica y en Estados Unidos, durante un tiempo, se enarbolaba con mucho orgullo). Realmente creo que nunca se empleó el término “canción política” en España, sobre todo porque pondría en un aprieto al que manifestara hacer tal tipo de canción, pues la política, digamos, pública, estaba prohibida. Pero, considerando lo que dijo Carlos sobre la malinterpretación que suele hacerse del hombre como zoón politikón (ζῷον πoλίτικoν) de Aristóteles, debido a su traducción errónea, de “animal político”; sería más correcto (y esto fue un puntazo de Carlos) “animal ciudadano”, pues “política”, en el griego antiguo, era una palabra empleada para definir todo asunto relacionado con la polis, la ciudad; de ahí que su traducción más exacta sería “animal ciudadano”. Pues, desde esta perspectiva, a mí el término “canción política” me gusta y creo que ahora podría ser reivindicado, pues eran canciones que, en todas sus temáticas, o al menos en la mayoría, reflejan no sólo ese entramado de relaciones de un tiempo y un lugar concreto, por las que un historiador avezado conseguiría dentro de cien años elaborar un retrato de la vida cotidiana y sentimental de un amplio espectro de la población de la sociedad de los años 60 y 70, sino que además se hace de una manera consciente, pero la mayor parte de las veces sin más ambición que la de conseguir un producto artístico. Pero ahora sí: no hay que avergonzarse en absoluto de haber hecho o escuchado algo que, en algún momento, haya podido considerarse canción protesta o política; entendamos que muchas de esas canciones nacen en un momento de urgencia, nacen con una finalidad concreta, y en todo esto no operó más que la libertad creadora del artista y lo que de su obra quería hacer. Total, que también reivindicaría el término “canción protesta”, ¿por qué no?… “Oiga, que esto que usted ha hecho es canción protesta”, “Pues sí, he hecho una canción protesta porque no tengo un modo mejor y más elegante de deciros que me tenéis hasta los cojones/ ovarios. Mañana les canto una de amor”. Es un prejuicio heredado de la manera conservadora de ver las cosas el identificar una manifestación artística-cultural con visos de política con una obra mala, y eso no es así necesariamente. ¿Que no hizo canción protesta Johnny Cash, Bob Marley, Peter Tosh, Simon & Garfunkel, Lightning Hopkins, los Rolling Stones, John Lennon y Bruce Springsteen? Y, sin embargo, son alabados por ello. Pero aquí los reaccionarios han comido terreno, de manera que hay algunos cantautores que, tímidamente, no tienen más remedio que bajar la cabecica, cruzar las piernas mientras dibujan círculos en el suelo, mientras dicen casi susurrando “No, si protesta no es…”. Así que, yo, la reivindicaría ahora, lo gritaría… Y si a alguien le molesta, será por algo.

Dicho lo cual, y después de un café con cigarrillos, pasamos a la segunda parte de esta segunda sesión. Visionamos el documental Cantautores, con la presencia de su realizadora Belén Molinero, que luego se sometió a las preguntas de los asistentes. Durante el visionado, Álvaro Jarillo nos somete a un juego, que consistió en escribir tres palabras conforme a lo que íbamos viendo: una en abstracto, otra en concreto, y otra, en un ejercicio de imaginación, qué pensaríamos si viéramos el mismo documental dentro de 50 años. Si os pica la curiosidad, esto es lo que yo puse: “poesía”, que no hace falta explicarlo; “calle”, porque veía muchas actuaciones, o rodajes, que habían tenido lugar en la calle o en una plaza: Pi de la Serra cantando totalmente relajado en la terraza de un bar “L’home del carrer”, Carlos Cano y Luis Pastor en plazas públicas, que es una cosa que en mí despierta ese sentimiento de que no fue ni populismo ni demagogia: realmente era algo muy popular, muy orientado a la población en general, y que la mayor parte de las veces no eran intérpretes inalcanzables subidos en tarimas y rodeados por guardias de seguridad contratados (bueno, se llegó a rodear el escenario por la policía en múltiples ocasiones, pero en cualquier caso era contra la voluntad del cantante y no necesariamente por su seguridad); y la tercera, algo cursi yo, “esperanza”, porque es lo mismo que siento ahora en la distancia: en el futuro habrá tiempos como éste, quizás, Dios no lo quiera, como entonces, pero eso, que ya es historia, toda esa resistencia cívica y pacífica, quedará en la memoria como ejemplo, como entonces tenían el ejemplo de la poesía de Miguel Hernández o de Lorca.

Juan de Loxa, muy guapo él a lo EngelsNos vamos a comer… Y a la vuelta nos encontramos a Juan de Loxa, que era el ponente de esta sesión, con su alegría, simpatía y espontaneidad, usurpando la clase de Fernando. El tema giraba en torno a la musicalización de la poesía, y el ejemplo que se traía era, estando Juan, el grupo Manifiesto Canción del Sur. Juan trajo grabaciones de su programa de radio “Poesía 70”, uno de ellos fue uno al que acudieron Los Chunguitos, y no sé si en parte no fui yo responsable de esto, pues el día anterior, en las cañas, mencioné, no recuerdo por qué, el cine kinki… ¡Quién sabe!

Más rarezas que vinieron de mano de Lucini, aunque una no lo es tanto: Sara Montiel cantando a Pablo Neruda antes que nadie, y Manolo Escobar, en televisión, cantando el “Andaluces de Jaén” de Miguel Hernández con la musicalización de Jarcha, pues le vendieron los derechos (aunque sospecho que sin contar para nada con la familia del poeta):

Yo, ante esto, voy a aplicar el principio árabe que reza que si no puedes decir algo más bello que el silencio, no digas nada, aunque la versión en la voz de don Manolo no desmerece (vuelvo a manifestar mi respeto hacia Escobar como persona y como artista honesto, aunque no me guste gran parte de lo que haya cantado).

La conclusión de esta sesión puede ser que hay dos formas de musicalizar un poema ajeno (o bien propio, pero que se haya hecho antes de la música): o crear un acompañamiento para el poema y una manera de buscarle una melodía que cuadre en su métrica, o reinterpretarlo totalmente. En este sentido, si tuviera que nombrar al que, para mi gusto, es el que mejor ha interpretado un poema en forma de música, ése sería, sin duda alguna, Adolfo Celdrán.

olga-manzano-presentimientosEl día finalizó con el tema “El canto emigrado de América Latina”, y se contó con la presencia excepcional de Olga Manzano, bella mujer que en aquellos años de la dura represión en Argentina (fijarse, dice Fernando, cómo sería Argentina en aquellos años para que, en comparación, España les pareciese casi un paraíso) se vino para acá con Manuel Picón, como tantos otros, formando el dúo Olga Manzano y Manuel Picón. Y es que, ciertamente, a finales de los 70, junto a otros exiliados, los cantautores de América Latina residentes en España, como ellos, Quintín Cabrera, el otro dúo argentino Claudina y Alberto Gambino, etc., formaron una comunidad bien avenida y en estrecha relación con los cantautores de aquí. Olga recuerda, y no sólo por eso de la nostalgia, con dulzura aquellos años en los que no sólo muchos españoles les dieron la bienvenida con los brazos abiertos, sino que personas que no conocían de nada les saludaban como gesto de cortesía; pero todo eso, un día, ya en tiempos de Felipe González, cambió: casi al mismo tiempo que el presidente del gobierno exigía silencio a la comunidad artística latinoamericana residente en España ante el debate de la permanencia de España en la OTAN, un palabro, hasta entonces inexistente, empezó a oírse por las calles españolas con desprecio cuando la gente de allá pasaba: “sudaca”, decían. Empezarían a usarlos unos cuantos descerebrados, y puede que al principio (como muchos creíamos en nuestra juventud) fuera un término neutro que algún macarrilla inventó sin ninguna connotación (como la palabra “negrata”, que también es muy fea y no debe utilizarse). Fue entonces cuando Olga Manzano, Manuel Picón, Rafael Amor y Claudina y Alberto Gambino hicieron el espectáculo titulado así, Sudaca, y que no pretendía más que, como Mario Benedetti escribía en su columna de El País, “‘Sudacas’ del mundo, uníos”, darle totalmente la vuelta a la palabra, de la misma manera que en América Latina el término gallego no necesariamente era despectivo, sino que, al contrario, se solía emplear con mucho cariño. Y acabamos con muy buen sabor de boca al reproducir una nueva versión del tema de Pablo Neruda “Tu risa”, mezclado con otro tema de Neruda “La carta en el camino”, arreglado por su hijo Nagot Picón, y cantado junto a ella por él mismo junto a su hermano Tabaré; incluido en el disco Presentimientos, el cual, por desgracia, no se puede encontrar en las tiendas porque debido a una quiebra todas las copias se entregaron a Olga y a Fernando (creo que podríais contactar con alguno de ellos para comprarles una copia, junto al último de Manuel Picón: http://www.olgamanzano.com/discografia-y-trabajos/). Me hubiera gustado ponerla aquí, pero no encuentro ninguna en el you-tube; quedaos con esta actuación en directo de Olga y Manuel:

El último día fue más corto. Paco Ortega, antiguo cantautor, compositor y productor, habló sobre la problemática de la industria discográfica; su charla fue muy constructiva, porque nos explicó cosas que, siendo ajenos a ese mundo, no sabemos o no entendemos, pero que siempre te hueles algo. Entre otras cosas, nos dejó muy clara la paradoja que se da en televisión de que los cantantes que hacen de jurado en estos concursos de talento (que detesta como artista y como productor) no pueden, a su vez, actuar en esa misma franja horaria; puso el ejemplo de si, por ejemplo, ahora se hiciera el “Lluvia de estrellas”, aquel programa en el que los participantes imitaban a cantantes: un hombre que imitara a Serrat podía cantar, pero Serrat en persona no, y no sólo por lo que el espíritu del programa representa. Intuyo que, por otro lado, sus opiniones sobre los derechos de autor y los programas P2P, pudieron levantar cierta incomodidad, pero imagino que fue, como en mi caso, porque todos lo hemos hecho alguna vez, pero con salvedades y matices; de todas maneras, de ninguna manera fue faltante su exposición, como estamos acostumbrados en muchas ocasiones (en ambos lados de la discusión): ya he dicho que éste es un tema bastante serio que, si dejáramos de lado a los charlatanes de ambos bandos, podría dar lugar a una discusión fructífera y a propuestas de consenso por ambos lados. Como ejemplo, él proponía crear un sistema de descargas de pago indirecto, que a mí me parece bastante bien. Por mi parte he de decir que sí: que me he descargado cosas para mi provecho; no tengo más defensa que ésta: gustosamente pagaría muchas cosas, pero ¡hay que ver cómo se clavan algunos con los precios! Claro está que no es un dinero que caiga en saco roto, que va a pagar los sueldos, no ya de gordas superestrellas de su género, si no de los músicos y los técnicos, y se me podrá decir que me espere a tener dinero. Aunque, por otro lado, recuerdo los tiempos en los que pagabas alrededor de 20 euros por un CD de no más de una hora de duración y que no sólo no contenía otra cosa que el CD en sí, sino que el paquete y la carátula eran de muy mala factura. No vale como excusa, pero siempre considero que lo que me bajo son pruebas, y que más adelante me compraré (si lo encuentro) el original. Pero eso sí: jamás se me ocurriría, más que descargarme by the face, sino colgarlo en un portal de descargas, el disco de alguien que está empezando y que se lo ha costeado de su bolsillo. Por otra parte, y en mi descargo, diré que la mayor parte de las cosas que me bajo son cosas difíciles de encontrar en España, ya sean productos hechos aquí hace tiempo, o ya sean cosas demasiado exóticas y que aquí no se encuentran porque se considera que no venderán. Tampoco es cuestión de hacerme sentir culpable, y en esto muchos me lo agradecerán: la mayor parte del material de canción de autor española que tengo es “ilegal”, a veces consentida, y a mucha honra; cosas que, de otra manera, no habría podido encontrar (¿y por qué será esto, todopoderosa SGAE?), y que aquí he reivindicado: ha habido gente que me ha dicho “¡la de tiempo que no oía esto!”, o “¡lo he estado buscando por todas partes!”, y muchos de sus autores me lo han agradecido (he de decir también que, si le conozco, le he preguntado a quien sea si estaba de acuerdo en que colgara su canción en you tube o en una cuenta para compartir: a día de hoy nadie se ha negado, todo lo contrario) y quizás algún día –ya me subo totalmente a la cima del ego de mis pelotas- esto consiga la reedición del disco más injustamente olvidado de la historia de la canción de autor. ¡Estaría bonito que los piratas acabemos haciendo el trabajo de la SGAE!

Maria RozalenLas sesiones en sí, terminaron con una mesa redonda que contó de nuevo con Paco Ortega, más tres de los más jóvenes y prometedores cantautores: Enrique Amigó (además, profesor de informática en la UNED), la bella Ángela Biedma, y Dani Fernán, que está por ahí con El pank de sus hijos bajo el brazo (El pank de mis hijos es su último e interesante trabajo, casi autogestionado, que es lo que queda); y también, si no cito mal, a Isabel Baeza, periodista y responsable junto a Carlos del programa de radio de la UNED “Heliótropo” (en homenaje al disco de las Vainica Doble). La conclusión a este debate, quizás, la exprese mucho mejor que yo, Fernando: “… que los creadores –jóvenes cantautores y cantautoras– tengan muy claro lo que quieren hacer, que trabajen y luchen por conseguirlo, y que lo hagan de forma coherente e ilusionada…”; fue, creo recordar, Dani Fernán quien dijo que todo eso dependerá de lo que cada uno quiera hacer con su carrera y su obra, si su meta es ser famoso y saborear las mieles del éxito, para lo cual tendría que aceptar todas y cada una de sus consecuencias (“no hay libertad sin cadenas”, decían Jarcha), o por el contrario, mantenerse en un circuito humilde, cantar para los amigos e invitados, pero, eso sí, trabajar como el que más éxito tenga. Creo que Dani tuvo bastante razón en su pensamiento, y todos preferimos al cantante humilde que al que va de estrella (aunque sea luego éste el que se lo lleve calentito), pero tampoco es tan fácil: multitud de factores intervienen en todo esto, sobre todo la suerte. Fernando le respondía con el caso de María Rozalén: el año pasado era conocida, pero no famosa; el disco que hizo (casi autogestionado también) cayó en las manos “adecuadas” y ahora la puedes ver de tanto en cuanto en televisión, ha cantado en la gala de los premios MAX de teatro, y hasta la ves anunciada en una cadena de televisión mientras ves “Mentes criminales”. Me alegro mucho porque considero que el éxito debería premiar siempre el talento, pero no puedo evitar el pensar que ahora llega lo más difícil: ella misma nos puso una relación de las críticas de los puto cuatro listos que en este país creen, porque otros así lo han decidido, saber de música; apuesto a que ahora más de uno de ellos se mata por hacer corrillo y pretender al círculo de parásitos que rodea a todo cantante con cierto éxito.

Momentos antes de iniciarse el concierto: Ángela Biedma, Enrique Amigó, Paco Ortega y Dani Fernán. Foto de Carlos de AbuínEl debate, aunque intenso, fue corto, en torno a la crisis de la industria discográfica (que, como señaló Paco Bello, precedió a la crisis económica), ya que  a continuación, y a modo de clausura, estos tres chicos tenían que subirse al escenario montado en la biblioteca del centro asociado Escuelas Pías, a cantar: la sátira inteligente de Amigó, el verso sensual de Ángela Biedma, y el gamberrismo poético de Dani dieron un dulce carpetazo a estas sesiones… Luego, nos fuimos de cañas, pero ésa es otra historia…

Poco más a añadir como conclusión que no haya dicho ya a lo largo del texto. Me redunda, no obstante, en la cabeza, muchas de las consideraciones de Fernando acerca del futuro del género y de su presente; en cierto sentido fueron más esclarecedoras las charlas en petit comité después de las sesiones que las charlas a este respecto. A Fernando le preocupa algo que, al modo de Julien Benda, podríamos llamar La traición de los cantautores, que consiste en lo siguiente: ha habido algunos, y no quiero que esto se entienda como un juicio de valor, ya que yo no sé ni quién ni por qué, que han abjurado del término ante la prensa, mientras que por otro lado le rogaban que no les tachara de su “lista”. Lo achaca a que el término cantautor, de nuevo, comenzó a tener connotaciones peyorativas (de eso y de mi visión del asunto ya he hablado arriba), y eso, a la hora de firmar los contratos discográficos, les perjudica. Pero ¡vaya por Dios!, que he aquí que se da el caso simultáneo y paradójico que, a la vez que el listopollas de turno se inventa, quemándose así dos neuronas vitales, el término “cansautor”, o que una tía que iba al programa del señor Sardá junto al calvo-mierda ése que escribe en El Mundo y que aquí está vetado, pretendía hacer un chiste con las portadas de los discos de los “cantautores de izquierda” (será por no hacer chistes de los humoristas sin gracia), o que el critiquillo de turno declara “estoy harto de la canción política que no aporta nada”, he aquí, digo, que, a la hora de vendernos al cantante que sea se le ha denominado cantautor, pero de la misma manera en que, como El Sueño de Morfeo mete una gaita en uno o dos temas te lo venden como folk-rock; gente, que por otra parte serán muy respetables en su estilo, como hacen sus propias canciones, son vendidas al público como cantautor, desdeñando las dimensiones que conforman el género (la dimensión poética, por ejemplo); pues ¿por qué tenemos que tragarnos que Alejandro Sanz sea un cantautor pero no Bruce Springsteen, porque si lo dices ya te dicen que no tienes ni idea de música (comercial)? ¿Por qué nos han venido vendiendo un conjunto de cantantes ñoños como cantautores mientras el mismo término se emplea como pedrada peyorativa contra los que sí lo son o lo fueron?

A pesar de esto, considero también que, por otro lado, deberíamos relajar la conceptualización, sobre todo a día de hoy cuando felizmente las fronteras entre los géneros y los estilos han caído. Pienso que, como deberíamos hacer con otros géneros, no deberíamos tender a la sacralización, que quizás haya sido la que pueda haber generado un cierto rechazo en gente que, por otro lado, no tiene en principio nada en su contra (ni ideológica ni artísticamente), de manera semejante a la que la profunda devoción por los Beatles y otros generó su rechazo por parte del punk-rock. Obviamente, el término “cantautor” no es un salvoconducto, como no lo es tampoco el de “músico de jazz” o “director de orquesta filarmónica”, que te salve de la cagada: los ha habido, los hay y los habrá geniales, normales, mediocres, malos y pésimos, como en todo género. Pienso que no hay que sacralizar, pero también, y esto puede ser un mensaje para los y las que en sus casas estén componiendo con sueños cantautoriles, el género no puede ser sin lo que es su marca distintiva: la dimensión poética. Uno podrá ser de la tendencia política que quiera, cantar sobre ello o no; podrá criticar la sociedad o no hacerlo; tal vez prefiera hacer una canción intimista, personal, que quiere compartir con el universo entero: todo eso está muy bien, y los límites de acerca de sobre lo que se quiera cantar se los fija uno mismo, y no se lo puede exigir nadie; pero a lo que no puede renunciar nadie que aspire a ser cantautor es a la poesía, al texto inteligente. Una canción que hable sobre la sociedad, sobre el amor, sobre los sentimientos, sin la dimensión poética o la lucidez del texto, será una canción, pero no una canción de autor. Junto a esto, la comunicación directa con el público es esencial: la canción de autor se ha inventado sobre el escenario, esto es así en gran parte; no me resisto a poner lo que vi, que no tiene que ver con esto pero guarda gran relación: un chico y una chica; el chico es ciego y ella muda; ella le guía de la mano mientras él le habla, y ella le responde con golpecitos de los dedos (en código Morse, imagino) en la muñeca: ¡pero fíjate que la comunicación siempre es posible!, ¡qué cosa más bonita! Siempre hay alguna manera de comunicar, y de cómo comunicarlo. Goya podía pintar contratado por los reyes de España, pero eso no impedía que, mientras a Floridablanca y a los ilustrados los pintaba rodeados de luz, con la mirada perdida en ideas y una sonrisa casi angelical, a Godoy y a Fernando VII los pintó rodeados de una tiniebla violenta y tenebrosa, con la boca torva y los ojos fijos en un objetivo concreto, con unas intenciones no muy sanas. ¡Hasta parece profetizar, en “La familia de Carlos IV”, las intenciones del pequeñuelo infante don Carlos, quien en su madurez se alzaría en armas contra su sobrina Isabel en la primera guerra carlista! Los cauces de la comunicación son infinitos.

No en balde la crítica a la sociedad no es patrimonio de la canción de autor, aunque sí su manera de hacerlo; y la canción de autor, contrario a la creencia popular, no es sólo el cantor y la guitarra (como se ve en la mayoría de los conciertos, lo cual forma parte de las peculiaridades del género): ha habido una riqueza musical impresionante en este campo; por ejemplo, el primer LP de Quico Pi de la Serra (1967) era un disco con música de jazz, y Quico cantando como un crooner. Ha sido la permeabilidad a otros estilos musicales lo que ha definido al género, y no al revés: es la flexibilidad lo que le casa y no la rigidez. Y si alguien dice lo contrario, o sabe poco o tiene intereses ocultos.

Otra cosa que le trae de cabeza a Fernando es el desconocimiento por parte de algunos de los cantautores más jóvenes hacia sus antecesores. Me confesaba que uno de ellos –no diré nombres-, ante la foto de Adolfo Celdrán, respondía con cierto desdén “¿Y quién es ése?”… ¿Os imagináis a un rockero que no sepa ni le interese saber quién fue Elvis Presley, o un grupo de rock sureño que desconozca a Lynyrd Skynyrd? Bien cierto es que, en honor a la verdad, tampoco la culpa es del todo suya, sino de esta ñoñería nostálgica que ha relegado lo mejor que se hizo en música (ya no sólo de canción de autor) durante tres décadas en favor de productos totalmente intrascendentes y prescindibles para elaborar un retrato de la historia cotidiana y popular. Pero eso sí, habrá que preguntar a alguno si no quiere ser cantautor para ligar: ahí tenía los libros de Fernando, de ahí he sacado yo todo eso (aunque él lo niegue): si hemos llegado a ese nivel en el que no dependemos de lo mascado que nos llega por la tele o por la radio, y aún así te permites hacer gala de tu ignorancia, ¿qué haces ahí? Pero, si a Fernando le sirve de consuelo, yo he visto a muchos de ellos oírle con la boca abierta, empaparse de historia y no sólo de anécdotas, y esforzándose para que el primer cantautor que les salga de la boca cuando les pregunten no sea –sólo porque es el más conocido, no por otra cosa en esta ocasión- Joaquín Sabina.

Querido Fernando: yo no creo que el género desaparezca, como no ha desaparecido ningún género musical; se transformará, como ya ha pasado. Vendrán días peores o mejores, pero no desaparecerá mientras alguien tenga algo que decir, algo que contar, ya sea con un violín al ritmo de los gitanos de los balcanes, o con una guitarra eléctrica desgranando el dolor cósmico, o, ¿por qué no?, de nuevo con una guitarra y un taburete. Podremos cerrar tu blog y el mío, pero lo que hemos dicho ahí ha quedado, y eso no nos lo quita ni Dios. Y si desapareciera, alguien volvería a empezar desde el comienzo, otra vez.

Anuncios

¿De qué se ríen?


Dedicado a los VERDADEROS TRABAJADORES de Telemadrid y canales afines

Patti Smith, encontrada en la marcha del 14N en MadridAyer, y en contra de mi voluntad, fui inducido en una viaje a través de los peores canales que actualmente pueblan la TDT: canales privados, y uno público, que analizaban la huelga y manifestación de ayer. Babosos engominados, que tratan de seguir al bien recompensado ministro Wert, esgrimían a capa y espada, bajo una espesa neblina casposa, los mismos o peores argumentos que el gobierno, exponiendo hechos aislados, informes dudosos, y una sarta de insultos de quienes pretenden parecer “despolitizados” al declarar que no piensan utilizar los términos “desfasados” en que se han declarado los sindicatos (esos malvados), como “clase obrera”, “proletariado” (claro que, al que le va bien, puede permitirse ciertos lujos; aunque bien pensado, mejor que no lo hicieran). La odisea a través de los medios de comunicación de los defensores de la banca acabó en el programa de el Gran Wyoming, que confieso que no quiero ver porque me hierve la sangre.

Yog-Sothoth: probable director de informativos de Tele-MordorEl amigo Wyoming, junto a Dani Mateo, daban vueltas a la última hazaña de ese mártir del neoliberalismo, Hermann Tertsch: la súper-estrella de Telemadrid, que grabó un día antes su editorial para el “Diario de la Noche” acerca de la huelga, vaticinando ya, como todo un Nostradamus, el fracaso de la huelga, para, ante la avalancha de críticas, defenderse, y ser defendido por su valiente escudera, diciendo que, aun así, su discurso puede mantenerse inalterable: es lo malo de ser un adorador de Yog-Sothoth, que acaba uno viviendo en dos universos paralelos simultáneamente. El caso es, que es a lo que vamos, que su valiente escudera, Ana Samboal, haciendo el excurso para defender a su “colega”, comienza declarando quién y quién no hizo huelga: presentadores, redactores, etc., no la hicieron; el equipo técnico (que, si no me equivoco, es algo así como el 90 % del equipo de producción, tirando por lo bajo), sí. La señora Samboal, mi mito erótico sado-maso, hace esta declaración con un cierto regusto repugnante, indicando al espectador quiénes son los buenos y quiénes los malos (la valoración de “buenos” y “malos” de la señora Samboal puede no adoptarse a nuestra escala moral), quiénes, de la realización del programa, tiene auténtica devoción a su trabajo, y quiénes son leales. Y me dio auténtica vergüenza, porque, además, es un asunto que me toca de una manera algo personal.

En primer lugar, la señora Samboal haría muy bien en bajar esos humos, sobre todo cuando quien permite que esté diciendo eso, es uno o varios de los del equipo técnico: el cámara, los de sonido, la maquilladora, la peluquera… Lo cual quiere decir que ella, por sí sola, y como queda demostrado en la huelga, no es absolutamente NADA sin ellos; nada más que un fundido a negro sin la colaboración de ese minusvalorado equipo técnico, que ya tiene bastante con los suyo. ¿Queréis una prueba? Pues aquí hay una de lo que valen las estrellitas mediáticas de Telemadrid por sí solas:

telemadrid-es-de-todosPorque ahora vamos con la segunda parte. No sólo por ser trabajadores y becarios que tenían razones para hacer a la huelga… Mientras Telemadrid despedía a la gente de ese equipo técnico tan despreciado por doña Samboal, el señor Tertsch, por sus irregulares intervenciones en ese “informativo”, en el que sucedió a otro que ya lo dejó elevado a la categoría de esperpento –nos referimos al sobrevalorado “intelectual” Fernando Sánchez Dragó, del que no creemos que estuviera haciendo un homenaje al teatro de Valle-Inclán- de 2 a 3 minutos, y a veces en estado de embriaguez (o eso nos parece), cobraba, en el año 2010, 562 euros del dinero público, y todo para decir mentiras, sandeces y gilipolleces: un espacio informativo utilizado para atacar a sus enemigos políticos. Y nos preguntamos ¿cuánto cobra actualmente? ¿Cuánto cobra cada una de esas mega-estrellas? (Fuente: http://www.salvemostelemadrid.es/tertsch-una-maquina-de-gastar/)

Por supuesto que este dúo de malos cómicos, y todos ellos, pueden darse el lujo de no ir a la huelga: al contrario que el equipo técnico, en el caso de que por esto o lo otro fueran despedidos, siempre tendrán un amigo, o el amigo de un amigo, o el inefable cuñado propio o ajeno, consejero o directivo de algún medio. Pero como todos estas cosas parecen hacerles gracia, preguntémosles: ¿De qué se ríen?

¿De qué se ríe?

(Seré curioso)

En una exacta
foto del diario
señor ministro
del imposible

vi en pleno gozo
y en plena euforia
y en plena risa
su rostro simple

seré curioso
señor ministro
de qué se ríe
de qué se ríe

de su ventana
se ve la playa
pero se ignoran
los cantegriles

tienen sus hijos
ojos de mando
pero otros tienen
mirada triste

aquí en la calle
suceden cosas
que ni siquiera
pueden decirse

los estudiantes
y los obreros
ponen los puntos
sobre las íes

por eso digo
señor ministro
de qué se ríe
de qué se ríe

usté conoce
mejor que nadie
la ley amarga
de estos países

ustedes duros
con nuestra gente
por qué con otros
son tan serviles

cómo traicionan
el patrimonio
mientras el gringo
nos cobra el triple

cómo traicionan
usté y los otros
los adulones
y los seniles

por eso digo
señor ministro
de qué se ríe
de qué se ríe

aquí en la calle
sus guardias matan
y los que mueren
son gente humilde

y los que quedan
llorando de rabia
seguro piensan
en el desquite

allá en la celda
sus hombres hacen
sufrir al hombre
y eso no sirve

después de todo
usté es el palo
mayor de un barco
que se va a pique

seré curioso
señor ministro
de qué se ríe
de qué se ríe.

http://www.poemas-del-alma.com/mario-benedetti-de-que-se-rie.htm

Mario Benedetti

Música: Quintín Cabrera

NOTAS: no me ha dado la gana de poner aquí fotos de las superestrellas caspa-mediáticas, por lo que la primera foto es la de Patti Smith, hallada in fraganti en la marcha del 14N en Madrid… Un olé por sus ovarios, y ya podrían aprender algunos “intelectuales” del tipo “no soy facha, pero” y alguna reina sobrevalorada de los magazines de la matiné.

La segunda foto es de la maligna deidad lovecraftiana Yog-Sothoth, quien infunde en sus seguidores más fieles visiones alucinógenas de otros mundos y realidades paralelas. Iä, Shub-Niggurath!

Y, finalmente, como digo al principio, esta es una entrada dedicada a los VERDADEROS trabajadores de Telemadrid y de canales parecidos, que tienen que tragar con toda esta mierda, encima de que muchos están en precarias condiciones y con contratos mierder. ¡Chicos! Cuando veáis a los reporteros y a los cámaras de estos medios cubriendo las huelgas y las manifestaciones, por favor: respetadles; quizás ellos quieran estar ahí con vosotros, pero no pueden. Ya no es –si lo ha sido alguna vez- todo en blanco y negro, pues resulta que ahora hasta el derecho a huelga es un privilegio que no está al alcance de todos los trabajadores: por ahí sí que habría que reformarla. Así que, ¡va por vosotros"!, las auténticas estrellas de la televisión y no esos sobrevalorados –y sobre-pagados- presentadores; por vosotros, que realmente lo hacéis posible, y por el personal no técnico (mantenimiento, limpieza, etc.). Por eso, hélos aquí:

Una voz más autorizada:

http://teresadiez.wordpress.com/2012/06/08/mala-prensa/

¿Qué fue de los cantautores? Luis Pastor le responde con mucho gusto…


Portada del último disco de Luis Pastor, muy de Grateful Dead, ¿no?“¿Qué fue de los cantautores?” era la pregunta que algunos, bien maliciosa, bien ingenuamente, preguntaban a todo aquel “ex-combatiente” de la Nueva Canción genérica -es decir, en todo idioma oficial, o no reconocido, y en dialectos de todo el país- que lucharon con voces y guitarras contra el franquismo y sus coletazos. Luis Pastor responde en su nuevo disco a esta pregunta: según le entendí en un evento, fue un poema que estuvo madurando, harto de que le preguntaran por aquellos días, como si ya estuviera acabado y retirado, y no le preguntaran por lo que estaba haciendo hoy por hoy, y que se lo soltó a cierto periodista y crítico musical (del que no revelaremos el nombre) que le lanzó la pregunta, uno de los que a finales de los 70 tocó la trompeta del apocalipsis de la muerte de los cantautores, y que, paradójicamente, conduciría algo después un excelente programa para TV3 sobre la Nova Cançó, dejándole a cuadritos. Lo que aquí en este poema Pastor expone es algo que ya a menudo hemos hablado aquí, del desarrollo que tuvo la canción de autor crítica y combativa en nuestro país, que arrancó desde los años 60 y tuvo sus momentos álgidos y bajos entre los 60 y los 70: poniéndose de moda, quitándose de moda, poniéndose, etc., por parte de productores y críticos, entre los cuales los había más o menos honestos, y más o menos aprovechados. A finales de los 60, la canción de autor, o mal entendida “canción protesta”, llegó a ponerse relativamente de moda: esto no significa que los auténticos cantautores tuvieran toda la libertad del mundo para tocar, grabar y actuar, y casi lo que es más importante, distribuir sus producciones, o que estuvieran exentos de las multas y las detenciones; lo que la realidad era, más bien, cierto aire de indignación cuando con similares fórmulas ciertos intérpretes hacían su agosto imitando unas estructuras básicas y formales de la canción de autor, hasta el punto de llegar oír que el “Canto a Galicia” de un tal Julio no-sé-qué era el himno de los emigrantes gallegos; hechos tales que la banda de canción de autor satírica Desde Santurce a Bilbao Blues Band reflejaban en su demoledora “El ídolo”. Luis aborda muchas de las críticas que, por aquellos años, les lanzaba cierta crítica interesada: ¿chicos burgueses que no tenían por qué protestar? Muy especialmente él y otros, chavalxs que empezaron a trabajar desde muy jóvenes, sabían que era una falacia repugnante. La crítica reaccionaria, en su estilo de costumbre, no tenía mejores argumentos que mentir sobre la mayoría de ellos y generalizar, a veces exagerando verdades a medias, y otras, sencillamente, inventándose las cosas.

Portada de "Hermano Lobo", agosto de 1974, por Miguel GilaMediados de los 70: Franco la palma y se inicia un proceso irregular de democratización no acabado –ni de lejos- que, si bien por un lado pretendía instaurar una democracia parlamentaria, por el otro intentaba mantener ciertas cosas y, lo que es más importante, a ciertas personas. Entre 1976 y 1978, con una progresiva liberación de la libertad de expresión y relajación de la censura, la canción de autor tiene su nueva edad de oro; básicamente fueron tres las edades de oro que tuvo: a mediados de los 60, con la influencia de la Nova Cançó y, especialmente de Raimon y Paco Ibáñez, y que fue interrumpida por las medidas tomadas al respecto de las revueltas estudiantiles y obreras; la tercera, con el llamado “espíritu del 12 de febrero” en 1974, una época de relativa apertura de la libertad de expresión, que duró muy poquito; y esta última, durante la transición: en todas ellas, podrá aducir alguien, surgieron aprovechados, arribistas y demás, algunos de los cuales traicionaban su propio espíritu; pero, si bien esto es verdad, no dejemos de hacer notar que en todas ellas surgieron nuevos y grandes valores. Esta última edad de oro tiene su explicación en que, al haberse liberado un poco la libertad de expresión, las grandes discográficas internacionales comienzan a fichar a muchos de ellos (hasta la fecha, muy pocas multinacionales habían fichado cantautores: una de las salvedades fue Víctor Manuel, que grababa en Sony), mientras que personas que habían trabajado en la crítica y la prensa musical, como Alain Milhaud, Antonio Gómez o Gonzalo García-Pelayo, abrían nuevas discográficas que se ocuparan de esta música. Pero de ninguna manera significa esto que se forraran: a la par que se permite la grabación y distribución de casi todo material, paradójicamente, sus actuaciones son prohibidas, total o parcialmente, por el ministerio de la gobernación: el tan laureado ministro Manuel Fraga (tanta paz lleves como descanso dejas) se dedicó, prácticamente, a prohibir todo evento que tuviera una mínima relación con la canción de autor e incluso con la poesía: de los cuatro recitales de Raimon en lo que supuso su vuelta a Madrid, se suspenden los tres restantes (el primero, que fue grabado en un disco maravilloso, reflejaba en su portada el hecho); también se prohíbe la serie de recitales-homenaje de José Antonio Labordeta a su hermano, el gran poeta Miguel Labordeta (el primero se registra en el disco Labordeta en directo); parecida suerte correrán muchos de los festivales multitudinarios que, a lo Woodstock, presentaba lo mejor de cada casa en su lengua o dialecto regional, por una u otra cosa; y muchos de aquellos que conseguían realizarse, eran sistemáticamente saboteados por matones de la ultraderecha, a veces, enviados por la propia policía, cuando no eran de la misma policía. Quizás se debiera a que, en los primeros momentos de la transición, estos recitales tenían mucho de político, en ocasiones tanto que amenazaba con devorar el componente artístico: eran invitados de excepción figuras de la oposición, tanto política –de los cuales, muchos no se mostraron tiempo después lo que se puede decir agradecidos- como cultural (Gabriel Celaya fue invitado especial en el recital de Raimon en Madrid, y al contrario que con Felipe González, la asistencia anónima tuvo unidad de criterio al aplaudir su presencia, hasta el punto de arrancar lágrimas de los ojos del célebre poeta vasco); eso, por un lado, y por otro que aquellos recitales se convertían en los lugares para hacer todo tipo de reivindicaciones, lanzar todo tipo de vivas y mueras, y, en definitiva, decir todo aquello que durante más de cuarenta años no se podía haber dicho, a menudo sin ser conscientes de que el que pagaba el pato de toda esta celebración de la libertad de expresión era el propio cantautor (quien sí que era consciente a todas luces, era el enviado de la poli). A finales de los 70 esto era una situación algo insostenible, y, como les pasara a los Beatles, muchos cantautores se quejaban de que la gente no les oía, y ya no se sabía si los que reventaban los actos eran de izquierdas o de derechas. Pero su labor en estos años, a pesar de las multas, las detenciones, fue encomiable; aquellos que comenzaron cantando semi-clandestinamente en las sacristías de sacerdotes progresistas ahora llenaban estadios de fútbol y plazas de barrios y pueblos, y eran reclamados en recitales y festivales en el extranjero: Luis Pastor cantaba al aire en el barrio de Vallecas; Víctor Manuel y Nuberu lo hacían para los All my friends were theremineros asturianos; Carlos Cano, Manuel Gerena, Gente del Pueblo… para los jornaleros de Andalucía; Imanol se trajo de la mano a los bretones Gwendal, maestros de la música celta, para cantar en vasco; Benedicto y Bibiano recorrían Galicia practicando los preceptos aprendidos del inmortal José Afonso; Pablo Guerrero traía los ecos de la Extremadura que trabaja y que pasa de su “glorioso pasado” de conquistadores; Nuevo Mester de Juglaría, La Bullonera, Jarcha, Oskorri, Joaquín Díaz, Fuxan os Ventos, Sabandeños, Al Tall… dignificaban la música tradicional de su tierra, secuestrada por el nacional-folklorismo, y la gaita volvía a sonar rebelde y reivindicante. Y mujeres, como dice Luis, que merecen su mención a parte por muchas razones: la primera, por haber desafiado el estatus social que la sociedad las reservaba; la segunda, a consecuencia de la primera, que para muchas de ellas, probablemente, les fuera más difícil que a los que mean de pie el escribir sus canciones y cantarlas; y la tercera, porque a diferencia de las cantantes convencionales, algunas de ellas de diseño, de la época, con todo, eran dueñas absolutas de su producción y de su trabajo: Elisa Serna, Maria del Mar Bonet, Pilocha, Cecilia… Tod@s ell@s cantaban para un público que ya no era exclusivamente el universitario de entre 18 y 25 años de edad aproximadamente, sino que era un público muy heterogéneo, tanto social como demográficamente: jóvenes universitarios, bachilleres con acné, obreros, obreras y amas de casa de mediana edad, ancianos campesinos (que se preguntaban cómo esos muchachos podían saber todas esas cosas), y representantes de las clases medias: médicos, profesores, abogados…

otan noPero mientras sucede el máximo exponente, a la vez, se producía su declive, o quizás fuera un declive conducido por algunos, quién sabe… El caso es que ya entonces, ciertos críticos enarbolaron la bandera de la muerte, y haciendo una lectura parcial y sesgada de lo que dijera Mr. Bob Dylan, anunciaron la muerte de la canción de autor; pero mientras tanto, grupos tan curiosos como los futuros Pecos o Mecano intentaban hacerse su hueco versionando canciones de Aute o Víctor Manuel. Pero el declive avanza, y después del milagro del 23-F, después de la victoria electoral de D. Felipe González y su PSOE, aquellos políticos que anteriormente habían recurrido a ellos para amenizar sus mítines –el gancho era el cantautor o grupo de rock, ya que también merecen mención grupos tan geniales como Triana, Coz, Bloque, Asfalto y otros- declaran entonces contra ellos y consideran, más por conveniencia que por lealtad a la verdad, que ya no son necesarios: por conveniencia, decimos, pues la mayoría participó en las campañas y recitales contra la permanencia de España en la OTAN, junto a los grupos de heavy metal y punk-rock que se cargaban la visión de la juventud pasota de los 80. El cantautor argentino Alberto Cortez declaraba, en el programa “La Tierra de las mil músicas” (un capítulo con más buenas intenciones por parte del señor Luqui que buenas informaciones), que con la muerte de Franco se descubrió quiénes de ellos valían y quiénes no… Bueno, sobre esto podemos decir que el señor Cortez, a quien presentamos nuestra admiración, es tremendamente injusto con muchos compañeros: es cierto que hubo muchos cantautores, con buenas intenciones, eso sí, que no supieron afrontar el cambio, y se quedaron en el camino; pero no menos cierto es que la industria musical, la crítica y, en buena parte, el público y el cambio generacional dejó a muchos valiosos intérpretes en el camino. La fórmula hacia la frontera con los 80 era muy básica: renovarse, y así lo hicieron muchos, tales como Luis; la canción de autor ahora debía dejar atrás la arenga política y la rabia, y volverse algo más descriptiva, narrar lo cotidiano, y evitar, en lo posible, la frivolización de los temas: el elemento humanista y crítico debía de preservarse, pero bajo nuevas fórmulas. Esto no supuso, de ninguna manera, claudicar ni rendirse: alzaron sus voces también contra la guerra del golfo, contra la guerra de Irak -que es la que me tocó más de cerca-, en donde mientras Luis Pastor y Adolfo Celdrán presentaban sus escalofriantes canciones contra la guerra, José Antonio Labordeta, en su papel de diputado por Aragón, hacía vibrar el congreso con palabras de justicia y de verdad, tomadas de su hermano, mientras el presidente Aznar miraba para otro lado… Y ¡sí!, amigo neocón, mal bicho y lengua de víbora: contra la de Libia ¡también!… Otra cosa es que los medios lo hayan recogido. 

Desde entonces y hasta hoy, se han venido repitiendo los mismos clichés de crítica, la mayor parte de las veces por parte de gente cuya idea acerca de la canción de autor es la misma que tengo yo sobre urología: de oídas y sin comprobar. Básicamente, al tener sólo los referentes de Víctor Manuel o Serrat, y los desvaríos de cierta pseudo-prensa heredera de la de antaño, que aplica eso de “de la ceja” indiscriminadamente, hay mucha gente que se piensa que el cantautor superviviente de aquellos años es alguien que vive en urbanizaciones de lujo, que cena con Zapatero o Rubalcaba, que tiene un cochazo, que manda a sus hijos a colegios privados, y no sé cuántas cosas más… Y Luis revela cuál es la otra realidad, pidiendo, por favor, pero con cierto enfado, que no se meta a todos en el mismo saco. Acaba ya dándonos la pista de por qué derroteros anda la canción de autor de ahora, emparentándola con los raperos de calidad, capaces de hacer una poesía urbana de calidad y crítica con el sistema.

Y yo, que no soy cantautor, aunque dé el cante, me siento muy orgulloso de ellos, y de haber conocido a muchos de ellos: de los que no se rinden, de los que dejan en ridículo al señor Winston Churchill con aquella soberana memez que dijo acerca los revolucionarios a los 20 y a los 40, y, cuando tenga su edad, me gustaría ser como ellos.

NOTA: se me disculpe no haber nombrado a muchos, pues no pretendía ser exhaustivo; que esto no se entienda como una injusticia.

“A todos los compañeros cantautores que ya no están, pero que nos dejaron su ejemplo, su compromiso y sus canciones: Ovidi Montllor, Carlos Cano, Chicho Sánchez Ferlosio, Hilario Camacho, Imanol, Labordeta, Quintín Cabrera, Mikel Laboa…”

Dedicatoria del álbum de Luis Pastor, ¿Qué fue de los cantautores?

Qué fue de los cantautores

Éramos tan libertarios,
casi revolucionarios,
ingenuos como valientes,
barbilampiños sonrientes
—lo mejor de cada casa—
oveja negra que pasa
de seguir la tradición
balando a contracorriente
de la isla al continente
era la nueva canción.

Éramos buena gente,
paletos e inteligentes,
barbudos estrafalarios,
obreros, chicos de barrio,
progres universitarios,
soñando en una canción
y viviendo la utopía
convencidos de que un día
vendría la Revolución.

Aprendiendo a compartir
la vida en una sonrisa,
el cielo en una caricia,
el beso en un calentón.
Fuimos sembrando canciones
en esta tierra baldía
y floreció la poesía
y llenamos los estadios
y en muchas fiestas de barrio
sonó nuestra melodía.

Tardes y noches de gloria
que cambiaron nuestra historia.
Y este país de catetos,
fascistas de pelo en pecho,
curas y monjas serviles,
grises y guardias civiles,
funcionarios con bigote
y chusqueros de galón,
al servicio de una casta
que controlaban tu pasta
tu miedo y tu corazón.

Patriotas de bandera,
españoles de primera,
de la España verdadera
aquella tan noble y fiera
que a otra media asesinó
brazo en alto y cara al sol
leales al Movimiento
a la altura y al talento
del pequeño dictador
que fue Caudillo de España
por obra y gracia de Dios.

Toreando en plaza ajena
todo cambió de repente
los políticos al frente
de comparsa y trovador.
Se cambiaron las verdades:
"tanto vendes tanto vales".
Y llegó la transición:
la democracia es la pera.
Cantautor a tus trincheras
con coronas de laureles
y distintivos de honor
pero no des más la lata
que tu verso no arrebata
y tu tiempo ya pasó.

¿Qué fue de los cantautores?
preguntan con aire extraño
cada cuatro o cinco años
despistados periodistas
que nos perdieron la pista
y enterraron nuestra voz.
Y así van para más de treinta
con la pregunta de marras
tocándome los bemoles.
Me tomen nota señores
que no lo repito más:

algunos son diputados,
presidentes, concejales,
médicos y profesores,
managers y productores
o ejerciendo asesoría
en la Sociedad de Autores.
Otros están y no cantan,
otros cantan y no están.
Los hay que se retiraron,
algunos que ya murieron
y otros que están por nacer.

Jóvenes que son ahora
también universitarios,
obreros, chicos de barrio
que recorren la ciudad.
Un CD debajo el brazo,
la guitarra en bandolera,
diez euros en la cartera,
cantando de bar en bar.
O esos raperos poetas
que es su panfletos denuncian
otra realidad social.

¿Y mujeres? ni se sabe.
Y sobre todo si hablamos
de las primeras gloriosas
que tuvieron los ovarios
y el coraje necesarios
de subirse a un escenario
de aquella España casposa.

¿Qué fue de los cantautores?
aquí me tienen señores
como en mis tiempos mejores
dando al cante que es lo mío.
Y aunque en invierno haga frío
me queda la primavera,
un abril para la espera
y un “Grândola” en el corazón.

¿Qué fue de los cantautores?
aquí me tienen señores
aún vivito y coleando
y en estos versos cantando
nuestras verdades de ayer
que salpican el presente
y la mierda pestilente
que trepa por nuestros pies.

¿Qué fue de los cantautores?
De los muchos que empezamos,
de los pocos que quedamos,
de los que aún resistimos,
de los que no claudicamos.
Aquí seguimos,
cada uno en su trinchera
haciendo de la poesía
nuestro pan de cada día.

Siete vidas tiene el gato
aunque no cace ratones.
Hay cantautor para rato.
Cantautor a tus canciones.
Zapatero a tus zapatos.

Luis Pastor

http://canciondeautorenespanol.blogspot.com/2012/02/que-fue-de-los-cantautores.html

¿Es necesario repetirlo? ¡Venga, vale!

Canciones de la victoria: La liberación de París


Et par le pouvoir d’un mot
Je recommence ma vie
Je suis né pour te connaître
Pour te nommer
Liberté!

Paul Eluard, “Liberté

Los himnos revolucionarios clásicos, como nuestra canción de ayer, “La Marsellesa” o “La Internacional”, citando sólo las más importantes, no son exactamente lo que llamamos himnos “de la victoria”. Por supuesto, cuando los partidarios de estas ideologías obtenían una cierta victoria las cantaban: el himno clásico debe llamar a la lucha y (por y para ello) alentar la posibilidad de victoria; por esa razón, el que la interpreta lo debe hacer con el sabor de la victoria en sus labios: son himnos generales. Pero nos referimos más bien a aquellas canciones que celebran ya el hecho victorioso, y no su posibilidad. Pero no necesariamente el autor de la canción ha de haber estado allí y participado de la alegría, como es el caso de nuestra canción de hoy.

LosEspanolesenlaResistencia0061939: el general Franco ha ganado la guerra civil; miles de españoles se agolpan en los puertos levantinos y en la frontera con Francia, mientras la tan presentida nueva guerra mundial va tornándose cada vez más real. Los españoles que cruzan la frontera con Francia descubrirán pronto la cruel indiferencia del teóricamente gobierno (frentepopulista también) amigo de León Blum, quien poco puede hacer, presionado por la derecha y ultraderecha francesa, que, tras haber conseguido la reclusión de los exiliados en campos de concentración, tanto en la metrópoli como en sus colonias, llegan a exigir su entrega a Franco. Finalmente, la tan temida y anunciada guerra contra Alemania estalla, y pronto comienzan las hostilidades contra Francia. En 1940, el país galo se rinde y es ocupado por las fuerzas alemanas; en Francia se hallaban por entonces muchos españoles exiliados, de los cuales, muchos de ellos fueron recluidos en los campos de exterminio. El gobierno de Vichy obligó a los españoles a optar entre trabajos forzados, enrolarse en la Legión Extranjera o ser repatriados “voluntariamente”. Algunos de ellos, se enrolaron en estas compañías, mientras que otros se unieron a la Resistencia. Así, cuando el general Charles De Gaulle se sublevó, los españoles que se encontraban en estas compañías pasaron a engrosar uno de los cuerpos del ejército de la Francia Libre: “La Nueve”, comandada por el francés Raymond Dronne, también conocida como “División Leclerc”, por estar a las órdenes del general Philippe Leclerc de Hauteclocque, pero no sólo en ésta. Sin embargo, aprovechando la estancia en Inglaterra, para el posterior desembarco de Normandía, algunos, que se negaban a estar a las órdenes de De Gaulle, se unieron al ejército británico, en la Spanish Company Number One: obviamente, ellos no simpatizaban con el conservadurismo del mariscal ni con la corona británica, pero les movía las ansias de la revancha y, más importante aún, la posible ulterior liberación de su patria, a parte de no querer olvidar a los ejemplares camaradas que vinieron desde todo el mundo para ayudarles.

LosEspanolesenlaResistencia038Tras muchas campañas, se alcanza la capital de Francia. El primer tanque que llega a la Plaza del Ayuntamiento, la Place de la Ville, efectúa sus primeros disparos; los parisinos, eufóricos, salen a la calle cantando el himno nacional, y descubren que el tanque lleva el nombre de un río español (según la Wikipedia), “Ebro”, y que sus ocupantes son españoles que lo adornan, no con la bandera francesa, sino con la ultrajada bandera de la II República española. Otros más fueron uniéndose, con nombres simbólicos como “Belchite” –población aragonesa destruida por las fuerzas franquistas-, “Guadalajara” –en conmemoración de la derrota de los voluntarios fascistas de Italia en esta provincia-, “Guernica”, “Don Quichotte”, “Madrid”, “Teruel” –cuya reconquista fue una de las grandes victorias republicanas-, etc. Como anécdota, a los anarcosindicalistas no se les permitió llamar a su vehículo “Buenaventura Durruti”, y fue bautizado como “Les Pengoüins”.

Parigi, 24 agosto 1944. Soldato spagnolo della divisione Leclerc salutato dalla folla in festaObviamente, la canción de aquel día fue “La Marsellesa” –probablemente el himno, originariamente revolucionario, que marcaría el estilo de todos los himnos subsiguientes-, pero no es ésa la que vamos a poner. Las tragedias y el dolor de los exiliados españoles fueron plasmados, a finales de los 70, en uno de los primeros proyectos de lo que hoy llamaríamos memoria histórica: el disco Cantata del exilio – ¿Cuándo llegaremos a Sevilla?, con letras y narraciones de Antonio Gómez, música e interpretación de Antonio Resines, y otros cantantes, y los testimonios reales de quienes lo vivieron, como Teresa Pamiés, Eduardo Pons Prades o Mariano Constante, entre otros, narrando sus vivencias en la Resistencia, en los campos de exterminio nazi, o en en el ejército francés. Gómez y Resines interpretan a la perfección la alegría de aquel día de los habitantes parisinos, y como guinda, la voz uruguaya del gran Quintín Cabrera. Quizás por error, o quizás esté equivocada la wikipedia, Antonio Gómez le asigna la entrada triunfal a “Belchite”; ya entonces Antonio luchaba contra la errónea idea (difundida por el cine de Hollywood) de que fueran los estadounidenses los liberadores de París:

Escuchar/ Descargar: https://skydrive.live.com/?cid=61e9b08cebcbe7ee#

Diálogo de Belchite/ Liberación de París

-Vamos corriendo. ¡Corre! Dicen que ha entrado un tanque en la Place de la Ville.
-¿Un tanque?… ¿Americano?
-Un tanque español, cargado de soldados españoles.
-¿Cómo va a ser español? Será americano…
-Será americano… Pero se llama "Belchite".

¡Ay! ¡Qué alegría tienen hoy los balcones!
Banderas de la patria en los corazones;
en los corazones el dolor de los muertos
y las prisiones.
Sal corriendo a la calle y ya no digas
que te miran los guardias en las esquinas,
en las esquinas, madre, en las esquinas,
mudos testigos ciegos de mil heridas.
En el metro leemos sin ningún miedo
L’Humanité diario para entendernos,
para entendernos, madre, para entendernos,
antes nos encerraban por mucho menos.

Con el ruido de guerra la guerra se hizo
un rumor de claveles y de cañizo,
y de cañizo cubriremos las tumbas
de nuestros hijos.
¡Asómate a la ventana!
¡Corre que corren
los tanques calle abajo
llenos de flores!
Llenos de flores, madre, llenos de flores
para los fusilados de tantas noches.
Ya no veo fantasmas cuando me duermo,
que se ha llevado el día los malos sueños,
los malos sueños, madre, los malos sueños
de estos años de sangre, dolor y miedo.

Letra: Antonio Gómez
Música: Antonio Resines
"Diálogo de Belchite" (hablado): A. Gómez
Canta: Quintín Cabrera

NOTA: gracias a la generosidad de sus autores, se me ha permitido compartir este disco que, injustamente, pasó sin pena ni gloria. Podéis encontrarlo en el enlace al disco.

Con la mochila a cuestas VIII (Homenaje a Labordeta): El hombre con la voz a cuestas


…Un día cojo la cabra,
la trompeta y el tambor,
y me marcho a Zaragoza
y que pregone el patrón.

(Labordeta, “Meditaciones de Severino el Sordo”)

Retrospectivo existente

Me registro los bolsillos desiertos
para saber dónde fueron aquellos sueños.
Invado las estancias vacías
para recoger mis palabras tan lejanamente idas.
Saqueo aparadores antiguos,
viejos zapatos, amarillentas fotografías tiernas,
estilográficas desusadas y textos desgajados del Bachillerato,
pero nadie me dice quién fui yo.

Aquellas canciones que tanto amaba
no me explican dónde fueron mis minutos,
y aunque torturo los espejos
con peinados de quince años,
con miradas podridas de cinco años
o quizá de muerto,
nadie,
nadie me dice dónde estuvo mi voz
ni de qué sirvió mi fuerte sombra mía
esculpida en presurosos desayunos,
en jolgorios de aulas y pelotas de trapo,
mientras los otoños sedimentaban
de pálidas sangres
las bodegas del Ebro.

¿En qué escondidos armarios
guardan los subterráneos ángeles
nuestros restos de nieve nocturna atormentada?
¿Por qué vertientes terribles se despeñan
los corazones de los viejos relojes parados?
¿Dónde encontraremos todo aquello
que éramos en las tardes de los sábados,
cuando el violento secreto de la Vida
era tan sólo
una dulce campana enamorada?
Pues yo registro los bolsillos desiertos
y no encuentro ni un solo minuto mío,
ni una sola mirada en los espejos
que me diga quién fui yo.

Miguel Labordeta

Labordeta.JPGHace un año que nos dejó José Antonio Labordeta, que la voz solidaria de Aragón se apagó, pero no para siempre, pues su eco resonará durante eras mientras este mundo exista: los hombres y las mujeres pasan, pero no sus obras. Lo que más me conmovió de los días siguientes a su muerte fue la intangible cantidad de condolencias de las gentes, aunque no le conocieran más que en su faceta de político o de presentador; no vi nada excesivo, aunque a algunos así le pareciera, por una razón: merecía ese reconocimiento que, por contra, no recibieron otros compañeros de la canción que habían fallecido recientemente o en la década de los 90 (fue bastante indignante cómo se pasaron muy por alto los fallecimientos de Hilario Camacho, Quintín Cabrera, Joan Baptista Humet, Xabier Lete, Mikel Laboa, y otros más que quizás ahora no recuerde, cómo no se les dedicó un solo segundo, o en el mejor de los casos, 30 escasos segundos, pretendiendo ignorar sus logros, tanto como personas públicas como músicos). Lo único que me molestó fue la hipocresía de ciertas personas… Pero sin lugar a dudas, Labordeta había dejado una huella imborrable, una forma de vida, de pensar y de ser que, sin lugar a dudas, tiene muchos seguidores.

con la voz a cuestas (2001)Repetir lo que durante el año pasado y el día anterior dije sobre él, puede resultar un poco baladí, así que haré una reflexión personal. Cuando escucho las canciones del maño, del profesor, del poeta, del cantante, resuena el eco de miles de hombres y mujeres, trabajadores intelectuales y manuales: trae el eco de los escritores y poetas de la justicia, entre los que se encontraba Miguel; trae el eco de los profesores de la Institución Libre de Enseñanza, que remozaron la educación española librándola de años de preeminencia clerical; oigo a Miguel de Unamuno plantarle cara a Millán Astray, oigo la lógica popular poética de Antonio Machado, el desgarro jondo de García Lorca, el lamento profético de León Felipe y el verso campesino de Miguel Hernández…oigo la razón hecha canto y poesía. Pero también oigo a mis abuelos extremeños y leoneses convertidos en humildes y entrañables baturros; oigo el lamento campesino, las maldiciones proferidas por los humildes y la tristeza orgullosa de los emigrantes –la misma que veo hoy en miles de inmigrantes-; veo árboles –ese árbol que puede ser el que adorna la bandera de Aragón-, chozas de barro, aperos de labranza, libros viejos y prohibidos, pasiones y esperanzas escondidas, pero encendidas como rescoldos en las cenizas; veo una tierra entrañable y un pueblo vecino y amigo. Oigo un resonar de esperanzas tras la rejas de las prisiones y en el exilio… Cuando oigo a Labordeta, escucho a la esperanza, oigo a la justicia, pero sobre todo, a un vecino, a un amigo.

José Antonio Labordeta, Emilio Gastón y Enrique Tierno GalvánMuchos diletantes y creadores/ manipuladores de opinión dicen de cantantes como Labordeta, que cantaban sobre su tierra y sus gentes, que separaban a la gente, que creaban odios interregionales e interclasistas… A pesar de que, como sospecho inequívocamente, éstos personajes no han escuchado nunca a estos cantantes, no creo que su opinión nazca de una “inocente” ignorancia: ignorancia sí –per natura-, pero no inocente, sino malintencionada. Muy al contrario, estos cantantes unían a la gente: Labordeta nos traía el pensar y el sentir de su propia gente, nos acercaba a ellos y nos sentíamos hermanados al sentir que eran casi los mismos problemas, las mismas inquietudes y las mismas injusticias, y descubríamos que son otros, precisamente ellos, los que nos quieren separar.

labordeta estaciónComo ya indicamos en la primera entrega de esta serie de homenajes, José Antonio Labordeta fue, probablemente, muchas cosas de las que se propuso ser, de las cuales hemos intentado hablar: poeta, cantante, músico, político, comunista o anarquista (lo que él quisiera ser), aragonés, zaragozano de nacimiento y turolense de adopción, profesor, alumno (como el grabado del anciano de su paisano Goya que rezaba “Todavía aprendo”), paisano, vecino, trotamundos, juglar, trovador, un orzuelo en el ojo de los caciques, padre de familia, abuelo (nuestro “abuelo”), marido, amante y amado de una sola mujer… Pero, sobre todo, como él dijo que quisiera ser recordado, “un hombre sin más”:

Ya ves

Ya ves
que vamos avanzando
cumpliendo este camino.
No lo sé,
ya ves.

Ya ves,
que vamos recordando,
creciendo hacia el ocaso.
No lo sé,
ya ves.

Ya ves,
qué pálidas palabras
se pierden en la noche
sin hallar solución.

Ya ves,
que hemos ido surgiendo
de inciertas y duras voces
de desesperación.

Recuérdame,
como un árbol batido,
como un pájaro herido,
como un hombre sin más.
Recuérdame,
como un verano ido,
como un lobo cansino,
como un hombre sin más.

Ya ves,
que fuimos agrietando
los muros mantenidos
no lo sé,
ya ves.

Ya ves
que estamos añorando
unos niños perdidos,
no lo sé,
ya ves.

Ya ves
que voces diferentes
se cruzan en el alba
buscando la verdad.

Ya ves
que fuimos puente herido
de abrazos detenidos
por ver la libertad.

http://www.cancioneros.com/nc/12132/0/ya-ves-jose-antonio-labordeta

Dibujo de Labordeta dedicado a Fernando Glez. LuciniPor supuesto –parafraseando una las canciones que a mí más me gustan-, siempre te recordaremos, viejo. Nunca te podremos olvidar: nunca olvidaremos esa sencillez, esa honradez, esa sinceridad y honestidad que había detrás de un bigote de hombre bueno, de una calva entrañable y de unas gafas de sabio profesor. Por mucho que lo intente, “La Zamarra de Gustavo” nunca podrá ser la mochila de Labordeta, que él se fue acarreando a la espalda llena de un pedazo de cada pueblo y de cada gente, llena de libros y canciones, de recuerdos, porque su mochila tiene algo que nunca tendrá mi zamarra: el corazón de todos. Y mientras recorre los cielos con la mochila a cuesta, haciéndose paisano de las almas buenas, todavía suena su jota de despedida:

Allá va la despedida,
de los que se van del corro,
aquí se quedan los guapos
y nos marchamos los buenos…

Aquí se quedan los guapos/ y nos marchamos los buenos

Por aquello de “Al César lo que es del César”, recomiendo incansablemente la serie que nuestro maestro Fernando González Lucini, que fue amigo suyo y es un gran conocedor de su obra (de la de todos) le ha dedicado a lo largo de estos días, y agradecerle también su generosidad y sus enseñanzas:

http://fernandolucini.blogspot.com/search/label/Jos%C3%A9%20Antonio%20Labordeta

Dedicado a los amigos y parientes de José Antonio Labordeta, y a todo Aragón

Hay veces


En recuerdo del cantautor y luchador Quintín Cabrera.

Hay veces

Hay veces
en las que crezco de estatura
y toco las nubes con el pelo.
Hay veces
en las que escondo en un bolsillo
las tranquilas dimensiones de mi sueño.
Hay veces
que me siento llamado
a realizar hazañas sorprendentes,
otras en cambio estoy representado
en un vaso de vino o en la sopa caliente.
Hay veces
que amo tanto que mi pecho
estalla en mil pedazos y se larga
al hogar, buscando madrugadas,
salen a darle caza las letras impagadas.
Hay veces
que necesito estar contigo
y siempre estás cansada, siempre tienes trabajo.
La rutina nos acecha, nos persigue
a pesar de los dos, se filtra en todos lados.

Quintín Cabrera

A Quintín Cabrera, en su combate por la vida


Quintín Cabrera http://www.sinera.org/tot-art/soliart/index.htm (imitando el título de la famosa canción de Pablo Milanés "A Salvador Allende en su combate por la vida")
"Quintín se apaga", han dicho Antonio Gómez, su amigo, y Lole, su compañera. Y es una de estas ocasiones en las que no sabes qué decir o qué hacer. Por lo que lo mejor que se me ocurre es traer aquí las letras de Quintín que Antonio ha ido recopilando en el blog
El Mundano. Y es que hablar de la humanidad de Antonio es elevar el carácter humano a su máxima expresión:

Es martes, tres de marzo, y Quintín sigue igual. Esperamos. Ya colgué más arriba una de las canciones dedicada por Cabrera a Lole, su compañera, que con sus hijos, Ferrán, Dayman y Lucía, están sufriendo esta situación más que nadie. Hoy me gustaría recordar las canciones que Quintín dedicó a sus hijos (es que es un padrazo). Un beso fuerte a los cuatro si entráis por aquí.

(NOTA A LAS 21:42: Quintín falleció esta tarde a las 17.30. Desde aquí un abrazo solidario a los suyos)

 

“FERRAN” (1975)

Cualquier día de estos, Ferran, / sin preparar las maletas, / montados en una abeja / nos vamos a nuestra tierra. // Juntos en Montevideo / andaremos por las calles, / te enseñaré uno a uno / mis duendes particulares. // Te enseñaré mis caminos / secretos, de estrella a estrella, / y a conversar con los patos / sin que los grillos te vean.// Nos iremos a las Piedras / para ver jugar a Wanderers, / después robaremos flores/ pa’regalarle a tu madre // Te mostraré mis Liceos/ el Rodó, el Nocturno Dos, / el boliche de los yuyos / y la cancha de La Luz. // Juntos, en algún charquito, / pescaremos lunas llenas / y cantaremos milongas / riendo de oreja a oreja.

“EL SR. DAYMÁN CABRERA” (1976)

Negro, chiquito y peludo, / parece un pollo mojao, / con más hambre que Carpanta / y con cara de asustao. // Puede ser casualidad / o ser predestinación, / pero en primero de mayo / ha nacido este señor. // Y qué lindos cumpleaños/ el hombre festejará, / con sus amigos gritando / lo que ese día hay que gritar // Con los padrinos que tiene / ya lo veo con su hermano / cantando cual buenos criollos :/ ¡astillas de un mismo palo! // Como no salga cantor…/ de nuestra casa, ¡lo echamos!

“LUCíA” (1995)

Haces muy bien / en abrir tanto los ojos, / Lucia,/ así te harás experta / en nubes y cigüeñas. / Si aprendes a mirar / te darás cuenta / que en los tejados juegan / duendes en bicicleta. / Que si llueve en el campo / los pájaros se alegran / y los gatos no tienen / botas de siete leguas. // Verás crecer las flores / si con cuidado observas, / y reír a las hojas / sea o no primavera. / Sabrás lo que es ternura, / Lucía, / cuando aprendas / a entender a tu madre / cuando te abraza y besa. / Comprenderás que yo, / de alegría me muera / si me veo en el amor / que tu risa refleja. // Por eso haces muy bien / en abrir tanto los ojos, / Lucía, / el mundo necesita / expertos en belleza / que vayan por las nubes / andando en bicicleta / y sepan descubrir / duendes bajo la mesa. / Peritos en ternura,/ en lluvias y cigüeñas, / como tu madre que / ríe si te abraza y besa.

Una de las sensaciones más frustrante de situaciones como ésta es precisamente esa impotencia de saber que uno no puede hacer absolutamente nada. Quizás por eso he pensado, si Adrián no se opone, colgar aquí cada día el texto de una de las canciones de Quintín, ya que no es posible encontrarlas cantadas en youtube o similares. Por mantener viva esta entrada y así acompañar y recordar al amigo que pelea con la muerte, y para que aquellos que no conocen su obra puedan saber algo más de ella. Son las canciones suyas que más me gustan, pero también su autobiografía literaria.

YO NACÍ EN MONTEVIDEO (1975)

Me enseñaron, de botija,
en la escuela, este cantar:
“Naciste en Montevideo
junto a un río como mar,
no busques lugar más bello
porque no lo encontrarás”.

Yo nací en Montevideo
donde se endulza la mar,
los tranvías del Reducto
en mi infancia vi pasar.

Busque lugares más bellos
–y aunque los pude encontrar–,
nunca pude amarlos tanto
como quiero a mi ciudad.

Árboles del Prado Chico,
¿con qué duendes jugarán?
El Arroyo Miguelete
les de gorriones y paz.

Pescadores de la Rambla
que gastan vientito fresco
mateando tranquilamente
en los domingos eternos.

Plátanos y paraíso
que mi calle están cuidando
no me olviden, que no olvido
que yo les debo mi canto.

Perdón si me puse triste.
No lo puedo remediar:
recordé a Montevideo
junto a un río como mar.

Quintín sigue igual. Dormido. Lole me cuenta que ayer sufrió una ligerísima mejoría, pero que no ha pasado más adelante.

Hoy he encontrado audio de la canción de Quintín que voy a poner. Además, es una grabación especial, pues la cantó junto a Adolfo Celdrán, otro viejo amigo de toda la vida, en la presentación de un disco de este último en Madrid hace cinco o seis años.
Se la he escuchado a Quintín muchas veces, y casi puedo presentarla por él: el estribillo es una frase de un viejo diputado socialista uruguayo, el tal Frugoni del final, que una vez, en el Parlamento, ante la interrupción de un político de la derecha, que le acusó de no dar “una en la herradura”, le contestó: “es que su señoría se mueve”. Para todos ustedes…

Las Ciudades son Libros (1995)

Cantan: Quintín Cabrera y Adolfo Celdrán.
(Letra y música: Quintín Cabrera)
Guitarras: Quintín Cabrera y Gaspar Payá. Acordeón: Juan Pedro Cornejo

http://www.adolfoceldran.com/audio/Las_Ciudades_son_Libros.html

De mañana se visten
de pan y ruidos nuevos
de sol a mediodía,
por las tardes, café.
Su corazón enseñan
tan sólo por las noches
mintiendo a los turistas
pues no los quieren bien.
Las ciudades son libros
que se leen con los pies.

Se prestan pedacitos
preciados de paisaje
esquinas y detalles
a veces un cartel.
El color de los taxis
puede ser una clave,
un guiño hacia el viajero
si este lo quiere ver.
Las ciudades son libros
que se leen con los pies.

La magia de Estocolmo
lleno de primavera
está en Río de Janeiro
vaya a saber por qué.
Lo seguiré diciendo
aunque nadie lo crea
hay zonas de Getafe
que son de Hospitalet.
Las ciudades son libros
que se leen con los pies.

Su soledad comienza
en un túnel de metro
y en manos apretadas,
la solidaridad;
el patio, en las escuelas,
les da juegos y risas
y amargo gesto toman
en salas de hospital.
Las ciudades son libros
que se leen con los pies.

La luna más hermosa
y grande que yo he visto
comparten Carcasonne
y Cuenca, bien lo sé.
Puerto Santa María
las chicas más bonitas
paseando por sus calles
igual que en Montpellier
Las ciudades son libros
que se leen con los pies.

Baldosa por baldosa
busco a Montevideo
por silencios nocturnos
y en mesas de café;
montones de basura
vigilan las esquinas:
el viejito Frugoni
tenía razón, ya ven.
Las ciudades son libros
que se leen con los pies.

YO VENGO DE UN PAÍS QUE YA NO EXISTE

Yo vengo de un país que ya no existe,
del verde claro tiempo de la lluvia
que un barrio de baldosas milongueras
metió por las ventanas de mi casa
descubriendo mis rincones y mis libros
y los sueños escondidos en mi almohada.

Y me siento compatriota de los barcos
porque invento banderas que ponerles.
Ellos son como yo, van a los puertos
queriéndose quedar y no les dejan
aunque hablen el idioma de los muelles
y queden amarrados cuando llegan.

Lleno de mariposas mis bolsillos
para llevar conmigo primaveras
y aunque me hagan cosquillas con las alas
y peligren de quebrarse las antenas
las salvo de que se las lleve el viento
a posarse en flores que no deban.

Por eso caducó mi pasaporte.
Tengo tantos países para no tener nada
por ir dándome sin pensar en fronteras:
a nadie le importa en las aduanas
que llene de cielos mis bolsillos,
de mares y lunas mi guitarra.

ARTE POÉTICA

A pesar de que se agudizan los sentidos
nadar contra corriente cansa tanto
que aunque se junten los soles del camino
su calor no abriga este cansancio.

De tantas tormentas fui testigo
que pude ser perito en huracanes,
convertirme en Vulcano o en ceniza;
en albacea de muchísimas verdades.

Hay veces que flaquea la esperanza,
¡nadar contra corriente cansa tanto!
y en ocasiones, la alegría de la lucha
compensa con creces el cansancio.

Sé que la Historia me reservó el papel
de extra con frase, de suplente.
Desde la banda se suele medir bien
quién es el que juega y quiénes mienten.

Pero a pesar de todo, ya se sabe:
¡nadar contra corriente cansa tanto!
Más no cambio por nada lo vivido
aunque sea tan duro este cansancio.

He vivido tuteando a los abismos.
El perseguir quimeras no es tan malo:
al avanzar se buscan nuevas metas,
se aleja el horizonte a cada paso.

Hoy puede venir bien distendir un poco con un texto que es una verdadera orfebrería de palabras.

Empeño cariñoso por defender la eñe
(Quintín Cabrera – Eliseo Parra)

Suite alfabética en La mayor.
1-Chotis (andante ma con un áttimo de chulería).
2-Habanera (adagio tropical y fuga).
3-Tango (allegro orillero con fuoco).
4- Candombecito (andantino canyengue).

La Eñe es una letra con sombrero
una gordita con personalidad.
Por ella nos envidia el mundo entero
y del ordenata nos la quieren quitar.

No nos engañan, la defenderemos
ante quien la señala por ganas de empreñar:
tiñosos señoritos carroñeros
capaces de a su madre apuñalar.

Y que lo digan esos anglosajones
que usan como “y” una clave de sol.
O la “ese” borracha que tienen los teutones
y mira los daneses, que van tachando ó…es.

La Eñe es tan hermosa que está en sueño,
en entrañable, en niño y en acompañar.
No es extraña al cariño porque está en compañero,
en empeño, en señero, piña, guiño, acuñar.

Está antes de la vida porque crece en preñada
y al comienzo también, pues se moja en pañal.
Cuando al pequeño le salen los piños, ¡qué jugada!,
se desgañita y gruñe, para el daño aliviar.

Como vive en mañana se tiñe de optimismo,
también en halagüeño, en señas y en señal.
Se cobija en cabaña, se enfurruña en dañino.
Se despeña en montaña, saña y desengañar.

Es una letra sabia, pues le va la enseñanza,
y las ensoñaciones de la niña al jugar
que con los años se vuelve señorita
que más tarde señora, se empeña en añorar.

Nos damos puñetazos en las riñas
algunos arañazos y otras hazañas, más
tiramos de los moños a las ñoñas
aunque la “Seño” nos vaya a regañar.

Jugamos a muñecas y a piñata,
nos damos maña al mover el guiñol
plañimos si caemos de la cucaña,
gozamos con las moñas de un ñato de Peñarol.

Vuela con las cigüeñas, se adueña del tañido
de todas las campanas, de peñas y rebaños,
campiñas y cañadas; verdes cañaverales,
del añil de los cielos y de oscuros castaños.

En el vino presente, porque sangra en la viña.
Se añeja en Cariñena, donde el maño es señor.
Si vas por Valdepeñas, en sus ricos viñedos
te coges una moña que te cura el riñón.

Por eso es desdeñable esta campaña,
se ensañan y encañonan, quieren emponzoñar
a esta cariñosa letra con sombrero
añadiendo coña, con saña, una vez más.

VA DE LUNAS
(Quintín Cabrera)

La luna forma en la mar
un camino a mis recuerdos
que llega hasta mi ciudad
y se queda en mis cabellos,
(pero hay que esperar al sol
para que pinte tu pelo).

La luna de Sant Cugat
se queda en el Monasterio
con la sombra a dialogar
para aprender sus misterios,
(más lo que nunca sabrá
es a qué saben tus besos).

La luna de Cuenca es
un globo blanco e inmenso
que me busca por jugar
y si yo quiero la encuentro,
(parece tu suspirar
en cuanto beso tu cuerpo).

La luna que más me intriga
es la luna vallecana:
cuelga del aire y me da
pasaporte a la mañana,
(se parece a tu dormir,
dando vueltas en la cama).

La luna de la amistad
es la que brilla en Lisboa
porque viaja en un tranvía
y luce muy coquetona,
(ésa si es igual a ti:
tiene sonrisa redonda).

La luna que nunca olvido
es la luna de mi barrio,
siempre lee lo que escribo
y me habla en montevideano,
(y hasta se pone celosa
si te duermes en mis brazos).

HOTEL LUNA
(Quintín Cabrera)

Esta pubilla hermosa
oro viejo en el pelo
que dice que me quiere,
que sabe que la quiero,
que me llena de besos,
que de todo se ríe,
que me tiene intrigado
haciendo
el amor con calcetines.

Esta muchacha dulce,
ojos llenos de cielo,
que se asombra por nada,
que mira y habla quedo,
que no habla mal de nadie,
que juega con los críos,
me enamora y la quiero
tanto
que estoy tonto perdido.

Esta chica prudente
que le encantan los gatos,
que no se compromete,
que cuida sus zapatos,
que una inmensa ternura
atesora en sus manos
tiene el culo más lindo
del mundo
occidental y cristiano.

Es la jai pecadora
que más odia las pecas
colecciona piropos
y cientos de muñecas,
memoriza a Neruda,
le confunde Picasso,
le gusta cómo guiso,
por suerte,
que si no, no me haría caso.

Cabrera se apaga.
Nos conocimos hace casi 40 años. Julia León, que por entonces andaba por Barcelona me llevó a escucharle y verle en un pub en el que actuaba. Desde entonces nos han pasado de todos los colores, a él y a mi. En aquella primera ocasión le escuche cantar esta “Milonga Niza”, de la que no encuentro el texto, pero de la que recuerdo aún alguna estrofa que hoy quisiera colgar, incluso con una pequeña variación en la que él solía dedicar a los amigos que se encontraban presentes en sus recitales.

MILONGA NIZA

Las muchachas de mi pueblo
Son feas, pero son listas.
En vez de tirarse al tren
Se tiran al maquinista.

Estribillo:
Guaaaaaaachipun, guachi guachi guachi pun.

En el tiempo los apostoles
Los hombres eran barbaros
Se subían a los arboles
Y se comían los pajaros.

Guaaaaaaachipun

Te quiero tanto Cabrera,
Cabrera tanto te quiero,
Que si me sacan los ojos
Te miro con los “aujeros”.

Guaaaaaachipun….

Salud

Y, por qué no:

Diálogo de Belchite/ Liberación de París

-Vamos corriendo. ¡Corre! Dicen que ha entrado un tanque en la Place de la Ville.
-¿Un tanque?… ¿Americano?
-Un tanque español, cargado de soldados españoles.
-¿Cómo va a ser español? Será americano…
-Será americano… Pero se llama "Belchite".
¡Ay! ¡Qué alegría tienen hoy los balcones!
Banderas de la patria en los corazones;
en los corazones el dolor de los muertos
y las prisiones.
Sal corriendo a la calle y ya no digas
que te miran los guardias en las esquinas,
en las esquinas, madre, en las esquinas,
mudos testigos ciegos de mil heridas.
En el metro leemos sin ningún miedo
"L’Humanité" diario para entendernos,
para entendernos, madre, para entendernos,
antes nos encerraban por mucho menos.
Con el ruido de guerra la guerra se hizo
un rumor de claveles y de cañizo,
y de cañizo cubriremos las tumbas
de nuestros hijos.
¡Asómate a la ventana!
¡Corre que corren
los tanques calle abajo
llenos de flores!
Llenos de flores, madre, llenos de flores
para los fusilados de tantas noches.
Ya no veo fantasmas cuando me duermo,
que se ha llevado el día los malos sueños,
los malos sueños, madre, los malos sueños
de estos años de sangre, dolor y miedo.

letra: Antonio Gómez
música: Antonio Resines
"Diálogo de Belchite" (hablado): A. Gómez
Canta: Quintín Cabrera

A %d blogueros les gusta esto: