Posts Tagged ‘Antonio Gómez’

Prensa: Aquí están los cantautores


cartel_cantautores_4gEscucha a José Miguel López a las 14, poniendo canciones y entrevistando a Julia León, Adolfo Celdrán y Elisa Serna en Discópolis: http://www.rtve.es/radio/radio3-endirecto/

Recuerda también que mañana hay rueda de prensa y coloquio con ellos, más Antonio Gómez, Víctor Claudín y Fernando González Lucini, en la Sala Manuel de Falla de la SGAE (calle Fernando VI, 4)

La Hoguera (28-VI-2015, y 2): Cantata del exilio (mesa redonda)


Éste es el segundo programa de dos con los que cerramos el domingo la temporada en GetafeVoz

FRONTALSobre la cantata del exilio hemos ya hablado muchas veces en este blog, y siempre me ha parecido una injusticia que permaneciera en el más oscuro silencio y desconocimiento: es un disco muy especial, y es hasta posible que nunca se haya hecho algo así, por lo menos en España; no sólo son sus canciones y el tema (tabú y novedoso en su momento), sino la manera de realizarlo, que roza la obra de arte total: el carácter de documental sonoro, con las narraciones de Antonio Gómez y los testimonios de Teresa Pamies, Eduardo Pons Prades, Mariano Constante y Villar Gómez; las fuentes biliográficas empleadas para escribir los textos y las canciones, y citadas en su interior; el diseño de la carpeta y las ilustraciones del colectivo El Cubri (Felipe Hernández Cava, Pedro Arjona y Saturio Alonso), y el carácter, más trágico que épico, de contar esta historia: la historia de los republicanos españoles de toda tendencia que se exiliaron a medida que Franco iba ganando la guerra, cruzaron la frontera de Francia y estuvieron presos, conocieron los horrores de los campos de exterminio nazis (algunos de los cuales fueron obligados a construir), o se unieron a la Resistencia Francesa, o a la División Leclerc, llegando a ser los primeros en entrar en la ciudad de París y liberándola de sus opresores.

FOLLETO 02Todo comienza con Villar Gómez, mujer española que estuvo en la Resistencia francesa, hablándole a su sobrino, Antonio Gómez, de sus vivencias. Bien documentado como estaba, Antonio había conocido haría unos años al cantautor Antonio Resines, y ambos deseaban colaborar en algunos proyectos: el primero fue las Canciones de cárcel de Ho Chi Minh. Para el segundo, Gómez tenía una idea algo más ambiciosa, y era contar en un disco la historia de estas personas, olvidadas e ignoradas (todavía incluso por los gobiernos de Francia y Estados Unidos) no sólo por las instituciones, sino también por los suyos, incluso ya restaurada la democracia, en 1978. Gómez, que es un gran letrista y poeta, escribiría los textos, mientras que Resines compondría una música adecuada. Además de eso, no querían grabar un disco de canciones normal, como una cantata al estilo latinoamericano; Gómez quería darle un aire más riguroso, más histórico y menos triunfalista o, con perdón, “revanchista”: quizás mezclar por una parte la sentimentalidad poética y por otra los datos objetivos de la historia. Tenía en mente un modelo: los programas de radio que hacía Ewan McColl en el Reino Unido allá por los 50; programas en los que, en base a un tema concreto, se desarrollaba una historia documental y se interpretaban unas canciones compuestas para él.

Gonzalo García Pelayo, director del sello Gong de Movieplay, recogió la idea con entusiasmo, aunque la producción corrió a cargo de Julio Palacios. Pero aunque en la portada del disco figura la autoría de Gómez y Resines, al disco se le quiso dar un carácter colectivo: los cantantes, los músicos, los testigos, los dibujantes… Todos ellos eran los protagonistas de este disco. “Entonces –dice Gonzalo- si una cosa podía hacerse, se hacía”, porque Gong, aunque fuera una división de Movieplay, gozó de una gran libertad en cuanto al proceso creativo.

TRASERAY aquí es donde entro yo… Hace nada, el rey Felipe VI inauguró en París una plaza dedicada a los soldados españoles que compusieron “La 9”; noticia que, primero, recogí con reticencia, pero después con agrado, a pesar de que pueda sospechar que, a fin de cuentas, pudiera responder a una presión indirecta por la que estaría feo que la República Francesa y el resto de países europeos, hayan reconocido esta labor, y las instituciones españolas no (y añadimos que, en último término, ha sido la Casa Real la autora del gesto). Me pareció bien, al final, aunque no dejé de adherirme moralmente al manifiesto de las asociaciones de víctimas del franquismo, que pedían también el reconocimiento para los que lucharon y murieron en España… Lo que me molestó, y mucho, fue la actitud de los medios españoles, con la excepción de algunos que siempre habían tratado este tema, de vez en cuando. Nos olíamos algo cuando muchos medios se hacían eco de una historia hasta ahora deliberadamente olvidada, y que algunas personas, a título individual, conmemoraban; y entonces vi con desagrado como eran muchos los noticiarios que, fuera por presiones de la dirección de la cadena, del grupo empresarial o del gobierno, habían mantenido silencio ante este hecho y su conmemoración, venían ahora como pretendiendo hacer ver que lo habían descubierto ellos… Y no: ahí está el disco de Antonio Gómez y Antonio Resines, de 1978; y antes que ellos estaban los libros en los que se basaron; y también el trabajo ignorado y denostado por los de siempre, de historiadores, periodistas e investigadores; y los reconocimientos de la República Francesa y del Gobierno Estadounidense; y las propias vivencias de quienes vivieron aquellos desgraciados tiempos… Pero, al menos, se ha hecho justicia por fin con ellos, aunque queda algo pendiente…

INTERIOR 01Cada conmemoración del Holocausto, todo gobierno español, desde Suárez (aproximadamente), ha expresado su más rotunda condena por aquellos hechos (luego nos enteramos de que Fraga prologó elogiosamente el libro de un negacionista español, y así…), pero SÓLO en cuanto al pueblo judío. Que no se tomen estas palabras como frivolización o negación del holocausto, nunca, pues el dolor de unos no debe ser ignorado en favor del dolor de otros, y aunque los judíos fueron quienes más lo padecieron, y de una manera excepcionalmente brutal, tampoco hay que olvidar al resto que sufrió aquella represión, tortura y muerte cruel. En la condena española, que tiende a centrarse exclusivamente en los judíos, hay dos grandes olvidados especialmente: los gitanos, por ser el segundo grupo étnico que más padeció el holocausto (y también de una manera muy brutal), y los republicanos españoles, ninguneados por todos los gobiernos que ha habido hasta ahora. Y decimos todos, pero la declaración del presidente Rajoy de esta última conmemoración, nos pareció especialmente repugnante, cuando nos pareció advertir que entre las víctimas del holocausto hacía distinciones entre los inocentes, que era por los únicos que él expresaba sus condolencias, y los otros… Quiero decir: si Rajoy ignora esta parte de la historia (que lo dudo), o si sólo se refería al colectivo judío, la frase no va más allá; pero si conociéndolo quiso hacer una criba entre las víctimas, sí que nos parece preocupante.

INTERIOR 02Fue más o menos el momento en el que planee organizar un coloquio en torno a este disco, desconocido para la gran mayoría, y que yo debo su conocimiento al siempre esclarecedor Fernando González Lucini (con el que, lamentablemente, no pudimos contar, y nos hubiera gustado mucho). Avisé entonces a Antonio Gómez y a Gonzalo García Pelayo, y en seguida se prestaron a la idea (habiendo venido ya los dos en ocasiones anteriores); me hubiera gustado contar también con alguno de los cantantes con los que tengo más o menos contacto, pero el tiempo y el no saber cuántos íbamos a ser al final, lo impidió. Así que, finalmente, vinieron Antonio Gómez y Gonzalo García Pelayo a disertar sobre el disco y los secretos que entraña, y que podéis oír a través del enlace de abajo. Se nos sumó también Manuel Gerena, que estaba por allí del programa anterior (el que tenéis antes que éste), que no intervino en el disco, pero participó en el debate… Y es que, como reconocieron Gonzalo y Antonio, tal vez no le habría venido mal al disco un toque de flamenco…

FOLLETO 02AUSENCIA: de todos los cantantes que podrían, y deberían haber estado presentes, sin duda Antonio Resines hubiera sido el más indicado, como compositor e intérprete de la gran parte de las canciones del disco. Pero, además de esto, descubrí con horror que, por el afán de no repetirme, ya que sus canciones de este disco ya fueron pinchadas en programas anteriores, su presencia en el debate quedó algo diluida: cosa que fue culpa mía. No obstante pinchamos dos de sus temas: “Poema de silencio”, la penúltima canción, y, de fondo, para poder enlazar con un testimonio, “Argeles Sur Mer” (que es, con perdón de “Dulce muchacha” interpretada por Pablo Guerrero, mi canción favorita del disco). Y quizás me consuele pensar que, por este fondo musical, pudo estar presente el Resi en el debate. Faltaron además, por razones de trabajo, González Lucini, como dije, y nuestro colaborador habitual, el profesor Alejandro Carrero Villena: la aportación de cada uno en su campo hubiera sido valiosísima.

FINAL. Cuando propuse hacer este coloquio y le asigné esta fecha, que era la que estaba libre, no sabía que la Asociación iba a desaparecer y ser refundida, y que, por tanto, la emisora iba a cerrar, aunque fuera momentáneamente; por lo que éste no sólo iba a ser el último de la temporada, sino el último en principio. De manera que no me apetecía terminar de una manera tan seria, y pinchamos este tema interpretado por los Blues Brothers, seguido de otro interpretado por ellos y Ray Charles, a modo de despedida. Ha sido un placer hacer estos programas, y un honor que los siguierais y hayáis perdonado sus fallos, fueran grandes o pequeños.

Escuchar:

http://www.ivoox.com/hoguera-cantata-del-exilio-audios-mp3_rf_4697724_1.html

http://www.getafevoz.es/programas/la-hoguera/

La Hoguera (15-III-2015): Antonio Resines


resinesAyer hicimos un homenaje a un gran amigo nuestro, que además era seguidor del programa, a través de un repaso por su música: desde sus inicios con el conjunto Almas Humildes, pasando por la musicalización de los poemas de Ho Chi Minh, el homenaje a los exiliados y deportados españoles, y sus “cuentos, cosas y menos”, hasta sus grabaciones apócrifas; también se le puede rastrear en multitud de colaboraciones en discos de amigos como Adolfo Celdrán, Pablo Guerrero, Elisa Serna, etc., y vérsele en programas de televisión como La buena música y España en Solfa, casi siempre agarrado a la mano de su gran amigo Antonio Gómez. También tradujo prácticamente toda la bibliografía del poeta Allen Ginsberg, a Leonard Cohen (La energía de los esclavos) y a Bob Dylan, en traducciones que no perdían la fuerza original gracias a una intuición y al perfecto conocimiento de la lengua inglesa de Resi (que nunca quiso corregir las traducciones que aquí hemos presentado alguna vez, más por cariño que por su calidad).

FOLLETO 02Antonio tuvo la mala suerte de que, cuando su primo lejano Antonio Fernández se hizo actor, cambió de orden sus apellidos, llamando a confusión la mayoría de las veces cuando hablamos del Resi. Sin ser esto determinante, sí ha sido un aliciente (al que, claro está, no podemos culpar al actor), en su caso particular, para el olvido o el desconocimiento que sufren la mayoría de estos cantantes para el gran público. Una de las mejores y más harmoniosas voces de la música popular española, y uno de los compositores más inteligentes de ésta, ha permanecido en el silencio. Puede que, en parte, haya sido mejor así; pero no deja de ser injusto.

Gracias Resi, por todos estos años de amistad, aunque haya sido a distancia. Prometimos que un día nos veríamos, y un día así será.

Escuchar:

http://www.getafevoz.es/programas/la-hoguera/

http://www.ivoox.com/hoguera-antonio-resines-audios-mp3_rf_4283070_1.html

LA HOGUERA: Carlos de Abuín y Antonio Gómez


Estuvimos dos horas con Carlos de Abuín, presentándonos las canciones de su disco Otro mundo, y dando un repaso a la intensa carrera de Antonio Gómez.

http://www.ivoox.com/hoguera-carlos-abuin-antonio-gomez-audios-mp3_rf_4281537_1.html

http://www.ivoox.com/player_ej_3996538_4_1.html?c1=ff6600

La Hoguera: “Amigos de Gustavo” (14-XII-2014)


Nuestro inicio ayer en la radio on-line no estuvo del todo mal: algún fallo técnico, idas de olla y olvidos inexcusables en alguna biografía… Desde el primer día hubo problemas con el guión, especialmente porque no teníamos guión. Pero por regla general, ambos estamos satisfechos.

http://www.ivoox.com/hoguera-amigos-gustavo-audios-mp3_rf_4281467_1.html

3 días de canción de autor


Hoy los cantantes han recogido la vihuela de los trovadores
y han venido a liberar la poesía. A fuerza de música y de voces
–jóvenes y hermosas–, sacan a los poetas a la calle, y los sacan
más vivos, como resucitados –algunos– por la guitarra».
 

(Jesús López Pacheco.
Texto que acompañaba la edición del primer disco grabado
por Hilario Camacho en 1968)

En el coloquio, además de los alumnos y alumnas que participaronA lo largo de estos últimos tres días (que casi siguieron a los fastos de mi aniversario) asistí como alumno al seminario La palabra se hizo música, dentro de la programación de los Cursos de Verano de la UNED, bajo la coordinación del gran cantautor y técnico en cultura de la UNED Carlos de Abuín, dirigido por Álvaro Jarillo –Vicerrector de Estudiantes, Empleo y Cultura de la UNED– y conducido por mi primo Fernando González Lucini, pues ¿quién mejor que él para hablar de estos temas? Generalmente, cada género o estilo musical tiene a su especialista, y en este caso el género se honra en tener a Fernando, pero no sólo, como ya veremos.

Después de la inauguración, arrancó la presentación a cargo de Fernando: una introducción a su historia, una revisión a su génesis, sus figuras más representativas, las relaciones entre las diversas escuelas y movimientos, apoyado por documentos sonoros. Traía a colación cuatro textos importantes, algunos de ellos aparecidos en las reseñas que los mismos discos (EPs y LPs) llevaban consigo, pues la colaboración entre los cantautores y los poetas de aquellos días fue importantísima, de la mano de Blas de Otero, Gabriel Celaya, Jesús López Pacheco y José Agustín Goytisolo, que venían a ahondar en la relación entre poesía escrita y poesía hablada. Son palabras en las que estos grandísimos poetas, que a veces actuaron de padrinos, expresaban la urgente necesidad de llegar a esa inmensa mayoría de personas, muchas de ellas analfabetas, y que veían en la nueva canción popular un vehículo excelente y fundamental para, a pesar de todo, llegar hasta ellas.

Un guaperas: Antonio GómezLa segunda sesión contó con tres invitados de excepción: el catedrático de Historia Moderna de la UNED, Carlos Martínez Shaw, quien habló de la historia de la Nova Cançó; y otros dos primos míos: mi camarada el poeta Juan de Loxa, hablando de la historia de Manifiesto Canción del Sur (Carlos Cano, Antonio Mata, etc.) y del programa “Poesía 70”, y el compadre Antonio Gómez, que retrató los comienzos de los miembros de Canción del Pueblo. Había genialidad en el ambiente, sin duda, y gracias a una pregunta, Juan pudo desmentir un prejuicio muy difundido: los cantautores no vivían en un universo paralelo respecto a la música contemporánea; muy al contrario, la mayoría tenían unos gustos muy progresistas, y esto se puede observar en las producciones que llevaron a cabo Alberto Gambino, Gonzalo García Pelayo o el propio Antonio; no se hacía en España entonces nada más progresista fuera de la canción de autor, del rock progresivo y del rock urbano que, por ejemplo, los arreglos de “La miseria” de Carlos Cano; y aun a día de hoy a muchos os sorprendería conocer los gustos de algunos cantautores. Bastaría señalar que el mismísimo Enrique Morente declaraba ser fan del grupo Pearl Jam… ¡Ahí queda eso!

Este primer día acabó con la actuación de María Rozalén, a quien conocí el año pasado, y va camino de hacerse toda una estrella, y yo me alegro, pues cuando el año pasado la vi interpretar “La llorona” el llorón fui yo. Pero no pude quedarme, y decidí ir a por unas cañas con mis primos Juan y Antonio, que se vieron prorrogadas por una o dos más rondas durante las cuales no dejaban de caer las anécdotas interesantes y una discusión seria y profunda sobre el pasado, el presente y el futuro de la música popular.

Gila, agosto, 1974El segundo día se abrió con una interesante a cargo de Carlos de Abuín acerca de “la poÉtica” en la canción de autor, haciendo una interesante exposición genealógica sobre lo que a lo largo de la historia hasta nuestros días ha constituido la relación entre músicos y poetas (véase Beethoven, v. g.), por un lado, y la mirada crítica que músicos, cantantes y compositores echaron a su mundo y reflejaron en sus creaciones. Una forma de verlo que, no obstante y si se me permite, no me es en absoluto ajena: no en vano compartimos formación académica. Y de ahí y de la inconmensurable clasificación de Fernando de todas las canciones del género, desde su creación hasta el año 82, surge la pregunta: ¿se reducía a la política, a la canción protesta, todo este género? Por supuesto que no: no es necesario acudir a los libros de Fernando (aunque sí altamente recomendable) para verlo: incluso escuchando los discos más esenciales, los intérpretes más representativos, cualquiera puede darse perfecta cuenta de que las canciones con un mensaje meramente político son muy reducidas, de hecho, según la clasificación de Lucini, la relación en menor número de todas. Sin embargo, creí conveniente hacer una puntualización. Los términos “canción política” y “canción protesta” fueron desechadas desde muy pronto por los cantautores y sus defensores por dos razones fundamentales: la primera es que son términos muy reduccionistas que no abarcan toda la producción, y sin contar con ciertas clasificaciones mestizas (véase el poema de Benedetti “Si te quiero es porque somos”, un poema de amor y político a la vez); y, por otro lado, fue ese mismo reduccionismo el que llevó a cierta crítica hostil, más por razones ideológicas que culturales o artísticas, a lanzar un ataque basado en esto: esos “llorones” que tienen de todo, pues reflejaban sólo a aquellos que venían de familias de la clase media e insinuaban que todos tenían esta procedencia, y se quejan de las “excelencias” del sistema político-económico y social de este régimen del sol, la siesta y la fiesta (¡¡y no estoy exagerando muchas de las críticas que se lanzaron por parte de algunas de las plumas que se consideraban el súmmum del periodismo de entonces!!), que se olvidan que afuera hay un despiporre que no se puede aguantar, por no hablar del grado de libertad del que “gozamos” y que no tienen ni en la URSS ni en Cuba; muchos de los que ahora emplean indiscriminadamente el término sectario son, o los mismos, o descienden de aquellos que no podían ver la más mínima crítica al régimen, al sistema, sin echar espumarajos por la boca, vociferando con sus repugnantes ojos inyectados en sangre “¡¡Pues vete a Rusia (o a Cuba)!!”. Y la crítica podría acabar aquí si no fuera porque esos mismos señores defendían, o incluso financiaban, ciertas canciones que, de la manera contraria, también eran canciones políticas y hasta protesta: desde el “Soy minero” del gran Antonio Molina, hasta el “Que viva España” de Manolo Escobar (persona a la que respeto, no obstante), pasando por una especie de raimoniana canción del nacionalismo español que reivindicaba la soberanía española sobre Gibraltar, interpretada por un hombre conocido como José Luis y su Guitarra y al que, por lo visto, no se le recuerda por nada más; y ya sin mencionar ese espantoso engendro titulado “Españolear”, una canción sobre las excelencias climático-culturales de España que, en el colmo de su absurdo, afirmaba que los portugueses venían buscando el sol que en su país no tienen. Pero, ¡claro!, ya se sabe que la politización del arte es patrimonio de la izquierda.

Todo eso sucedió, y por esa razón se escapó de la definición “canción protesta” (que, no obstante, en Latinoamérica y en Estados Unidos, durante un tiempo, se enarbolaba con mucho orgullo). Realmente creo que nunca se empleó el término “canción política” en España, sobre todo porque pondría en un aprieto al que manifestara hacer tal tipo de canción, pues la política, digamos, pública, estaba prohibida. Pero, considerando lo que dijo Carlos sobre la malinterpretación que suele hacerse del hombre como zoón politikón (ζῷον πoλίτικoν) de Aristóteles, debido a su traducción errónea, de “animal político”; sería más correcto (y esto fue un puntazo de Carlos) “animal ciudadano”, pues “política”, en el griego antiguo, era una palabra empleada para definir todo asunto relacionado con la polis, la ciudad; de ahí que su traducción más exacta sería “animal ciudadano”. Pues, desde esta perspectiva, a mí el término “canción política” me gusta y creo que ahora podría ser reivindicado, pues eran canciones que, en todas sus temáticas, o al menos en la mayoría, reflejan no sólo ese entramado de relaciones de un tiempo y un lugar concreto, por las que un historiador avezado conseguiría dentro de cien años elaborar un retrato de la vida cotidiana y sentimental de un amplio espectro de la población de la sociedad de los años 60 y 70, sino que además se hace de una manera consciente, pero la mayor parte de las veces sin más ambición que la de conseguir un producto artístico. Pero ahora sí: no hay que avergonzarse en absoluto de haber hecho o escuchado algo que, en algún momento, haya podido considerarse canción protesta o política; entendamos que muchas de esas canciones nacen en un momento de urgencia, nacen con una finalidad concreta, y en todo esto no operó más que la libertad creadora del artista y lo que de su obra quería hacer. Total, que también reivindicaría el término “canción protesta”, ¿por qué no?… “Oiga, que esto que usted ha hecho es canción protesta”, “Pues sí, he hecho una canción protesta porque no tengo un modo mejor y más elegante de deciros que me tenéis hasta los cojones/ ovarios. Mañana les canto una de amor”. Es un prejuicio heredado de la manera conservadora de ver las cosas el identificar una manifestación artística-cultural con visos de política con una obra mala, y eso no es así necesariamente. ¿Que no hizo canción protesta Johnny Cash, Bob Marley, Peter Tosh, Simon & Garfunkel, Lightning Hopkins, los Rolling Stones, John Lennon y Bruce Springsteen? Y, sin embargo, son alabados por ello. Pero aquí los reaccionarios han comido terreno, de manera que hay algunos cantautores que, tímidamente, no tienen más remedio que bajar la cabecica, cruzar las piernas mientras dibujan círculos en el suelo, mientras dicen casi susurrando “No, si protesta no es…”. Así que, yo, la reivindicaría ahora, lo gritaría… Y si a alguien le molesta, será por algo.

Dicho lo cual, y después de un café con cigarrillos, pasamos a la segunda parte de esta segunda sesión. Visionamos el documental Cantautores, con la presencia de su realizadora Belén Molinero, que luego se sometió a las preguntas de los asistentes. Durante el visionado, Álvaro Jarillo nos somete a un juego, que consistió en escribir tres palabras conforme a lo que íbamos viendo: una en abstracto, otra en concreto, y otra, en un ejercicio de imaginación, qué pensaríamos si viéramos el mismo documental dentro de 50 años. Si os pica la curiosidad, esto es lo que yo puse: “poesía”, que no hace falta explicarlo; “calle”, porque veía muchas actuaciones, o rodajes, que habían tenido lugar en la calle o en una plaza: Pi de la Serra cantando totalmente relajado en la terraza de un bar “L’home del carrer”, Carlos Cano y Luis Pastor en plazas públicas, que es una cosa que en mí despierta ese sentimiento de que no fue ni populismo ni demagogia: realmente era algo muy popular, muy orientado a la población en general, y que la mayor parte de las veces no eran intérpretes inalcanzables subidos en tarimas y rodeados por guardias de seguridad contratados (bueno, se llegó a rodear el escenario por la policía en múltiples ocasiones, pero en cualquier caso era contra la voluntad del cantante y no necesariamente por su seguridad); y la tercera, algo cursi yo, “esperanza”, porque es lo mismo que siento ahora en la distancia: en el futuro habrá tiempos como éste, quizás, Dios no lo quiera, como entonces, pero eso, que ya es historia, toda esa resistencia cívica y pacífica, quedará en la memoria como ejemplo, como entonces tenían el ejemplo de la poesía de Miguel Hernández o de Lorca.

Juan de Loxa, muy guapo él a lo EngelsNos vamos a comer… Y a la vuelta nos encontramos a Juan de Loxa, que era el ponente de esta sesión, con su alegría, simpatía y espontaneidad, usurpando la clase de Fernando. El tema giraba en torno a la musicalización de la poesía, y el ejemplo que se traía era, estando Juan, el grupo Manifiesto Canción del Sur. Juan trajo grabaciones de su programa de radio “Poesía 70”, uno de ellos fue uno al que acudieron Los Chunguitos, y no sé si en parte no fui yo responsable de esto, pues el día anterior, en las cañas, mencioné, no recuerdo por qué, el cine kinki… ¡Quién sabe!

Más rarezas que vinieron de mano de Lucini, aunque una no lo es tanto: Sara Montiel cantando a Pablo Neruda antes que nadie, y Manolo Escobar, en televisión, cantando el “Andaluces de Jaén” de Miguel Hernández con la musicalización de Jarcha, pues le vendieron los derechos (aunque sospecho que sin contar para nada con la familia del poeta):

Yo, ante esto, voy a aplicar el principio árabe que reza que si no puedes decir algo más bello que el silencio, no digas nada, aunque la versión en la voz de don Manolo no desmerece (vuelvo a manifestar mi respeto hacia Escobar como persona y como artista honesto, aunque no me guste gran parte de lo que haya cantado).

La conclusión de esta sesión puede ser que hay dos formas de musicalizar un poema ajeno (o bien propio, pero que se haya hecho antes de la música): o crear un acompañamiento para el poema y una manera de buscarle una melodía que cuadre en su métrica, o reinterpretarlo totalmente. En este sentido, si tuviera que nombrar al que, para mi gusto, es el que mejor ha interpretado un poema en forma de música, ése sería, sin duda alguna, Adolfo Celdrán.

olga-manzano-presentimientosEl día finalizó con el tema “El canto emigrado de América Latina”, y se contó con la presencia excepcional de Olga Manzano, bella mujer que en aquellos años de la dura represión en Argentina (fijarse, dice Fernando, cómo sería Argentina en aquellos años para que, en comparación, España les pareciese casi un paraíso) se vino para acá con Manuel Picón, como tantos otros, formando el dúo Olga Manzano y Manuel Picón. Y es que, ciertamente, a finales de los 70, junto a otros exiliados, los cantautores de América Latina residentes en España, como ellos, Quintín Cabrera, el otro dúo argentino Claudina y Alberto Gambino, etc., formaron una comunidad bien avenida y en estrecha relación con los cantautores de aquí. Olga recuerda, y no sólo por eso de la nostalgia, con dulzura aquellos años en los que no sólo muchos españoles les dieron la bienvenida con los brazos abiertos, sino que personas que no conocían de nada les saludaban como gesto de cortesía; pero todo eso, un día, ya en tiempos de Felipe González, cambió: casi al mismo tiempo que el presidente del gobierno exigía silencio a la comunidad artística latinoamericana residente en España ante el debate de la permanencia de España en la OTAN, un palabro, hasta entonces inexistente, empezó a oírse por las calles españolas con desprecio cuando la gente de allá pasaba: “sudaca”, decían. Empezarían a usarlos unos cuantos descerebrados, y puede que al principio (como muchos creíamos en nuestra juventud) fuera un término neutro que algún macarrilla inventó sin ninguna connotación (como la palabra “negrata”, que también es muy fea y no debe utilizarse). Fue entonces cuando Olga Manzano, Manuel Picón, Rafael Amor y Claudina y Alberto Gambino hicieron el espectáculo titulado así, Sudaca, y que no pretendía más que, como Mario Benedetti escribía en su columna de El País, “‘Sudacas’ del mundo, uníos”, darle totalmente la vuelta a la palabra, de la misma manera que en América Latina el término gallego no necesariamente era despectivo, sino que, al contrario, se solía emplear con mucho cariño. Y acabamos con muy buen sabor de boca al reproducir una nueva versión del tema de Pablo Neruda “Tu risa”, mezclado con otro tema de Neruda “La carta en el camino”, arreglado por su hijo Nagot Picón, y cantado junto a ella por él mismo junto a su hermano Tabaré; incluido en el disco Presentimientos, el cual, por desgracia, no se puede encontrar en las tiendas porque debido a una quiebra todas las copias se entregaron a Olga y a Fernando (creo que podríais contactar con alguno de ellos para comprarles una copia, junto al último de Manuel Picón: http://www.olgamanzano.com/discografia-y-trabajos/). Me hubiera gustado ponerla aquí, pero no encuentro ninguna en el you-tube; quedaos con esta actuación en directo de Olga y Manuel:

El último día fue más corto. Paco Ortega, antiguo cantautor, compositor y productor, habló sobre la problemática de la industria discográfica; su charla fue muy constructiva, porque nos explicó cosas que, siendo ajenos a ese mundo, no sabemos o no entendemos, pero que siempre te hueles algo. Entre otras cosas, nos dejó muy clara la paradoja que se da en televisión de que los cantantes que hacen de jurado en estos concursos de talento (que detesta como artista y como productor) no pueden, a su vez, actuar en esa misma franja horaria; puso el ejemplo de si, por ejemplo, ahora se hiciera el “Lluvia de estrellas”, aquel programa en el que los participantes imitaban a cantantes: un hombre que imitara a Serrat podía cantar, pero Serrat en persona no, y no sólo por lo que el espíritu del programa representa. Intuyo que, por otro lado, sus opiniones sobre los derechos de autor y los programas P2P, pudieron levantar cierta incomodidad, pero imagino que fue, como en mi caso, porque todos lo hemos hecho alguna vez, pero con salvedades y matices; de todas maneras, de ninguna manera fue faltante su exposición, como estamos acostumbrados en muchas ocasiones (en ambos lados de la discusión): ya he dicho que éste es un tema bastante serio que, si dejáramos de lado a los charlatanes de ambos bandos, podría dar lugar a una discusión fructífera y a propuestas de consenso por ambos lados. Como ejemplo, él proponía crear un sistema de descargas de pago indirecto, que a mí me parece bastante bien. Por mi parte he de decir que sí: que me he descargado cosas para mi provecho; no tengo más defensa que ésta: gustosamente pagaría muchas cosas, pero ¡hay que ver cómo se clavan algunos con los precios! Claro está que no es un dinero que caiga en saco roto, que va a pagar los sueldos, no ya de gordas superestrellas de su género, si no de los músicos y los técnicos, y se me podrá decir que me espere a tener dinero. Aunque, por otro lado, recuerdo los tiempos en los que pagabas alrededor de 20 euros por un CD de no más de una hora de duración y que no sólo no contenía otra cosa que el CD en sí, sino que el paquete y la carátula eran de muy mala factura. No vale como excusa, pero siempre considero que lo que me bajo son pruebas, y que más adelante me compraré (si lo encuentro) el original. Pero eso sí: jamás se me ocurriría, más que descargarme by the face, sino colgarlo en un portal de descargas, el disco de alguien que está empezando y que se lo ha costeado de su bolsillo. Por otra parte, y en mi descargo, diré que la mayor parte de las cosas que me bajo son cosas difíciles de encontrar en España, ya sean productos hechos aquí hace tiempo, o ya sean cosas demasiado exóticas y que aquí no se encuentran porque se considera que no venderán. Tampoco es cuestión de hacerme sentir culpable, y en esto muchos me lo agradecerán: la mayor parte del material de canción de autor española que tengo es “ilegal”, a veces consentida, y a mucha honra; cosas que, de otra manera, no habría podido encontrar (¿y por qué será esto, todopoderosa SGAE?), y que aquí he reivindicado: ha habido gente que me ha dicho “¡la de tiempo que no oía esto!”, o “¡lo he estado buscando por todas partes!”, y muchos de sus autores me lo han agradecido (he de decir también que, si le conozco, le he preguntado a quien sea si estaba de acuerdo en que colgara su canción en you tube o en una cuenta para compartir: a día de hoy nadie se ha negado, todo lo contrario) y quizás algún día –ya me subo totalmente a la cima del ego de mis pelotas- esto consiga la reedición del disco más injustamente olvidado de la historia de la canción de autor. ¡Estaría bonito que los piratas acabemos haciendo el trabajo de la SGAE!

Maria RozalenLas sesiones en sí, terminaron con una mesa redonda que contó de nuevo con Paco Ortega, más tres de los más jóvenes y prometedores cantautores: Enrique Amigó (además, profesor de informática en la UNED), la bella Ángela Biedma, y Dani Fernán, que está por ahí con El pank de sus hijos bajo el brazo (El pank de mis hijos es su último e interesante trabajo, casi autogestionado, que es lo que queda); y también, si no cito mal, a Isabel Baeza, periodista y responsable junto a Carlos del programa de radio de la UNED “Heliótropo” (en homenaje al disco de las Vainica Doble). La conclusión a este debate, quizás, la exprese mucho mejor que yo, Fernando: “… que los creadores –jóvenes cantautores y cantautoras– tengan muy claro lo que quieren hacer, que trabajen y luchen por conseguirlo, y que lo hagan de forma coherente e ilusionada…”; fue, creo recordar, Dani Fernán quien dijo que todo eso dependerá de lo que cada uno quiera hacer con su carrera y su obra, si su meta es ser famoso y saborear las mieles del éxito, para lo cual tendría que aceptar todas y cada una de sus consecuencias (“no hay libertad sin cadenas”, decían Jarcha), o por el contrario, mantenerse en un circuito humilde, cantar para los amigos e invitados, pero, eso sí, trabajar como el que más éxito tenga. Creo que Dani tuvo bastante razón en su pensamiento, y todos preferimos al cantante humilde que al que va de estrella (aunque sea luego éste el que se lo lleve calentito), pero tampoco es tan fácil: multitud de factores intervienen en todo esto, sobre todo la suerte. Fernando le respondía con el caso de María Rozalén: el año pasado era conocida, pero no famosa; el disco que hizo (casi autogestionado también) cayó en las manos “adecuadas” y ahora la puedes ver de tanto en cuanto en televisión, ha cantado en la gala de los premios MAX de teatro, y hasta la ves anunciada en una cadena de televisión mientras ves “Mentes criminales”. Me alegro mucho porque considero que el éxito debería premiar siempre el talento, pero no puedo evitar el pensar que ahora llega lo más difícil: ella misma nos puso una relación de las críticas de los puto cuatro listos que en este país creen, porque otros así lo han decidido, saber de música; apuesto a que ahora más de uno de ellos se mata por hacer corrillo y pretender al círculo de parásitos que rodea a todo cantante con cierto éxito.

Momentos antes de iniciarse el concierto: Ángela Biedma, Enrique Amigó, Paco Ortega y Dani Fernán. Foto de Carlos de AbuínEl debate, aunque intenso, fue corto, en torno a la crisis de la industria discográfica (que, como señaló Paco Bello, precedió a la crisis económica), ya que  a continuación, y a modo de clausura, estos tres chicos tenían que subirse al escenario montado en la biblioteca del centro asociado Escuelas Pías, a cantar: la sátira inteligente de Amigó, el verso sensual de Ángela Biedma, y el gamberrismo poético de Dani dieron un dulce carpetazo a estas sesiones… Luego, nos fuimos de cañas, pero ésa es otra historia…

Poco más a añadir como conclusión que no haya dicho ya a lo largo del texto. Me redunda, no obstante, en la cabeza, muchas de las consideraciones de Fernando acerca del futuro del género y de su presente; en cierto sentido fueron más esclarecedoras las charlas en petit comité después de las sesiones que las charlas a este respecto. A Fernando le preocupa algo que, al modo de Julien Benda, podríamos llamar La traición de los cantautores, que consiste en lo siguiente: ha habido algunos, y no quiero que esto se entienda como un juicio de valor, ya que yo no sé ni quién ni por qué, que han abjurado del término ante la prensa, mientras que por otro lado le rogaban que no les tachara de su “lista”. Lo achaca a que el término cantautor, de nuevo, comenzó a tener connotaciones peyorativas (de eso y de mi visión del asunto ya he hablado arriba), y eso, a la hora de firmar los contratos discográficos, les perjudica. Pero ¡vaya por Dios!, que he aquí que se da el caso simultáneo y paradójico que, a la vez que el listopollas de turno se inventa, quemándose así dos neuronas vitales, el término “cansautor”, o que una tía que iba al programa del señor Sardá junto al calvo-mierda ése que escribe en El Mundo y que aquí está vetado, pretendía hacer un chiste con las portadas de los discos de los “cantautores de izquierda” (será por no hacer chistes de los humoristas sin gracia), o que el critiquillo de turno declara “estoy harto de la canción política que no aporta nada”, he aquí, digo, que, a la hora de vendernos al cantante que sea se le ha denominado cantautor, pero de la misma manera en que, como El Sueño de Morfeo mete una gaita en uno o dos temas te lo venden como folk-rock; gente, que por otra parte serán muy respetables en su estilo, como hacen sus propias canciones, son vendidas al público como cantautor, desdeñando las dimensiones que conforman el género (la dimensión poética, por ejemplo); pues ¿por qué tenemos que tragarnos que Alejandro Sanz sea un cantautor pero no Bruce Springsteen, porque si lo dices ya te dicen que no tienes ni idea de música (comercial)? ¿Por qué nos han venido vendiendo un conjunto de cantantes ñoños como cantautores mientras el mismo término se emplea como pedrada peyorativa contra los que sí lo son o lo fueron?

A pesar de esto, considero también que, por otro lado, deberíamos relajar la conceptualización, sobre todo a día de hoy cuando felizmente las fronteras entre los géneros y los estilos han caído. Pienso que, como deberíamos hacer con otros géneros, no deberíamos tender a la sacralización, que quizás haya sido la que pueda haber generado un cierto rechazo en gente que, por otro lado, no tiene en principio nada en su contra (ni ideológica ni artísticamente), de manera semejante a la que la profunda devoción por los Beatles y otros generó su rechazo por parte del punk-rock. Obviamente, el término “cantautor” no es un salvoconducto, como no lo es tampoco el de “músico de jazz” o “director de orquesta filarmónica”, que te salve de la cagada: los ha habido, los hay y los habrá geniales, normales, mediocres, malos y pésimos, como en todo género. Pienso que no hay que sacralizar, pero también, y esto puede ser un mensaje para los y las que en sus casas estén componiendo con sueños cantautoriles, el género no puede ser sin lo que es su marca distintiva: la dimensión poética. Uno podrá ser de la tendencia política que quiera, cantar sobre ello o no; podrá criticar la sociedad o no hacerlo; tal vez prefiera hacer una canción intimista, personal, que quiere compartir con el universo entero: todo eso está muy bien, y los límites de acerca de sobre lo que se quiera cantar se los fija uno mismo, y no se lo puede exigir nadie; pero a lo que no puede renunciar nadie que aspire a ser cantautor es a la poesía, al texto inteligente. Una canción que hable sobre la sociedad, sobre el amor, sobre los sentimientos, sin la dimensión poética o la lucidez del texto, será una canción, pero no una canción de autor. Junto a esto, la comunicación directa con el público es esencial: la canción de autor se ha inventado sobre el escenario, esto es así en gran parte; no me resisto a poner lo que vi, que no tiene que ver con esto pero guarda gran relación: un chico y una chica; el chico es ciego y ella muda; ella le guía de la mano mientras él le habla, y ella le responde con golpecitos de los dedos (en código Morse, imagino) en la muñeca: ¡pero fíjate que la comunicación siempre es posible!, ¡qué cosa más bonita! Siempre hay alguna manera de comunicar, y de cómo comunicarlo. Goya podía pintar contratado por los reyes de España, pero eso no impedía que, mientras a Floridablanca y a los ilustrados los pintaba rodeados de luz, con la mirada perdida en ideas y una sonrisa casi angelical, a Godoy y a Fernando VII los pintó rodeados de una tiniebla violenta y tenebrosa, con la boca torva y los ojos fijos en un objetivo concreto, con unas intenciones no muy sanas. ¡Hasta parece profetizar, en “La familia de Carlos IV”, las intenciones del pequeñuelo infante don Carlos, quien en su madurez se alzaría en armas contra su sobrina Isabel en la primera guerra carlista! Los cauces de la comunicación son infinitos.

No en balde la crítica a la sociedad no es patrimonio de la canción de autor, aunque sí su manera de hacerlo; y la canción de autor, contrario a la creencia popular, no es sólo el cantor y la guitarra (como se ve en la mayoría de los conciertos, lo cual forma parte de las peculiaridades del género): ha habido una riqueza musical impresionante en este campo; por ejemplo, el primer LP de Quico Pi de la Serra (1967) era un disco con música de jazz, y Quico cantando como un crooner. Ha sido la permeabilidad a otros estilos musicales lo que ha definido al género, y no al revés: es la flexibilidad lo que le casa y no la rigidez. Y si alguien dice lo contrario, o sabe poco o tiene intereses ocultos.

Otra cosa que le trae de cabeza a Fernando es el desconocimiento por parte de algunos de los cantautores más jóvenes hacia sus antecesores. Me confesaba que uno de ellos –no diré nombres-, ante la foto de Adolfo Celdrán, respondía con cierto desdén “¿Y quién es ése?”… ¿Os imagináis a un rockero que no sepa ni le interese saber quién fue Elvis Presley, o un grupo de rock sureño que desconozca a Lynyrd Skynyrd? Bien cierto es que, en honor a la verdad, tampoco la culpa es del todo suya, sino de esta ñoñería nostálgica que ha relegado lo mejor que se hizo en música (ya no sólo de canción de autor) durante tres décadas en favor de productos totalmente intrascendentes y prescindibles para elaborar un retrato de la historia cotidiana y popular. Pero eso sí, habrá que preguntar a alguno si no quiere ser cantautor para ligar: ahí tenía los libros de Fernando, de ahí he sacado yo todo eso (aunque él lo niegue): si hemos llegado a ese nivel en el que no dependemos de lo mascado que nos llega por la tele o por la radio, y aún así te permites hacer gala de tu ignorancia, ¿qué haces ahí? Pero, si a Fernando le sirve de consuelo, yo he visto a muchos de ellos oírle con la boca abierta, empaparse de historia y no sólo de anécdotas, y esforzándose para que el primer cantautor que les salga de la boca cuando les pregunten no sea –sólo porque es el más conocido, no por otra cosa en esta ocasión- Joaquín Sabina.

Querido Fernando: yo no creo que el género desaparezca, como no ha desaparecido ningún género musical; se transformará, como ya ha pasado. Vendrán días peores o mejores, pero no desaparecerá mientras alguien tenga algo que decir, algo que contar, ya sea con un violín al ritmo de los gitanos de los balcanes, o con una guitarra eléctrica desgranando el dolor cósmico, o, ¿por qué no?, de nuevo con una guitarra y un taburete. Podremos cerrar tu blog y el mío, pero lo que hemos dicho ahí ha quedado, y eso no nos lo quita ni Dios. Y si desapareciera, alguien volvería a empezar desde el comienzo, otra vez.

Deporte y revolución III: Jugando al fútbol


El fútbol se ha ganado la fama de ser el ejemplo supremo de la alienación política y cultural, de manera bastante injusta a mi parecer: ya dejé mis impresiones aquí (que fueron avaladas por grandes aficionados y, no obstante, revolucionarios), pero por resumir, digo que de manera bastante injusta porque tampoco otros deportes tienen per se significación política alguna: otra cosa es que determinados aficionados (fieles u ocasionales a algún deporte) tomen a una figura –sea un deportista individual o un equipo- de un deporte concreto como una especie de símbolo, sea positivo o negativo; pienso, por ejemplo, en el boxeador Joe Louis (en este caso como símbolo positivo), que se convirtió en un símbolo para la población afroamericana y sufrió cruelmente los avatares del racismo en su país. Pero el tema de la alienación es distinto.

Toralply, a la derecha, vestido de portero.Si en España (y probablemente en otros países del entorno) se considera al fútbol como el gran símbolo de la alienación, no es por otra cosa que por ser la manifestación deportiva que más atención atrae, y por consiguiente, que mueve más dinero, con lo que se puede publicitar mucho más y así caer en un círculo vicioso. Cuando hablamos de alienación nos referimos a un método por el cual se consigue adormecer la conciencia y el espíritu crítico de la población en general. Y así, en los años de la dictadura, la alienación era más que evidente; en los de democracia, es sospechosa. Y es que hay elementos políticos dispuestos a usar los términos deportivos más populares de su país para adornar sus discursos: recuerdo a cierta mandataria sudamericana, muy famosa ella, comparar frívola y repugnantemente el que el fútbol nacional se retransmitiera bajo pago en las cadenas privadas con las desapariciones ocurridas durante la dictadura en Argentina (esto más que populismo, es falta de tacto, por no decir algo peor). En España fue tal el peso que tuvo desde las instituciones, que, en principio, se podía sospechar de la adscripción política de cada uno por el equipo de fútbol del que fuera seguidor, aunque esto en realidad no fuera, ni lo es, cierto en muchos casos: no necesariamente un “madridista” es partidario del burguesía conservadora, un “barcelonista” del independentismo, ni un “vallekanista” miembro del proletariado revolucionario; tales determinaciones duran hasta nuestros días, con la misma falseabilidad que entonces. Sin embargo, es más que probable que la dictadura no lo explique esto del todo, pues otros países, incluso tradicionalmente democráticos, han tenido los mismos problemas. El deporte per se es apolítico, una de las pocas cosas que pueden permitírselo, aunque puede tener la capacidad de llegar a simbolizar las ideas de algunos grupos en ciertas circunstancias: si la victoria de Jesse Owens en Berlín se toma como símbolo, tal como plasmamos en la entrada anterior, no fue porque Owens perteneciera al marxismo revolucionario o al antifascismo genérico –que no lo hacía-, sino porque sin pretenderlo mostró la falsedad de la teoría racista; Joe Louis no pretendía demostrar que un boxeador negro podía tumbar a un blanco, pero se convirtió en inspiración para su pueblo; lo que quiero decir es que a veces la circunstancias socio-políticas sobrepasan a los deportistas como a cualquier otro ciudadano, y los futbolistas no fueron excepción, aunque a veces parezca que los deportistas puedan darse el lujo de permanecer en una especie de limbo ajeno a todo lo que acontece.

El Leal Madrid, como era conocido durante la RepúblicaLa guerra civil española, pues, también tocó a personalidades futbolísticas: algunos de ellos fueron Aniceto Alonso Rouco “Toralply”, obrero de profesión, sindicalista y jugador en el Athletic de Bilbao que, al iniciarse la guerra colgó las botas y se encargó de la defensa de Bilbao y acabó fusilado cuando la ciudad cayó bajo las tropas franquistas; o Josep Sunyol, presidente del Fútbol Club Barcelona. En el otro lado, y por ser ecuánimes, fueron fusilados por el ejército republicano Ramón “Monchín” Triana, jugador del Atlético de Madrid, encarcelado, según nuestra fuente, por sus filiación católica y monárquica y asesinado en Paracuellos del Jarama, o Manuel Garnica, también del Atlético, fusilado en Barcelona (NOTA: no comparto la línea editorial del último enlace). Soy republicano y anarquista, pero siempre he reconocido que se cometieron excesos en el bando que, para mí, significa la razón, la democracia y la justicia: no puede haber suficientes palabras para pedir perdón por la gente buena asesinada en ambos bandos (aunque en unos sean más que en el otro); sin embargo, y véanse los enlaces (algunos de ellos, no ciertamente de mi gusto, y hubiera preferido enlaces más asépticos y objetivos), es curioso como esto lo toman unos y otros: reivindicar a un futbolista por sus ideales, no por sus méritos deportivos, y pedir abrir un proceso de beatificación (tengo noticias para vosotros: los franquistas TAMBIÉN asesinaban católicos).

rino1Fuera ya de la guerra de España, hay un nombre que me gustaría destacar: el de Rino Della Negra, obrero italiano inmigrado en la Francia ocupada por los nazis y jugador del Red Star Olympique de París que, al igual que Toralply, colgó las botas y las herramientas y se fue a combatir el fascismo, uniéndose al FT-MOI (Francotiradores y Partisanos Franceses – Mano de Obra Extranjera), al llamado Grupo Manouchian, por estar comandado por el poeta armenio Missak Manouchian. Della Negra fue, como el resto del grupo fusilado por los nazis en 1944 cuando la totalidad del grupo fue detenido por la policía política del gobierno colaboracionista: algunos de ellos fueron, irónicamente, inmortalizados en el libelo conocido como “l’affiche rouge”. En febrero de 2004, Della Negra fue homenajeado por su antiguo club

Las formaciones de los equipos del Start y del FlakelfNaturalmente, estos nombres sólo son accidentales: futbolistas o dirigentes deportivos que tenían ideales políticos, pero que probablemente no mezclaran una cosa con la otra y que demuestra que nadie puede estar por encima de las circunstancias socio-políticas. Sin embargo, hay casos de auténtica unidad entre el deporte, el fútbol en este caso, y la resistencia moral. Es bastante famoso el episodio acontecido en plena II Guerra Mundial como “el partido de la muerte”, sobre todo por haber inspirado la película Evasión o victoria (Victory, John Houston, EE. UU., 1981), aunque también otras: un partido de fútbol organizado por los alemanes que enfrentaría a varios prisioneros de guerra ucranianos, reunidos en el equipo FC Start, contra soldados de la Wehrmacht; el Start reunía en sí a varios jugadores provenientes de otros equipos ucranianos y, al parecer, sus victorias contra los equipos de las diferentes guarniciones nazis parecían animar “demasiado” a la población ucraniana, hecho que preocupaba a los invasores. La derrota 5-1 infringida al Flakelf, equipo de la Luftwaffe, fue muy humillante, y el combinado nazi pidió la revancha en un partido en el que el árbitro, un oficial de las SS, debió acuñar el cántico “árbitro comprao, partido regalao”, mientras el Flakelf jugaba con tácticas poco deportivas (lo cual no constituye ninguna sorpresa); y aun así, el Start ganó 5-3, incluso habiéndose contenido de anotar el 6º gol y el árbitro pitara el final antes de tiempo. Semanas después, la Gestapo arrestaba a algunos de los jugadores, acusándolos de pertenecer al Comisariado del Pueblo Soviético (NKVD); Mykola Korotkykh moría bajo las torturas, mientras que el resto fue a parar a los campos de concentración, en donde morirían algunos de ellos. En 1981, el estadio de Kiev Zenit pasó a llamarse Estadio Start. Recomendamos la crónica en Marca: cap. I y cap. II. Esta escena de Evasión o victoria es totalmente ficticia, pero es un buen ejemplo de lo que quiero demostrar. Podéis saltar directamente al minuto 1:00:

Equipo de fútbol formado por los prisioneros de MauthausenOtro capítulo hermoso relacionado con el fútbol es el protagonizado por los españoles prisioneros en los campos de exterminio nazis. El gran disco músico-documental de 1976 La cantata del exilio (¿Cuándo llegaremos a Sevilla?), escrito y compuesto, respectivamente, por Antonio Gómez y Antonio Resines, recoge el testimonio de Mariano Constante, miembro de las Juventudes Socialista Unificadas y ex-combatiente del ejército republicano y de la Resistencia francesa, que siendo apresado en 1940 por los alemanes acabó en el campo de Mauthausen (Constante ha escrito varios libros sobre la vida cotidiana de los españoles en el campo de Mauthausen), y una canción, interpretada con irresistibles aires brasileños por el genial Luis Pastor, sobre el tema:

 Testimonio de Mariano Constante

La impresión que nos producía a los deportados cuando llegábamos al campo de Mauthausen, y en particular a nosotros los españoles, era algo impresionante, algo terrible, porque lo primero que se veía al llegar eran las murallas –que todavía no estaban terminadas, puesto que las terminamos nosotros los españoles- y la fatídica águila, un águila de bronce que extendía sus alas encima de la entrada principal. En los primeros meses de 1941, pues cuando estábamos que los nuestros caían a montones, que estábamos debilitados y todo, pero era necesario tener un aliciente, algo para mantener la moral, y para eso era necesario todo, era necesario no solamente nuestras charlas y nuestras palabras, eran necesarios los actos en todos los sentidos. Era necesario, pues, demostrar que éramos hombres todavía, que seguíamos siendo hombres como siempre. Entonces, pues era preciso hacer algo, y un día pues unos españoles cogieron unos trapos y unos papeles de unos sacos de cemento y los enrollaron con unas cuerdas e hicieron como una pelota, una pelota de papeles y trapos.

(Ver original: https://skydrive.live.com/?cid=61e9b08cebcbe7ee#cid=61E9B08CEBCBE7EE&id=61E9B08CEBCBE7EE!8867; también: http://holocaustoenespanol.blogspot.com.es/2010/10/la-resistencia-espanola-en-mauthausen.html)

Jugando al fútbol

Calza las botas,
coge el balón,
salta hacia el campo,
métele un gol.

Segui, Gainza,
Paiño y Lesmes,
Panizo, Zarra,
Zamora y miedo.

Dribla al defensa,
pasa al extremo,
corre la línea
hasta el portero.

Refery, orsay,
defensa y miedo.
balones fuera,
chuta al larguero.

Vuela un garbanzo,
cierra al puchero,
gana al cocido
el delantero.

Segui, Gainza,
Paiño y Lesmes,
Panizo, Zarra,
Zamora y miedo.

Es la pelota
de trapos viejos,
los uniformes
del carcelero.

Suena el silbato
marcando el tiempo,
las chimeneas
con humo negro.

Torres de guardia,
postes de hierro.
aquí la gloria
es el cementerio.

http://www.antiwarsongs.org/canzone.php?lang=en&id=37962

Antonio Gómez – Antonio Resines

Canta Luis Pastor

NOTA – Los futbolistas

Los nombres que canta Luis Pastor pertenecen, efectivamente, a futbolistas españoles reales de los años 30 y 40, pero ¡ojo! ninguno estuvo prisionero en Mauthausen ni pertenecieron a ningún movimiento de resistencia antifascista, al menos que se sepa por los enlaces: sencillamente son nombrados aquí como algunos de los futbolistas más famosos de la época. He conseguido identificar a algunos de ellos, en principio, aunque preguntaré al autor sobre las verdaderas identidades. Incluyo el club con el que debutaron: Segui es Vicente Seguí García (Valencia CF); Gainza es Agustín “Piru” Gaínza (Athletic Club de Bilbao); Paiño parece ser Manuel Fernández Fernández “Pahíño” (Celta de Vigo) –quien parecía tener fama de izquierdista por reírse de una de aquellas tonterías que se decía a los jugadores durante el franquismo-; Lesmes quizás sea alguno de los dos hermanos Lesmes Bobed, Rafael (Ibarrola de Ceuta) o Francisco (Imperio de Ceuta); Panizo es José Luis López Panizo (Athletic de Bilbao); Zarra, Telmo Zarra (Athletic de Bilbao); y Zamora es Ricardo Zamora (Iberia C. F. de Tenerife)

Aquí puedes descargarte el disco entero… Es legal:

https://skydrive.live.com/?cid=61e9b08cebcbe7ee#cid=61E9B08CEBCBE7EE&id=61E9B08CEBCBE7EE!8840

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