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De Luis de Góngora a Paco Ibáñez: la gestación de la canción de autor


En 1927, debido al homenaje que se le hizo hacia el 23 de mayo por el centenario de su muerte, Luis de Góngora, excelso poeta de los siglos XVI-XVII, se convertía, de ese modo, en padrino de la joven Generación del 27. Cerca de 30 años después, a pesar de haber sido reclamado una y cien veces por los intelectuales conservadores que marcaron el ritmo, el gusto y los cánones intelectuales de la dictadura, el gran poeta barroco se convertiría también en padrino de la canción de autor cuando Paco Ibáñez, desde París, ponía música a uno de sus poemas más bellos en 1956, y posteriormente los reuniría con musicalizaciones del mejor de los poetas de la Generación del 27: García Lorca.

Luis de Góngora y Argote, por Diego Rodríguez de Silva y Velázquez (1599 - 1660)“La más bella niña”, fechado en 1580, parece ser uno de los poemas de juventud de Góngora; se nota, principalmente, en la sencillez del lenguaje y de los conceptos, y en que la estructura del poema parece apoyarse en ciertas fórmulas populares de entonces, que entroncaban con la tradición medieval, y no resulta tan culteranista, un estilo de la poesía barroca más oscuro, con múltiples referencias a la alta cultura, pensada un poco para iniciados, del que Góngora fue maestro e iniciador, y opuesta a la forma más popular del conceptismo, defendido por su acérrimo rival y enemigo personal Francisco de Quevedo. Esta bloguera, que hace un análisis literario que, probablemente, los escolares que anden buscando referencias para sus clases y trabajos encontrarán más valioso que el que yo pueda ofrecer aquí, remarca esa herencia de la lírica popular y tradicional de las Cantigas de amigo galaico-portuguesas, y de las jarchas mozárabes. Yo añadiría la lírica sefardita, un grupo literario-folklórico muy rico, en el que a menudo también aparecían estos tópicos de la mujer que queda abandonada por su amante, prometido o esposo, y les espera desconsoladamente; ejemplo de esto son canciones tales como “Hija mia mi querida”, “¿Por qué llorax"?” o “La rosa enflorence” (canciones versionadas por el grupo checo Gothart en su álbum Adio querida, nombre de otra canción sefardí). No sería nada extraño si pensamos que, por otro lado, su enemigo Quevedo dejó caer cierta insinuación de su origen judaico (cosa nefasta para una poeta de la corte por entonces) de una manera no muy elegante en su poema “A una nariz”, el cual se piensa dirigido contra Góngora. Algunas de estas canciones sefardíes, por otro lado, como aquellas también de las Cantigas de Amigo y las Jarchas, tenían, a menudo, el trasfondo del tema de la guerra: el amado que se tiene que ir a la guerra y la amada que se queda esperando, con la incertidumbre de si volverá.

Fernando Álvarez de Toledo, tercer Duque de Alba; Frans HogenbergDurante el siglo XVI, el que se dio en llamar Imperio Español, bajo la corona de Felipe II, se vio inmerso en varias guerras, bien para conquistar territorios, bien para protegerlos de las ambiciones de los otros reinos rivales, y, a veces, con un pretexto religioso (protestantes y musulmanes, enemigos declarados del monarca). En los años que anteceden a la creación del poema tuvieron lugar, entre otros, estos sucesos: 1571, batalla de Lepanto contra el Imperio Otomano; 1572, el Imperio Inca es derrotado con la ejecución de Tupac Amaru I; 1573, tras el asedio, la corona española toma Haarlem (Holanda), mientras que al año siguiente, los neerlandeses resisten en Leiden… Batallas, conquistas y victorias (y alguna derrota) llevadas a cabo la mayoría por el más fiel vasallo del rey de España: Fernando Álvarez de Toledo, III Duque de Alba.

Batalha de Alcântara: «Croquis del sitio y orden de la batalla habida entre el sr. don Antonio, nombrado rey de Portugal y el Duque de Alba, capitán general del rey católico don Felipe II, delante de Lisboa por mar y por tierra en un mismo día el 25 de agosto de 1580»En 1978 fallece en batalla Sebastián I, rey de Portugal, en la batalla de Alcazarquivir. Asumió la corona su tío abuelo, cardenal Enrique I El Casto, quien moriría en 1580, dejando vacante el trono; se produce una disputa entre los pretendientes al trono, nobles de diversas procedencias vinculados al trono portugués de alguna u otra manera, entre los que se encontraba el poderoso y temible Felipe II. Uno de ellos, Don Antonio, prior de Cato, se autocorona rey de Portugal en junio de 1580, con el apoyo popular, y comienza a prepararse para la inminente guerra contra el reino de España, el cual haría entrar sus tropas ese mismo mes en Portugal al mando del Duque de Alba. Fue en la batalla del río Alcántara en donde las tropas portuguesas, formadas por un ejército que, en su mayoría, estaba compuesto por campesinos y milicianos voluntarios, sufrieron la derrota contra el ejército mejor preparado de los españoles. Esta batalla supuso, en los meses siguientes, el comienzo de la derrota de Don Antonio y la coronación de Felipe II como Felipe I de Portugal. En ese mismo año, Luis de Góngora escribía el poema “La más bella niña”, un poema de amor, pero también contra la guerra; una doncella que anhela el regreso de su amado, que probablemente moriría en Lepanto, Perú, Holanda o Portugal.

Salvador Dalí: "Figura en una finestra (Figura en una ventana)", 1925Pasan 376 de guerras, batallas, victorias, derrotas, cuando este poema inspirado por cierto sentimiento antibelicista despierta algo en un hijo de los perdedores de la última guerra que tuvo lugar en suelo español, pero lejos, en París, en donde Paco Ibáñez, un día de 1956, según Fernando González Lucini, fija su atención en la reproducción que poseía del óleo de Salvador Dalí “Figura en una ventana” (conocido como “Muchacha en la ventana”), cuadro de 1925 que representa a la hermana del pintor, Ana María, apoyada en la ventana mirando al horizonte y al mar; algo se le encendió a Paco en la cabeza, que le hizo pensar que quizás la muchacha no contemplaba el paisaje por placer o por mero aburrimiento, sino que tal vez estuviera esperando algo o a alguien que no acababa de llegar nunca y que quizás nunca lo haría. Y entonces se acordó del poema de Luis de Góngora, y una melodía, algo así como una especie de habanera le vino a la cabeza. Esta historia resulta muy bonita, pero, por otro lado, en la web de Paco Ibáñez se asegura que fue la fotografía de una mujer andaluza vestida de negro la que inspiraría la canción. No sé cuál de las dos historias es la cierta, o quizás lo sean las dos: sería bonito, de cualquier manera, cualquiera de las dos

paco-ibanez-paco-ibanez-1-100214118Fue entonces cuando Paco Ibáñez hizo su primera musicalización de un poema, y fue uno de esos momentos en los que literatura, arte pictórico (o fotografía) y música se unen casi por azar. Pero no fue hasta 1964 cuando la grabara, en su primer LP, con musicalizaciones de poemas de Luis de Góngora y de Federico García Lorca, cuya portada la hizo, precisamente, Salvador Dalí, y en donde se lee la palabra “Lorca”, escrita con fuerza y con rabia, y con manchones que quizás representen la sangre del poeta andaluz. La canción de autor española había nacido, en París.

Polémica: No creo que haya sido una agria polémica la que enfrentó a Paco Ibáñez y a Raimon por ser el primero en hacer la primera canción de autor española en general. Como siempre, podrá depender de la perspectiva. Paco compuso “La más bella niña” en 1956, mientras que Raimon compuso su “Al vent” en 1962; pero Paco no grabaría su canción hasta 1964, mientras Raimon lo hace un año antes en su primer sencillo, pudiéndose aducir, con esto, que llegó, influyó e inspiró a la gente antes, y encima en territorio nacional. Habrá por otra parte quien sostenga que, mientras la canción de Ibáñez tiene letra ajena, la de Raimon tiene letra propia, aunque esto, para el género, no importe demasiado. Y, a pesar de todo, Raimon siempre podrá decir que fue el primero en hacer canción de autor en catalán y aun en catalán-valenciano. Generalmente, yo soy algo partidario de la perspectiva de Fernando, quien siempre ha defendido la primacía de la canción de Paco como pionera por las fechas de composición –contemos además que, desde que la compone hasta que graba el disco, Paco debió tocar un repertorio en público que incluiría esta canción-, aunque tampoco creo que este asunto deba hacernos sangrar.

La más bella niña

La más bella niña
De nuestro lugar,
Hoy viuda y sola
Y ayer por casar,
Viendo que sus ojos
A la guerra van,
A su madre dice,
Que escucha su mal:

Dejadme llorar
Orillas del mar.

Pues me distes, madre,
En tan tierna edad
Tan corto el placer,
Tan largo el pesar,
Y me cautivastes
De quien hoy se va
Y lleva las llaves
De mi libertad,

Dejadme llorar
Orillas del mar.

En llorar conviertan
Mis ojos, de hoy más,
El sabroso oficio
Del dulce mirar,
Pues que no se pueden
Mejor ocupar,
Yéndose a la guerra
Quien era mi paz,

Dejadme llorar
Orillas del mar.

No me pongáis freno
Ni queráis culpar,
Que lo uno es justo,
Lo otro por demás.
Si me queréis bien,
No me hagáis mal;
Harto peor fuera
Morir y callar,

Dejadme llorar
Orillas del mar.

Dulce madre mía,
¿Quién no llorará,
Aunque tenga el pecho
Como un pedernal,
Y no dará voces
Viendo marchitar
Los más verdes años
De mi mocedad?

Dejadme llorar
Orillas del mar.

Váyanse las noches,
Pues ido se han
Los ojos que hacían
Los míos velar;
Váyanse, y no vean
Tanta soledad,
Después que en mi lecho
Sobra la mitad.

Dejadme llorar
Orillas del mar.

Luis de Góngora

http://www.poesi.as/index22.htm

Fábula y rueda de los tres amigos


lorca-boyCuando leí las estrofas finales de este poema, me quedé sobrecogido, por lo que decía y por su fuerza lírica. Pero ¡ojo!, que Lorca no está hablando aquí de un asesinato literal: mirando los estudios que se han hecho sobre Poeta en Nueva York el concepto “asesinato” parece sustituir más al de traición. Estoy de acuerdo en que es bastante impresionante, igual que el “ligero de equipaje” de Machado o el “Manifiesto” de Víctor Jara: canciones o poemas en los que su autor parece presagiar su final en esta vida; pero sólo son coincidencias fantásticas, y no tan raras: prácticamente todo artista se ha planteado el problema de la muerte propia alguna vez a lo largo de su producción, por lo que tampoco es tan raro. Pero algo sí que debió sobrecoger a los lectores y editores de los años 40, pues este poema estuvo inédito en vida de Lorca, al igual que otros poemas del libro: y esas estrofas finales debieron sonar a venganza desde la ultratumba.

Dali,_Bunuel_and_LorcaSin embargo, la explicación del poema es más prosaica (siempre es más prosaico). Las razones que en las biografías se dan sobre el viaje de Federico a Nueva York, acompañando a su amigo el profesor socialista Fernando de los Ríos, fueron varias; de todas ellas nos interesan dos: una, es descubrir a través de algunos amigos, que Emilio Aladrén, un joven escultor mediocre con el que tenía una relación sentimental, estaba con él por el interés, lo cual propició la ruptura; y la otra, la que para él parecía la conjura que contra él llevaban a cabo sus antiguos amigos de la Residencia de Estudiantes: Salvador Dalí y Luis Buñuel. Tanto el pintor como el cineasta, inmersos en el surrealismo más radical, le atacaron mucho intelectual y, a su gusto, personalmente por el folklorismo y el realismo de sus poemarios Poema del cante jondo y Romancero gitano con muy duras palabras; y cuando ambos, ya dejándole al margen, realizaron su obra maestra Un perro andaluz, Lorca se sintió humillado, pues según él, “perro andaluz” –imaginamos que “perro” es sinónimo de “perezoso”- era su mote en la Residencia. Así pues, hay quien ve en este poema una metáfora sobre la relación que tenía con Dalí y Buñuel; pero otros piensan que, en realidad, y tal como narra el poema, Lorca se queda al margen, y los tres amigos son sus tres grandes decepciones: Dalí, Buñuel y el escultor Emilio Aladrén, el único cuyo nombre no aparece enmascarado. Fijaos:

Enrique por el mundo de las camas;
Emilio por el mundo de los ojos y las heridas de las manos,
Lorenzo por el mundo de las universidades sin tejados.

 Lorca y Emilio AladrénAunque puede que el Emilio literario no fuera el Emilio real; las interpretaciones están abiertas, pero parece ser que Aladrén sería Enrique –no creo que haga falta explicarlo-; Emilio podría ser Dalí –habría que rastrear en sus obras y sus ideas-; y Lorenzo es el que se ve más claro: es Buñuel, quien tenía la fama en la Residencia de ser algo salvaje y escalar hasta su habitación en vez de emplear las escaleras. Esto es sólo mi interpretación, pero para más información se puede ver la introducción de Miguel García Posadas a las Obras Completas I (RBA – Instituto Cervantes, Barcelona, 2005, pp. 16-18). Acompañaría a este poema como ilustración la lámina “Estudiantes bailando, vestidos de mujer” –pues la rueda es un baile- que, por desgracia no he encontrado y ni siquiera sé si existe, como otras.

Poemas de la soledad
en University Columbia.


Fábula y rueda de los tres amigos

Enrique,
Emilio,
Lorenzo.

Estaban los tres helados:
Enrique por el mundo de las camas;
Emilio por el mundo de los ojos y las heridas de las manos,
Lorenzo por el mundo de las universidades sin tejados.

Lorenzo,
Emilio,
Enrique.

Estaban los tres quemados:
Lorenzo por el mundo de las hojas y las bolas de billar;
Emilio por el mundo de la sangre y los alfileres blancos;
Enrique por el mundo de los muertos y los periódicos abandonados.

Lorenzo,

Emilio,
Enrique.
Estaban los tres enterrados:
Lorenzo en un seno de Flora;
Emilio en la yerta ginebra que se olvida en el vaso;
Enrique en la hormiga, en el mar y en los ojos vacíos de los pájaros.

Lorenzo,

Emilio,
Enrique,
fueron los tres en mis manos
tres montañas chinas,
tres sombras de caballo,
tres paisajes de nieve y una cabaña de azucenas
por los palomares donde la luna se pone plana bajo el gallo.

Uno

y uno
y uno.
Estaban los tres momificados,
con las moscas del invierno,
con los tinteros que orina el perro y desprecia el vilano,
con la brisa que hiela el corazón de todas las madres,
por los blancos derribos de Júpiter donde meriendan muerte los borrachos.

Tres

y dos
y uno.
Los vi perderse llorando y cantando
por un huevo de gallina,
por la noche que enseñaba su esqueleto de tabaco,
por mi dolor lleno de rostros y punzantes esquirlas de luna,
por mi alegría de ruedas dentadas y látigos,
por mi pecho turbado por las palomas,
por mi muerte desierta con un solo paseante equivocado.

Yo había matado la quinta luna
y bebían agua por las fuentes los abanicos y los aplausos,
Tibia leche encerrada de las recién paridas
agitaba las rosas con un largo dolor blanco.
Enrique,
Emilio,
Lorenzo.
Diana es dura.
pero a veces tiene los pechos nublados.
Puede la piedra blanca latir con la sangre del ciervo
y el ciervo puede soñar por los ojos de un caballo.

Cuando se hundieron las formas puras
bajo el cri cri de las margaritas,
comprendí que me habían asesinado.
Recorrieron los cafés y los cementerios y las iglesias,
abrieron los toneles y los armarios,
destrozaron tres esqueletos para arrancar sus dientes de oro.
Ya no me encontraron.
¿No me encontraron?
No. No me encontraron.
Pero se supo que la sexta luna huyó torrente arriba,
y que el mar recordó ¡de pronto!
los nombres de todos sus ahogados.

Federico García Lorca

http://usuaris.tinet.cat/picl/libros/glorca/gl002600.htm#13

Problema de tiempo


The_Persistence_of_MemoryA los problemas técnicos de la semana pasada se suman problemas de tiempo: no voy a poder publicar tanto como quisiera (si quisiera) debido a otros asuntos que requieren de mi atención y dedicación constante, que por su importancia no pueden ser postergados. De vez en cuando publicaré algo corto y/ o sencillo, a modo de relajamiento, así que si sois visitantes habituales que entráis a través de la dirección del blog, os recomiendo que os suscribáis a través de la opción de suscripción de correo, de “seguir blog” si tenéis cuenta wordpress, o dándole al “me gusta de Facebook”. Por ahora, hasta luego, ya nos veremos de vez en cuando, y, para que no os vayáis insatisfechos, os dejo con el fantástico “Bohemian rhapsody” de los fabulosos Queen:

“El Rey de Harlem”, de Federico García Lorca, interpretado por A. González, el rey del drama


Yo denuncio a toda la gente
que ignora la otra mitad

F. G. Lorca: “Nueva York. Oficina y denuncia”

garcia_lorca_1En los últimos años de 1920, Federico García Lorca se encontraba en una encrucijada y atravesaba por varias vicisitudes de distinta índole: la ruptura con Buñuel y Dalí (sobre todo a raíz de sentirse profundamente ofendido por creer que la película de ambos, Un perro andaluz, hablaba de él de manera nada elogiosa), penurias económicas, quizás algún desencuentro amoroso, y, junto a ello, una mayor toma de conciencia social que le lleva, además, a firmar un manifiesto, junto a otros intelectuales, crítico con la dictadura de Miguel Primo de Rivera, en el que se exigía al dictador militar un cambio de rumbo (comenzaba la implicación de los intelectuales de España con la problemática socio-política, siendo esto uno de los pilares fundamentales en el advenimiento de la segunda República)… Así que, animado por su propio padre, aprovecha la invitación a dar conferencias en algunas universidades estadounidenses y en Cuba, acompañando al socialista Fernando de los Ríos (uno de sus grandes amigos con el que colaboraría en el proyecto de remozamiento cultural del país), para “cambiar de aires” (http://es.wikipedia.org/wiki/Poeta_en_Nueva_York).

La escritora Nella Larsen, hija de negro y danesa, fotografiada por James AllenLorca disfruta de su estancia en Nueva York, pero a la vez siente las enormes desigualdades que imperaban en el que ya era el país más poderoso del mundo, aunque sumido en la depresión que conllevó el crack de la bolsa de 1929. Le llama la atención mucho la situación de las minorías étnicas, tales como judíos e inmigrantes; pero sobre todo son los negros de los guetos los que más les atraen, además de por su situación social, por su cultura y por su vitalidad: para él es una situación que se asemeja mucho a la de los gitanos españoles: un grupo racial que, por el tiempo transcurrido, eran ciudadanos naturales del país, pero se les seguía teniendo marginados de muchos aspectos de la vida pública y parecían no ser más que mano de obra barata reemplazable. Según esta página, bien documentada (http://literateando.es/articulos_literarios.php?id=14), fue la escritora Nella Larsen, una de las grandes exponentes del Renacimiento de Harlem (movimiento literario afroamericano al que perteneció, entre otros, Langston Hughes, un escritor que estaría muy comprometido con la República Española durante la guerra civil), la que guió a Lorca por el mundo de los afroamericanos neoyorquinos, llevándole a sus reuniones, a sus locales de jazz, y regalándole unos libros (algo que, le aseguraron, no hacía con todo el mundo). De esta página recogemos las impresiones de Lorca de una de esas veladas

«Esta escritora es una mujer exquisita, llena de bondad y con esa melancolía de los negros, tan profunda y tan conmovedora. Dio una reunión en su casa y asistieron sólo negros. Ya es la segunda vez que voy con ella, porque me interesa enormemente. En la última reunión no había más blanco que yo. Vive en la segunda avenida y desde sus ventanas se divisaba todo Nueva York encendido. Era de noche y el cielo estaba cruzado por larguísimos reflectores. Los negros cantaron y danzaron… Había un muchachito que cantó cantos religiosos. Yo me senté en el piano y también canté. Y no quiero deciros lo que les gustaron mis canciones. Las “moricas de Jaén”, el “no salgas, paloma, al campo” y “el burro” me las hicieron repetir cuatro o cinco veces. Los negros son una gente buenísima. Al despedirme de ellos me abrazaron todos y la escritora me regaló sus libros con vivas dedicatorias, cosa que ellos consideraron como un gran honor por no acostumbrar esta señora a hacerlo con ninguno de ellos.
[…] Con la misma escritora estuve en un cabaret, también negro, y me acordé constantemente de mamá, porque era un sitio como esos que salen en el cine y que a ella le dan tanto miedo».

Cruzado, M. Nella Larsen, la novelista que guió a García Lorca en Harlem. Clarín, nº 52 (2004): 53

Calle de Harlem, hacia 1930Todo esto impresionó a un Federico que abría sus ojos a la realidad del mundo: a la injusticia, a las desigualdades, a la miseria… Y resultaba que la miseria era casi la misma en Nueva York que en Granada. En Poeta en Nueva York, publicado en 1940 (aunque muchos de sus poemas ya habían aparecido en diversas revistas literarias), esta admiración, asombro y denuncia se plasma en el ciclo titulado “Los negros”, al que pertenece esta tremenda “El Rey de Harlem”, una denuncia en traje surrealista que, aunque su escritura sea de difícil comprensión, es un mensaje claro y conciso. Traemos además al inmortal actor español Agustín González recitando con gran pasión estremecida este poema:

El Rey de Harlem

Con una cuchara
arrancaba los ojos a los cocodrilos
y golpeaba el trasero de los monos.
Con una cuchara.

Fuego de siempre dormía en los pedernales,
y los escarabajos borrachos de anís
olvidaban el musgo de las aldeas.

Aquel viejo cubierto de setas
iba al sitio donde lloraban los negros
mientras crujía la cuchara del rey
y llegaban los tanques de agua podrida.

Las rosas huían por los filos
de las últimas curvas del aire,
y en los montones de azafrán
los niños machacaban pequeñas ardillas
con un rubor de frenesí manchado.

Es preciso cruzar los puentes
y llegar al rubor negro
para que el perfume de pulmón
nos golpee las sienes con su vestido
de caliente piña.

Es preciso matar al rubio vendedor de aguardiente
a todos los amigos de la manzana y de la arena,
y es necesario dar con los puños cerrados
a las pequeñas judías que tiemblan llenas de burbujas,
para que el rey de Harlem cante con su muchedumbre,
para que los cocodrilos duerman en largas filas
bajo el amianto de la luna,
y para que nadie dude de la infinita belleza
de los plumeros, los ralladores, los cobres y las cacerolas de las cocinas.

¡Ay, Harlem! ¡Ay, Harlem! ¡Ay, Harlem!
No hay angustia comparable a tus rojos oprimidos,
a tu sangre estremecida dentro del eclipse oscuro,
a tu violencia granate sordomuda en la penumbra,
a tu gran rey prisionero, con un traje de conserje.

*

Tenía la noche una hendidura
y quietas salamandras de marfil.
Las muchachas americanas
llevaban niños y monedas en el vientre,
y los muchachos se desmayaban
en la cruz del desperezo.

Ellos son.
Ellos son los que beben el whisky de plata
junto a los volcanes
y tragan pedacitos de corazón
por las heladas montañas del oso.

Aquella noche el rey de Harlem,
con una durísima cuchara
arrancaba los ojos a los cocodrilos
y golpeaba el trasero de los monos.
Con una cuchara.
Los negros lloraban confundidos
entre paraguas y soles de oro,
los mulatos estiraban gomas, ansiosos de llegar al torso blanco,
y el viento empañaba espejos
y quebraba las venas de los bailarines.

Negros, Negros, Negros, Negros.

La sangre no tiene puertas en vuestra noche boca arriba.
No hay rubor. Sangre furiosa por debajo de las pieles,
viva en la espina del puñal y en el pecho de los paisajes,
bajo las pinzas y las retamas de la celeste luna de cáncer.

Sangre que busca por mil caminos muertes enharinadas y ceniza de nardos,
cielos yertos, en declive, donde las colonias de planetas
rueden por las playas con los objetos abandonados.

Sangre que mira lenta con el rabo del ojo,
hecha de espartos exprimidos, néctares de subterráneos.
Sangre que oxida el alisio descuidado en una huella
y disuelve a las mariposas en los cristales de la ventana.

Es la sangre que viene, que vendrá
por los tejados y azoteas, por todas partes,
para quemar la clorofila de las mujeres rubias,
para gemir al pie de las camas ante el insomnio de los lavabos
y estrellarse en una aurora de tabaco y bajo amarillo.

Hay que huir,
huir por las esquinas y encerrarse en los últimos pisos,
porque el tuétano del bosque penetrará por las rendijas
para dejar en vuestra carne una leve huella de eclipse
y una falsa tristeza de guante desteñido y rosa química.

*

Es por el silencio sapientísimo
cuando los camareros y los cocineros y los que limpian con la lengua
las heridas de los millonarios
buscan al rey por las calles o en los ángulos del salitre.

Un viento sur de madera, oblicuo en el negro fango,
escupe a las barcas rotas y se clava puntillas en los hombros;
un viento sur que lleva
colmillos, girasoles, alfabetos
y una pila de Volta con avispas ahogadas.

El olvido estaba expresado por tres gotas de tinta sobre el monóculo,
el amor por un solo rostro invisible a flor de piedra.
Médulas y corolas componían sobre las nubes
un desierto de tallos sin una sola rosa.

*

A la izquierda, a la derecha, por el Sur y por el Norte,
se levanta el muro impasible
para el topo, la aguja del agua.
No busquéis, negros, su grieta
para hallar la máscara infinita.
Buscad el gran sol del centro
hechos una piña zumbadora.
El sol que se desliza por los bosques
seguro de no encontrar una ninfa,
el sol que destruye números y no ha cruzado nunca un sueño,
el tatuado sol que baja por el río
y muge seguido de caimanes.

Negros, Negros, Negros, Negros.

Jamás sierpe, ni cebra, ni mula
palidecieron al morir.
El leñador no sabe cuándo expiran
los clamorosos árboles que corta.
Aguardad bajo la sombra vegetal de vuestro rey
a que cicutas y cardos y ortigas tumben postreras azoteas.

Entonces, negros, entonces, entonces,
podréis besar con frenesí las ruedas de las bicicletas,
poner parejas de microscopios en las cuevas de las ardillas
y danzar al fin, sin duda, mientras las flores erizadas
asesinan a nuestro Moisés casi en los juncos del cielo.

¡Ay, Harlem, disfrazada!
¡Ay, Harlem, amenazada por un gentío de trajes sin cabeza!
Me llega tu rumor,
me llega tu rumor atravesando troncos y ascensores,
a través de láminas grises,
donde flotan sus automóviles cubiertos de dientes,
a través de los caballos muertos y los crímenes diminutos,
a través de tu gran rey desesperado
cuyas barbas llegan al mar.

Federico García Lorca

http://users.fulladsl.be/spb1667/cultural/lorca/poeta_en_nueva_york/los_negros/el_rey_de_harlem.html

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