Archive for the ‘Books’ Category

La banda sonora de “Billy (‘algo es algo’)”


45214699_190745005181315_5237003020155224064_n

Es un poco novedoso eso de que una novela tenga banda sonora, y alguien diría que hasta contradictorio, innecesario, etc. Pero en el caso de Billy (“algo es algo”) (próxima aparición), está más que justificada. La razón…

De momento, ésta es su banda sonora: con canciones de Lluís Llach, Maria del Mar Bonet, Aguaviva, Joan Manuel Serrat, Raimon, Adolfo Celdrán, Pi de la Serra, Luis Pastor, Barón Rojo, Daniel Viglietti y Mario Benedetti, Nirvana, Chicho Sánchez Ferlosio, Elisa Serna, Marisol, Bob Dylan, y la “aparición estelar” de Los Suaves como tema principal.

Confío en que esta selección os vaya abriendo boca de cara a su próxima puesta en venta. Seguiremos informando…
Ir a descargar

Luis Pastor: “la historia siempre la escriben los vencedores, y yo creo que no soy un vencedor”


[Con motivo de la desaparición del blog que tenía compartido, reproduzco dos entradas, íntegramente mías. La primera de ellas es esta entrevista a Luis Pastor publicada en diciembre del año pasado, con motivo de la publicación de su libro de memorias]

Un marinero sin mar,
un extremeño en Madrid,
un árbol de Berzocana,
la flor de jara
de tu jardín.
Soy

f2e98768756785a1690c6b75c4b2e798Este año [2017], el cantautor Luis Pastor presenta sus memorias, ¿Qué fue de los cantautores? Memorias en verso, publicadas por Capitán Swing y Nórdica.
Lo curioso de estas memorias, frente a otras de grandes cantautores como Sonata de amigos de Benedicto, o Regular, gracias a Dios, de Labordeta, es que están completamente versificadas: arrancando desde su niñez en Berzocana, pasando por su militancia en la canción popular y en la poesía, hasta los años 80, cuando la industria del disco los dejó “aparcados”. Unas memorias muy interesantes y desde un planteamiento original, aunque no nuevo, escritas a veces desde la ironía, otras desde la ternura, pero siempre con honestidad; unas memorias que no son sólo las del cantante y poeta, sino las de toda una generación que se descubre en ellas. Son Fidelidad a sus orígenes, a su pasado, a sus raíces extremeñas y vallecanas, a su pueblo y barrio, a sus compañeros y a su familia… Una palabra que me vino a la cabeza sin previo conocimiento de causa, salvo la de su disco y su canción.

Luis me recibe en su casa y, con mirada franca y voz serena y envolvente, va respondiendo a cada una de mis preguntas con profusión de detalles.

Unas memorias escritas en verso es una idea de lo más original, ¿cómo se te ocurrió hacerlas así?

1Son casualidades y circunstancias que te llevan. Por un lado, el éxito del poema “¿Qué fue de los cantautores?” en estos siete años, sobre todo en este último, que se convierte otra vez en viral y son seis millones de descargas, me hace pensar que, si he sido capaz de sintetizar 40 ó 50 años de historia de este país en tres folios, por qué no intentar versificar mis memorias. Cierto es que me había planteado el año pasado sacar tres libros para celebrar los cuarenta años de mi disco Vallecas: un libro de poesías, un libro de letras de canciones y un libro de memorias con Antonio Gómez, el periodista que más sabe de los cantautores, que vivió aquellos años. Pasó el año y no hicimos nada; y las circunstancias de Navidad, que me corté el tendón y un dedo con un cuchillo jamonero y me escayolé. Y luego le regalé a mi hijo Pedro el Martín Fierro. Se juntó todo eso y creó el momento en que tiré de un arranque: la introducción salió de un golpe, sin ser en sextetos, sino en cuartetas, y luego me puse a escribir todos los días. Siento que ha sido un acierto, que el hecho de hacerlas en verso le da un valor diferente: la poesía tiene una fuerza que a lo mejor a la prosa le cuesta más trabajo: una definición, una capacidad de síntesis, de resumen, una capacidad, desde la propia poética, de ser dulce, tierna, agresiva, cortante… Fue un hallazgo.

Hay antecedentes: Violeta Parra escribió parte de su vida en décimas, y el mismo libro Martín Fierro es una historia versificada de la vida y cultura de los gauchos argentinos de La Pampa a finales del siglo XIX y principios del siglo XX.

Yo estoy contento: nunca hubiera pensado que pudiera escribir mi vida en verso, no se me había pasado por la cabeza. Creo que, a veces, no eres tú el que piensa las cosas: están ahí y se te revelan; he estado atento y he sido capaz de tirar de un hilo bonito a la
hora de escribir mi biografía. Siento que es una radiografía de muchos españoles de varias generaciones, de los que tenemos una edad, que vivimos la dictadura, el franquismo, el postfranquismo y la transición, que no es sólo mi vida: merecía la pena contarlo, en prosa o en verso, porque la historia siempre la escriben los vencedores, y yo creo que no soy un vencedor.

¿Hay gente que te dice que se ve reflejadas en ellas?

Pasa todos los días. Ya cuando leía sin avisar estos meses de atrás, antes del verano sobre todo, cuando lo estaba escribiendo y utilizaba mis conciertos como un laboratorio para leer 120 estrofas, hasta los 14 años, siempre venía gente a hablarme de que le estaba contando a él, que no me estaba contando a mí sólo. Y eso es verdad porque en la España que yo cuento, de los que nacimos en los 50, daba igual ser extremeño, andaluz, castellano, manchego, gallego…, éramos todos campesinos pobres y la mayoría emigrantes. Por tanto, creo que en ese retrato, sólo de esa época y de esa edad, la gente se siente identificada. Lo mismo cuando yo hablo de un recuerdo en mi aldea, en Berzocana: una naranja «gigante,/ tan redonda, tan brillante,/ como un sol entre las manos» que me echaron los Reyes Magos cuando tenía seis años: no se me olvida y lo recuerdo como lo más bonito que me ha pasado; no ha habido día en que yo recitara esa parte que no haya venido alguien a decirme “a mí también me regalaron una naranja”.

Sobre el proceso de publicación, ¿se ha implicado mucho la editorial?

Estoy sorprendido del interés de Capitán Swing y Nórdica por mí. Luego me lo he explicado: los editores son dos hermanos, Diego y Daniel, y, en este libro la primera página dice: “Este libro está dedicado a nuestros padres Luisa y Ángel”; hay una relación cariño-memoria afectiva sentimental de ellos hacia mi persona a través de sus padres: posiblemente mi música ha estado presente en la infancia de estos dos editores y, la verdad, es que todo lo que me han dado han sido facilidades: un interés por mí que yo al principio no sabía por qué, cuando las casas de discos no tienen tanto interés por mi música; a nivel de poesía sí lo tienen los editores de libros: el año pasado edité De un tiempo de cerezas, mi primer libro de poemas, en una colección interesantísima. Estoy contento del cariño que han puesto en la edición cuidada de este libro y, sobre todo, en el cariño que yo veo que sienten. El otro día, cuando hicimos la presentación en el Teatro del Barrio, les miro, veo sus caras y veo la satisfacción de una deuda pagada a través de esa memoria que conservan de mis canciones y de una época de este país.

Ya nos lo has dicho, pero ¿eran unas memorias que ya tenías pensado publicar o lo vislumbraste según las ibas escribiendo?

2Cuando empiezo a hacer estas memorias en verso, las editoriales Capitán Swing y Nórdica llevaban un año persiguiéndome para entregar aquéllas en las que me había comprometido con el periodista Antonio Gómez y que ellos estaban esperando, llamándome cada tres meses preguntando qué pasaba con ellas.
Al no hacerlo, desde el momento en que empiezo a escribir, sé que van a ser publicadas y que a los primeros a los que voy a enseñárselas van a ser a los chicos de Capitán Swing y de Nórdica. Entonces sé que las estoy escribiendo para publicarlas y descubro que las estoy escribiendo para ser leídas sobre todo, quizás por el éxito de “¿Qué fue de los cantautores?”. Es decir: tú estás en un bar que, a veces, no reúne las condiciones de silencio (aunque en mis conciertos siempre hay silencio), pero te das cuenta del silencio profundo que se produce cuando te pones a recitar y sólo existe la palabra; entonces, sin avisar a la gente, les metía 20 minutos de mis memorias y veía que iban a más el silencio y también los aplausos al acabar. Más que descubrir que iban a ser publicadas, descubrí que una idea bonita es ir a los lugares y espacios donde yo me muevo a lo largo del año por toda España, y recitar mis memorias: cantar una canción al principio y cuatro o cinco al final, pero que la propuesta se centrara en recitar estas memorias. Es posible que haya que quitar pajas, por tiempo: recitadas duran una hora y veinte minutos, y creo que es demasiado tiempo. La captación de atención de tres cuartos de hora sería lo ideal para una hora: es fácil resumirlas o quitar aquello que yo crea más personal, tenga menos importancia o retrate menos a los demás. Pero creo que lo que descubrí en ese mes de Diciembre, cuando yo empecé a escribir, fue que posiblemente era una propuesta para ser llevada a los escenarios.

[NB: el pasado 12 de Diciembre, Luis se arriesgó a leerlas enteras de un tirón en el Centro Cultural Lope de Vega de Entrevías: no se hizo nada pesado, muy al contrario: fue una velada muy agradable]

Hablemos ahora de música: ¿siguen estando los cantautores?

Yo sí, desde luego. La verdad es que los tiempos de crisis siempre generan capacidades personales, críticas y posicionamientos, a veces ideológicos también; en este país ha habido una crisis en estos últimos diez años que está generando unos jóvenes que no ven futuro, que no ven salidas laborales, que ven una situación deteriorada en la economía que había sido normal en sus familias de clase media y que, de pronto, ya no es lo que era. Todo eso converge en esta generación de cantautores del siglo XXI: cada día salen más chavales y, sobre todo, chavalas con sus guitarras. Y, bueno, creo que este manifiesto mío para el siglo XXI, el poema “¿Qué fue de los cantautores?”, a veces puede ser asumido por los jóvenes cantautores que se ven otra vez en la necesidad de entender la poesía y la canción como una herramienta para transformar mentalidades, para luchar contra un sistema de pensamiento único, un sistema capitalista que conforma mentalidades y una forma de vida que no nos lleva a ningún sitio, sino a la autodestrucción del planeta posiblemente. Creo que son tiempos de reflexión, de reinventarnos, y el cantautor, como todos los músicos, está ahí abriéndose camino y creando. Yo creo que no mueren: los cantautores están aquí y hay relevo; también otras formas musicales, que no tienen que ser “cantautor”, que se manifiestan y se proyectan desde el lado más crítico y más de denuncia de alguna manera.

¿Hay algo que añores de los viejos tiempos?

Yo de los viejos tiempos no añoro nada. Quizás añoro la posibilidad de futuro que intuíamos, de utopías y de sueños de aquellos años de mi juventud. Hoy día es muy difícil creer en un futuro, en utopías, sueños y revoluciones. Es difícil: la izquierda hemos perdido, por el mundo ha triunfado el capitalismo más depredador, salvaje y asesino, y no hay alternativa de otro modelo social, salvo pequeñas colectividades que se plantean salirse del sistema. Pero creo que está todo por hacer, todo por reinventar, y la humanidad tiene que saber de la capacidad del ser humano para transformar la realidad y el rumbo de su propio destino. No sé qué va a pasar ni cómo es el futuro: sé que la vida va más deprisa cada día y que lo que cuenta es el ahora y el presente, pero un presente sin memoria nos lleva a no proyectarnos hacia el futuro; por eso hay que recordar a veces quiénes somos, de dónde venimos, cuál es nuestra historia, cuáles son nuestros valores y lo que nos movió a creer en cosas positivas para la humanidad: es bueno recordarlo y, sobre todo, que los jóvenes sepan también: que no frivolicemos con la política al igualar una dictadura a una democracia: no es lo mismo; con todas las limitaciones de la democracia, y aunque esa democracia tenga a veces tintes dictatoriales y se agarre a sus leyes para impedir la expresión de todo tipo de manifestaciones colectivas e individuales, es verdad que a veces frivolizamos por desconocimiento: aquellos que hemos vivido la dictadura sabemos que hay un abismo y un mundo diferente, y que no es lo mismo una cosa que otra para nada.

Y musicalmente, ¿qué echas a faltar?

Por un lado, la Canción Popular era un movimiento; no éramos sólo individualidades, como es ahora: éramos un movimiento a veces organizado, con manifiestos propios de cada Autonomía: el movimiento de la canción Voces Ceibes en Galicia, la Nova Cançó en Cataluña, Canción del Pueblo en Madrid y Manifiesto Canción del Sur en Andalucía. Éramos un colectivo con una fuerza y una clarividencia que hoy es difícil tener: en aquel tiempo todo era blanco o negro, y era muy fácil saber dónde estaban tus objetivos y contra quién disparaban tus poesías. Hoy día todo eso está diluido, es más difícil; pero, posiblemente, en esas diferencias de realidad social, al final el oficio del creador es el mismo: un papel en blanco y la propia personalidad, la propia intuición y la propia capacidad de cada uno de nosotros para transmitir nuestras emociones y sentimientos en poesía. Eso sigue existiendo y es la misma realidad; otra cosa son los condicionantes sociales. Es verdad que, hacerse un nombre y hacer historia en aquellos años, era más fácil que en éstos porque éramos menos, no teníamos las redes sociales y todo era blanco o negro, como dije. Hoy en día todo es más complicado y más difícil.

¿Crees que aportaste algo a la sociedad, musical o socialmente?

Yo creo que sí, que yo y más compañeros desde la militancia en la canción fuimos capaces de abrir ventanas a muchos jóvenes de nuestra generación a la lectura, a la toma de conciencia, a la sensibilidad, a la poesía, a la capacidad de análisis, a la capacidad crítica, al cambio de mentalidades y hacer que la vida de muchos jóvenes fuera diferente a la que el sistema quería. Creo que aportamos muchas cosas, que rescatamos a los poetas prohibidos y perseguidos, fuimos solidarios en muchos frentes y compartimos el sueño y las utopías, o el camino hacia ellas. Ése fue nuestro bagaje y nuestro valor: en ese camino realmente vivimos, siendo jóvenes, casi el socialismo: el ser todos iguales, el
compartir, la generosidad, la solidaridad, el altruismo… Con eso es con lo que me quedo de aquellos años, y ésa fue nuestra universidad de vida: lo que nos hizo ser las personas que somos.

Un test musical: ¿con cuál te quedas: Bob Dylan o Leonard Cohen?

3Con Bob Dylan, por edad y por memoria. Nosotros le oíamos con 16 ó 17 años, pero a la vez incluyéndolo en el movimiento de la Canción Popular mundial, y Bob Dylan era un referente para muchos, hasta que se hizo rockero para algunos de nosotros: esa sencillez en la armónica y en la guitarra acústica, y en las raíces de donde partían sus composiciones; aunque yo no entendía las letras, tuvo más presencia en mi vida que Leonard Cohen. Yo creo que son dos personajes paralelos, siendo uno canadiense y el otro estadounidense, pero que influyen y viven de alguna forma todo ese momento de transformación y de rebeldía de una juventud hippie de los años 60, y de la música como motor de cambio. Todo eso trascendía a los jóvenes a los que nos llegaba con cuentagotas todo ese mundo, porque aquí no había libertad para vivir aquello.

“Fidelidad” es el nombre de tu primer LP y de la canción que hiciste sobre un poema: ¿es una palabra que podría definirte?

Pienso que sí, que si algo me define es ser fiel a mis orígenes, a mi vida, a mi memoria, a mis principios, a mi manera de ser persona y de comportarme en la vida. “Fidelidad” es un poema de Blas de Otero, y es un poema sobre la guerra civil y la España más fratricida en un lenguaje y unas palabras duras. Pero más allá del contenido poético y del propio poema, siento que Fidelidad, que no salió en el año 72 y que salió luego en el año 75, lo asumí como un reto personal más allá del propio poema y del propio Blas de
Otero.

Una canción, tuya o de otro, que te defina.

“Soy”: soy yo, mi biografía, también la de muchos españoles, pero evidentemente “Soy” es la canción que más me define de todas las que he hecho. Viene además la letra en la solapa de este libro. Las memorias, o parte de las memorias de mi niñez, son también ese poema: la letra de la canción y el poema de De un tiempo de cerezas; esa radiografía de los niños de la escuela pública del franquismo, de la leche en polvo, queso amarillo, el maestro represivo, el pupitre, la pizarra, el tintero y el mundo de tus padres campesinos de aldea.

¿Quieres añadir algo más, un saludo o cualquier cosa?

Un saludo a la gente de Getafe: sé que, como Vallecas, es un sitio hecho por emigrantes, por la gente de mi generación y por nuestros padres, y sé que estas memorias tendrían que ser leídas en todos los barrios obreros de Madrid. Me encantaría poder leerlas en algún teatrito de Getafe, que hace mucho tiempo que no voy por allí.

Luis Pastor: ¿Qué fue de los cantautores? Memorias en verso

(Capitán Swing/ Nórdica, 2017).

Presentación “Regreso a Luxor”, de José Palacios


10639661_729430360443605_1245982136398180590_n

Presentación y firma por su autor José Palacios, de la novela Regreso a Luxor; Casa del Libro, calle Fuencarral, 119, Madrid. Metro: Bilbao.

La mesa estará compuesta por Chema Contreras (Comentarista del programa rincón literario de la Cadena Ser), Jose Luis Muñoz (Editor de Bohodón edicones) y José Palacios (Autor de Regreso a Luxor) (más información: https://www.facebook.com/events/309337742604227/?sid_reminder=129024343739990016)

Reseña de la contraportada:

La novela mezcla momentos de tensión y misterio con otros de diversión o tristeza pero, en definitiva, lo que consigue es despertar las emociones de los lectores, hacerles reflexionar sobre el valor de la amistad y la importancia de los recuerdos. El modo en que se exponen los hechos y el lenguaje llano y sugestivo utilizado, dan agilidad a la narración y posibilitan que su lectura esté al alcance de cualquier lector.

Comencé a leer el libro hará dos semanas, y lo que voy leyendo me va gustando; el estilo narrativo de Palacios, además de ser bastante cinematográfico, es muy ágil, llegando a ser simpático, y no presenta grandes abismos en la acción: el gran peligro de toda narrativa. Aunque prometo una reseña más amplia cuando lo termine, por cuestión de la proximidad del evento, adelanto algunas observaciones: la primera es que José Palacios, sin pretender hacer ningún tipo de novela costumbrista o de viaje –aunque se basa en algunas experiencias y anécdotas vividas por él en sus viajes a Egipto- nos presenta una visión muy realista del país africano y de sus gentes, sin tocar –lo digo como advertencia- la novela social. Y, segundo, que José Palacios hace mover la acción de su protagonista en esa indescifrable franja que se sitúa entre la realidad y la ficción, entre lo material y lo sobrenatural: es decir, las vivencias que sintió en sus viajes a Egipto, tratando de huir del Egipto masificado, epidérmico, para turistas, e intentando encontrar el Egipto más verdadero, con todo lo que conlleva.

No es la primera vez que Palacios toma la pluma para escribir: ya anteriormente, en su calidad de director y actor de Taormina Teatro, ha escrito obras de teatro, especialmente de teatro infantil: de ahí, probablemente, la agilidad de los diálogos, que tanto suele agradecer el lector.

En definitiva, es una novela que puede gustar a todo el mundo, tanto al lector más exigente como a aquel que busca sólo diversión, ya que ofrece un entretenimiento inteligente, exaltando los valores del amor, la amistad y la importancia de los recuerdos como último reducto del ser humano.

Para más información sobre el acto:

https://www.facebook.com/events/309337742604227/?sid_reminder=129024343739990016

Marie Sanders


"Marie Sanders", ilustración de Bert Tombrock, inspirada por el poema de Brecht“Casarse o mantener relaciones extramatrimoniales con una persona judía era considerado como prohibido y él o la contrayente alemán podía ser considerado como judío de primer grado, esto estaba penalizado con prisión”, según rezaba un artículo de las “Leyes de Nüremberg” de 1935, redactadas por Wilhelm Frink, Hitler y Julius Streicher, unas leyes cuya finalidad era la segregación de la vida pública, y privada, de los judíos, manteniéndolos lejos de la cotidianeidad civil e intentando mantener la pureza alemana. Fue el caso de Marie Sanders, no sé si una persona real o una persona ficticia que representaba una situación real, que por haber tenido un novio judío fue maltratada, rapada su cabeza, desgarrados sus vestidos y obligada a pasear por las calles con un cartel colgando al cuello que rezaba “Me he acostado con un judío”, llamándola “prostituta judía”. Bertolt Brecht, con la música de Hanns Eisler, la inmortalizó en sus Kalendergeschichten, canciones del calendario (1948), mostrando cómo estas leyes no fueron sino más que la preparación de la noche de los cristales rotos, la antesala del holocausto (aprovecho esta palabra para criticar a esos mandatarios latinoamericanos tan socialistas, tan revolucionarios, que, a día de hoy, dan cobijo a un negacionista del holocausto, aunque éste sea iraní: es un insulto no sólo para el pueblo judío, sino también para todos aquellos pueblos y todos aquellos que sufrieron la represión nazi; y que esto no se entienda como defensa del Estado de Israel), y además el hecho de que para una sociedad, la alemana de los años 30, fuera más escandaloso el que una mujer se acostara con alguien de otra raza que lo que cierto funesto personaje, por aquellos días, ya anunciaba hacer, no sólo en Alemania, sino en todo el mundo. Ésta es la letra en alemán, con la interpretación de la actriz y cantante Kate Kühl:

Ballade von der Judenhure Marie Sanders

In Nürnberg machten sie ein Gesetz
Darüber weinte manches Weib, das
Mit dem falschen Mann im Bett lag.
„Das Fleisch schlägt auf in den Vorstädten
Die Trommeln schlagen mit Macht
Gott im Himmel, wenn sie etwas vorhätten
Wäre es heute Nacht.“

Marie Sanders, dein Geliebter
Hat zu schwarzes Haar.
Besser, du bist heute zu ihm nicht mehr
Wie du zu ihm gestern warst.
„Das Fleisch schlägt auf in den Vorstädten
Die Trommeln schlagen mit Macht
Gott im Himmel, wenn sie etwas vorhätten
Wäre es heute Nacht.“

Mutter gib mir den Schlüssel
Es ist alles halb so schlimm.
Der Mond sieht aus wie immer.
„Das Fleisch schlägt auf in den Vorstädten
Die Trommeln schlagen mit Macht
Gott im Himmel, wenn sie was vorhätten
Wäre es heute Nacht.“

Eines Morgens, früh um neun Uhr
Fuhr sie durch die Stadt
Im Hemd, um den Hals ein Schild, das Haar
Geschoren.
Die Gasse johlte. Sie
Blickte kalt.
Das Fleisch schlägt auf in den Vorstädten
Der Streicher spricht heute nacht.
Großer Gott, wenn wir ein Ohr hätten
Wüßten wir, was man mit uns macht."

Balada de la puta judía Marie Sanders

Circula una ley en Núremberg/ que ha hecho llorar a muchas mujeres/ que estuvieron en el lecho con el hombre equivocado/ “Siempre hay gente en los suburbios,/ los tambores tocando con fuerza./ Dios mío, si están planeando algo,/ será esta noche.”// Marie Sanders, los cabellos de tu amante son demasiado negros;/ será mejor que no vayas a verle,/ como lo hiciste ayer./ “Siempre hay gente en los suburbios,/ los tambores tocando con fuerza./ Dios mío, si están planeando algo,/ será esta noche.”// Madre, dame las llaves,/ las cosas no son tan malas como parecen,/ la luna es la misma./ Siempre hay gente en los suburbios,/ los tambores tocando con fuerza./ Dios mío, si están planeando algo,/ será esta noche.”// Una mañana temprano, cerca de las nueve,/ recorría la ciudad/ con solo una camisa puesta,/ un cartel al cuello y la cabeza rapada./ La calle se reía a carcajadas./ Ella tenía una mirada fría./ “Siempre hay gente en los suburbios,/ Streicher hablará esta noche./ Dios del Cielo, si lo escucháramos/ sabríamos lo que van a hacer con nosotros.”

Bertolt Brecht – Hanns Eisler

Original y letra en italiano, base para la traducción algo libre al castellano:

http://www.antiwarsongs.org/canzone.php?id=4711&lang=it

Traducción alternativa:

http://amics21.com/laveritat/poemasbrecht.htm

En 1971, la gran cantante italiana Milva, en su disco Milva canta Brecht, ofrecía una versión apasionada y desgarradora de este poema. La letra, adaptada al italiano por Giorgio Strehler, se encuentra en el mismo enlace de nuestros amigos Canzoni contro la guerra:

Luego, en 1977, con la producción de Caballero Bonald, Massiel (una cantante bastante parecida en el timbre de voz a Milva) sacó también su versión en el disco Baladas y canciones de Bertolt Brecht, que se correspondía al espectáculo “A los hombres futuros, yo Bertolt Brecht”, junto con Fernando Fernán Gómez, sobre el gran dramaturgo y poeta alemán, en el que Massiel cantaba las canciones y el gran actor recitaba algunos de los mejores poemas de Brecht. La adaptación es calcada a la italiana, así que, si no es una adaptación de la letra italiana, ignoro –a no ser que fuera el propio Caballero Bonald- el responsable de ella (según una fuente, los textos del disco son una adaptación del dramaturgo Lauro Olmo):

Balada de María Sanders

En Núremberg se castiga a las mujeres
que van al lecho con un hombre
que no sea de raza aria.

El hambre crece y tambores
redoblan con fuerza brutal.
Oh, Dios mío, ya lo han decidido,
y vendrán aquí.

María Sanders, vas a perder a tu hombre,
aunque se tiña sus cabellos
le delata su nariz.

El hambre crece y tambores
redoblan con fuerza brutal.
Oh, Dios mío, ya lo han decidido,
y vendrán aquí.

Mamá, dame la llave, que no ocurre nada grave
y la luna resplandece como siempre
como siempre.

El hambre crece y tambores
redoblan con fuerza brutal.
Oh, Dios mío, ya lo han decidido,
y vendrán aquí.

Le cortaron el cabello un bello día,
y le pusieron
un cartel al cuello y una camisa.
Ríe la gente y ella, nada.

La carne sube en los suburbios
y el asesino ¡está allí!
Dios del Cielo, el que ojos tenga y vea
ha comprendido lo que ocurrirá.

Y voy a terminar con una versión holandesa, a cargo de Adèle Bloemendaal, con una reflexión anecdótica: cuando los nazis perdieron la guerra, en Francia, en Holanda y en otros países ocupados, la resistencia decidió castigar a las mujeres que se habían acostado con alemanes de una manera bastante similar: rapándolas las cabezas, desgarrando sus vestidos y colgándoles carteles que decían “Me he acostado con alemanes”. A pesar de mi admiración general a la resistencia anti-nazi de todo el mundo, esta medida siempre me pareció injusta y desproporcionada, pues no se pararon a considerar si había sido por necesidad u obligación, y, en cualquier caso, si hubiera sido por amor o por placer, no era un crimen tan horrible como el siguiente. La medida, además, y por supuesto, pecaba de machista, pues apostamos a que no fueron tan fieramente maltratados y vejados ciertos honrados ciudadanos que se enriquecieron durante la ocupación y que, cuando llegó la liberación, salieron a la calle luciendo los emblemas nacionales y las insignias de la resistencia, para poder seguir siendo honrados ciudadanos pudientes que, en ocasiones, tuvieron sus cargos en los gobiernos: la población decidió descargar su rabia sobre las mujeres.

Discurso de Bertolt Brecht ante el I Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura (París, 1935)


Bertolt BrechtTras los acontecimientos acaecidos en la Italia fascista y en la Alemania del III Reich (depuración de la intelectualidad y del profesorado, quema de libros, falsificación de la historia y de la cultura nacional), junto a las recientes manifestaciones filofascistas sucedidas en Francia, un grupo de intelectuales (escritores, poetas, pensadores, etc.), decidieron celebrar un congreso (con precedentes como el de Kharkow y el Congreso Antibelicista de Ámsterdam) que contaría con intelectuales de todo el mundo para afirmar un compromiso de defensa de la cultura, en peligro ya no sólo por los regímenes fascistas sino por los gobiernos conservadores de entonces, cada vez más proclives a la fórmula “milagrosa” de Mussolini.

En este I Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura participaron escritores de todas partes, divididos en diversas delegaciones: los franceses, anfitriones, fueron los más numerosos; pero los escritores exiliados alemanes gozaron de un protagonismo especial y sus palabras fueron atendidas con especial atención; por lo que nos toca, la delegación española estaba presidida por Julio Álvarez del Vayo, en sustitución del inmortal Ramón del Valle-Inclán, ya enfermo, y corrió el riesgo de no poder leer su ponencia si no llega a ser por la generosidad del escritor francés André Gide. No fue, como cierta gente sostiene incluso a día de hoy, un congreso de escritores comunistas estalinistas, ya que en él participaron escritores de todas las fuerzas o tendencias políticas progresistas: sí, los hubo estalinistas (los soviéticos, sobre todo), pero también trotskistas, social-demócratas, católicos progresistas (como Emmanuel Mounier) y varios independientes, además de representantes de culturas oprimidas por el colonialismo, como la India. Claro es que tanta variedad dio lugar a diversas polémicas y enfrentamientos que, por ahora, no vienen a cuento, aunque sí es cierto que muchos achacaron cierta preeminencia del comunismo ortodoxo en el Congreso, aunque en general su balance era positivo. De todo ello, se adoptaron ciertas conclusiones en aquel Palacio de la Mutualité, como fue el compromiso con la sociedad actual, apoyar la formación de Frentes Populares, la promesa de defender y divulgar la cultura allá donde estuviera amenazada y formar una asociación, más abierta que la Asociación de Escritores Revolucionarios, que fuera la parte intelectual de esos Frentes Populares: la Alianza Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura, que tendría delegaciones en cada país.

De todos los discursos pronunciados en la Mutualité destaca el del gran dramaturgo y poeta alemán Bertolt Brecht, en el cual advertía de que si bien importante era defender la cultura, mucho más era la defensa del hombre, intentando centrar a la asamblea intelectual en lo realmente importante y evitando caer en el vicio de una excesiva teorización. Reproduzco aquí los fragmentos que he copiado para mi futuro trabajo, tomados del libro de Manuel Aznar Soler, I Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura (París, 1935), pp. 217-221:

Una aclaración necesaria para la lucha contra la barbarie

«(…) Los escritores que sufren en carne propia o ajena el horror del fascismo y son presa del pánico, no están en condiciones, sin más que esta experiencia y este pánico, de combatir esta abominación. Tal vez muchos crean que basta con describirla, sobre todo si un gran talento literario y una cólera auténtica hacen el relato penetrante. En realidad, este tipo de relatos son importantes. Aquí ocurren atrocidades. Esto no puede ser. Se golpea a las personas. Esto no ha de ocurrir (…)

Tal vez habrá quien pegue un salto, esto no es tan grave. Pero luego viene aquello de atajar-de-un-golpe y esto ya es más grave. Ha estallado la cólera, el adversario está señalado, pero ¿cómo derribarlo? El escritor puede decir: Mi cometido es denunciar la injusticia, y puede dejar a cargo del lector el cuidado de acabar con ella. Pero luego el escritor hará una experiencia singular. Se dará cuenta de que la cólera, como la compasión, es algo masivo, algo que existe en cantidad y puede agotarse. Y lo peor del caso: se agota en la medida en que se hace más necesaria. Algunos camaradas me han dicho: cuando referimos por primera vez que nuestros amigos eran sacrificados, hubo un clamor de horror y se ofrecieron muchas ayudas. Entonces hubieron cien muertos. Pero cuando fueron mil y la carnicería no tenía fin, cundió el silencio y cada vez hubo menos ayuda. Así son las cosas: “Cuando los crímenes proliferan, se hacen invisibles. Cuando las penas se vuelven insoportables, ya no se oyen clamores. Un hombre es golpeado y el espectador de la escena se desmaya. Claro que es natural. Cuando llega el crimen, como la lluvia que cae, ya nadie grita entonces “alto”.

… ¿Cómo remediarlo? ¿No existe el medio de impedir al hombre que vuelva la cara ante la abominación? ¿Por qué vuelve la cara? Vuelve la cara porque no ve ninguna posibilidad de intervenir. El hombre no se detiene en el dolor de otro si no puede ayudarle. Uno puede detener el golpe, si sabe cuándo cae y hacia dónde y por qué, y para qué cae. Y si uno puede detener el golpe, si existe alguna posibilidad, por pequeña que sea, de detenerlo, entonces puede sentir compasión de la víctima. De no ser así, también se puede sentir compasión, pero no por mucho tiempo, en todo caso no durante todo el tiempo que silben los golpes sobre la víctima. Por tanto: ¿Por qué cae el golpe? ¿Por qué se arroja la cultura por la borda como un lastre, aquellos restos de cultura que nos quedan? ¿Por qué la vida de millones de seres, de la mayoría de seres, está tan depauperada, despojada, semi o totalmente destruida?

Algunos de nosotros responden a esta pregunta diciendo: por salvajismo. Creen estar viviendo una terrible erupción en una gran parte de la humanidad, cada vez mayor, un fenómeno horripilante sin causas aparentes, que aparece de repente y tal vez, es de esperar, desaparezca también de repente, el desbordamiento impetuoso de una barbarie largo tiempo sofocada o adormecida, de naturaleza instintiva.

Los que responde así, se dan cuenta, naturalmente, ellos mismos, de que tal respuesta no alcanza lo suficiente. Y también se dan cuenta de que no se puede dar al salvajismo visos de fuerza natural, de potencia invencible de los infiernos.

Hablan también de negligencia en la educación del género humano. Algo se desatendió en este sentido o no puede hacerse con las prisas. Ahora hay que recuperar lo perdido. Contra el estado salvaje hay que implantar la bondad. Hay que evocar las grandes palabras, los conjuros que ya en una ocasión prestaron ayuda, los conceptos imperecederos: amor a la libertad, dignidad, justicia, cuya eficacia está históricamente garantizada. Y emplean los grandes conjuros. ¿Qué sucede? A la alusión de que el fascismo es salvaje responde éste con el elogio fanático del salvajismo. Acusado de fanático, responde con el elogio del fanatismo. A la imputación de que conculca la razón, condena alegremente la razón.

También el fascismo encuentra la educación descuidada. Espera mucho de una influencia sobre los cerebros y un fortalecimiento de los corazones. A las brutalidades de sus sótanos de tortura añade las de sus escuelas, periódicos, teatros. Educa a la nación entera, y lo hace durante todo el día. No dispone de demasiadas cosas que ofrecer a la gran mayoría, y eso significa tener que educar mucho. Como no proporciona comida, debe educar para la autodisciplina. Como es incapaz de poner orden en su producción y necesita guerras, debe educar para el valor físico. Necesita víctimas, y entonces tiene que inculcar a la gente el espíritu de sacrificio. También ideales, postulados formulados a los hombres, algunos son incluso grandes ideales, grandes postulados.

Bien, sabemos para qué sirven estos ideales, quién educa y a quién será útil esta educación –no a los educados-. ¿Qué ocurre con nuestros ideales? También aquellos de nosotros que ven el origen de todos los males en el salvajismo, la barbarie, sólo hablan, como hemos podido comprobar, de educación, de intervenir en los espíritus –de ningún otro tipo de intervención, sin embargo-. Hablan de educar a la gente para la bondad. Pero la bondad no saldrá a fuerza de exigir la bondad, exigirla bajo todas las condiciones, incluso las peores, así como la brutalidad no puede salir de la brutalidad

Yo, por mi parte, no creo en la brutalidad por amor a la brutalidad. Hay que defender a la humanidad contra la acusación de que sería también brutal, si esto no fuera tan buen negocio; es una tergiversación ingeniosa de mi amigo Feuchtwanger cuando dice: la villanía precede al egoísmo; pero no tiene razón. El salvajismo no viene del salvajismo, sino de los negocios, que sin él no podrían seguir haciéndose.

En el pequeño país del cual procedo, reinan condiciones menos alarmantes que en muchos otros países; pero cada semana son destruidas 5.000 reses de matanza. Es una cosa grave, pero no es una explosión repentina de sangre. Si lo fuera, la cosa sería menos grave. La destrucción de cabezas de ganado y la destrucción de la cultura no tienen sus causas en instintos bárbaros. En ambos casos se destruye una parte de bienes producidos no sin esfuerzo, porque se ha convertido en una carga. (…) En la mayoría de los países de la tierra tenemos hoy unas condiciones sociales en las que los crímenes de toda clase son altamente premiados y las virtudes cuestan mucho: “La buena persona está indefensa, y el indefenso es apaleado, pero con la brutalidad puede uno tenerlo todo. La villanía toma sus medidas para 10.000 años. La bondad, por el contrario, necesita una guardia de corps; pero no la encuentra”.

¡Guardémonos buenamente de pretenderla de los hombres! ¡Y ojalá no pretendiéramos nada imposible! ¡No nos expongamos al reproche de que también nosotros hacemos llamamientos a los hombres para cosas sobrehumanas, esto es que, a base de practicar virtudes sublimes, sobrelleven condiciones de vida horribles que, desde luego, es posible cambiar, pero que no van a cambiar! ¡No hablamos solamente en pro de la cultura!

Compadezcámonos de la cultura, ¡pero compadezcámonos primero de los hombres! La cultura estará salvada, si los hombres se salvan. No nos debemos arrastrar hasta el punto de afirmar que los hombres existen para la cultura y ¡no la cultura para los hombres! Haría pensar demasiado en la práctica de los grandes mercados, donde los hombres acuden para las reses, ¡no las reses para los hombres!

¡Camaradas, reflexionamos sobre las raíces del mal!

Muchos de nosotros, escritores, que viven el horror del fascismo y se horrorizan de él, no han comprendido todavía esta doctrina, no han descubierto aún las raíces del salvajismo que les aterra. Siempre existe en ellos el peligro de considerar las atrocidades del fascismo como atrocidades inútiles. Siguen aferrados a las condiciones de propiedad imperantes, porque creen que, para su defensa, no son necesarias las atrocidades del fascismo. Sin embargo, para el mantenimiento de esta situación son necesarias las atrocidades del fascismo. En esto no mienten los fascistas, dicen la verdad. Aquellos de nuestros enemigos que están tan horrorizados como nosotros de las atrocidades fascistas, pero quieren mantener las actuales condiciones de propiedad o se muestran indiferentes ante su mantenimiento, no pueden hacer una guerra lo bastante vigorosa y duradera contra la barbarie predominante, porque no son capaces de ayudar a sugerir y crear unas condiciones sociales en las cuales la barbarie sea superflua. Pero aquellos que, en la búsqueda de las raíces del mal, han dado con las condiciones de propiedad, han ido profundizando más y más, a través de un infierno de atrocidades cada vez más bajas, hasta llegar al lugar donde una pequeña parte de la humanidad ha anclado y establecido su dominio despiadado. Ha echado el ancla en aquella propiedad del individuo que sirve a la explotación del prójimo y es defendida a ultranza con uñas y dientes, abandonando una cultura que no se presta ya a defenderse o ya no es capaz de hacerlo, abandonando, en fin, todas las leyes de la convivencia humana, por las cuales la humanidad ha luchado desesperadamente tanto tiempo y con tanto denuedo.

¡Camaradas, hablemos de las condiciones de propiedad!

(…)»

Bertolt Brecht, 23 de junio de 1935, París.

El nacimiento de Cristo, según Federico García Lorca


Manuscrito originalFederico García Lorca era muy creyente, pero no estrictamente católico, o al menos no en el sentido de obedecer y respetar una jerarquía y una ritualística. Al contrario, a Lorca lo que le llamaba más la atención era esa otra religiosidad, la religión popular, llena de supersticiones, ritos e imágenes heredadas del paganismo de los pueblos ibéricos pre-romanos: costumbres y creencias que con el paso al cristianismo fueron adaptándose a la nueva religión del Imperio. Por eso, este su “Nacimiento de Cristo”, contenido en su fabuloso Poeta en Nueva York, no es una canto de gozo por el nacimiento del Salvador, del redentor de la humanidad, sino que describe un paisaje intranquilo, inquietante, con figuras más típicas del paganismo que del cristianismo: una noche en la que reina una infernal tempestad, descrita del único modo que el poeta granadino podía hacerlo, anunciando –según la información contenida en la Wikipedia- el futuro martirio del fundador del cristianismo. El poema se abre con una figura tan rural como un Cristo hecho de barro y se cierra con una imagen urbana como es la nieve de Manhattan. Completa esta entrada la interesante canción que hizo Víctor Manuel sobre este poema recogida en el recopilatorio Poetas en Nueva York, y que, en mi opinión, recoge a la perfección, con esa melodía intranquila, turbadora, y ese giro propio de la ternura de la religiosidad rural al cantar sobre el “cristito de barro”.

Nacimiento de Cristo

Un pastor pide teta por la nieve que ondula
blancos perros tendidos entre linternas sordas.
El Cristito de barro se ha partido los dedos
en los tilos eternos de la madera rota.

¡Ya vienen las hormigas y los pies ateridos!
Dos hilillos de sangre quiebran el cielo duro.
Los vientres del demonio resuenan por los valles
golpes y resonancias de carne de molusco.

Lobos y sapos cantan en las hogueras verdes
coronadas por vivos hormigueros del alba.
La luna tiene un sueño de grandes abanicos
y el toro sueña un toro de agujeros y de agua.

El niño llora y mira con un tres en la frente,
San José ve en el heno tres espinas de bronce.
Los pañales exhalan un rumor de desierto
con cítaras sin cuerdas y degolladas voces.

La nieve de Manhattan empuja los anuncios
y lleva gracia pura por las falsas ojivas.
Sacerdotes idiotas y querubes de pluma
van detrás de Lutero por las altas esquinas.

http://users.fulladsl.be/spb1667/cultural/lorca/poeta_en_nueva_york/calles_y_suenos/nacimiento_de_cristo.html

Federico García Lorca

Con la mochila a cuestas VII (Homenaje a Labordeta): el paisano


Estas arcillas viejas,
estas arcillas pobres,
sólo crean miseria,
sólo producen hambre…

(Labordeta, “Las arcillas”)

LABORDETA, inicialAntes que nada, a la manera de Pepe Isbert, “os debo una explicación”… El año pasado, a raíz del fallecimiento del gran José Antonio Labordeta, habiéndome su magnífico libro Regular, gracias a Dios, comencé una serie de homenajes a Labordeta abordando sus distintas dimensiones, tanto biográficas (su infancia, su juventud), como profesionales (profesor, poeta, cantante), más que de una manera “profesional”, sentimental… Y es que cuando falleció, un amigo mío que fue amigo suyo me dijo que no sólo me habría gustado conocerle a mí, sino que yo le habría gustado a él, algo que me emocionó mucho… Pero volvamos a la explicación pues: el último cuelgue lo hice a finales de octubre, bajo el título de “El Juglar”, en el que hablaba sobre su faceta de cantante popular (es decir, del pueblo); quise continuar, pero la verdad es que no sabía cómo… Así que lo fui dejando, dejando, sin saber muy bien cómo acabarlo. Ha sido el maestro Lucini, en su entrada de hoy, con el abecedario poético de Labordeta, el que me ha recordado que el próximo día 19 se cumplirá un año desde su fallecimiento, por lo que he decidido dedicarle dos entradas más para cerrar el ciclo como Dios manda.

El Paisano

La gran virtud de José Antonio Labordeta, en todo lo que llevó cabo, fue la de conectar íntimamente con el pueblo: como cantor, volvemos a decir lo que Tuñón de Lara escribió en la reseña de su LP Cantar i calla: Labordeta no le cantaba al hombre, se ponía a su lado. En su ciudad natal, José Antonio estaba muy próximo a sus vecinos, a sus sentimientos y preocupaciones: le impresionaba la humildad y obstinación de un pueblo campesino, que a menudo se veía obligado a emigrar, pero siempre con esa curioso orgullo que brilla con extraña luz en los ojos de –como dijo Dostoievski- los humillados y ofendidos; y luego estaban las terribles historias de la guerra civil, que aunque fueran como secretos murmurados a voces, Labordeta oyó desde niño. Por esa razón, la mayoría de sus canciones están dedicadas a esa gente: humilde, pero a la vez obstinada y orgullosa, hecha del mismo barro sagrado de la creación y de sus casas.

Caricatura para el libro de González LuciniEn gran medida el pensamiento de Labordeta era muy machadiano: “… Todo arte verdadero será arte proletario. Quiero decir que todo artista trabaja siempre para la prole de Adán…”, dijo el inmortal poeta durante la guerra civil (cita completa: https://albokari2.wordpress.com/2007/02/26/%C2%BFquien-puede-resistirse/); un pensamiento que, sin duda, se debía a una de sus grandes influencias, su propio padre, el profesor Miguel Labordeta Sr., que desde la dirección del colegio Santo Tomás de Aquino impartía clases a niños de toda clase social, a veces hasta gratis, comprendiendo la terrible situación que atravesaban algunas familias. Don Miguel era un hombre justo, socialista –no sólo de ideología política, sino más bien en la comprensión intuitiva de que todos somos iguales- que durante la guerra civil dio cobijo a gentes de ambos bandos, a pesar de haber sido amenazado en más de una ocasión, y de ese sentimiento de justicia y de igualdad, de ese humanismo de andar por casa (a veces las cosas de andar por casa, al no estar estropeadas por excesivas consideraciones teóricas, son las mejores), recibió José Antonio sus primeras lecciones: ponerse siempre del lado del que sufre (“ellos son tus mejores amigos”, escribió Nicola Sacco a su hijo mientras esperaba ser ejecutado), nunca actuar con superioridad respecto al otro, y, sobre todo, condenar siempre la injusticia. Con este pensamiento de base, el joven Labordeta se enfrentaba al mundo de la dictadura.

1284634154712Maestros de la Segunda República, la Institución Libre de Enseñanza, los intelectuales, artistas, etc. asesinados, encarcelados o en el exilio, la poesía de su propio hermano, Miguel Labordeta… De todos ellos Labordeta aprendía que, también como dijo Machado, para poder ser universal primero hay que ser popular: conectar con la gente de las clases humildes más cercanas para poder conectar con las de todo el mundo. Y eso era algo que, en primer lugar, él quiso enseñar a otros en sus clases, y, luego, a través de sus canciones… Maravillosas canciones que la más de las veces nos hablan de lo concreto, de lo cotidiano, de una gente que era la suya, la tuya, la nuestra, pues, aplicando la máxima seegeriana –en cierto modo, variante de la de don Antonio- de pensar globalmente y actuar localmente, Labordeta comprendía que sus canciones debían de hablar de las cosas en este orden: en primer lugar, de las gentes de Aragón: así, Labordeta acercaba al resto del país qué era Aragón y cómo era su gente, y nos sentíamos cercanos, vecinos: y la gente descubría que los problemas y las cuitas de aquella gente eran similares a las suyas –ay de aquel que diga que sus canciones, o las de Raimon, o las de Llach, o incluso las de Paco Ibáñez, han servido para separarnos: a los que mienten, les baja una candela del cielo que les quema la lengua-; luego, a nivel nacional –independientemente de lo que esto signifique, no se me ofenda nadie-, conectando con las gentes de toda España por ese hermanamiento que descubre que, con los matices dados por cada región, los problemas venían a ser más o menos los mismos; y, finalmente, a nivel universal, descubriéndonos que nuestros problemas se enmarcan en una problemática de dimensiones globales. El cantor de la humilde tierra de Aragón conectaba con la gente de todo el mundo: ¡qué orgulloso estaba cuando se enteraba que gentes de Latinoamérica, tanto marxistas como cristianos de base, adoptaban sus canciones en sus movilizaciones! ¡O incluso mucho más lejos, en el sudeste asiático, en todo el mundo!

1284634092921Fue, precisamente, su sentido del paisanaje, su admiración y respeto hacia la gente humilde, a la clase trabajadora, lo que le lleva a la televisión: en 1990, interpreta al señor Dupont, un vendedor de molinillos de papel (algo tan tierno que le iba que ni pintado), en la serie televisiva dirigida por José Briz Méndez Del Miño al Bidasoa, basada en la novela homónima de Camilo José Cela. Esta serie fue el germen de la docu-serie más famosa, Un país en la mochila, un encargo de RTVE que él se encargó en dirigir y en presentar: a través de sus capítulos, Labordeta –aparentando recorrer a pie la Península y las Islas- nos presentaba impresionantes paisajes naturales, a veces en contraste con la modernidad, gentes campesinas, algunas curiosas, que hablaban con sencillez y claridad; nos hablaba de las costumbres de la tierra, siempre con un respeto y una admiración propia de él, al tiempo que a veces nos ofrecía sus canciones y poemas. La gran virtud de esta docu-serie fue, en contraposición a muchos documentales rurales, que nos presentaba a la gente no como elementos estáticos del paisaje, o como resquicios del pasado: al contrario, eran gentes vivas, que hacían cosas interesantes y tenían muchas cosas que decir… Y Labordeta les daba la palabra. Otra aparición ante la cámara fue en la adaptación al cine de la novela de Ramón J. Sender, Réquiem por un campesino español (Francesc Betriu, 1985), en donde, muy apropiadamente, interpretaba al pregonero del pueblo.

Nº 1 de la revista AndalánEnseñar y cantar para cambiar el mundo era un buen comienzo, pero Labordeta, como otros cantantes que pensaban que para ello podían y debían hacer algo más (pienso, por ejemplo, en Adolfo Celdrán, que estuvo en la lista del PCE, o de mi estimado Benedicto, uno de los fundadores del Partido Comunista de Galicia), no se conformaba con esto, que estaba muy bien, pero no dejaba de ser una base: así que decide actuar más activamente. No es cierto, como piensa mucha gente, que Labordeta comenzara su carrera política ya como cabeza de lista del CHA (Chunta Aragonesista): su carrera política activa ya había comenzado mucho antes, a principios de los 70, como co-fundador, junto a Eloy Fernández Clemente y otros, y colaborador de la revista Andalán –cuyo nombre, si no recuerdo mal, es una voz aragonesa que significa plantar árboles en surcos y no en hoyos individuales-, una de las publicaciones más importantes de Aragón en cuanto a la formación de un pensamiento y espíritu crítico en la ciudadanía. En 1976, de cara a la transición, fue uno de los fundadores del Partido Socialista de Aragón, PSA (Labordeta, haciendo gala del humor negro made in Aragón, contaba que cuando la doctora le preguntó que si sabía que era el “PSA” –el índice que mide la presencia de tumores en un análisis de sangre-, él respondió, con toda ingenuidad, que claro que sí, que “yo ayudé a fundarlo”), y más tarde concurrió en las listas de Izquierda Unida al Senado. Ya después, una vez “reclutado” para el partido regionalista o nacionalista CHA, fue elegido diputado en el Grupo Mixto. Él mismo declara en su libro que, al principio, al ser él un hombre de tendencias internacionalistas y el CHA un partido nacionalista, tuvo sus reservas, pero una vez examinadas las bases y el programa, aceptó, y ¡la hostia!, declaro: que no se veía tan buen político desde los tiempos de Azaña o de Tierno (con excepciones, por supuesto). Somos legión todos aquellos que sentíamos el impulso de empadronarnos en alguna provincia aragonesa para poder tener el inmenso honor de decir “yo voté a Labordeta”.

Viñeta de AzagraAhora, un poco de crítica hacia políticos y medios de comunicación. Desde el año 2000 hasta el 2008 en que ocupó escaño, tanto en la legislatura de José María Aznar como de José Luis Rodríguez Zapatero, la gente llana y sencilla nos sentíamos, aunque fuera a través de Aragón, representados por alguien por primera vez en la vida, y que me perdonen IU y otras formaciones de izquierda, y las bases del PSOE, pero es que nadie hasta entonces había hablado en aquel lugar de una manera tan comprensible para nosotros, de una manera en la que dijéramos “eso es lo que habría dicho yo”. Labordeta, ya no sólo por el partido al que representaba, sino por cierta prensa hostil hacia su persona (siempre se ceban más con los buenos), le representaban como un nacionalista, separatista independentista (que tampoco es necesariamente malo, a menos que se roce el fascismo), y no era verdad: todos nos sentíamos representados. Uno de sus grandes caballos de batalla fue la oposición al trasvase del Ebro, “Aragón no tiene agua que dar”, decía, “¡insolidario!” le llamaban señoritos que, mientras clamaban en la cámara por el agua del Ebro porque sus regiones la necesitaban (algo que él no ponía en duda), malgastaban la poca que tenían abriendo campos de golf y urbanizaciones de lujo, al tiempo que su prensa afín ponía a la gente de estas provincias en contra del profesor, poniendo en su boca cosas que no había dicho. Y es que, también en política, Labordeta puso en práctica su máxima, quizás alguna vez –y lo reconoció- se equivocara, y otras lo hizo bien, y Aragón estaba orgulloso de uno de sus mejores hijos; pero lo que no hizo nunca fue desatender las otras dos dimensiones, tal como lo hizo también en la canción: defendió la enseñanza de las humanidades y se opuso con todas sus fuerzas al apoyo de la guerra de Iraq (guerra que comenzaron un cowboy borracho de Texas y un estirado británico y que apoyó un mayordomo con bigote): allí, como una reedición del enfrentamiento de Unamuno y Astray, un enfrentamiento entre la razón y la violencia, Labordeta hizo vibrar la misma profunda y sonora voz de cantante, resonando en las paredes y cúpulas del congreso (aún agujereadas por las balas de Tejero), al leer un hermoso poema de su hermano Miguel: y los agujeros del 23-F se rellenaron con un cemento que hablaba de justicia, razón y paz. Pero los medios, a sueldo a día de hoy de los grandes intereses empresariales, de los dos grandes partidos, sólo sabían sacarle cuando protagonizaba la “anécdota del día”: el famoso “a la mierda”, el llamar gilipollas a otro parlamentario del PP (que no le dejaba hablar, como en el anterior caso, y, francamente, y aunque luego le pidiera perdón, Labordeta no parecía ser un hombre que te insultara por nada…), llenaban, en vez de sus alocuciones sensatas y llenas de razón, los telediarios afines, con el fin de ridiculizarle, de desprestigiarle…Pero no lo conseguían: incluso en esto nos emocionaba, porque ¡por fin alguien hablaba claro!

1140798076_0Labordeta, indudablemente, era de izquierdas, aunque no parecía adscribirse a ninguna corriente ortodoxa, y regionalista, pero sin perder de vista otras realidades; se consideraba relativamente nacionalista, sobre todo porque suele llevar a posturas más bien conservadoras, pero siempre comulgó con el internacionalismo; y se definía como ácrata y “anarcoburgués”. Pero era siempre el sentimiento y el sentido de la justicia lo que no le hacía perderse en pensamientos dogmáticos y maniqueos. Una muestra de ello es esta canción, de su disco de 1984, Qué queda de ti, qué queda de mí, acerca de la guerra fría, en la que reparte sopita para todos y no se casa con nadie:

Escuchar: http://www.goear.com/listen/6566a0e/desobediencia-civil-jose-antonio-labordeta

Desobediencia civil

Les devuelvo el DNI
porque yo no quiero ir
donde me van a mandar
con carné de identidad
pues aquí hay que empezar
a decir ya la verdad
que no nos gusta morir
ni en Varsovia ni en la OTAN.

Te aseguran los del dólar
que ellos lo hacen por la paz
y que por eso conviene
estar todos en la OTAN,
pero tú no te lo crees,
te lo pones a dudar,
eres un chico tremendo
no te crees casi ná.

Luego van los "orientales"
y con ese humor sin parar
te pregonan que ellos lo hacen
por la paz y la igualdad
tu tampoco te lo crees
viendo tanto militar
armado hasta los dientes
y con cara de mal plan.

Ustedes dicen que blanco
rosa dicen los de allá,
negro aseguran algunos
que se está poniendo ya
el panorama completo
de todo este personal
del mundo, del universo
y del sistema solar.

Porque si en serio desean
que aquí funcione la paz
déjense de cachondeos
y pónganse, de verdad
a fabricar con las armas
bicicletas, panecillos,
conciertos al aire libre
y tortás de mazapán.

José Antonio Labordeta

http://www.cancioneros.com/nc/12119/0/desobediencia-civil-jose-antonio-labordeta

A %d blogueros les gusta esto: