Archive for the ‘literatura’ Category

Entrevista y reportaje a Luis Pastor


La semana pasada tuvimos el honor de entrevistar a Luis Pastor y asistir al primer recitado de sus memorias. Si quieres leer nuestra entrevista y crónica, visita estos enlaces:

https://crisygusi.wordpress.com/2017/12/14/luis-pastor-la-historia-siempre-la-escriben-los-vencedores-y-yo-creo-que-no-soy-un-vencedor/

http://nuevocronica.es/el-cantautor-luis-pastor-publica-el-poemario-que-fue-de-los-cantautores-memorias-en-verso-40888

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La Hoguera (31-V-2015): Los Comuneros


El principal objetivo que se había marcado el programa era contar la historia, el pensamiento y las conexiones político-socio-culturales a través de la música y las canciones, por lo que el de ayer, junto a nuestro colaborador habitual, el profesor de Historia Alejandro Carrero Villena, fue un gran ejemplo. Sobre los comuneros hemos hablado aquí hasta en inglés.

Juan_de_Padilla por J. DonónLos comuneros, a modo de resumen, fue un movimiento rebelde, proto-revolucionario, surgido en la Baja Edad Media o principios de la Modernidad, como reacción al reinado de Carlos I y por la acumulación de muchas injusticias e irregularidades. Su historia puede consultarse en las entradas que la wikipedia española tiene sobre ellos y en libros y ensayos críticos y serios como los de J. A. Maravall y Joseph Pérez, autores que defienden que, aunque el carácter revolucionario o proto-revolucionario podía ser el primario en la rebelión, el movimiento comunero o de Comunidades de Castilla englobó a diversas capas sociales, siendo las más predominantes las de las clases medias: desde campesinos anti-feudalistas hasta clérigos que pedían mayor poder para la inquisición: todo un conglomerado de intereses que debían confluir y que, tal vez, fue el origen de su fracaso, cuando la Junta (órgano representativo de gobierno de las Comunidades de Castilla) apoyó revueltas campesinas contra los señores feudales (si bien, como dice el profesor Carrero Villena, el feudalismo no estaba tan extendido en Castilla).

De los comuneros quedó una imagen revolucionaria que retomarían los revolucionarios burgueses liberales del siglo XIX, levantados contra el absolutismo de Fernando VII. El histórico guerrillero Juan Martín Díaz “El Empecinado” llegó a Villalar y exhumó los cadáveres de los capitanes Juan de Padilla, Juan Bravo y Francisco Maldonado, con el fin de rendirles honores, y hasta hay textos en los que los revolucionarios liberales declaran ser herederos de los comuneros, por varias razones.

Manuel Picolo López, Batalla De Villalar (1851-1913)La imagen liberal de los comuneros es la que predominaba en historiografía, hasta finales del siglo XIX y principios del XX, cuando Ángel Ganivet propone una nueva lectura que será bien recibida por la corriente conservadora que encabezaba Menéndez Pelayo, y que será defendida por el doctor Gregorio Marañón: la tesis de que en, realidad, las ideas modernas eran las de Carlos I, que traía las corrientes renovadoras de Europa, frente a los comuneros, que defendían una idea reaccionaria basada en el ideal germánico de las caballerías feudalistas. Manuel Azaña realizó una contra-tesis que volvió al cauce. Y es que la idea cae por su propio peso, cuando pensadores como Menéndez Pelayo y el propio Marañón reivindicaban una idea de España medievalizante y conservadora, contraria a los ideales humanistas del Renacimiento (al que oponen los reinados de Carlos I y Felipe II), ideas que quedan expresadas en el libro de Menéndez Pelaya Heterodoxos españoles, en donde defiende que la idea de la verdadera España estaba en aquellos nobles e inquisidores, que la habían defendido frente a los heterodoxos, que pretendían desvirtuarla (heterodoxos como los comuneros).

Los comuneros de Castilla, ajusticiamiento de los capitanes comuneros en Villalar el 24 de abril de 1521, por Antonio Gisbert, año 1860.Contra esta corriente conservadora, se levantaron contra-argumentos desde posiciones progresistas: desde el regeneracionismo hasta el socialismo, con figuras como Antonio Machado Álvarez (padre del poeta), el joven Miguel de Unamuno, Manuel Azaña, Pablo Iglesias y otros. Para lo que nos interesa aquí se formula una idea: que lo más profundo español era el carácter proto-democrático presente en la forma de gobierno asamblearia de muchas tribus celtíberas, una fórmula que venía del norte de África (íberos), que habían respetado romanos y musulmanes, y que los feudales visigóticos pretendieron hacer desaparecer: campaña de imposición que para muchos, como Ramón J. Sender entre otros, culmina en la derrota de Villalar, cuya consecuencia más notable es que el rey adquiere mucho más poder que los nobles. Sea como fuere, todavía hay poblaciones en España que se rigen por el modelo asambleario como modelo de gobierno representativo y de decisión municipal, y está demostrado que es un modelo que data, por lo menos, de la Edad Media.Otros ensayistas más contemporáneos, como Maravall o Joseph Pérez, apoyan sus análisis en la historiografía marxista, estableciendo sus causas en condiciones materialistas, pero sin restar por ello (más bien se ve aumentado) el carácter proto-revolucionario del movimiento comunero: un movimiento cuya originalidad fue ser un levantamiento contra la persona del rey, y no contra un noble vasallo (como había sido hasta entonces la tónica general del levantamiento campesino) y, por su carácter de protagonismo de las clases medias y haber tenido su núcleo de acción en las ciudades, y no en las aldeas, sino el primero, de los primeros levantamientos burgueses semi-democráticos. Pero ¡ojo!: cuando hablamos de historia hemos de tener cuidado con la aplicación de las categorías, ya que cada época histórica tiene su propia estructura social, económica y política, y su propio sistema de ideas, relativo a estas estructuras, de manera que lo que hoy nos puede parecer muy progresista o muy reaccionario, en otro momento de la historia podría haber sido todo lo contrario (sin olvidar que los conceptos “progresista” y “reaccionario” son relativamente muy recientes).

María Pacheco después de Villalar, cuadro del pintor Vicente Borrás (s. XIX)Llegamos a los años del bajofranquismo y la transición democrática. La figura de los comuneros había quedado soterrada (incluso en la República: hay muy pocas producciones, poéticas o ensayísticas, que reivindiquen su figura o hablen sobre ellos), pero en un momento determinado la izquierda castellana comienza a reivindicar su figura, en un intento de desvincular la región y la historia de la interpretación oficial del régimen franquista (que tomó mucho de ese pensamiento conservador de finales del siglo XIX), por la cual Castilla había vertebrado la idea de nación española, por lo que España quedaba reducida en su teoría a Castilla: la historia de los comuneros y su interpretación progresista venía a desmentir esta interpretación de la Castilla señorial de nobles y clérigos que consiguieron dominar al resto de reinos peninsulares, territorios europeos en el extranjero y toda América del Sur y Central. En el año 72, el poeta zamorano Luis López Álvarez escribe un largo y épico poema basado en la historia de los comuneros, en donde abunda en esta idea y tendría gran influencia entre la izquierda castellana. Así llega el gran conjunto de folk castellano, el Nuevo Mester de Juglaría, que, habiendo empezado como un conjunto de folklore y música de raíz (pero no cerrados en la ortodoxia), comenzaron en los 70 a hacer una canción crítica con las canciones populares; en 1976, con el poema de Luis López Álvarez por un lado, y con el cancionero castellano recopilado por el gran músico y etnólogo Agapito Marazuela, dieron el que ha sido su disco más popular, con los arreglos musicales de José Aldea y José Torregrosa: Los comuneros, disco cuyas canciones aún gozan de gran popularidad, sobre todo por la facilidad para aprendérsela que tiene la música folklórica en sí. Pero el disco es un poco como el famoso disco de Joan Manuel Serrat sobre Antonio Machado: constituye un excelente resumen y modo de conocer un libro, pero no lo recoge en su integridad: el poema es más largo y complejo, y el Nuevo Mester de Juglaría, por razones de tiempo, dinero, estéticas y quizás por imposiciones de censura, altera el orden de los textos y no recoge algunas partes que pudieran ser más difíciles de centrar en una canción (o que hubieran sido rechazadas por la administración). Pero esto ni mucho menos es un reproche, sino una advertencia para quien crea que sólo oyendo el disco se conoce el poema de López Álvarez; como dijo Gabriel Celaya: a la canción hay que darle lo que es de la canción.

Portada de Por supuesto, en el programa de ayer sonó una selección de las canciones de este disco, pero no sólo: de fondo pudimos oír a Elisa Serna y su “Regreso a la semilla”, canción en la que la gran Elisa reivindica esa herencia comunera para Castilla; y también una “Jota comunera”, baile castellano llamado así, interpretado a las dulzainas por el gran Agapito Marazuela y el que fue su alumno más aventajado Joaquín González. De las canciones que sonaron íntegras contamos con el “Romance de la reina Juana” de Amancio Prada sobre otro poema de Luis López Álvarez con la misma temática. Y, para acabar, la versión del “Castilla, canto de esperanza”, llamado “1521”, a cargo del grupo de rock vallisoletano Imperativo Legal.

Escuchar:

http://www.ivoox.com/comuneros-audios-mp3_rf_4575662_1.html

http://www.getafevoz.es/programas/la-hoguera/

LA HOGUERA (15-II-2015) – Federico García Lorca: Poemas y canciones


garcia_lorca_1Invocamos el espíritu inmortal del poeta de Granada a través de sus poemas y de canciones sobre ellos. Con la colaboración especial y desinteresada de José Palacios y Antonio Orozco, de Taormina Teatro, recitando los poemas “Fábula y rueda de los tres amigos”, “Los negros: Norma y paraíso”, “Romance de la guardia civil española”, “El crimen fue en Granada” de Antonio Machado, y la traducción al castellano de “Noiturnio do adoescente morto”. Sonaron: Aguaviva: "¡Ay, amor!"; Enrique Morente & Lagartija Nick: "Vuelta de paseo"; Paco Ibáñez: "Romance de la luna luna"; La Argentinita: "Zorongo gitano"; Carlos Cano: "La canción del mariquita"; Lluís Llach: "Els negres (Norma i paradís); El Último Ke Zierre: "Canción del gitano apaleado"; Enrique Moratalla: "Gacela del amor desesperado"; Aguaviva: "24 bofetadas"; Xoán Rubia: "Noiturnio do adoescente morto"; Hilario Camacho: "Pequeña muerte". Música ambiente: "El amor brujo", de Manuel de Falla.

Escuchar:

http://www.ivoox.com/federico-garcia-lorca-poemas-canciones-audios-mp3_rf_4085914_1.html

Una solitaria golondrina de Grecia


Ενα το χελιδόνι

Ενα το χελιδόνι κι η άνοιξη ακριβή
για να γυρίσει ο ήλιος θέλει δουλειά πολλή
Θέλει νεκροί χιλιάδες να ‘ναι στους τροχούς
Θέλει κι οι ζωντανοί να δίνουν το αίμα τους.

Θε μου Πρωτομάστορα μ’ έχτισες μέσα στα βουνά
Θε μου Πρωτομάστορα μ’ έκλεισες μες στη θάλασσα!

Πάρθηκεν από μάγους το σώμα του Μαγιού
Το ‘χουνε θάψει σ’ ένα μνήμα του πέλαγου
σ’ ένα βαθύ πηγάδι το ‘χουνε κλειστό
μύρισε το σκοτάδι κι όλη η άβυσσος

Θε μου Πρωτομάστορα μέσα στις πασχαλιές και Συ
Θε μου Πρωτομάστορα μύρισες την Ανάσταση

http://www.greeksongs-greekmusic.com/ena-to-helidoni-greek-lyrics/

Una golondrina solitaria

Solitaria está la golondrina y preciada es la primavera,/ porque al sol le cuesta mucho trabajo volver,/ se lleva miles de muertes el sudar en las ruedas,/ se lleva la vida también derramando su sangre.// Dios, mi Constructor Maestro, me construiste dentro de las montañas,/ Dios, mi Constructor Maestro, ¡me encerraste en el mar!// Los magos se llevaron el cuerpo de Mayo,/ enterraron su cuerpo en una tumba del mar,/ lo sellaron en un profundo pozo,/ su aroma llena la oscuridad y el Abismo entero.// Dios, mi Constructor Maestro, Tú también entre las lilas de la Pascua,/ Dios, mi Constructor Maestro, sentiste el aroma de la Resurrección.

Poema de Odysséas Elýtis

Música de Mikis Theodorakis

traducción al castellano en base a esta traducción inglesa:

http://www.greeksongs-greekmusic.com/ena-to-helidoni-english-lyrics/

Presentación “Regreso a Luxor”, de José Palacios


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Presentación y firma por su autor José Palacios, de la novela Regreso a Luxor; Casa del Libro, calle Fuencarral, 119, Madrid. Metro: Bilbao.

La mesa estará compuesta por Chema Contreras (Comentarista del programa rincón literario de la Cadena Ser), Jose Luis Muñoz (Editor de Bohodón edicones) y José Palacios (Autor de Regreso a Luxor) (más información: https://www.facebook.com/events/309337742604227/?sid_reminder=129024343739990016)

Reseña de la contraportada:

La novela mezcla momentos de tensión y misterio con otros de diversión o tristeza pero, en definitiva, lo que consigue es despertar las emociones de los lectores, hacerles reflexionar sobre el valor de la amistad y la importancia de los recuerdos. El modo en que se exponen los hechos y el lenguaje llano y sugestivo utilizado, dan agilidad a la narración y posibilitan que su lectura esté al alcance de cualquier lector.

Comencé a leer el libro hará dos semanas, y lo que voy leyendo me va gustando; el estilo narrativo de Palacios, además de ser bastante cinematográfico, es muy ágil, llegando a ser simpático, y no presenta grandes abismos en la acción: el gran peligro de toda narrativa. Aunque prometo una reseña más amplia cuando lo termine, por cuestión de la proximidad del evento, adelanto algunas observaciones: la primera es que José Palacios, sin pretender hacer ningún tipo de novela costumbrista o de viaje –aunque se basa en algunas experiencias y anécdotas vividas por él en sus viajes a Egipto- nos presenta una visión muy realista del país africano y de sus gentes, sin tocar –lo digo como advertencia- la novela social. Y, segundo, que José Palacios hace mover la acción de su protagonista en esa indescifrable franja que se sitúa entre la realidad y la ficción, entre lo material y lo sobrenatural: es decir, las vivencias que sintió en sus viajes a Egipto, tratando de huir del Egipto masificado, epidérmico, para turistas, e intentando encontrar el Egipto más verdadero, con todo lo que conlleva.

No es la primera vez que Palacios toma la pluma para escribir: ya anteriormente, en su calidad de director y actor de Taormina Teatro, ha escrito obras de teatro, especialmente de teatro infantil: de ahí, probablemente, la agilidad de los diálogos, que tanto suele agradecer el lector.

En definitiva, es una novela que puede gustar a todo el mundo, tanto al lector más exigente como a aquel que busca sólo diversión, ya que ofrece un entretenimiento inteligente, exaltando los valores del amor, la amistad y la importancia de los recuerdos como último reducto del ser humano.

Para más información sobre el acto:

https://www.facebook.com/events/309337742604227/?sid_reminder=129024343739990016

Anti-taurino, ¿anti-español? ¡No! ¡Anti-Aguirre!


Hay un capítulo del doctor House en el que su colega, el doctor Wilson, ante la putada que le está haciendo imprimiendo el cartel de una película porno que éste protagonizó en su juventud, dice “Darle un ordenador a este hombre es un peligro”. Lo mismo se puede decir de muchos artistas, intelectuales y políticos españoles, aunque no tengan ni tanta enjundia intelectual ni tanta gracia. Es el caso de Esperanza Aguirre, alias tía Espe, alias Guindilla, alias Doña Cuaresma, alias Doña Miserias…

caricaturaPor lo visto, tía Espe se explayó en el pregón que dio en la fiesta taurina de Sevilla, haciendo una serie de analogías entre la pro-tauromaquia y la anti-tauromaquia, y la España y la anti-España (los que estamos estudiando ciertas cosas, sabemos las implicaciones que tiene el uso del término “anti-España” y sus derivados), y no parecía referirse sólo a los partidos nacionalistas (sean independentistas o no), sino en general, aunque parece que dijera “algunos” (un término bastante ambiguo); luego continuó la guerra, por su cuenta, en twitter, dando vueltas sobre lo mismo. Podríamos hablar de que una tradición no es, necesariamente, algo sagrado e inamovible; por ejemplo, el cristianismo acabó con muchas tradiciones y las sustituyó por otras: hace mucho tiempo que lo espartanos no estampan a sus hijos para seleccionar a los más fuertes, que los escandinavos no mandan a sus hijos a matar un oso, que no se sacrifican seres humanos a Baal o que no se trafica con esclavos (algo que era mucho más inamovible que la abolición de la tauromaquia y espectáculos similares). Otras tradiciones, más bellas, pero menos rentables, desaparecen, y parece que a nadie le molesta. Podríamos hacer un estudio serio acerca de si, realmente, las fiestas taurinas y de maltrato a otros animales, aquí y en todo el mundo, está realmente arraigada en el espíritu popular, o incluso si de verdad está siendo tan rentable. Por otro lado, considero que si existe algo así como una esencia o un espíritu español, o ibérico en su caso, es muy triste que éste se vea reducido a una fiesta absolutamente ciscunstancial y, en último término, no nacida dentro de los límites del actual Estado español. Eso sin olvidarnos que también hay tauromaquia en Portugal y en Francia: siento desilusionar a muchos, pero muy únicos no somos, ni siquiera en este aspecto.

Por otro lado, ser anti-taurino o pro-taurino, ¿es un asunto de izquierdas y derechas? Aunque así parece ser, como la señora Aguirre parece colegir, hay que recordar una cosa: en Canarias se prohibieron hace mucho tiempo, gracias a una propuesta de un parlamentario que ahora milita en el Partido Popular (aunque se mantienen las peleas de gallos, cosa que también trató de restringir el mismo diputado). Considero que reducir el problema a un asunto político es ridículo: hay gentes de derechas anti-taurinas y gentes de izquierda pro-taurinas; esto, en último término, no les hace ni mejores ni peores, como personas o como políticos. El anti-taurinismo, como toda condena a tradiciones en las que se maltrate a animales, ha de ser por cuestiones éticas y nada más.

Siguiendo esta argumentación, se ha tendido a decir, exagerándolo a menudo, que la intelectualidad española ha sido pro-taurina, un poco para que la izquierda se sintiera impelida a aceptarla: la derecha se enorgullecerá del “taurismo” de Alberti, pero nunca le perdonarán su comunismo. Pero ha habido intelectuales, y grandes, antitaturinos o al menos críticos con la fiesta “nacional” en cuestión: corregidme si me equivoco, pero creo que hay un escritor del XIX que las aborrecía.

Lo que voy a poner a continuación es como una bala que me guardaba en la recámara para casos como éste. Con plena sinceridad, no sé si Antonio Machado era pro-taurino o anti-taurino: parecen haber escritos de juventud que abalan su taurinismo, pero éste, escrito ya en una época de madurez, desmiente a esos primeros. Voy a aclarar una cosa antes: este texto pertenece al ciclo de Juan de Mairena, quien, como sabéis, era una personaje ficticio a través del cual Machado, que dice que fue su profesor, expresaba sus ideas sobre filosofía, estética, religión, política, etc. El problema, muchas veces, es que al leerlos no sabemos dónde acaba Machado y dónde comienza Mairena: ¿Mairena es siempre Machado, o bien éste se desliga de su personaje para criticar algunas cosas? Generalmente, el pensamiento que expone Mairena es el de Machado, pero nunca hay que descartar esa otra posibilidad. Sin embargo, pienso que este escrito, no exento de cierta ingenuidad, es una de las reflexiones más lúcidas que se han hecho nunca sobre el tema:

El español suele ser un buen hombre, generalmente inclinado a la piedad. Las prácticas crueles –a pesar de nuestra inclinación a los toros- no tendrán nunca buena opinión en España. En cambio, nos falta respeto, simpatía, y, sobre todo, complacencia en el éxito ajeno. Si veis que un torero ejecuta en el ruedo una faena impecable y que la plaza entera bate palmas estrepitosamente, aguardad un poco. Cuando el silencio se haya restablecido, veréis, indefectiblemente, un hombre que se levanta, se lleva dos dedos a la boca, y silba con toda la fuerza de sus pulmones. No creáis que ese hombre silba al torero –probablemente él lo aplaudió también-: silba al aplauso.

Antonio Machado, Juan de Mairena, volumen I; edición de Antonio Fernández Ferrer. Cátedra-Letras Hispánicas, Madrid, 2009, p. 140.

Rojo, sangre
un color muy nacional
morbo, suerte
sol y arena, !Pide dios!
arte, muerte
sirve de alimento
pase, valiente
y vuelta al ruedo.

Cuando el acero me traspasa el corazón
y se le llama fiesta; y otra vuelta de tuerca
cuando el sadismo se convierte en tradición
y la faena en gesta, y nadie se molesta.

Pinchos, siente
recital multicolor
pasodoble, ambiente
de nobleza y de pasión
¡la oreja presidente!
los pañuelos al viento
alza la frente
y mira al cielo.

Cuando el acero me traspasa el corazón
y se le llama fiesta; y otra vuelta de tuerca
cuando el sadismo se convierte en tradición
y la faena en gesta, y nadie se molesta.

http://www.musica.com/letras.asp?letra=851419

La guerra de Antonio Machado (María Zambrano)


María-ZambranoLa gran pensadora española María Zambrano sentía una gran admiración y un no menor cariño hacia Antonio Machado, por la razón de que cuando Machado estuvo en Segovia entabló amistad con Blas Zambrano, su padre. Por eso se deshacía en elogios hacia el poeta, que sin embargo no velaba la auténtica esencia del poeta-pensador, en la reseña que hizo en la revista Hora de España, en diciembre de 1937, sobre su libro La Guerra, que reunía muchas de sus poesías escritas hasta ese momento y la prosa didáctica de su profesor apócrifo Juan de Mairena (con el que ya se había identificado plenamente), al que utilizaba para expresar sus sencillos pensamientos filosóficos (morales, políticos, estéticos, metafísicos…).

Aquí presentamos una selección de textos de esta reseña; se puede encontrar en María Zambrano: Los intelectuales en el drama de España y Escritos de la guerra civil. Presentación de Jesús Moreno Sanz. Editorial Trotta, Madrid, 1998, pp. 171-178 (III. Escritos y notas durante la guerra civil. “La guerra de Antonio Machado”).

La Guerra de Antonio Machado

(…)

«La poesía española es tal vez lo que más en pie ha quedado de nuestra literatura, cosa que no nos ha sorprendido, porque su línea ininterrumpida desde Juan Ramón Jiménez es lo más revelador, la manifestación más transparente del hondo suceso de España, y si algún día alguien quisiera averiguar la profunda gestación de nuestra historia más última, tal vez tenga que acudir a esta poesía como a aquello en que más cristalinamente se aparece. Lo que estaba aconteciendo entre nosotros era de tal manera grave, que huía cuando se pretendía apresarlo y aparecía, en cambio, en casi toda su plenitud cuando el hombre creía estar solo, entregado a sus más íntimos y recónditos afanes. Por esto y por otras razones, entre las que pudiéramos apuntar que la historia de España es poética por esencia, no porque la hayan hecho los poetas, sino porque su hondo suceso es continua trasmutación poética y quizá también porque toda la historia, la de España y la de cualquier otro lugar, sea en último término poesía, creación, realización total; por todo esto que se apunta y por otras cosas que se callan, tal vez sea la poesía española, desde Juan Ramón Jiménez hasta hoy, el índice o documento mejor de nuestros verdaderos acontecimientos.

«Testimonio de nuestro suceso, la poesía, hasta en sus últimas consecuencias, ha tenido el testimonio extremo, ha tenido sus mártires y hasta sus renegados, si bien es verdad que la poesía de estos últimos se ha desdibujado de tal manera que apenas existe. La poesía española hoy nos acompaña, justo es proclamarlo, y con tanta mayor imparcialidad por no ser quien esto afirma y siente de la estirpe de los poetas.

«Pero entre todos los poetas que en su casi totalidad han permanecido fieles a su poesía, que se han mantenido en pie, ninguna voz que tanta compañía nos preste, que mayor seguridad íntima nos dé, que la del poeta Antonio Machado.

«No es un azar que sea así, por la condición misma poética que de siempre ha tenido Machado; nada nuevo nos brinda, nada hay en él que antes y desde el primer día ya no estuviera. Y si hoy aparece en primer término y con mayor brillo, se debe no a lo que él haya añadido, sino a la situación de la vida española, a que por virtud de las terribles circunstancias hemos venido a volver los ojos, en esa última mirada de vida o muerte, hacia lo cierto, hacia lo seguro, hacia la verdad honda que en horas más superficiales hemos podido quizá eludir. La voz poética de Antonio Machado canta y cuenta de la vida más verdadera y de las verdades más ciertas, universales y privadísimas al par de toda vida. ¿Qué sería de nosotros, de todo hombre, si no supiésemos hoy y no nos lo supiese recordar el saber último que con sencillez de agua nos susurran al oído las palabras poéticas de Machado? Y aunque en última instancia todo hombre, toda hombría en plenitud, sepa de esas cosas, es necesaria siempre su formulación poética, porque en la conciencia de un poeta verdadero adquieren claridad y exactitud máxima, al ser expresadas, al ser recibidas por cada uno en su perfecto lenguaje, ya no nos parecen nuestras, cosa individual, sino que nos parecen venir del fondo mismo de nuestra historia, adquieren categoría de palabras supremas, esa que todo pueblo ha necesitado escuchar alguna vez de boca de un legislador, legislador poético, padre de un pueblo. Palabras paternales son las de Machado, en que se vierte el saber amargo y a la vez consolador de los padres, y que con ser a veces de honda melancolía, nos dan seguridad al darnos certidumbre. Poeta, poeta antiguo y de hoy; poeta de un pueblo entero al que enteramente acompaña.»

(…)

«… La palabra del poeta ha sido siempre necesaria a un pueblo para reconocerse y llevar con íntegra confianza su destino difícil, cuando la palabra del poeta, en efecto, nombra ese destino, lo alude y lo testifica; cuando le da, en suma, un nombre. Es la mejor unidad de la poesía con la acción o como se dice con la política, la mejor y tal vez única forma de que la poesía puede colaborar en la lucha gigantesca de un pueblo: dando nombre a su destino, reafirmando a sus hijos todos los días su saber claro y misterioso del sino que le cumple, transformando la fatalidad ciega en expresión liberadora. Y sin buscarlo nos acude a la mente un nombre: Homero, a quien de un modo literario en nada pretendemos cotejar con nuestro humilde cantor de los campos castellanos, el cantor -¿coincidencia?- de las altas praderas numantinas. No se trata de comparar méritos, ni nosotros sabríamos discernirlo, pero es quizá una categoría poética que un poeta determinado puede llevar con o más menos talento, con más o menos fortuna literaria. Si acude con su grandeza impersonal –impersonal hasta en su ciega mirada- el divino cantor de la Grecia legendaria es por eso, justamente, por su impersonalidad, porque a su través ya no creemos escuchar a un hombre determinado, sino a un pueblo.

«Todo ello acude a decirnos que es Antonio Machado un clásico, un clásico que por fortuna vive entre nosotros y posee viva y fluyente capacidad creadora. Y es clásico también por la distancia de que su voz nos llega; con sentirla cada uno dentro de sí, se le oye llegar de lejos, tan de lejos que oímos resonar en ella todos los íntimos saberes que nos acompañan, lo que en la cultura viene a ser la paternidad, aquello que poseemos de regalo, de herencia. Por el solo hecho de ser española recibimos el tesoro con nuestro idioma, lo recibimos y llevamos en la sangre, en lo que es sangre en el espíritu, en aquello vivo, íntimo y que, siendo lo más inmanente, es lo que nos une: la sangre de una cultura que late en su pueblo, en el verdadero pueblo, aunque sea analfabeto. Y por esto es también su viva historia lo que pasa y lo que queda.»

«Poeta clásico. Una de las cuestiones que más falta haría aclarar y poner de manifiesto es la diferente manera de ser poeta o las diferentes formas de poesía. No cabe con una mínima honestidad intelectual abarcar lo mismo a fenómenos y sucesos tan desemejantes como el de Verlaine y Dante, por ejemplo. Aunque a todos abarque la unidad de la poesía, sin duda son varias las especies de ella, que hacen distinta la situación del poeta con respecto a su propia poesía y distinta la función histórica de la misma poesía.»

(…)

Machado: «Todo poeta –dice Juan de Mairena- supone una metafísica; acaso cada poema debiera tener la suya –implícita-, claro está –nunca explícita-, y el poeta tiene el deber de exponerla por separado, en conceptos claros. La posibilidad de hacerlo distingue al verdadero poeta del mero señorito que compone versos.»

«Es esta relación entre pensamiento filosófico y poesía uno de los motivos más hondos para clasificar a un poeta, si la tal clasificación existiera. Un motivo hondo, moral, salta a la vista en el caso de Machado. Y es el sentimiento de responsabilidad. Machado hombre acepta lo que dice Machado poeta y pretende en último término darnos las razones de su poesía, es decir, que el poeta humildemente (…) somete a justificación su poesía, no la siente manar de esas regiones suprahumanas que unas veces se han llamado musas, otras inspiración, otras subconciencia, designando siempre, al poner su origen tan alto o tan bajo, mas nunca en la conciencia, que la poesía no es cosa de la que se pueda responder; que ello es cosa de misterio, cosa de fe, milagrosa revelación humana en que no interviene el Dios, pero sí lo que cerca del hombre sea más divino, esto es, más irresponsable.

«Machado, que dice sin embargo, en una de las páginas de este libro: “por influjo de los subconsciente sine qua non de toda poesía”, somete luego la poesía a razón diciendo que la lleva implícita, es decir, que en último término no cree en la posibilidad de una poesía fuera de razón o contra la razón, fuera de la ley. Para Machado, la poesía es cosa de conciencia. Cosa de conciencia, esto es, de razón, de moral, de ley.

«Y si miramos a su propia poesía, sin atender a los pensamientos que Juan de Mairena o el mismo Machado hombre nos da en La Guerra, vemos que no le es ajeno el pensamiento. No sucede esto en el mundo por primera vez: que pensamiento y poesía, filosofía y poesía se amen y se requieran en contraposición, y tal vez para algunos, consuelo de aquellas veces en que mutuamente se rechazan y andan en discordia. No es la primera vez, y así acuden a nuestra memoria las diversas formas de esta unidad. Los primeros pensamientos filosóficos son a la par poéticos [Parménides y Pitágoras, «poetas y filósofos son al mismo tiempo los descubridores de la razón en Grecia»; Dante (poesía escolástica), Baudelaire; pero, más cercano, Jorge Manrique] (…) De un lado Jorge Manrique, de otro la poesía popular, especialmente andaluza, en que nuestro pueblo dicta su sentir, sentir que es sentencia, esto es, corazón y pensamiento.»

El estoicismo de Manrique parece tener raíces populares

Machado, como, en cierto modo, por el tema del amor, su carácter de “poeta erótico”, continuador de la mística de san Juan de la Cruz:

«… Amor infinito hacia la realidad que le mueve a reintegrar en su poesía toda la íntima sustancia que la abstracción diaria le ha restado.»

(…)

Machado: «Poesía y razón se completan y requieren una a otra. La poesía vendría a ser el pensamiento supremo por captar la realidad íntima de cada cosa, la realidad fluente, movediza, la radical heterogeneidad del ser.»

(…)

«Amor y conocimiento, a través de estas páginas de La Guerra, van directamente hacia su pueblo. La entereza con que el ánimo del poeta afronta la muerte le permite afrontar cara a cara a su pueblo, cosa que sólo un hombre en su entereza puede hacer. Porque es la verdad la que le une a su pueblo, la verdad de esta hombría profunda que es la razón última de nuestra lucha. Y en ella, pueblo y poeta son íntimamente hermanos, pero hermanos distintos y que se necesitan. El poeta, dentro de la noble unidad del pueblo, no es uno más, es, como decíamos al principio, el que consuela con la verdad dura, es la voz paternal que vierte la amarga verdad que nos hace hombres. Voz paternal de Machado, aunque tal vez a sentirla así contribuya, para quien esto escribe, el haber visto su sombra confundida con la paterna en años lejanos de adolescencia (…)»

El libro se cierra con un recordatorio a Emiliano Barral

«… Sin melancolía y con austero dolor nos habla a lo más íntimo de nosotros este libro, La Guerra, ofrenda de un poeta a su pueblo.»

Hora de España (Valencia-Barcelona), XII (diciembre de 1937), pp. 68-74


La edición que utilicé reproducía al final del texto, a modo de anexo, una carta que Antonio Machado le remitió a María Zambrano, no recuerdo si en agradecimiento por la reseña. Una carta en la que Machado habla a la pensadora en unos modos que denotan a la vez un inmenso cariño y un profundo respeto. Machado, a pesar de ser tan mayor como lo era el padre de Zambrano, le habla en los mismos términos en los que se podría referir a cualquier otro. No recogí la carta, pero en este blog se reproducen las palabras finales de dicha carta:

Diga V. a su padre -mi querido don Blas-, que lo recuerdo mucho, y siempre para desearle toda suerte de bienandanzas y de felicidades. Dígale que, hace unas noches, soñé con que nos encontrábamos otra vez en Segovia, libre de fascistas y de reaccionarios, como en los buenos tiempos en que él y yo, con otros viejos amigos, trabajábamos por la futura República. Estábamos al pie del acueducto y su papá, señalando a los arcos de piedra, me dijo estas palabras: "Vea V., amigo Machado, cómo conviene amar las cosas grandes y bellas, porque ese acueducto es el único amigo que nos hoy queda en Segovia". En efecto -le contesté-, palabras son esas dignas de su arquitecto. (Poesía y Prosa, Tomo IV, pág. 2228, ed. de Oreste Macrì)

Recopilado por Javier Quiñones Pozuelo

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