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La muerte de Durruti


Buenaventura Durruti fue uno de los más carismáticos personajes del anarco-sindicalismo español, siendo uno de los líderes de la FAI. Sus hazañas y aventuras en defensa de la idea de un mundo de hombres libre, sin explotados ni explotadores ni clases sociales, fueron muchas: casi toda su vida estuvo perseguido, hasta el estallido de la guerra civil, en la que forma en Cataluña la Columna Durruti, compuesta principalmente por anarquistas. Vino a Madrid a colaborar con la defensa de la ciudad, pero, el 20 de Noviembre, moría durante la defensa de la Ciudad Universitaria. Su cuerpo fue trasladado a Barcelona, en donde fue enterrado durante un entierro multitudinario y enfervorizado. Su muerte siempre ha estado cubierta por el misterio, dando lugar a las más diversas interpretaciones.
Este poema de Luis Pérez Infante, ahondando en la tradición del romancero épico medieval, nos ofrece una descripción mítica y heroica de aquel capítulo:

LA MUERTE DE DURRUTI

1. MADRID EN PELIGRO

En los frentes de Aragón
se libraba gran batalla
cuando llegó la noticia
de que a Madrid se acercaban
cinco ejércitos rebeldes
con las más modernas armas:
tanques y ametralladoras,
morteros que a gran distancia
batirían la ciudad.
Junkers, Capronis… (El Papa
promete su bendición
para mayor eficacia).
Buenaventura Durruti,
que en Aragón peleaba,
cuando supo estas noticias
así habló a su gente brava:
-¡Compañeros! Hay que ir
a la capital de España,
donde el fascismo pretende
clavar su sangrienta zarpa.
En Castilla nos jugamos
una decisiva carta
de esta dura guerra a muerte
que tenemos entablada.
Vayamos, pues, a Castilla,
vamos pronto, camaradas,
que se para todo el cuerpo
cuando el corazón se para,
y ya sabéis que Madrid
es el corazón de España.

II. DURRUTI EN MADRID

Buenaventura Durruti,
pelo en pecho, dura barba,
con sus hombres más valientes
va por tierras castellanas.
Sus ojos llevan el mar
hasta las llanuras pardas
-abrazo para Castilla
de Cataluña, su hermana-.
Los vientos de la meseta
soplan gentiles. Abrasan
de ardor que nació que nació en la nieve
y que afiló la distancia
los pechos de sí encendidos
de las tropas catalanas.
Empujado por el viento
y empujado por sus ansias
llegó Durruti a Madrid
con el clarear de un alba.
-¡Quién dijera, Manzanares,
pequeño río sin agua,
que tu cauce había de ser
nuestro límite con África!
Que si tu orilla derecha
pisan Franco y su canalla,
la que de Marruecos vino
al son de promesas falsas,
de tu izquierda brota, viva,
fresca y ardiente savia,
templada ya en el combate,
de la verdadera España,
la de los trabajadores
que no reconocen castas.
Te prometo, Manzanares,
que en lo que te falta en agua
lo llenará el rojinegro
de mi sangre libertaria,
antes que ver por Madrid
a las turbas africanas.

III. LA MUERTE

Madrid, mediado noviembre,
era un llover de metralla.
Del tejado a los cimientos
se estremecían las casas.
Si no granizos, cristales
a la lluvia acompañaban.
El cielo, todo una nube
gris, densa, más densa, baja.
La luz, el relampagueo
del cañón…
Se peleaba.
Y la Muerte, ciega en ira,
volando de casa en casa.
-¿A quién buscas, compañera?
¿Cúya será la garganta
que siegues, Muerte?!
¡Responde!
(Una voz el aire rasga)
-Quiero a quien me desafía
con su pecho y arrogancia.
Busco a quien vino a buscarme
de tan lejos. Mi guadaña…
-Pero dime. Muerte, dime
su nombre, Muerte, ¿se llama…?
-¡Durruti…!
Se pasma el viento.
Por todo el ámbito vaga,
hielo flotando en el aire,
el nombre del camarada.
Buenaventura Durruti,
pelo en pecho, dura barba,
por los frentes de Madrid,
con toda su gente brava,
citando a muerte a la Muerte,
citándola cara a cara.
(La Muerte, como una sombra,
le rondaba, le rondaba.)
-¡Compañeros! ¡Al ataque!
¡La bayoneta calada!
¡Que no quede vivo un moro!
¡Qué se acreciente la fama
nuestra con este combate!
¡Que no puedan superarla
los más valientes del mundo!
(Paso a paso se acercaba
muda, la Muerte a Durruti).
Los catalanes avanzan.
Locas, a los cuatro vientos
silban y silban las balas
que, perdidas, blanco encuentran,
por azar, y en él se clavan.
Uno de estos proyectiles
detiene en seco la marcha
de todos los catalanes.
Cunde el espanto. ¿Qué pasa?
Nadie sabe ni responde.
Pelo en pecho, dura barba.
Buenaventura Durruti,
el que a la Muerte citara,
abrazado con la Muerte,
yerto, en el campo quedaba.

IV. PROMESA DE VENGANZA

¡Ay, dolor de Barcelona!
Por las calles, por las plazas
va el entierro de Durruti.
Silenciosamente avanza
la comitiva, compuesta
de miles camaradas
que cierran, firmes, los puños,
que aprietan, rudos, la barba
para que el llanto no acuda.
La multitud apiñada
se duele calladamente
por el cadáver que pasa.
¡Ay, dolor de Barcelona,
que es dolor de toda España!
Puños en alto prometen
tomar cumplida venganza:
-La venganza es atacar
con furia nunca igualada.
Si Madrid entero dijo
"¡No pasarán!" -y no pasan-
ha llegado ya el momento
de que suene en toda España
otra consigna que diga:
"¡Pasaremos!"
La palabra
se multiplica en el viento,
la mece el mar en sus aguas,
la esparcen ondas sin fin,
se eterniza en la distancia.

Santa Espina


Durante la guerra civil, el poeta francés Louis Aragon dedicó un bello poema a la sardana "La Santa Espina", que podéis encontrar en la entrada anterior a ésta:

Santa Espina

Je me souviens d’un air qu’on ne pouvait entendre
Sans que le coeur battît et le sang flût en fleu
Sans que le fleu reprît comme un coeur sous la cendre
Et l’on savait enfin pourquoi le ciel est bleu

Je me souviens d’un air pareil à l’air du large
D’un air pareil au cri des oiseaux migrateurs

Un air dont le sanglot semble porter en marge
La revanche de sel des mers sur leurs dompteurs

Je me souviens d’un air que l’on sifflait dans l’ombre
Dans le temps sans soleil ni chevaliers errants
Quand l’enfant pleurait et dans les catacombes
Rêvait un peuple pur à la mort des tyrans

Il portait dans son nom les épines sacrées
Qui font au front d’un dieu ses larmes de couleur
Et le chant dans la chair comme une barque ancrée
Ravivait sa blessure et rouvrait sa douleur

Personne n’eût osé lui donner des paroles
A cet air fredonnant tous les mots interdits
Univers ravagé d’anciennes véroles
Il était ton espoir et les quatre jeudis

Je cherche vainement ses phrases déchirantes
Mais la terre n’a plus que des pleurs d’opéra
Il manque au souvenir de ses eaux murmurantes
L’appel de source en source au soir de ténoras

O Sainte Epine ô Sainte Epine recommence
On t’écoutait debout jadis t’en souviens-tu
Qui saurait aujourd’hui rénover ta romance
Rendre la voix aux bois chanteurs qui se sont tus

Je veux croire qu’il est encore des musiques
Au coeur mystérieux du pays que voilà
Les muets parleront et les paralytiques
Marcheront un beau jour au son de la cobla

Et l’on verra tomber du front du Fils de l’Homme
La couronne de sang symbole du malheur
Et l’Homme chantera tout haut cette fois comme
Si la vie était belle et l’aubépine en fleurs

Louis Aragon

Me acuerdo de una música que no podía oírse/ Sin que el pecho batiera sin que ardiese la sangre/ Y el fuego se avivase como corazón en rescoldo/ Y se pusiera al fin porque el cielo es azul// Me acuerdo de una tonada tan ancha como el aire/ Tonada como el grito de las aves que emigran/ Cuyo llanto traía desde el mar a la orilla/ La venganza de la sal sobre sus opresores// Me acuerdo de una tonada que se silbaba en la sombra/ En los tiempos sin sol ni errantes caballeros/ Cuando el niño lloraba y en las catacumbas/ Soñaba un pueblo puro la muerte de los tiranos// Llevaba en su nombre las espinas santas/ Que forman en la frente de un dios lágrimas de color/ Y el canto en la carne como una barca anclada/ Reavivó su herida desató su dolor// Nadie se atrevió nunca a ponerle letra/ A este son que tarareaba todas las palabras prohibidas/ Universo asolado por antigua sífilis/ Era tu esperanza y semana de cuatro jueves// En vano estoy buscando sus frases desgarradas/ Pero la tierra no tiene más que llantos teatrales/ Y falta al recuerdo del agua murmurante/ La llamada de fuente en fuente de las tenoras en la noche// Oh Santa Espina oh Santa Espina empieza otra vez/ Antes se te escuchaba en pie lo recuerdas/ Hoy día quién sabría renovar tu romanza/ Devolver a los bosques cantores su voz enmudecida// Quiero creer que todavía hay músicas/ En el misterioso corazón de este país/ Los mudos hablarán y hasta los paralíticos/ Caminarán un día hermoso al son de la cobla// Y se verá caer de la frente del Hijo del Hombre/ La corona de sangre símbolo de desgracia/ Y el hombre cantará muy alto esta vez como/ Si la vida fuera bella y el espino florido

Traducción y adaptación: José Agustín Goytisolo


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