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Elisa Serna, cantautora: Censura, multas gubernativas, cárcel, exilio, prohibiciones de recitales y giras. Asaltos


Con Gustavo Sierra Fernández en su graduación en la Universidad Complutense (Junio, 2016)

Junio de 2016, después de su graduación en la Universidad de Mayores

En octubre de 2015 estaba yo recopilando las respuestas a unas encuestas que elaboré para mi tesis La formación de una cultura de la resistencia a través de la canción social. Una de las encuestadas fue Elisa Serna, una de las cantautoras que más sufrió la persecución y la censura. Al contrario que el resto de los encuestados, Elisa insistió en darme sus respuestas en mano, en lugar de usar correo electrónico o facebook, así que quedamos en la facultad de Geografía e Historia de la Universidad Complutense de Madrid, en donde estaba sacándose el título de la Universidad para Mayores. Un vez allí, no sólo me entregó sus respuestas, sino que me hizo entrega de un dossier que pertenecía a su parte de la Querella Argentina, diciendo que estaría bien que formara parte a modo de anexo de la tesis. Yo accedí, con el beneplácito de mi directora (o no, no lo recuerdo: no se opuso en todo caso). El dossier se puede encontrar en la página 699 de la tesis, como Anexo III. Hoy lo reproduzco aquí entero.

PD: Elisa Serna tuvo una intervención en la película Carne apaleada (Javier Aguirre, 1978), interpretando el papel que el régimen la obligó a hacer en varias ocasiones: el de prisionera política. En una de las escenas puede vérsela cantar en playback su tema “Hasta cuándo”.


PREGUNTA 5: ¿Puede describir la Represión que sufrió de la Dictadura franquista?

RESPUESTA 5 – Te transcribo –sólo mi parte– la descripción, en este caso pormenorizada, del Informe que mi familia y yo hemos presentado a la Judicatura Argentina, en tanto que no se atiendan nuestros derechos a la Verdad, la Justicia y la Reparación en nuestro amado país:

En mi familia, Gustavo, tenemos cinco Víctimas del Fascismo (sólo los enumero):

(Extraído literalmente del informe de la familia Gil Sánchez contra la represión franquista, a la jueza Servini de Buenos Aires, para su admisión a trámite)

“… 6 – LA REPRESIÓN FASCISTA

6.1. – Teniente Félix Gil de la Serna, mi padre:

Tres tiros en el cuerpo

Campos de Concentración

Libertad provisional vigilada: 1940

Libertad definitiva: en 1955

6.2.- Soldado Teófilo Gil de la Serna, mi tío. Trabajó esclavo en la construcción del Muro que rodea Tarragona.

6.3. – Pelayo Sánchez Velázquez, tío materno, inventor de maquinaria forestal. Desaparecido en Hendaya

6.4. – Elías Sánz Velasco, Alcalde por el Frente Popular de Sepúlveda, Segovia. Fusilado, SIN JUICIO

6.5. – Elisa-Serna Gil Sánchez, cantautora. Censura, multas gubernativas, busca y captura, persecución, detenciones, encarcelamientos, exilio, quebranto artístico y económico.

Elisa Serna, cantautora: Censura, multas gubernativas, cárcel, exilio, prohibiciones de recitales y giras. Asaltos

[Extracto del escrito remitido por Elisa Serna como parte en el proceso conocido como “La Querella Argentina” contra los crímenes del franquismo][1]

Elisa de niña

… No sé cómo, siempre he sabido que del mismo modo que conocemos la existencia de cuerpos celestes, por los desplazamientos físicos y magnéticos que producen en la materia estelar que les rodea, podríamos conocer también la dimensión del holocausto republicano de post-guerra, por la fuerza ciega con que el fascismo español ha ocultado, encubierto y sostenido el Holocausto Republicano durante sesenta y un años, contando desde el fin de la Guerra Civil, 1 de Abril de 1939, hasta el año 2000, en que el ex-presidente José Luis Rodríguez Zapatero firmaría solemnemente la Carta de Lisboa, que contendrá y liberará parcialmente en España los tan ansiados Derechos a la Verdad, la Justicia y la Reparación.

Desde entonces, nadie puede ya negarnos la represión franquista que mi familia y yo misma hemos padecido en silencio, sin derecho a llevarles ante los tribunales. En los Anexos* encontrará las necesarias fuentes documentales que su instrucción precisa y ya le describo de memoria. Una vez completado el relato de la represión en la primera y segunda generación de mi familia, le enumero sintéticamente lo sucedido a la tercera, empezando por lo más grave y visible: lo que a mí misma me sucedió también, pues en ellos, llamados Últimos Coletazos del Franquismo, fui detenida en comisarías o estuve en siete ocasiones en la cárcel, que paso a detallar sistemáticamente.

1967 – Inicio la composición e interpretación en público de mi cancionero. Le añado en anexos pequeña antología.

1º – Multa Gubernativa

1968 – Primera multa gubernativa. Recital junto a Mike Clyck. 50.000 pesetas por cantar “¡A la huelga!” de Chicho Sánchez Ferlosio en la Facultad de Derecho, donde Cristina Almeida estudiaba y era Delegada del Sindicato Democrático de Estudiantes de la Universidad de Madrid, SDEUM. Registro de madrugada y detención domiciliaria. Interrogatorio y posterior calabozo en las Salesas, sede del Tribunal Supremo. Los amigos del barrio y los periodistas Tina Blanco, Mercedes Arencibia y Antonio Gómez hacen una colecta y pagaron la multa.

Nunca les devolvieron ese dinero.

2º – Exilio

Elisa Serna 1977 - interior disco 1

Interior de Choca la mano! (1977)

1969 – Me exilio en París. Aprendo el francés fluido. Trabajo de mañana en Editorial Ebro. El Secour Rouge me facilita una buhardilla, une piol, en la Pza. de la République de París, y de noche canto en cabarettes de gauche de la Contrascarppe parisina. También en La Sorbone y otras facultades con Lluís Llach y Carlos Cano. En la Mutualité con Colette Magny e Imanol, y formamos el grupo 4 Voix pour l’Espagne junto a Imanol, Jean Paul Fertier y Mara. Paco Ibáñez produce mis primeros discos. Y vuelvo a España. Edigsa, Als 4 Vents, Movieplay, Disques Drug de Bretaña, Editions des Femmes o Radio Nacional de España editaron los nueve LPs o CDs que tuve en el mercado.

3º – Rayado de discos, censura, prohibiciones de recitales y giras.

1971/ 1972 – Regreso a España a pasar las Navidades y vuelvo a París. Censura, vigilancia, detenciones en casa de mis padres y a pie de escenario, rayado sañudo de discos en Radio Nacional de España (RNE), Listas Negras en todos los Medios de Comunicación Oficiales (MCO), centenares de recitales y giras prohibidos… Registro de mi apartamento en mi ausencia. Asaltos a taxis. Multas gubernativas imposibles de pagar, porque, además, me niego a financiarles el aparato represivo a los franquistas. Me acusan de varias actividades, entre ellas las anti-españolas en el extranjero, cosa falsa, pues quiero mucho a esta tierra. Mi abogado, José Luis Núñez, del PCE, pide condonación, en vano, y me obligan a hacer cárcel mayor sustitutoria.

4º – Multas gubernativas, detenciones y encarcelamientos:

f (2)

Interior de Quejido (1972)

1973 – Llamaban de madrugada a casa de mis padres, Av. Ciudad de Barcelona 53 (hoy 57), planta 7ª, de Madrid. Eran dos secretas, conducidos por el sereno. Registraban mi cuarto. Le enseñaban, o no, a mis padres la Orden de Registro y Detención para ser interrogada en la Dirección General de Seguridad. Cuando el ascensor nos bajaba al portal, me esposaban –cosa que nunca les dije a ellos, mis padres–, provocándome un pánico paralizante y mucha rabia contenida, porque me sentía indefensa sentada en el Z entre los dos secretas, con sus correajes interiores y su pistola en la cartuchera. Eran muy malos tratos. No existía aún el Habeas Corpus.

En destino la Dirección General de Seguridad de la Puerta del Sol, hoy sede del Gobierno de la C. A. Madrid, las detenidas y detenidos atestaban a reventar los calabozos subterráneos. Me hicieron fotos de frente y de perfil sentada en una extraña silla de barbero que los policías giraban de golpe, con un resorte, noventa grados, para fotografiarnos las orejas.

Luego tuve que mojar las yemas de todos los dedos de la mano, llevados uno a uno a derecha e izquierda por el policía, en un tampón de tinta pegajosa, negra, para luego imprimir las huellas, una a una, en las cuadrículas preparadas al efecto en una cartulina blanca. O sea que me ficharon. Me quitaron mi neceser, el poco dinero que llevaba y los cordones de las botas chirucas. Recuerdo que antes una funcionaria me registró en busca de no se sabe qué en un cuarto oscuro que recibía sólo la luz del pasillo –una bombilla débil, colgando–, que debía ser quirófano o algo así, y que, al mirar el instrumental quirúrgico en una bandeja de metal, me aterrorizó.

Yo había oído que pocos años antes habían torturado hasta la muerte a un líder clandestino del PCE, Julián Grimau[2], que le aplicaron electrodos en los testículos a otros, o los hacían tumbarse en un somier de alambre conectado a un potenciómetro eléctrico con el que les daban descargas eléctricas, que iban aumentando hasta el tope si el detenido no hablaba. Se me pusieron los pelos como escarpias.

Algunos detenidos –mujeres y hombres– rompían a llorar incontrolablemente en los calabozos de la DGS a mitad de la noche. Yo intentaba calmarlos, hablándoles por el ventanuco, pero entonces se despertaban los guardias adormilados en su mesa y era peor. Llegaban otros detenidos, ensangrentados, mujeres amoratadas, de las salas ocultas de tortura, donde las golpeaban con toallas enrolladas que empapaban en agua porque creían que así no les dejarían marcas. Yo vi entrar en el calabozo a una mujer con las orejas moradas, los ojos en sangre, en el lapso que tardaban los guardias en cerrarnos apresuradamente el ventanuco enrejado de la puerta. Y como lo vi se lo expreso, Señora Servini, para que nunca más se repita.

Retumbaban en las celdas del suelo, como cajas de resonancia, las campanadas del reloj situado arriba, en la vertical de los calabozos. Es el reloj que RNE usa para transmitir por radio el Fin de Año. El efecto que me produjo nunca se me olvidará: badajazos lentos en campana grande, graves, de reverberación larga, interminable en extinguirse.

Al día siguiente, cuando sonaron las doce campanadas de medianoche, fue –por las circunstancias que me envolvían– como si tocaran a muerto, se me antojaba.

En el calabozo, sucísimo y maloliente, no había cama, ni lavabo, ni mantas, ni colchonetas. Sólo un promontorio de obra a unos ochenta centímetros de altura, pelado, forrado, alicatado de gresite blanco, que se elevaba en un lado como remedo de almohada. El guardia me abría el portón sólo para hacer mis necesidades, ocasión que yo aprovechaba para darme un chapuzón, refrescarme en un lavabillo que había en una esquina –era primavera– y de paso le pedía fuego, que entonces no estaba prohibido. El que hacía de poli bueno en los interrogatorios siempre ofrecía un cigarrillo a los detenidos.

A la mañana de la tercera noche que pasé en vela, llamó de arriba, de los despachos, creo que era el comisario Conesa[3], ex-comunista, para tomar declaración a una joven comunista, la cantante, y me eché a temblar, pero me rehíce antes de salir de allí. Querían doscientas cincuenta mil pesetas porque en el recital del Teatro Benavente provoqué un estado de excitación que podía haber dañado la paz social, según rezaba la multa, o, en caso de impago, sería encarcelada por mucho tiempo.

Me declaré insolvente y después me devolvieron al calabozo. Me sacaron de él otra vez, me esposaron y, a empujones, me metieron en un coche, con dos grises en la delantera y un secreta a mi lado, en la trasera. Yo no sabía dónde me llevaban y pregunté. “¡A la cárcel de Alcalá de Henares! ¡Y calla ya!”, respondieron.

Allí me esperaban otros tres días de celda incomunicada, hasta que una monja de la caridad, con sus almidonadas alas frontales –sin dar ni los buenos días–, entró con un fliz, un pulverizador genital, y me dijo: ¡ábrase de piernas! La humillación que sentí al ser tratada como una presa común fue muy profunda e irremediable. Es posible que todavía viva. Suerte que estaban las políticas Jone Dorronsoro y Arantza Arruti, y todavía estaban cumpliendo condena; que habían sido juzgadas en el Proceso de Burgos, en 1970, vascas, me habían pasado por el ventanuco una muestra de solidaridad que me esperaba en el patio: pasta de dientes, jabón, toalla, peine, al enterarse de que habían cogido a otra política y de que era la cantante, que les habían dicho acababan de detener porque mi hermano menor, Félix, el periodista, lo había denunciado en el periódico Informaciones[4].

5º – Detenciones y cárceles

5º – 1

Sin título

Fotograma de Carne apaleada

Allí me llevaron a la celda 105. Individual, seis metros cuadrados, con el lavabo y W.C. integrado en el mismo espacio. Me volvieron a quitar el neceser, el dinero y los cordones que me habían devuelto los guardias de la DGS. Nos formaban en el patio dos veces, mañana y noche, para contarnos. Gritaban el nombre y primer apellido y nosotras contestábamos con el segundo. Recortaban las noticias importantes de los periódicos; no nos daban salida o entrada a muchas de las cartas que enviábamos, dándosela antes a una funcionaria por obligación.

En la Comunicación con la familia nos decían que nos escribían, pero muchas cartas no nos llegaban. La auto-censura y los cacheos eran obligatorios antes y después de las Comunicaciones con visitas de las familia: separadas de ellos a un metro de distancia, dos muretes gruesos, fuertes, con rejas y alambradas a la altura de un metro hasta el techo, nos separaban; constituían un pasillo, un corredor, donde dos funcionarias, de verde oscuro vestidas, apostadas a derecha e izquierda, se paseaban constantemente de izquierda a derecha y media vuelta, vigilando e interrumpiendo las conversaciones. No nos oíamos. Todos gritábamos. Era patético; pero el ruido nos protegía para que las funcionarias no oyeran algunos mensajes clave que nos intercambiábamos.

Decían que la Censura la hacían los curas, el Obispado. Usábamos papel de pecunio por dinero para comprar en el colmado de la cárcel alimentos, tabaco o productos de perfumería.

Las presas políticas habían conseguido su pequeño estatuto de respeto diferenciado. Éramos alrededor de cuarenta presas políticas, y consiguieron, no obstante, separarse de las comunes, argumentando por escrito los Derechos de los Prisioneros del Tratado de Munich y Ginebra. Instalaron dos duchas, pero las situaron muy lejos de las celdas, al fondo del patio, lindando con la sala de día. Había que atravesar el patio para llegar a las duchas, de buena mañana. Si había tormenta daba igual. Al fondo izquierdo había una tele y a la derecha algún material para tejer macramé, punto, costureros, cartulinas de colores y libros o periódicos autorizados y recortados. No hacíamos cola para comer: nos traían una bromurosa (de bromuro) sopa caliente a las mesas, un segundo plato aceitoso y una manzana o así.

Doy testimonio de que las presas políticas con condenas largas redimían montando diapositivas para la Kodak y etiquetas de equipaje para Iberia. Les pagaban una cantidad ridícula por cada una de las dos artesanías. Ignoro si estas empresas las han indemnizado al salir de la cárcel. Completábamos tan frugal alimento poniendo en común los paquetes que, a cada una, solía enviar la familia, los amigos o el Partido, Asamblea o Sindicato al que perteneciera cada cual, en clandestinidad aún…

En el comedor había tantas mesas agrupadas, separadas, como partidos o sindicatos de izquierdas en ese año, luchando en la calle y la universidad o los tajos: PCE, LCR, PT, FRAP, ETA, Independientes, CC.OO, Cristianas de Base, HOAC y JOC, entre otros. En un principio me senté con las Independientes, por ver el clima que allí se respiraba, los modos y maneras. Luego me fui a mi sitio, la mesa del PCE.

Dolores Sacristán, del PCE, pacientemente, me rehízo, tras tantos shocks traumáticos vividos. Me explicaba en el patio los últimos comunicados de Mundo Obrero, de dónde venía yo y a dónde íbamos. Aprendí a escribir con zumo de limón y otras tretas para sacar o recibir información sensible, política.

Ese plural, íbamos, me hizo recuperar mi perspectiva política y vital, ya no era un ser apócrifo; me salvó del ostracismo en que, por precaución –ante el robo en Comisaría de nuestras agendas telefónicas– nos dejan a veces los partidos una temporada. Durmientes nos llamaban.

5º -2.

Otoño de 1973 – Cárcel de Mujeres de Yeserías, Madrid – Éste es el único encarcelamiento que sufrí, en 1973, por causa distinta a mi trabajo de cantautora, pero está íntimamente ligado a mi filosofía.

Los trabajadores de la fábrica de bombillas y bujías Robert Bosch habían pedido apoyo y extensión para la huelga por mejores condiciones de trabajo y salarios a los sectores laborales de la Cultura. Nos invitaron a una gran Asamblea en la Iglesia del Dulce Nombre de María, de Vallecas, Madrid, donde sus líderes sindicales expusieron cuál era la situación. Acudimos muchos, seríamos unos doscientos.

Antes de que acabara de hablar el último activista, empezó a saberse  entre los asistentes invitados, que se acercaban autobuses de los grises, de los grandes, de los de treinta plazas. De inmediato se produce una estampida que deja el pavimento del templo regado de llaves, monederos, tarjetas, agendas, cuadernillos de apuntes, mundos-obreros…, que los asistentes dejan caer en su huida para que no les relacionaran ni perjudicar a las personas cuyas señas o teléfonos tenían allí apuntados, e impedir el paso sin permiso judicial a sus apartamentos, domicilios o lugares de trabajo, a veces clandestino, porque igual tenían allí escondida una multicopista de aquellas de clichés de cera: las vietnamitas, las llamábamos.

Pero no había escapatoria posible. Nos fueron subiendo porra en mano, pistola en el cinto, a los autobuses de treinta en treinta. Al llegar al patio de la DGS separaron hombres por un lado y mujeres por el otro. Nos impusieron una multa de setenta y cinco mil pesetas a cada una, que nadie abonó; y las chicas, cincuenta por lo menos, de entre las cuales veinte éramos la caída de CC.OO. Fuimos confinadas en una celda colectiva donde ya había otras presas –con su confidente de rigor incluida, es de suponer‒ en la Prisión de Mujeres de Yeserías, que después de la guerra, años cuarenta, se llamó Campo de Concentración Miguel de Unamuno, donde estuvo prisionero mi propio padre –ahora lo sé– y trasladado más tarde a Alcalá de Henares, al Manicomio habilitado como prisión, por el hacinamiento de presos, al acabar la guerra, al Campo de Concentración y, por último, al penal de Miranda de Ebro.

Pero no borrarán con los cambios de nombres la memoria de las víctimas o familiares y amigos de víctimas de Franco.

Otro cambio de nombre ha sobrevenido a ese Presidio de Mujeres-Campo de Concentración: ahora se llama Centro de Rehabilitación Social de Mujeres Victoria Kent, pero es el mismo, el de la calle Batalla de Belchite de Madrid. Conjunto de edificios donde estuvo prisionero mi padre y donde, pasando el tiempo, estuve yo. Está en el barrio de las Delicias de Madrid, bajando hacia el río Manzanares.

Yo estuve veinticuatro días allí –la Prisión de Mujeres de Yeserías, Madrid–, como una leona encerrada, dando vueltas al patio, cuando estaba en el mejor momento de mi carrera musical. La gente me llamaba constantemente para dar un recital en ese momento. Había comprometido y ensayado con músicos. Tenía el mismo manager de Luis Pastor: Rufo, un ser encantador que falleció hace unos años. Después Fernando Jurado tomó el relevo. Se comprende bien que la represión en esos años era feroz, paralizante y no soy nadie para perdonar a ninguno de los responsables de la DGS, de Instituciones Penitenciarias o Directores de Cárceles de la época. No, ni uno solo de los minutos que mis familiares o yo pasamos en ese lugar –en distintas épocas– injustamente.

A veces pienso que los fascistas quisieron seguir atacando a mi padre donde le dolía, al encarcelarme de su hija menor, a pesar de que ya había sido puesto en libertad definitiva en 1955.

Por Yeserías andaban las detenidas y condenadas por prestar ayuda a quienes aquellos jueces franquistas creyeron responsables de la explosión de la Cafetería de la Calle del Correo de Madrid. Mujeres dignísimas, anti-franquistas, ilustradas, como Eva Forest, Pilar Bravo, del Comité Central del PCE –que no entró a la cárcel por esta caída–, Lidia Falcón, abogada y feminista, o Carme Nadal, una aristócrata de la isla de Mallorca con la que trabé una buena amistad que dura hasta nuestros días.

5º – 3.

1975 – Prisión de Mujeres de Picassent de Valencia. Todo el mes de Mayo encarcelada, por orden del Gobernador Civil de Valencia:

Faltaban siete meses para que Franco muriera. Su enfermedad tuvo el efecto de agravar la represión contra toda la oposición, particularmente a las izquierdas marxistas que buscábamos una salida pacífica, democrática, a la dictadura, fuera el que fuera nuestro oficio o carrera.

En primavera di un recital en la Facultad de Filosofía de Valencia, y al presentar la canción “105 celdas”, que había escrito en la cárcel de Alcalá de Henares, se la dediqué a Marcelino Camacho y a todos los detenidos del Proceso 1001 contra Comisiones Obreras, que habían sido juzgados y encerrados en la cuarta galería de la prisión de Carabanchel de Madrid, junto a Sartorius, el escritor Armando López Salinas o el poeta Carlos Álvarez, entre otros. Expresé en la Facultad de Filosofía de Valencia mi convencimiento de que todos esos intelectuales eran luchadores por la libertad y no delincuentes para tenerlos en esa cárcel atrapados.

Acabado ese recital y otro en el Valencia Cinema, volví a Madrid sin percance alguno. Pero un día, a finales de Abril, los trabajadores de Sagunto, cuya siderurgia querían cerrar los franquistas, me llamaron para dar un recital de solidaridad con su lucha en esa ciudad. Acudí de mil amores, y cuando acabé el recital, se me echaron encima dos policías secretas, me llevaron a un aparte y me mostraron una multa de ciento cincuenta mil pesetas, por llamar luchadores por la libertad al presentar la canción “105 celdas” en la Facultad de Filosofía de la ciudad del Turia.

El proceso de detención y encarcelamiento fue similar al sufrido en la cárcel de Alcalá de Henares, pero el emprisionamiento en esa cárcel iba a ser muy distinto. Mucho más denigrante. Y paso a describir brevemente lo allí visto y sufrido en Mayo de 1975:

A pesar de que acababan de pasar las movilizaciones y los saltos propios del 1º de Mayo, no ingresó en Picassent ninguna presa política más que yo. Estaba sola con mis afanes revolucionarios. Era imposible tener el más mínimo estatus, algo diferenciado, de debate o estudio separado de las presas comunes.

Durante los tres días de rigor incomunicada, me tiraban el plato de comida al suelo, o los grasientos vasos de aluminio con sucedáneos de café o chocolate, y mucho bromuro.

Cuando salí al patio, me encontré rodeada de pobres mujeres cumpliendo condena por robo, tráfico de drogas, asesinato y prostitutas. Tal vez las presas sociales son también políticas, y

  1. Tenían que hacer cola para que les dieran comida.
  2. Las obligaban a limpiar la cárcel de arriba abajo. No había guantes, ni recogedores, ni accesorios de limpieza de letrinas.
  3. Las funcionarias las llevaban la ropa sucia de sus familias a lavar a las presas, prometiéndolas en falso que les rebajarían la condena, cosa que jamás ha dependido de las funcionarias de prisiones en España. Las presas les ponían los rulos, les hacían la manicura y la pedicura.
  4. Obligaban a las prostitutas a ir preparando un altar para hacer procesiones a la virgen del 2 de Mayo, y a ensayar la procesión y los cánticos, dando vueltas al patio, con velas encendidas y entonando, agriamente, aquello de con flores a María que madre nuestra es. Con sus cabellos desteñidos y su ropa prieta, se mofaban de lo divino y lo humano.

Berlanga perdió una gran ocasión para filmar el esperpento, el retorcimiento de las conciencias descreídas, de aquellas mujeres a manos del sacerdote de la prisión. Marginales y hundidas hasta las cejas en el lumpen valenciano.

  1. Las que tenían mucha condena y se encontraban cumpliéndola dentro de aquella jaula, redimían condena haciendo jaulas para pájaros, de madera con barrotes de hilo de cobre. Tardaban muchos días en hacerlas. Les quedaban preciosas, recuerdo, pero sólo les pagaban una (1) peseta por cada jaulita que terminaran.

*

A los cinco días de llegar a esa cárcel, me acordé de Pasionaria –más vale morir de pie, que vivir arrodillados‒. Verdaderamente, aquellas mujeres estaban siendo arrodilladas, degradadas, cosificadas, tratadas como perros. A mí se me hizo intolerable la situación en aquel presidio, y hablé con las que me parecieron más buena gente. Les conté cómo, plantando cara, muchos obreros estaban mejorando algo su situación, como lo de Bombillas Bosch, o cómo los detenidos en la cuarta galería de Carabanchel luchaban por la Amnistía para todos los demás también.

No sé, les dije que la situación en que vivíamos allí era una excepción insoportable, un abuso, respecto a las demás cárceles de mujeres; que no sé: podíamos celebrar el 1º de Mayo tirando por las ventanas todos los colchones, sin quemarlos, como habían hecho los presos comunes amotinados en otras cárceles, creo recordar que en Carabanchel de Madrid.

Y la idea cuajó en dos días. ¿Cuál no sería el hartazgo de aquellas mujeres? Y tal como lo hablamos, lo hicimos. La respuesta del director de la cárcel y el sacerdote –que día a día consumaban el sádico pastoreo a personas tan castigadas y desengañadas por el sistema– no se hizo esperar.

Nos encerraron en las Celdas de Castigo, de Incomunicación, y pasaron siete interminables días con sus noches. El estatus en las celdas normales también cambió: sólo podíamos usarlas para dormir, de noche, creo recordar. Pero ganamos parcialmente la batalla:

  1. La procesión en la Cárcel, para el 2 de Mayo, se suspendió.
  2. Nos traían unas soperas a las mesas, como en Alcalá de Henares.
  3. No había que hacer cola para que nos dieran la comida.
  4. A mí me dejaron leer y tocar la guitarra en la Escuela diminuta de esa cárcel. Una funcionaria me enseñó a hacer sonetos y escribí, entre otras canciones, el “Soneto de la Plaza de Oriente”, en cuyo palacio estaba siendo coronado Juan Carlos I, que ayer, lunes 2 de Junio de 2014, abdicó en su hijo Felipe VI.

Pero nos siguieron castigando a limpiar las celdas, los pasillos, el patio y todas las letrinas del fondo con las manos.

  1. Compraron, no obstante, cogedores y nuevos cubos de basura, alguna escoba…

Nadie se animó a entrar a la Escuela a estudiar o leer algo. Lo peor fue que a mí me separaron de las Comunes: me llevaron a un pabellón de cuatro plantas, que decían era para las políticas, pero todas las celdas estaban vacías, salvo la mía. La funcionaria además tenía la maldita costumbre de apagar todas las luces en cuanto yo entraba a la celda. Pasé mucho miedo, porque en Madrid, cuando apagaban las luces de algún barrio, es que iba a haber redada policial.

Un día me llamó el cura a su despacho. Quería el hombre adoctrinarme. Pinchó en hueso. Fue una entrevista muy corta. Me decía que yo estaba allí porque Dios lo había querido y, bueno, le contesté que no. Que estaba allí más bien por voluntad del Gobernador Civil de Valencia. Me decía que era bueno rezar e ir a misa. Le dije que yo no era creyente, que me parecía que Dios no existía. Se levantó de repente y se fue. Yo hice lo mismo, por si volvía con un guardia civil.

  1. Dijeron que iban a hablar con los pajareros del mercado para que subieran el precio que pagaban, y así fue, les dieron el doble: dos pesetas.

Pero otras mujeres decían que los pajareros daban mucho dinero por la jaulas y que, antes de llegar a ellas, se perdía en los bolsillos de la burocracia de prisiones.

Cuando me fui de allí, a primeros de Junio, una de las presas, que había bordado un dibujo de un ojo en tela vaquera, me lo dio para que lo cosiera en la espalda de la cazadora y viera venir, con tiempo de huir, a la policía. Ella enseñaba en el patio cómo se roban las carteras. Yo me palpé el bolsillo trasero al despedirme de lejos y sí, allí estaba. Ella me vio el gesto. Nos reímos de lejos al despedirnos.

Pido Justicia con todas mis fuerzas, por el abuso de poder que en Valencia quiso esclavizarme a mí y al resto de aquellas pobres presas comunes. Corría el año 1975. Faltaban sólo seis meses para que muriera Franco.

*

6º – 4 asaltos y detenciones de 48 ó 24 horas en 5 comisarías, 1970-1975.

Se produjeron en Santander, Valladolid, Oviedo, Elche, Las Palmas de Gran Canaria y, dos veces más, en Valencia

  1. 1) – Santander:

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Me prohibieron el recital un día antes de celebrarse. Los estudiantes que habían pedido los permisos, cumplido los trámites de Censura, Gobernación y Ministerio de Cultura, hecha la promoción y pegada de carteles previa por la ciudad, organizaron una manifestación por el Paseo Principal en protesta por la prohibición.

No obstante, viajé a Santander cuando los estudiantes me comunicaron telefónicamente que habían recibido, con unas horas sólo de antelación al Recital, el escrito del Gobernador prohibiéndolo. Al llegar me lo dijeron desconsolados –todavía no había móviles– y en la estación de tren de Santander decidí quedarme y manifestarme con ellos en protesta.

La policía estrenó con nosotros sus nuevos uniformes, cascos en vez de gorras, y escudos; les quitaron los abrigos acampanados y les pusieron un chaquetón ajustado con un cinto negro; el resto todo gris, aún.

A mí me detuvieron y me llevaron sin que mediara razón o multa. Nada, sólo represión en estado puro. Cosa de probar sus nuevos artilugios. Los guardias me llevaron a empujones a un calabozo horrible, que más bien parecía una cuadra, pues el suelo era de tierra y paja; la puerta era de las cortadas horizontalmente por la mitad. Tenía el paño superior abatible, pero jamás lo abrían mientras duró mi detención: dos interminables días en que mi naturaleza se mostró inoportuna.

De repente, con el susto, se me adelantó la regla. Se mofaban de mi estado vulnerable, que discurría hasta los pies. No había duchas por allí y tardaron muchas, muchas horas en traerme unas compresas. Son cosas muy humillantes, imperdonables, para las que pido Justicia, Sra. Servini.

A los dos días me pusieron en libertad, como digo, por las buenas artes y gestiones de mis amigos estudiantes de Santander y el matrimonio Viadero de Librería Documenta, a los que desde aquí vuelvo a dar las gracias por el libro de Empédocles que me hizo abstraerme algunos ratos de la incuria que vivía en esos momentos.

*

  1. 2) – Valladolid 1: Asalto 1
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Foto de El Yeti para la entrevista de Álvaro Feito “Elisa Serna: balance de ocho años de franquismo” (Triunfo, 1976)

Con motivo de la Huelga de la fábrica de FASA-RENAULT en Valladolid, los estudiantes de la Universidad de Valladolid quisieron solidarizarse con la justa lucha de las trabajadoras y trabajadores de la fábrica de coches.

Me llamaron y organizaron un recital en la Facultad de Filosofía. Montaron un escenario dentro de una importante aula acristalada. Situaron todas las mesas al fondo de la enorme aula y encima instalaron los micrófonos. Iba yo con todo mi grupo: Miguel Ángel Chastang al bajo, Morote al chelo, Lobo a la guitarra y pequeñas percusiones. Estaba saliendo todo muy bien, cuando de súbito entra en la sala un grupo de ultras, armados de cadenas, y rompen los cristales que rodeaban el recinto. Nosotros nos pusimos debajo de las mesas, hasta que un estudiante nos dijo que podíamos huir a Valladolid saltando una valla que había tras la cafetería de esa Facultad.

Salimos de allí como alma que lleva el diablo, con todos nuestros instrumentos. Bajamos a la Cafetería, un músico se puso a horcajadas sobre el muro separador y, a la velocidad del rayo, le fuimos lanzando todos los instrumentos: desde la flauta hasta el contrabajo. Otro músico los tomaba al otro lado de la salvadora pared. Cuando saltamos todos al otro lado, cada uno con su instrumento, empezamos a correr, como si nos persiguiera un toro en San Fermín, no sabíamos hacia dónde, así que entramos en un portal que vimos abierto y subimos las escaleras como una centella, hasta la terraza. Allí, por fin, nos sentamos recostados en el lado interior, claro, del murete que rodeaba la terraza, y suspiramos por fin con mucho alivio.

Ignoro, Sra. Servini, qué delito se puede aplicar al grupo de ultras que nos atacaron, pero se pareció mucho al terrorismo. Cuando huimos de aquella clase, vimos estudiantes a los que les sangraba la cabeza.

*

  1. 3) – Valladolid 2:

En otra ocasión, un grupo de cristianos de base nos llamó a Teresa Rebull y a mí para cantar en una Iglesia del barrio de Las Delicias de esa ciudad. Y allí nos fuimos con las guitarras.

Fue impresionante la hospitalidad y el cariño con el que nos recibieron aquellos vecinos, su ausencia total de catalano-fobia. Había que oírlos cantando a Theodorakis en catalán, en Valladolid:

Tots esperem el só llunyà de les campanes,

en una terra qu’és de tots i de nosaltres!*

Hacía un frío que helaba los huesos, así que, ni cortos ni perezosos, los vecinos montaron una enorme hoguera controlada, pero dentro de la Iglesia, que si mostró el aggiornamento de los cristianos en esa ciudad, a punto estuvieron de dejarnos, por la inhalación de humo, roncas para todo el año.

*

  1. 3) – Detención en Oviedo (Asturias): Asalto 3

En esta ocasión fue el Partido Comunista el que nos avisó para hacer una gira por la Cuenca minera.

Bajábamos en un taxi la cuesta de bajada que separa a la Facultad de Filosofía de Oviedo de la Estación de Tren. Y sin saber cómo ni de dónde habían salido, se nos echan dos policías de paisano encima del taxi en marcha, como en los asaltos a las diligencias en las películas estadounidenses del Oeste.

Abren las puertas traseras del taxi, con el coche en marcha… Descubren su Chapa de Identificación policial con la mano, enseñándonos la parte interior de su solapa. Todo en la fracción de unos segundos. Vemos la chapa y nos dicen: ¡Policía! ¡Bájense!

(Mire, Sra. Servini: ahí demostramos que del corazón estábamos bien, porque el susto fue mayúsculo, pero considero que no ha de ser tan difícil encontrar a esos asilvestrados y que nos reparen por lo sucedido).

Pero bien, nos llevan a Comisaría, se quedan con las guitarras y los maletines para hacer un Registro y, mientras tanto, nos distribuyen a cada una en una –Teresa Rebull y yo– celda distinta.

Cuando nos llamaron a declarar fue por separado, pero las dos decíamos las mismas cosas. Muy curioso. Teresa Rebull iba a cantar la poesía erótica del excelso poeta catalán Salvat-Papasseit, y yo al poeta que dijo ser barro: Miguel Hernández, de Orihuela, Alicante, muerto de hambruna o tuberculosis, tras ser confinado en Campos de Concentración, como Vd. bien conoce.

Tuvimos con el Comisario un cruce de opiniones sin ningún tipo de sumisión por nuestra parte, que puso de relieve el instinto de supervivencia acumulado en esta Piel de Toro en las trovadoras, y lo anacrónico y retrasado, respecto a los países de nuestro entorno, de los valores y principios, y la falta de formación literaria de algunos servidores del Estado en el lustro 1970-1975, últimos coletazos del Franquismo. Fue algo así.

Llamaron primero a declarar a Teresa Rebull:

‒Comisario: Ya he leído sus letras, las que quería cantar en Oviedo. ¿No le da vergüenza, tan mayor, venir aquí a cantarnos coplas pornográficas?

‒Teresa Rebull: ¿Ah sí? Ya veo: no le gusta la poesía de Papasseit, ni sabe quién es.

‒Comisario: Pues no. Me parece una vergüenza que siendo Vd. tan mayor cante esas letras tan obscenas por el mundo.

‒Teresa Rebull: ¿Obscenas? ¿En qué mundo vive Vd.?

‒Comisario: Mire, Se-ño-ra: ¡en el mundo de las personas decentes!

‒Teresa Rebull: ¿Ah sí?, ¡… decentes! ¡Decentes! ¿Pues sabe lo que le digo? Que Vd. nos ha detenido porque odia a las mujeres y no hace el amor. ¡Es Vd. sólo un re-pri-mi-do!

‒Comisario: ¡Guardias! Llévense a esta mujer a la celda y tráiganme a la otra.

Me interroga de pie.

‒Comisario: Y Vd., ¿qué? ¿No se cansa de cantar a los rojos?

‒Elisa Serna: Pues no. Es mi libertad.

-Comisario: ¡Aquí no hay más libertad que la que yo diga! Y Vd. es mi detenida ¡y una subversiva!

‒Elisa Serna (con sorna): Oiga, que yo he estado en París y he vivido la libertad que se respira allí desde la Revolución Francesa.

‒Comisario (se echa atrás en su sillón y dice: “¡Ya!”, al tiempo que toma una voluminosa carpeta azul de gomas de una bandeja de alambre tejido).

‒Comisario: ¿Sabe lo que es esto?

‒Elisa Serna: Ni idea.

‒Comisario: Pues es un Informe de la policía española en París, donde la acusan de actividades anti-españolas.

‒Elisa Serna: Pues se equivocan. Yo quiero mucho a mi tierra.

‒Comisario: ¡Bueno, miren! (da un puñetazo en la mesa) Ya me han cansado. (Mirando al mecanógrafo) Haga el favor, Ramírez, de expulsar de Asturias a estas mentecatas (mirándome a mí): lo de la gira por la Cuenca minera ¡queda suspendida! Tienen Vds. dos caminos: o se vuelven a la Estación y se van de Asturias, o se quedan detenidas aquí dos meses. Vds. verán.

(Voy al encuentro de Teresa –¿dónde va Vd.?, gritan a mi espalda– que quiere que la abran la celda).

‒Elisa Serna: Oye, ¡vámonos de aquí!

‒Teresa Rebull: ¡Ramírez! ¡Ábrame la celda!

‒Comisario: ¡Estas mujeres me van a volver loco! Ramírez es el mecanógrafo. Les van a acompañar dos agentes a la Estación, en un Z (el Seat con sirenas que ponían en el techo exterior, de un manotazo, indicando que estaban de servicio).

‒Los dos grises: Ya lo han oído, recojan sus guitarras y salgan por la puerta, y mucho cuidadín. ¡Vayan delante, que las veamos!

El tren a Madrid pasaba en media hora. Lo tomamos con la mirada de los secretas, agazapados por la estación, clavada en la nuca, y cuando el tren arrancaba, ¡pí, pí!, ¡Viajeros al tren!, nos miramos; yo le dije: ¡Pornográfica! Ella me respondió: ¡Subversiva! Y nos reímos a carcajadas incontenibles un buen rato, que aflojó la tensión y el miedo que acumulábamos, porque una cosa era mantener el tipo ante la policía y otra, muy distinta, la procesión que llevábamos dentro. Despotricamos sin reprimir los improperios, asomadas a la ventanilla, con el viento fresquito en el rostro, las montañas verdes, de lo cuartelera que todavía era la España del comisario; un país tan hermoso, que era el nuestro, y que algún día cambiaría; proclamaríamos ¡la República! Comprendimos que la revolución –entonces hablábamos en esos términos– tardaría mucho todavía en llegar, pero que el día que los Derechos nos ampararan, contagiaríamos nuestras ganas de vivir sin ataduras, cantando los versos de nuestros mejores poetas; que entonces haríamos y diríamos lo que nos petara en libertad. Pero ese tiempo no llegaría. Lo que llegó en los ochenta fue La Movida.

  1. 4) – Asalto 5 –Comisaría de Elche (Alicante). Homenaje prohibido al miliciano y poeta Miguel Hernández

Indudablemente, la mayor ofensa que se puede hacer a un poeta que hubiera muerto de manera inducida por el abandono médico y alimenticio, como le sucedió a Miguel Hernández, y además prohibir también todos los homenajes que los conocedores de la altura poética del bardo de Orihuela quisiera rendirle.

La detención que sufrimos el grupo de poetas, artistas e intelectuales que quisimos homenajearle durante los cinco años del período conocido como Los últimos coletazos del franquismo, entendida desde esas coordenadas, adquiere un filo doble, como las nuevas cuchillas de las alambradas de Ceuta[5]. Entre el grupo de poetas que fuimos a Alicante, en ese lustro, estaban José Hierro, José Agustín Goytisolo, Carlos Álvarez, Armando López Salinas, entre otros.

Todos ellos han sido reconocidos en el transcurso de la democracia, con cicatería –si consideramos que nombraron lo inefable, haciendo disminuir algo el sustrato de las verdades que se nos ocultaban– junto a grandes muestras del afecto, algunos premios; el mejor de ellos, la inclusión de sus versos en el currículo escolar y las musicaciones de sus poemas, que dieron a conocer su obra entre los más jóvenes.

Sin embargo, las nomenclaturas gubernamentales de la Democracia española no han accedido a anular el juicio franquista, por el cual, el Ejército Rebelde, en 1939, condenó a Miguel Hernández por un delito de rebelión contra el Ejército Rebelde. Un bucle del que todavía, 2015, no-hemos-conseguido-desenredarnos…

El año que me sumé al viaje hacia Orihuela, su ciudad natal, para homenajear a Miguel Hernández, como los anteriores, se produjeron detenciones, fuimos dispersados y además no nos dejaron entrar en el pueblo. Tuvimos que tomar los coches de nuevo y optamos por homenajearle en un pueblo cercano, Elche.

Allí, como anticipo al principio, fuimos detenidos en Comisaría José Agustín Goytisolo y yo, durante muchas horas. Pero ¿qué era eso al lado del cautiverio, la cárcel al acabar la guerra, la enfermedad contraída por hacinamiento y su, tan sibilinamente tramada, muerte de Miguel Hernández?

Pues entiendo que, a la luz de los derechos a la Verdad, la Justicia y la Reparación, era y es un atentado al Derecho de la Libertad de Expresión, una grave ofensa a Miguel Hernández y una insoportable, por repetitiva, andanada franquista a nuestros derechos de reunión y manifestación, que la Ilustre Juez Dª María Servini de Cubría –como a todos los episodios de violencia descritos a lo largo de estas torpes páginas– sabrá valorar y juzgar.

  1. 5.) – Canarias: Batalla campal estudiantes-policía, por la prohibición –en el último momento– de otro recital, en el Campus de Las Palmas.

Los estudiantes vinieron a buscarme al aeropuerto y me contaron que el Gobernador había prohibido, hacía tres horas, el Recital que iba a dar en el Campus de Canarias, Las Palmas –recuerdo que entonces no había móviles–, cuando yo andaría embarcando en el avión de Iberia, Barajas (hoy Adolfo Suárez), y que habían sucedido cosas graves.

En efecto, algunos profesores y los estudiantes se habían puesto en Huelga. El Gobernador envió a la Policía con jeeps acorazados y el nuevo armamento disuasorio: pelotas de goma, porras, esposas.

Los estudiantes y algunos profesores y profesoras los recibieron a los gritos de ¡Fuera Policía! Las cosas fueron a peor: tiraron a pistola de bala. Un estudiante fue gravemente herido. Murió en un hospital cercano.

El Campus estaba situado en la cima de un promontorio, y esa posición más elevada les permitió comprobar que al oír los disparos, a los guardias y a los jeeps, les estaban cayendo una lluvia de piedras medianejas. Algunas hicieron diana. Y la poli se metió en ellos y bajó los caminos dejando una nube de polvo. Se retiraron. Los estudiantes habían ganado.

Me llevaron al lugar, miré bien por el campo de batalla, y me traje una pelota de goma, una chapa de algún policía y un casquillo de bala, que desde entonces guardo y pongo a su disposición, ilustre Juez Servini.

  1. 6) – Asalto 6.6.3 – Valencia Cinema.

Los organizadores habían conseguido todos los permisos. Hecho la pegada de carteles, pasados los trámites de Censura e incluso publicidad en la Guía del Turia. Corría el año 1976 y parecía que la muerte de Franco había calmado los ánimos a los fascistas de Valencia.

Pero cuando estaba cantando a poetas palestinos, unos versos de Tawfid Zayad, “Con los dientes”, vi que entraban dos filas de grises en silencio, con la luz de la sala apagada, por los pasillos laterales. Nos llevamos un susto brutal, pero yo no sé de dónde saqué valor y no dejé de cantar, ni ésa ni las siguientes. No se atrevieron ellos a entrar en el escenario. Los organizadores hablaron con ellos, les mostraron los permisos y por una vez levantaron la mano. Y abandonaron el recinto del Valencia Cinema, por donde habían venido. Ni qué decir tiene que, esa vez, acabamos todos en la playa de la Malvarrosa, dando cuenta de –no recuerdo– unos buenos boquerones fritos, por ejemplo.

  1. 7) – Asalto 6.7.4 – Campo de Fútbol del Valencia C.F.
Elisa Serna. (Fotografía de Juan Miguel Morales).

Fotografía de Juan Miguel Morales

Luis Vicente, el amigo valenciano de los cantautores, junto al tejido asociativo de izquierdas de 1977, pensaron en organizar un encuentro de los que llamábamos Ibéricos, porque actuaban en su lengua propia catalanes, andaluces, vascos o gallegos. Se estaban preparando las primeras Elecciones Libres en España después de cuarenta y dos años de Dictadura. Los cambios sucedían muy deprisa, como hoy. Los partidos políticos habían sido legalizados, incluido el PCE, en la primavera del año en el que estábamos, el setenta y siete, y las exigencias de libertad de las culturas catalana, vasca y gallega arreciaban. Sus cantautores acudieron al Conciertazo, diríamos hoy. Lluís Llach, Manuel Gerena, Miro Casabella, Labordeta, el padre de la criatura, Paco Ibáñez o yo, estamos en unos preciosos y enormes carteles que Luis Vicente había hecho diseñar.

Con todo en regla, fuimos llegando todos al Estadio. Caminábamos por las gradas al escenario, para dejar nuestras herramientas, las guitarras en el camerino, que eran los vestuarios del club; pero al ir a probar el sonido y estando ya delante de los micros probando luces, quitando graves, en fin, con los prolegómenos serios de una cita tan importante, de súbito empiezan a entrar a las gradas también decenas de grises, con sus uniformes nuevitos, porra en mano. Nos miramos todos y exclamamos: ¡Ya están aquiiií! Todos rodeamos a los organizadores para negociar con la Policía Armada y, tras mucho forcejear, suspendieron el conciertazo.

Nadie nos indemnizó por el quebranto de nuestra libertad ni de nuestra economía, cuando la social-democracia ganó las elecciones en 1982, por ejemplo.

Pero hacía dos años que había encontrado pareja, me casé y viví muy feliz durante diez años más, en Barcelona. Lo viví como si fuera el premio que, por tanta represión fascista y tantas detenciones, me hubiera merecido. Hoy, de nuevo en Madrid, desde mil novecientos ochenta y cuatro, a punto de conseguir los derechos a la Verdad, la Justicia y la Reparación en Buenos Aires, Argentina. Estoy esperanzada, contenta, sin tener muchas razones para ello: estudio en la Universidad Complutense de Madrid, tengo una pensión ridícula y no sé, creo que mi familia y yo podremos desarrollar todas nuestras potencialidades artísticas o intelectuales, con la ayuda de la Honorable Judicatura Argentina.

Es posible que un día se pueda hacer Justicia en mi país, aquel por cuya libertad creo que la familia Gil Sánchez se ha empleado a fondo, desde 1870, pero eso tal vez lo vean mis sobrinos o incluso mis sobrinos-nietos. La vida sigue…

Elisa Serna, para Gustavo. Madrid, 4 de Octubre de 2015, 21:30h

[1] Dada la naturaleza del escrito, se ha respetado íntegramente su contenido, salvo las correcciones estilísticas que he juzgado pertinentes, y que, en ningún caso, afectan a su esencia de contenido.

* No se incluyen aquí los anexos a los que Elisa Serna se refiere y remite a la juez Servini de Cubría.

[2] Sin duda una exageración de Serna: Grimau fue fusilado más tarde.

[3] Roberto Conesa Escudero fue, efectivamente, miembro de las JSU. Comenzó su carrera policial en la posguerra, como infiltrado de la policía política, traicionando y descubriendo a sus antiguos correligionarios, entre ellos a las “13 Rosas”.

[4] Es posible que Serna se equivoque de año: la única nota relativa a este suceso aparece fechada el 11 de marzo de 1974 sin firma.

* «Todos esperamos el sonido lejano de las campanas,/ en una tierra que es de todos y de nosotros». Teresa Rebull: “Les campanes de la resurrecció”; Teresa Rebull (EP). Se trata de una versión de la canción de Mikis Theodorakis, Θα Σημανυν Oι Καμπες, sobre el poema de Yannis Ritsos, adaptada al catalán por Josep Maria Espinàs (la canción original dice sota la terra, “bajo la tierra”).

[5] Se refiere a las concertinas que el Gobierno Español situó en la valla que separa Ceuta de Marruecos para disuadir a los inmigrantes sub-saharianos de saltarla y entrar en el país.

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Mariano: tururururú


Canta Margot, no Rolando Alarcón

YA SE FUE EL VERANO

Ya se fue el verano, ya vino el invierno
Dentro de muy poco caerá el gobierno
Que tururururú que la culpa la tienes tú
Que tururururú que la culpa la tienes tú

Todos los ministros se irán al destierro
Y Francisco Franco detrás de ellos.
Que tururururú que la culpa la tienes tu
Que tururururú que la culpa la tienes tu

En España nadie come ya caliente
Nos vamos a hacer una funda pa los dientes.
Que tururururú que la culpa la tienes tu
Que tururururú que la culpa la tienes tu

La verdura es cara, no hay quien coma fruta
Y todo por culpa de un hijo… del Ferrol.
Que tururururú que la culpa la tienes tu
Que tururururú que la culpa la tienes tu

Más de cien pesetas cuesta la ternera
Ni que el animal un hijo de Franco fuera.
Que tururururú que la culpa la tienes tu
Que tururururú que la culpa la tienes tu

Ya los españoles no saben qué hacer
En cuanto se mueven les van a detener.
Que tururururú que la culpa la tienes tu
Que tururururú que la culpa la tienes tu

Los americanos son dueños de todo
Yo soy español pero en España me jodo.
Que tururururú que la culpa la tienes tu
Que tururururú que la culpa la tienes tu

Curas militares, monjas y accionistas
Y del Opus Dei y también los falangistas.
Que tururururú que la culpa la tienes tu
Que tururururú que la culpa la tienes tu

Haced las maletas, pronto será tarde
Iros del país que la cosa está que arde.
Que tururururú que la culpa la tienes tu
Que tururururú que la culpa la tienes tu

Hay que mala leche nos dan los lecheros
Es mucho peor la que tienen los obreros.
Que tururururú que la culpa la tienes tu
Que tururururú que la culpa la tienes tu

Popular (de Sergio Liberovici y Michele Straniero, Canti della nova resistenza espagnola, 1962)

Letra extraída de http://www.antiwarsongs.org/canzone.php?lang=it&id=7692

Marina Ginestà


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Diecisiete años tenía Marina Ginestà (a la que en este blog, por un error gramatical en el original, hemos llamado siempre “Ginesta”) cuando el fotógrafo Hans Gutmann la tomó esta foto en la azotea del hotel Colón en Barcelona, tomado después de que fuera abandonado por sus dueños tras la insurrección militar y la resistencia popular y política que se produjo. Conocimos mi amigo y yo esta foto en el artículo de un periódico, no recuerdo si era sobre un libro o una exposición de fotografías tomadas durante los primeros momentos de la guerra civil, cuando se respiraba más optimismo y se confiaba realmente en la unidad de las fuerzas populares, políticas, culturales y militares leales, para alcanzar la victoria frente al fascismo. Nos enamoró. A una belleza física, propia de una joven, se unían muchos factores: esa mirada llena de fuerza y de rebeldía, esos altos ideales de un mundo en donde todos fueran iguales, y la figura siempre imponente de una guerrillera o de una miliciana. Figura que salía en aquellas producciones literarias de entonces: eran mujeres fuertes, valientes y con una gran fe en sus ideales; no las retrataron los poetas de las maneras más cursis que tradicionalmente la literatura y el folklore depararon a las mujeres en tiempos de guerras; frente a las novias que lloran y esperan de las canciones de quintos, frente a las madres que rezan el rosario por sus hijos en el frente (figura muy explotada por la cursilería fascista italiana en esas estampas de la mamma despidiendo a su hijo, voluntario hacia Etiopía o España, entre besos y lágrimas), o las enfermeras que son besadas por los marineros en Times Square tras la victoria… No eran estas figuras pasivas, sino activas; y no sólo las milicianas, como la “Rosario dinamitera” de Miguel Hernández, sino otras mujeres que sufrían la guerra, pero la hacían frente, como la madre del niño muerto que describe Antonio Machado, o la inocencia de una lavandera llamada Encarnación Jiménez, mujer anónima que fue inmortalizada por Félix Paredes… Incluso el tema que podría llamarse “el descanso del guerrero” se trastoca, pues cuando Miguel Hernández escribe “Canción del esposo soldado” no piensa en eso: para él su mujer Josefina era la libertad. Mujeres que quizás no pudieron vencer las contradicciones machistas, por pequeñas que fueran, y que no se dieron por vencidas cuando se ordenó que se retiraran del frente, y continuaron haciendo otras actividades, frente a aquellas novias, esposas, madres que lloraban y rezaban (actitudes muy respetables y también dignas de admiración, pero demasiado explotadas por una imaginería que ha pecado a menudo de cursi), o de aquellas Juanas de Arco o Agustinas de Aragón, que también fueron valientes, pero demasiado explotadas por la reacción como para simbolizarse; y, a parte, lo que las diferenciaba de estas heroínas históricas es que ellas dos eran la excepción para el conservadurismo que las tomaba como símbolos, y en ese campo la excepción ocurre una vez en la historia, y aunque haya mucha devoción, nunca es deseable su repetición. No pasaba eso con las luchadoras de la república, fuera en el frente, en la retaguardia o en la resistencia.

Letra: https://albokari2.wordpress.com/2007/05/17/dulce-muchacha/

“Damunt d’una terra”, el homenaje de Lluís Llach al anarquista Joan Maurici


Hoy he tenido una agradable sorpresa, cuando el pintor Ángel Pascual Rodrigo ha comentado en la antigua entrada sobre la canción “Damunt d’una terra” de Lluís Llach, lo siguiente. Para darle algo más de belleza a su intervención, me va a perdonar que, no sólo le transcriba lo que ahí me ha dicho, sino que combine ambos comentarios:

angel_pascual2009Joan Maurici no era un personaje imaginario. (…) oí decir a Lluís Llach que esa canción la compuso en homenaje al anarquista Joan Maurici. Era el hermano de la madre de mi mujer, Elvira Ascaso Maurici. Mi suegra era Marina Maurici, secretaria de las Juventudes Libertarias de Gerona. Ambos vivían en Salt, un pueblecito junto a la capital que ahora ha quedado como un barrio con una gran densidad de inmigrantes. Joan Maurici era un anarquista militante. Fue fusilado en la guerra civil. Mi suegro, Pedro Ascaso, fue secretario de la CNT de Aragón poco antes de la guerra civil y después de traspasar el frente desde Zaragoza fue a Gerona, donde fue dirigente de la CNT. Allí conoció a Marina y a Joan. Un día le pregunté a Pedro ¿Cómo es que Franco te perdonó las dos penas de muerte que te impusieron y a Joan lo fusilaron? Su respuesta fue —Yo no cometí ningún delito de sangre, pero cada noche Joan salía y mataba a dos o tres «burgueses».

Otra cosa curiosa es que Elvira y yo nos conocimos en un recital de Lluís Llach en Zaragoza, el año 1972, donde cantó esa canción, por supuesto, y todos la coreamos.

Y cuando a los 25 años de matrimonio hicimos un viaje a Florencia desde Mallorca, donde vivimos, subió con nosotros al avión en Palma Lluís Llach. ¡Qué casualidad más increíble!, ¿verdad?

Con estas notas no podemos menos que volver a reeditar la canción, en mejores condiciones que entonces. Hasta ahora, siempre había pensado que Maurici sería el nombre de un estudiante o de un obrero tipo, que se va resistiendo a la protesta hasta que entiende algunas cosas. Ahora lo vemos con otros ojos, llenos de respeto:

Versión en directo de “Barcelona. Gener del 76”

Damunt d’una terra

Vailet, et diuen que a les guerres
tan sols hi ha tristeses,
no s’hi guanya mai.
Damunt d’aquesta terra encesa
tot allò que és feble
vol ignorar els mals.

I en Maurici va escoltant
però segueix a terra sense fer-ne cas,
perquè uns altres li han dit tant
que la seva vida és patir sota el fang…

Recorda les raons que un dia
varen canviar el signe
d’aquell temps passat.
Ell ha marcat la teva vida
amb una ferida
que tu has de curar.

I en Maurici va escoltant
i pensa que ja sap el perquè dels mals.
Però se’n torna, està dubtant,
i altres veus ressonen també al seu voltant.

Vailet, no siguis anarquista
i vés a la conquista
de l’honor més alt,
que al teu costat tindràs la força
que ens porta l’ordre
i ens permet la pau.

I en Maurici sap molt bé
que, si només dubta, poca cosa té.
En Maurici sap què fer,
trobarà als companys i sortirà al carrer.

Sobre una tierra

Muchacho, te dicen que en las guerras/ sólo hay tristezas/ nunca se gana./ Sobre esta tierra ardiente/ todo aquello que es débil/ quiere ignorar el mal.// Y Maurici va escuchando,/ pero sigue sentado, sin hacer caso,/ porque otros le han dicho mucha veces/ que su vida es padecer bajo el fango.// Recuerda las razones que un día/ cambiaron el signo/ de aquel pasado./ Él ha marcado tu vida/ con una herida/ que tú has de curar.// Y Maurici sigue escuchando/ piensa que ya puede saber el porque del mal./ Pero se vuelve atrás, está dudando,/ y otras voces suenan a su alrededor./ Muchacho, no seas anarquista/ vete a la conquista/ del honor más alto,/ que tendrás a tu lado la fuerza/ que nos lleva al orden/ y nos permite la paz.// Y Maurici sabe muy bien/ que, si sólo duda, poca cosa tiene./ Y Maurici sabe qué hacer,/ buscará a los compañeros y saldrá a la calle.

Lluís Llach

Y ahora, para celebrar este raudal de informaciones y emociones, una “rareza” que trajeron los amigos de Canzoni contro la guerra, la versión en griego que realizó el cantante Vasilis Papakonstandinou (Βασίλης Παπακωνσταντίνου):

ΟΛΑ ΤΑ’ΧΕΙ Ο ΜΠΑΞΕΣ

Όπου κι αν κοιτάξεις στίχοι με αφίσες και σκουπιδαριό σωρό
Τώρα η ζωή μου λιώνει σαν τις πίσσες μες στους δρόμους που γυρνώ

Όλα τα χει ο μπαξές, ψεύτικα λουλούδια, κρύες γειτονιές
Κάθε μέρα που περνά όλο πιο πολύ ο κόσμος με πονά
Όλα τα χει ο μπαξές, σύννεφα καπνού και σπίτια φυλακές
Κάθε δρόμος μια πληγή γέμισαν σκουριά ανθρώποι κι ουρανοί

Χίλια δυο γραφεία όνειρα πουλάνε σε ταξίδια αναψυχής
Τόσες υποσχέσεις λένε θα σε πάνε στον παράδεισο της γης

Όλα τα χει ο μπαξές, ψεύτικα λουλούδια, κρύες γειτονιές
Κάθε μέρα που περνά όλο πιο πολύ ο κόσμος με πονά
Όλα τα χει ο μπαξές, σύννεφα καπνού και σπίτια φυλακές
Κάθε δρόμος μια πληγή γέμισαν σκουριά ανθρώποι κι ουρανοί

Το μοναστηράκι κάλπικη δεκάρα μες τον τζόγο της ζωής
Χάθηκαν τραγούδια και άρρωστα φουγάρα που σε πήγαν κι όμως ζεις

Όλα τα χει ο μπαξές, ψεύτικα λουλούδια, κρύες γειτονιές
Κάθε μέρα που περνά όλο πιο πολύ ο κόσμος με πονά
Όλα τα χει ο μπαξές, σύννεφα καπνού και σπίτια φυλακές
Κάθε δρόμος μια πληγή γέμισαν σκουριά ανθρώποι κι ουρανοί

Vasilis Papakonstandinou (Βασίλης Παπακωνσταντίνου)

http://www.antiwarsongs.org/canzone.php?lang=it&id=15963&all=1#last

(NOTA: no he encontrado traducción de esta versión, más que la traducción automática del traductor google, que, por honestidad no reproduzco para que no se malinterprete como una buena traducción. Quien quiera obtener una idea de lo que dice, puede recurrir a ello)

Ángel Pascual Rodrigo fue miembro fundador de la Hermandad Pictórica Aragonesa, en 1974; un colectivo pictórico combatiente. Actualmente, Ángel Pascual Rodrigo sigue en activo, siendo uno de sus últimos trabajos un homenaje al gran José Antonio Labordeta, gran amigo suyo:

http://www.angelpascualrodrigo.com/new/40_aniversario.html

http://www.angelpascualrodrigo.com/89-98.b.html

Le agradezco sumamente todas estas informaciones, hasta ahora inéditas, y confío que me perdone estas libertades.

Rafael Alberti’s “Nocturno”; sung by Paco Ibáñez


Rafael Alberti reading his poems to the V Regiment (February, 1936)One of the best poems by Rafael Alberti, writen in the years of the Spanish civil war. For better understanding of the poem, we must know some things: The Spanish intellectuals (poets, writers, painters, philosophers, musicians, singers…) made a great labour during the Spanish Second Republic (1931-1939), as in its come as in its development. The most of the intellectuals had left-handed politicals positions (marxism, communism, anarquism, democrats…), like many other writers along the whole world: against imperialsm, capitalism, fascism, etc.; so they made a laudable work for educating a people traditionally illiterate, in a society mostly agrarian yet, in the cultural programs of the first Gobernment or by their own. Along these years, the Spanish intellectuals were very active in the socials affairs; between 1934-1936, when the Right won the elections, and then occured the Revolt of Asturias (1934), intellectuals denounced the fascists ways of this gobernment; at the same time, a little of them take part in the I Writers International Congress (Paris, 1935), in which writers from the whole world came to denounce fascism (Mussolini in Italy, Hitler in Germany, and also Greece, Portugal, Bulgary…) and reassert their compromise with the worker people. Spanish Delegation was presided by great writer Ramón María del Valle-Inclán, but being very sick, member of the Spanish Socialist Party, Julio álvarez del Vayo, took his place as president and made the speech. Also, the Spanish intellectuals, grouped in the Spanish section of the Asociación Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura (Writers in Defense of Culture International Association) or Alianza de Intelectuales Antifascistas (Antifascists Intellectuals Alliance), made and signed manifests for very causes: against the invasion of Ethiopia by Mussolini; against Hitler’s repression; against tortures and for the amnesty of the prissoners of the Revolt of Asturias; for the freedom of Antonio Espina (Spanish journalist arrested by an article against Hitler), Antonio Gramsci, Luis Carlos Prestes, Ernst Thälmann… And many acts in benefit of diverses causes… The most of them supported the candidature of the Spanish People Front –a coalition of the most of the left parties, leadered by president to be Manuel Azaña-, that won the ‘36 elections. Then, when militaries and fascists parties tried to realize a coup d’etat, that came into a civil war, the most of them kept their loyalty to the legitimate Gobernment of the Spanish Republic, and continued the intellectual labour; many of them wrote poems about the war, some of them were a denounce against unfair killing of Federico García Lorca. In 1937, take place in Spain the II Writers International Congress, also known as II Antifascists Intellectuals International Congress, in which writers from the whole world came to Valencia, Madrid and Barcelona to show their compromise with the Democratic Spain, In this year, Rafael Alberti wrote this beautiful poem: Alberti, as a member of the Spanish Comunist Party, was one of the intellectuals more active in this acts, but, as its said in the poem, he felt a little helpless as a poet and not soldier. "I've been singing for the people", Paco Ibáñez (www.triunfodigital.com)All the words they said and the acts they made couldn’t prevent war, nor the killing of Lorca and the bombardment over Guernica, Madrid and other towns and cities… Writers of the world was saying beautiful words, but they were useless words, and the only effective action was the combat. So, all that impotence is reflected in this poem that, many years later, was sung by the great songwriter Paco Ibáñez. Paco replaced the reiterative verse “Balas. Blas” by a play of guitar and bass: at the time of dictatorship, Rafael Alberti’s word were even most strongly in force when in the voice of Paco, Alberti’s words take a new meaning, when the Spanish intellectuals were deeply democratics and antifascists too.

Nocturno

Cuando tanto se sufre sin sueño y por la sangre
se escucha que transita solamente la rabia,
que en los tuétanos tiembla despabilado el odio
y en la médula arde continua la venganza,
las palabras entonces no sirven: son palabras.

Balas. Balas.

Manifiestos, artículos, comentarios, discursos,
humaredas perdidas, neblinas estampadas,
¡qué dolor de papeles que ha de barrer el viento,
qué tristeza de tinta que ha de borrar el agua!

Balas. Balas.

Ahora sufro lo pobre, lo mezquino, lo triste,
lo desgraciado y muerto que tiene una garganta
cuando desde el abismo de su idioma quisiera
gritar lo que no puede por imposible, y calla.

Balas. Balas.

Siento esta noche heridas de muerte las palabras.

Nocturne

When so much suffering without dream and by the blood/ it’s listening that only rage walks,/ that in the marrows hate shivers awake/ and in the medulla vengeance burns continuous,/ then words are not worth: they are words.// Bullets. Bullets.// Manifests, articles, comentaries, speechs,/ lost smoke, printing mists,/ what a sorrow of papers that should be windswept,/ what a sadness of ink that should be erased by water!// Bullets. Bullets.// Now I’m suffering the poor, the small minded, the sad,/ unfortunate and dead a throat has/ when from the abyss of its language it wanted/ to cry what it cannot as impossible, and keep quiet.// Bullets. Bullets.// I’m feeling tonight words as wounded of death.

Rafael Alberti

Paco Ibáñez at Olympia Theatre, Paris

Las Madres del Cordero, por Antonio Piera


Antonio Piera, uno de los mejores y más claros blogueros que circulan por la red hoy en día, autor de malablancayenbotella, y miembro de los grupos Las Madres del Cordero y Desde Santurce a Bilbao Blues Band, rescató ayer un artículo sobre el grupo que creo que os interesará. Francamente, Antonio, a mí no me parece que cuentes batallitas: porque todos las contamos de vez en cuando; incluso yo, que ya tengo alguna, y no me cansó de repetir que le saqué los colores AL IMBÉCIL DE AGAPITO MAESTRE (ya está ya lo he dicho) en mitad de una clase dejando al descubierto su total ignorancia (uf, que bien me he quedado).


¿Cárcel, exilio o batallón disciplinario? (memorias)

Acabo
de reencontrar un texto que escribí hace un año, para la reedición de
los discos del grupo. Como no os había hablado a fondo nunca de este
tema, me permito hacerlo ahora, para que así vayan estando bien
juntitas, además, mis obras completas.

Nunca he sido
partidario de contar en público historias biográficas de la militancia
antifranquista, porque todas tienen un regusto de abuelo Cebolleta y un
trasfondo de factura impagada, y porque ambas son formas de proceder de
las que huyo como de la peste, las primeras porque te aviejan más aún y
las otras, tan comunes entre tantos necesitados de currículo, porque
envilecen. Pero me resulta imposible resistirme al anecdotario
evocador, que tiene otras tripas y a veces hasta divertidas, y por eso
escribo esto, porque tampoco han pasado tantos años, qué coño, de
cuando nos acechaban los sociales y nos perseguían los grises o los
civiles, y me fastidia que todo el mundo se empeñe en olvidarlo como si
hubiera ocurrido en la noche de los tiempos, más o menos coetáneo con
el diluvio universal.

En los años 68 y 69 de aquella era, las Madres del Cordero
éramos un grupo de amigos y conocidos con abundantes y prolijas
convicciones revolucionarias, antifascistas, republicanas y
antiimperialistas (¡toma ya, lo dije!), algunos de los cuales
incluso militantes en organizaciones clandestinas, y que hasta acogía
en sus filas dignos representantes del revisionismo, en extraordinario
alarde de heterodoxia que no siempre comprendían bien nuestros
responsables jerárquicos. Hasta debo decir que algunos estuvimos en la
creación y desarrollo de una asociación ultraizquierdista llamada Unión Popular de Artistas,
que alcanzó cierto protagonismo en el sector. No era la disciplina
ciega nuestra virtud más destacada, aunque sí nos animaban la utópica
convicción de que aquello servía para algo, la certeza de que había que
hacer algo y la necesidad biológica de acabar con Franco padre o con
algo, vaya usted a saber, de lo que no nos gustaba nada, que era mucho.

Profundas
y muy concretas convicciones, como puede observarse, pero que, aunque
parezca mentira, nos colocaban de oficio en la vanguardia radical de
una sociedad ciertamente adocenada (para nosotros aborregada, que por eso éramos radicales), que
asumía el franquismo como mal menor, en la que las mujeres seguían
necesitando el permiso de sus maridos para sacarse el carnet de
conducir o abrir cuenta en un banco, y en la que el fútbol, los toros y
la música yeyé actuaban como bálsamo o cataplasma. Todos
pagamos por ello, en mayor o menor medida, tanto como grupo perseguido,
censurado y agobiado, de trayectoria preñada de prohibiciones, como
individualmente, ya que algunos pasamos de los lóbregos calabozos de la
Dirección General de Seguridad, a la cárcel de Carabanchel (menos mal que estaba Chicho Sánchez Ferlosio, lo que ayudaba mucho, sobre todo a los demás),
a la de Jaén, al batallón disciplinario de Plasencia o al dorado
champán del exilio en París a tiempo de ver a los comuneros zamoranos
de Agustín García Calvo en La Boule d’Or.

No
era para tanto, se dirá sin duda el que escuche ahora nuestras
canciones de entonces, pero el caso es que sí lo fue, aparente
contrasentido cuyos principales aliados eran la absoluta falta de
sentido del humor de los estirados próceres de una patria soberbia y
estúpida, la cerril obediencia de sus testaferros bobos, censores o
policías, la necedad de los militares, el miedo de los que iban a
heredar el sistema y la desconfianza de los que gestaban la platajunta
escondiendo sus concesiones. A todos ellos les doy las gracias, en
grupo y uno a uno si hiciera falta, porque sin ellos no me habría
divertido tanto, ni me hubiera podido creer Robin Hood. Ahora
tan sólo reivindico, cuando me acuerdo, un lugar al sol, en una
esquina, desde el que pueda seguir observando el mundo de alrededor y
sonriendo ante lo que veo por la comisura de los ojos. Amén.

publicado por Antonio Piera, en malablancayenbotella


Por favor, los comentarios (si los hubiera) remitídselos a Antonio mediante los enlaces que os he puesto.

El impacto de la Revolución de los Claveles en España


Deseo dedicar esta entrada a todos aquellos que lucharon contra el franquismo y que aún hoy no se han vendido, pero de manera más especial y ferviente a dos personas que me han cedido gratuita y desinteresadamente sus sentimientos y opiniones:
Adolfo Celdrán y Benedicto García Villar

Ésta es mi manera de agradeceros vuestra generosidad, además de muchas otras cosas: ¡va por vosotros, muchachos!


Companys, si sabeu on dorm la lluna blanca,
digueu-li que la vull
però no puc anar a estimar-la,
que encara hi ha combat.

Companys, si coneixeu el cau de la sirena,
allà enmig de la mar,
jo l’aniria a veure,
però encara hi ha combat.

I si un trist atzar m’atura i caic a terra,
porteu tots els meus cants
i un ram de flors vermelles
a qui tant he estimat,
si guanyem el combat.

Companys, si enyoreu les primaveres lliures,
amb vosaltres vull anar,
que per poder-les viure
jo me n’he fet soldat.

I si un trist atzar m’atura i caic a terra,
porteu tots els meus cants
i un ram de flors vermelles
a qui tant he estimat,
quan guanyem el combat.

(Compañeros, si sabéis donde duerme la luna blanca/ decidle que la quiero/ pero que no puedo acercarme a amarla/ porque aún hay combate.// Compañeros, si conocéis el canto de la sirena/ allá en medio del mar,/ yo me acercaría a buscarla/ pero aún hay combate.// Y si un triste azar me detiene y doy en tierra/ llevad todos mis cantos/ y un ramo de flores rojas/ a quien tanto he amado.// Compañeros, si buscáis las primaveras libres/ con vosotros quiero ir/ que para poder vivirlas/ me hice soldado.//Y si un triste azar me detiene y doy en tierra/ llevad todos mis cantos/ y un ramo de flores rojas/ a quien tanto he amado./ Cuando ganemos el combate.)
"Abril 74", Lluí Llach

Podríamos empezar por aquí, por esta bella canción de Lluís Llach, para ilustrar un tema tan bonito. Como ya indiqué, esta canción, debido a la censura, no es tan explícita como pudiera parecer: lo único que nos hace pensar en qué tema habla son las figuras que utiliza: "flores rojas" (ni siquiera "claveles"), "soldado", "primavera libre", etc. En esta canción, Lluís acaba expresando su deseo de unirse a ello, cuando dice "si buscáis las primaveras libres con vosotros quiero ir,/ que para poder vivirlas/ me hice soldado", pero en dos direcciones: una, su completa solidaridad con el movimiento portugués, además de su admiración, por supuesto; pero, por otra parte, el deseo de que algo así se produjera en España, y que, de ser así, él se uniría. Pero hacia el año 74, desgraciadamente, en eso se quedaba todo, en deseo y en esperanza. Retomemos la historia:

Como todo el mundo ya sabe, la Revolución de los Claveles se produce cuando las fuerzas armadas portuguesas deciden, mediante un golpe de estado, quitarle el poder al heredero de Oliveira Salazar e instaurar una auténtica democracia: los civiles se unen a ellos y colocan claveles en sus fusiles. El hecho provoca sorpresa y admiración, pero también miedo en algunos, en todo el mundo, especialmente en los países que sufrían dictaduras de uno u otro signo: España, Grecia, Checoslovaquia (cuya revolución se vio ahogada también), Polonia, Chile (aunque tal vez fuera menos, debido a que el país estaba convaleciente de su herida sangrante y poca esperanza cabía), etc. Quizás fuera el hecho: desde el siglo XIX no se veía que un alzamiento militar tuviera como objetivo la instauración del poder popular, es decir, de la democracia; y, por otro lado, aquel detalle de los claveles parecía el sueño de los hippies y de los pacifistas hecho realidad: no hacía mucho, los estudiantes estadounidenses habían decorado el cañón de los soldados, que estaban allí para reprimirlos, con flores. Simplemente, en mi opinión, a muchos le debió de parecer el principio de la Era de Acuario… Pero bueno, estoy divagando… Centrémonos en España, en donde la situación no daba para muchos sueños místicos…

En España, la dictadura del general Franco intentaba vender la falsa idea de que reinaba la paz gracias a la presencia del caudillo, garante de paz, justicia y unidad, según ellos; nada más lejos de la realidad, los partidos de la oposición cada día se acercaban más y más entre ellos, y cada vez que un obrero tenía que irse a Alemania, Francia o Suiza se rompía aquella mentira nacional-folklórica de que se vivía bien y en la abundancia. El régimen era consciente de ello, aunque cara al público lo ocultara, aunque no pudiera tapar del todo las huelgas obreras y estudiantiles, los atentados de bandas armadas como GRAPO, ETA o Terra Lliure, ni, por supuesto, lo que se manifestaba en la cultura: en las artes de todo tipo. También era consciente de que dentro del ejército comenzaban a moverse elementos disconformes con la dictadura militar que intentaban condensarse en sindicatos y formaciones (un año después lo conseguirían en la forma de la UMD: Unión Militar Democrática, inspirada por el MFA -Movimento das Forças Armadas- portugués), y dentro del clero: tal y como le ocurría a la dictadura salazarista, la dictadura de Franco se estaba quedando tan obsoleta que empezaba a perder incluso sus apoyos tradicionales. Tras la Revolución portuguesa, el régimen tomó medidas contra la UMD, deteniendo en el verano del 75 a sus responsables. Por estas razones, la Revolución de los Claveles fue un toque de atención para el régimen, que volvió a endurecerse en su dinámica de represión.

En cambio, en aquellos que llevaban años luchando contra el régimen desde cualquier posición, aquel hecho levantó una suerte de admiración y respeto, a la vez que la esperanza y el deseo de que aquí se pudiera producir lo mismo. Tal como dice Benedicto:
"Lo viví con una enorme y creo que sana envidia, con incredulidad y con muchas ganas de estar allí. Era la culminación de tantos esfuerzos, de tantos padecimientos… Parecía imposible que, allí al lado, en la margen sur del Miño se respirara, se saboreara, la libertad, esa que tardaría todavía un tiempo en llegar aquí. También había el sentimiento de pensar que aquello nos pertenecía también, aunque fuera un poco."
Todo ese entusiasmo, Benedicto lo plasmó en una simple estrofa de su canción "Nosa Señora da Guía":

Hai un caravel bermello
no fusil do militar.

(popular-Benedicto)

Muchas fueron las canciones que nuestros cantautores escribieron y cantaron sobre el tema, siempre cuidándose de la censura, como hemos visto en el caso de Lluís (una apreciación: la canción de Benedicto se publicó en el año 77, mientras que la de Lluís es del año 75).
En ningún caso podemos calificar este júbilo de superficial, pero mientras en Portugal el espíritu era de total entusiasmo, en España, a pesar de la alegría, el espíritu era de espera y de resignación:

Porque amamos el fuego
y creemos en días semejantes a nubes,
días en que florezcan fusiles y claveles
sobre el viejo país de los dientes afilados.
Vamos viviendo amigo,
vamos así viviendo,
porque guardamos como un rincón de sol en la cabeza.
Porque sabemos en qué labios
las palabras más bellas son como pájaros
muertos,
y en qué labios son ríos bien llenos de esperanzas,
son un río de sueños que deben ser posibles.
Vamos viviendo amigo,
vamos así viviendo,
porque guardamos como un rincón de sol en la cabeza.

"Un rincón de sol en la cabeza", Pablo Guerrero

Pero acompañando esa espera venía también la sensación de que algo estaba cambiando. Así nos lo cuenta Adolfo Celdrán:

"La revolución de los Claveles fue para mí el aldabonazo que nos indicaba que el régimen franquista tenía los días contados. Las canciones compuestas en ese momento se sienten llenas de esa alegría y de esa esperanza. Y algunas lo dicen explícitamente. Por ejemplo, Espera, contenida en mi Álbum “4.444 veces, por ejemplo”, (fonomusic, 1975), y en la que hago mención a los fusiles con las ánimas ocupadas por claveles que portaban los soldados que hicieron posible la Revolución democrática portuguesa contra el fascismo.

Espera


Cada vez que me miro
contemplo mi pregunta.

Esperando está el trigo
la mano que lo afirme.

El viento huele a espera
y, hasta a veces, responde.

Cuando siento tu mano
siento todas: me siento.

Y hasta el aire que muerdo
– el aire que mastico –
tiene sabor a fruta
y es amigo.

Apenas me contengo
de preguntar si es hora a los soldados

Y abono sus fusiles
con miradas

Para que broten flores
en sus ánimas.

Desde hace apenas días
mi impaciencia es alegre.

O esa “Canción Pequeña” perteneciente al mismo disco, que explicaba en los recitales porque tiene un origen complicado: Leí una noticia de un trabajador portugués, repetidamente encarcelado, al que llamaban para testificar en contra de los terribles “pides” (policías políticos portugueses del régimen de Salazar): Ellos intentaban escapar, y cuando los cogían lo negaban todo: No sabían nada, no estaban allí, no eran ellos. Entonces venía él y ante la evidencia de sus recuerdos no tenían mas remedio que reconocer sus turbios trabajos contra los luchadores demócratas. En una entrevista, él decía que se le estaba acumulando el trabajo de tantos “pides” que había que “reconocer”, y que no iba a tener más remedio que pedir permisos repetidos en el trabajo para poder ir a todas las ruedas de reconocimiento a las que lo llamaban. Yo asocié la anécdota con las canciones infantiles que escuchaba de pequeño, y burla burlando, compuse esta “Canción pequeña”:

Canción Pequeña

Ronda, ronda,
el que no se haya escondido
que se esconda.

Las cosas dan mil vueltas, ya lo has visto.
Estaban al contrario
y ahora están en su sitio.

Chocolate, panecillo,
corre, corre,
que te pillo.

Sigue y sigue buscando
que quedan miles.
Si se acaba el permiso
en el trabajo, pides.

Quien caza a un cazador
tiene cien años de perdón.

No te den pena
que has probado sus dientes
y tu lo cuentas.

Chocolate, panecillo,
corre, corre,
que te pillo.

Junto a estos textos, hay otros poemas y otras canciones en los que el hecho está latente aunque sólo se aprecia en el estado de ánimo que transmite: De ahí la alegría de una gran parte de los esperanzados poemas de mi libro “Todas las Caras de su Ausencia” (edit Helios, 1976), que es de esa época, o de la canción “A Pablo Neruda, Ferroviario”, o de mi Homenaje a Miguel Hernández, aparecido en mi álbum al que da nombre: “Al borde del Principio” (fonomusic, 1976), o de la canción titulada sencillamente “Tu”, en la que la búsqueda del amor y de la libertad confluyen en una sola cosa. Y no es una metáfora: Entonces vivíamos así. La frase de "Espera" lo resume muy bien:
Cuando siento tu mano

Siento todas: Me siento."

Adolfo Celdrán

Bien lo explica ya Adolfo como para poder decir nada más. A fin de cuentas es justo lo que él dice: que se quedara sólo en espera, en esperanza, no era poco: aquel suceso alimentó la esperanza en la libertad, y nuestros cantores esperanzados escribieron canciones que a su vez la reavivaran en los corazones de otros. Y, por otro lado, la solidaridad; bien lo dice Benedicto: aquello, aunque fuera mínimamente, nos pertenecía también, era la culimanción de aquellos esfuerzos, y muchos se vieron reflejados en el pueblo portugués, alegrándose por ellos y apoyándoles, como ellos nos apoyaban a su vez. Aquel 25 de Abril de 1974 fue la primavera de los Pueblos que dijera el poeta Maiakovski; aquel 25 de Abril de 1974 todos los pueblos del mundo eran Portugal. La primavera había llegado:

Com un ocell posat
a dalt de tot d’un arbre,
Abril vigila el seu temps
alerta, que tot canvia.

L’herba més petita de les plantes
verdeja mentides de bon temps,
i el cel, ara gris, ara bon dia.
Entre el polsim daurat
que fan els plàtans
passa la gent indiferent,
entre espurnes vives i ferides
canta i ajuda el vent.

Un abril em va portar
per l’aire una cançó,
el meu amic la cantava,
també la vull cantar jo.

Ai, abril, mes amorós,
aire de llum,
vol de llavors!

Què ens durà el riu d’abril
dins el corrent:
aigua neta, aigua bruta,
bones hores o mal temps?

Seran de mort o de vida
aquestes flors?
Jo vull la del meu amic,
clavell de bones olors.

Estimat, no estiguis trist
si et costa alenar;
si no ens ha canviat el març
un bon abril ho farà.

(Como un pájaro posado/ en todo lo alto de un árbol,/ Abril vigila su tiempo/ alerta, que todo cambia.// La hierba más pequeña de las plantas/ verdea mentiras de buen tiempo/ y el cielo, ahora gris, ahora buen día./ Entre el polvillo dorado/ que hacen los plátanos/ pasa la gente indiferente/ entre chispas vivas y heridas/ canta y ayuda el viento.// Un Abril me trajo/ por el aire una canción,/ mi amigo la cantaba,/ también la quiero cantar yo.// ¡Ay! Abril más amoroso,/ aire de luz,/ vuelo de semillas.// ¿Qué nos traerá el río de Abril/ dentro de la corriente:/ agua limpia, agua sucia,/ buenas horas o mal tiempo?// ¿Serán de muerte o de vida/ estas flores?/ Yo quiero la de mi amigo,/ clavel de buenos olores.// Amado, no estés triste/ si te cuesta respirar,/ si no nos ha cambiado marzo,/ un buen Abril lo hará.)

"Abril", María del Mar Bonet

También, también era indecisión por lo que iba a pasar. ¿Qué nos pasaría al amparo de aquello? ¿La vida o la muerte? ¿La libertad o la represión? Viniera lo que viniera, como dice María del Mar, "Yo quiero la de mi amigo,/ clavel de buenos olores".

A modo de epílogo, sólo decir que la Revolución de los Claveles es uno de los grandes momentos de los episodios de la historia, y una imagen que recordar, junto a la de aquel estudiante chino enfrentándose a un tanque: un momento en que el valor y la dignidad se apodera de la voluntad humana, que demuestra que es posible hacer grandes cosas sin violencia, que todo un pueblo puede enfrentarse al poder y vencer.

Cúbrete canalla
con la mortaja
el rey desnudo va.
Los viejos tiranos
hace mil años
mueren como tú.
Cava una trinchera
compañera
pon tu cuerpo a tierra.
Siempre en tu frente
viste gente
de otra condición.
LEVÁNTATE, ¡OH! SOL DE VERANO
SOMOS NOSOTROS TUS CANTORES,
DE LA CANCIÓN DE MAÑANA
SE OYEN YA LOS RUMORES
SE OYEN YA LOS CLAMORES
SE OYEN YA LOS TAMBORES.
Líbrate del miedo
que temprano
el sol ha de quemar.
Y tú, camarada,
ponte en guardia
que te matarán.
Vengan labradoras
mondadoras
de este campo en flor.
Vengan enlazadas
manos juntas
a sembrar el amor.
LEVÁNTATE…
Venga la marea
con una idea
nos empujará.
Sólo un pensamiento
en un momento
nos despertará.
Pronto ya tu brazo
y otro brazo
nos conduce, hermano.
Siempre nuestra hambre
nos consume,
dame ya tu mano.
LEVÁNTATE…

"Coro de la primavera", original de José Afonso, adaptación al castellano: Luis Pastor


Declaraciones de Benedicto cortesía de Benedicto García Villar

Declaraciones, letras y enlaces de Adolfo Celdrán cortesía de Adolfo Celdrán Mallol

Link a canciones de A. Celdrán en la Biblioteca Cervantes:

http://www.cervantesvirtual.com/portal/poesia/celdran/audios.shtml

Link a Poemas de A. Celdrán en la Biblioteca Cervantes:

http://www.cervantesvirtual.com/portal/poesia/celdran/textos.shtml

Links para oír temas específicos comentados en este escrito:


A Pablo Neruda, ferroviario: http://www.cervantesvirtual.com/portal/poesia/audio_poesia.formato?
titulo=A+Pablo+Neruda%2C+Ferroviario&autor=Adolfo+Celdr%E1n&archivo=Adolfo_Celdran_Enrique/
10&ref=13662&foto=/portal/poesia/celdran/apablo.gif&ref2=13661&enlace=celdran

Al borde del Principio (homenaje a Miguel Hernández)

http://www.cervantesvirtual.com/portal/poesia/audio_poesia.formato?titulo=Al+borde+del+principio&autor=Adolfo+Celdr
%E1n&archivo=Adolfo_Celdran_Enrique/11&ref=13662&foto=/portal/poesia/celdran/alborde.gif&ref2=13661&enlace=celdran

Tu

http://www.cervantesvirtual.com/portal/poesia/audio_poesia.formato?titulo=T%FA&autor=
Adolfo+Celdr%E1n&archivo=Adolfo_Celdran_Enrique/09&ref=13662&enlace=celdran

Link a Nosa Señora da Guía

Nosa Señora da Guía

Link a Abril, de María del Mar Bonet

http://www.youtube.com/watch?v=pBUUz35MCm8

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