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Experimento GH: las ratas libres del laboratorio social


Telescreen

Me daba un poco igual la final (el ganador, más que cantado), y salí. Vuelvo a mi casa, y cuando llego al portal escucho una algarabía que venía de los balcones, como si se hubiera marcado un gol: no sólo anunciaba al flamante ganador de la primera edición de Gran Hermano, era la constatación de que el mayor experimento sociológico hecho en televisión había triunfado.

Puede que a estas alturas, cuando el famoso formato televisivo que causó impacto y (pseudo) revolución cultural en la España del siglo XXI ha muerto (o eso parece), no tenga demasiado sentido hablar de él, pero, como con tantas otras cosas que no acabamos de entender, también es bueno echar la vista atrás, contemplarlo todo con perspectiva y preguntarnos: ¿qué nos ha pasado? Ésta es sólo una opinión: puedes compartirla, llamarme ingenuo o alarmista, o puedes decir que sólo fue un espectáculo. En cualquier caso, no agobiaré con detalles del programa, sus personajes ni curiosidades, aunque acaso me detendré en la primera edición. Sí puedo asegurar que nadie será difamado (curémonos de espantos).

Génesis: Érase una vez, en Holanda…

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Big Brother, cuyo título está inspirado por George Orwell, fue una idea del productor holandés Jon De Mol Jr., y consistía en encerrar en una casa a un grupo de personas anónimas que no se conocieran entre sí para que convivieran; la abundancia o escasez de provisiones en la casa dependía de si superaban o no algunas pruebas grupales. A lo largo de la semana, los televidentes veían cómo los concursantes llevaban esa convivencia, y podían evaluarla decidiendo si expulsaban a aquellos concursantes que contaban con los suficientes votos de sus compañeros para abandonar la casa: lo que se llamaba nominar (muy parlamentario). Naturalmente, la audiencia se inclinaba más por aquellos que les eran más simpáticos, independientemente de si su grado de convivencia era el adecuado. La primera edición absoluta tuvo lugar en Holanda, en 1999, e imagino que fue, más que un éxito, una revolución televisiva; así que televisiones de todo el mundo desembolsaron millonadas para comprar los derechos necesarios y emitir sus propias ediciones.

Un año después llegó a España, emitido por Tele 5.

1ª Edición: el gran experimento sociológico

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A ti que te gusta la filosofía debería gustarte, me decía un personaje de quien no quiero acordarme. Precisamente por eso no me gusta, respondí yo, aunque confieso que al final me enganchó, pero no por los supuestos conceptos filosóficos que algunos intelectuales previo pago decían que tenía el programa: era por diversión, distracción; no te lo voy a excusar desde argumentos profundos: me hacían gracia los concursantes, eran simpáticos en su mayoría. Pero echando la vista atrás, descubres cómo te enredaron en su tela de araña, porque ni siquiera eso era inocente. Llegué a ver algo la segunda y tercera edición, pero mi interés decayó por completo: esporádicamente veía cachos de otras ediciones porque me lo ponían, ya que no había nada en la tele. Y de esos cachitos y noticias frívolas encontradas por Internet, elaboro esta memoria crítica del programa.

Se anunciaba meses atrás: una ráfaga inquietante, que daba sensación de apremio, inminencia o emoción, mientras se desvelaba lo que parecía ser el rojo objetivo de una cámara, o tal vez un ojo, o ambas cosas, con unas letras que aparecían bailando y se plantaban fijas sobre el fondo: GRAN HERMANO. La presentadora, una periodista con una intensa carrera, acudía a entrevistas diciendo que era “un experimento social”, que “nunca antes se había hecho (en nuestro país)”, etc. Tampoco hubiera pasado nada si hubiera asegurado que el espectador se iba a divertir y mucho, pero hay que vender el producto.

“Toda” España (y aún no he conocido a nadie que dijera que no vio ni un segundo), pendiente, atraída por la curiosidad y la novedad, veía entrar de uno en uno a un grupo de personas jóvenes, simpáticas, atractivas…, que no eran muy diferentes de ellos o de cómo pensaban ellos que eran. La cadena ya había previsto el éxito total y desde el principio decidió exprimirlo al máximo: además de su acostumbrada franja nocturna, había avances matutinos y vespertinos, además de un debate semanal y de la habilitación de un canal en donde podías ver en directo qué hacían los habitantes de la casa, aunque fuera dormir (el sueño de todo psicópata, ¡ah!). Pero también debates en torno a lo que acontecía en la casa en los programas del corazón, incluso daba la impresión que, por ajeno que fuera, todo programa de la cadena debía mencionar GH o algo relacionado al menos una vez. Pero no sólo Tele 5: otras cadenas decidieron parasitar el éxito del programa y emitir pedazos, hablar de los concursantes y hasta parodiarlo. Para las siguientes ediciones, la cadena y la productora decidieron blindarse legalmente, estableciendo la propiedad exclusiva de imágenes y contenidos, y haciendo firmar a los concursantes contratos que les impidieran acudir a otras cadenas por un tiempo.

Al día siguiente, donde fuera y quienes fueran, de cualquier condición social, sexual, política o laboral, hablaban de los concursantes (no tanto del programa) con la familiaridad con la que se habla de un amigo o un pariente ausente en la conversación, juzgando comportamientos y formas de ser, tomando partido en batallas ajenas. La casa de GH nos contenía a todos, quisiéramos o no, porque la gente, como podía pasar con la prensa del corazón, había permitido que las vidas ajenas de personas que no conocían les invadieran y fueran su foco de atención. El truco del programa se basaba en ese elemento que se concedía a la audiencia: la simpatía y la antipatía hacia algunos de los concursantes llevaba a poder juzgar sus conductas y su personalidad, a veces de manera bastante hipócrita. Y también estaba aquello: voyeurismo permitido y sin consecuencias: “Te estoy viendo”, una frase típica de psicópata que podía afirmar cualquier espectador. En cualquier caso la gente se enfadaba, se alegraba, se entristecía, reía y lloraba con ellos, vivían sus romances: eran como de la familia. Era la vida en directo pero mejor, porque no era la propia.

El éxito fue rotundo. Algunas concursantes se convertían en sugerentes portadas de revistas, a otros les contrataron en cadenas menores para programas de todo tipo, etc., y  a otros les agobiaba el éxito cuando eran abordados por fans para hacerse una foto o que les firmaran un autógrafo. Se llegó a hacer hasta una película con ellos y hasta samples con algunas de las frases de los concursantes por parte de insufribles DJs. No se puede decir que el programa y sus protagonistas, de muchos de los cuales ni nos acordamos, no tuviera un impacto tremendo sobre la sociedad, pero la cosa se magnificó. Por alguna razón, el equipo de marketing del programa quería vender el formato y su desarrollo como algo más profundo que el mero entretenimiento: querían dotarlo de profundidad, de bagaje intelectual: disfrazaban el interés morboso con un supuesto rigor científico que nadie supo justificar ni para qué se hacía. Muchos habían puesto en duda la idea del experimento social, porque en rigor no lo era, y descubrían que era puro marketing. Así que un buen golpe de efecto fue traer a la gala final a un verdadero santón, supuesto especialista en televisión y sociedad, que había escrito un libro y todo, y se paseaba con su lema “tenemos la televisión que nos merecemos” (entiéndase esto como se quiera): allí estaba el filósofo Gustavo Bueno, defendiendo el valor intelectual del formato mientras medio adivinábamos a un señor trajeado dejando un maletín a su lado.

Freak Show: Los monstruitos

Freaks_WikipediaPero para comprender lo que supuso y la deriva que las posteriores ediciones tomaron, hay que entender lo que era la televisión de principios del siglo XXI, y es que, a pesar de los datos de audiencia, la televisión de España sufría una gran crisis de contenidos. Entre finales de los 90 y principios del 2000, poblaba la TV una serie de programas infames, centrados en lo frívolo y lo morboso: talk shows que mostraban las miserias humanas (reales o fingidas bajo pago), casposos matinées, late shows lamentables vendiendo la más barata carnaza y programas vespertinos centrados en las trivialidades de personas conocidas, y otros en los que los frikis, en su sentido más literal, habían hecho acto de presencia. Algunos de estos ejemplos pueden ser posteriores a GH, aunque tienen su relación: la crisis televisiva; las televisiones no sabían que inventar para captar y fidelizar la atención de una audiencia que se aburría solemnemente ante la TV.

Como dijo una periodista del corazón tras la primera edición: «Estos chicos han renovado los contenidos», y tenía razón. Desde finales de los 90, los programas de la prensa rosa dominaban indiscutiblemente, aunque fuera como secciones en matinées; pero la gente se cansaba de ver siempre a los mismos, que en realidad odiaban, y ver cómo vivían casposos actores y cantantes, algunos con un pie ya en la tumba y otros, que entendieron lo que se iba a poner de moda, arrastrando su dignidad por platós televisivos como patéticas sombras de lo que fueron, hambrientos del dinero que un buen escándalo podría rentarles; sin mencionar los tediosos reportajes sobre la alta alcurnia: simpáticos aristócratas y empresarios que necesitaban un lavado de cara. Así que este género periodístico necesitaba sangre fresca, gente joven que hubiera salido de la nada y contara con la simpatía popular, y GH fue su semillero. Pero con ello, a la vez, se cavaron su tumba, porque, en parte por culpa de este formato, los simpáticos jóvenes fueron desplazados por monstruitos, frikis, algunos salidos de ese mismo programa, porque lo que se movía después de cada edición, lo que se vendía a la juventud, es que, con que duraras lo justo en ese programa, podrías vivir de ello durante toda tu vida sin trabajar. Un gran engaño indirecto, pues sólo uno de aquellos concursantes ha conseguido hacer carrera televisiva, mientras otros trataban de buscar su hueco de cualquier manera.

Podemos considerar que las primeras ediciones fueron el triunfo de la trivialidad; las siguientes lo serían de la frivolidad y de la vulgaridad.

La segunda edición no tuvo tanta aceptación ni éxito de audiencia porque era repetir lo mismo con otras personas, y, antes de que se hundiera el barco, el equipo decidió llevar a cabo ciertos cambios, mientras que la idea del experimento social iba, felizmente, diluyéndose.

Nadie debe engañarse: en televisión pocas cosas se dejan al azar, está todo calculado, y lo que había detrás de GH era un equipo de psicólogos, sociólogos y filósofos que llevaban a cabo la selección de personal… Perdón: de concursantes. La fórmula de traer gente con la que te identificabas no era mala idea, pero si a éstos los juntamos con personalidades más difíciles y establecemos los patrones por los que el Sujeto A chocará con el Sujeto B, tenemos el cóctel perfecto de morbo. Si hay algo que al espectador le guste más que ver cómo dos personas se enamoran, es ver cómo dos personas se despellejan, y los responsables lo sabían, y por eso empezaron a basar la mecánica del juego, más que en la cooperación, en el enfrentamiento que la convivencia de personalidades conflictivas podía generar. Los productores no querían patrones de conducta asertivos, sino agresivos, pasivo-agresivos e incluso pasivos. De una edición a otra, los personajes “normales” desaparecían o entraban en número reducido (para convertirlos en ganadores), siendo desplazados por los de carácter más complicado: un desfile de gritones ególatras, narcisistas, frívolos y materialistas, junto a unas personas con algún rasgo distintivo en principio peculiar o poco común: un seminarista, musulmanes, una chica con acondroplasia, transexuales, negros, gitanos, ciegos…; no hay que confundirse: no era un intento por visibilizar otras realidades que no aparecían en las anteriores ediciones: era, con todos los respetos, un circo, pero bien calculado.

GH se había convertido en un circo por muchas razones: los concursantes ya no podían sorprenderse y traían las lecciones aprendidas: ya no venían para experimentar o ni siquiera a ganar: venían a vivir de todo lo que se movía después de GH: entrevistas, montajes, algún programa, portadas de Interviú… Algunos contaban ya con agentes que les arreglaran todas esas cosas mientras estaban en la casa. La irrupción de las redes sociales en la mecánica del programa no hizo más que empeorar la situación: resulta un poco alarmante que hubiera gentes, de cualquier edad, peleándose con otros por Internet por unas personas que ni siquiera conocen, las cuales ignoran completamente su existencia.

Pero la culpa no fue sólo de los concursantes. Es más que probable que para las primeras ediciones se hubieran establecido ciertos límites y umbrales de conducta predecible aceptables, pero poco a poco se fueron traspasando, y se empezó a jugar con el morbo más descaradamente: cierto es que nunca se mostraron escenas de sexo explícito o desnudos integrales, pero sí se empezó a enseñar lo que a lo mejor dos personas estaban haciendo debajo de un edredón. La realización del programa era menos honesta en lo que mostraba, y la sospecha del amaño indirecto del concurso planeaba. Un ejemplo de uno de los trucos que usaron: a todos, tras hacer una broma o comentario gracioso, pero inoportuno, nos han pegado una ligera colleja que no produce más que un picorcillo temporal, pero coge esa escena, ponla a cámara lenta, pon en el preciso segundo un efecto de sonido que alarme al espectador y repite ese mismo segundo dos o tres veces más: conseguirás un efecto dramático, pareciendo mucho más de lo que realmente fue: aquélla era una de sus tácticas favoritas, junto al corta y pega de escenas, ambientaciones musicales que le dictaban a tu empatía si la persona te caía bien o no, etc. El espectador es confiado por naturaleza: desconoce que lo que está viendo es fruto de un trabajo de edición y post-edición cuidadosamente medido al milímetro para despertar una determinada reacción, por lo cual, lo que ocurría era que el espectador no era libre en sus sentimientos hacía lo que veía, sino que la producción ya le dictaba cómo sentirse respecto a una o varias personas o una situación determinada. La audiencia no decidía con libertad quién abandonaba la casa, porque su juicio ya había sido condicionado previamente. Si hubo un experimento fue éste, aunque a ciertas alturas, la idea de que lo que pasaba en el programa era sorprendente quedaba muy en entredicho, especialmente cuando entran en la casa a la vez los integrantes de un triángulo amoroso.

Por muchos esfuerzos que la presentadora hiciera por tratar de justificar su trabajo con supuestos intelectuales, por intentar dotar de vez en cuando al programa con objetivos culturales (que está muy bien) e incluso de tratar de convertir al programa en la punta de lanza en su cruzada contra el tabaco (nada en contra), aquel bagaje científico-filosófico que aseguraban desde la primera edición había quedado en entredicho hacía tiempo, descubriéndose que el único motivo por el que una persona viera a otro grupo de personas convivir a través de la tele era, ni más ni menos, que el más puro morbo. Y, por supuesto, que el único motivo por el que llevar a cabo este experimento, no era por inquietud científica, sino por el €.

 El experimento

Confieso que cuando se anunció y supe de lo que se trataba, GH me daba miedo: pensaba que empezábamos a transgredir ciertas fronteras que podían ser el preludio a algo, y en parte no me equivoqué.

The_Belko_Experiment_poster_WikipediaLo único científico que tuvo GH fue esto. Enfoquémoslo así: un grupo de seres vivos recluidos en un hábitat reducido, pero confortable, con un montón de elementos que les permiten divertirse, mantener una higiene y subsistir mientras son observados por personas a través de una pantalla, algunos con ínfulas de científico. Debes haberlo adivinado: estamos viendo un zoológico. GH era eso: un zoo humano en el que observar el comportamiento de los habitantes, asustarse de la conducta de uno o encandilarse con las monerías del otro; además, un zoo en el que se calculan las probabilidades de conflicto cuando empiecen a faltar algunos bienes, y donde también hay personalidades Alfa, Beta y Omega. Y sucedió que, como cualquier zoo que quiera aumentar visitas, dejó de lado la aburrida y predecible fauna autóctona de la zona infantil y empezó a traer fauna más exótica y peligrosa con el fin de asombrar y emocionar al público. Y llegó un momento en que el zoo cerró y abrió el circo, mostrando a los “monstruos”, a los desagradables, a los raros y, de una manera lamentablemente conducida, a los “especiales”.

Claro que estaba bien y normal que entrara una diversidad de concursantes: no todos iban a ser españoles blancos de cultura católica con buena salud y sin ningún problema físico aparente; pero fue la forma de enfocarlo: los presentaban como raros, peculiaridades, y sabíamos que no lo eran. No hay más que recordar cómo presentaba la ilustre periodista y otros presentadores a este tipo de concursante que se salía de lo común por la razón que fuera, cuando no había nada de excepcional ni raro en ellos por tener una discapacidad, profesar otra fe, practicar determinada profesión o ser de otra etnia. Era un truco para conseguir más audiencia, sirviéndose de manera miserable de las peculiaridades de algunos concursantes.

Ésa es la parte del experimento que conocemos. Pero quizás fuera ver el otro día The Belco Experiment o un reportaje sobre cómo algunas empresas emplean los juegos de Escape-Room para llevar a cabo la selección de personal lo que me haya influido; el caso es que el ojo-cámara del Gran Hermano, el Big Brother de Orwell, no apuntaba sólo hacia la casa: apuntaba a ti.

Si me preguntas qué fue antes, si el huevo o la gallina, no sabría responderte. Pero veo una cierta relación en lo que supuso el éxito de GH con algunos métodos de selección de personal que llevan a cabo algunas empresas, sobre todo porque están elaborados por la misma gente que, si no son sociólogos, psicólogos o filósofos de escuelas algo tenebrosas, al menos sí lo hacen por la pasta. Se elaboran métodos de selección basados en la cohesión grupal o en el enfrentamiento; se miden los patrones de conducta de los aspirantes y trabajadores para decidir sobre su aptitud. Los observan, los miden, los prueban como si fueran ratas de laboratorio, y a veces da la sensación de que el aspirante tiene que divertir al seleccionador para ser elegido. De ahí mi miedo: el miedo a que entonces empezamos a transgredir fronteras y sentamos un precedente, y poco a poco van cayendo límites elementales a favor de la ciencia, de las relaciones laborales o sentimentales, y puede llegar el día en que nos encontremos absolutamente controlados, medidos y predichos, en que no seamos libres ni dueños de nuestras conductas y decisiones.

Pero aún más. ¿Y si te dijera que el sujeto del experimento no era el concursante que veías en la casa? ¿Y si resulta que el sujeto fuiste tú mismo y ni te diste cuenta? Basándome en lo que viví, vi a mucha gente comparar sus relaciones personales y resolver sus problemas como si viviera en la casa de GH, como hacían los niños tras ver a los Tele-Tubbies: imitar conductas. Y no era posible escapar, porque estaba en todas partes, y por mucho que te resistieras te entraba de alguna manera lo que había hecho o dicho el Sujeto A, B, C… Resulta que el experimento sociológico no era en último término ver cómo se comportaba un grupo de individuos, sino en ver cómo lo aceptábamos nosotros, cómo afectaba a nuestra vida cotidiana y cómo lo integrábamos en la cultura. No es novedad, ya que es lo habitual desde la televisión, pero se manipularon nuestras emociones como nunca antes se había hecho: nos dictaron cuál tenía que ser nuestra reacción frente a una persona o una situación, dándonos esa extraña fantasía de tener el poder de juzgar, sentenciar o premiar a semejantes que ni siquiera conocemos realmente. E incluso pretendieron dictar cómo tenía que ser nuestra conducta.

Fuimos las ratas del experimento sociológico más mediático del mundo: fuimos víctimas de una mentira.

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“Cómo sobrevivir (viendo) a La Purga” (reportaje para Nueva Tribuna)


carmelo

Os invito a leer mi reportaje sobre la saga de películas de “La Purga” que Nueva Tribuna (hay que decirlo: el único medio de todos los contactados que respondió). Sin que en ningún momento haya spoiler, en él abordo la realidad distópica que rige en las cuatro películas, describiendo su sociedad; la realidad social estadounidense, que es lo que subyace críticamente en ellas; y el mensaje que nos transmite: un verdadero y serio toque de atención. La idea de hacerlo fue porque me daba la sensación de que, para bien o para mal, mucha gente parecía no acabar de entender las películas, como había pasado con La naranja mecánica, Battle Royale o American History X, así que el reportaje supone un desgranamiento de muchos de los elementos que contiene.

Aunque soy consciente de que es un poco largo, espero que lo disfrutéis. Y desde aquí dar las gracias a la redacción de Nueva Tribuna por hacerme un hueco:

https://www.nuevatribuna.es/articulo/cultura—ocio/sobrevivir-viendo-purga-gustavo-sierra-fernandez/20180803165749154553.html

“Épica en el arte: el caso de la canción de autor”


Mi artículo para la revista de Estética y Teoría de las Artes de la Universitat de València, Laocoonte:

https://ojs.uv.es/index.php/LAOCOONTE/article/view/11071/10317

La Hoguera (31-V-2015): Los Comuneros


El principal objetivo que se había marcado el programa era contar la historia, el pensamiento y las conexiones político-socio-culturales a través de la música y las canciones, por lo que el de ayer, junto a nuestro colaborador habitual, el profesor de Historia Alejandro Carrero Villena, fue un gran ejemplo. Sobre los comuneros hemos hablado aquí hasta en inglés.

Juan_de_Padilla por J. DonónLos comuneros, a modo de resumen, fue un movimiento rebelde, proto-revolucionario, surgido en la Baja Edad Media o principios de la Modernidad, como reacción al reinado de Carlos I y por la acumulación de muchas injusticias e irregularidades. Su historia puede consultarse en las entradas que la wikipedia española tiene sobre ellos y en libros y ensayos críticos y serios como los de J. A. Maravall y Joseph Pérez, autores que defienden que, aunque el carácter revolucionario o proto-revolucionario podía ser el primario en la rebelión, el movimiento comunero o de Comunidades de Castilla englobó a diversas capas sociales, siendo las más predominantes las de las clases medias: desde campesinos anti-feudalistas hasta clérigos que pedían mayor poder para la inquisición: todo un conglomerado de intereses que debían confluir y que, tal vez, fue el origen de su fracaso, cuando la Junta (órgano representativo de gobierno de las Comunidades de Castilla) apoyó revueltas campesinas contra los señores feudales (si bien, como dice el profesor Carrero Villena, el feudalismo no estaba tan extendido en Castilla).

De los comuneros quedó una imagen revolucionaria que retomarían los revolucionarios burgueses liberales del siglo XIX, levantados contra el absolutismo de Fernando VII. El histórico guerrillero Juan Martín Díaz “El Empecinado” llegó a Villalar y exhumó los cadáveres de los capitanes Juan de Padilla, Juan Bravo y Francisco Maldonado, con el fin de rendirles honores, y hasta hay textos en los que los revolucionarios liberales declaran ser herederos de los comuneros, por varias razones.

Manuel Picolo López, Batalla De Villalar (1851-1913)La imagen liberal de los comuneros es la que predominaba en historiografía, hasta finales del siglo XIX y principios del XX, cuando Ángel Ganivet propone una nueva lectura que será bien recibida por la corriente conservadora que encabezaba Menéndez Pelayo, y que será defendida por el doctor Gregorio Marañón: la tesis de que en, realidad, las ideas modernas eran las de Carlos I, que traía las corrientes renovadoras de Europa, frente a los comuneros, que defendían una idea reaccionaria basada en el ideal germánico de las caballerías feudalistas. Manuel Azaña realizó una contra-tesis que volvió al cauce. Y es que la idea cae por su propio peso, cuando pensadores como Menéndez Pelayo y el propio Marañón reivindicaban una idea de España medievalizante y conservadora, contraria a los ideales humanistas del Renacimiento (al que oponen los reinados de Carlos I y Felipe II), ideas que quedan expresadas en el libro de Menéndez Pelaya Heterodoxos españoles, en donde defiende que la idea de la verdadera España estaba en aquellos nobles e inquisidores, que la habían defendido frente a los heterodoxos, que pretendían desvirtuarla (heterodoxos como los comuneros).

Los comuneros de Castilla, ajusticiamiento de los capitanes comuneros en Villalar el 24 de abril de 1521, por Antonio Gisbert, año 1860.Contra esta corriente conservadora, se levantaron contra-argumentos desde posiciones progresistas: desde el regeneracionismo hasta el socialismo, con figuras como Antonio Machado Álvarez (padre del poeta), el joven Miguel de Unamuno, Manuel Azaña, Pablo Iglesias y otros. Para lo que nos interesa aquí se formula una idea: que lo más profundo español era el carácter proto-democrático presente en la forma de gobierno asamblearia de muchas tribus celtíberas, una fórmula que venía del norte de África (íberos), que habían respetado romanos y musulmanes, y que los feudales visigóticos pretendieron hacer desaparecer: campaña de imposición que para muchos, como Ramón J. Sender entre otros, culmina en la derrota de Villalar, cuya consecuencia más notable es que el rey adquiere mucho más poder que los nobles. Sea como fuere, todavía hay poblaciones en España que se rigen por el modelo asambleario como modelo de gobierno representativo y de decisión municipal, y está demostrado que es un modelo que data, por lo menos, de la Edad Media.Otros ensayistas más contemporáneos, como Maravall o Joseph Pérez, apoyan sus análisis en la historiografía marxista, estableciendo sus causas en condiciones materialistas, pero sin restar por ello (más bien se ve aumentado) el carácter proto-revolucionario del movimiento comunero: un movimiento cuya originalidad fue ser un levantamiento contra la persona del rey, y no contra un noble vasallo (como había sido hasta entonces la tónica general del levantamiento campesino) y, por su carácter de protagonismo de las clases medias y haber tenido su núcleo de acción en las ciudades, y no en las aldeas, sino el primero, de los primeros levantamientos burgueses semi-democráticos. Pero ¡ojo!: cuando hablamos de historia hemos de tener cuidado con la aplicación de las categorías, ya que cada época histórica tiene su propia estructura social, económica y política, y su propio sistema de ideas, relativo a estas estructuras, de manera que lo que hoy nos puede parecer muy progresista o muy reaccionario, en otro momento de la historia podría haber sido todo lo contrario (sin olvidar que los conceptos “progresista” y “reaccionario” son relativamente muy recientes).

María Pacheco después de Villalar, cuadro del pintor Vicente Borrás (s. XIX)Llegamos a los años del bajofranquismo y la transición democrática. La figura de los comuneros había quedado soterrada (incluso en la República: hay muy pocas producciones, poéticas o ensayísticas, que reivindiquen su figura o hablen sobre ellos), pero en un momento determinado la izquierda castellana comienza a reivindicar su figura, en un intento de desvincular la región y la historia de la interpretación oficial del régimen franquista (que tomó mucho de ese pensamiento conservador de finales del siglo XIX), por la cual Castilla había vertebrado la idea de nación española, por lo que España quedaba reducida en su teoría a Castilla: la historia de los comuneros y su interpretación progresista venía a desmentir esta interpretación de la Castilla señorial de nobles y clérigos que consiguieron dominar al resto de reinos peninsulares, territorios europeos en el extranjero y toda América del Sur y Central. En el año 72, el poeta zamorano Luis López Álvarez escribe un largo y épico poema basado en la historia de los comuneros, en donde abunda en esta idea y tendría gran influencia entre la izquierda castellana. Así llega el gran conjunto de folk castellano, el Nuevo Mester de Juglaría, que, habiendo empezado como un conjunto de folklore y música de raíz (pero no cerrados en la ortodoxia), comenzaron en los 70 a hacer una canción crítica con las canciones populares; en 1976, con el poema de Luis López Álvarez por un lado, y con el cancionero castellano recopilado por el gran músico y etnólogo Agapito Marazuela, dieron el que ha sido su disco más popular, con los arreglos musicales de José Aldea y José Torregrosa: Los comuneros, disco cuyas canciones aún gozan de gran popularidad, sobre todo por la facilidad para aprendérsela que tiene la música folklórica en sí. Pero el disco es un poco como el famoso disco de Joan Manuel Serrat sobre Antonio Machado: constituye un excelente resumen y modo de conocer un libro, pero no lo recoge en su integridad: el poema es más largo y complejo, y el Nuevo Mester de Juglaría, por razones de tiempo, dinero, estéticas y quizás por imposiciones de censura, altera el orden de los textos y no recoge algunas partes que pudieran ser más difíciles de centrar en una canción (o que hubieran sido rechazadas por la administración). Pero esto ni mucho menos es un reproche, sino una advertencia para quien crea que sólo oyendo el disco se conoce el poema de López Álvarez; como dijo Gabriel Celaya: a la canción hay que darle lo que es de la canción.

Portada de Por supuesto, en el programa de ayer sonó una selección de las canciones de este disco, pero no sólo: de fondo pudimos oír a Elisa Serna y su “Regreso a la semilla”, canción en la que la gran Elisa reivindica esa herencia comunera para Castilla; y también una “Jota comunera”, baile castellano llamado así, interpretado a las dulzainas por el gran Agapito Marazuela y el que fue su alumno más aventajado Joaquín González. De las canciones que sonaron íntegras contamos con el “Romance de la reina Juana” de Amancio Prada sobre otro poema de Luis López Álvarez con la misma temática. Y, para acabar, la versión del “Castilla, canto de esperanza”, llamado “1521”, a cargo del grupo de rock vallisoletano Imperativo Legal.

Escuchar:

http://www.ivoox.com/comuneros-audios-mp3_rf_4575662_1.html

http://www.getafevoz.es/programas/la-hoguera/

La guerra de Antonio Machado (María Zambrano)


María-ZambranoLa gran pensadora española María Zambrano sentía una gran admiración y un no menor cariño hacia Antonio Machado, por la razón de que cuando Machado estuvo en Segovia entabló amistad con Blas Zambrano, su padre. Por eso se deshacía en elogios hacia el poeta, que sin embargo no velaba la auténtica esencia del poeta-pensador, en la reseña que hizo en la revista Hora de España, en diciembre de 1937, sobre su libro La Guerra, que reunía muchas de sus poesías escritas hasta ese momento y la prosa didáctica de su profesor apócrifo Juan de Mairena (con el que ya se había identificado plenamente), al que utilizaba para expresar sus sencillos pensamientos filosóficos (morales, políticos, estéticos, metafísicos…).

Aquí presentamos una selección de textos de esta reseña; se puede encontrar en María Zambrano: Los intelectuales en el drama de España y Escritos de la guerra civil. Presentación de Jesús Moreno Sanz. Editorial Trotta, Madrid, 1998, pp. 171-178 (III. Escritos y notas durante la guerra civil. “La guerra de Antonio Machado”).

La Guerra de Antonio Machado

(…)

«La poesía española es tal vez lo que más en pie ha quedado de nuestra literatura, cosa que no nos ha sorprendido, porque su línea ininterrumpida desde Juan Ramón Jiménez es lo más revelador, la manifestación más transparente del hondo suceso de España, y si algún día alguien quisiera averiguar la profunda gestación de nuestra historia más última, tal vez tenga que acudir a esta poesía como a aquello en que más cristalinamente se aparece. Lo que estaba aconteciendo entre nosotros era de tal manera grave, que huía cuando se pretendía apresarlo y aparecía, en cambio, en casi toda su plenitud cuando el hombre creía estar solo, entregado a sus más íntimos y recónditos afanes. Por esto y por otras razones, entre las que pudiéramos apuntar que la historia de España es poética por esencia, no porque la hayan hecho los poetas, sino porque su hondo suceso es continua trasmutación poética y quizá también porque toda la historia, la de España y la de cualquier otro lugar, sea en último término poesía, creación, realización total; por todo esto que se apunta y por otras cosas que se callan, tal vez sea la poesía española, desde Juan Ramón Jiménez hasta hoy, el índice o documento mejor de nuestros verdaderos acontecimientos.

«Testimonio de nuestro suceso, la poesía, hasta en sus últimas consecuencias, ha tenido el testimonio extremo, ha tenido sus mártires y hasta sus renegados, si bien es verdad que la poesía de estos últimos se ha desdibujado de tal manera que apenas existe. La poesía española hoy nos acompaña, justo es proclamarlo, y con tanta mayor imparcialidad por no ser quien esto afirma y siente de la estirpe de los poetas.

«Pero entre todos los poetas que en su casi totalidad han permanecido fieles a su poesía, que se han mantenido en pie, ninguna voz que tanta compañía nos preste, que mayor seguridad íntima nos dé, que la del poeta Antonio Machado.

«No es un azar que sea así, por la condición misma poética que de siempre ha tenido Machado; nada nuevo nos brinda, nada hay en él que antes y desde el primer día ya no estuviera. Y si hoy aparece en primer término y con mayor brillo, se debe no a lo que él haya añadido, sino a la situación de la vida española, a que por virtud de las terribles circunstancias hemos venido a volver los ojos, en esa última mirada de vida o muerte, hacia lo cierto, hacia lo seguro, hacia la verdad honda que en horas más superficiales hemos podido quizá eludir. La voz poética de Antonio Machado canta y cuenta de la vida más verdadera y de las verdades más ciertas, universales y privadísimas al par de toda vida. ¿Qué sería de nosotros, de todo hombre, si no supiésemos hoy y no nos lo supiese recordar el saber último que con sencillez de agua nos susurran al oído las palabras poéticas de Machado? Y aunque en última instancia todo hombre, toda hombría en plenitud, sepa de esas cosas, es necesaria siempre su formulación poética, porque en la conciencia de un poeta verdadero adquieren claridad y exactitud máxima, al ser expresadas, al ser recibidas por cada uno en su perfecto lenguaje, ya no nos parecen nuestras, cosa individual, sino que nos parecen venir del fondo mismo de nuestra historia, adquieren categoría de palabras supremas, esa que todo pueblo ha necesitado escuchar alguna vez de boca de un legislador, legislador poético, padre de un pueblo. Palabras paternales son las de Machado, en que se vierte el saber amargo y a la vez consolador de los padres, y que con ser a veces de honda melancolía, nos dan seguridad al darnos certidumbre. Poeta, poeta antiguo y de hoy; poeta de un pueblo entero al que enteramente acompaña.»

(…)

«… La palabra del poeta ha sido siempre necesaria a un pueblo para reconocerse y llevar con íntegra confianza su destino difícil, cuando la palabra del poeta, en efecto, nombra ese destino, lo alude y lo testifica; cuando le da, en suma, un nombre. Es la mejor unidad de la poesía con la acción o como se dice con la política, la mejor y tal vez única forma de que la poesía puede colaborar en la lucha gigantesca de un pueblo: dando nombre a su destino, reafirmando a sus hijos todos los días su saber claro y misterioso del sino que le cumple, transformando la fatalidad ciega en expresión liberadora. Y sin buscarlo nos acude a la mente un nombre: Homero, a quien de un modo literario en nada pretendemos cotejar con nuestro humilde cantor de los campos castellanos, el cantor -¿coincidencia?- de las altas praderas numantinas. No se trata de comparar méritos, ni nosotros sabríamos discernirlo, pero es quizá una categoría poética que un poeta determinado puede llevar con o más menos talento, con más o menos fortuna literaria. Si acude con su grandeza impersonal –impersonal hasta en su ciega mirada- el divino cantor de la Grecia legendaria es por eso, justamente, por su impersonalidad, porque a su través ya no creemos escuchar a un hombre determinado, sino a un pueblo.

«Todo ello acude a decirnos que es Antonio Machado un clásico, un clásico que por fortuna vive entre nosotros y posee viva y fluyente capacidad creadora. Y es clásico también por la distancia de que su voz nos llega; con sentirla cada uno dentro de sí, se le oye llegar de lejos, tan de lejos que oímos resonar en ella todos los íntimos saberes que nos acompañan, lo que en la cultura viene a ser la paternidad, aquello que poseemos de regalo, de herencia. Por el solo hecho de ser española recibimos el tesoro con nuestro idioma, lo recibimos y llevamos en la sangre, en lo que es sangre en el espíritu, en aquello vivo, íntimo y que, siendo lo más inmanente, es lo que nos une: la sangre de una cultura que late en su pueblo, en el verdadero pueblo, aunque sea analfabeto. Y por esto es también su viva historia lo que pasa y lo que queda.»

«Poeta clásico. Una de las cuestiones que más falta haría aclarar y poner de manifiesto es la diferente manera de ser poeta o las diferentes formas de poesía. No cabe con una mínima honestidad intelectual abarcar lo mismo a fenómenos y sucesos tan desemejantes como el de Verlaine y Dante, por ejemplo. Aunque a todos abarque la unidad de la poesía, sin duda son varias las especies de ella, que hacen distinta la situación del poeta con respecto a su propia poesía y distinta la función histórica de la misma poesía.»

(…)

Machado: «Todo poeta –dice Juan de Mairena- supone una metafísica; acaso cada poema debiera tener la suya –implícita-, claro está –nunca explícita-, y el poeta tiene el deber de exponerla por separado, en conceptos claros. La posibilidad de hacerlo distingue al verdadero poeta del mero señorito que compone versos.»

«Es esta relación entre pensamiento filosófico y poesía uno de los motivos más hondos para clasificar a un poeta, si la tal clasificación existiera. Un motivo hondo, moral, salta a la vista en el caso de Machado. Y es el sentimiento de responsabilidad. Machado hombre acepta lo que dice Machado poeta y pretende en último término darnos las razones de su poesía, es decir, que el poeta humildemente (…) somete a justificación su poesía, no la siente manar de esas regiones suprahumanas que unas veces se han llamado musas, otras inspiración, otras subconciencia, designando siempre, al poner su origen tan alto o tan bajo, mas nunca en la conciencia, que la poesía no es cosa de la que se pueda responder; que ello es cosa de misterio, cosa de fe, milagrosa revelación humana en que no interviene el Dios, pero sí lo que cerca del hombre sea más divino, esto es, más irresponsable.

«Machado, que dice sin embargo, en una de las páginas de este libro: “por influjo de los subconsciente sine qua non de toda poesía”, somete luego la poesía a razón diciendo que la lleva implícita, es decir, que en último término no cree en la posibilidad de una poesía fuera de razón o contra la razón, fuera de la ley. Para Machado, la poesía es cosa de conciencia. Cosa de conciencia, esto es, de razón, de moral, de ley.

«Y si miramos a su propia poesía, sin atender a los pensamientos que Juan de Mairena o el mismo Machado hombre nos da en La Guerra, vemos que no le es ajeno el pensamiento. No sucede esto en el mundo por primera vez: que pensamiento y poesía, filosofía y poesía se amen y se requieran en contraposición, y tal vez para algunos, consuelo de aquellas veces en que mutuamente se rechazan y andan en discordia. No es la primera vez, y así acuden a nuestra memoria las diversas formas de esta unidad. Los primeros pensamientos filosóficos son a la par poéticos [Parménides y Pitágoras, «poetas y filósofos son al mismo tiempo los descubridores de la razón en Grecia»; Dante (poesía escolástica), Baudelaire; pero, más cercano, Jorge Manrique] (…) De un lado Jorge Manrique, de otro la poesía popular, especialmente andaluza, en que nuestro pueblo dicta su sentir, sentir que es sentencia, esto es, corazón y pensamiento.»

El estoicismo de Manrique parece tener raíces populares

Machado, como, en cierto modo, por el tema del amor, su carácter de “poeta erótico”, continuador de la mística de san Juan de la Cruz:

«… Amor infinito hacia la realidad que le mueve a reintegrar en su poesía toda la íntima sustancia que la abstracción diaria le ha restado.»

(…)

Machado: «Poesía y razón se completan y requieren una a otra. La poesía vendría a ser el pensamiento supremo por captar la realidad íntima de cada cosa, la realidad fluente, movediza, la radical heterogeneidad del ser.»

(…)

«Amor y conocimiento, a través de estas páginas de La Guerra, van directamente hacia su pueblo. La entereza con que el ánimo del poeta afronta la muerte le permite afrontar cara a cara a su pueblo, cosa que sólo un hombre en su entereza puede hacer. Porque es la verdad la que le une a su pueblo, la verdad de esta hombría profunda que es la razón última de nuestra lucha. Y en ella, pueblo y poeta son íntimamente hermanos, pero hermanos distintos y que se necesitan. El poeta, dentro de la noble unidad del pueblo, no es uno más, es, como decíamos al principio, el que consuela con la verdad dura, es la voz paternal que vierte la amarga verdad que nos hace hombres. Voz paternal de Machado, aunque tal vez a sentirla así contribuya, para quien esto escribe, el haber visto su sombra confundida con la paterna en años lejanos de adolescencia (…)»

El libro se cierra con un recordatorio a Emiliano Barral

«… Sin melancolía y con austero dolor nos habla a lo más íntimo de nosotros este libro, La Guerra, ofrenda de un poeta a su pueblo.»

Hora de España (Valencia-Barcelona), XII (diciembre de 1937), pp. 68-74


La edición que utilicé reproducía al final del texto, a modo de anexo, una carta que Antonio Machado le remitió a María Zambrano, no recuerdo si en agradecimiento por la reseña. Una carta en la que Machado habla a la pensadora en unos modos que denotan a la vez un inmenso cariño y un profundo respeto. Machado, a pesar de ser tan mayor como lo era el padre de Zambrano, le habla en los mismos términos en los que se podría referir a cualquier otro. No recogí la carta, pero en este blog se reproducen las palabras finales de dicha carta:

Diga V. a su padre -mi querido don Blas-, que lo recuerdo mucho, y siempre para desearle toda suerte de bienandanzas y de felicidades. Dígale que, hace unas noches, soñé con que nos encontrábamos otra vez en Segovia, libre de fascistas y de reaccionarios, como en los buenos tiempos en que él y yo, con otros viejos amigos, trabajábamos por la futura República. Estábamos al pie del acueducto y su papá, señalando a los arcos de piedra, me dijo estas palabras: "Vea V., amigo Machado, cómo conviene amar las cosas grandes y bellas, porque ese acueducto es el único amigo que nos hoy queda en Segovia". En efecto -le contesté-, palabras son esas dignas de su arquitecto. (Poesía y Prosa, Tomo IV, pág. 2228, ed. de Oreste Macrì)

Recopilado por Javier Quiñones Pozuelo

Ramón J. Sender, un intelectual ilegal


Ramón J. Sender, hacia estos añosA pesar de que la representación de intelectuales españoles, presididos por Julio Álvarez del Vayo (en sustitución de Valle-Inclán, ya bastante enfermo), paso por las sesiones que tuvieron lugar en el palacio de la Mutualité durante el Primer Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura, celebrado en París en la primavera de 1935, sin apenas pena ni gloria (y, debido a un fallo de cálculo en las intervenciones, su intervención se produjo gracias a la gentileza del escritor francés André Gide), y suscitó muchas críticas (del tipo, “no son todos los que están ni están todos los que son”, aunque Álvarez del Vayo mantuvo el tipo), muchas de las ponencias que se dijeron fueron reproducidas en la prensa liberal e izquierdista y tuvieron mucha repercusión entre la joven (y veterana) intelectualidad española de izquierdas. De entre ellos, le dio mucho que pensar al gran Ramón J. Sender, bien conocido autor de la novela Réquiem por un campesino español, quien en su revista Tensor reflexionaba acerca de la cultura española, llegando a conclusiones sorprendentes; las más importantes son: 1) que, por la evolución histórica nacional, la verdadera cultura española es la que está, por sistema, en un cierto margen de ilegalidad; y 2) que, ya que mucho se hablaba en el Congreso acerca de realismo literario, y sobre todo de realismo-socialista, si una literatura, una cultura, merecía estar allí y mejor representada (no es que tuviera nada –supongo- contra el socialista Álvarez del Vayo, pero éste no era un escritor, sino un político, y como dijo otro escritor –que no recuerdo-, lo que dijo Álvarez del Vayo estuvo bien políticamente, pero no literariamente) por méritos propios, ésa era la literatura y la cultura española. Sender se apoya en claros ejemplos de la cultura, como son Cervantes y su Quijote, las pinturas de Goya y Velázquez, la poesía de Quevedo, etc.

Traigo aquí una reproducción parcial de su artículo, “La cultura española en la ilegalidad”, reproducida en la gran obra de Manuel Aznar Soler I Congreso internacional de escritores para la defensa de la cultura (París, 1935). Se trata en realidad de una selección de párrafos, con mis notas, y las referencias a las páginas para su mejor consulta. Aquí, en la página del Instituto de Estudios Altoaragoneses, puede encontrarse una reproducción facsímil de dicha revista, en donde se recoge íntegramente este sesudo artículo:

http://www.iea.es/_docum/Rememoranzas_7.pdf

Las imágenes son un añadido mío para hacerlo más atractivo…

Ramón J. Sender:
La cultura española en la ilegalidad

«… La burguesía liberal entiende que la cultura es la aptitud de creación de los individuos y de los pueblos realizada en armonía con problemas y necesidades colectivos. Es, al parecer, la opinión del sector liberal burgués, que precisamente, se apoya en esa idea de la cultura como base de su idealismo. Lo que no hacen es pararse a analizar esos problemas y tendencias, y mucho menos sacarle las entrañas a esa expresión de “lo colectivo” donde les aguardan las contradicciones. Y es ahí [689] donde está toda la cuestión. La cultura es la lucha organizada por el dominio de la naturaleza. Donde comienza el hombre a percatarse de sus posibilidades en relación con un medio que ofrece resistencia y se une con otros para comprobar una misma experiencia, sacar una inducción y generalizarla, comienzan la cultura y la civilización.

image005-familia[Sobre un extracto de las conferencias de Santander, acerca del descubrimiento del fuego] «… El hombre nace con la primera inducción. No sabe lo que es el fuego; pero la experiencia le demuestra que en ciertas condiciones se puede conservar sin peligro, y que eso produce bienestar que ahorra esfuerzo. Para sostener y conservar el fuego lo rodea de maderas secas, lo cubre de cenizas, etc. Pero también tiene que rodear al fuego de una atmósfera imaginativa. Llena con supersticiones el vacío de todo lo que ignora en relación con el fuego. Se inventan mitos en cuya conservación nacen las religiones. “Entre el fuego y el mito del fuego” hay un espacio por donde anda a placer la imaginación del hombre primitivo. Con las primeras tribus salen convenios de asistencia y de defensa, y sobre ellos y sobre los hecho memorables de cada colectividad va fijándose una cierta filosofía moral rudimentaria que se expresa en la poesía u [sic.] en la danza –la danza de todos los pueblos primitivos son descriptivas-. Entre las costumbres y la poesía, entre el trabajo y la danza, el hombre primitivo va y viene identificado consigo mismo y con la vida.»

(…)

690

«La cultura es el proceso que lleva el mito del fuego hasta la moderna termodinámica, la canción berberisca a la “Revue du Monde Musulman” y la poesía del camino comunal a la propiedad privada*, a las fórmulas jurídicas del Corán, hasta –en nuestros días- el Derecho foral aragonés y, finalmente, hasta las pistas soviéticas. “El paso de lo mostrenco a la propiedad privada y después a la social y colectiva.” Adheridas a cada paso quedan reminiscencias. El fuego en las hogueras de San Juan y en el mito guerrero del soldado desconocido. El camino en las abstracciones líricas de los poetas y la rueda, aliada eterna del camino, en el 2πr, fórmula matemática. Ese proceso es, a mi entender, la cultura, y en todo eso hay unidad y continuidad. Por esa unidad y continuidad, los esclavos, los explotados, las clases populares y, por fin, el proletariado, lo han hecho casi todo. Con la vigilancia, la amenaza y la lucha, porque a veces las clases dominantes han tratado de romper la continuidad –el nacionalsocialismo hoy en Alemania- y lo han conseguido. (…) Ese proceso, que se ha ido cumpliendo de manera más o menos accidentada en los países que hoy representan la civilización, lo vemos a lo largo de la historia de España falto de unidad y de continuidad, forzado y contrahecho por las clases dominantes. El empuje de abajo ha impedido, sin embargo, que quedáramos en una situación parecida a la de Marruecos con nuestras cabilas alrededor del santón, del marabú o del kader. El feudalismo y la burguesía tuvieron que ir cediendo una y otra vez. Pero el mismo atraso que se da en las formas sociales se da en la cultura en relación con Francia, Inglaterra, Holanda. El secreto está que en la burguesía española no ha hecho aún su revolución y vivimos una prolongación forzada y anacrónica del feudalismo.

idiomavalenciaMOZARABES«La historia de la cultura es siempre, naturalmente, un poco la historia de la barbarie. En el caso nuestro es la historia de la barbarie de las clases dominantes bajo la que palpita la necesidad de libertad de pensar, de organizar, de crear, del pueblo. Es la relación simple y obstinada de un proceso de represión de las tendencias sociales racionales, cultas, que nacen en el pueblo al lado de los avances económicos y que exigen la continuidad. ¿Tendencias cultas en el pueblo? Efectivamente. En la Edad Media hay un desbordamiento de formas populares en el arte, en las relaciones sociales, en el pensamiento. [para Sender eran formas que venían de la época prerromana, desde los [691] berberiscos de África del Norte, que los romanos asimilaron, respetaron los árabes y visigodos, y desaparecieron con la derrota de Villalar, y que «Sólo se quisieron destruir a partir de la unidad nacional y de los Reyes Católicos»]

[En muchos aspectos, la Edad Media española se adelantaba a la Revolución Francesa]:

«… En la poesía, en las artes, en el comercio, la libertad daba excelentes frutos. La pasión de la libertad y de la igualdad no nos vienen a nosotros de la Revolución francesa, sino del Atlas. Un estudio severo de esta cuestión resolvería casi todas las confusiones que conturban hoy a los republicanos.»

691-692

Explica cómo el feudalismo visigótico y la iglesia acaban con las instituciones, concejos y asambleas democráticos de los hispano-romanos, que fueron respetadas por los invasores árabes, no obstante (en donde encontraron un refugio contra las pretensiones visigóticas); también de cómo Isidoro de Sevilla protesta al rey Sisebuto, en nombre de la “dignidad del hombre”, la represión contra el pueblo que se oponía a estos cambios. Es un proceso que culmina en 1521:

692

«… Pero nobleza e Iglesia se llenan por fin de razón ante el levantamiento de los comuneros, de donde parte toda la tragedia popular de España. Iglesia, monarquía, nobleza se unieron apretadamente para imponer por el terror un estado europeo compacto. Y la primera consecuencia del terror fue, como siempre, “envilecer e incapacitar al pueblo”. Allí comienza la decadencia, que llega sin interrupción hasta finales del XIX, en que se agita otra vez el país trabajador por la reconquista de sus órganos democráticos, sobre todo en Barcelona y Levante, que son las zonas del capitalismo precoz.

Torquemada«El desbordamiento de formas populares antes de la Edad Media y en ella produce un arte espléndido, desde la artesanía –alfares, cueros, tejidos, aceros- hasta la poesía y la filosofía. (…) Antes aun de existir la Inquisición se comprenderá que la represión de estas tendencias no habría de ser muy difícil. “Quisieron ahogarlas, pero la corriente socavó y logró abrir un cauce subterráneo.” Ése ha sido ya siempre, sobre todo a partir de la unidad nacional y del Estado, el camino de nuestra verdadera cultura. Sobre ella reinaba despóticamente la superstición, la barbarie metafísica religiosa, que cuando hablaba de cultura quería asimilarse en el prestigio de una lengua muerta las glorias del latinismo… Esa desviación hace que la cultura haya estad desde Ramón Llull en la ilegalidad. Al hablar, pues, de la defensa de la cultura en España nos tenemos que referir a “la conservación de posiciones mínimas frente al Estado”, que representa todavía normalmente la barbarie, más que a la defensa de una cultura en vigencia. Desde antes del Poema del Cid, la cultura es ilegal y se desarrolla cayendo en constantes accidentes y sufriendo largos eclipses. Lo que se impone como cultura no es sino una anticultura teológica, mística y dogmática. La identidad, advertida a tiempo por Carlos V, de los movimientos religiosos (la Reforma, en Alemania) con las revoluciones populares de las que son sólo su disfraz, hace que toda la fuerza del naciente Estado caiga sobre las manifestaciones espontáneas del pensamiento, y especialmente sobre aquellas en las que se trasluce la tendencia a la creación popular. [693] [culpa del atraso cultural a la Iglesia: a Torquemada y a Cisneros especialmente, que presidieron la quema de libros] (…) La salida de la Edad Media se caracterizó por la asfixia de los movimientos y tendencias populares que, bajo la libertad de cultos y de creencias de los árabes –unida a los cuales va la libertad de comercio-, tendían a la consolidación de una nacionalidad o un conjunto de nacionalidades que hubiera hecho de la Península el país más culto y más rico de Europa. La destrucción de lo que pudo haber sido la base de una cultura autónoma iba paralela a la represión de cualquier manifestación de pensamiento no controlada directamente por la Iglesia. (…)

"La Expulsión de los Sefardíes", Emilio Sala, s. XVII«Contra la corriente popular, antes y después de la expulsión de árabes y judíos, el feudalismo y la Iglesia, que veían el peligro y lo comprobaron después en la Reforma, desencadenan las furias organizadas de la Inquisición. (…) [694] [grandes empresas de telas en Sevilla, Cataluña y Levante entre el siglo XIII y el XV] Las bases de una burguesía con sus libertades económicas y políticas las teníamos en todo el litoral mediterráneo en esas zonas es donde la República democrática tiene una base popular más efectiva. En el terreno ideológico, la misma fusión del espíritu oriental y judío que se ve en el comercio, enlaza sin violencia con las corrientes del Norte –el humanismo liberal- (…) “todo el pensamiento mediterráneo y oriental”, coincidiría en España con el liberalismo de los humanistas a través del recodo del Renacimiento. Este pensamiento herético, que iba de acuerdo con el rápido desarrollo de las condiciones económicas hacia formas burguesas, fue reprimido, perseguido y, finalmente, destruido. (…) Pero lo cierto es que, a partir de la unidad nacional, la monarquía, los señores feudales y la Iglesia poseen la fuerza económica, las armas, el fuego temporal y el eterno, y todo español cuyo pensamiento trasciende con una fuerza de proyección sobre su tiempo es perseguido y destruido si no se aviene con la teología tomista o la mordaza. El feudalismo y la Iglesia se proponen que España no entre en el período de libertad de conciencia y de libertad de comercio que ha creado en otros países una burguesía fuerte, porque temen a esa burguesía, que ha de desplazarles. (…) [a los escritores de esta época, como Fray Luis de León] se les condenaba, como a Santa Teresa y a San Juan [695] de la Cruz, por su realismo, siquiera fuera una simple expresión realista de “lo divino”. Todos ellos conocieron la persecución. Los poetas se tragaban sus versos y los filósofos desviaban su pensamiento bajo el terror, hasta –por ejemplo- el quietismo suicida de Miguel de Molinos.

Manuel Picolo López, "Batalla de Villalar"«Sofocando el movimiento de los comuneros en Villalar y aniquiladas por el fuego sus raíces, la monarquía feudal y la Iglesia se sintieron vencedores. Pero el pensamiento prohibido, el espíritu perseguido, eran muy fuertes en el pueblo. Bajo las formas de judaísmo, herejía, ateísmo, paganismo, había mil matices de rebeldía que mantenían viva la llama del espíritu popular y que, bajo la fuerte caparazón de la teología, representaban con hechos aislados en las letras y en las artes “la continuidad de nuestra cultura” [ejemplo: presencia de desnudos femeninos, a veces lascivos y otras pornográficos, en las sillerías de casi todos los coros catedralicios] (…)»

695-696

Ejemplos en la literatura: poetas populares como el Arcipreste de Hita, La Celestina, El Lazarillo, Quevedo…

696

Marcelino Menéndez Pelayo«… Que esas mentalidades [con el ejemplo del jesuita padre Garav, calificador del Santo Oficio, que describía en sus La fe triunfante en Quatro autos (Mallorca, 1691) algunos autos de fe con cierto sadismo] sean “lo culto” en la España del siglo XVIII, cuando Cervantes escribe en la cárcel el Quijote y hace decir a Sancho con esa amargura cautelosa que impregna toda la obra: “Más valiera que dejáramos las caballerías y nos metiéramos a frailes”, porque doscientos azotes representan en la sociedad de entonces más que “dos mil lanzadas” y que cualquier otro género de heroísmo; cuando Quevedo huye de la justicia con sus manuscritos; cuando allí donde aparece una manifestación del genio popular contra Aristóteles –contra el estado aristocrático y la esclavitud-, contra San Agustín, contra [697] Santo Tomás, va a dar en la cárcel o en la hoguera. Que los millares de padres Garav que pueblan España y a quienes Menéndez Pelayo disculpa en nuestros días*, representen la cultura –y que la represente hoy Menéndez Pelayo- explica la decadencia desde el siglo XVI a principios del XX. Por tres cosas se luchó a lo largo de todo ese periodo: “por la libertad de pensamiento y de comercio, por la autonomía jurídica y por la autonomía e independencia de las formas de pensamiento y de arte”. Otros tres fenómenos se oponían: “catolicismo –inquisición-, civilismo romanista –cesarismo- y universidades orientadas exclusivamente a la imitación de lo clásico”. Nadie se atrevía a hacer otra cosa. Escribir en romance era un signo de incultura, y sólo se atrevían a hacerlo atrincherando la prosa en citas latinas y griegas.

Larra«… Ya en el siglo XIX los reyes que venían sosteniendo el equilibrio interior amenazando a la nobleza con el pueblo, culpando ante el pueblo a la nobleza y aliándose con uno o con otro según la fuerza y la dirección de las presiones, recurrían, cuando el equilibrio se hacía insostenible, a la ayuda de Roma y de alguna corte europea, y a lo largo del siglo XIX intentó dejar el paso a una burguesía débil, desorganizada y lo bastante separada del espíritu popular para no atemorizar a las capas religiosas y feudales. Burguesía educada en conventos, que leía ediciones “expurgadas” del Quijote y que guardaba bajo llave los “libros profanos”, dejando sólo al alcance de la mano los de historia sagrada, de exégesis teológica o de devoción. En los escasos paréntesis en que la burguesía ocupó el poder, o se incorporó al plano feudal o tuvo que dejarse vigorizar por la influencia popular. Una parte de la burguesía, polarizada hacia las corrientes democráticas de la Revolución Francesa, se identificó con el pueblo. (…) El panorama de la cultura, entonces, aún después de abolida la Inquisición, no puede ser más triste. Representa la filosofía española un cerebro obstinado que sigue machacando el hierro ya frío del tomismo –Balmes-; el “lozano” misticismo castellano, el padre Claret. La poesía, un decadente neoclasicismo a través de formas francesas que va a desembocar en el romanticismo después de la fecunda y agitada vida de Moratín –persecución, destierro, etc.- y la no menos agitada de Juan N. Gallego, que tiene que refugiarse en Barcelona, al amparo del Ejército francés que la ocupa, para huir de las iras del rey y de una Iglesia a la que pertenece –era arcediano en Valencia-. [698] Sigue, como en los siglos anteriores, la cultura en la ilegalidad. (…) Después de esta etapa y del suicidio de Larra –talento de primera fuerza, infundido de esencias populares y con una fuerte base de humanidades, que dice: “escribir en España es llorar”-, se entra en un romanticismo imitativo y engolado que cuenta en su haber un gran poeta –Zorrilla- que identifica lo popular con los aristocrático (de ahí su gran éxito conformista) y otros astros menores que viven entre conspiraciones, fugas y romances descriptivos y que a veces, como sucede con Espronceda, representan no la cultura liberal francesa, sino las formas más avanzadas del espíritu popular con sus matices locales y el vigor desconcertado y desigual que se produce bajo un régimen de terror. (…)

Valle-Inclan«Los libros que podían en aquel tiempo representar la cultura eran perseguidos, aun estando en el poder de la burguesía, si no por el Estado, por su estructura superior católica. Hasta hace veinte años estaba prohibido el Quijote sin enmiendas, La Celestina, el Buscón. Y no hablemos ya de los escritores de la época, de los que sólo se salvaba el padre Coloma. No eran prohibiciones sectarias de un grupo religioso, sino del sector social en el que la Iglesia ejercía su dictadura. (…) Sólo autorizaban los curas cierta libertad en las bibliotecas de algún terrateniente. Se han entendido siempre muy bien con ellos, “porque saben que llevan su suerte unida”. Así, a los propietarios feudales les permitían bromas espirituales que de ningún modo toleraban a los burgueses, ni menos al pueblo. Todavía existen hoy, y no sólo en los pueblos, sino en las ciudades, millares de hogares donde se queman los libros de Pérez Galdós, primer novelista burgués español. En estas condiciones, la “generación del noventa y ocho” presenta dos casos de burgueses de raíz a un tiempo popular y culta: Ganivet y Costa. (…) [699] En la frase de Costa: “política de calzón corto”, de pequeños campesinos, estaba la expresión de un movimiento antifeudal y de una cultura no teológica; el mismo movimiento interrumpido en Villalar con la derrota de los comuneros, resucitado parcialmente hasta hacerse la ilusión de estar en el poder con Jovellanos y Aranda, y reanudado sin éxito a lo largo de todo el siglo XIX. Pero la “generación del noventa y ocho” no la definen Ganivet y Costa, que representan lo más vigoroso y vital y ascendente del pensamiento popular –del pensamiento culto sintonizado con el sentir y el querer del pueblo-, sino Unamuno, Baroja y Azorín. A estas fechas hay que suponer que han dado ya lo más característico de su obra. El primero representa la descomposición de la metafísica medieval. Su resentimiento con Cervantes procede de que Cervantes trató de realizar la liquidación del feudalismo en el Quijote, y lo hizo sin ninguna solemnidad, sacando con la fuerza del genio, sin pretenderlo y sin sospecharlo, a sus dos tristes campeadores del marco de los acontecimientos, proyectándolos en libertad sobre el mundo y los tiempos. Unamuno ha tratado de hacer lo mismo con una solemnidad rectoral, alardes de griego y latín, y dando a su pensamiento, adrede y por fuerza, una falsa proyección sobre el mundo y los tiempos. Con eso ha sucedido que se queda toda la obra de Unamuno en la representación escrita de un fenómeno particular: “la liquidación de un pensamiento feudal rezagado”. Los otros dos escritores caracterizados del 98, sobre todo Baroja, ofrecen un fenómeno mucho más interesante, porque afecta a la médula y a las contradicciones entrañables de nuestro tiempo: la descomposición del idealismo burgués “antes de que haya llegado a tener un vigor mínimo” en la sociedad a la que pertenece el escritor. A Azorín le distingue tal cual tendencia episódica –pero que revela una sensibilidad fina y sana- a identificarse con el sentimiento popular. Es a esa zona del sentimiento popular a la que lleva los episodios más duros de la lucha de clases, tratándolos con un liberalismo humanitario fiel en el fondo a la idea de que el progreso humano no debe detenerse ante ningún prejuicio histórico de conservación. Los casos de Valle-Inclán y Antonio Machado son muy diferentes. Algún día se hará el estudio de la espléndida obra de Valle-Inclán, donde se ve la esencia popular concentrada y sublimada en el camino oculto que corre a lo largo de los últimos cuatro siglos, para reaparecer hoy con su realismo alucinante, buscando los rasgos genuinos de toda la ruina feudal, religiosa y militar. Antonio Machado es también un caso dispar del 98. Su lirismo rebasa el fenómeno social y filosófico al que sirven de distintas maneras Unamuno y Baroja: la metafísica religiosa en quiebra y el idealismo burgués, que no basta, que puede instaurarse y al que así y todo hay que atenerse. Esta literatura ha sido recibida por los sectores liberales de la burguesía con desconcierto y animadversión, y por los reaccionarios, con la escama del agonizante al que le ofrecen un espejo. Alguno de los escritores nacidos bajo el mismo signo, como Maeztu, han huido de esas complicaciones líricas y metafísicas de una tendencia decadente irremediable y tratan de ahuecar la voz y erguir el torso reanimados por la inyección católica e imperialista y por ese falso cinismo que en estos tiempos acompaña a esa actitud en los intelectuales. Todos fueron populares por el “acento de protesta” que tuvieron sus escritos un día. Hoy se sostienen en la atención de las gentes por la intervención de factores negativos: homenajes y condecoraciones. [700] (…) Así y todo, ha hecho falta la instauración de la República para que esos escritores fueran sentados a la mesa de las clases dominantes: academias, homenajes, etc. Ninguno de ellos, exceptuando quizá a Unamuno y a Baroja, está seguro de no conocer todavía la cárcel. En el caso de Valle-Inclán, sería una reincidencia. Cuando las clases feudales estaban en el poder francamente, sin el disfraz democrático, con Primo de Rivera, fue encarcelado gubernativamente. Vuelvan o no a ser perseguido, pueden estar seguros de que o les leerá el pueblo o no les leerá nadie. Menos a Unamuno, que no interesa sino a los curas valientes, a los que se visten de paisano una vez por semana para salir de noche.»

(…)

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n092p02b«En estas condiciones [las de la II República, 1935], ¿qué decimos nosotros al hablar de la defensa de la cultura? No podemos hablar de una cultura en vigor, porque lo que nos rige –hará falta repetirlo- es una tendencia restrictiva y coercitiva contra la cultura. (…) Se ha echado del Teatro Español a una empresa acusada de izquierdismo, y lo más avanzado que ha puesto en escena ha sido Fuenteovejuna de Lope de Vega. (…) Con respecto a la libertad de pensamiento, tenemos la censura previa, y ha sido posible la muerte alevosa de un escritor de izquierdas, Luis de Sirval, sin que los tribunales reconozcan en el delincuente sino una imprudencia. Políticamente, dicen de Azaña, muy serios, que es un bolchevique.

«… No se trata de defender los fueros conquistados por la cultura, sino de infundir energía a la cultura que lucha en España hace siglos por desplazar a la teología y a la metafísica, y que sin perder ni la claridad de perspectivas ni la energía ascendente, atraviesa períodos de asfixia como el presente, durante los cuales vuelven a nuestra atmósfera los fantasmas, los grilletes, las hogueras y los silogismos. La cultura está en la ilegalidad. Tiene su campo entre el proletariado intelectual, formado por profesores, médicos, escritores y empleados identificados, consciente o inconscientemente, con la idea del progreso y, por tanto, con los intereses de la clase obrera. La cultura en la ilegalidad no hace sino continuar la tradición de las letras españolas. Desde el Arcipreste de Hita hasta nuestros días, pasando por Rojas, Cervantes, Quevedo, por los neoclásicos y los románticos y por la llamada generación del 98, la posición del hombre de pensamiento ha sido siempre de protesta y lucha. Todos los que han dejado una huella firme en nuestra cultura, en la cultura, se familiarizaron en España con la cárcel. No pocos cayeron en la horca o en la hoguera. De ahí viene el desdén de las [702] clases dominantes por el hombre de letras que procede del pueblo y en el que supone una posición disconforme. Sólo tolera las letras en el canónigo o en el duque. “Lo demás es gente de sambenito y coroza”. Y tiene razón. Les asisten quince siglos de experiencia.

«Ante el Congreso de París nosotros decimos: defenderemos la cultura que aquí es ilegal, porque, identificada con el progreso, lucha por alcanzar nuevas formas. Lucharemos en la vanguardia de la cultura española, que no ha podido aún posiciones básicas. Y en todos los casos defenderemos las conquistas de libertad, dignidad del hombre y del pensamiento del hombre, que con el disfraz farisaico de la cultura y de la civilización, hacen ver que nos conceden las clases opresoras, cuando las ha conquistado el pueblo, las masas trabajadoras, con sangres de su corazón y, lo que vale más, con el sacrificio, a través de los siglos, de sus mejores inteligencias.»

Tensor, Madrid, número 1 y 2, agosto de 1935, pp. 1-21.

Manuel Aznar Soler I Congreso internacional de escritores para la defensa de la cultura (París, 1935). Volumen II, Apéndices; apéndice II: “Dossier español del I Congreso”, pp. 688-702


* Leyenda de las tribus Bakuba del Este de Congo, recogida en La cultura como ser viviente de León Frobenius; en este libro, pp. 689-690.

* N10: «“¿Qué hacer en tal conflicto y con tales enemigos?” (se refiere a la exuberancia del genio popular y a los “enemigos” que traen de la Edad Media formas de cultura antiteológicas). “El espíritu de propia conservación se había impuesto a todo, y para salvar a cualquier precio la unidad religiosa y social había surgido en todos los espíritus el pensamiento de la Inquisición”. Menéndez Pelayo: Heterodoxos españoles, II

La Historia


Francisco de Goya: "La Verdad, el Tiempo y la Historia" (1797-1800)Tal como dice Lorenzo, esta canción del gran Francesco De Gregori, del año 85, es muy interesante y muy buena para los que intentan explicar la historia con canciones, que es lo que más o menos nos gusta hacer aquí. Es una reflexión interesante la de De Gregori sobre la historia, muy influida por el materialismo dialéctico de Marx (quizás me equivoque con el “materialismo histórico”, pues tiendo a confundirlos… pido disculpas): es decir, que es lo que subyace a la superestructura socio-económica lo que, en último término, determina la historia, o sea, la gente normal y común que vive y trabaja. Si lo preferís –yo es que no sé elegir-, la Intrahistoria de Unamuno: la historia -los grandes titulares, los grandes hechos, los grandes nombres- está determinada por ese flujo de gente, de sus sentimientos, pensamientos y de sus pequeños quehaceres cotidianos. Pero, ¡ojo!, pues, aunque ciertamente podamos considerar que son los seres humanos la que la hacen, algo más importante que eso es que la historia, con su componente natural, muchas veces es ciega e irracional: si existe una especie de justicia universal, desde luego, dijera lo que dijera tío Hegel con aquello de que si es real es racional, no rige la historia; si no, ¿cómo se entienden tantas injusticias?, ¿cómo se entiende que a veces favorezca a personas deleznables y castigue a las buenas? Una cosa que dicen a veces los personajes importantes más asquerosos es que la historia los juzgará: en eso, y muy probablemente sólo en eso, es en lo único en que no se equivoquen… Salvo cuando se ponen magníficos y sueltan aquello de que “la historia nos absolverá”.

La Storia

La storia siamo noi, nessuno si senta offeso,
siamo noi questo prato di aghi sotto il cielo.
La storia siamo noi, attenzione,
nessuno si senta escluso.
La storia siamo noi,
siamo noi queste onde nel mare,
questo rumore che rompe il silenzio,
questo silenzio così duro da masticare.

E poi ti dicono "Tutti sono uguali,
tutti rubano alla stessa maniera".
Ma è solo un modo per convincerti
a restare chiuso dentro casa quando viene la sera.

Però la storia non si ferma davvero davanti a un portone,
la storia entra dentro le stanze, le brucia,
la storia dà torto e dà ragione.
La storia siamo noi,
siamo noi che scriviamo le lettere,
siamo noi che abbiamo tutto da vincere,
tutto da perdere.

E poi la gente,
perché è la gente che fa la storia,
quando si tratta di scegliere e di andare,
te la ritrovi tutta con gli occhi aperti,
che sanno benissimo cosa fare.
Quelli che hanno letto milioni di libri
e quelli che non sanno nemmeno parlare,
ed è per questo che la storia dà i brividi,
perchè nessuno la può fermare.

La storia siamo noi,
siamo noi padri e figli,
siamo noi, bella ciao, che partiamo.
La storia non ha nascondigli,
la storia non passa la mano.

La storia siamo noi,
siamo noi questo piatto di grano.

http://www.antiwarsongs.org/canzone.php?id=4779&fb_source=message

La Historia

La historia somos nosotros, que nadie se ofenda,/ somos nosotros esta pradera de agujas bajo el cielo./ La historia somos nosotros, cuidado,/ que nadie se sienta excluido./ La historia somos nosotros,/ somos nosotros estas olas del mar,/ este rumor que rompe el silencio,/ este silencio tan duro de masticar.// Y entonces te dicen “Todos son iguales,/ todos roban de la misma manera”./ Pero es sólo una manera para convencerte/ de quedarte encerrado dentro de casa cuando viene el anochecer.// Pero la historia no se detiene realmente delante de un puerta,/ la historia entra dentro de las habitaciones, las quema,/ la historia lo hace mal y lo hace bien./ La historia somos nosotros,/ somos nosotros que escribimos las cartas,/ somos nosotros que tenemos todo que ganar,/ todo que perder.// Y entonces la gente,/ porque es la gente la que hace la historia,/ cuando se trata de elegir y de andar,/ te la encuentras a toda con los ojos abiertos,/ que saben muy bien lo que hacer./ Aquellos que han leído millones de libros/ y aquellos que no saben ni siquiera hablar,/ y es por esto que la historia da escalofríos,/ porque nadie la puede parar.// La historia somos nosotros,/ somos nosotros padres e hijos,/ somos nosotros, bella ciao, que marchamos./ La historia no tiene escondites,/ la historia no pasa la mano.// La historia somos nosotros,/ somos nosotros este plato de grano.

Francesco De Gregori

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