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La Hoguera (31-V-2015): Los Comuneros


El principal objetivo que se había marcado el programa era contar la historia, el pensamiento y las conexiones político-socio-culturales a través de la música y las canciones, por lo que el de ayer, junto a nuestro colaborador habitual, el profesor de Historia Alejandro Carrero Villena, fue un gran ejemplo. Sobre los comuneros hemos hablado aquí hasta en inglés.

Juan_de_Padilla por J. DonónLos comuneros, a modo de resumen, fue un movimiento rebelde, proto-revolucionario, surgido en la Baja Edad Media o principios de la Modernidad, como reacción al reinado de Carlos I y por la acumulación de muchas injusticias e irregularidades. Su historia puede consultarse en las entradas que la wikipedia española tiene sobre ellos y en libros y ensayos críticos y serios como los de J. A. Maravall y Joseph Pérez, autores que defienden que, aunque el carácter revolucionario o proto-revolucionario podía ser el primario en la rebelión, el movimiento comunero o de Comunidades de Castilla englobó a diversas capas sociales, siendo las más predominantes las de las clases medias: desde campesinos anti-feudalistas hasta clérigos que pedían mayor poder para la inquisición: todo un conglomerado de intereses que debían confluir y que, tal vez, fue el origen de su fracaso, cuando la Junta (órgano representativo de gobierno de las Comunidades de Castilla) apoyó revueltas campesinas contra los señores feudales (si bien, como dice el profesor Carrero Villena, el feudalismo no estaba tan extendido en Castilla).

De los comuneros quedó una imagen revolucionaria que retomarían los revolucionarios burgueses liberales del siglo XIX, levantados contra el absolutismo de Fernando VII. El histórico guerrillero Juan Martín Díaz “El Empecinado” llegó a Villalar y exhumó los cadáveres de los capitanes Juan de Padilla, Juan Bravo y Francisco Maldonado, con el fin de rendirles honores, y hasta hay textos en los que los revolucionarios liberales declaran ser herederos de los comuneros, por varias razones.

Manuel Picolo López, Batalla De Villalar (1851-1913)La imagen liberal de los comuneros es la que predominaba en historiografía, hasta finales del siglo XIX y principios del XX, cuando Ángel Ganivet propone una nueva lectura que será bien recibida por la corriente conservadora que encabezaba Menéndez Pelayo, y que será defendida por el doctor Gregorio Marañón: la tesis de que en, realidad, las ideas modernas eran las de Carlos I, que traía las corrientes renovadoras de Europa, frente a los comuneros, que defendían una idea reaccionaria basada en el ideal germánico de las caballerías feudalistas. Manuel Azaña realizó una contra-tesis que volvió al cauce. Y es que la idea cae por su propio peso, cuando pensadores como Menéndez Pelayo y el propio Marañón reivindicaban una idea de España medievalizante y conservadora, contraria a los ideales humanistas del Renacimiento (al que oponen los reinados de Carlos I y Felipe II), ideas que quedan expresadas en el libro de Menéndez Pelaya Heterodoxos españoles, en donde defiende que la idea de la verdadera España estaba en aquellos nobles e inquisidores, que la habían defendido frente a los heterodoxos, que pretendían desvirtuarla (heterodoxos como los comuneros).

Los comuneros de Castilla, ajusticiamiento de los capitanes comuneros en Villalar el 24 de abril de 1521, por Antonio Gisbert, año 1860.Contra esta corriente conservadora, se levantaron contra-argumentos desde posiciones progresistas: desde el regeneracionismo hasta el socialismo, con figuras como Antonio Machado Álvarez (padre del poeta), el joven Miguel de Unamuno, Manuel Azaña, Pablo Iglesias y otros. Para lo que nos interesa aquí se formula una idea: que lo más profundo español era el carácter proto-democrático presente en la forma de gobierno asamblearia de muchas tribus celtíberas, una fórmula que venía del norte de África (íberos), que habían respetado romanos y musulmanes, y que los feudales visigóticos pretendieron hacer desaparecer: campaña de imposición que para muchos, como Ramón J. Sender entre otros, culmina en la derrota de Villalar, cuya consecuencia más notable es que el rey adquiere mucho más poder que los nobles. Sea como fuere, todavía hay poblaciones en España que se rigen por el modelo asambleario como modelo de gobierno representativo y de decisión municipal, y está demostrado que es un modelo que data, por lo menos, de la Edad Media.Otros ensayistas más contemporáneos, como Maravall o Joseph Pérez, apoyan sus análisis en la historiografía marxista, estableciendo sus causas en condiciones materialistas, pero sin restar por ello (más bien se ve aumentado) el carácter proto-revolucionario del movimiento comunero: un movimiento cuya originalidad fue ser un levantamiento contra la persona del rey, y no contra un noble vasallo (como había sido hasta entonces la tónica general del levantamiento campesino) y, por su carácter de protagonismo de las clases medias y haber tenido su núcleo de acción en las ciudades, y no en las aldeas, sino el primero, de los primeros levantamientos burgueses semi-democráticos. Pero ¡ojo!: cuando hablamos de historia hemos de tener cuidado con la aplicación de las categorías, ya que cada época histórica tiene su propia estructura social, económica y política, y su propio sistema de ideas, relativo a estas estructuras, de manera que lo que hoy nos puede parecer muy progresista o muy reaccionario, en otro momento de la historia podría haber sido todo lo contrario (sin olvidar que los conceptos “progresista” y “reaccionario” son relativamente muy recientes).

María Pacheco después de Villalar, cuadro del pintor Vicente Borrás (s. XIX)Llegamos a los años del bajofranquismo y la transición democrática. La figura de los comuneros había quedado soterrada (incluso en la República: hay muy pocas producciones, poéticas o ensayísticas, que reivindiquen su figura o hablen sobre ellos), pero en un momento determinado la izquierda castellana comienza a reivindicar su figura, en un intento de desvincular la región y la historia de la interpretación oficial del régimen franquista (que tomó mucho de ese pensamiento conservador de finales del siglo XIX), por la cual Castilla había vertebrado la idea de nación española, por lo que España quedaba reducida en su teoría a Castilla: la historia de los comuneros y su interpretación progresista venía a desmentir esta interpretación de la Castilla señorial de nobles y clérigos que consiguieron dominar al resto de reinos peninsulares, territorios europeos en el extranjero y toda América del Sur y Central. En el año 72, el poeta zamorano Luis López Álvarez escribe un largo y épico poema basado en la historia de los comuneros, en donde abunda en esta idea y tendría gran influencia entre la izquierda castellana. Así llega el gran conjunto de folk castellano, el Nuevo Mester de Juglaría, que, habiendo empezado como un conjunto de folklore y música de raíz (pero no cerrados en la ortodoxia), comenzaron en los 70 a hacer una canción crítica con las canciones populares; en 1976, con el poema de Luis López Álvarez por un lado, y con el cancionero castellano recopilado por el gran músico y etnólogo Agapito Marazuela, dieron el que ha sido su disco más popular, con los arreglos musicales de José Aldea y José Torregrosa: Los comuneros, disco cuyas canciones aún gozan de gran popularidad, sobre todo por la facilidad para aprendérsela que tiene la música folklórica en sí. Pero el disco es un poco como el famoso disco de Joan Manuel Serrat sobre Antonio Machado: constituye un excelente resumen y modo de conocer un libro, pero no lo recoge en su integridad: el poema es más largo y complejo, y el Nuevo Mester de Juglaría, por razones de tiempo, dinero, estéticas y quizás por imposiciones de censura, altera el orden de los textos y no recoge algunas partes que pudieran ser más difíciles de centrar en una canción (o que hubieran sido rechazadas por la administración). Pero esto ni mucho menos es un reproche, sino una advertencia para quien crea que sólo oyendo el disco se conoce el poema de López Álvarez; como dijo Gabriel Celaya: a la canción hay que darle lo que es de la canción.

Portada de Por supuesto, en el programa de ayer sonó una selección de las canciones de este disco, pero no sólo: de fondo pudimos oír a Elisa Serna y su “Regreso a la semilla”, canción en la que la gran Elisa reivindica esa herencia comunera para Castilla; y también una “Jota comunera”, baile castellano llamado así, interpretado a las dulzainas por el gran Agapito Marazuela y el que fue su alumno más aventajado Joaquín González. De las canciones que sonaron íntegras contamos con el “Romance de la reina Juana” de Amancio Prada sobre otro poema de Luis López Álvarez con la misma temática. Y, para acabar, la versión del “Castilla, canto de esperanza”, llamado “1521”, a cargo del grupo de rock vallisoletano Imperativo Legal.

Escuchar:

http://www.ivoox.com/comuneros-audios-mp3_rf_4575662_1.html

http://www.getafevoz.es/programas/la-hoguera/

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La guerra de Antonio Machado (María Zambrano)


María-ZambranoLa gran pensadora española María Zambrano sentía una gran admiración y un no menor cariño hacia Antonio Machado, por la razón de que cuando Machado estuvo en Segovia entabló amistad con Blas Zambrano, su padre. Por eso se deshacía en elogios hacia el poeta, que sin embargo no velaba la auténtica esencia del poeta-pensador, en la reseña que hizo en la revista Hora de España, en diciembre de 1937, sobre su libro La Guerra, que reunía muchas de sus poesías escritas hasta ese momento y la prosa didáctica de su profesor apócrifo Juan de Mairena (con el que ya se había identificado plenamente), al que utilizaba para expresar sus sencillos pensamientos filosóficos (morales, políticos, estéticos, metafísicos…).

Aquí presentamos una selección de textos de esta reseña; se puede encontrar en María Zambrano: Los intelectuales en el drama de España y Escritos de la guerra civil. Presentación de Jesús Moreno Sanz. Editorial Trotta, Madrid, 1998, pp. 171-178 (III. Escritos y notas durante la guerra civil. “La guerra de Antonio Machado”).

La Guerra de Antonio Machado

(…)

«La poesía española es tal vez lo que más en pie ha quedado de nuestra literatura, cosa que no nos ha sorprendido, porque su línea ininterrumpida desde Juan Ramón Jiménez es lo más revelador, la manifestación más transparente del hondo suceso de España, y si algún día alguien quisiera averiguar la profunda gestación de nuestra historia más última, tal vez tenga que acudir a esta poesía como a aquello en que más cristalinamente se aparece. Lo que estaba aconteciendo entre nosotros era de tal manera grave, que huía cuando se pretendía apresarlo y aparecía, en cambio, en casi toda su plenitud cuando el hombre creía estar solo, entregado a sus más íntimos y recónditos afanes. Por esto y por otras razones, entre las que pudiéramos apuntar que la historia de España es poética por esencia, no porque la hayan hecho los poetas, sino porque su hondo suceso es continua trasmutación poética y quizá también porque toda la historia, la de España y la de cualquier otro lugar, sea en último término poesía, creación, realización total; por todo esto que se apunta y por otras cosas que se callan, tal vez sea la poesía española, desde Juan Ramón Jiménez hasta hoy, el índice o documento mejor de nuestros verdaderos acontecimientos.

«Testimonio de nuestro suceso, la poesía, hasta en sus últimas consecuencias, ha tenido el testimonio extremo, ha tenido sus mártires y hasta sus renegados, si bien es verdad que la poesía de estos últimos se ha desdibujado de tal manera que apenas existe. La poesía española hoy nos acompaña, justo es proclamarlo, y con tanta mayor imparcialidad por no ser quien esto afirma y siente de la estirpe de los poetas.

«Pero entre todos los poetas que en su casi totalidad han permanecido fieles a su poesía, que se han mantenido en pie, ninguna voz que tanta compañía nos preste, que mayor seguridad íntima nos dé, que la del poeta Antonio Machado.

«No es un azar que sea así, por la condición misma poética que de siempre ha tenido Machado; nada nuevo nos brinda, nada hay en él que antes y desde el primer día ya no estuviera. Y si hoy aparece en primer término y con mayor brillo, se debe no a lo que él haya añadido, sino a la situación de la vida española, a que por virtud de las terribles circunstancias hemos venido a volver los ojos, en esa última mirada de vida o muerte, hacia lo cierto, hacia lo seguro, hacia la verdad honda que en horas más superficiales hemos podido quizá eludir. La voz poética de Antonio Machado canta y cuenta de la vida más verdadera y de las verdades más ciertas, universales y privadísimas al par de toda vida. ¿Qué sería de nosotros, de todo hombre, si no supiésemos hoy y no nos lo supiese recordar el saber último que con sencillez de agua nos susurran al oído las palabras poéticas de Machado? Y aunque en última instancia todo hombre, toda hombría en plenitud, sepa de esas cosas, es necesaria siempre su formulación poética, porque en la conciencia de un poeta verdadero adquieren claridad y exactitud máxima, al ser expresadas, al ser recibidas por cada uno en su perfecto lenguaje, ya no nos parecen nuestras, cosa individual, sino que nos parecen venir del fondo mismo de nuestra historia, adquieren categoría de palabras supremas, esa que todo pueblo ha necesitado escuchar alguna vez de boca de un legislador, legislador poético, padre de un pueblo. Palabras paternales son las de Machado, en que se vierte el saber amargo y a la vez consolador de los padres, y que con ser a veces de honda melancolía, nos dan seguridad al darnos certidumbre. Poeta, poeta antiguo y de hoy; poeta de un pueblo entero al que enteramente acompaña.»

(…)

«… La palabra del poeta ha sido siempre necesaria a un pueblo para reconocerse y llevar con íntegra confianza su destino difícil, cuando la palabra del poeta, en efecto, nombra ese destino, lo alude y lo testifica; cuando le da, en suma, un nombre. Es la mejor unidad de la poesía con la acción o como se dice con la política, la mejor y tal vez única forma de que la poesía puede colaborar en la lucha gigantesca de un pueblo: dando nombre a su destino, reafirmando a sus hijos todos los días su saber claro y misterioso del sino que le cumple, transformando la fatalidad ciega en expresión liberadora. Y sin buscarlo nos acude a la mente un nombre: Homero, a quien de un modo literario en nada pretendemos cotejar con nuestro humilde cantor de los campos castellanos, el cantor -¿coincidencia?- de las altas praderas numantinas. No se trata de comparar méritos, ni nosotros sabríamos discernirlo, pero es quizá una categoría poética que un poeta determinado puede llevar con o más menos talento, con más o menos fortuna literaria. Si acude con su grandeza impersonal –impersonal hasta en su ciega mirada- el divino cantor de la Grecia legendaria es por eso, justamente, por su impersonalidad, porque a su través ya no creemos escuchar a un hombre determinado, sino a un pueblo.

«Todo ello acude a decirnos que es Antonio Machado un clásico, un clásico que por fortuna vive entre nosotros y posee viva y fluyente capacidad creadora. Y es clásico también por la distancia de que su voz nos llega; con sentirla cada uno dentro de sí, se le oye llegar de lejos, tan de lejos que oímos resonar en ella todos los íntimos saberes que nos acompañan, lo que en la cultura viene a ser la paternidad, aquello que poseemos de regalo, de herencia. Por el solo hecho de ser española recibimos el tesoro con nuestro idioma, lo recibimos y llevamos en la sangre, en lo que es sangre en el espíritu, en aquello vivo, íntimo y que, siendo lo más inmanente, es lo que nos une: la sangre de una cultura que late en su pueblo, en el verdadero pueblo, aunque sea analfabeto. Y por esto es también su viva historia lo que pasa y lo que queda.»

«Poeta clásico. Una de las cuestiones que más falta haría aclarar y poner de manifiesto es la diferente manera de ser poeta o las diferentes formas de poesía. No cabe con una mínima honestidad intelectual abarcar lo mismo a fenómenos y sucesos tan desemejantes como el de Verlaine y Dante, por ejemplo. Aunque a todos abarque la unidad de la poesía, sin duda son varias las especies de ella, que hacen distinta la situación del poeta con respecto a su propia poesía y distinta la función histórica de la misma poesía.»

(…)

Machado: «Todo poeta –dice Juan de Mairena- supone una metafísica; acaso cada poema debiera tener la suya –implícita-, claro está –nunca explícita-, y el poeta tiene el deber de exponerla por separado, en conceptos claros. La posibilidad de hacerlo distingue al verdadero poeta del mero señorito que compone versos.»

«Es esta relación entre pensamiento filosófico y poesía uno de los motivos más hondos para clasificar a un poeta, si la tal clasificación existiera. Un motivo hondo, moral, salta a la vista en el caso de Machado. Y es el sentimiento de responsabilidad. Machado hombre acepta lo que dice Machado poeta y pretende en último término darnos las razones de su poesía, es decir, que el poeta humildemente (…) somete a justificación su poesía, no la siente manar de esas regiones suprahumanas que unas veces se han llamado musas, otras inspiración, otras subconciencia, designando siempre, al poner su origen tan alto o tan bajo, mas nunca en la conciencia, que la poesía no es cosa de la que se pueda responder; que ello es cosa de misterio, cosa de fe, milagrosa revelación humana en que no interviene el Dios, pero sí lo que cerca del hombre sea más divino, esto es, más irresponsable.

«Machado, que dice sin embargo, en una de las páginas de este libro: “por influjo de los subconsciente sine qua non de toda poesía”, somete luego la poesía a razón diciendo que la lleva implícita, es decir, que en último término no cree en la posibilidad de una poesía fuera de razón o contra la razón, fuera de la ley. Para Machado, la poesía es cosa de conciencia. Cosa de conciencia, esto es, de razón, de moral, de ley.

«Y si miramos a su propia poesía, sin atender a los pensamientos que Juan de Mairena o el mismo Machado hombre nos da en La Guerra, vemos que no le es ajeno el pensamiento. No sucede esto en el mundo por primera vez: que pensamiento y poesía, filosofía y poesía se amen y se requieran en contraposición, y tal vez para algunos, consuelo de aquellas veces en que mutuamente se rechazan y andan en discordia. No es la primera vez, y así acuden a nuestra memoria las diversas formas de esta unidad. Los primeros pensamientos filosóficos son a la par poéticos [Parménides y Pitágoras, «poetas y filósofos son al mismo tiempo los descubridores de la razón en Grecia»; Dante (poesía escolástica), Baudelaire; pero, más cercano, Jorge Manrique] (…) De un lado Jorge Manrique, de otro la poesía popular, especialmente andaluza, en que nuestro pueblo dicta su sentir, sentir que es sentencia, esto es, corazón y pensamiento.»

El estoicismo de Manrique parece tener raíces populares

Machado, como, en cierto modo, por el tema del amor, su carácter de “poeta erótico”, continuador de la mística de san Juan de la Cruz:

«… Amor infinito hacia la realidad que le mueve a reintegrar en su poesía toda la íntima sustancia que la abstracción diaria le ha restado.»

(…)

Machado: «Poesía y razón se completan y requieren una a otra. La poesía vendría a ser el pensamiento supremo por captar la realidad íntima de cada cosa, la realidad fluente, movediza, la radical heterogeneidad del ser.»

(…)

«Amor y conocimiento, a través de estas páginas de La Guerra, van directamente hacia su pueblo. La entereza con que el ánimo del poeta afronta la muerte le permite afrontar cara a cara a su pueblo, cosa que sólo un hombre en su entereza puede hacer. Porque es la verdad la que le une a su pueblo, la verdad de esta hombría profunda que es la razón última de nuestra lucha. Y en ella, pueblo y poeta son íntimamente hermanos, pero hermanos distintos y que se necesitan. El poeta, dentro de la noble unidad del pueblo, no es uno más, es, como decíamos al principio, el que consuela con la verdad dura, es la voz paternal que vierte la amarga verdad que nos hace hombres. Voz paternal de Machado, aunque tal vez a sentirla así contribuya, para quien esto escribe, el haber visto su sombra confundida con la paterna en años lejanos de adolescencia (…)»

El libro se cierra con un recordatorio a Emiliano Barral

«… Sin melancolía y con austero dolor nos habla a lo más íntimo de nosotros este libro, La Guerra, ofrenda de un poeta a su pueblo.»

Hora de España (Valencia-Barcelona), XII (diciembre de 1937), pp. 68-74


La edición que utilicé reproducía al final del texto, a modo de anexo, una carta que Antonio Machado le remitió a María Zambrano, no recuerdo si en agradecimiento por la reseña. Una carta en la que Machado habla a la pensadora en unos modos que denotan a la vez un inmenso cariño y un profundo respeto. Machado, a pesar de ser tan mayor como lo era el padre de Zambrano, le habla en los mismos términos en los que se podría referir a cualquier otro. No recogí la carta, pero en este blog se reproducen las palabras finales de dicha carta:

Diga V. a su padre -mi querido don Blas-, que lo recuerdo mucho, y siempre para desearle toda suerte de bienandanzas y de felicidades. Dígale que, hace unas noches, soñé con que nos encontrábamos otra vez en Segovia, libre de fascistas y de reaccionarios, como en los buenos tiempos en que él y yo, con otros viejos amigos, trabajábamos por la futura República. Estábamos al pie del acueducto y su papá, señalando a los arcos de piedra, me dijo estas palabras: "Vea V., amigo Machado, cómo conviene amar las cosas grandes y bellas, porque ese acueducto es el único amigo que nos hoy queda en Segovia". En efecto -le contesté-, palabras son esas dignas de su arquitecto. (Poesía y Prosa, Tomo IV, pág. 2228, ed. de Oreste Macrì)

Recopilado por Javier Quiñones Pozuelo

Ramón J. Sender, un intelectual ilegal


Ramón J. Sender, hacia estos añosA pesar de que la representación de intelectuales españoles, presididos por Julio Álvarez del Vayo (en sustitución de Valle-Inclán, ya bastante enfermo), paso por las sesiones que tuvieron lugar en el palacio de la Mutualité durante el Primer Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura, celebrado en París en la primavera de 1935, sin apenas pena ni gloria (y, debido a un fallo de cálculo en las intervenciones, su intervención se produjo gracias a la gentileza del escritor francés André Gide), y suscitó muchas críticas (del tipo, “no son todos los que están ni están todos los que son”, aunque Álvarez del Vayo mantuvo el tipo), muchas de las ponencias que se dijeron fueron reproducidas en la prensa liberal e izquierdista y tuvieron mucha repercusión entre la joven (y veterana) intelectualidad española de izquierdas. De entre ellos, le dio mucho que pensar al gran Ramón J. Sender, bien conocido autor de la novela Réquiem por un campesino español, quien en su revista Tensor reflexionaba acerca de la cultura española, llegando a conclusiones sorprendentes; las más importantes son: 1) que, por la evolución histórica nacional, la verdadera cultura española es la que está, por sistema, en un cierto margen de ilegalidad; y 2) que, ya que mucho se hablaba en el Congreso acerca de realismo literario, y sobre todo de realismo-socialista, si una literatura, una cultura, merecía estar allí y mejor representada (no es que tuviera nada –supongo- contra el socialista Álvarez del Vayo, pero éste no era un escritor, sino un político, y como dijo otro escritor –que no recuerdo-, lo que dijo Álvarez del Vayo estuvo bien políticamente, pero no literariamente) por méritos propios, ésa era la literatura y la cultura española. Sender se apoya en claros ejemplos de la cultura, como son Cervantes y su Quijote, las pinturas de Goya y Velázquez, la poesía de Quevedo, etc.

Traigo aquí una reproducción parcial de su artículo, “La cultura española en la ilegalidad”, reproducida en la gran obra de Manuel Aznar Soler I Congreso internacional de escritores para la defensa de la cultura (París, 1935). Se trata en realidad de una selección de párrafos, con mis notas, y las referencias a las páginas para su mejor consulta. Aquí, en la página del Instituto de Estudios Altoaragoneses, puede encontrarse una reproducción facsímil de dicha revista, en donde se recoge íntegramente este sesudo artículo:

http://www.iea.es/_docum/Rememoranzas_7.pdf

Las imágenes son un añadido mío para hacerlo más atractivo…

Ramón J. Sender:
La cultura española en la ilegalidad

«… La burguesía liberal entiende que la cultura es la aptitud de creación de los individuos y de los pueblos realizada en armonía con problemas y necesidades colectivos. Es, al parecer, la opinión del sector liberal burgués, que precisamente, se apoya en esa idea de la cultura como base de su idealismo. Lo que no hacen es pararse a analizar esos problemas y tendencias, y mucho menos sacarle las entrañas a esa expresión de “lo colectivo” donde les aguardan las contradicciones. Y es ahí [689] donde está toda la cuestión. La cultura es la lucha organizada por el dominio de la naturaleza. Donde comienza el hombre a percatarse de sus posibilidades en relación con un medio que ofrece resistencia y se une con otros para comprobar una misma experiencia, sacar una inducción y generalizarla, comienzan la cultura y la civilización.

image005-familia[Sobre un extracto de las conferencias de Santander, acerca del descubrimiento del fuego] «… El hombre nace con la primera inducción. No sabe lo que es el fuego; pero la experiencia le demuestra que en ciertas condiciones se puede conservar sin peligro, y que eso produce bienestar que ahorra esfuerzo. Para sostener y conservar el fuego lo rodea de maderas secas, lo cubre de cenizas, etc. Pero también tiene que rodear al fuego de una atmósfera imaginativa. Llena con supersticiones el vacío de todo lo que ignora en relación con el fuego. Se inventan mitos en cuya conservación nacen las religiones. “Entre el fuego y el mito del fuego” hay un espacio por donde anda a placer la imaginación del hombre primitivo. Con las primeras tribus salen convenios de asistencia y de defensa, y sobre ellos y sobre los hecho memorables de cada colectividad va fijándose una cierta filosofía moral rudimentaria que se expresa en la poesía u [sic.] en la danza –la danza de todos los pueblos primitivos son descriptivas-. Entre las costumbres y la poesía, entre el trabajo y la danza, el hombre primitivo va y viene identificado consigo mismo y con la vida.»

(…)

690

«La cultura es el proceso que lleva el mito del fuego hasta la moderna termodinámica, la canción berberisca a la “Revue du Monde Musulman” y la poesía del camino comunal a la propiedad privada*, a las fórmulas jurídicas del Corán, hasta –en nuestros días- el Derecho foral aragonés y, finalmente, hasta las pistas soviéticas. “El paso de lo mostrenco a la propiedad privada y después a la social y colectiva.” Adheridas a cada paso quedan reminiscencias. El fuego en las hogueras de San Juan y en el mito guerrero del soldado desconocido. El camino en las abstracciones líricas de los poetas y la rueda, aliada eterna del camino, en el 2πr, fórmula matemática. Ese proceso es, a mi entender, la cultura, y en todo eso hay unidad y continuidad. Por esa unidad y continuidad, los esclavos, los explotados, las clases populares y, por fin, el proletariado, lo han hecho casi todo. Con la vigilancia, la amenaza y la lucha, porque a veces las clases dominantes han tratado de romper la continuidad –el nacionalsocialismo hoy en Alemania- y lo han conseguido. (…) Ese proceso, que se ha ido cumpliendo de manera más o menos accidentada en los países que hoy representan la civilización, lo vemos a lo largo de la historia de España falto de unidad y de continuidad, forzado y contrahecho por las clases dominantes. El empuje de abajo ha impedido, sin embargo, que quedáramos en una situación parecida a la de Marruecos con nuestras cabilas alrededor del santón, del marabú o del kader. El feudalismo y la burguesía tuvieron que ir cediendo una y otra vez. Pero el mismo atraso que se da en las formas sociales se da en la cultura en relación con Francia, Inglaterra, Holanda. El secreto está que en la burguesía española no ha hecho aún su revolución y vivimos una prolongación forzada y anacrónica del feudalismo.

idiomavalenciaMOZARABES«La historia de la cultura es siempre, naturalmente, un poco la historia de la barbarie. En el caso nuestro es la historia de la barbarie de las clases dominantes bajo la que palpita la necesidad de libertad de pensar, de organizar, de crear, del pueblo. Es la relación simple y obstinada de un proceso de represión de las tendencias sociales racionales, cultas, que nacen en el pueblo al lado de los avances económicos y que exigen la continuidad. ¿Tendencias cultas en el pueblo? Efectivamente. En la Edad Media hay un desbordamiento de formas populares en el arte, en las relaciones sociales, en el pensamiento. [para Sender eran formas que venían de la época prerromana, desde los [691] berberiscos de África del Norte, que los romanos asimilaron, respetaron los árabes y visigodos, y desaparecieron con la derrota de Villalar, y que «Sólo se quisieron destruir a partir de la unidad nacional y de los Reyes Católicos»]

[En muchos aspectos, la Edad Media española se adelantaba a la Revolución Francesa]:

«… En la poesía, en las artes, en el comercio, la libertad daba excelentes frutos. La pasión de la libertad y de la igualdad no nos vienen a nosotros de la Revolución francesa, sino del Atlas. Un estudio severo de esta cuestión resolvería casi todas las confusiones que conturban hoy a los republicanos.»

691-692

Explica cómo el feudalismo visigótico y la iglesia acaban con las instituciones, concejos y asambleas democráticos de los hispano-romanos, que fueron respetadas por los invasores árabes, no obstante (en donde encontraron un refugio contra las pretensiones visigóticas); también de cómo Isidoro de Sevilla protesta al rey Sisebuto, en nombre de la “dignidad del hombre”, la represión contra el pueblo que se oponía a estos cambios. Es un proceso que culmina en 1521:

692

«… Pero nobleza e Iglesia se llenan por fin de razón ante el levantamiento de los comuneros, de donde parte toda la tragedia popular de España. Iglesia, monarquía, nobleza se unieron apretadamente para imponer por el terror un estado europeo compacto. Y la primera consecuencia del terror fue, como siempre, “envilecer e incapacitar al pueblo”. Allí comienza la decadencia, que llega sin interrupción hasta finales del XIX, en que se agita otra vez el país trabajador por la reconquista de sus órganos democráticos, sobre todo en Barcelona y Levante, que son las zonas del capitalismo precoz.

Torquemada«El desbordamiento de formas populares antes de la Edad Media y en ella produce un arte espléndido, desde la artesanía –alfares, cueros, tejidos, aceros- hasta la poesía y la filosofía. (…) Antes aun de existir la Inquisición se comprenderá que la represión de estas tendencias no habría de ser muy difícil. “Quisieron ahogarlas, pero la corriente socavó y logró abrir un cauce subterráneo.” Ése ha sido ya siempre, sobre todo a partir de la unidad nacional y del Estado, el camino de nuestra verdadera cultura. Sobre ella reinaba despóticamente la superstición, la barbarie metafísica religiosa, que cuando hablaba de cultura quería asimilarse en el prestigio de una lengua muerta las glorias del latinismo… Esa desviación hace que la cultura haya estad desde Ramón Llull en la ilegalidad. Al hablar, pues, de la defensa de la cultura en España nos tenemos que referir a “la conservación de posiciones mínimas frente al Estado”, que representa todavía normalmente la barbarie, más que a la defensa de una cultura en vigencia. Desde antes del Poema del Cid, la cultura es ilegal y se desarrolla cayendo en constantes accidentes y sufriendo largos eclipses. Lo que se impone como cultura no es sino una anticultura teológica, mística y dogmática. La identidad, advertida a tiempo por Carlos V, de los movimientos religiosos (la Reforma, en Alemania) con las revoluciones populares de las que son sólo su disfraz, hace que toda la fuerza del naciente Estado caiga sobre las manifestaciones espontáneas del pensamiento, y especialmente sobre aquellas en las que se trasluce la tendencia a la creación popular. [693] [culpa del atraso cultural a la Iglesia: a Torquemada y a Cisneros especialmente, que presidieron la quema de libros] (…) La salida de la Edad Media se caracterizó por la asfixia de los movimientos y tendencias populares que, bajo la libertad de cultos y de creencias de los árabes –unida a los cuales va la libertad de comercio-, tendían a la consolidación de una nacionalidad o un conjunto de nacionalidades que hubiera hecho de la Península el país más culto y más rico de Europa. La destrucción de lo que pudo haber sido la base de una cultura autónoma iba paralela a la represión de cualquier manifestación de pensamiento no controlada directamente por la Iglesia. (…)

"La Expulsión de los Sefardíes", Emilio Sala, s. XVII«Contra la corriente popular, antes y después de la expulsión de árabes y judíos, el feudalismo y la Iglesia, que veían el peligro y lo comprobaron después en la Reforma, desencadenan las furias organizadas de la Inquisición. (…) [694] [grandes empresas de telas en Sevilla, Cataluña y Levante entre el siglo XIII y el XV] Las bases de una burguesía con sus libertades económicas y políticas las teníamos en todo el litoral mediterráneo en esas zonas es donde la República democrática tiene una base popular más efectiva. En el terreno ideológico, la misma fusión del espíritu oriental y judío que se ve en el comercio, enlaza sin violencia con las corrientes del Norte –el humanismo liberal- (…) “todo el pensamiento mediterráneo y oriental”, coincidiría en España con el liberalismo de los humanistas a través del recodo del Renacimiento. Este pensamiento herético, que iba de acuerdo con el rápido desarrollo de las condiciones económicas hacia formas burguesas, fue reprimido, perseguido y, finalmente, destruido. (…) Pero lo cierto es que, a partir de la unidad nacional, la monarquía, los señores feudales y la Iglesia poseen la fuerza económica, las armas, el fuego temporal y el eterno, y todo español cuyo pensamiento trasciende con una fuerza de proyección sobre su tiempo es perseguido y destruido si no se aviene con la teología tomista o la mordaza. El feudalismo y la Iglesia se proponen que España no entre en el período de libertad de conciencia y de libertad de comercio que ha creado en otros países una burguesía fuerte, porque temen a esa burguesía, que ha de desplazarles. (…) [a los escritores de esta época, como Fray Luis de León] se les condenaba, como a Santa Teresa y a San Juan [695] de la Cruz, por su realismo, siquiera fuera una simple expresión realista de “lo divino”. Todos ellos conocieron la persecución. Los poetas se tragaban sus versos y los filósofos desviaban su pensamiento bajo el terror, hasta –por ejemplo- el quietismo suicida de Miguel de Molinos.

Manuel Picolo López, "Batalla de Villalar"«Sofocando el movimiento de los comuneros en Villalar y aniquiladas por el fuego sus raíces, la monarquía feudal y la Iglesia se sintieron vencedores. Pero el pensamiento prohibido, el espíritu perseguido, eran muy fuertes en el pueblo. Bajo las formas de judaísmo, herejía, ateísmo, paganismo, había mil matices de rebeldía que mantenían viva la llama del espíritu popular y que, bajo la fuerte caparazón de la teología, representaban con hechos aislados en las letras y en las artes “la continuidad de nuestra cultura” [ejemplo: presencia de desnudos femeninos, a veces lascivos y otras pornográficos, en las sillerías de casi todos los coros catedralicios] (…)»

695-696

Ejemplos en la literatura: poetas populares como el Arcipreste de Hita, La Celestina, El Lazarillo, Quevedo…

696

Marcelino Menéndez Pelayo«… Que esas mentalidades [con el ejemplo del jesuita padre Garav, calificador del Santo Oficio, que describía en sus La fe triunfante en Quatro autos (Mallorca, 1691) algunos autos de fe con cierto sadismo] sean “lo culto” en la España del siglo XVIII, cuando Cervantes escribe en la cárcel el Quijote y hace decir a Sancho con esa amargura cautelosa que impregna toda la obra: “Más valiera que dejáramos las caballerías y nos metiéramos a frailes”, porque doscientos azotes representan en la sociedad de entonces más que “dos mil lanzadas” y que cualquier otro género de heroísmo; cuando Quevedo huye de la justicia con sus manuscritos; cuando allí donde aparece una manifestación del genio popular contra Aristóteles –contra el estado aristocrático y la esclavitud-, contra San Agustín, contra [697] Santo Tomás, va a dar en la cárcel o en la hoguera. Que los millares de padres Garav que pueblan España y a quienes Menéndez Pelayo disculpa en nuestros días*, representen la cultura –y que la represente hoy Menéndez Pelayo- explica la decadencia desde el siglo XVI a principios del XX. Por tres cosas se luchó a lo largo de todo ese periodo: “por la libertad de pensamiento y de comercio, por la autonomía jurídica y por la autonomía e independencia de las formas de pensamiento y de arte”. Otros tres fenómenos se oponían: “catolicismo –inquisición-, civilismo romanista –cesarismo- y universidades orientadas exclusivamente a la imitación de lo clásico”. Nadie se atrevía a hacer otra cosa. Escribir en romance era un signo de incultura, y sólo se atrevían a hacerlo atrincherando la prosa en citas latinas y griegas.

Larra«… Ya en el siglo XIX los reyes que venían sosteniendo el equilibrio interior amenazando a la nobleza con el pueblo, culpando ante el pueblo a la nobleza y aliándose con uno o con otro según la fuerza y la dirección de las presiones, recurrían, cuando el equilibrio se hacía insostenible, a la ayuda de Roma y de alguna corte europea, y a lo largo del siglo XIX intentó dejar el paso a una burguesía débil, desorganizada y lo bastante separada del espíritu popular para no atemorizar a las capas religiosas y feudales. Burguesía educada en conventos, que leía ediciones “expurgadas” del Quijote y que guardaba bajo llave los “libros profanos”, dejando sólo al alcance de la mano los de historia sagrada, de exégesis teológica o de devoción. En los escasos paréntesis en que la burguesía ocupó el poder, o se incorporó al plano feudal o tuvo que dejarse vigorizar por la influencia popular. Una parte de la burguesía, polarizada hacia las corrientes democráticas de la Revolución Francesa, se identificó con el pueblo. (…) El panorama de la cultura, entonces, aún después de abolida la Inquisición, no puede ser más triste. Representa la filosofía española un cerebro obstinado que sigue machacando el hierro ya frío del tomismo –Balmes-; el “lozano” misticismo castellano, el padre Claret. La poesía, un decadente neoclasicismo a través de formas francesas que va a desembocar en el romanticismo después de la fecunda y agitada vida de Moratín –persecución, destierro, etc.- y la no menos agitada de Juan N. Gallego, que tiene que refugiarse en Barcelona, al amparo del Ejército francés que la ocupa, para huir de las iras del rey y de una Iglesia a la que pertenece –era arcediano en Valencia-. [698] Sigue, como en los siglos anteriores, la cultura en la ilegalidad. (…) Después de esta etapa y del suicidio de Larra –talento de primera fuerza, infundido de esencias populares y con una fuerte base de humanidades, que dice: “escribir en España es llorar”-, se entra en un romanticismo imitativo y engolado que cuenta en su haber un gran poeta –Zorrilla- que identifica lo popular con los aristocrático (de ahí su gran éxito conformista) y otros astros menores que viven entre conspiraciones, fugas y romances descriptivos y que a veces, como sucede con Espronceda, representan no la cultura liberal francesa, sino las formas más avanzadas del espíritu popular con sus matices locales y el vigor desconcertado y desigual que se produce bajo un régimen de terror. (…)

Valle-Inclan«Los libros que podían en aquel tiempo representar la cultura eran perseguidos, aun estando en el poder de la burguesía, si no por el Estado, por su estructura superior católica. Hasta hace veinte años estaba prohibido el Quijote sin enmiendas, La Celestina, el Buscón. Y no hablemos ya de los escritores de la época, de los que sólo se salvaba el padre Coloma. No eran prohibiciones sectarias de un grupo religioso, sino del sector social en el que la Iglesia ejercía su dictadura. (…) Sólo autorizaban los curas cierta libertad en las bibliotecas de algún terrateniente. Se han entendido siempre muy bien con ellos, “porque saben que llevan su suerte unida”. Así, a los propietarios feudales les permitían bromas espirituales que de ningún modo toleraban a los burgueses, ni menos al pueblo. Todavía existen hoy, y no sólo en los pueblos, sino en las ciudades, millares de hogares donde se queman los libros de Pérez Galdós, primer novelista burgués español. En estas condiciones, la “generación del noventa y ocho” presenta dos casos de burgueses de raíz a un tiempo popular y culta: Ganivet y Costa. (…) [699] En la frase de Costa: “política de calzón corto”, de pequeños campesinos, estaba la expresión de un movimiento antifeudal y de una cultura no teológica; el mismo movimiento interrumpido en Villalar con la derrota de los comuneros, resucitado parcialmente hasta hacerse la ilusión de estar en el poder con Jovellanos y Aranda, y reanudado sin éxito a lo largo de todo el siglo XIX. Pero la “generación del noventa y ocho” no la definen Ganivet y Costa, que representan lo más vigoroso y vital y ascendente del pensamiento popular –del pensamiento culto sintonizado con el sentir y el querer del pueblo-, sino Unamuno, Baroja y Azorín. A estas fechas hay que suponer que han dado ya lo más característico de su obra. El primero representa la descomposición de la metafísica medieval. Su resentimiento con Cervantes procede de que Cervantes trató de realizar la liquidación del feudalismo en el Quijote, y lo hizo sin ninguna solemnidad, sacando con la fuerza del genio, sin pretenderlo y sin sospecharlo, a sus dos tristes campeadores del marco de los acontecimientos, proyectándolos en libertad sobre el mundo y los tiempos. Unamuno ha tratado de hacer lo mismo con una solemnidad rectoral, alardes de griego y latín, y dando a su pensamiento, adrede y por fuerza, una falsa proyección sobre el mundo y los tiempos. Con eso ha sucedido que se queda toda la obra de Unamuno en la representación escrita de un fenómeno particular: “la liquidación de un pensamiento feudal rezagado”. Los otros dos escritores caracterizados del 98, sobre todo Baroja, ofrecen un fenómeno mucho más interesante, porque afecta a la médula y a las contradicciones entrañables de nuestro tiempo: la descomposición del idealismo burgués “antes de que haya llegado a tener un vigor mínimo” en la sociedad a la que pertenece el escritor. A Azorín le distingue tal cual tendencia episódica –pero que revela una sensibilidad fina y sana- a identificarse con el sentimiento popular. Es a esa zona del sentimiento popular a la que lleva los episodios más duros de la lucha de clases, tratándolos con un liberalismo humanitario fiel en el fondo a la idea de que el progreso humano no debe detenerse ante ningún prejuicio histórico de conservación. Los casos de Valle-Inclán y Antonio Machado son muy diferentes. Algún día se hará el estudio de la espléndida obra de Valle-Inclán, donde se ve la esencia popular concentrada y sublimada en el camino oculto que corre a lo largo de los últimos cuatro siglos, para reaparecer hoy con su realismo alucinante, buscando los rasgos genuinos de toda la ruina feudal, religiosa y militar. Antonio Machado es también un caso dispar del 98. Su lirismo rebasa el fenómeno social y filosófico al que sirven de distintas maneras Unamuno y Baroja: la metafísica religiosa en quiebra y el idealismo burgués, que no basta, que puede instaurarse y al que así y todo hay que atenerse. Esta literatura ha sido recibida por los sectores liberales de la burguesía con desconcierto y animadversión, y por los reaccionarios, con la escama del agonizante al que le ofrecen un espejo. Alguno de los escritores nacidos bajo el mismo signo, como Maeztu, han huido de esas complicaciones líricas y metafísicas de una tendencia decadente irremediable y tratan de ahuecar la voz y erguir el torso reanimados por la inyección católica e imperialista y por ese falso cinismo que en estos tiempos acompaña a esa actitud en los intelectuales. Todos fueron populares por el “acento de protesta” que tuvieron sus escritos un día. Hoy se sostienen en la atención de las gentes por la intervención de factores negativos: homenajes y condecoraciones. [700] (…) Así y todo, ha hecho falta la instauración de la República para que esos escritores fueran sentados a la mesa de las clases dominantes: academias, homenajes, etc. Ninguno de ellos, exceptuando quizá a Unamuno y a Baroja, está seguro de no conocer todavía la cárcel. En el caso de Valle-Inclán, sería una reincidencia. Cuando las clases feudales estaban en el poder francamente, sin el disfraz democrático, con Primo de Rivera, fue encarcelado gubernativamente. Vuelvan o no a ser perseguido, pueden estar seguros de que o les leerá el pueblo o no les leerá nadie. Menos a Unamuno, que no interesa sino a los curas valientes, a los que se visten de paisano una vez por semana para salir de noche.»

(…)

701

n092p02b«En estas condiciones [las de la II República, 1935], ¿qué decimos nosotros al hablar de la defensa de la cultura? No podemos hablar de una cultura en vigor, porque lo que nos rige –hará falta repetirlo- es una tendencia restrictiva y coercitiva contra la cultura. (…) Se ha echado del Teatro Español a una empresa acusada de izquierdismo, y lo más avanzado que ha puesto en escena ha sido Fuenteovejuna de Lope de Vega. (…) Con respecto a la libertad de pensamiento, tenemos la censura previa, y ha sido posible la muerte alevosa de un escritor de izquierdas, Luis de Sirval, sin que los tribunales reconozcan en el delincuente sino una imprudencia. Políticamente, dicen de Azaña, muy serios, que es un bolchevique.

«… No se trata de defender los fueros conquistados por la cultura, sino de infundir energía a la cultura que lucha en España hace siglos por desplazar a la teología y a la metafísica, y que sin perder ni la claridad de perspectivas ni la energía ascendente, atraviesa períodos de asfixia como el presente, durante los cuales vuelven a nuestra atmósfera los fantasmas, los grilletes, las hogueras y los silogismos. La cultura está en la ilegalidad. Tiene su campo entre el proletariado intelectual, formado por profesores, médicos, escritores y empleados identificados, consciente o inconscientemente, con la idea del progreso y, por tanto, con los intereses de la clase obrera. La cultura en la ilegalidad no hace sino continuar la tradición de las letras españolas. Desde el Arcipreste de Hita hasta nuestros días, pasando por Rojas, Cervantes, Quevedo, por los neoclásicos y los románticos y por la llamada generación del 98, la posición del hombre de pensamiento ha sido siempre de protesta y lucha. Todos los que han dejado una huella firme en nuestra cultura, en la cultura, se familiarizaron en España con la cárcel. No pocos cayeron en la horca o en la hoguera. De ahí viene el desdén de las [702] clases dominantes por el hombre de letras que procede del pueblo y en el que supone una posición disconforme. Sólo tolera las letras en el canónigo o en el duque. “Lo demás es gente de sambenito y coroza”. Y tiene razón. Les asisten quince siglos de experiencia.

«Ante el Congreso de París nosotros decimos: defenderemos la cultura que aquí es ilegal, porque, identificada con el progreso, lucha por alcanzar nuevas formas. Lucharemos en la vanguardia de la cultura española, que no ha podido aún posiciones básicas. Y en todos los casos defenderemos las conquistas de libertad, dignidad del hombre y del pensamiento del hombre, que con el disfraz farisaico de la cultura y de la civilización, hacen ver que nos conceden las clases opresoras, cuando las ha conquistado el pueblo, las masas trabajadoras, con sangres de su corazón y, lo que vale más, con el sacrificio, a través de los siglos, de sus mejores inteligencias.»

Tensor, Madrid, número 1 y 2, agosto de 1935, pp. 1-21.

Manuel Aznar Soler I Congreso internacional de escritores para la defensa de la cultura (París, 1935). Volumen II, Apéndices; apéndice II: “Dossier español del I Congreso”, pp. 688-702


* Leyenda de las tribus Bakuba del Este de Congo, recogida en La cultura como ser viviente de León Frobenius; en este libro, pp. 689-690.

* N10: «“¿Qué hacer en tal conflicto y con tales enemigos?” (se refiere a la exuberancia del genio popular y a los “enemigos” que traen de la Edad Media formas de cultura antiteológicas). “El espíritu de propia conservación se había impuesto a todo, y para salvar a cualquier precio la unidad religiosa y social había surgido en todos los espíritus el pensamiento de la Inquisición”. Menéndez Pelayo: Heterodoxos españoles, II

La Historia


Francisco de Goya: "La Verdad, el Tiempo y la Historia" (1797-1800)Tal como dice Lorenzo, esta canción del gran Francesco De Gregori, del año 85, es muy interesante y muy buena para los que intentan explicar la historia con canciones, que es lo que más o menos nos gusta hacer aquí. Es una reflexión interesante la de De Gregori sobre la historia, muy influida por el materialismo dialéctico de Marx (quizás me equivoque con el “materialismo histórico”, pues tiendo a confundirlos… pido disculpas): es decir, que es lo que subyace a la superestructura socio-económica lo que, en último término, determina la historia, o sea, la gente normal y común que vive y trabaja. Si lo preferís –yo es que no sé elegir-, la Intrahistoria de Unamuno: la historia -los grandes titulares, los grandes hechos, los grandes nombres- está determinada por ese flujo de gente, de sus sentimientos, pensamientos y de sus pequeños quehaceres cotidianos. Pero, ¡ojo!, pues, aunque ciertamente podamos considerar que son los seres humanos la que la hacen, algo más importante que eso es que la historia, con su componente natural, muchas veces es ciega e irracional: si existe una especie de justicia universal, desde luego, dijera lo que dijera tío Hegel con aquello de que si es real es racional, no rige la historia; si no, ¿cómo se entienden tantas injusticias?, ¿cómo se entiende que a veces favorezca a personas deleznables y castigue a las buenas? Una cosa que dicen a veces los personajes importantes más asquerosos es que la historia los juzgará: en eso, y muy probablemente sólo en eso, es en lo único en que no se equivoquen… Salvo cuando se ponen magníficos y sueltan aquello de que “la historia nos absolverá”.

La Storia

La storia siamo noi, nessuno si senta offeso,
siamo noi questo prato di aghi sotto il cielo.
La storia siamo noi, attenzione,
nessuno si senta escluso.
La storia siamo noi,
siamo noi queste onde nel mare,
questo rumore che rompe il silenzio,
questo silenzio così duro da masticare.

E poi ti dicono "Tutti sono uguali,
tutti rubano alla stessa maniera".
Ma è solo un modo per convincerti
a restare chiuso dentro casa quando viene la sera.

Però la storia non si ferma davvero davanti a un portone,
la storia entra dentro le stanze, le brucia,
la storia dà torto e dà ragione.
La storia siamo noi,
siamo noi che scriviamo le lettere,
siamo noi che abbiamo tutto da vincere,
tutto da perdere.

E poi la gente,
perché è la gente che fa la storia,
quando si tratta di scegliere e di andare,
te la ritrovi tutta con gli occhi aperti,
che sanno benissimo cosa fare.
Quelli che hanno letto milioni di libri
e quelli che non sanno nemmeno parlare,
ed è per questo che la storia dà i brividi,
perchè nessuno la può fermare.

La storia siamo noi,
siamo noi padri e figli,
siamo noi, bella ciao, che partiamo.
La storia non ha nascondigli,
la storia non passa la mano.

La storia siamo noi,
siamo noi questo piatto di grano.

http://www.antiwarsongs.org/canzone.php?id=4779&fb_source=message

La Historia

La historia somos nosotros, que nadie se ofenda,/ somos nosotros esta pradera de agujas bajo el cielo./ La historia somos nosotros, cuidado,/ que nadie se sienta excluido./ La historia somos nosotros,/ somos nosotros estas olas del mar,/ este rumor que rompe el silencio,/ este silencio tan duro de masticar.// Y entonces te dicen “Todos son iguales,/ todos roban de la misma manera”./ Pero es sólo una manera para convencerte/ de quedarte encerrado dentro de casa cuando viene el anochecer.// Pero la historia no se detiene realmente delante de un puerta,/ la historia entra dentro de las habitaciones, las quema,/ la historia lo hace mal y lo hace bien./ La historia somos nosotros,/ somos nosotros que escribimos las cartas,/ somos nosotros que tenemos todo que ganar,/ todo que perder.// Y entonces la gente,/ porque es la gente la que hace la historia,/ cuando se trata de elegir y de andar,/ te la encuentras a toda con los ojos abiertos,/ que saben muy bien lo que hacer./ Aquellos que han leído millones de libros/ y aquellos que no saben ni siquiera hablar,/ y es por esto que la historia da escalofríos,/ porque nadie la puede parar.// La historia somos nosotros,/ somos nosotros padres e hijos,/ somos nosotros, bella ciao, que marchamos./ La historia no tiene escondites,/ la historia no pasa la mano.// La historia somos nosotros,/ somos nosotros este plato de grano.

Francesco De Gregori

Discurso de Bertolt Brecht ante el I Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura (París, 1935)


Bertolt BrechtTras los acontecimientos acaecidos en la Italia fascista y en la Alemania del III Reich (depuración de la intelectualidad y del profesorado, quema de libros, falsificación de la historia y de la cultura nacional), junto a las recientes manifestaciones filofascistas sucedidas en Francia, un grupo de intelectuales (escritores, poetas, pensadores, etc.), decidieron celebrar un congreso (con precedentes como el de Kharkow y el Congreso Antibelicista de Ámsterdam) que contaría con intelectuales de todo el mundo para afirmar un compromiso de defensa de la cultura, en peligro ya no sólo por los regímenes fascistas sino por los gobiernos conservadores de entonces, cada vez más proclives a la fórmula “milagrosa” de Mussolini.

En este I Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura participaron escritores de todas partes, divididos en diversas delegaciones: los franceses, anfitriones, fueron los más numerosos; pero los escritores exiliados alemanes gozaron de un protagonismo especial y sus palabras fueron atendidas con especial atención; por lo que nos toca, la delegación española estaba presidida por Julio Álvarez del Vayo, en sustitución del inmortal Ramón del Valle-Inclán, ya enfermo, y corrió el riesgo de no poder leer su ponencia si no llega a ser por la generosidad del escritor francés André Gide. No fue, como cierta gente sostiene incluso a día de hoy, un congreso de escritores comunistas estalinistas, ya que en él participaron escritores de todas las fuerzas o tendencias políticas progresistas: sí, los hubo estalinistas (los soviéticos, sobre todo), pero también trotskistas, social-demócratas, católicos progresistas (como Emmanuel Mounier) y varios independientes, además de representantes de culturas oprimidas por el colonialismo, como la India. Claro es que tanta variedad dio lugar a diversas polémicas y enfrentamientos que, por ahora, no vienen a cuento, aunque sí es cierto que muchos achacaron cierta preeminencia del comunismo ortodoxo en el Congreso, aunque en general su balance era positivo. De todo ello, se adoptaron ciertas conclusiones en aquel Palacio de la Mutualité, como fue el compromiso con la sociedad actual, apoyar la formación de Frentes Populares, la promesa de defender y divulgar la cultura allá donde estuviera amenazada y formar una asociación, más abierta que la Asociación de Escritores Revolucionarios, que fuera la parte intelectual de esos Frentes Populares: la Alianza Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura, que tendría delegaciones en cada país.

De todos los discursos pronunciados en la Mutualité destaca el del gran dramaturgo y poeta alemán Bertolt Brecht, en el cual advertía de que si bien importante era defender la cultura, mucho más era la defensa del hombre, intentando centrar a la asamblea intelectual en lo realmente importante y evitando caer en el vicio de una excesiva teorización. Reproduzco aquí los fragmentos que he copiado para mi futuro trabajo, tomados del libro de Manuel Aznar Soler, I Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura (París, 1935), pp. 217-221:

Una aclaración necesaria para la lucha contra la barbarie

«(…) Los escritores que sufren en carne propia o ajena el horror del fascismo y son presa del pánico, no están en condiciones, sin más que esta experiencia y este pánico, de combatir esta abominación. Tal vez muchos crean que basta con describirla, sobre todo si un gran talento literario y una cólera auténtica hacen el relato penetrante. En realidad, este tipo de relatos son importantes. Aquí ocurren atrocidades. Esto no puede ser. Se golpea a las personas. Esto no ha de ocurrir (…)

Tal vez habrá quien pegue un salto, esto no es tan grave. Pero luego viene aquello de atajar-de-un-golpe y esto ya es más grave. Ha estallado la cólera, el adversario está señalado, pero ¿cómo derribarlo? El escritor puede decir: Mi cometido es denunciar la injusticia, y puede dejar a cargo del lector el cuidado de acabar con ella. Pero luego el escritor hará una experiencia singular. Se dará cuenta de que la cólera, como la compasión, es algo masivo, algo que existe en cantidad y puede agotarse. Y lo peor del caso: se agota en la medida en que se hace más necesaria. Algunos camaradas me han dicho: cuando referimos por primera vez que nuestros amigos eran sacrificados, hubo un clamor de horror y se ofrecieron muchas ayudas. Entonces hubieron cien muertos. Pero cuando fueron mil y la carnicería no tenía fin, cundió el silencio y cada vez hubo menos ayuda. Así son las cosas: “Cuando los crímenes proliferan, se hacen invisibles. Cuando las penas se vuelven insoportables, ya no se oyen clamores. Un hombre es golpeado y el espectador de la escena se desmaya. Claro que es natural. Cuando llega el crimen, como la lluvia que cae, ya nadie grita entonces “alto”.

… ¿Cómo remediarlo? ¿No existe el medio de impedir al hombre que vuelva la cara ante la abominación? ¿Por qué vuelve la cara? Vuelve la cara porque no ve ninguna posibilidad de intervenir. El hombre no se detiene en el dolor de otro si no puede ayudarle. Uno puede detener el golpe, si sabe cuándo cae y hacia dónde y por qué, y para qué cae. Y si uno puede detener el golpe, si existe alguna posibilidad, por pequeña que sea, de detenerlo, entonces puede sentir compasión de la víctima. De no ser así, también se puede sentir compasión, pero no por mucho tiempo, en todo caso no durante todo el tiempo que silben los golpes sobre la víctima. Por tanto: ¿Por qué cae el golpe? ¿Por qué se arroja la cultura por la borda como un lastre, aquellos restos de cultura que nos quedan? ¿Por qué la vida de millones de seres, de la mayoría de seres, está tan depauperada, despojada, semi o totalmente destruida?

Algunos de nosotros responden a esta pregunta diciendo: por salvajismo. Creen estar viviendo una terrible erupción en una gran parte de la humanidad, cada vez mayor, un fenómeno horripilante sin causas aparentes, que aparece de repente y tal vez, es de esperar, desaparezca también de repente, el desbordamiento impetuoso de una barbarie largo tiempo sofocada o adormecida, de naturaleza instintiva.

Los que responde así, se dan cuenta, naturalmente, ellos mismos, de que tal respuesta no alcanza lo suficiente. Y también se dan cuenta de que no se puede dar al salvajismo visos de fuerza natural, de potencia invencible de los infiernos.

Hablan también de negligencia en la educación del género humano. Algo se desatendió en este sentido o no puede hacerse con las prisas. Ahora hay que recuperar lo perdido. Contra el estado salvaje hay que implantar la bondad. Hay que evocar las grandes palabras, los conjuros que ya en una ocasión prestaron ayuda, los conceptos imperecederos: amor a la libertad, dignidad, justicia, cuya eficacia está históricamente garantizada. Y emplean los grandes conjuros. ¿Qué sucede? A la alusión de que el fascismo es salvaje responde éste con el elogio fanático del salvajismo. Acusado de fanático, responde con el elogio del fanatismo. A la imputación de que conculca la razón, condena alegremente la razón.

También el fascismo encuentra la educación descuidada. Espera mucho de una influencia sobre los cerebros y un fortalecimiento de los corazones. A las brutalidades de sus sótanos de tortura añade las de sus escuelas, periódicos, teatros. Educa a la nación entera, y lo hace durante todo el día. No dispone de demasiadas cosas que ofrecer a la gran mayoría, y eso significa tener que educar mucho. Como no proporciona comida, debe educar para la autodisciplina. Como es incapaz de poner orden en su producción y necesita guerras, debe educar para el valor físico. Necesita víctimas, y entonces tiene que inculcar a la gente el espíritu de sacrificio. También ideales, postulados formulados a los hombres, algunos son incluso grandes ideales, grandes postulados.

Bien, sabemos para qué sirven estos ideales, quién educa y a quién será útil esta educación –no a los educados-. ¿Qué ocurre con nuestros ideales? También aquellos de nosotros que ven el origen de todos los males en el salvajismo, la barbarie, sólo hablan, como hemos podido comprobar, de educación, de intervenir en los espíritus –de ningún otro tipo de intervención, sin embargo-. Hablan de educar a la gente para la bondad. Pero la bondad no saldrá a fuerza de exigir la bondad, exigirla bajo todas las condiciones, incluso las peores, así como la brutalidad no puede salir de la brutalidad

Yo, por mi parte, no creo en la brutalidad por amor a la brutalidad. Hay que defender a la humanidad contra la acusación de que sería también brutal, si esto no fuera tan buen negocio; es una tergiversación ingeniosa de mi amigo Feuchtwanger cuando dice: la villanía precede al egoísmo; pero no tiene razón. El salvajismo no viene del salvajismo, sino de los negocios, que sin él no podrían seguir haciéndose.

En el pequeño país del cual procedo, reinan condiciones menos alarmantes que en muchos otros países; pero cada semana son destruidas 5.000 reses de matanza. Es una cosa grave, pero no es una explosión repentina de sangre. Si lo fuera, la cosa sería menos grave. La destrucción de cabezas de ganado y la destrucción de la cultura no tienen sus causas en instintos bárbaros. En ambos casos se destruye una parte de bienes producidos no sin esfuerzo, porque se ha convertido en una carga. (…) En la mayoría de los países de la tierra tenemos hoy unas condiciones sociales en las que los crímenes de toda clase son altamente premiados y las virtudes cuestan mucho: “La buena persona está indefensa, y el indefenso es apaleado, pero con la brutalidad puede uno tenerlo todo. La villanía toma sus medidas para 10.000 años. La bondad, por el contrario, necesita una guardia de corps; pero no la encuentra”.

¡Guardémonos buenamente de pretenderla de los hombres! ¡Y ojalá no pretendiéramos nada imposible! ¡No nos expongamos al reproche de que también nosotros hacemos llamamientos a los hombres para cosas sobrehumanas, esto es que, a base de practicar virtudes sublimes, sobrelleven condiciones de vida horribles que, desde luego, es posible cambiar, pero que no van a cambiar! ¡No hablamos solamente en pro de la cultura!

Compadezcámonos de la cultura, ¡pero compadezcámonos primero de los hombres! La cultura estará salvada, si los hombres se salvan. No nos debemos arrastrar hasta el punto de afirmar que los hombres existen para la cultura y ¡no la cultura para los hombres! Haría pensar demasiado en la práctica de los grandes mercados, donde los hombres acuden para las reses, ¡no las reses para los hombres!

¡Camaradas, reflexionamos sobre las raíces del mal!

Muchos de nosotros, escritores, que viven el horror del fascismo y se horrorizan de él, no han comprendido todavía esta doctrina, no han descubierto aún las raíces del salvajismo que les aterra. Siempre existe en ellos el peligro de considerar las atrocidades del fascismo como atrocidades inútiles. Siguen aferrados a las condiciones de propiedad imperantes, porque creen que, para su defensa, no son necesarias las atrocidades del fascismo. Sin embargo, para el mantenimiento de esta situación son necesarias las atrocidades del fascismo. En esto no mienten los fascistas, dicen la verdad. Aquellos de nuestros enemigos que están tan horrorizados como nosotros de las atrocidades fascistas, pero quieren mantener las actuales condiciones de propiedad o se muestran indiferentes ante su mantenimiento, no pueden hacer una guerra lo bastante vigorosa y duradera contra la barbarie predominante, porque no son capaces de ayudar a sugerir y crear unas condiciones sociales en las cuales la barbarie sea superflua. Pero aquellos que, en la búsqueda de las raíces del mal, han dado con las condiciones de propiedad, han ido profundizando más y más, a través de un infierno de atrocidades cada vez más bajas, hasta llegar al lugar donde una pequeña parte de la humanidad ha anclado y establecido su dominio despiadado. Ha echado el ancla en aquella propiedad del individuo que sirve a la explotación del prójimo y es defendida a ultranza con uñas y dientes, abandonando una cultura que no se presta ya a defenderse o ya no es capaz de hacerlo, abandonando, en fin, todas las leyes de la convivencia humana, por las cuales la humanidad ha luchado desesperadamente tanto tiempo y con tanto denuedo.

¡Camaradas, hablemos de las condiciones de propiedad!

(…)»

Bertolt Brecht, 23 de junio de 1935, París.

Egia… Zertarako! (¿Para qué la verdad?)


¿Tu verdad? No, la Verdad,
y ven conmigo a buscarla.
La tuya, guárdatela.

Antonio Machado

La Verdad. Francesco Furini. Lienzo. 71 x 56 cm. Palacio de LiriaAunque la RAE da varias definiciones de “verdad”, yo prefiero, para este caso, una definición más filosófica, según la cual verdad es aquello que se da de hecho en el mundo y, cuyo hecho, es demostrable, si no empíricamente, al menos racional y lógicamente. Los antiguos, filósofos, teólogos y sacerdotes, predicaron la existencia de verdades absolutas, aunque muchas de ellas tenían que ser creídas a ciegas: la fe; pero también de entre los antiguos hubo quienes establecieron que, aunque existiera realmente al menos una verdad absoluta, no toda verdad lo era, y muchas de las cosas que un pueblo puede tener por verdad, otro, e incluso ese mismo pueblo, con el cambio de eras, podrá establecer como falsa la antigua verdad y, a su vez, establecer una nueva. Hay quien cree que la verdad es absoluta, y otros que es relativa… Lo más práctico es admitir que ambas posibilidades puedan coexistir. Con el tiempo, filósofos, matemáticos y científicos, para los campos que les interesaban, sustituyeron el concepto de verdad absoluta por el de axiomas, es decir, verdades demostradas empíricamente sobre las que se pueden articular nuevos sistemas válidos.

Pero dejémonos de filosofías, pues también los artistas, guiados por la fe, la filosofía o la ciencia, buscaron la verdad. Tal como la define arriba Antonio Machado, siguiendo cierta filosofía inspirada por Immanuel Kant: la verdad es búsqueda incansable, nunca se alcanzará, pero en su búsqueda encontramos cosas útiles y buenas; inspira el conocimiento y, en muchos corazones, el hambre de justicia.

El que no conoce la verdad es simplemente un ignorante. Pero el que la conoce y la llama mentira, ¡ése es un criminal!…

Bertolt Brecht

La verdad desvelada por el tiempo; BerniniY es que la verdad también puede aplicarse a las ciencias sociales, aunque a veces puede ser peligroso. Los sistemas autoritarios, e incluso en esta “democracia” (quizás sea mejor el concepto de “poliarquía”, el gobierno de muchos, dado que el “gobierno del pueblo” no se ha dado en las sociedades que así autodefinen, como defiende Robert Dahl) tienden a subvertir los conceptos, y hacer de mentiras verdades y viceversa, siempre que haya un nutrido conjunto de ciudadanos afines o sencillamente confiados. El régimen de Franco, por ejemplo, como el resto de regímenes fascistas, estableció sus “verdades”, que venían a ser mucho más eficaces cuando venían sostenidas y avaladas por “el custodio de la verdad suprema”, la iglesia. Manipularon la historia, la religión, las ciencias, la filosofía y las artes para sostener su gran mentira y convertirla en verdad, y sostener así que el movimiento de la historia, del universo y hasta de la física, mediante la voluntad divina, había traído ese “gran momento”. Pero existía la otra verdad, que no era absoluta en sentido metafísico, sino que era una verdad funcional, ya que su función era la de desvelar la mentira institucionalizada, sacralizada y armada: es la verdad que buscaban, entre otros, poetas y cantautores, sabiendo que esa verdad nacional no era otra cosa más que mentira. De esa manera, el himno, un himno más que generacional, “Al vent” de Raimon, no era otra cosa más que la definición de la búsqueda de la verdad, de una verdad rebelde, que era una pedrada en los muros de la mentira institucional. El ejemplo de aquellas primeras canciones de Raimon, canciones muy sencillas que se interrogaban sobre problemas fundamentales y universales, encerrando a la vez una crítica, protesta y denuncia bastante lúcida, fue seguido por toda una generación de nuevos cantautores, entre ellos el vasco Benito Lertxundi, quien, un año antes de la disolución del colectivo Ez Dok Amairu (V. “no hay trece”), publicaba su primer LP: una recopilación de sencillos anteriores bajo el título de Benito Lertxunidi – Ez Dok Amairu. A este disco pertenece esta canción, grabada en directo, con cierto aire “raimoniano”, en la que el bardo de Orio se pregunta para qué sirve la verdad si al hombre no le está permitido expresarla:

Egia

"Mendiak zuhaitzak baditu;
Ibaietan ura dijoa;
Zeruak izarrak ditu;
Egunak argi, gauak ilun;
Udaberri argitsu, loretsu;
Udazkena, berriz, euritsu;
Gizona da bizitzarako".
Egi haundia dira.
Baina egia, egia, egia,
zertarako, galdetu nahi nuke.
Egia, egia, gizonak esateko
Baimenik ez badu?
Egia, egia, egia.
Zertarako?

La verdad

"Si las montañas tienen arboles;/ en los ríos el agua va;/ el cielo tiene estrellas;/ los días claros, las noches oscuras;/ primavera clara, florida;/ en cambio el otoño lluvioso;/ el hombre es para la vida"./ La verdad es grande./ Pero la verdad, la verdad, la verdad,/ para qué, querría preguntarla./ La verdad, la verdad, ¿para decirla el hombre/ si no tiene derecho?/ La verdad, la verdad, la verdad./ ¿Para qué?

Benito Lertxundi

Texto y traducción, extraído de

http://eu.musikazblai.com/benito-lertxundi/egia/


Pero no fue el único… En 1968, en lo que era su 2º LP, el cantautor Luis Eduardo Aute proponía, a través de 24 canciones breves varias reflexiones de índole filosófica, y al menos dos de ellas trataban sobre la verdad. En la primera de ellas, el cantante-poeta se pregunta en dónde se halla eso, y, aunque parece un texto algo metafísico, si se lee bien y se entiende la época en la que fue escrita, descubrimos esa denuncia:

Dónde estará la verdad

La verdad
dónde estará la verdad,
la verdad, la verdad, la verdad.

Dónde estará el sendero
que naciera de mí,
por qué oculto deseo
no me basta existir.
Por qué busco y no encuentro
las raíces en mí,
es que acaso los muertos
las hallarán al fin.

Yo rechazo el misterio
que me esconde de mí
y le reto al silencio
que me invita a morir.
Pues que vivo sin puerto
y no es caso de huir,
mi temor, que es el vuestro,
no es buen barco a subir.

http://www.cancioneros.com/nc/3114/0/donde-estara-la-verdad-luis-eduardo-aute

Luis Eduardo Aute

Y, tras unas cuantas canciones más, Aute define la verdad:

Así es la verdad

Como una llama que aparta tinieblas
quemando las dudas en los pensamientos,
como ese río que nunca se seca,
que sigue su cauce arrastrando a las piedras,
como esa sangre que cae sin miedo,
sangre que limpia paisajes y penas,
así es la verdad.

Como esa vida que decimos nuestra
y que nos reconoce por su único dueño,
como esa vida que es causa primera
y que lucha por serlo a golpes de fuerza,
como esa vida que no quiere muertos,
como esa vida que no quiere esperas,
así es la verdad.

Luis Eduardo Aute

http://www.cancioneros.com/nc/3120/0/asi-es-la-verdad-luis-eduardo-aute

Retrato_de_Francisco_de_QuevedoPero la verdad no es siempre (o quizás no lo sea nunca) agradable, sobre todo este concepto de “verdad denunciatoria” muy presente en las artes, y, por extensión en la canción de autor. Otros cantautores no precisaron de escribir sus propias reflexiones sobre la verdad aplicada a la sociedad, cuando hombres de letras de eras pasadas ya lo hicieron y, lamentablemente su mensaje seguía en vigor. Así actualizaba el ebanista Paco Ibáñez al gran satirista Francisco de Quevedo, la pluma más afilada de su tiempo (a veces viperina), que ya con amargura denunciaba lo que era la verdad de su tiempo, del de Paco… y del nuestro:

Letrilla satírica

La pobreza. El dinero

Pues amarga la verdad,
Quiero echarla de la boca;
Y si al alma su hiel toca,
Esconderla es necedad.
Sépase, pues libertad
Ha engendrado en mi pereza
La Pobreza.

¿Quién hace al tuerto galán
Y prudente al sin consejo?
¿Quién al avariento viejo
Le sirve de Río Jordán?
¿Quién hace de piedras pan,
Sin ser el Dios verdadero
El Dinero.

¿Quién con su fiereza espanta
El Cetro y Corona al Rey?
¿Quién, careciendo de ley,
Merece nombre de Santa?
¿Quién con la humildad levanta
A los cielos la cabeza?
La Pobreza.

¿Quién los jueces con pasión,
Sin ser ungüento, hace humanos,
Pues untándolos las manos
Los ablanda el corazón?
¿Quién gasta su opilación
Con oro y no con acero?
El Dinero.

¿Quién procura que se aleje
Del suelo la gloria vana?
¿Quién siendo toda Cristiana,
Tiene la cara de hereje?
¿Quién hace que al hombre aqueje
El desprecio y la tristeza?
La Pobreza.

¿Quién la Montaña derriba
Al Valle; la Hermosa al feo?
¿Quién podrá cuanto el deseo,
Aunque imposible, conciba?
¿Y quién lo de abajo arriba
Vuelve en el mundo ligero?
El Dinero.

Francisco de Quevedo

http://www.poesi.as/

Y ésa era la verdad subyacente a la sociedad: lo que separa el bien del mal, lo bueno de lo malo, al digno del indigno, etc. El dinero, que aunque sea una verdad relativa, funciona bastante bien, y ha regido lo que las sociedades tienen por verdadero desde tiempos inmemoriales. Y así lo explicaba otro gran poeta castellano antiguo, el Arcipreste de Hita… Pero reconozco que es una excusa para poner aquí este vídeo que acabo de descubrir y con el que me he jartao a reír (no es ninguna sorpresa mi falta de simpatía por los personajes que aparecen en este vídeo, y más aún, por lo que representan):

Enxienplo de la propiedat qu’el dinero ha

Estrofas 490 a 527

Mucho faz’ el dinero, mucho es de amar:
al torpe faze bueno e ome de prestar,
faze correr al coxo e al mudo fablar,
el que non tiene manos, dyneros quier’ tomar.

Sea un ome nesçio e rudo labrador,
los dyneros le fazen fidalgo e sabydor,
quanto más algo tiene, tanto es de más valor;
el que non ha dineros, non es de sy señor.

Sy tovyeres dyneros, avrás consolaçión,
plazer e alegría e del papa ración,
comprarás parayso, ganarás salvaçión:
do son muchos dineros, es mucha bendiçión.

Yo vy allá en Roma, do es la santidat,
que todos al dinero fazianl’ omilidat,
grand onrra le fazían con grand solenidat:
todos a él se omillan como a la magestat.

Ffazíe muchos priores, obispos e abbades,
arçobispos, dotores, patriarcas, potestades,
e muchos clérigos nesçios dávales denidades.
Ffacie verdat mentiras e mentiras verdades.

Ffazíe muchos clérigos e muchos ordenados,
muchos monges e mongas, rreligiosos sagrados:
el dinero les dava por byen esaminados;
a los pobres dezían que non eran letrados.

Dava muchos juyzios, mucha mala sentencia:
con malos abogados era su mantenençia,
en tener malos pleitos e fer mal’ abenencia;
en cabo por dineros avya penitençia.

El dinero quebranta las cadenas dañosas,
tyra çepos e grillos, presiones peligrosas;
al que non da dineros, échanle las esposas:
por todo el mundo faze cosas maravillosas.

Vy fazer maravillas a do él mucho usava:
muchos meresçían muerte, que la vida les dava;
otros eran syn culpa, que luego los matava:
muchas almas perdía; muchas almas salvava.

Faze perder al pobre su casa e su vyña;
sus muebles e rayces todo lo desalyña,
por todo el mundo cunde su sarna e su tyña,
do el dinero juzga, ally el ojo guiña.

Él faze cavalleros de neçios aldeanos,
condes e ricos omes de algunos vyllanos;
con el dinero andan todos omes loçanos,
quantos son en el mundo, le besan oy las manos.

Vy tener al dinero las mayores moradas,
altas e muy costosas, fermosas e pyntadas,
castillos, heredades, villas entorreadas:
al dinero servían e suyas eran conpradas.

Comía munchos manjares de diversas naturas,
vistía nobles paños, doradas vestiduras,
traya joyas preçiosas en vyçios e folguras,
guarnimientos estraños, nobles cavalgaduras.

Yo vi a muchos monges en sus predicaçiones
denostar al dinero e a sus temptaçiones;
en cabo, por dyneros otorgan los perdones,
asuelven los ayunos e fazen oraçiones.

Peroque lo denuestan los monges por las plaças,
guárdanlo en convento en vasos e en taças:
con el dinero cunplen sus menguas e sus raças:
más condedijos tiene que tordos nin picaças.

Monges, clérigos e frayres, que aman a Dios servir,
sy varruntan que el rrico está para moryr,
quando oyen sus dineros, que comyençan rreteñir,
quál dellos lo levará, comyençan a reñir.

Como quier que los faryres non toman los dineros,
bien les dan de la çeja do son sus parçioneros;
luego los toman prestos sus omes despenseros:
pues que se dizen pobres, ¿qué quieren thessoreros?

Ally están esperando quál avrá el rrico tuero:
non es muerto e ya dizen pater noster, ¡mal agüero!
Como los cuervos al asno, quando le tiran el cuero:
"cras nos lo levaremos, ca nuestro es por fuero".

Toda muger del mundo e dueña de alteza
págese del dinero e de mucha riqueza:
yo nunca vy fermosa que qisyese pobreza:
do son muchos dineros, y es mucha nobleza.

El dinero es alcalle e juez mucho loado,
éste es consejero e sotil abogado,
Aguaçil e meryno, byen ardit, esforçado:
de todos los ofiçios es muy apoderado.

En suma te lo digo, tómalo tú mejor:
el dinero, del mundo es grand rrebolvedor,
señor faze del syervo e del siervo señor,
toda cosa del siglo se faze por su amor. 

Por dineros se muda el mundo a su manera,
toda muger, codiçiosa del algo, es falaguera.
Por joyas e dineros salyrá de carrera:
el dinero quiebra peñas, fyende dura madera.

Derrueca fuerte muro e derriba grant torre,
a coyta e a grand priessa el dinero acorre,
non ha syervo cativo, que’l dinero non l’aforre:
el que non tyene que dar, su cavallo non corre.

Las cosas que son graves fázelas de lygero:
por ende a tu vieja sé franco e llenero,
que poco o que mucho, non vaya syn logrero:
non me pago de juguetes, do non anda dinero.

Sy algo non le dyeres, cosa mucha nin poca,
sey franco de palabra, non le digas razón loca:
quien no tiene miel en orça, téngala en la boca:
mercader que esto faze, byen vende e byen troca.

Sy sabes estrumentos byen tañer e tocar,
sy sabes e avienes, en fermoso cantar,
a las vegadas, poco, en onesto lugar,
do la muger te oya, non dexes de provar.

Sy una cosa sola a la muger non muda,
muchas cosas juntadas façerte han ayuda:
desque lo oye la dueña, mucho en ello cuyda,
non puede ser que a tiempo a byen non te rrecuda.

Con una flaca cuerda non alçarás grand tranca,
nin por un solo "¡harre!" non corre bestia manca,
a la peña pesada non mueve una palanca;
con cuños e almadanas poco a poco s’arranca.

Prueva fazer lygerezas e fazer balentía:
quier lo vea o non, saberlo ha algund día;
non será tan esquiva, que non ayas mejoría:
non cansses de seguirla, vençerás su porfía.

El que la mucho sigue, el que la mucho usa,
en el coraçón lo tiene, maguer se le escusa;
peroque todo el mundo por esto le acusa,
en este cuyda syenpre, por este faz’ la musa.

Quanto es más sosañada, quanto es más corrida,
quanto es más por ome magada e ferida,
tanto más por él anda muerta, loca perdida:
non cuyda ver la ora que con él sea yda.

Cuyda la madre cara que por la sosañar,
por correrla e ferirla e por la denostar,
que por ende será casta e la fará estar;
estos son aguijones que la fazen saltar.

Devíe pensar su madre, quando era donçella,
que su madre non quedava de ferirla e corrella,
que más la ençendíe; pues devía por ella
juzgar todas las otras e a su fija bella.

Toda muger nasçida es fecha de tal massa:
lo que más le defienden, aquello ante passa,
aquello la ençiende, aquello la traspassa;
do non es tan seguida, anda floxa e lasa.

A toda cosa brava gran tienpo lo amanssa:
la çierva montesyna mucho segida canssa,
caçador, que la sigue, tómala quando descanssa:
la dueña mucho brava usando se faz’ manssa.

Por una vez del día, que el ome gelo pida,
çient vegadas, de noche, de amor es rrequerida:
doña Venus gelo pide por él toda su vyda,
en lo que ‘l mucho piden anda muy ençendida.

Muy blanda es el agua; mas dando en piedra dura,
muchas vegadas dando faze grand cavadura;
por grand uso el rrudo sabe grande letura:
muger mucho seguida olvida la cordura.

Guárdete non te enbuelvas con la casamentera,
donear non la quieras, ca es una manera,
que perder te faría a la entendedera;
una conblueça d’ otra sienpre tyene dentera.

Arcipreste de Hita

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De todo esto colegimos nuestra propia verdad: hubo un tiempo en el que la poesía, pero también la filosofía, fue un arma para expresar la verdad, pero una verdad absoluta, religiosa, moral (aunque ésta quizás sí) o científica, sino una verdad en el sentido en que desvelaba la mentira: la verdad es revolucionaria en muchos aspectos. Y hoy también debería ser así. La verdad os hará libres… Pero no más felices, o ni siquiera contentos.

Sóc, no vull ofendre, anticlerical (y V): La oración de San Francesc Pi de la Serra


¿No está escrito: Mi casa será casa de oración para todas las gentes? Pero vosotros la habéis convertido en cueva de ladrones.

San Marcos 11, 15-17

Para terminar esta serie de críticas, no hacia el catolicismo realmente, sino hacia la jerarquía eclesiástica, al fanatismo y a los fieles que, diciéndolo con el corazón en la mano, han olvidado el mensaje real y se han quedado con la forma –mientras buscaba la cita de arriba, leía un poco por encima los otros episodios y me volvía a dar cuenta de las horribles contradicciones que existen en la ortodoxia católica respecto a los mensajes originales-, una serie de razones algo más metafísicas por las que, a pesar de creyente, no creo en su iglesia.

A la izquierda, vsión moderna del pasaje de San MarcosVoy a proceder desde lo más general hasta lo más particular, para que sea más fácil. Hubo un tiempo en el que, adoctrinado por profesoras (seguramente afines al Opus Dei y al nacional-catolicismo que aún coleaba en algunos ciertos colegios de calidad irregular, tanto en la enseñanza como en las dependencias, allá a principios de los 80 –y lo seguirá haciendo), malas profesoras con personalidades diabólicas, de la vieja escuela de “la letra con sangre entra” y que hacían horrendas discriminaciones dependiendo del dinero de los padres del alumnado (salvo una, curiosamente la mejor de todas y de la que ignoro si era católica practicante o era atea)… Hubo tal tiempo en el que creí que ir a misa era la condición para entrar al Cielo, y no quería arriesgarme a comprobar empíricamente si el cuento de cierta catequista, de que su sobrino se encontró a su amiguito muerto por no entrar con él a la iglesia era cierto o no… Y, después, el Infierno… Aunque luego pensé que no podría haber nada peor que ese colegio y que del infierno, por tanto, ya estaba salvado. Pero a lo largo de los años posteriores, con vivencias, conversaciones con los amigos, leyendo la historia y, aunque no os lo creáis, de vez en cuando la Biblia, me di cuenta de que todas las religiones, sin excepción, son la gran mentira de la humanidad. Para empezar, de mis conversaciones con amigos, comparando las religiones y mitologías, y leyendo un poco de filosofía, me di cuenta de que, si existe un algo sobrenatural (llámelo usted Dios, dioses, el nirvana, el destino, el universo autoconsciente, etc.), si existe una verdad, suprema y absoluta a la vez que fundamental, ni una sola de las religiones actuales la posee al 100%, algunas ni se acercan al 50%; para mí, el cristianismo católico era la verdad porque yo había nacido en un país de cultura católica, pero si hubiera nacido en otro lugar, como, por ejemplo, la India, es a todas luces seguro que yo hubiera creído en la verdad de alguna de las ramas del hinduismo, los sijs o el budismo: luego, es una cuestión puramente accidental, y no suele ocurrir que una verdad absoluta dependa del lugar en donde has nacido, pues entonces es una verdad relativa. Esto tampoco viene de una reflexión metafísica, sino que se auto-demuestra al echar un ojo a la historia universal:

600px-ReligijneSymbole.svgLos mensajes primigenios de Buda, Cristo, Mahoma, de los patriarcas y jueces hebreos, son, por lo general, mensajes conciliadores y de amor en los que se asegura la felicidad para todos, una felicidad para la que tampoco es necesario esperar a la venida del reino de los Cielos, y no me refiero a la vía cenobítica o ascética, ni siquiera al plano espiritual. Pero a través de los siglos, estas religiones desvirtuaron y pervirtieron los mensajes originales cuando, generalmente, se casaron con el poder: cuando los califas musulmanes aceptaron el islam, el imperio romano hizo del cristianismo la religión oficial, algunos reyes asiáticos adoptan el budismo, los judíos eligen a sus propios reyes, etc. Y así, mientras que la mayoría de ellas eran mensajes que, por regla general, despreciaban el poder terrenal, aunque no supusieran un posicionamiento radicalmente en contra (sino, más bien, cierta indiferencia), culminaron su proceso en el que, de ahora en adelante, serían instrumentos de los sistemas políticos para mantener el estatus quo de sus naciones gobernadas. Por poner un ejemplo, los primeros cristianos, siguiendo las enseñanzas, repudiaban el sistema de la esclavitud romana (ciertamente, no uno de los peores), pero cuando el Imperio toma al cristianismo por religión oficial, la mano de obra barata que le proporciona la esclavitud es tan beneficiosa, que deciden no abolir la esclavitud; en lugar de eso, al esclavo se le llamará ahora “propiedad del imperio”. Vemos la historia y comprobamos que las interpretaciones, los cambios de conceptos y la primacía de unos preceptos sobre otros se corresponden a las necesidades sociales temporales de un determinado sistema político: el hinduismo primero no era vegetariano (los pandavas, protagonistas buenos del Mahabharata, cazaban y comían animales), ¿por qué eras después se aceptó el vegetarianismo? No Proceso a Giordano Bruno, bronce de Etorre Ferrari. Campo de'Fiori, Romalo sé a ciencias ciertas, pero debieron jugar en ello fuerzas socio-económicas muy diversas; y, por otro lado, según algunos, la prohibición judía y musulmana de comer cerdo se debía más bien a la prevención de la triquinosis y otras enfermedades derivadas del consumo de carne porcina. Así, la supuesta verdad quedó supeditada a las necesidades propias de cada sociedad en su tiempo, mejor dicho, a las necesidades del poder establecido. Y, por esa razón, las teorías de Copérnico, sostenidas por Galileo, o los escritos de Giordano Bruno (quemado en la hoguera) no eran perniciosas, en último término, porque contradijeran las sagradas escrituras, sino porque amenazaban el sistema político, que intentaba asemejarse a la concepción aristotélica-ptolemaica del universo, de primacía del emperador y del papa sobre todas las cosas.

"Esta foto me pareció impresionante: monjes budistas preparándose, en 1936, para lo que se venía."Ninguna religión tiene el derecho de lanzar la primera piedra: la historia de todas y cada una de ellas está manchada de sangre, desde las reyertas entre creyentes de diversas sectas de las que hoy son fruto las religiones mayoritarias hasta nuestros días. El primigenio mensaje de amor y perdón se había convertido en odio y violencia hacia el no-creyente y hacia aquel que no siguiera los preceptos. El catolicismo y su inquisición, los judíos y su sanedrín, los musulmanes y su yihad, la guerra indo-paquistaní, la persecución de los judíos por su ortodoxa majestad el zar Nicolás II… Ni siquiera el budismo, ya que el poeta indio Rabindranath Tagore aseguraba haber leído en un periódico que los japoneses, durante la guerra, acudían a los templos y rezaban a Buda por la destrucción de sus enemigos y el dominio del imperio japonés sobre el Pacífico y el Asia oriental, mientras que los shintoístas despedían a los voluntarios con cánticos sagrados: y así, el kamikaze, estaba seguro de entregar su vida por el emperador, representante del Cielo en la tierra. Toda religión se ha opuesto frontal y violentamente a cualquier avance científico, moral, filosófico o social: y así, los filósofos musulmanes de la Edad Media, al proclamar la supremacía de la razón sobre la fe, fueron asesinados; el filósofo sefardí Baruch Spinoza era expulsado de la sinagoga con indescriptibles maldiciones sobre él y sus descendiente por parte de su rabino; Giordano Bruno, quemado vivo por la Inquisición; Galileo, obligado a retractarse so pena de muerte; los puritanos del nuevo continente cazaban brujas; y en la India, a los protectores de los intocables, de los parias, no les quedaba otra que meterse a bandidos para defenderse de los abusos de las castas superiores. Los avances sociales, las teorías socialistas, eran automáticamente censuradas por perversas, ya que, de nuevo amenazaban el estatus quo social que a las religiones les interesaba conservar. También constatamos con horripilación como, a menudo, aquellas que han sufrido persecución, con el paso del tiempo se convierten en perseguidoras: la muy difundida persecución a los Monjas croatas entre los años 30-40: el clero croata fue especialmente filofascistacristianos no podía ser excusa para que los cristianos, con la inquisición, persiguieran a los brujos, ateos, infieles y herejes, así como el holocausto tampoco puede ser excusa para que el gobierno israelí abuse de la población palestina como lo hace. De todo esto aún recogemos los frutos: integristas de toda confesión ejercen la violencia en el nombre particular que su fe le dé a Dios aún a día de hoy, y, quien pensaba que esto era sólo patrimonio del integrismo musulmán, confío en que, será lo único bueno que se saque de esto, con los sucesos recientes, se haya desengañado.

España, guerra civilY, a todo esto, ¿Por qué no sigo al papa?, ¿por qué no creo en él? Los motivos son diversos: a parte de su oposición a ciertas cosas con las que yo sí estoy de acuerdo, pues no creo que le haga mal a nadie, y si me equivoco y él tiene razón, pues… bueno, la salvación depende de cada uno, y, que yo sepa, en ninguna parte de los evangelios se dice que se salve a la gente por la fuerza (me estoy refiriendo, más que nada, al matrimonio gay y a los medios anticonceptivos: otras cuestiones prefiero no tocarlas por ahora), también tengo motivos históricos. Para empezar, el cisma de occidente, por el que el cristianismo queda dividido en dos: el catolicismo y la ortodoxia; si, genealógicamente la línea papal asciende hasta San Pedro, ¿cómo sé yo qué iglesia es la que sigue realmente la línea discipular? (por supuesto, tampoco creo que lo sea la iglesia ortodoxa, ni la griega ni la rusa ni la armenia). Pero centrémonos en el catolicismo: vemos la historia de los papa y quedamos desconcertados de que a muchos se les diera el apelativo de “santo padre” o “su santidad”: para empezar, mientras se impone al clero el celibato, el papa medieval puede casarse (y tener concubinas), y tener hijos: hasta se pretende que el papado sea hereditario. Por otro lado, siendo el máximo exponente de esto la casa Borgia, guerras, revueltas, asesinatos encubiertos de Estado… eran el pan nuestro de la alta jerarquía de entonces, a la par que derroche, fiestas, orgías y prostitución. Papas, antipapas, papas asesinados por la curia, papas autoproclamados, guerra a los comuneros de Castilla y a los protestantes (Adriano VI) sirviendo con devoción a su católica majestad de España y emperador de Alemania… Con el tiempo, los papas acaban por aceptar la austeridad clerical, lo cual en cierto modo es un avance, pero como sustentados y sustentadores del Antiguo régimen se oponen con fuerza a las revoluciones liberales, que amenazan sus privilegios, y, cuando éstas triunfan y se van volviendo más blandas, el viejo clero viene a apoyar al nuevo régimen. Revoluciones sociales: los campesinos y los obreros piden pan, piden justicia… La iglesia no se pone del lado del pobre y se convierte en su enemigo, mientras que Mussolini generosamente le da a la Ciudad del Vaticano el estatuto de Estado independiente en nombre Víctor Manuel II de Italia… El papa Pío XI declara a los movimientos sociales enemigos de la iglesia y de Dios, al tiempo que se deshace en elogios hacia el Duce, quien decidirá invadir Etiopía en una absurda y sangrienta guerra de ocupación y enviará tropas a España para apoyar a los generales sublevados contra el legítimo gobierno de la república; mientras tanto, el cardenal Isidro Gomá y Tomás, arzobispo de Toledo, redactaba en julio del 37 la Carta colectiva, en donde sostenía que “la guerra (…) es a veces el remedio heroico” para sostener la defensa del tradicionalismo y que sólo se puede ser hermanos en Cristo dentro del catolicismo de la Iglesia romana, pues antes y después y fuera de ésta, habitan sólo enemigos -Luis Mario Schneider, II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura (1937), volumen 1 (Valencia, Conselleria de cultura, Educació i ciència de la Generalitat Valenciana, 1987), pp. 12-13-; y el escritor católico José María Pemán escribía un largo poema pro-belicista a la par que antisemita. El sucesor, Miroslva Filipovic, franciscano croata que dirigió el campo de exterminio de Josenovac, a quien los prisioneros llamaban "hermano Satanás"Pío XII, seguirá su misma senda. El papado de Juan XXIII y de su sucesor Pablo VI supondrán un momento de remozamiento de la iglesia y de liberalización de algunos dogmas y preceptos: es una iglesia que desea el diálogo, practica la neutralidad política en cierta medida, y está más dispuesta a perdonar que a condenar (no en vano, el papa Roncalli era un campesino). Juan Pablo I, el papa más breve del siglo XX, deseaba seguir el proyecto conciliar de sus predecesores, pero una inesperada muerte se lo impide… Karol Wojtyla, primer papa no italiano del siglo XX, por el mismo motivo escoge por nombre el de Juan Pablo II, pero su carrera posterior, de la que muchos acusan a Joseph Ratzinger, se vuelca más hacia el conservadurismo. Eso sí: su defensa por la paz y su posicionamiento contra la guerra de Iraq fue, con toda sinceridad, encomiable: en esa ocasión, los belicosos católicos del PP decidieron que el papa no siempre tiene necesariamente razón… Y llegamos a Benedicto XVI, que recoge el testigo del conservadurismo de su predecesor….

El teólogo Xabier PikazaA lo largo de la historia, lo que un papa cualquiera dijo en una ocasión, queda deslegitimado por un papa posterior, y luego rehabilitado por otro… Y, después de todo, resulta que Copérnico y Galileo tenían razón. ¿Quién, pues, dice la verdad? Una mirada a los evangelios y descubrimos que nadie, que aquel que quiera creer en Dios debe acudir a las fuentes, pues el mismo papa actual se contradice al decirle a los jóvenes que no se dejen guiar por nadie en su fe… ¿ni siquiera en el papa? El otro día leía en Público las interesantes críticas de teólogos hacia la visita del papa, de todas ellas me gustaría resaltar la del teólogo Xabier Pikaza: "Todo se podía haber hecho de manera mucho más sencilla, sin querer imponerse por las calles de Madrid", destaca el teólogo salmantino Xabier Pikaza. En su opinión, y desde un punto de vista evangélico, "no responde al Evangelio que el Papa casi tenga más importancia que la Eucaristía o que los actos". Un exceso de "papolatría" que "no es la mejor forma de transmitir la fe y evangelizar a la juventud". (http://www.publico.es/espana/392443/laicos-y-teologos-critican-la-sumision-de-las-instituciones-ante-el-papa). El papa (el título) es un personaje absolutamente temporal, y yo también comparto esta opinión de que no debe de dársele más importancia que la de un sacerdote supremo. Para mí, y la historia me avala, el papa no es más que un hombre cualquiera… bueno, cualquiera no, obviamente, pero sí en lo tocante a su naturaleza: él es como yo, usa calzoncillos, va al baño, tiene dudas y opiniones que algunos comparten y otros no… Todo líder religioso debería ser nada más que un personaje con opinión de peso, que debe guiar, pero a la vez ser responsable; y sus seguidores no deberían ver a los líderes religiosos más que como esto y no como representantes de Dios sobre la tierra, ya que si lo representan o no, eso, no lo sabemos. La iglesia actual está en una tremenda crisis, porque, al igual que en los años 20 y 30, cuando tuvo otra gran crisis, no ha sabido estar a la altura de los tiempos y de sus demandas, y cuando los necesitados la necesitan, ellos invocan la sagrada neutralidad del Vaticano, pero cuando son otros las que necesitan a la iglesia, no tardan ni medio minuto en romper su neutralidad y posicionarse.

Quico y Ovidi: dos amigos de siempreY con esto doy por terminado el ciclo (quizás mañana un epílogo que prometo breve). Para acabar, la canción de Pi de la Serra de cuya letra he extraído el título. “Oració” es una sátira contra el nacional-catolicismo en el que el genial cantautor catalán hace su crítica contra la represión sexual católica, al tiempo que le pide un poco más de modernidad, ya que corre el peligro de quedarse “sin personal”. Ésta es la oración de San Francesc (Quico, para los amigos) Pi de la Serra:

Escuchar: http://www.goear.com/listen/9d9177a/oracio-pi-de-la-serra

Oració

Aquesta és la història d’un escapulari,
d’una sagristia i d’un vell rosari,
d’una avemaria de sotanes negres,
confessions i hòsties, missal i quaresmes,
de déu i sa mare, de l’esperit sant,
oficis, litúrgies i cristos sagnant,
d’una temporada de la nostra vida
la de qualsevol que és parit i crida,
quan neix el bategen, confirmen, fuetegen,
sisè manament, el trempar és dolent,
hi ha gula o hi ha gana, peresa o desgana.

Déu! eh que tu em perdones al confessional
penitència dura que faci molt mal.
Sóc, no vull ofendre, anticlerical.

Al Mediterrani es ballen sardanes
em mires et miro esperances vanes
i a les rodalies monten confraries
per arrambar l’api a les abadies,
Sant Jordi torero mata el drac esquerp,
la verge si es verge trepitja la serp,
té cua el dimoni, vigila, vigila,
la monja més vella tranquil·la fa fila
soleta perduda dintre del convent,
a la superiora ha fet testament
que és súper i ora per no anar a l’infern.

Déu! eh que tu em perdones al confessional
penitència dura que faci molt mal.
Sóc, no vull ofendre, anticlerical.

Dintre una establia ha nascut tot sol
és l’Epifania campanes al vol,
els reis del petroli ja han arribat
però n’hi ha un que és negre i va descordat,
després via crucis el varen clavar,
Sant Llàtzer aixeca’t ja pots caminar,
clausura, el torn gira, silicis tonsura
el dimoni et tempta com llaminadura
en forma de dona, en forma de llop,
toca la viola la violonada
la monja somica ja l’han violada.

Déu! eh que actualitzes el cerimonial
perquè si no et quedes sense personal,
potser és culpa teva
si tot ho manegues,
i tot ho vigiles,
i em deixes que sigui anticlerical.

Oración

Ésta es la historia/ de un escapulario,/ de una sacristía y de un viejo rosario,/ de un avemaría de sotanas negras,/ confesiones y hostias, misal y cuaresmas,/ de Dios y su madre, del espíritu santo,/ oficios, liturgias y cristos sangrantes,/ de una temporada de nuestra vida,/ la de cualquiera que es parido y grita,/ cuando nacen lo bautizan, confirman y abofetean,/ sexto mandato, empinarla es malo,/ hay gula o hay hambre, pereza o desgana.// ¡Dios! eh, que me perdones en el confesionario/ penitencia dura que duele mucho./ Soy, no quiero ofender, anticlerical.// En el Mediterráneo se bailan sardanas/ me miras te miro esperanzas vanas/ y a las cercanías montan cofradías/ para coger el apio en las abadías,/ San Jordi torero mata al dragón arisco,/ la virgen si es virgen pisa a la serpiente,/ tiene cola el demonio, vigila, vigila,/ la monja más vieja tranquila hace cola/ solita perdida dentro del convento,/ a la superiora ha hecho testamento/ que es súper y ora para no ir al infierno.// ¡Dios!…// Dentro de un establo ha nacido completamente solo/ es la Epifanía campanas al vuelo,/ los reyes del petróleo ya han llegado,/ pero hay uno que es negro y va en desacorde,/ después vía crucis lo clavaron,/ San Lázaro levántate, ya puedes caminar,/ clausura, el torno gira, cilicios, tonsura,/ el demonio te tienta como golosina/ en forma de mujer, en forma de lobo,/ toca la viola, la violonada,/ la monja llorosa, ya la han violado.// ¡Dios! eh que actualices el ceremonial/ porque si no te quedas sin personal,/ quizás es culpa tuya/ si todo lo manejas,/ y todo lo vigilas,/ y me dejas que sea anticlerical.

Pi de la Serra

Sitios interesantes que hemos encontrado:

http://www.cristianosgays.com/

http://www.taringa.net/posts/info/8768158/El-Otro-Holocausto_-El-Vaticano-y-el-Genocidio-en-Croacia_.html

http://www.centrorey.org/catolicismo/cat_15.html

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