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Entrevista y reseña en ‘Letras encadenadas’, por Miguel Ángel Cáceres


Seguramente, amigos y amigas internautas y oyentes de nuestras Letras Encadenadas, ustedes en algún momento de su vida se habrán redimido (liberado) de cosas, de asuntos reales, fantasmagóricos, que les asolaban y, por lo tanto, no les dejaban de ningún modo tener ese equilibrio emocional y esa paz espiritual y, por ende, interior con ustedes mismos y con los demás. Estoy convencido de que habrán puesto bastante de su parte para hacerlo. Les habrá supuesto un ímprobo esfuerzo, una lucha feroz para hacerlos desaparecer. No les habrá sido ni mucho menos fácil el lograrlo. Les aseguro que a Susi, Ángel, Claudia y al inspector Jaime Santos tampoco. Ellos son los principales protagonistas de la excelente y fantástica novela del formidable y magnífico escritor GUSTAVO SIERRA FERNÁNDEZ. Él ha ideado una historia mezcla de realidad, fantasía, terror, negrura y romanticismo. La ha bautizado con el llamativo título de REDENCIÓN (Nuestro último baile). La ha editado y publicado la muy buena editorial LIBROS INDIE. REDENCIÓN (Nuestro último baile) son muchas aventuras dentro de un gran objetivo, que es el desenmascaramiento de una serie de fuerzas y poderes semiocultos de ideología autoritaria y, por ende, intolerante y xeno-homófoba, que casi no vemos, pero que les aseguro que se encuentran ahí. Personas-títere que se mueven al socaire del supremo hacedor, exquisito, elegante manipulador del jefe de las marionetas. Él las mueve a su entero antojo y según sus intereses u objetivos que tenga. En el fondo, este alienado personaje tiene una verborrea populista con la que consigue entrar en gente con muy poco criterio propio y riqueza cultural, llevándoles por donde él quiere. Son su manso y obediente rebaño. Debido a que se cree el rey del mambo, no cuenta para nada con que su creciente y absoluto poder sea no solo desenmascarado, sino hecho trizas por unas personas que para él son insignificantes, pero ocurre que en esta ocasión «el pez grande no se come al chico», sino… Les invito a que lo descubran por su cuenta y contemplen, asombrados, el/los porqués. GUSTAVO SIERRA FERNÁNDEZ en esta su segunda narración cambia de registro y se adentra en los misteriosos y, por ende, enigmáticos de quienes alientan teorías paranoico-conspirativas, aunque bien es verdad que en algunos pasajes hace referencia a su ópera prima BILLY («ALGO ES ALGO»), publicada un año antes de que nos llegara el nefasto bicho abyecto. El riesgo que ha asumido, y, en consecuencia, hecho suyo GUSTAVO SIERRA FERNÁNDEZ ha merecido bastante la pena, pues el resultado ha sido bastante mejor de lo que él en un principio se esperaba. REDENCIÓN (Nuestro último baile) crea sabia y originalmente, de una simple historia de amor entre dos jóvenes, un cúmulo de peripecias que les llevará entre misterios, intrigas y enigmas a descubrir quiénes verdaderamente son los que consideran una cloaca a la ciudad de la Humanidad. Esto lo hace, además, mezclando y colocando canciones que no solo le gustan a él, sino que tienen un significado especial en las vivencias de sus personajes reales, pero que viven una latente irrealidad o ¿realidad? Lucha cruel y despiadada de dos polos enteramente antogonistas: un mal que parcialmente vemos, pero que si queremos contemplarlo en toda su magnitud debemos de sumergirnos, hasta llegar a su ignotas y sorprendetes profundidades; un bien que a lo mejor nos resulte incomprensible y raro. Vocabulario sencillo, muy actual y sincero; sin ningún tipo de miramientos. Llamando a las cosas por su nombre. Ritmo muy endiablado y fluido. Estilo estrepitoso, vibrante, duro, abyecto y dramático. Consigue sobrecogernos -dentro de ese exquisito pulido- hacia la galería. Yo se la sugiero y se la recomiendo. Estoy plenamente convencido de que palpitarán con su lectura, y sus sentimientos de diversa índole aflorarán. ¡Ah! Antes de concluir este comentario o reseña, me encantaría que se deleitaran con las maravillosas ilustraciones de un fabuloso y muy buen ilustrador: SERGIO MEDUSA. Llegarán a comprender el sentido, el mensaje de esta magnífica e impactante novela. Por ello, REDENCIÓN (Nuestro último baile), editada y publicada por LIBROS INDIE, tiene un prevalente sitio en una de las preeminentes baldas de la biblioteca radiofónico-sonora de, por supuesto, Letras Encadenadas.

Miguel Ángel Cáceres

Escucha la entrevista en ivoox o aquí mismo:

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Muy pronto


Mi experiencia con Libros Indie


Actualmente, por ahora, es librosindie.net

Como ha habido personas que me han preguntado directamente y otras que me han contado cosas que han leído por ahí, me gustaría contaros muy sinceramente mi experiencia con Libros Indie.

Mi andadura con ellos empezó hará tres años, cuando decidieron publicarme Billy («algo es algo»). No fue la primera editorial a la que se lo mandé ni fue, obviamente, la primera en ponerse en contacto conmigo. Aparte de los rechazos, previamente ya me habían contactado otras que, sin ánimo de menospreciar su valía ni honestidad, me pedían dinero por autopublicar o coeditar, cosa que no podía permitirme (y hubiera aceptado al menos una por las excelentes referencias que tenía). Así que, cuando me llamaron y me dijeron que no me iban a cobrar, acepté casi con los ojos cerrados. Luego no fue un camino fácil…

Aquí seguramente se esperará que diga sapos, culebras y alimañas contra la editorial. Pues no, lo siento. Muchas expectativas frustradas y desilusiones se debieron al habitual ímpetu del novato, de lo cual solo yo tengo la culpa. Es así. Seguramente, bastantes se verán reflejados.

Libros Indie no es Anagrama, ni Planeta (ni sus satélites de autopublicación), ni Penguin. Pero está bastante bien. Así que Redención (nuestro último baile) también encontró cobijo en ella. Para entonces, las cosas estaban cambiando… a mejor.

Citando al gran Ringo Starr, «¡Toma publicidad encubierta!»

Mi relación, además, no solo se limita a ser autor publicado por la casa. Desde hace un tiempo soy uno de los correctores asociados. Un dato que no pretendo ocultar ni determina mi parecer, pero creo que también arroja luz sobre lo que llamaré el «otro lado del libro», es decir, lo referido a la producción y distribución editorial, algo que muchas veces ignoramos u olvidamos. Este hecho tampoco me otorga estatus de autor preferente ni privilegiado, ni lo pretenderé nunca. Pero sí me ha permitido conocer más a fondo ese otro lado del libro.

Ahora bien. Quizás se haya llegado aquí buscando opiniones sobre la editorial porque se esté pensando en mandar un manuscrito, firmar con ella, porque se hayan visto otras opiniones, o por curiosidad, por el morbo de algún escándalo editorial que, lo siento, no existe. Ante todo, quiero ser totalmente sincero, por lo que voy a contar las cosas buenas y las cosas mejorables; cosas que son más bien por limitaciones: ya dije arriba que esto no es ninguna de las grandes casas. La razón de estos desmentidos o matices responde, en buena parte, a mi relación laboral con ellos: defender mi trabajo y el de mis compañeros no creo que necesite de una argumentación excusatoria. Pero, además, no puedo dejar de desmentir bulos, ya que no me parece ni medianamente justo que cualquiera, por la razón que sea, diga mentiras o exageraciones, cosa que se llama difamación, a todo esto.

Si me doy una vuelta, veo otras opiniones y experiencias que no me cuadran, la verdad. Por ejemplo, leí a una exautora decir que cuando quiso entregar libros en librerías de su ciudad la editorial las había vetado. Es algo que me extraña, ya que yo nunca he tenido la más mínima dificultad para ello. Es más, de dejar dos, me dijeron que dejara diez. No digo que ella mienta, por supuesto que no; pienso que debió de tratarse de un malentendido.

Luego también hay bulos, incluso confusiones con otras editoriales. Me gustaría echar un poco de claridad sobre algunas cosas, desde mi experiencia personal, claro:

¿Pagas por publicar? No, no pagas por publicar, y quien diga que le han pedido dinero está mintiendo. No, tampoco tienes que vender un mínimo en la presentación o, si no, tienes que abonarlos tú. Tampoco tienes que comprarte obligatoriamente tu propio libro para venderlo (cosa que sí se hace en algunas editoriales); se te hace responsable de la custodia de los ejemplares que te correspondan o pidas para moverlos por tu cuenta; sí se reservan el derecho a que se lo devuelvas y, de no hacerlo, a pagarlo, cosa que me parece justa (por ahora, no me han reclamado ningún depósito). Que sí, que el libro es tuyo, pero el papel, la portada, la impresión en serie, el trabajo de maquetación y corrección, no.

Todas esas afirmaciones de que, en realidad, sí pagas son falsas y, si no es confusión con otra editorial, malintencionadas. Lo único, y aquí cada cual que actúe como quiera, es que no cobras hasta que no se venda un mínimo de treinta ejemplares (antes eran cincuenta); pero, insistiendo en la idea, una cosa es esa y otra es pagar por ser publicado. Entiendo perfectamente que haya personas que esto lo puedan ver abusivo y sea la principal causa de negarse a firmar. La explicación de esta cláusula, convenza o no, es que es una amortización de la inversión: hay que tener en cuenta que la editorial corre con todos los gastos relativos al libro, que incluyen los trabajos editoriales, la tirada, la distribución, etc., por lo que su única fuente de ingresos al respecto es la ganancia de la venta de libros (importante: tú has cedido los derechos para encomendar a un tercero la venta de este libro; que no se olvide). Así que se puede entender como un seguro. Puedes aceptarlo o no. Pero llamar timo a algo que no se te oculta desde el principio (por lo menos a mí me lo dejaron claro desde antes de firmar el contrato) sí que me parece abusivo. Añado que, por norma, tienes un contrato de una vigencia de dos a tres años, por lo que lo más probable es que tarde o temprano se consigue.

No obstante, por contra, he de decir que, una vez superado ese número, se cobra, con los porcentajes diferenciados de venta directa y venta indirecta: cobrarás de golpe todo lo retenido y ya sí te abonarán las regalías por libro vendido. Una de las lanzas que rompo en favor de la editorial es esta: tanto a autores como a trabajadores pagan lo debido, y rápido. Tu única obligación al respecto: pagarles con regularidad lo obtenido de los ejemplares que hayas vendido por tu cuenta (a menos que hayas comprado el depósito) y, en periodos de seis meses, podrás reclamar tus porcentajes. Recuerda: esos no son tus libros; la editorial te los ha prestado. También puedes no pedirlos si no vas a hacer presentaciones o no tienes visos de venderlos entre tu círculo.

Hablemos sobre los ejemplares. A diferencia de algunas editoriales, puedes tener ejemplares de tu libro a tu disposición siempre que lo necesites, para venderlos por tu cuenta (ojo, a particulares interesados), enviárselos a críticos y medios, o dejarlos en depósito en una librería que los acepte (hay que avisar antes a la editorial, para que actualice el inventario). En los ejemplares de la primera tirada, cerca de treinta, tienes tres que son para ti, otros tres para ejemplar de cortesía (pasado el mínimo de venta, no hay límite, pero conviene, y creo que es de cajón, avisar antes de enviar un libro gratis) y el resto, como ya he contado. Después, cuando los necesites, puedes pedir más libros: ni los tienes que comprar previamente ni te cobran el envío.

[NB: hablo según condiciones de mi último contrato; es posible que haya cosas que hayan cambiado al respecto]

En relación a esto, una crítica que he visto, y que no entiendo que cause revuelo, es acerca de la venta de ejemplares por parte del autor. Primero, tú tienes libertad de vender ejemplares por tu cuenta. Esto quiere decir que lo mueves entre tu círculo cercano (tus hermanos, tus primos, padres, amigos, vecinos…), no que te patees las calles como un comercial de enciclopedias para venderlo; nadie te está exigiendo ese esfuerzo ni la editorial se descarga de esa obligación. También tienes la posibilidad de comprar previamente el depósito al 25 % de su precio para que lo muevas (y así tú eres el único responsable). Remarco POSIBILIDAD, que no obligación. Aquí cada cual conoce sus limitaciones y posibilidades, y si no le conviene, se puede limitar a lo habitual, a que sea la editorial y sus distribuidoras las encargadas de llevarlo a las librerías que los soliciten o en las ventas por internet; en ese caso, el porcentaje de venta es del 10 %.

¿Beneficios de la venta directa? Que te corresponde un 15 % en vez del 10 % que te llevas de la venta por librerías u otros servicios; un porcentaje que entra dentro de lo normal, y yo no me fiaría muy a la ligera de casas que ofrecen un porcentaje más elevado por la venta de los cauces habituales. No voy a entrar en que el autor (por lo que me toca) debería llevarse más; sin embargo, como también mucha gente se ha preguntado si Libros Indie no cobra por publicar, de qué viven, pues la respuesta es esta: exactamente de lo que otras editoriales grandes, de la venta del libro, de ese 90 % que se quedan, con lo que se mantiene la empresa imprimiendo los libros, pagando a los trabajadores, a los autores, los impuestos, las cuotas de autónomo… ¡Bienvenidos al mundo editorial!

Además, aún no he oído las críticas a la plataforma de autopublicación de una gran casa, que te hace una edición tan buena como la pagues y cuyo argumento, que nunca se me olvidará en la vida, fue: «Lo que queremos es que dejéis el sombrero de escritor y os pongáis el de vendedor». A mí no me parece justo que critiquéis en las editoriales medianas y pequeñas, tradicionales y de autopublicación, lo que no criticáis en estas grandes plataformas.

Por cierto, sé de alguna editorial, al menos, que no permite que sus autores vendan sus propios libros. Para ello, esgrime una supuesta ley que nunca he encontrado. Y, si existe, cabe recordar que la idea es venderlos entre el círculo cercano, no dedicarse a ser mayorista o algo por el estilo en librerías y grandes superficies, o montarte un top manta, y que luego es un dinero que no te pertenece en su totalidad, sino que debes rendir a la editorial.

«No se hace corrección, ni maquetación, ni portada». Mentira y de las gordas, aunque merece una aclaración. Sí es verdad que antes no se hacía corrección, cosa que, felizmente, cambió. ¿Que por qué lo sé? Porque a mí me han corregido y, además, soy yo uno de los que corrigen los manuscritos. Cierto que nos limitamos, por ahora, a la ortotipográfica, pero corregir, vaya que sí. Lástima que no pueda enseñar el antes y el después de algunos de los libros, para que se trague sus palabras quien diga que no. Y respecto a portadas y maquetación, estas dos fases de la edición se han hecho desde el principio; a mí me han hecho la portada Christian Pithalua [Billy («algo es algo»)] y José María Hidalgo [Redención (Nuestro último baile)], el cual también es uno de los maquetadores. Somos humanos, algún error podemos tener, aprendemos de ellos y mejoramos día a día, pero no digáis que no se hacen esos trabajos.

Promociones, medios y demás. Sí, vale, no voy a mentir. Ni te van a conseguir una entrevista, ni salir en periódico, ni en radio… Somos un montón de autores y es cierto que eso nos lo tenemos que buscar. Ahí no nos distinguimos de los autopublicados. Sin embargo, en esto no veo mucha diferencia con otras editoriales. ¿Cuántas veces ves en medios a autores que no pertenezcan a Planeta, Penguin, etc., o asociados? Lo que sí te harán es una entrada en redes sociales, carteles para tus eventos, te apoyarán publicitando en sus redes tus presentaciones cuando se lo pases (hay que pasarlos y notificarlos, no tienen telepatía). También hay alguien encargado de esto, que hace entradas para hablar de las novedades editoriales y presentaciones, además de recoger las entrevistas hechas a los autores de la casa. A tenor de esto, vi una crítica de una chica que se quejaba del escaso eco de su libro por parte de la editorial y, francamente, no puedes ir pretendiendo ser el ombligo del mundo cuando hay muchos más, quizás mejores o peores, pero que merecen la misma consideración. Esas es, al menos, mi opinión.

Desde un lado de la barrera puede parecer desconsiderado por su parte. Ahora bien, vamos a pensar en las oportunidades que las editoriales pequeñas y medianas tienen cuando recurren a los medios de comunicación. Igual que somos muchos autores noveles, ¿cuántas editoriales hay? Si al crítico del medio que sea no le sacas de las grandes casas (editoriales asociadas a su medio, además), ¿qué queréis que hagan las editoriales pequeñas? Por no hablar de los periodistas, críticos y reseñadores no profesionales. ¿Contamos cuántos nos hacen caso?, ¿a cuántos se les ha mandado un ejemplar de cortesía, corriendo con los gastos de envío uno mismo, y no piensan publicar una mísera reseña?, ¿esos mismos que dicen ocuparse de autores autopublicados, noveles y editoriales pequeñas, pero que parecen no salir de las editoriales y escritores de la camarilla a la que pertenezcan o del escritor del que son devotos palmeros? Hablemos también de esos a los que se les manda un dosier de prensa curradísimo y simplemente te dicen «OK, le echo un ojo» para, acto seguido, borrar el mensaje porque están a la espera del libro de su escritor favorito, prometido por la editorial que sea, ya que ese, y solo ese, les dará los *laiks* y *fólogüers* que necesitan: un número equivalente a su ego. Y sí, si hay derecho para criticar a una editorial, yo no voy a ser menos para criticar a estos filantrópicos críticos.

«No tienen ejemplares. Los hacen bajo demanda. Ergo, no son una editorial». Bien, esto es ya de ser un poco excesivamente exquisito. En primer lugar, no hay ninguna ley que prohíba hacer eso; en segundo lugar, no deja de ser una editorial. Y, finalmente, adquiramos un tono realista para hablar del tema. Sí, existe una primera tirada de libros físicos, y luego se imprimen según se vayan pidiendo (¿hay alguien que crea que los libros nacen por generación espontánea?). ¿Y por qué no lo hacen de una vez? Mira, ahí me pillas en un punto de ignorancia. No obstante, si pienso en mi alcance como autor, que a veces es como clamar en el desierto, no veo necesidad de tener impresos no sé cuántos cientos de ejemplares para que estén acumulando polvo en el almacén o en mi casa, que el papel tampoco es gratis. No sé, disculpadme, pero esta crítica me parece ya criticar por criticar. Además, es lo que hace Amazon, la alternativa que tanto se formula frente a la edición tradicional y a la coedición. Y tampoco hay que olvidar que el ahorro en papel ayuda al planeta.

Voy a acabar con unas pequeñas reflexiones al respecto. Yo entiendo, y no se lo voy a discutir a nadie, una mala experiencia o que les resultara frustrante en relación a sus expectativas. Quizás hubo malentendidos, falta de comunicación o información. Entiendo que haya autores que salieron corriendo por la primera época de la editorial, por lo que este escrito debería servir para decir que tampoco es justo que la actuación de gente que ya no está pese sobre la realidad de lo que es ahora y que muchas de esas cosas, si no todas, han cambiado o están en proceso de hacerlo.

Entiendo que muchos son exautores Indie de la época anterior, una época que cambió afortunadamente, en la que no se hacía corrección o muy poca (maquetación y portada sí; doy fe, y era, y es, un trabajo absolutamente profesional). No obstante, una cosa es que tu experiencia no haya estado a la altura de lo que esperabas, y otra es recurrir con excesiva facilidad al término estafa, timo o lo que queráis. ¿Perdisteis dinero?, ¿os exigieron ventas imposibles? Aunque no haya habido pérdida monetaria, tampoco es cierto por que te ocultaran un detalle, que son los que aquí he enumerado y nunca los han ocultado. Contrasto en las experiencias frustrantes con la mía que el equipo de la editorial, al hacer la entrevista personal, nunca oculta nada ni promete cosas que no estén en su mano, así como también son plenamente sinceros en las preguntas que se les plantean en las redes sociales.

A tenor de esto, que también he visto hablar sobre esa entrevista telefónica y parece como si hubiera sido una de trabajo. Yo, desde luego, no la recuerdo tan traumática. No, tampoco la publicación de tu manuscrito tiene relación con tu número de seguidores en redes sociales. Si no, yo no estaría aquí.

A modo de autocrítica, a veces pienso acerca del papel que adquirimos como autores, noveles o veteranos, y sé que es difícil discernir muchas veces esa delgada y frágil línea que separa reivindicar tu trabajo de tu ego. Es algo que se ve, sobre todo, con el primer libro, cuando tal vez no lo creas, pero sí es inevitable que se te cuele el pensamiento de que vas a arrasar y a revolucionar el panorama literario. Creo que nos pasa a todos. En este sentido, hay derecho a reivindicar tu espacio, pero no a inventarse mentiras cuando las expectativas no están a la altura. Tampoco veo necesidad de revolverse pública y virulentamente si te rechazan un manuscrito (y los he sufrido sangrantes). Entiendo la frustración y la impotencia, y desde ese aspecto hay que relajarse y ser algo más humildes. Con esto quiero decir que también hay que ser conscientes de que las editoriales pequeñas y medianas como Indie llegan hasta donde pueden. También, y esto iría además para los editores, la comunicación entre autores y sus editoriales es fundamental: preocuparse por ambos lados. Pero somos demasiados, y quizás se caiga a veces en el síndrome del abogado de oficio.

Me parece estupendo que los autores desencantados expresen su vivencia tal y como la vivieron o la percibieron, aunque siempre es mejor presentar un relato desdramatizado. Y no sé si sería mucho pedir desmentir bulos y deducciones a las que llega gente que lee sus opiniones o experiencias. En definitiva, tratar de ser justos no significa renunciar a vuestros principios. Y a los palmeros los dejamos en el tablao, que es donde mejor están.

No voy a decir «O Indie, o el caos», pero sí digo la verdad cuando cuento que ha habido autores que me han manifestado envidia por tener casi pleno control de mi obra y una libertad de movimientos que sus editoriales no les daban, como vender los ejemplares, dejarlos en depósito en librerías o hacer una presentación donde les diera la regalada gana.

En resumidas cuentas, Libros Indie es una editorial en crecimiento. Tiene sus virtudes y, reconocen, sus defectos. Aquí no me he cortado para reflejar los defectos, y, como virtudes, también habría que decir que es una plataforma que da una oportunidad a autores muy diversos que, de otra manera, no tendrían si no fuera autopublicándose o copublicando. Es posible que muchas veces esto sea un riesgo para la editorial. No quiero decir que los libros sean malos; he corregido joyazas como Arturo o Val-Kiria, autores muy buenos que podrían hacer una lista de rechazos previos también. Claro, habrá habido rechazos o, incluso, manuscritos que se hayan perdido; en eso no voy a entrar porque no soy quién (salvo uno que vi que tampoco me extraña, porque… ¡madre mía!). Y, junto a todo esto, podéis hablar de Libros Indie todo lo que queráis porque no os van a demandar, como sí hacen otras editoriales, y yo he visto a más de uno tener que rectificar, modificar o eliminar una entrada o publicación que hablaba sobre lo abusivo de una editorial, por amenazas de demanda judicial.

No es que yo sea abogado de Libros Indie; tampoco soy el autor que más vende (lo cual no es su culpa), ni cuento esto esperando algún trato de favor, pero como veo mucha mentira interesada y, por qué no decirlo, mucha exageración, tenía que relatar mi experiencia, tanto a uno como al otro lado del libro. Y sí, también por defender mi trabajo como corrector.

Si alguien desea preguntarme algo, los comentarios están abiertos durante 15 días (medida antiespam). Después, podéis comentar en la página de aquí, dedicada a los comentarios, o a mi página de Facebook, que encontraréis a vuestra derecha en el inicio o página principal. Sí aviso que los comentarios están sujetos a moderación y no publicaré los que contengan ofensas directas. Saludos.

P. D.: me gustaría hablar de un detalle que habla sobre su ecuanimidad y su honestidad. No obstante, eso son secretos profesionales. Os lo voy a decir sin paños calientes: si hay gente honesta en el mundo editorial, sin ánimo de menospreciar a nadie, esa es la gente de Libros Indie. Y tampoco voy a pasar la oportunidad de recomendar a otros interesados el trabajo que realizamos gente como José María, Christian, Olalla (maquetadora y portadista), Julia (CM) y yo mismo, en cada uno de nuestros campos.

Pequeña broma navideña


Feliz primer baile


Foto: Pixabay – Myriams-fotos

—¿Te has dado cuenta alguna vez de lo que dice esta canción? —preguntó Ángel.

—Conozco la letra, pero nunca había reflexionado sobre ella.

—Dice: «Si el cielo que vemos sobre nosotrosse derrumbara y cayera, o las montañas se desmoronaran sobre el mar, no lloraré, no lloraré, no, no derramaré ni una lágrima mientras te quedes, te quedes conmigo.»

(…)

—Es nuestro último baile.

—Es nuestro primer baile —respondió él.

Redención (Nuestro último baile) (Libros Indie, 2021)

¡Os deseo un buen primer baile!

Redención (Nuestro último baile)

Libros Indie (enlace para España y Unión Europea; también disponible para México, Ecuador, EE. UU, Argentina y Chile: pinchar en Tienda)

En librerías y a través Todos Tus Libros

Casa del Libro

Amazon (aunque mi segundo apellido aparece cambiado)

‘Billy («algo es algo»)’, digital


¡Por fin, la versión en libro digital de mi novela, Billy («algo es algo»)!

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A vueltas con ‘Bella ciao’


Hace unas semanas tuve un detalle, por su cumpleaños, con una persona a la que admiro y con la que mantengo buenas relaciones: el cantautor alicantino Adolfo Celdrán. Quienes sean seguidores asiduos de este blog o, simplemente, hayan entrado por una búsqueda relacionada con él ya sabrán a quién me refiero. Para los demás, en resumidas cuentas: Adolfo es un cantautor que inició su carrera a finales de los 60. Se reitiró hacia la década de los 80, aunque todavía sacó un par de discos muy interesantes; además de sus propias letras, ha musicalizado poemas de grandes poetas en castellano, como Nicolás Guillén, León Felipe, Jesús López Pacheco y, muy especialmente, Miguel Hernández, entre otros, y también de poemas adaptados, como los de Bertolt Brecht.

Bien. La carrera discográfica de Adolfo empezó con un sencillo que contenía tres canciones. Estas eran: Cajitas, una adaptación del tema de Malvina Reynolds (de la que también Víctor Jara haría su versión); General, adaptación de un fragmento del poema de Bertolt Brecht Catón de guerra alemán, y Bella ciao, el himno de los partisanos antifascistas italianos de la Resistencia y de la II Guerra Mundial.

Versión 1969

A estas alturas, poca gente hay que no conozca esta canción, especialmente después de la popularidad conseguida al ser banda sonora de la exitosa serie La casa de papel. Voy a ahorrarme la de tonterías que hemos tenido que leer al respecto, por parte de personas interesadas o muy desinformadas (además de muy incultas, y si queréis lo escribo en mayúsculas), porque no interesa al caso y ya sabemos que a ciertos movimientos, esos contra los que lucharon los originales cantantes de Bella ciao, les gusta apropiarse de las cosas para crear confusión o pervertirlas (1). En fin. La cuestión es que poca gente sabe que la primera adaptación al castellano y la primera versión de la canción que se grabó en España fue esta que Adolfo incluyó en su disco, registrada en la SGAE desde el año 68, por lo que podemos considerarla una versión canónica, especialmente por la fidelidad que guarda respecto a la letra original. El sencillo sería censurado, prohibiendo su reproducción radiofónica (incluso rayándolo para impedirla), casi de inmediato. En 1977, para su disco Denegado, que reunía muchas de las canciones que le habían censurado o directamente prohibido, haría una nueva versión, en la que colaborarían amigos como Elisa Serna, Pablo Guerrero, Manuel Toharia, Carmina Álvarez y Fernando Celdrán, su hermano.

Versión 1977

[(1) También ha ocurrido con otro himno partisano: Fischia il vento.]

Decía al principio que tuve un detalle con Adolfo por su cumpleaños. Mi última novela, Redención (Nuestro último baile) (Libros Indie, 2021), se cierra con un epílogo que se inspiró en su maravillosa canción A contratiempo, en mi opinión, una de las canciones más hermosas y lúcidas que se han hecho en España y en castellano. El título del epílogo es «Música de créditos: A contratiempo, escrita e interpretada por Adolfo Celdrán (epílogo)». Creo que le hizo ilusión, porque más tarde me llamaría para darme las gracias y por ser de los pocos (según sus propias palabras) de apreciarla en su justa medida.

Aparte de esto, me quiso contar una cuestión. En 2018, un DJ brasileño llamado Alok pidió permiso a Warner Music para poder utilizar la versión de Adolfo en un remix. Eso sí, también se lo pidió a Adolfo, lo cual es un gran detalle.

Y aquí viene lo que él me pidió que hiciera.

En particular, son dos asuntos. En primer lugar, llamar la atención sobre que en muchas de las publicaciones del tema de Alok en plataformas como YouTube y Spotify no todas incluyen su nombre como autor e intérprete original del sample utilizado, o bien, en el mejor de los casos, sí, pero teniendo que desplegar la pestaña de «Ver más». Naturalmente, en este asunto Alok no tiene culpa alguna, además de que siempre ha mostrado su buena fe. En Spotify, por ejemplo, sí se recoge con el título: «Bella ciao (feat. André Sarate & Adolfo Celdrán)»; en youtube, en la página de la discográfica Spinnin’ Records, solo se recoge el nombre de Sarate.

La otra cosa sobre la que Adolfo me reclama la atención es que de las 40 millones de visualizaciones de la canción, sumando todas las plataformas, ni Warner ni la Asociación Española de Intérpretes y Ejecutantes le han abonado nada.

Si algún curioso quiere ver el epílogo, lo puede hacer en esta publicación de Facebook

o en esta de Twitter

‘El último vándalo (que yo sepa)’ (reseña)


Como dice la autora, Alicia Ramos (Güímar, 1969), lo suyo es componer canciones y cantarlas, pero solo le dan premios cuando escribe novela. Y es que la trayectoria de esta tinerfeña es larga, dilatada y con sello personal. Últimamente también puedes encontrarla escribiendo para CTXT y Píkara Magazine columnas de actualidad, con su peculiar y simpático tono desenfadado aunque ácido, que es el que impregna su novela, El último vándalo (que yo sepa), ganadora del Premio de Novela Benito Pérez Armas (2019).

Resumen:

[Nota: la novela carece de sinopsis o, por lo menos, yo no la he encontrado, por lo que esta es de mi autoría. En caso de utilizarla, se agradecerá citar la fuente. Se puede hacer libremente, ya que no cobro]

Candelaria es una mujer trans, tinerfeña y pintora artística que sobrevive en Madrid a trancas y barrancas y que tiene un bebé. Y ¿POR QUÉ TIENE UN BEBÉ? Ese es el motivo de la historia que se dispone a contar en primera persona. Todo comienza el día en que el Gobierno de Canarias le encarga, en su calidad de licenciada en Historia del Arte, viajar hasta Bélgica para rastrear los cuadros de un pintor desconocido llamado Secundino Batista, ya que es un autor canario que emigró hacia allí. No obstante, en mitad del transcurso de su investigación, que ya se presenta accidentada, tiene que regresar a Canarias para asistir al funeral de su padre, en donde descubrirá que este dirigía una peculiar sociedad secreta llamada Hermandad Vándala y de la que tendrá que hacerse cargo, además de iniciar otra búsqueda: la de las reliquias del último rey vándalo, Gelimer, del cual dicen que se asentó en las islas con su pueblo.

Trasfondo

Va a ser un poco difícil tratar el trasfondo, ya que Alicia no nos lo da todo mascado desde el principio, sino que nos lo va poniendo por ahí disperso. Pero en fin.

Karl Bryullov: El saqueo de Roma (entre 1833-1836)

Un poco de historia… En el año 409 de nuestra era, durante los estertores del agónico Imperio Romano de Occidente, un pueblo germánico llamado Vándalo penetró en la Península Ibérica para asentarse, pensaban que defintivamente, en el valle del Guadalquivir y crear un reino estable, pero no pacífico. Luego llegarían los visigodos… Sin embargo, en el 429 Genserico capitanea un ejército que cruza el estrecho de Gibraltar para arrebatar al imperio las prometedoras tierras del Norte de África. Y ahí se quedan, haciendo lo mejor que sabe hacer un bárbaro: asediar y arrasar con Cartago y con Roma, hasta que en la batalla de Tricamerón su último rey, Gelimer, es derrotado por el general bizantino Belisario, poniendo fin a la ocupación vándala del Norte de África.

Hasta ahí, la historia oficial de uno de tantos pueblos bárbaros que invadieron, estuvieron y desaparecieron sin dejar rastro o impronta (sin ofender a arqueólogos e historiadores) más allá de ser los causantes indirectos del nombre del territorio Al-Ándalus y de la actual Andalucía. Sin embargo, una línea de investigación casi desconocida y por corroborar (por la falta de pruebas, supongo) sostiene que esto no fue así exactamente, sino que, tras la derrota, los vándalos se hicieron a la mar en busca de otros territorios hacia el oeste: las islas Canarias, en donde establecieron un reino que, no obstante, desapareció en algún momento en las brumas de la historia… Y este es el pretexto de la novela de Alicia, que se ha documentado un montón para crear una historia verosímil. Y es que, como saben los autores que se dedican a la novela histórica y también los que escriben novelas de conspiraciones, la falta de pruebas arqueológicas, historiográficas y documentales, las hipótesis no corroboradas y las teorías demenciales sobre esto o sobre aquello dan mucho juego y libertad creativa.

De todo eso sabe mejor Alicia, que para eso es licenciada en Geografía e Historia.

Estilo

¿Qué estilo tiene Alicia? Para empezar, Alicia no tiene estilo; Alicia es su propio estilo. El estilo de Alicia es Alicia. Y eso está muy bien. Si la conoces o la has visto actuar, sabrás a lo que me refiero: espontáneo, desenfadado, irónico, agridulce, a veces cargado de mucha mala leche cuando se tercia, y siempre, siempre muy simpático. Lo cual hace de una novela de, en principio, intriga y conspiraciones algo muy original, muy alejado del registro tan serio y oscuro que suele tener este género, lo cual te lleva a pensar que, en parte, puedes considerarlo como un «quijote» de la novela de misterio con grandes conspiraciones, sociedades secretas en la sombra, claves encriptadas en obras de arte y reliquias con un gran simbolismo y/ o un gran poder legitimador. De hecho, en algunos momentos Candelaria llega a mostrar desprecio por los grandes tópicos no solo de estas novelas, sino de las investigaciones heterodoxas con fines esotéricos (incluso políticos) tales como el arca de la alianza, la lanza de Longinus y todos esos temas con los que triunfas en cualquier reunión protonazi que se precie. Lo cual, cuidado, no le resta nada al suspense, que lo hay, pero siempre desde el prisma irónico de la protagonista, que tiende a quitar hierro al asunto del que se trate y te cuenta lo que le ocurrió, aunque sea lo más horrible, como si estuvierais tomándoos una cerveza en ese bar de Güímar. En definitiva, en parte es una parodia de esas novelas, pero sin perder nunca la calidad ni caer en absurdos innecesarios más allá de las simpáticas escenas y conversaciones que suceden por aquí y por allá para quitar solemnidad a la historia.

Alicia nos lleva, Candelaria mediante, a través de Tenerife, Madrid, París, la Bélgica flamenca, los Países Bajos y Alemania, pero no se detiene demasiado en consideraciones paisajísticas, cosa que a mí, enemigo por lo general de la descripción compulsiva y obsesiva, me parece bien. En cuanto a los datos históricos, arqueológicos y demás, sí es algo más prolífica (incluso en los, supongo, inventados), pero sin llegar a aburrir. Los datos que ofrece se integran perfectamente como elementos del relato, no como en esos autores obsesionados por demostrar a sus lectores que se han documentado, que al final marean y agobian con un cúmulo de datos que no acaban de acoplarse bien en la historia, sino que la torpedean.

Por encontrarle alguna pega, quizás hubiera estado bien que acabara con «¿Qué será lo próximo?». Pero claro, aquí no está la Alicia cantautora, sino la Alicia novelista.

En resumen: aunque se puede decir que es una novela de misterio, su tono desenfadado le confiere una lectura ágil y rápida, sin que por ello el elemento de intriga se vea perjudicado.

Para haceros con el libro, podéis contactar con Alicia en sus canales de redes sociales: Facebook, Twitter e Instagram. No tiene pérdida.

Conociendo al autor. Conversaciones (entrevista)


Creo que mucha gente, especialmente los tímidos, los callados, los tachados de antisociales, aquellos a los que se les niegan las oportunidades, se sentirá bastante bien reflejada en estos libros. Sería un honor, parafraseando a Freddie Mercury, ser el autor de los inadaptados que se sientan en la última fila.

Puedes leer la entrevista entera aquí: Gustavo Sierra Fernández. Redención (Nuestro último baile)

«Me impresiona la capacidad de los autores de generar puntos de unión entre sus obras» (entrevista para La Boca del Libro)


Pero, en definitiva, siempre quise trasladar la fuerza y la emoción de las baladas de heavy metal clásico a una novela (de ahí su lema, algo altisonante, quizás); no sé si lo conseguí, pero sí que era lo que pretendía: una historia con sus momentos de desgarro y de sensaciones dulces; bonita pero potente; un grito de desesperación y de esperanza al mismo tiempo; con ritmos frenéticos cuando toca y lentos cuando se precisa; rápida y al corazón. En un solo concepto: heavy metal.

Puedes leer la entrevista completa aquí: Gustavo Sierra: «Me impresiona la capacidad de los autores de generar puntos de unión entre sus obras»

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