Posts Tagged ‘Robert Kennedy’

Jefferson-Aeromodelismo: la Corona de la Creación


crown1968 fue un año de inflexión mundial, en el que la juventud tuvo un protagonismo indudable en las manifestaciones y protestas que sucedieron a lo largo del mundo movidos por diversas ideologías (generalmente izquierdistas, incluso algunas que ocurrieron tras el telón de acero, o al menos en sus bases). Fue un año de lucha, tensiones y crímenes, más dolorosos cuando venían avalados por la institucionalidad estatal: revueltas estudiantiles y huelgas obreras en España (no las primeras que ocurrían), el Mayo francés, la Primavera de Praga, la matanza en la Plaza de las Tres Culturas en México D.F., las protestas contra la guerra de Vietnam en Estados Unidos y en el Reino Unido… Y como colofón, los asesinatos de dos aladides estadounidenses de la paz y la comprensión: la del pastor negro Martin Luther King y la del senador aspirante a presidente Robert Kennedy. King, basándose en la “resistencia pasiva” de Gandhi, había abogado por la convivencia pacífica entre blancos y negros (y por extensión, con los latinos y los indios) y había intentado siempre aplacar las tensiones; y Kennedy había luchado en el Senado de Estados Unidos por la integración de la comunidad afroamericana, sobre todo en los Estados sureños, incluso desde antes de la presidencia de su hermano. El asesinato de ambos, quizás más el de King, además de tener por consecuencia inmediata el estallido de violencia en los barrios negros, propiciados también por una represión sobre ellos, parecía demostrar el fracaso de la estrategia de la rama de olivo. 1967, había sido el Verano del Amor, cuando todo parecía posible si sólo lo deseaba, pero 1968 era el choque frontal con la realidad, y de la dialéctica del flower power se pasó a otra más agresiva. Philip Norman, en su libro sobre los Rolling Stones, explica muy bien este cambio repentino, en el que los gurús y los niños de las flores fueron sustituidos por activistas radicales y el surgimiento de grupos semi-terroristas y semi paramilitares, a parte de un recrudecimiento de las actividades de los grupos de extrema-derecha. Y este cambio no le fue ajeno a la música.

Las tensiones raciales, la guerra de Vietnam, la lucha callejera también tuvieron su incidencia en el mundo del rock; hasta entonces, el rock, a excepciónGrace-Slick-Blackface-Smothers-Brothers de algunos grupos (como los Counry Joe & The Fish), no habían tratado el compromiso con la realidad, mientras que los cantautores de todo el mundo sí: y ahora era la hora en la que las bandas de rock debían también tomar conciencia de los problemas reales y bajarse de la nube lisérgica de flores y buenas intenciones. Pero no sólo temáticamente, también musicalmente hay un recrudecimiento de la música, generalmente basado en una especia de regreso a las raíces: los Rolling Stones habían vuelto a sus raíces de rythm’n’blues, al tiempo que escribían dos himnos para la lucha callejera (“Jumpin’ Jack Flash” y “Street Fighting Man”, pero también la semi-socialista “Salt of the Earth”); también los Beatles, en su “álbum blanco”, abandonaban los preceptos psicodélicos y sinfónicos y se volvían al rythm’n’blues y al rock duro; Bob Dylan no sólo ponía sus ojos en forajidos del Oeste, sino también en el folk de sus comienzos; los Doors le cantaban al “soldado desconocido” y sobre los disturbios raciales (“Peace frog”)… Y a ellos sumarles las bandas del nuevo rock duro que fueron surgiendo: Deep Purple, Iron Butterfly, Blue Cheer…, presagiando el nacimiento del heavy-rock del año siguiente. ¿Y los Jefferson Airplane?

JA no fue, para nada, ajeno a los cambios, sino todo lo contrario, sobre todo bajo la dirección artística de Paul Kantner, de quien sus compañeros dicen que era el más político de la banda. Si Baxter’s era una especie de manifiesto hippie, con invitaciones expresas, su álbum de 1968, Crown of Creation, confrontaban esa filosofía desde un aspecto más crítico y activista contra la política de su país, configurándose como un grupo medianamente político. En este disco mezclaban toda esa filosofía vitalista hippie con los miedos generacionales: los disturbios, la guerra, el holocausto nuclear, como observamos en la portada.

La canción de hoy, que es la que da título al álbum, está escrita por Kantner, y se basa en un texto de la novela apocalíptica de ciencia ficción de John Whyndam, The chrysalids (1955), con el permiso de su autor. Es una especie de grito de rabia y miedo ante la situación que se vivía, y, sin duda alguna, una de las mejores del grupo:

Crown of Creation

You are the crown of creation
You are the crown of creation
And you’ve got no place to go

Soon you’ll attain the stability you strive for
In the only way that it’s granted
In a place among the fossils of our time

In loyalty to their kind
They cannot tolerate our minds
And in loyalty to our kind
We cannot tolerate their obstruction

Life is change
How it differs from the rocks
I’ve seen their ways too often for my liking
New worlds to gain
My life is to survive
And be alive
For you…

¡Ah…!

Corona de la Creación

Tú eres la corona de la creación/ y no tienes ningún lugar a donde ir.// Pronto alcanzarás la estabilidad por la que te esfuerzas/ en la única manera válida,/ en un lugar entre los fósiles de nuestro tiempo.// En lealtad a su ralea,/ ellos no pueden tolerar nuestras mentes,/ y en lealtad a nuestra especie/ no podemos tolerar su obstrucción.// La vida es cambio,/ qué diferente de las rocas./ He visto sus maneras demasiado a menudo para mi gusto./ Nuevos mundos que conquistar./ Mi vida ha de sobrevivir/ y estar a salvo por ti…/ ¡Ah…!

Paul Kantner

En ese mismo año, el grupo presentó el disco en el programa humorístico y musical The Smothers Brothers Comedy Hour, y Grace Slick decidió, en homenaje al movimiento negro, pintarse la cara de negro y terminar la interpretación de esta canción con el puño en alto, haciendo un guiño de apoyo a los Panteras Negras y a su lucha, a pesar de la negativa de la dirección:

Mayo del 68: visión crítica


Este año que se celebran los 40 años del Mayo del 68, que se están haciendo aniversarios, conferencias, y un recital de Raimon al que servidor (ya que no pudo organizarlo en persona, porque el rectorado ya había dado el paso) va asistir y en primera fila a poder ser (ya que me perdí el de la Facultad de Económicas por razones cronológicas y porque Doc todavía no me ha inventado la máquina del tiempo), a mí me gustaría poner una visión crítica en todo esto. Aunque soy admirador de los hechos positivos que sacudieron el mundo, mi visión dista mucho de la canción (gran canción, pero algo naif para mi gusto) de Ismael Serrano “Papá cuéntame otra vez”. 

¿Qué ocurre en el 68? Que la juventud primordialmente se levanta contra dictaduras de todo signo o contra democracias conservadoras falseadas. Los historiadores lo señalan muy bien: es la culminación de una frustración a nivel global surgida tras la Segunda Guerra Mundial. El mundo son dos bloques: uno, capitalista y demócrata, liderado por Estados Unidos, pero que no tiene reparos en pactar con dictaduras fascistas con tal de poner frentes contra el comunismo en todo el globo, ni en disolver manifestaciones con el ejército a balazos (Universidad de Kent State, Ohio); y otro, comunista, pero que en realidad dista de parecerse si quiera al comunismo que Marx propugnaba antes de la llegada de la igualdad, sino una dictadura burócrata-militar, y que es tan intervencionista como el otro bloque.
En Estados Unidos, el movimiento pacifista contra la guerra del Vietnam se fue transformando en un movimiento más violento. David Dalton, en su libro sobre los Rolling Stones, dice que los estudiantes, de poner flores en los fusiles de humo de la policía pinchaban los testículos de sus caballos con agujas, de llevar túnicas hindúes multicolores a portar camisas militares, y del pacífico acto de escuchar música mientras se fuma un buen peta a poner bombas. Por otro lado, Martin Luther King, líder de los derechos civiles admirado en todo el mundo, es asesinado por alguien pagado por quien todo el mundo sabe, pero nadie puede demostrar; tras su muerte, los barrios negros explotan movidos por la injusticia y la indignación en un torbellino de violencia. De los pacíficos pastores protestantes negros pasan a tomar el protagonismo grupos más radicales con apariencia militar, como los Panteras Negras: no obstante, sus líderes eran más coherentes y sensatos que muchos de sus seguidores, y el ejemplo de muchos de ellos, como Huey Newton o Angela Davies, no puede ser falseado sin sonrojarse. También muere asesinado Robert Kennedy, que representaba para los grupos pacifistas y el movimiento de Derechos Civiles la última esperanza dentro de la política, frente a su correligionario y sucesor de su hermano, Lyndon B. Johnson.
En México, en la Plaza de las Tres Culturas, la policía carga contra una concentración estudiantil. El resultado: varios muertos.
En Checoslovaquia, el intento de democratización del régimen comunista del presidente Dubček no gustó a Moscú, que envío a las tropas del Pacto de Varsovia a invadir Praga. Aquel suceso, frente a lo que algunos interesados digan, no simbolizó que muchos cuestionaran el comunismo como alternativa a la democracia o al dictadura fascista que había en Portugal, España, Grecia y en algún otro sitio, sino en adquirir una visión crítica a lo que Rusia entendía por comunismo y si realmente se diferenciaba en algo de otro régimen totalitario.
En París los estudiantes toman la calle. Importantes personas de la cultura los apoyan (cineastas, cantantes, escritores…). Los trabajadores se unen. Pero cuando el gobierno De Gaulle ofrece mejoras a los trabajdores, el Partido Comunista Francés, mediante su sindicato, ordena a los obreros a vovler al trabajo. De esta manera, la mini-revolución estudiantil fracasa, y toma la calle una manifestación gaullista.
En España, inspirados por el Mayo francés, también salen los estudiantes a la calle. Se producen disturbios, aunque disten mucho de la magnitud de sus compañeros parisinos, y el gobierno de Carrero decreta el estado de excepción.

Hablemos, de momento y por ahora, de España sólo. Aunque las movilizaciones estudiantiles del 68 fueron muy importantes, porque demostraron que había un enorme descontento hacia el régimen, es falso que fueran las movilizaciones estudiantiles: no se deben olvidar las del 56, que fueron incluso más audaces, no tanto por la magnitud de los hechos sino por la cercanía con la guerra civil y la existencia todavía de grupos guerrilleros, los Maquis, si bien en retirada. Tampoco hay que olvidar las pocas huelgas que algunos trabajadores tuvieron el valor de hacer: por ejemplo, la protagonizada por los mineros asturianos en el 63. Los mineros fueron detenidos y torturados; cuando sus mujeres fueron a pedir su liberación a los cuarteles, los guardia civiles las detuvieron, las torturaron y las rapron al 0. El entonces ministro Manuel Fraga, ya sabéis, uno de los padres de la democracia, dijo entonces: “así, las mujeres de los mineros no tendrán ya piojos”.
Pero volviendo al 68: su influencia, aunque todavía tímida, fue innegable. La oposición vio que había realmente un amplio espectro de la población que estaba en contra de Franco y sus ministros. Tampoco hubo realmente un único foco, sino que aconteció en las más importantes universidades: Madrid, Santiago de Compostela, Barcelona, Bilbao… No es tampoco casual que muchos movimientos de canción de autor aparecieran, después de un año de gestación, justo entonces (Voces Ceibes en Santiago, Canción del Pueblo en Madrid…).

Pero ahora quisiera ser un poco crítico. Muchos de los que entonces participaron hoy tiene cuarenta años más, y en algunos, incluso, cuarenta años menos de pensamiento. Quedan irreductibles, y me enorgullezco de ser amigo de muchos de estos invencibles. Los otros son hoy en día políticos, profesores, locutores de radio (sí, ese), banqueros (después de despotricar tanto contra el capitalismo), golfistas de Polaris World… Y aquí encontramos varias tendencias diferenciadas:
En primer lugar, los que siguen siendo de izquierdas convencidos, pero en teoría, porque en la práctica tienen tendencias conservadoras-liberales y mercantiles.
En segundo lugar, los que estuvieron, siguen siendo relativamente de izquierdas, pero se avergüenzan de haber leído El Capital, de haber llevado fotos de “Che” Guevara, de haber gritado “¡Abajo el capitalismo!”. Es una especie de síndrome de culpabilidad por ser de izquierdas, de estar todo el santo día pidiendo perdón por ello; y ocurre entonces que, de tanto bajarse los pantalones ante la derecha, se acaba pensando como ellos. Como ejemplo, esta columna que escribía Fernando Savater en El País: entre otras lindezas se permite insinuar que Rafael Alberti era un asesino (leed bien: RAFAEL ALBERTI; esto es como cuando el mindundi intelectual de Pemán llamó a d. Miguel de Unamuno “mal intelectual”):
http://www.elpais.com/articulo/opinion/mes/cuarenta/anos/elpepuopi/20080505elpepiopi_4/Tes
Y en tercer lugar los (no me muerdo la lengua) traidores. Antiguos marxistas, castristas o maoístas (éstos muy especialmente) que si bien otrora con la fe del centurión sentenciaban la muerte del capitalismo y el franquismo, hoy, con la moral de Torquemada, predican sobre los peligros del marxismo (¿) desde sus radios, cátedras o programas en Libertad Digital TV. Y si bien ayer defendían el derecho de un pueblo a protegerse con las armas, hoy, todo aquel que no vote al PP o a UPyD es culpable de complicidad con el terrorismo. ¿Fue esta gente realmente de izquierdas?, ¿o es que será verdad que los extremos acaban pareciéndose? Un poco de ambas cosas, no lo neguemos: la mayoría de éstos no pertenecían a la clase obrera, eran de familias acomodadas que jugaban a hacer la revolución.

40 años han pasado y las cosas no han cambiado. Hoy los universitarios se manifiestan contra el Plan Bolonia, al mismo tiempo que los rectores recuerdan el Mayo del 68. Estoy a favor de la movilización, pero también veo muchas veces entre ellos, justamente entre los que más gritan, a los futuros traidores: ya ni siquiera necesito 40 años para desencantarme; tengo 28 años y ya he nacido desencantado.
Leía en el órgano de la Complutense como el jefe del gabinete del rector se enorgullecía de traer a Raimon para celebrar el 40 aniversario de su recital en la universidad, y decía: “queremos acercar a los jóvenes aquel hecho”. Aunque siempre se lo agradeceré, tengo cierto motivo para sentirme indignado: aquí hay un joven concreto que un buen día se dijo “Podría intentar que la universidad trajera a Raimon…”, y empezó a moverse, buscando el apoyo de profesores, de la asociación de su facultad y del departamento de Filología Catalana (con los que, incomprensiblemente, no cuentan). Al conocer que el rectorado ya había pensado en traerlo, éste que escribe y firma envió en dos ocasiones sus servicios como voluntario sin obtener una respuesta en la primera ocasión y en la segunda sólo una nota informativa generada automáticamente. Tal vez sea sólo la frustración, pero uno se siente mal y menospreciado, especialmente al leer esas declaraciones; hubiera agradecido un “No, gracias: ya tenemos gente trabajando en ello”: tampoco quiero parecer un fanático
Así que celebrémoslo, pero no mitifiquemos, no idealicemos: hubo muchos aprovechados, desertores y medias-tintas. Dentro de 40 años los habrá de nuevo, y yo diré: “Recuerdo a ese que ahora es portavoz del PP gritar contra el capitalismo en una asamblea contra el Plan Bolonia”.
Pido perdón al resto: estoy con vosotros.

NO A BOLONIA
BOLONIA EZ
NON A BOLONIA
A %d blogueros les gusta esto: