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¡Muerte al cómico!


¡Cómicos!
Duermen vestidos,
viven desnudos,
beben la vida a tragos.
Son adorados,
son calumniados
como dioses de barro.

Víctor Manuel, “Cómicos

Como decían en uno de montajes teatrales, que relataba la vida del actor errante en el siglo XVI, Antonio Orozco y José Palacios, del grupo Taormina, los poderes políticos de las aldeas y villas (alcaldes, corregidores, canónigos, etc.) rechazaban y hasta perseguían a los cómicos porque denunciaban al poder, decían las verdades y eso incomodaba. El texto es suyo, pero es algo que podría haber dicho cualquier actor, desde la Grecia antigua, la Roma imperial, pasando por el teatro barroco español, etcétera, hasta nuestros días. Como reflexión no está mal para empezar, aunque habrá que matizarlo.

Gala-Premios-GoyaCiertamente, la gala de los Goya ha dejado indiferente a muy poca gente, y hacía tiempo que no tenía tanta repercusión desde los días de la guerra de Iraq, no hace mucho. A lo largo de esta semana, llevo viendo ciertas cosas en relación a los discursos que algunos actores, actrices y directores hicieron, y que han desembocado en algunas ocasiones en un linchamiento público, desde la derecha y la ultra-izquierda, a dichas personas, pero más gravemente aún, a la profesión de actor de cine. La cuestión es que es muy difícil sustraerse a la tentación de, si habiendo un representante del gobierno, y más aún, aquél del que depende el salario y el trabajo de uno en cuestión, no lanzar unas cuantas críticas. Por citar los casos más llamativos: Candela Peña lo hizo, aunque quizás se equivocara en un par de cuestiones, para reivindicar los servicios públicos que los ciudadanos –todos- disfrutamos; Maribel Verdú, y no creo que de manera oportunista, dedicó su premio a las personas que lo están pasando mal… Y si para algunos lo de Candela Peña fue un ataque descarado al gobierno de Rajoy, para esos mismos, y lo que más nos jode, para los que están en oposición a aquéllos, Maribel Verdú, con su inofensivo discurso, se convirtió en el chivo expiatorio.

Con esta reflexión, yo no voy a defender a capa y espada a las personas citadas, ni a atacarlas, pues cada uno con su vida y su dinero, fruto de su trabajo, puede hacer lo que le venga en gana si no hace daño a los demás; más bien es un conjunto de pensamientos acerca de algunas manifestaciones que he visto, generalmente en contra. Y voy a empezar por la derecha:

Las reacciones no sólo no se hicieron esperar, sino que se adelantaron: el editorial de La Razón (no sé si me equivoco de periódico) ¡se escribió el viernes anterior!, y el resultado fue invariable, abundando en los tópicos de siempre, con esa curiosa definición de “sectarismo” que tienen estas personas, que viene a redundar en el significado auténtico de la palabra: es decir, según ellos y su diccionario de las realidades paralelas, sectario es “todo aquel que no piensa como yo”. Y así, el señor Marhuenda, el señor Ramírez, y sus legiones, atacaban una gala que, siendo pagada con dinero público, sirvió para criticar al gobierno, insultar a los españoles (pues todos los españoles han elegido este gobierno) y hacer “proselitismo socialista”, la zeja, dadadadá. Impresionante la preocupación de para qué se utiliza el dinero público por parte de estos señores que, ciertamente, nunca han visto Tele-Madrid o Canal 9. Y en los días siguientes llegó el apoteosis: el ministro Montoro, intentando realizar una “hábil” táctica de distracción, respondió al diputado socialista que “hay actores que no pagan impuestos”; un parlamentario de ICV se preguntaba si se refería a Bárcenas, aunque podríamos haberle preguntado también que si se refería a Julio Iglesias: un cantante que desde hace años vive en Miami para eludir impuestos, pero que a diferencia de otros, que lo hacen por la razón que sea, es reclamado de vez en cuando para algún concierto en un pueblo, o por alguna comunidad autónoma gobernada por los populares, como Valencia, para ser imagen, o no sé qué pollas, de la comunidad o ciudad en cuestión, desembolsándole una admirable cantidad de dinero que no pasará el fisco español. Y al mismo tiempo, nuestra Tele-Mordor se ha dedicado esta semana a difamar a Maribel Verdú un día, y al día siguiente a dejar de manifiesto el “sectarismo” del mundo del cine español, sacando para ello las declaraciones del ahora diputado por UPyD Toni Cantó (¡sí Toni!, no te llaman porque no “eres de ellos”: va a ser eso); ¡y lo dicen los medios que otorgaron un premio a Arturo Fernández!, y dudamos que fuera por su calidad interpretativa (cosa que dejo al margen). La industria del cine sectaria, etc., pero no hablemos de los premios “La Razón”, “ABC” o incluso “El País”: ¡no!, será que no se dan por afinidades ideológicas. Voy a resaltar una cosa: en la gala, se dio agradecimiento al director de Intereconomía por financiar la película de animación Tadeo Jones y no se oyó un solo abucheo. ¿Y no se recuerda el Goya honorífico a Alfredo Landa, quien por esas fechas se declaró de derechas?

Total, que la programación de la semana ha sido básicamente –y por tácticos motivos- el “linchamiento público al actor”. A este linchamiento al actor, concretamente a la actriz Maribel Verdú, se ha sumado el alcalde de Valladolid, contándonos sus pajas mentales en vez de declarar por qué razón del mundo la policía irrumpió en el local donde actuaba la cantautora María Rozalén y la hicieran sentir, según sus palabras, como una delincuente.

… y así, con el linchamiento gratuito al actor, desenmascarando “sus escándalos”, evitaremos hablar de cosas más sangrantes.

Cine y dinero público, y junto a esto el uso despectivo de la palabra “subvencionado”, que sólo suele aplicarse de esta manera al mundo de la cultura, a los sindicatos y demás (junto a otros insultos como “becado” y “funcionario”), y no siempre sólo por la derecha, sino por gente que se tiene por izquierdista, cometiendo un error tremendo en su apreciación, pues a menudo, sin esa subvención, bienes y servicios que pagamos por el mínimo, o por ninguno en ocasiones, precio, serían más caros y, por tanto, al alcance de unos pocos. Pareciera que sólo molesta que se subvencione a ciertas personas o entidades, cuando olvidamos que también reciben subvenciones las entidades bancarias, algunos clubes de fútbol, e instituciones y asociaciones de dudosa valía, moralidad y finalidad… Y LA PRENSA, señor Marhuenda, que usted lo sabe bien: la prensa… pues también recibe sus subvencioncitas, por mucho que pretendan engañar a sus lectores (y a quienes no, de manera indirecta). Pero, ¿realmente les molesta que se subvencione con dinero público la industria española del cine, es decir, la cultura? Porque aún no les he oído decir nada de la subvención que recibió José Luis Garci con dinero de la Comunidad de Madrid para rodar una película ambientada en la revuelta madrileña contra las tropas napoleónicas y que no sé si quiera si se llegó a proyectar en los cines. Y si me voy al extremo, no oigo a nadie criticar que se ruede Torrente X (cuando llegue).

Dejo al margen insultos y crueldades de parte de otros elementos con la convicción de que la mayor parte de la gente de derechas de este país es virtualmente (de virtud) y sin remedio mala: todavía me acuerdo cómo en los comentarios en las ediciones de los periódicos muchos de ellos aplaudían la muerte de Yoshito Usui, autor de Shin Chan.

Pero en fin, de ellos me lo esperaba, y hay veces que casi ni molesta. Pero lo que más me molestó fue lo que vino por parte de gente que no lo esperaba:

La primera en la frente, como se suele decir: al día siguiente, en su columna/ blog en Público, Shangay Lily, titulaba “Los Goya de la cobardía” una entrada en la que, al tiempo que atacaba la ausencia de críticas al gobierno, según él, atacaba indiscriminadamente a algunos de los asistentes. Cito un fragmento de su blog:

Menos pose y guiño y más incomodidad. Lo importante no son vuestros dinosaurios egocéntricos, lo importante es que el cine sea arte y no entretenimiento. Y el arte no existe sin compromiso social, sin retratar la realidad, desde aquel bisonte de Altamira hasta las obras de teatro del maestro antifranquista Miguel Romero Esteo. Lo demás es carburante para el consumismo.

Si bien podría compartir, aunque con matices, lo que ahí dice, no deja de sorprenderme, como me sorprendió en su día su fichaje por este diario. Yo recordaba a Shangay por cosas mucho más frívolas, las cuales aparecen en su biografía del blog: se pateaba los platós de televisión, con una actitud de lo más frívola y con expresiones de desprecio snob tales como “Oh darling!” intentando vender su libro de cómo ser glamouroso. Por esa razón, la crítica se hace, si cabe, más incomprensible todavía. Será, como dice un amigo mío, resentimiento por no haber sido invitado.

Y Maribel Verdú salió a recoger su premio y se le ocurrió dedicárselo a la gente que, por culpa de este sistema corrupto, lo está pasando mal… Es normal que la derecha la atacase, por eso del “sistema corrupto” (aunque su discurso no cargó contra nadie en particular): Tele-Mordor, al día siguiente, sacaba algunas revelaciones sobre ella (aunque después de la noticia que se dio hace tiempo sobre una bomba en el aeropuerto Jacques De Gaulle y otras cosas, como comprenderéis, no voy a ser yo quien los tome en serio); pero lo que podría haber pasado por un momento excepcional en el que alguien notorio aprovechase la ocasión para decir una verdad, se volvió en algo un poco raro. Circula en internet esta cosa:

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Maribel_Verdú_-_Seminci_2011_(2)A mí este escrito me cabrea porque parece haberlo hecho alguien con consignas de la derecha neoliberal, y en su gran mayoría cuenta más mentiras o verdades a medias, que verdades. La nota nos la da la línea que dice “nos dedicamos a hacer películas con el dinero de los impuestos de los ciudadanos”, lo cual suena a Marhuenda-Ramírez que hasta huele; y luego lo de que si quieres verlas “tienes que ir al cine”… ¡Nos ha jodido Mayo! Lo de las descargas está bien, pero reconoced que no se vive del aire, que esa subvención es para pagar el coste de la película (que no se paga con la subvención sola). Y el resto es una crítica a una supuesta doble actitud: “hago anuncios de bancos, del Corte…”: eso es trabajo, aunque esté más remunerado; poca gente sabe esto, pero un actor/ actriz pocas veces puede darse el lujo de no aceptar un trabajo: hay temporadas en las que te puedes pasar años sin trabajar. Y el caso es que son las mismas cosas que sacó la noticia de Tele-Mordor. Y aclaremos lo de los vestidos y el pedrerío de una vez: la mayor parte de las veces, son préstamos o regalos de esas casas en particular, que luego tienen que devolver. Comprendo, eso sí, la crítica por la muerte de animales en la susodicha (y me temo que sobrevalorada) película: pero de ahí a achacárselo a ella… Quizás no esté conforme con ello, a lo mejor no lo sabía (los actores no participan en todas las sesiones de rodaje), y tal vez no pudiera darse el lujo de pasar, o quizás ya fue demasiado tarde; pero, la pregunta en cuestión es ¿mató ella al toro?

Entiendo buena parte de las críticas: la mayoría de las veces, los que tienen más dinero pueden llegar a frivolizar algunas cosas (by the way, aún no he oído críticas hacia la “ecológica” baronesa Thyssen, aunque hayan pasado años): pasa ahora, pasaba en los años 30; pero, ¿es que sólo puede criticar al sistema si vives en una chabola y vas vestido con el “mono azul”? En ese caso, apaga y vámonos, porque más de uno de los que están difundiendo algunos escritos parecidos tiene por dónde callar; y, a parte, que qué mejor ocasión para que se sepa lo que pasa, incluso a nivel internacional, que lo haga alguien notorio en un espacio público con bastante audiencia, ya que al del “mono azul” no sólo no le oirán, sino que le tomarán por loco o mentiroso: no porque su palabra no valga nada, todo lo contrario, sino precisamente por ser pobre. Y si no, si adoptamos esta manera radical de ver las cosas, ¡agarremos los libros de Brecht, Machado, Lorca, y mandémoslos a tomar por culo con sus reivindicaciones y su solidaridad! Pues eran burgueses; y nos quedamos sólo con los pensadores, intelectuales, escritores y artistas proletarios (muy dignos y grandes, ¡ojo!).

f. truebaMe quedo con lo que dijo Fernando Trueba al inicio de la gala: que cada uno diga lo que quiera, “que ya bastante nerviosos estamos como para pensar en ello”; pues si ahora resulta que hasta desde las filas progresistas vamos a criticar porque dijeron, no dijeron, qué dijeron, qué no, y quién lo dijo o no(e insisto: hasta donde yo sé, la carrera de Maribel Verdú no ha dejado ningún “muerto” –literal o metafóricamente hablando-: quizás hace esos anuncios –esos trabajos-, pero, ¿es ella la que desahucia a la gente?), yo ya no sé dónde meterme. Como dijo este mismo amigo mío: ¿qué más tienen que hacer?, ¿quemarse a lo bonzo? A fin de cuentas, algunos de ellos reivindicaron el mantenimiento y protección de los servicios públicos, quizás ni siquiera para ellos, sino para nosotros. Entonces, ¿qué es lo que molesta de ello? “Es que pidieron para subvencionar el cine”… ¡Normal! Es su trabajo, y no pasa por un buen momento: cada producción es una aventura financiera (that’s capitalism!), y la subvención constituye una red para no arruinarse; que de las ganancias de las películas no sólo comen los glamorosos actores, los directores “de la zeja”, etc., sino un montón de gente: técnicos, operarios, maquillaje, peluquería, etc. Lo que se ve, es sólo una parte: es un trabajo hecho por mucha gente. (Luego, ¡eso sí! Iremos como tontos a ver Torrente #)

Quizás esto último haya quedado un poco pueril, no lo sé; pero sí intuyo que está habiendo una manipulación encubierta desde la derecha para que desde las posiciones contrarias se realice el linchamiento al actor que no les baile el agua. El que la ultra-derecha y la ultra-izquierda se den la mano en esta cuestión en particular nos da unas líneas no muy halagüeñas, y no me gustaría que se comenzase a realizar el linchamiento al, no al millonario exactamente, sino al que tiene más dinero que tú, como en otras ocasiones de la historia se hizo, precisamente, para salvar a los que tenían todo el dinero. ¡Cuidado cuando los ricos atacan a los “ricos”!

Goyas aparte, la vida del actor –del de cine y del de teatro- es una dura vida en la que hoy está protagonizando, mañana eres un secundario, y pasado ni apareces, y puedes pasarte años sin trabajar (hablando de épocas económicamente estables). Si las declaraciones y reivindicaciones de algunos actores y actrices son, al final, hipócritas, eso es asunto de su conciencia: sin embargo, si han molestado a quienes tenían que molestar, será por algo.

Cierro con dos cosas. La primera, la canción “Cómicos” de Víctor Manuel, dedicado a los actores y artistas que secundaron la huelga de actores de 1975 y les cayó la del pulpo:

Y una petición, ya que hablamos de lo “bien que viven los actores españoles”. Si tienes la bondad, estés de acuerdo o no con el escrito, te pido que firmes para ayudar al grupo de Teatro Taormina, que no pasa una buena situación. Es una recogida de firmas con la que pretendemos demostrar al ayuntamiento de esta localidad lo mucho que Getafe quiere a su veterano grupo de teatro:

http://www.change.org/es/peticiones/concejal-de-cultura-del-ayuntamiento-de-getafe-dar-la-ayuda-solicitada-al-grupo-de-teatro-taormina

PD: ¡Pero qué guapa iba María León!

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Legalizando a ritmo de rock


“SI EL MUNDO NO SE ARREGLA POR SI SOLO, HABRÁ QUE HACERLO CON UNA BUENA…COZ”

Grito de guerra con el que la banda comenzaba sus conciertos en los primeros tiempos -Heavy Rock – Popular 1 – # 9 (1984)

Mitin del PCE en Torrelodones (Madrid), el domingo 12 de junio de 1977. Faltaban tres días para los primeros comicios legislativos de la democracia y el partido logró reunir a 300.000 personas.Tal día como hoy, en 1977, el entonces presidente Suárez daba un paso importante en aquello de la transición democrática: tras idas y venidas de emisarios y mensajeros entre el gobierno y el entonces ilegal Partido Comunista de España, reuniones clandestinas con Santiago Carrillo, y la demostración de responsabilidad de sus dirigentes y, más importante, la de civismo de sus bases y simpatizantes (mucho mayor que aquellos “defensores de la civilización occidental” que seguían diciendo que legalizarlos supondría la venida del caos), Suárez decidía legalizar en la Semana Santa de aquel año legalizar al “enemigo secular”. Fue un paso valiente y arriesgado, ya que muchos de los ministros, tanto civiles como militares, no es que fueran reacios, sino que eran hostiles, y amenazaban, indirectamente, aunque a veces muy directamente, con sus “ruidos de sable”: tras la legalización efectiva, el general Gabriel Pita da Veiga, a la sazón ministro de marina, al presentar su dimisión, se convertía en el capitán de una “rebelión” contra la decisión gubernamental; otros militares y cabecillas de la ultraderecha llenaban las páginas de los diarios ultras con incendiarias cartas y editoriales llamando abiertamente a la insurrección. Es de ley decir que tanto el presidente Adolfo Suárez (aun con sus luces y sus sombras) como el ministro de defensa, el general Manuel Gutiérrez Mellado (de quien he llegado a leer en algún medio ultra que era “agente de Moscú”), realizaron una labor encomiable, sobre todo al intentar apaciguar los ánimos de aquellos por lo que tenían que responder desde sus cargos.

Dolores Ibárruri y Rafael Alberti bajan las escaleras del Congreso en las primeras Cortes democráticas tras las elecciones.  MARISA FLÓREZPor su parte, la alegría de los dirigentes, las bases y los simpatizantes del PCE era desbordante, sobre todo porque ya no tenían que esconderse, y se manifestaban abiertamente. El partido, por entonces, gozaba de gran popularidad, además de muchas simpatías internacionales (debido a que con aquello del “eurocomunismo”, su secretario general Santiago Carrillo afirmaba alejarse de la temible y desprestigiante línea dura del estalinismo). Eran muchos, también, los artistas e intelectuales de toda generación, que o estaban afiliados o eran simpatizantes: veteranos literatos como Rafael Alberti y Gabriel Celaya eran una buena credencial; y con ellos, artistas e intelectuales algo más jóvenes. De entre ellos, destacaban los cantautores y los músicos, muchos de ellos reunidos en torno a algo que se llamó “Colectivo Musical del PCE”, que fue el que sacó un disco, dentro de la serie de discos llamado “Hablan los partidos”, que alternaban temas musicales con discursos de los dirigentes: Partido Comunista de España era el volumen 8º de esta serie, y reunía alocuciones de Dolores Ibárruri, Santiago Carrillo, Simón Sánchez Montero, Marcelino Camacho, Pilar Brabo, Ignacio Gallego y Ramón Tamames, con los temas musicales de Víctor Manuel, Ana Belén, Teddy Bautista y Coz, mítico grupo de rock que es hoy nuestro protagonista.

Coz fue uno de las primeras bandas de rock duro surgidas a finales de los 70, con el precedente de Triana, Asfalto, Bloque, Smash, etc., y, al igual que el resto de estas bandas, tenía un marcado cariz izquierdista: era natural, ya que casi todas ellas procedían de los barrios obreros, y a muchos de ellos les Coz, ¿en la fiesta del PCE?unía cierta afinidad peculiar con los cantautores de la época: Benedicto afirma en su libro Sonata de amigos, que –por cosas de la época- él y Bibiano tuvieron que pasar el examen ante el sindicato de espectáculos, estuvieron presentes como grupo de apoyo, además de cantautores como Elisa Serna, esta banda de rock duro, que ejercieron una cierta presión sobre el tribunal examinador. Desde entonces, Coz ha conocido diversos cambios desde su etapa inicial. En ésta de los inicios, la banda estaba dirigida por los hermanos Amancio y Carlos de Castro, que posteriormente formarían otra banda mítica, Barón Rojo; ellos son los coautores de esta canción junto al bardo asturiano Víctor Manuel, y que se recogía en dicho disco:

Rock de la legalización

Acaba de cumplir cincuenta y seis
que van del charlestón al rocanrol.
Acaba de cumplir cincuenta y seis
y ya podemos ver la luz del sol.
Nadie se esperaba esta explosión,
sábado caliente de resurrección.
Ya soy legal.

Las banderas rojas sin cesar
siguen invadiendo la ciudad.
Jóvenes y viejos se unirán
lágrimas y risas por igual.
Alguien rescató el viejo carnet
que estuvo escondido en la pared.
Ya soy legal.

Esto sí nos tiene que ayudar
a crecer sabiendo trabajar.
Sólo se me ocurre señalar
que la juerga acaba de empezar.

Víctor Manuel – Amancio y Carlos de Castro

http://www.cancioneros.com/nc/9386/0/rock-de-la-legalizacion-victor-manuel-san-jose-armando-castro-rueda-carlos-castro-rueda

El disco se puede descargar de aquí: http://www.mediafire.com/download.php?s4mkhm9k7xsis46

40 años de A cántaros, y aún parece que fue ayer


A cantarosAyer se cumplían los 40 años desde que nuestro gran Pablo Guerrero publicó su mítico disco A cántaros. Pablo comenzó a cantar a finales de los 60: sus primeras canciones, recogidas entre 1969 y 1971 en tres sencillos, eran canciones de corte rural y entrañables, todo un homenaje a las gentes trabajadoras de Extremadura (canciones de las que yo soy muy fan); son aún canciones en clave folk al estilo de las que por entonces había hecho Víctor Manuel o comenzaba a hacer por su parte el inmortal José Antonio Labordeta. Pero para el año 72, Guerrero se vuelca más hacia el folk-rock de corte dylaniano, con un buen conjunto de músicos amigos practicantes de este género, como Nacho Sáenz de Tejada y Miguel Ángel Chastang (ambos miembros de Nuestro Pequeño Mundo, como otros que le acompañaron). En él, como es natural, se encontraba su canción más famosa, “A cántaros”, que pronto se convirtió en uno de los más deliciosos himnos de la resistencia antifranquista, incluso de la no militante e inconsciente, de la que pensaba que las cosas no estaban bien y tenían que cambiar… Y por eso sigue estando tan vigente, por un lado, por desgracia, pero por otro, ya que tiene que ser así, por suerte. Pero no es ésta la que vamos a poner, ya que aquí ya la hemos puesto muchas veces, incluso con una traducción al inglés para los amigos y curiosos no castellano-hablantes. En su lugar, vamos a poner dos canciones del mismo disco (pues no he sabido decidirme) que, de alguna manera, simbolizan el espíritu de Pablo, tanto en los días de la grabación del disco, como en estos nuestros puñeteros días.

El amor formó parte de gran parte de los temas de los cantautores de aquella época, pero entendido de otra manera: como una cosa de dos y, lo que es más importante, como el principio de algo que puede ser el motor de un cambio más que posible. Pablo Guerrero fue uno de los grandes artífices de esta temática:

Buscándonos

Qué de temblor de peces
hay en tus ojos
cuando penetro en ti
—buscándote, buscándote—
granizada de luz
en mi noche de agosto.

Qué temblor de manantiales
hay en tu boca
cuando bebo de ti
—buscándote, buscándote—
un buen sorbo de besos.

Qué de temblor de risa
hay en tus manos
cuando vienen a mí
—buscándome, buscándome—
para exigir al mundo
nuestra ración de dicha.

Qué de temblor de vida
hay en nosotros
cuando nos descubrimos
—buscándonos, buscándonos—
hasta sentirnos uno,
nuestros, resucitados.

http://www.cancioneros.com/nc/6991/0/buscandonos-pablo-guerrero

Y es que una de las palabras que podrían definir a Pablo sería la de FIDELIDAD, LEALTAD, etc. Y por eso ha sido de los que no se han rendido, y le encontraremos siempre:

Me encontrarás

Me encontrarás.
Aunque apenas me busques, me encontrarás,
aunque apenas me llames, me encontrarás.

Comiendo una manzana
o atándome un zapato
para seguir andando,
me encontrarás,
me encontrarás andando.

Mezclado con la gente
respirando
su mismo aire, su mismo
corazón de plástico.
O quizás este solo a punto de asaetar
mi sombra como un pájaro.
Pero me encontrarás,
me encontrarás andando.

Tú conoces mis pasos,
mi forma de reír,
mis libros y el relincho
de mi caballo.

Me encontrarás por eso
el día en que las manos
seguras que buscabas
te hagan daño.

Aunque apenas me busques,
aunque nunca me llames
me encontrarás andando.

Luces desnudas como la verdad
buscando.

http://www.cancioneros.com/nc/10388/0/me-encontraras-pablo-guerrero

¿Qué fue de los cantautores? Luis Pastor le responde con mucho gusto…


Portada del último disco de Luis Pastor, muy de Grateful Dead, ¿no?“¿Qué fue de los cantautores?” era la pregunta que algunos, bien maliciosa, bien ingenuamente, preguntaban a todo aquel “ex-combatiente” de la Nueva Canción genérica -es decir, en todo idioma oficial, o no reconocido, y en dialectos de todo el país- que lucharon con voces y guitarras contra el franquismo y sus coletazos. Luis Pastor responde en su nuevo disco a esta pregunta: según le entendí en un evento, fue un poema que estuvo madurando, harto de que le preguntaran por aquellos días, como si ya estuviera acabado y retirado, y no le preguntaran por lo que estaba haciendo hoy por hoy, y que se lo soltó a cierto periodista y crítico musical (del que no revelaremos el nombre) que le lanzó la pregunta, uno de los que a finales de los 70 tocó la trompeta del apocalipsis de la muerte de los cantautores, y que, paradójicamente, conduciría algo después un excelente programa para TV3 sobre la Nova Cançó, dejándole a cuadritos. Lo que aquí en este poema Pastor expone es algo que ya a menudo hemos hablado aquí, del desarrollo que tuvo la canción de autor crítica y combativa en nuestro país, que arrancó desde los años 60 y tuvo sus momentos álgidos y bajos entre los 60 y los 70: poniéndose de moda, quitándose de moda, poniéndose, etc., por parte de productores y críticos, entre los cuales los había más o menos honestos, y más o menos aprovechados. A finales de los 60, la canción de autor, o mal entendida “canción protesta”, llegó a ponerse relativamente de moda: esto no significa que los auténticos cantautores tuvieran toda la libertad del mundo para tocar, grabar y actuar, y casi lo que es más importante, distribuir sus producciones, o que estuvieran exentos de las multas y las detenciones; lo que la realidad era, más bien, cierto aire de indignación cuando con similares fórmulas ciertos intérpretes hacían su agosto imitando unas estructuras básicas y formales de la canción de autor, hasta el punto de llegar oír que el “Canto a Galicia” de un tal Julio no-sé-qué era el himno de los emigrantes gallegos; hechos tales que la banda de canción de autor satírica Desde Santurce a Bilbao Blues Band reflejaban en su demoledora “El ídolo”. Luis aborda muchas de las críticas que, por aquellos años, les lanzaba cierta crítica interesada: ¿chicos burgueses que no tenían por qué protestar? Muy especialmente él y otros, chavalxs que empezaron a trabajar desde muy jóvenes, sabían que era una falacia repugnante. La crítica reaccionaria, en su estilo de costumbre, no tenía mejores argumentos que mentir sobre la mayoría de ellos y generalizar, a veces exagerando verdades a medias, y otras, sencillamente, inventándose las cosas.

Portada de "Hermano Lobo", agosto de 1974, por Miguel GilaMediados de los 70: Franco la palma y se inicia un proceso irregular de democratización no acabado –ni de lejos- que, si bien por un lado pretendía instaurar una democracia parlamentaria, por el otro intentaba mantener ciertas cosas y, lo que es más importante, a ciertas personas. Entre 1976 y 1978, con una progresiva liberación de la libertad de expresión y relajación de la censura, la canción de autor tiene su nueva edad de oro; básicamente fueron tres las edades de oro que tuvo: a mediados de los 60, con la influencia de la Nova Cançó y, especialmente de Raimon y Paco Ibáñez, y que fue interrumpida por las medidas tomadas al respecto de las revueltas estudiantiles y obreras; la tercera, con el llamado “espíritu del 12 de febrero” en 1974, una época de relativa apertura de la libertad de expresión, que duró muy poquito; y esta última, durante la transición: en todas ellas, podrá aducir alguien, surgieron aprovechados, arribistas y demás, algunos de los cuales traicionaban su propio espíritu; pero, si bien esto es verdad, no dejemos de hacer notar que en todas ellas surgieron nuevos y grandes valores. Esta última edad de oro tiene su explicación en que, al haberse liberado un poco la libertad de expresión, las grandes discográficas internacionales comienzan a fichar a muchos de ellos (hasta la fecha, muy pocas multinacionales habían fichado cantautores: una de las salvedades fue Víctor Manuel, que grababa en Sony), mientras que personas que habían trabajado en la crítica y la prensa musical, como Alain Milhaud, Antonio Gómez o Gonzalo García-Pelayo, abrían nuevas discográficas que se ocuparan de esta música. Pero de ninguna manera significa esto que se forraran: a la par que se permite la grabación y distribución de casi todo material, paradójicamente, sus actuaciones son prohibidas, total o parcialmente, por el ministerio de la gobernación: el tan laureado ministro Manuel Fraga (tanta paz lleves como descanso dejas) se dedicó, prácticamente, a prohibir todo evento que tuviera una mínima relación con la canción de autor e incluso con la poesía: de los cuatro recitales de Raimon en lo que supuso su vuelta a Madrid, se suspenden los tres restantes (el primero, que fue grabado en un disco maravilloso, reflejaba en su portada el hecho); también se prohíbe la serie de recitales-homenaje de José Antonio Labordeta a su hermano, el gran poeta Miguel Labordeta (el primero se registra en el disco Labordeta en directo); parecida suerte correrán muchos de los festivales multitudinarios que, a lo Woodstock, presentaba lo mejor de cada casa en su lengua o dialecto regional, por una u otra cosa; y muchos de aquellos que conseguían realizarse, eran sistemáticamente saboteados por matones de la ultraderecha, a veces, enviados por la propia policía, cuando no eran de la misma policía. Quizás se debiera a que, en los primeros momentos de la transición, estos recitales tenían mucho de político, en ocasiones tanto que amenazaba con devorar el componente artístico: eran invitados de excepción figuras de la oposición, tanto política –de los cuales, muchos no se mostraron tiempo después lo que se puede decir agradecidos- como cultural (Gabriel Celaya fue invitado especial en el recital de Raimon en Madrid, y al contrario que con Felipe González, la asistencia anónima tuvo unidad de criterio al aplaudir su presencia, hasta el punto de arrancar lágrimas de los ojos del célebre poeta vasco); eso, por un lado, y por otro que aquellos recitales se convertían en los lugares para hacer todo tipo de reivindicaciones, lanzar todo tipo de vivas y mueras, y, en definitiva, decir todo aquello que durante más de cuarenta años no se podía haber dicho, a menudo sin ser conscientes de que el que pagaba el pato de toda esta celebración de la libertad de expresión era el propio cantautor (quien sí que era consciente a todas luces, era el enviado de la poli). A finales de los 70 esto era una situación algo insostenible, y, como les pasara a los Beatles, muchos cantautores se quejaban de que la gente no les oía, y ya no se sabía si los que reventaban los actos eran de izquierdas o de derechas. Pero su labor en estos años, a pesar de las multas, las detenciones, fue encomiable; aquellos que comenzaron cantando semi-clandestinamente en las sacristías de sacerdotes progresistas ahora llenaban estadios de fútbol y plazas de barrios y pueblos, y eran reclamados en recitales y festivales en el extranjero: Luis Pastor cantaba al aire en el barrio de Vallecas; Víctor Manuel y Nuberu lo hacían para los All my friends were theremineros asturianos; Carlos Cano, Manuel Gerena, Gente del Pueblo… para los jornaleros de Andalucía; Imanol se trajo de la mano a los bretones Gwendal, maestros de la música celta, para cantar en vasco; Benedicto y Bibiano recorrían Galicia practicando los preceptos aprendidos del inmortal José Afonso; Pablo Guerrero traía los ecos de la Extremadura que trabaja y que pasa de su “glorioso pasado” de conquistadores; Nuevo Mester de Juglaría, La Bullonera, Jarcha, Oskorri, Joaquín Díaz, Fuxan os Ventos, Sabandeños, Al Tall… dignificaban la música tradicional de su tierra, secuestrada por el nacional-folklorismo, y la gaita volvía a sonar rebelde y reivindicante. Y mujeres, como dice Luis, que merecen su mención a parte por muchas razones: la primera, por haber desafiado el estatus social que la sociedad las reservaba; la segunda, a consecuencia de la primera, que para muchas de ellas, probablemente, les fuera más difícil que a los que mean de pie el escribir sus canciones y cantarlas; y la tercera, porque a diferencia de las cantantes convencionales, algunas de ellas de diseño, de la época, con todo, eran dueñas absolutas de su producción y de su trabajo: Elisa Serna, Maria del Mar Bonet, Pilocha, Cecilia… Tod@s ell@s cantaban para un público que ya no era exclusivamente el universitario de entre 18 y 25 años de edad aproximadamente, sino que era un público muy heterogéneo, tanto social como demográficamente: jóvenes universitarios, bachilleres con acné, obreros, obreras y amas de casa de mediana edad, ancianos campesinos (que se preguntaban cómo esos muchachos podían saber todas esas cosas), y representantes de las clases medias: médicos, profesores, abogados…

otan noPero mientras sucede el máximo exponente, a la vez, se producía su declive, o quizás fuera un declive conducido por algunos, quién sabe… El caso es que ya entonces, ciertos críticos enarbolaron la bandera de la muerte, y haciendo una lectura parcial y sesgada de lo que dijera Mr. Bob Dylan, anunciaron la muerte de la canción de autor; pero mientras tanto, grupos tan curiosos como los futuros Pecos o Mecano intentaban hacerse su hueco versionando canciones de Aute o Víctor Manuel. Pero el declive avanza, y después del milagro del 23-F, después de la victoria electoral de D. Felipe González y su PSOE, aquellos políticos que anteriormente habían recurrido a ellos para amenizar sus mítines –el gancho era el cantautor o grupo de rock, ya que también merecen mención grupos tan geniales como Triana, Coz, Bloque, Asfalto y otros- declaran entonces contra ellos y consideran, más por conveniencia que por lealtad a la verdad, que ya no son necesarios: por conveniencia, decimos, pues la mayoría participó en las campañas y recitales contra la permanencia de España en la OTAN, junto a los grupos de heavy metal y punk-rock que se cargaban la visión de la juventud pasota de los 80. El cantautor argentino Alberto Cortez declaraba, en el programa “La Tierra de las mil músicas” (un capítulo con más buenas intenciones por parte del señor Luqui que buenas informaciones), que con la muerte de Franco se descubrió quiénes de ellos valían y quiénes no… Bueno, sobre esto podemos decir que el señor Cortez, a quien presentamos nuestra admiración, es tremendamente injusto con muchos compañeros: es cierto que hubo muchos cantautores, con buenas intenciones, eso sí, que no supieron afrontar el cambio, y se quedaron en el camino; pero no menos cierto es que la industria musical, la crítica y, en buena parte, el público y el cambio generacional dejó a muchos valiosos intérpretes en el camino. La fórmula hacia la frontera con los 80 era muy básica: renovarse, y así lo hicieron muchos, tales como Luis; la canción de autor ahora debía dejar atrás la arenga política y la rabia, y volverse algo más descriptiva, narrar lo cotidiano, y evitar, en lo posible, la frivolización de los temas: el elemento humanista y crítico debía de preservarse, pero bajo nuevas fórmulas. Esto no supuso, de ninguna manera, claudicar ni rendirse: alzaron sus voces también contra la guerra del golfo, contra la guerra de Irak -que es la que me tocó más de cerca-, en donde mientras Luis Pastor y Adolfo Celdrán presentaban sus escalofriantes canciones contra la guerra, José Antonio Labordeta, en su papel de diputado por Aragón, hacía vibrar el congreso con palabras de justicia y de verdad, tomadas de su hermano, mientras el presidente Aznar miraba para otro lado… Y ¡sí!, amigo neocón, mal bicho y lengua de víbora: contra la de Libia ¡también!… Otra cosa es que los medios lo hayan recogido. 

Desde entonces y hasta hoy, se han venido repitiendo los mismos clichés de crítica, la mayor parte de las veces por parte de gente cuya idea acerca de la canción de autor es la misma que tengo yo sobre urología: de oídas y sin comprobar. Básicamente, al tener sólo los referentes de Víctor Manuel o Serrat, y los desvaríos de cierta pseudo-prensa heredera de la de antaño, que aplica eso de “de la ceja” indiscriminadamente, hay mucha gente que se piensa que el cantautor superviviente de aquellos años es alguien que vive en urbanizaciones de lujo, que cena con Zapatero o Rubalcaba, que tiene un cochazo, que manda a sus hijos a colegios privados, y no sé cuántas cosas más… Y Luis revela cuál es la otra realidad, pidiendo, por favor, pero con cierto enfado, que no se meta a todos en el mismo saco. Acaba ya dándonos la pista de por qué derroteros anda la canción de autor de ahora, emparentándola con los raperos de calidad, capaces de hacer una poesía urbana de calidad y crítica con el sistema.

Y yo, que no soy cantautor, aunque dé el cante, me siento muy orgulloso de ellos, y de haber conocido a muchos de ellos: de los que no se rinden, de los que dejan en ridículo al señor Winston Churchill con aquella soberana memez que dijo acerca los revolucionarios a los 20 y a los 40, y, cuando tenga su edad, me gustaría ser como ellos.

NOTA: se me disculpe no haber nombrado a muchos, pues no pretendía ser exhaustivo; que esto no se entienda como una injusticia.

“A todos los compañeros cantautores que ya no están, pero que nos dejaron su ejemplo, su compromiso y sus canciones: Ovidi Montllor, Carlos Cano, Chicho Sánchez Ferlosio, Hilario Camacho, Imanol, Labordeta, Quintín Cabrera, Mikel Laboa…”

Dedicatoria del álbum de Luis Pastor, ¿Qué fue de los cantautores?

Qué fue de los cantautores

Éramos tan libertarios,
casi revolucionarios,
ingenuos como valientes,
barbilampiños sonrientes
—lo mejor de cada casa—
oveja negra que pasa
de seguir la tradición
balando a contracorriente
de la isla al continente
era la nueva canción.

Éramos buena gente,
paletos e inteligentes,
barbudos estrafalarios,
obreros, chicos de barrio,
progres universitarios,
soñando en una canción
y viviendo la utopía
convencidos de que un día
vendría la Revolución.

Aprendiendo a compartir
la vida en una sonrisa,
el cielo en una caricia,
el beso en un calentón.
Fuimos sembrando canciones
en esta tierra baldía
y floreció la poesía
y llenamos los estadios
y en muchas fiestas de barrio
sonó nuestra melodía.

Tardes y noches de gloria
que cambiaron nuestra historia.
Y este país de catetos,
fascistas de pelo en pecho,
curas y monjas serviles,
grises y guardias civiles,
funcionarios con bigote
y chusqueros de galón,
al servicio de una casta
que controlaban tu pasta
tu miedo y tu corazón.

Patriotas de bandera,
españoles de primera,
de la España verdadera
aquella tan noble y fiera
que a otra media asesinó
brazo en alto y cara al sol
leales al Movimiento
a la altura y al talento
del pequeño dictador
que fue Caudillo de España
por obra y gracia de Dios.

Toreando en plaza ajena
todo cambió de repente
los políticos al frente
de comparsa y trovador.
Se cambiaron las verdades:
"tanto vendes tanto vales".
Y llegó la transición:
la democracia es la pera.
Cantautor a tus trincheras
con coronas de laureles
y distintivos de honor
pero no des más la lata
que tu verso no arrebata
y tu tiempo ya pasó.

¿Qué fue de los cantautores?
preguntan con aire extraño
cada cuatro o cinco años
despistados periodistas
que nos perdieron la pista
y enterraron nuestra voz.
Y así van para más de treinta
con la pregunta de marras
tocándome los bemoles.
Me tomen nota señores
que no lo repito más:

algunos son diputados,
presidentes, concejales,
médicos y profesores,
managers y productores
o ejerciendo asesoría
en la Sociedad de Autores.
Otros están y no cantan,
otros cantan y no están.
Los hay que se retiraron,
algunos que ya murieron
y otros que están por nacer.

Jóvenes que son ahora
también universitarios,
obreros, chicos de barrio
que recorren la ciudad.
Un CD debajo el brazo,
la guitarra en bandolera,
diez euros en la cartera,
cantando de bar en bar.
O esos raperos poetas
que es su panfletos denuncian
otra realidad social.

¿Y mujeres? ni se sabe.
Y sobre todo si hablamos
de las primeras gloriosas
que tuvieron los ovarios
y el coraje necesarios
de subirse a un escenario
de aquella España casposa.

¿Qué fue de los cantautores?
aquí me tienen señores
como en mis tiempos mejores
dando al cante que es lo mío.
Y aunque en invierno haga frío
me queda la primavera,
un abril para la espera
y un “Grândola” en el corazón.

¿Qué fue de los cantautores?
aquí me tienen señores
aún vivito y coleando
y en estos versos cantando
nuestras verdades de ayer
que salpican el presente
y la mierda pestilente
que trepa por nuestros pies.

¿Qué fue de los cantautores?
De los muchos que empezamos,
de los pocos que quedamos,
de los que aún resistimos,
de los que no claudicamos.
Aquí seguimos,
cada uno en su trinchera
haciendo de la poesía
nuestro pan de cada día.

Siete vidas tiene el gato
aunque no cace ratones.
Hay cantautor para rato.
Cantautor a tus canciones.
Zapatero a tus zapatos.

Luis Pastor

http://canciondeautorenespanol.blogspot.com/2012/02/que-fue-de-los-cantautores.html

¿Es necesario repetirlo? ¡Venga, vale!

Adela mía ¿de luto?


1814Siempre me ha hecho gracia esta canción de Víctor Manuel, de su disco de 1974 Todos tenemos un precio (aunque ya había aparecido en la colección mexicana Los grandes artistas el año anterior). En ella, Víctor interpreta a un ministro del franquismo que le habla a su mujer sobre sus cuitas; quizás por ser el más famoso, yo siempre había pensado en él, aunque el de la canción, por lo que se describe, era más probable el ministro de Interior o el de Asuntos Exteriores. El ministro en cuestión hace gala de toda la chulería de la casta que dominaba (y sigue dominando) este país: desprecio al pueblo, machismo, egoísmo; el humor negro alcanza sus cuotas máximas cuando el ministro confiesa que “no son asuntos de vida o muerte, son de guerra de Maladón”, y no deja de pensar en su futuro. La letra se vuelve hasta profética, incluso para el año 73: los políticos de Franco eran una fauna diversa y variopinta, divididas en lo que se llamaba “familias del régimen”, básicamente un compendio de todos los grupos que lucharon junto a Franco en la guerra: la Falange, los carlistas tradicionalistas, el Opus Dei, el clero, los militares de alto rango, y los últimos, que recibían varias denominaciones: liberales, aperturistas, etc.

El ministro Manuel Fraga, con el reglamentario uniforme fascistaPero en el tardofranquismo se dividían en dos grandes grupos: los inmovilistas, que se negaban en rotundo a que tras la muerte del dictador se produjera una democracia parlamentaria, reunían a los más viejos y a los más extremistas fascistas y ultra-católicos, que eran famosos por sus apasionados y aterradores discursos, y cada vez que hablaban, la gente sabía que alguna cabeza en el gobierno o en la administración iba a rodar; se agrupaban en asociaciones y proto-partidos como Fuerza Nueva o la Asociación de Ex-Combatientes, dirigían la policía y, en secreto, las cuadrillas de matones que sembraban el terror donde se les requiriese; por su marmóreo carácter inmovilista, fueron apodados como el búnker, algo tan acertado que incluso ellos adoptaron orgullosos como denominación; los más famosos de entre ellos eran el crispante Blas Piñar, el aterrador Girón de Velasco, y varios de los más rancios ministros militares, como Pita da Veiga. Los otros eran los aperturistas, que, en principio, eran reconocidos por su predisposición al diálogo con la mayor parte (algunos, incluso con toda) de la oposición democrática y, generalmente, aceptaban el hecho de que tras la muerte del dictador se pusieran los medios necesarios para la existencia de una verdadera democracia parlamentaria en España; pero dentro de éstos caben divisiones: los primeros, digamos, eran los más o menos honestos, y dentro de ellos personas a quienes la oposición guardaba, no sólo respeto, sino además contacto: gente como Areilza, ministro de exteriores por aquellos días, Pío Cabanillas, bajo cuyo ministerio hubo cierta libertad de prensa, y el general Gutiérrez Mellado; una fórmula infalible para reconocer a los honestos era que, por regla general, eran sus cabezas las que rodaban cuando el búnker, que los calificaba de traidores, daba sus diatribas, casi al grito de la Reina de Corazones “que le corten la cabeza”.

Manuel Fraga, candidato a la presidencia del gobiernoEl otro grupo de aperturistas fueron los oportunistas: éstos no deseaban la democracia, y les corría un escalofrío cuando pensaban en la legalización del PCE y otros grupos, pero eran muy listos, y sabían que el franquismo, una vez desaparecido su cabeza, no podría sobrevivir; así que, gente como Fraga, Arias Navarro u Osorio, oscilaban durante los trepidantes años del tardofranquismo y la transición entre el búnker y los aperturistas: aunque sus palabras podían parecer bonitas (excepto Fraga, que siempre hizo gala de cierta prepotencia autoritaria en sus declaraciones), sus actos (sucesos de Vitoria, represión de varias huelgas y manifestaciones, presencia en diversos actos de reventadores pertenecientes a grupos de ultra-derecha, a veces con muertos, etc.) les delataban. Los políticos franquistas aperturistas se dividieron en dos partidos principales: UCD y AP; éste último, creado y dirigido por Fraga, tenía la curiosa idea de que, aunque la sociedad española quería libertades democráticas, seguía teniendo la mentalidad de los vencedores del 39, así que suponían que la fórmula del “franquismo sociológico” les daría la victoria en las primeras elecciones, pero no fue así: los discursos electorales de Fraga y Arias Navarro, con sus apasionadas advocaciones a la “defensa de la patria contra los enemigos de España”, se asemejaban más a los de Fuerza Nueva y Falange que a los que en principio eran sus parientes políticos, los aperturistas de UCD. A la fuerza, AP tuvo que ir suavizando su discurso, aunque Fraga seguía apareciendo con aquellos tirantes tan kitsch adornados con la bandera de España, como si fuera una caricatura de algo que no agonizaba, porque estaba muerto. Volviendo a la canción de Víctor Manuel, pienso que su “ministro” marido de Adela se corresponde con uno de esos aperturistas deshonestos del franquismo sociológico que, dando una de cal y otra de arena, intentaban procurarse un lugar dentro de, o la democracia parlamentaria, o la dictadura monárquica: estaban preparados para todo.

Escuchar: http://www.goear.com/listen/5e7c253/buenos-dias-adela-mia-victor-manuel

Buenos días, Adela mía

Buenos días Adela mía
dime cómo se descansó.
Adivino por tu sonrisa
tu alegría por ser mi amor.
Cómo van esos desayunos
tengo el hambre de un animal,
un café solo bien cargado
mermelada y tostado el pan.
Presiento un día agotador,
tengo visita de embajador,
no son asuntos de vida o muerte,
son de guerra de Maladón.

Hay que ver cómo está el servicio:
no muestran solicitud.
Ya no son como antiguamente
que servir era su virtud.
Desde aquella inauguración
que comimos sin ton ni son
la cintura se me ensanchó,
se me puso mejor color,
pero esta faja me oprime tanto
y no puedo salir obeso.
Años llevo para imponer
de palmito europeo el cartel.

¡Ay Adela, qué feliz eres!,
cómo envidio tu condición
ser esposa de un importante
es vivir, te lo digo yo.
No te quejes, no es para tanto:
de vez en cuando una recepción,
un colegio de niños pobres
o una simple postulación,
un té con leche, una reunión,
una agradable conversación
con tus amigas de escalafón,
mientras yo me divierto al golf.

Este traje me queda estrecho
y mi aspecto no es el mejor,
tengo suerte que el embajador
es un anciano encantador,
pues la foto es fundamental,
así mi prensa publicará
"qué bonita fraternidad"
y sigo sin saber de qué voy a hablar.
Iré veloz con mi coche negro,
desde este auto controlo al pueblo,
moviendo masas soy un artista
y mi destino salta a la vista.

Nuestros hijos están en Suiza,
el mayor es igual que yo,
la segunda es como su madre
y el tercero es un gran…
que no estudia y dice que yo
tengo un cargo por mi pasado
y por mi color de camaleón.
Lo que no piensa esa oveja negra
es que yo me batí en la guerra,
esclavo soy de la incomprensión
de esta perdida generación.

http://www.cancioneros.com/nc/9101/0/buenos-dias-adela-mia-victor-manuel

Víctor Manuel

El nacimiento de Cristo, según Federico García Lorca


Manuscrito originalFederico García Lorca era muy creyente, pero no estrictamente católico, o al menos no en el sentido de obedecer y respetar una jerarquía y una ritualística. Al contrario, a Lorca lo que le llamaba más la atención era esa otra religiosidad, la religión popular, llena de supersticiones, ritos e imágenes heredadas del paganismo de los pueblos ibéricos pre-romanos: costumbres y creencias que con el paso al cristianismo fueron adaptándose a la nueva religión del Imperio. Por eso, este su “Nacimiento de Cristo”, contenido en su fabuloso Poeta en Nueva York, no es una canto de gozo por el nacimiento del Salvador, del redentor de la humanidad, sino que describe un paisaje intranquilo, inquietante, con figuras más típicas del paganismo que del cristianismo: una noche en la que reina una infernal tempestad, descrita del único modo que el poeta granadino podía hacerlo, anunciando –según la información contenida en la Wikipedia- el futuro martirio del fundador del cristianismo. El poema se abre con una figura tan rural como un Cristo hecho de barro y se cierra con una imagen urbana como es la nieve de Manhattan. Completa esta entrada la interesante canción que hizo Víctor Manuel sobre este poema recogida en el recopilatorio Poetas en Nueva York, y que, en mi opinión, recoge a la perfección, con esa melodía intranquila, turbadora, y ese giro propio de la ternura de la religiosidad rural al cantar sobre el “cristito de barro”.

Nacimiento de Cristo

Un pastor pide teta por la nieve que ondula
blancos perros tendidos entre linternas sordas.
El Cristito de barro se ha partido los dedos
en los tilos eternos de la madera rota.

¡Ya vienen las hormigas y los pies ateridos!
Dos hilillos de sangre quiebran el cielo duro.
Los vientres del demonio resuenan por los valles
golpes y resonancias de carne de molusco.

Lobos y sapos cantan en las hogueras verdes
coronadas por vivos hormigueros del alba.
La luna tiene un sueño de grandes abanicos
y el toro sueña un toro de agujeros y de agua.

El niño llora y mira con un tres en la frente,
San José ve en el heno tres espinas de bronce.
Los pañales exhalan un rumor de desierto
con cítaras sin cuerdas y degolladas voces.

La nieve de Manhattan empuja los anuncios
y lleva gracia pura por las falsas ojivas.
Sacerdotes idiotas y querubes de pluma
van detrás de Lutero por las altas esquinas.

http://users.fulladsl.be/spb1667/cultural/lorca/poeta_en_nueva_york/calles_y_suenos/nacimiento_de_cristo.html

Federico García Lorca

Soy un corazón tendido al sol


frontPara el cantautor asturiano Víctor Manuel, la segunda mitad de los años 70 fue ajetreada, culminando un proceso en el que dejó de ser un cantautor algo comercial, aunque comprometido, a ser un cantautor contestatario, llegando a correr el riesgo de convertirse un cantante de partido, algo que, no obstante, no fue monopolio suyo. Desde 1975 graba sencillos y largas duraciones con canciones marcada y explícitamente políticas: 10 (1976) y Canto para todos (1977), con canciones como “Socialismo en libertad” (lema coreado por los miembros del PCE y del PSOE en su campaña por la legalización), “El paisano” (dedicada al dirigente comunista asturiano Horacio Fernández Inguanzo, en su regreso del exilio) o “Asturias” (musicalización del poema de la guerra civil de Pedro Garfias), más un concierto grabado en 1976, con marcado cariz político (como la inmensa mayoría de los que se hicieron por aquellos años) y un disco grabado en la República Democrática Alemana, Spanien, con algunas de sus canciones más comprometidas. Junto a esto, recitales a beneficio del PCE, de los sindicatos y por la amnistía junto a Ana Belén, censuras, prohibiciones, detenciones e incluso un atentado de ultra-derecha en su casa de Torrelodones (por fortuna, el matrimonio se hallaba fuera). A parte de esto, la prensa musical fue muy crítica con la excesiva politización de sus canciones, acusando en ello cierta pérdida de la calidad musical y literaria  (a mí, honestamente, me parecen de buena calidad, y, si bien cierta excesiva politización de las letras puede resultar algo cansino, son comprensibles por el tiempo y para el tiempo en el que se grabaron), incluso hubo quien anunció públicamente su muerte artística.

1821Quizás consciente de todo esto, tal vez pensando en que ya era hora de suavizarse, y además comprendiendo lo que estaba ya sucediendo a nivel socio-político: en 1979, con la legalización del PCE y otros, con la ya estrenada democracia y la Constitución consiguiente –aunque quedaban asuntos pendientes, que quedan aún- iba a llegar un momento en que los cantautores contestatarios no serían ya “necesarios”, desde el punto de vista comercial, y esa edad de oro comprendida entre 1975 y 1977 para la “canción protesta”, ya había comenzado a esfumarse en el año 78; Víctor Manuel entendió que se imponía un cambio de fórmula, renovarse o morir: todavía había cosas por las que protestar (por desgracia, me temo, siempre las habrá), pero la sociedad cambiaba, y –al menos es lo que empezaban a decir las discográficas- ya no querían escuchar las canciones denuncia y reivindicación. Así que él y otros dieron con una buena fórmula: se imponía sustituir las canciones explícitamente políticas por temas más cotidianos y mundanos, hacer una protesta más testimonial e implícita, y dejar de lado los manifiestos cantados explícitos de sus ideas. Por eso, en 1979, (sin abandonar las actividades políticas y reivindicativas) saca un disco que mezclaba el compromiso político, aunque algo más suavizado, y los temas más mundanos. Soy un corazón tendido al sol fue un éxito de ventas, y Víctor Manuel mostró que se podía hacer canción comprometida de calidad sin excesos. Básicamente era un disco que, si bien saludaba la nueva era democrática con ilusión, denunciaba los temas pendientes y los peligros latentes (a veces, patentes). La canción que da nombre al disco es una bonita declaración de principios, algo intimista, pero universalizable, en la que expresa que, a pesar del cansancio acumulado en esos años de desencantos políticos, no perdería la fe mientras tuviera amor y amistad:

Soy un corazón tendido al sol

Aunque soy un pobre diablo,
casi siempre digo la verdad.
Como fuego abrasador,
siempre quise ser el que no soy.
No transcurre el tiempo junto a ti,
no existe el reloj;
no tiene sentido entre tú y yo.

Aunque soy un pobre diablo,
se despierta el día y echo a andar.
Invencible de moral.
¡Qué difícil es buscar la paz!
Convivir venciendo a los demás…
Nuestra sociedad
es un buen proyecto para el mal.

Dejo sangre en el papel
y todo lo que escribo
al día siguiente rompería
si no fuera porque creo en ti.
A pesar de todo,
tú me haces vivir,
me haces escribir
dejando el rastro de mi alma
y cada verso es un jirón de piel.
Soy un corazón tendido al sol.

Aunque soy un pobre diablo,
sé dos o tres cosas nada más:
sé con quien no debo andar,
también sé guardar fidelidad.
Sé quiénes (quién) son amigos de verdad,
sé bien dónde están:
nunca piden nada y siempre dan.

Víctor Manuel

http://www.cancioneros.com/nc/2901/0/soy-un-corazon-tendido-al-sol-victor-manuel

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